EL PROYECTO MATRIZ

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JOHN FITZGERALD KENNEDY

 

 

 

JFK1

John Fitzgerald Kennedy

 

Texto original: Cedric X, “The Final Call”, Vol. 15, No.6, On January 17, 1996

http://www.john-f-kennedy.net/executiveorder11110.htm

Traducido por: Greg Grisham

 

El 4 de junio de 1963, John Fitzgerald Kennedy intentó quitarle a la Reserva Federal de EE.UU. su poder de prestar dinero con interés al gobierno. El entonces presidente firmó la Orden Ejecutiva Nº 11110 que devolvió al gobierno de los EE.UU. la facultad de emitir moneda, sin tener que pedirlo prestado a la Reserva Federal. Kennedy dió a la Tesorería la facultad “para expedir certificados de plata respaldados por reservas de plata metal en el Tesoro”. Esto significa que por cada onza de plata en poder del Tesoro el gobierno podría poner nuevo dinero en circulación. En total, cerca de 4,3 millones de estos “dólares Kennedy” fueron puestos en circulación por este…

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Filón de Alejandría

Filón de Alejandría (griego Φίλων ὁ Ἀλεξανδρεύς; Alejandría15/10 a. C. – Alejandría, 45/50), también llamado Filón el Judío, es uno de los filósofos más renombrados del judaísmo helénico.

Pensador típicamente helenístico, de raza judía, nacido en Alejandría (30 a.C.-50 d. C.), sintetiza las principales corrientes intelectuales de su tiempo, el platonismo, el peripatetismo, el estoicismo y el judaísmo y es un precedente del neoplatonismo de Plotino (v.).

De su vida se conoce muy poco: familia rica e influyente, simultaneidad de la formación tradicional de su raza y helénica, delegado por la comunidad de Alejandría ante Calígula para solicitar la dispensa del culto imperial y la mitigación de la persecución; la fecha de su muerte es incierta, pero hacia el 45 (Leg. ad Gaium, 31,182) habla ya de sí mismo como de un anciano.

Sus obras pueden dividirse según Cohn en:

  • Tratados biográficos: los dos libros de la Vida de Moisés, y las Vidas de Abraham y de José.
  • Tratados sobre la Ley mosaica: Comentario al Decálogo, Cuatro libros sobre las Leyes especiales, De los premios y las penas, Tratado de las virtudes.
  • Comentarios a la Escritura: Interpretación alegórica (Leguen Allegoriae), De la creación del mundo (De opiphicio mundi), Sobre los Querubes, De los sacrificios de Abel y de Caín, De las insidias del peor contra el mejor, La posteridad y el exilio de Caín, La confusión de las lenguas, La migración de Abraham, El heredero de las cosas divinas.
  • Tratados filosóficos: De la Inmutabilidad de Dios, De la eternidad del mundo. De la Providencia (sólo dos fragmentos), De la mutación de los nombres, Los sueños, De la fuga y la invención, De la agricultura, La embriaguez y La sobriedad, La libertad del justo, La vida contemplativa y Propedéutica al estudio. Tratados políticos: Flaccus, Hypothetika (apología de los judíos, sólo dos fragmentos), Sobre la Embajada a Gaio.
  • En su versión armenia solamente se conservan dos tratados exegéticos: Las cuestiones y respuestas sobre el Génesis y sobre el Éxodo. (Ediciones: Philonis Judaei, Opera Exegetica de la Rouiére-Turnébe, Colonia 1613; Philonis Alexandrini, Opera quae supersunt, ed. Cohn-Wendland, Berlín 1896-1906; Philon, Commentaire allégorique de Saintes Lois, ed. E. Bréhier, París 1909; Philo, bilingüe griego-inglés, ed. F. H. Colson y G. H. Whitaker, Harvard University Press, Massachusetts 1929, 1949, 1956 y 1962).

Debido a la estricta sujeción de la fe tradicional judaica a la letra de la Escritura se ve Filón, en su deseo de dar acogida a todo el pensamiento de su tiempo, obligado (como les ocurrirá a los cabalistas medievales) a inventar un método exegético de tal elasticidad que permita leer en los textos sagrados cuanto sugieran las corrientes de pensamiento; éste fue su método alegórico.

Como filósofo hereda de los pitagóricos (v.) la «mística» de los números en cuya significación metafísica (sobre todo la del cuatro, seis, siete, diez, doce, etc.) insiste en su método exegético y en su especulación filosófica.

De Aristóteles se apropia la cuádruple causalidad y la doctrina de las virtudes como medios entre los extremos. Profesa, como los escépticos, el sentido de las limitaciones de la mente humana.

Y del estoicismo asimila la antropología: las cuatro pasiones, la división séptuple de las funciones corporales, los cinco sentidos que juntamente con la prólepsis (presuposición innata) y la sygkatathesis (asentimiento o acuerdo del espíritu) son las tres fuentes de la conciencia y de la vida; el valor de la apátheia y de la indiferencia a las cosas neutras, y sobre todo el vivir de acuerdo con la naturaleza, así como el concepto de belleza moral, pero se opone al materialismo de la Estoa.

Sobre todo influye en él Platón con su teoría de las Ideas y con la Cosmología del Timeo, además la concepción de que el cuerpo es la tumba o la prisión del alma y la distancia de las cosas materiales como fundamento de la libertad. Dios, el Ser (toón) inefable, sin formas ni cualidades, sólo puede ser conocido por una combinación de contemplación de la naturaleza y de renuncia moral al mundo, ya que se comunica con los hombres mediante una escala descendente de intermediarios, emanados de él, el superior de los cuales es el Logos, principio de toda fecundidad y arquetipo de todas las cosas y luz de la mente, pero inferior a Dios (por lo cual no puede identificarse con el Logos del prólogo del IV Evangelio.

http://es.scribd.com/doc/21980274/Filon-de-Alejandria-Obras-Completas

Filon-de-Alejandria-Obras-Completas_pdf

Marie Curie (7 de Noviembre 1867 – 4 de Julio 1934)

Marie Curie, cuyo nombre de soltera es Marja Sklodowska, nació el 7 de noviembre de 1867 en , Polonia, en pleno florecimiento del imperio Ruso. Eran una familia de cinco hermanos (cuatro chicas y un chico, Sophie, Hela, Bronya, Marja y Joseph), y Marja, era la menor de todos. Sus padres se dedicaban exclusivamente a la docencia. Por una parte, su padre, Ladislas Sklodowska, era profesor de secundaria de Física y Matemáticas y su madre, Bronislawa Boguska, era la Directora de un colegio de señoritas. Un entorno tan educativo posibilitó que Marie despertara muy pronto sus aficiones. Con tan solo 4 años de edad, ya leía perfectamente.

La infancia de Marie Curie estuvo marcada por la rusificación de Polonia por lo que su padre perdió el puesto en el instituto de secundaria y para paliar el defecto de sueldo, se les ocurrió la idea de alojar a muchachos en edad escolar como huéspedes, donde aprovechaba para darles clases particulares sobre física y matemáticas.

No solo esta desgracia le ocurriría a la familia. Unos años después, en 1876 fallecería la hermana mayor de Marie, Sophie, a causa de una epidemia de tifus. Cuando apenas se habían recuperado de su muerte, muere la madre de Marie por una tuberculosis a la edad de 42 años (era el año 1878). Estos sucesos hicieron que nuestra protagonista le diera la espalda a la religión católica y a cualquier otra religión, y se declarase a partir de ese momento, agnóstica, circunstancia que le acercaría aún más a la ciencia.

A pesar de estos duros golpes de la vida, Marie se centró en los estudios. Desde muy joven, Marie demostró contar con una excelente memoria y una gran capacidad para la concentración y el estudio. Le encantaba leer, pero no cuentos o novelas fantásticas, sino sobre la historia natural y la física. Soñaba con hacer carrera de ciencias, cosa bastante improbable para aquella época, ya que las mujeres tenían prohibido ir a la universidad.

Su padre, apesadumbrado por las penurias económicas que estaban pasando, recompensaba a sus hijos con largas lecturas nocturnas de los clásicos de la literatura, lo que les hizo unirse emocional e intelectualmente. Asimismo, tuvo la oportunidad de enseñarles los aparatos científicos que usaba en sus clases de física, y que ahora se encontraban en casa después de que las autoridades rusas le eliminaran de la ecuación por tener “sentimiento polaco”. Eran tiempos difíciles para los polacos.

En 1883, finalizó sus estudios de bachillerato siendo la primera de la clase otorgándosele una medalla de oro, medalla que para Marie quedó ensombrecida tras tener que darle la mano al responsable ruso de la educación en Polonia, alguien a quien le importaba más que los polacos se comportaran y sintieran como rusos, que otra cosa. Este mismo año sufre una depresión nerviosa, quizá debida a la fatiga o la ansiedad que le provocaban los problemas económicos de la familia, que le llevan a apartarse de todo. Decide alejarse de todo; marcharse al campo, a casa de unos primos, donde permanece prácticamente un año y el que se convertiría el único año sin preocupaciones de su vida (año dedicado a bailes y fiestas).

Vuelve al hogar, en 1884, y comienza a dar clases particulares en su domicilio a la vez que se implica en una organización estudiantil revolucionaria que funcionaba al margen del sistema educativo ruso y cuyos fundadores estaban inspirados en las enseñanzas del positivismo de Augusto Comte . Dicha organización se hacía llamar “Universidad Flotante” porque cambiaban a menudo de ubicación para no ser descubiertos. A pesar de que cualquier título obtenido por esta universidad clandestina no valdría para nada en su currículum, a Marie le sirvió para obtener un punto de vista progresista y una introducción a los nuevos desarrollos en materia de ciencias.

La crisis económica de la familia no cesaba, así que Marie decide probar como institutriz. Con 19 años, en 1886, comienza a trabajar como tal en la casa de los Zorawski, una familia con posibles que residía en Szczuki, al norte de Varsovia. Aprovechando la zona en calma en que se encontraba, y que contaba con el apoyo de la familia Zorawski, Marie organizó una escuela para hijos de obreros y campesinos, a los que daba clases en sus horas libres.

Como suele pasar cuando una jovencita convive en un techo con otra familia, el amor surgió entre ella y el hijo mayor de los Zorawski. Sin embargo, esta relación no duraría mucho, ya que los padres de éste cuando se enteraron, no estaban dispuestos a que su hijo se casara con una muchacha tan pobre y de clase tan inferior, así que haciéndole caso a las peticiones de sus padres, el joven Zorawski rompió su compromiso y Marie tuvo que afrontar este mal de amores. Aunque formalmente ya no eran novios, ambos mantuvieron una relación romántica durante algunos años más. De todas formas, entre el fin de esta relación, su trabajo como institutriz, donde ya no era tan bien recibido en casa de los Zorawski, y las clases a los niños campesinos, Marie se convertiría en una mujer amargada. Entre el agobio, el estrés y la decepción, con 20 años estaba sumida de nuevo en una etapa con la que estaba deseando romper.

En 1889 termina su contrato con la familia Zorawski y, sin pensárselo dos veces, vuelve a Varsovia. Retoma el contacto con la universidad que seguía la rama del positivismo y encuentra trabajo como institutriz. En esta temporada pide por correo un curso de matemáticas avanzadas, que le reafirma en su fuero interno de que su objetivo se hallaba en la ciencia.

Un primo suyo, que había sido ayudante de Mendeléiev, le proporcionó la oportunidad de completar sus conocimientos de química en un pequeño laboratorio y le puso en contacto con otros investigadores que habían conocido a los grandes científicos europeos de la época. Para aumentar conocimientos de física y química decide trasladarse a París y continuar con sus estudios. Afortunadamente la situación económica del padre había mejorado tras convertirse en director de una escuela de la reforma y le enviaba mensualmente pequeñas cantidades a sus hijas para que se pagaran sus estudios. En 1891, con 24 años, Marie se matricularía en el curso de ciencias de la Universidad de la Sorbona.

Su carácter tímido le llevó a relacionarse exclusivamente con la colonia polaca de París pero puede decirse con franqueza, que su vida estaba dedicada enteramente al estudio.

Sus estrecheces económicas también continuaban aquí en París. Marie, que alquiló un ático en el Barrio Latino de París, vivía con 40 rublos al mes, así que nunca gastaba carbón para calentarse (para ahorrar) y se pasaba horas y horas estudiando y escribiendo tiritando de frío. Como su asignación mensual era bastante escasa, Marie pasó hambre. Su dieta habitual consistía en un poco de pan con mantequilla y té. Tras una temporada con esta “dieta obligada”, Marie se desmayaba con frecuencia, se mareaba… sin embargo ella no hacía mucho caso a estos indicativos, ya que pensaba que podría tratarse de cualquier enfermedad que le hacía sentirse así (y lo que en verdad sucedía es que estaba muerta de hambre literalmente) y seguía con su día a día de estudio.

En 1893 consiguió la licenciatura en ciencias físicas , siendo la nº 1 de su promoción, y en 1894, ayudada por una beca, se licenció en matemáticas (siendo la 2ª en su promoción). Tras esta buena noticia, fue a pasar las vacaciones de verano a Polonia; tras este periodo estival, volvió a Francia.

El amor le sorprendió en su laboratorio. Casualmente en 1894 Marie coincidió con el científico francés Pierre Curie  (nacido en París el 15 de mayo de 1859, era el segundo hijo de un médico humanista que había permitido que sus hijos se educaran al margen de la escolaridad tradicional; Pierre había estudiado física en la Sorbona) , que por aquel entonces tenía 35 años, estaba soltero (no había conocido hasta entonces a ninguna mujer que mostrara interés por la ciencia) y al igual que ella, daba su vida por la investigación. Pierre quedó fascinado por la verborrea inteligente de Marie. Encontrar a una joven con la que poder disertar de su pasión en la vida, las ciencias, era algo espectacular. Comenzaron a verse con asiduidad, y al poco tiempo, Pierre le propuso matrimonio. No fue una decisión fácil para ella, ya que cambiaría por completo su vida y no podía dejar de pensar en su familia en Polonia. Casi un año tardó Marie en aceptar la propuesta de matrimonio.

El 26 de julio de 1895 Pierre y Marie se casaron en una discreta boda que ni siquiera se formalizó con ceremonia religiosa (no hubo anillos, ni vestido blanco ni nada similar; de hecho, el vestido de novia fue de color azul y oscuro y le acompañó durante años como prenda de laboratorio) y su única “aventura” de recién casados fue comprarse un par de bicicletas y hacer con ellas un pequeño viaje por Francia de luna de miel alojándose en pensiones baratas y comiendo más bien poco, sobre todo pan, queso y fruta.

Cuando volvieron de la luna de miel decidieron establecerse en un discreto apartamento de la calle Glacière. Su pequeño piso, exento de decoración, estaba rodeado de estanterías llenas de libros de física y química acompañadas de una gran mesa de madera y dos sillas. Ese era todo el mobiliario de que disponían y probablemente no desearan mucho más.

Aunque Pierre había hecho importantes investigaciones científicas en más de un campo en los últimos 15 años, nunca había terminado el doctorado. Marie le animó a que así lo hiciera y en 1895 obtuvo el doctorado y un puesto de profesor en la escuela municipal de Física parisina.

Marie siguió también con sus investigaciones. Después de la presentación de los resultados de su investigación a la Sociedad para el Fomento de la Industria Nacional en el verano de 1897, utilizó parte de su pago para devolver el dinero de la beca que había recibido cuatro años antes. Obviamente no tenía por qué hacerlo pero Marie quería contribuir a la formación de algún otro estudiante polaco y no se lo pensó dos veces.

En septiembre de 1897 nacería su primera hija, Irene, cuyo parto fue atendido por el padre de Pierre. Solo unas semanas después del nacimiento de Irene, el padre de Pierre perdió a su esposa a causa de un cáncer de mama, y éste se mudó a la casa de Pierre, Marie y la pequeña Irene. A Marie le vino muy bien ya que consiguió una “niñera” de confianza con la que poder dejar a su pequeña y continuar con sus investigaciones. Fruto de esta relación, abuelo y nieta forjaron un vínculo muy estrecho.

En 1897, sin dejar de lado su rol de esposa y madre, publicó una importante monografía acerca de la imantación del acero templado. Pero últimamente Marie parecía muy interesada en los recientes descubrimientos de los nuevos tipos de radiación y de hecho, ya andaba buscando un tema interesante para su doctorado. Tras leer una publicación del sabio francés Antoine Henri Becquerel, quien había descubierto que las sales de uranio emitían espontáneamente, sin exposición a la luz, ciertos rayos de naturaleza desconocida, decidió que investigaría sobre estos temas. Así pues, se puso a comprobar la radiactividad de las diversas muestras de la colección de minerales de la Escuela Municipal de Física y Química, que muy amablemente el director le dejó utilizar. Estas muestras se hallaban en el sótano de la escuela de Física que hacía las veces de depósito y sala de máquinas (así que la investigación no solo fue complicada por la humedad y temperatura de la estancia, sino también porque Marie también vio afectada su salud). De cualquier forma, constató que esa radiación era más fuerte de lo que podía preveerse. Repitió una y otra vez el experimento para llegar a resultados concluyentes. ¿De dónde provenía esta radiación anormal? Su hipótesis era que existía una justificación para esta rara radiación, una sustancia desconocida mucho más radiactiva que el torio y el uranio. Marie Curie fue la primera en utilizar el término ‘radiactivo‘ para describir los elementos que emiten radiaciones cuando se descomponen sus núcleos Y así es como ella y su marido, al que le atraía sobremanera esta investigación, se lanzaron a la búsqueda y captura del elemento desconocido. Al ir limitando el campo de su investigación se dieron cuenta de la existencia de dos elementos nuevos en vez de uno Y así es como Marie Curie descubrió los dos nuevos elementos de la tabla periódica: el polonio y el radio.

En julio de 1898 el matrimonio Curie hacía público el descubrimiento del elemento Polonio en recuerdo de su amada Polonia. En diciembre de ese mismo año anunciarían el segundo nuevo elemento químico descubierto, el Radio, al que pusieron ese nombre debido a su enorme radiactividad.

Mientras tanto, en 1900 las preocupaciones económicas del matrimonio Curie se vieron un poco más aliviadas por el nombramiento de Pierre para una cátedra de física en la Universidad de la Sorbona; Marie, por su parte, ocupó una plaza de profesora de física en la École Normale Supérieure de Sèvres; sin embargo, su actividad docente les robaba tiempo para sus investigaciones experimentales. Las condiciones tan precarias en las que tenían que investigar (lo hacían en una barraca abandonada que ni siquiera tenía suelo y con toneladas de residuos radiactivos que les facilitó el gobierno austriaco , suponían un esfuerzo físico agotador; ni qué decir tiene que la exposición continua a la radiactividad con motivo de su investigación, comenzaba a aflorar en continuas dolencias a las que ninguno de los dos hacía el menor caso (como ejemplo, la radiactividad les produjo lesiones visibles en las manos, cuyos dedos se cubrieron de llagas).

Tras cuatro años de experimentos en la barraca, los Curie habían logrado separar un decigramo de radio puro y con ello establecer su peso atómico. Tras este paso, la comunidad científica se rindió ante ellos aceptando también al Radio como nuevo elemento químico.

El 25 de junio de 1903 Marie publicó su tesis doctoral, titulada “Investigaciones sobre las sustancias radiactivas”. Defendió su tesis ante un tribunal presidido por el físico Gabriel Lippmann. Obtuvo el doctorado y recibió mención cum laude.

Una vez descubiertos todos los pormenores del elemento Radio, sus caminos a tomar eran dos: el primero, patentar la técnica de obtención del radio, proclarmarse inventores del elemento y obtener los derechos de la fabricación del radio en todo el mundo (lo que les habría supuesto convertirse en millonarios), y el segundo, liberar absolutamente toda la información de que disponían a la comunidad científica, no patentar nada, ni quedarse con nada. Ofrecer su descubrimiento a la ciencia. Y esto fue lo que hicieron. Ambos consideraban que patentar la idea iría en contra del espíritu científico, así que decidieron compartirlo y continuar siendo pobres.

En junio de 1903, el Real Instituto de Inglaterra invitó oficialmente a Pierre a dar en Londres una serie de conferencias sobre el radio. A continuación recibieron un alud de invitaciones a comidas y banquetes, pues todo Londres quería conocer a los padres del nuevo elemento.

Desgraciadamente en 1903 Marie perdió el hijo que estaba esperando por un aborto involuntario, y la salud de Pierre era cada vez más preocupante.

Su primer reconocimiento científico llegaría en noviembre de 1903, cuando el Real Instituto de Inglaterra confirió a Pierre y a Marie una de sus más distinguidas condecoraciones: la Medalla de Davy . Tras esto llegaría, ese mismo año, el Premio Nobel de Física que compartieron con Henri Becquerel ,

En cuanto al Nobel, Marie no fue realmente nominada al premio. Después de una ardua clasificación de candidatos, los nominados fueron Henri Becquerel y Pierre Curie (en ningún momento nombraron a Marie). Si no hubiese sido por la intervención de un miembro del Comité, Magnus Goesta Mittag-Leffler, a Marie nunca le habrían reconocido su mérito y su trabajo. Pierre se negó a estar nominado para el premio sino era junto a ella y más tarde, se conocería que ambos habían sido incluidos como candidatos. Así las cosas, en diciembre de 1903 Becquerel y los Curie compartirían el Premio Nobel de Física.

A pesar de haber rechazado patentar el descubrimiento y todo lo demás, los premios que recibieron conllevaban una cuantía económica (por el premio Nobel recibieron 15.000 dólares), dinero que trajo algunos cambios positivos a sus vidas. Aparte de esto, a Pierre le concedieron la cátedra de Física en la Sorbona, aumentando también así su sueldo mensual.

Ese mismo año, se volvió a quedar embarazada y tuvo a su segunda hija, a la que bautizaron con el nombre de Eva. Tras un breve tiempo de recuperación post-parto, Marie reanudó sus compromisos profesionales, sus clases y su investigación.

Como es de esperar el matrimonio Curie no era muy dado a las fiestas sociales. Solo acudían a banquetes oficiales en honor de científicos extranjeros.

Estaban tan ensimismados en sus investigaciones científicas y sus compromisos con la enseñanza, que día sí día también se olvidaban de comer e incluso de dormir. La salud de Pierre se tornaba oscura por momentos. En muchas ocasiones tuvo que permanecer en cama con fuertes dolores en las piernas y pronto llegaría un fatídico día que Marie nunca olvidará.

El 19 abril de 1906, cuando Pierre se encontraba de vuelta a casa en un día oscuro y lluvioso, con poca visibilidad, un enorme carruaje tirado por caballos que portaba uniformes militares que equivaldrían a unas seis toneladas de peso, le pasó por encima y acabó con su vida. Murió en el acto. Cuando le contaron a Marie lo sucedido, ésta se quedó petrificada. No podía creer lo que acababa de suceder. La noticia de la muerte de Pierre Curie acaparó las portadas de los periódicos de todo el mundo, y la casa de Marie se inundó de cartas y telegramas de condolencia.

El gobierno francés, tras la muerte de Pierre, acordó pasar una pensión económica a Marie y sus hijas, pero ésta la rechazó. Decía que aún era joven y fuerte para mantener a su familia. De hecho, tras el funeral de Pierre, Marie volvió al trabajo inmediatamente. Poco tiempo después se mudó con sus hijas a Sceaux, el barrio donde había vivido la familia de Pierre.

En 1910 publicó el Tratado sobre la radiactividad y en 1911 preparó un patrón internacional del radio que depositó en la Oficina Internacional de Pesos y Medidas de París.

Al mes siguiente, el 13 de mayo de 1906, Marie heredaría la cátedra de Física en la Sorbona de su marido, convirtiéndose así en la primer mujer en Francia en conseguir una cátedra. Durante los siguientes años Marie se haría más y más conocida, y no paraban de lloverle premios. En todas partes le otorgaron medallas, títulos y grados honoríficos.

Pero algo negativo tuvo que volver a suceder. Un buen día vieron la luz pública unas cartas de amor que Marie Curie (que por aquel entonces contaba con 38 años) envió a un joven científico casado, el Dr. Paul Langevin que había sido discípulo de Pierre Curie. Cuando la mujer de éste (que apenas tenía estudios) descubrió que se carteaban y que ella le había pedido que se divorciara, ni corta ni perezosa envió las cartas a los periódicos para que lo publicaran y éstos adornaron debidamente las cartas para darle más morbo al asunto. El escándalo estaba servido.

Acusaron a Marie de haber manchado el buen nombre de su difunto marido e incluso las publicaciones más amarillistas se sacaron de la manga que el “affaire” entre Langevin y Marie Curie había comenzado antes de que Pierre muriera y que éste había decidido suicidarse tras enterarse de esta situación.

Poco después recibió el Premio Nobel de Química en el año 1911 por el descubrimiento del polonio y el radio. A pesar de la situación tan escandalosa para ella, decidió armarse de valor e ir a la ceremonia de entrega de premios. En su discurso reconoció el papel que Pierre había desempeñado en su trabajo para conseguir lograr su objetivo.

 En 1913 inauguró el Instituto del Radio, dedicado a la investigación médica y a la física y la química. Otro de similares características se construyó en Varsovia. A este instituto del radio se le dio el nombre de Instituto Marie Sklodowska Curie.

El estrés de los últimos años tuvo su efecto en Curie. Sufrió una depresión severa y graves problemas renales, así que pasó la mayor parte de enero de 1912 en una clínica privada, registrada bajo un nombre falso para que no la molestaran. En octubre de 1912 regresó a Francia, pero no a Sceaux, donde la multitud la esperaba e incluso habían llegado a amenazarla a ella y a sus hijos. Por tanto, se marchó a un apartamento de París, donde viviría el resto de su vida.

A partir de aquí, Marie dedicó la mayor parte del resto de su vida al Instituto del Radio, que ella consideraba un homenaje a la memoria de Pierre. La calle en la que se encontraba el Instituto del Radio fue rebautizada como “Rue Pierre Curie”, en agosto de 1914.

Durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial convenció al gobierno, para crear en Francia unos centros de radiología militar. Así, creó, un equipo de expertos en técnicas radiográficas y, con la colaboración de su hija Irene, puso en funcionamiento más de doscientos vehículos radiológicos llamados “Petite Curie”que se utilizarían en el frente (para descubrir huesos rotos, balas y fragmentos de metralla ocultos en los heridos) . Acompañada por un médico militar, Marie y su hija Irene hicieron su primer viaje al frente de batalla en el otoño de 1914.

Irene siguió el ejemplo de su madre. Haciendo caso omiso a los peligros de la sobreexposición de rayos X, ambas apenas se protegieron de la radiación quienes indudablemente ayudaron a salvar innumerables vidas de soldados.

Después de la guerra el gobierno francés reconoció el trabajo de Irene mediante la concesión de una medalla militar, sin embargo no ofrecieron ningún reconocimiento a Marie; probablemente el asunto Langevin no había sido olvidado todavía.

En 1920 Curie y varios de sus colegas científicos crearon la Fundación Curie, cuya misión era la de proporcionar las bases científicas y las divisiones médicas del Instituto del Radio de los recursos adecuados. Durante las próximas dos décadas la Fundación Curie se convirtió en una importante fuerza internacional en el tratamiento del cáncer. El eje central de su vida ya no era la investigación sino la dirección del Instituto Curie. Los dos ejemplos más destacados del Instituto fueron sin duda su hija Irene y el novio de esta, Frédéric Joliot.

En 1921 comienza su declive en términos de salud. Le detectaron cataratas, y la sospecha de que las emanaciones de radio podían producir algo más que quemaduras o llagas en las manos empezó a tomar cuerpo. Algunos días se encontraba demasiado enferma para ir al laboratorio. En esos días trabajaba en su casa en el manuscrito de su libro “La radiactividad”, que se publicaría póstumamente en 1935. En mayo de 1934, víctima de un ataque de gripe, se vio obligada a guardar cama y ya no volvió a levantarse. Después de quedarse ciega, cuando al fin falló su vigoroso corazón, se decretó que los síntomas anormales, los extraños resultados de los análisis de sangre, que no tenían precedentes, señalaban al verdadero asesino: la radiactividad. Marie expiró el 4 de julio de 1934. Dos días después fue enterrada sin discursos y sin desfiles de ningún tipo; en la más absoluta sobriedad, acompañados de amigos, familiares y unos pocos colaboradores científicos, Marie yacería junto a la tumba de su marido, Pierre Curie.

60 años más tarde, los restos de ambos fueron reenterrados en elPanteón principal del mausoleo nacional de Francia, en París, descansando así con los nombres más eminentes de Francia.

Su hija mayor, Irène Joliot-Curie, junto a su marido Frédéric Joliot, también obtuvieron el Premio Nobel de Química, en 1935, un año después de la muerte de su madre, por su descubrimiento de la radioactividad artificial. Por otra parte, su hija Eva, escribió la biografía de su madre en 1937 que fue traducida a más de 25 idiomas y publicada en español dentro de la colección Austral.

Hasta 1961, Marie Curie fue la única persona que había ganado dos premios Nobel .

Albert Einstein dijo de ella:

“Madame Curie es, de todos los personajes célebres, el único al que la gloria no ha corrompido”.

Acerca de muchas cosas ella dijo:

  • La mejor vida no es la más larga, sino la más rica en buenas acciones.
  • No hay que temer a nada en la vida, sólo tratar de comprender.
  • La vida no merece que uno se preocupe tanto.
  • La vida no es fácil, para ninguno de nosotros. Pero… ¡Qué importa! Hay que perseverar y, sobre todo, tener confianza en uno mismo. Hay que sentirse dotado para realizar alguna cosa y que esa cosa hay que alcanzarla, cueste lo que cueste.
  • En la ciencia hemos de interesarnos por las cosas, no por las personas.
  • Soy de los que piensan que la ciencia tiene una gran belleza. Un científico en su laboratorio no es sólo un técnico: es también un niño colocado ante fenómenos naturales que le impresionan como un cuento de hadas.
  • Siento menos curiosidad por la gente y más curiosidad por las ideas.
  • El camino del progreso no es ni rápido ni fácil.
  • No hay que olvidar que cuando se descubrió el radio, nadie sabía que resultaría útil en los hospitales. El trabajo era ciencia pura. Y esto es una prueba de que el trabajo científico no debe considerarse desde el punto de vista de la utilidad directa de la misma. Se debe hacer por sí mismo, por la belleza de la ciencia y, a continuación, siempre existe la posibilidad de que un descubrimiento científico puede llegar a ser la radio como un beneficio para la humanidad.
  • La vida no es fácil para ninguno de nosotros. ¿Pero qué hay con eso? Tenemos que tener perseverancia y, sobre todo, confianza en nosotros mismos.
  • Usted no puede esperar construir un mundo mejor sin mejorar a las personas. Cada uno de nosotros debe trabajar para su propia mejora.
  • La humanidad necesita hombres prácticos, que sacar el mayor provecho de su trabajo, y, sin olvidar el interés general, salvaguardar sus propios intereses. Pero la humanidad también necesita soñadores, para quienes el desarrollo de una tarea sea tan cautivante que les resulte imposible dedicar su atención a su propio beneficio.