GERARD DAVID

Gerard David

Gerard David

Hacia 1460, Oudewater, Holanda; 1523, Brujas, Bélgica.

Pintor holandés que se convirtió en el último de los grandes maestros de la escuela de Brujas enmarcada en el Gótico Flamenco.

David se formó probablemente en Haarlem, seguramente bajo la dirección de Albert van Ouwater; y se incorporó a la cofradía de San Lucas en Brujas en 1484 de la que se convirtió en decano en 1501.

Una de las grandes influencias que recibió fue de los hermanos Van Eyck, pero también debió conocer a Van der WeydenVan der Goes Memling.

A pesar de tratarse de un autor tardío dentro de la escuela flamenca, su estilo se identifica más con el de los artistas flamencos iniciales, lo que para algunos era un intento de continuar con la tradición original mientras que otros lo achacan a falta de originalidad. Lo cierto es que en la última etapa de su obra se aprecia una clara influencia de la pintura italiana renacentista que puede deberse a los intercambios comerciales de Brujas con Italia.

Destaca por su dominio del color y del retrato, en el que destacan sus figuras hieráticas y rígidas pero llenas de majestuosidad, así como la realización de miniaturas. No sería extraño que para la realización de los rostros de los personajes de sus pinturas utilizara gentes de su entorno. Pero es en el paisaje en el que muestra mayor maestría, siendo inspirador de los grandes paisajistas flamencos y holandeses de siglos posteriores.

Trabaja con óleo sobre tabla, destacando sus grandes retablos.

Cristo Clavado en la cruzCristo Clavado en la cruz

La Incredulidad de Santo Tomás

La Incredulidad de Santo Tomás

El desollamiento de Sisammes, panel derecho de El juicio de Cambises

El desollamiento de Sisammes, panel derecho de El juicio de Cambises

 

Fuentes: Internet

Filosofía para Médicos

Mario Bunge

Mario Bunge

Algunas de las preguntas que uno de los filósofos más importantes del mundo les plantea a los médicos y que responde en su próximo libro: “Filosofía pra médicos”. Las enfermedades ¿son entes o procesos? ¿Por qué ocurren tantos errores diagnósticos? ¿En qué se diferencia la farmacología molecular de la tradicional? ¿En qué consiste el diseño de una droga? ¿En qué se distingue el ensayo aleatorizado del no aleatorizado? ¿Es realmente novedosa la medicina basada sobre elementos de prueba (evidencia en espanglés)? ¿Es lícito hablar de probabilidades en un campo en el que no hay azar ni teorías probabilistas? Los efectos placebo ¿son imaginarios? ¿Cómo superar el impasse actual en el desarrollo de psicofármacos? ¿Es alcanzable la salud permanente? ¿Cómo brindar asistencia médica con eficacia y justicia? ¿Cómo se explica la supervivencia de medicinas primitivas y tradicionales en la sociedad moderna? ¿Por qué no son eficaces las medicinas tradicionales orientales? Y ¿qué hacer con las filosofías que no se ocupan de la realidad ni de su estudio?

Conversaciones con Mario Bunge

Estos diálogos reproducen el encuentro imaginario entre un médico -sin formación en filosofía- y un maestro generoso y didáctico que le aporta algo de lo que esa disciplina tiene para decir acerca de la práctica médica. Los temas son desarrollados en profundidad en el último libro del profesor Mario Bunge, Filosofía para Médicos, editorial Gedisa, Bs. As. 2012.

• Maestro, ¿qué es la medicina?

“La medicina, como cualquier otra disciplina, puede ser vista como una actividad o como un cuerpo de conocimientos. En ambos casos puede considerársela como ciencia, como técnica, o como una combinación de ambas. Finalmente, también deben estudiarse  las organizaciones donde se practica la medicina. Para facilitar la discusión empecemos por algunas definiciones.

  • Ciencia básica = búsqueda desinteresada de la verdad. Ej.: biología, psicología.
  • Ciencia aplicada = búsqueda de verdades de posible utilidad. Ej.: farmacología.
  • Técnica = diseño de artefactos o procedimientos utilizables. Ej.: neuroingeniería.
  • Ciencia o técnica biosocial = disciplina que se ocupa de procesos que son tanto biológicos como sociales.
  • Servicio social = actividad socialmente beneficiosa (p. ej. asistencia médica).

A la luz de estas definiciones, se sugiere que el cuerpo de los conocimientos y procedimientos médicos modernos es mitad ciencia aplicada y mitad técnica científica biosocial. (Medicina moderna: la construida por Virchov, Bernard, Pasteur y otros).

Las buenas facultades de medicina emplean personas que hacen ciencia básica y otras que hacen ciencia aplicada; también hay quienes estudian o diseñan terapias, y quienes “ven” enfermos. Unos pocos (p. ej. De Robertis) han hecho ciencia básica; otros pocos (p. ej., Houssay) han hecho ciencia básica y aplicada; otros (p. ej., Braun Menéndez) han hecho ciencia básica y aplicada, y han ejercido la profesión; finalmente, otros (p., ej. Favaloro) han hecho técnica y “visto” enfermos.

Finalmente, los hospitales, la clínicas y los dispensarios modernos pueden considerarse como sistemas sociotécnicos, o sea, sistemas cuyas actividades específicas se hacen a la luz de técnicas.
La medicina es parte ciencia básica, parte ciencia aplicada y parte tecnología. Y el ejercicio de la medicina es una artesanía de alto fuste.”

 Maestro, por qué afirma Ud. que un médico practica filosofía todos los días aunque él no lo sepa.

Un médico practica todos los días una ontología materialista (aunque no fisicista) y sistémica (aunque no holista). Una gnoseología realista, escéptica y cientificista. Una praxiología científica y una ética humanista. Permítame hacer un cuadro que relaciones las acciones médicas con su fundamento filosófico.

• ¿Hay posiciones filosóficas peligrosas para la medicina?

“La medicina debe protegerse de las políticas delictivas y de las filosofías morbosas”.

Espiritualista: homeopatía, un remedio es tanto más eficaz cuanto menos materia tenga.

Anti-realista: las enfermedades no son trastornos biológicos sino construcciones sociales y la medicina científica es una invención de la industria farmacéutica.

Anti-humanista: los médicos que experimentaron con prisioneros, o los que se oponen a la sanidad pública

• Maestro, ¿dónde termina la medicina y empiezan otros saberes? ¿Cuáles son sus límites como disciplina?

“La medicina moderna no es un conglomerado sino un sistema de disciplinas cuyos cultores interactúan entre sí. Esto, a su vez, se debe a que el organismo que ellas estudian y tratan es un biosistema de partes interactuantes, al mismo tiempo que está inmerso en un entorno natural y social”.

“La salud individual y la condición social se entrelazan, y la pobreza tiende a aumentar la morbilidad. Moraleja médica: la búsqueda del bienestar individual incluye el control del entorno, en particular factores como la contaminación ambiental, el hacinamiento, y la salubridad y seguridad del trabajo”.  Moraleja médica: todo examen médico completo abarca al cuerpo íntegro y su entorno social”.

• Pero, ¿entonces la medicina debe ocuparse de muchos temas diferentes?

“Dada la complejidad del ser humano y su entorno social, el médico debe evitar el pensamiento sectorial, que separa y aísla componentes que de hecho están vinculados, y que tiende a «anclarse » en las primeras impresiones, informaciones y conjeturas”.

• Maestro, ¿es cierto que no hay enfermedades sino enfermos?

“El realismo médico que defendemos no afirma la realidad del universal enfermedad. Como suele decirse, hay enfermos, no enfermedades: los primeros son entes concretos, mientras que las segundas son clases, especies, o tipos. O sea, son conjuntos, y como tales son conceptos, no cosas ni meras palabras. Pero esos conjuntos no son arbitrarios sino clases naturales, tanto como las especies químicas y las biológicas. Y una clase natural es definida por un predicado que representa una propiedad real, como «contagioso», no un atributo imaginario, como «hechizado». Nótese, de paso, la diferencia entre propiedad, o rasgo objetivo, y atributo, o predicado que se atribuye a algo, con razón o sin ella”.

• Maestro, ¿qué es el derecho a la salud?

“Por ser el bien más preciado después de la seguridad, la salud es también el que más se presta tanto al acto altruista como a la explotación. Por este motivo, es preciso que tanto el Estado como las asociaciones de bien público controlen la práctica médica y de la industria farmacéutica para proteger a los más vulnerables: los enfermos”.

• ¿Pueden conciliarse la calidad con la cantidad en la asistencia médica?

“Hay un conflicto entre la calidad y la cantidad de la atención sanitaria. Los buenos médicos no quieren transigir en cuanto a la calidad, y los buenos administradores sanitarios se ven forzados a racionar cada vez más los recursos. ¿Qué hacer para resolver este conflicto? Los economistas ortodoxos proponen mercantilizar la salud y privatizar completamente los servicios de sanidad. No les preocupa el que esta solución perjudique a la enorme mayoría. Tampoco les importa el que a nadie convenga que la mayoría de la gente sufra problemas de salud provenientes de la pobreza y de la ignorancia, porque no han oído hablar de contagio, ni de la productividad ni, menos aun, de solidaridad”.

• ¿Por qué hay grupos que critican a la medicina preventiva?

“Las críticas a la medicina preventiva, desde el chequeo médico periódico hasta la prohibición de fumar en público y la obligación de vacunarse, son irresponsables. Las epidemias debieran habernos enseñado hace milenios que la salud no es un bien privado, sino cosa de todos. Sólo los ermitaños tienen derecho a enfermarse: los demás tenemos el deber de buscar la salud para no ser cargas públicas”.

• Maestro, ¿qué distingue al conocimiento objetivo del subjetivo?

“Un conocimiento es objetivo si se refiere exclusivamente a su objeto o referente, mientras que lo subjetivo aparece cuando se da prioridad al sujeto o individuo que pretende conocer o hacer algo. Por ejemplo, la frase «hace frío» es una afirmación objetiva (aunque no necesariamente verdadera) si se refiere al ambiente. En cambio, «tengo frío» se refiere a mí tanto como a mi entorno, y puede ser verdadera aunque la temperatura del ambiente sea elevada. La biología procura exclusivamente verdades objetivas, mientras que la medicina, la psicología y las ciencias sociales se ocupan tanto de lo objetivo como de lo subjetivo, porque éste es tan real como aquél. Y las ciencias de lo subjetivo son objetivas o impersonales, en contraste con las artes”.

• ¿El puñal o la puñalada? Maestro, no comprendo, ¿por qué afirma Ud. que una molécula o un microorganismo no pueden ser la “causa” de una enfermedad?

“Por definición, los vínculos causales existen entre sucesos, no entre cosas ni entre propiedades. Por ejemplo, no es el puñal sino la puñalada lo qua tajea, y no es el arsénico sino su ingestión lo que envenena.”

• Pero, entonces, ¿la ciencia se ocupa de confirmar o de refutar hipótesis?

“Contrariamente a lo que enseñaba Karl Popper, el conocimiento no avanza refutando conjeturas, sino encontrando verdades, o sea, confirmando conjeturas, especialmente hipótesis sobre mecanismos de acción. Análogamente, el cultivo de hortalizas involucra el desmalezamiento, pero lo que comemos son hortalizas, no malezas.”

• Maestro, ¿cómo podemos saber si un tratamiento médico es eficaz?

 “La respuesta vulgar es que lo sabemos porque mejoró a algunos pacientes. ¿Cuántos o, mejor, en qué porcentaje? Esta pregunta no solía hacerse: tanto médicos como enfermos se conformaban con que, de cuando en cuando, apareciese un tratamiento que parecía beneficiar a alguna gente. Aunque rica, la experiencia personal es intransferible y a menudo también inefable (inexpresable), por lo cual carece de valor científico. Además, la experiencia personal está confinada a lo perceptible: no abarca a las cosas imperceptibles, Por estas razones, en las ciencias y técnicas de la realidad se procura el experimento”.

• ¿Por qué es mejor un tratamiento basado en ensayos clínicos que otras formas de terapéutica?

“Los tratamientos médicos, o terapias, se inventan al igual que los poemas y las partituras musicales. Pero, a diferencia de los poemas y las músicas, la adopción de una terapia no es cuestión de gustos. El médico primitivo la usaba si ella era tradicional y, sobre todo, si iba acompañada de un rito mágico o religioso. El médico de las escuelas hipocrática y galénica descartaba la magia y la religión y confiaba en la experiencia; además, su terapéutica era muy escueta. En todo caso, su procedimiento no era arbitrario sino que se basaba en pruebas, lo mismo que el buen científico, ingeniero o juez.

La medicina moderna es aun más exigente: las terapias deben ser plausibles a priori y deben aprobar ensayos clínicos rigurosos. La plausibilidad o verosimilitud de una terapia consiste en su compatibilidad con el grueso del conocimiento biomédico, y se la juzga antes de ensayársela. (Antes de la emergencia de tal conocimiento se exigía compatibilidad con las supersticiones dominantes.) Y el ensayo clínico debe ser riguroso: no puede confinarse a unos pocos casos sin controles, llamados anecdóticos. Una terapia se juzga científicamente plausible, o fundada, si se conoce su mecanismo de acción o se lo sospecha con fundamento biológico”.

• Maestro, ¿qué clase de medicina son las “terapias alternativas”?

Suele llamarse medicina complementaria y alternativa, o no convencional, a una amplia panoplia de terapias sin base ni comprobación científica. Ellas son ejercidas casi siempre por individuos sin preparación médica o por médicos que ocultan sus diplomas universitarios para poder ejercer como chamanes. Casi todos los habitantes de los países subdesarrollados se hacen tratar por curanderos. En los EE. UU., casi la mitad de la población recurre a la medicina «no convencional», en particular quiropráctica, homeopatía, acupuntura y herbalismo, pese a las advertencias del Consumer Report, que la gente consulta y acata antes de comprar automóviles y electrodomésticos.
El médico, a diferencia del poeta y del matemático, es un servidor público, por lo cual está sujeto a controles legales y a normas morales. El médico contemporáneo promete mucho menos que el curandero, pero logra muchísimo más”.

• Maestro, ¿por qué deberíamos preocuparnos tanto por las pseudociencias? ¿No es una pérdida de tiempo?

«Los científicos y los filósofos tienden a tratar la superstición, la pseudociencia y hasta la anticiencia como basura inofensiva o, incluso, como algo adecuado al consumo de las masas; están demasiado ocupados con sus propias investigaciones como para molestarse por tales sinsentidos. Esta actitud, sin embargo, es de lo más desafortunada. Y ello por las siguientes razones. Primero, la superstición, la pseudociencia y la anticiencia no son basura que pueda ser reciclada con el fin de transformarla en algo útil: se trata de virus intelectuales que pueden atacar a cualquiera —lego o científico— hasta el extremo de hacer enfermar toda una cultura y volverla contra la investigación científica. Segundo, el surgimiento y la difusión de la superstición, la pseudociencia y la anticiencia son fenómenos psicosociales importantes, dignos de ser investigados de forma científica y, tal vez, hasta de ser utilizados como indicadores del estado de salud de una cultura».

• Maestro, ¿por qué es importante invertir fondos públicos en la investigación científica?

“Si quieres mejorar la salud, tendrás que invertir no sólo en medicamentos sino también en la física, la química y la biología necesarias para diseñarlos, porque la ciencia es un sistema que funciona mal cuando no prospera alguno de sus componentes. Pero si no te importa la salud, ni por tanto los avances de la medicina, descuida esas ciencias básicas”. “Filosofía para médicos”.

• Maestro, ¿qué cosa es un placebo?

“Tanto los médicos como los curanderos cuentan con el efecto placebo, aun sin proponérselo. La primera etapa de un efecto placebo es mental (creencia, en particular expectativa). Pero, puesto que todo lo mental es cerebral, y que el cerebro está conectado con los sistemas immune y endocrino, no debiera sorprender el que algunas creencias tengan efecto terapéutico. Lo mismo explica por qué hay placebos para dolor, depresión, insomnio y somnolencia, pero no para procesos que ocurren sin intervención de la corteza, como la división celular y la artrosis”.

• ¿Usted distingue entre un “objeto” y un “efecto” placebo?

“Conviene distinguir dos componentes de un efecto placebo. Un objeto placebo es una cosa o un procedimiento que alivia un mal sin actuar directamente sobre el organismo; su efecto se llama respuesta placebo. Convengamos en llamar efecto placebo al par ordenado <objeto, respuesta>. Es posible que el rito del médico brujo tuviese una respuesta más beneficiosa que el producto que vendía. Otro ejemplo de objeto placebo es la proverbial sonrisa bondadosa y alentadora del tradicional médico de cabecera. La respuesta placebo es real, pero no se debe al objeto placebo por sí mismo sino a la creencia del paciente en su eficacia, o sea, a su expectativa”.

• Maestro, ¿cuáles son las diferencias entre individualismo, holismo y sistemismo? ¿Dónde se ubica la medicina?

“El individualismo cultiva el análisis pero pasa por alto todo lo que no sea la composición del sistema, mientras que el holismo rechaza el análisis y niega o minimiza el rol del individuo. El sistemismo conserva las tesis válidas del individualismo («No hay todo sin partes») y del holismo («Las totalidades poseen propiedades globales o emergentes, de las que carecen sus partes»). El sistemismo es, pues, una síntesis de individualismo con holismo. En particular, la medicina sistémica prefiere síndromes a síntomas aislados, relaciona la parte afectada con el resto del cuerpo, ubica el cuerpo en su medio ambiente y tiene en cuenta todos los niveles de organización pertinentes, desde el físico hasta el social”.

-Muchas gracias maestro por su generosidad. La seguimos en el próximo encuentro y en su nuevo libro…

http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=78138

https://www.youtube.com/watch?v=Y0pp9loGy_0

Denis Peterson. Hiperrealismo

Doctor Ojiplático. Denis Peterson Hiperrealismo Acrílico

Denis Peterson (Nueva York, 1944), es un artista de Nueva York de descendencia armenia. Es un pintor hiperrealista, cuyos primeros trabajos fotorealistas fueron expuestos en el Museo de Brooklyn, el Museo Whitney de Arte Americano y la Galeria Max Hutchinson en Nueva York.  Se le considera como el autor del hiperrealismo, ademas de ser uno de los artistas mas importantes en este campo.

 Ampliamente reconocido como el principal arquitecto del género, Peterson está en la vanguardia del movimiento.

Apocalypse.

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At the ready in Saratoga.

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Cardboard Dreams.

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Diogenes.

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Foot Action.

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Indiana in New York.

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Pureeka.

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Fuentes: Internet

 

Emma Lazarus. El Nuevo Coloso

Emma Lazarus

… ¡Guardaos, tierras antiguas vuestra pompa legendaria!, exclama ella./ Dadme a vuestros rendidos, a vuestros desdichados,/ a vuestras hacinadas muchedumbres que anhelan respirar en libertad./ Enviadme a éstos, los desamparados, los que por la tempestad son azotados./ ¡Yo alzo mi antorcha junto al puerto dorado!”.

El anterior es un fragmento del poema El Nuevo Coloso inscrito en el pedestal de la Estatua de la Libertad en Nueva York, bajo cuya sombra encontraron amparo millones de inmigrantes que buscaban nuevos horizontes para rehacer sus vidas. Esa misma sombra cobijó también a inmigrantes procedentes del mundo entero que hallaron refugio en Venezuela cuyo magnánimo gentilicio les abrió los brazos para integrarlos en su seno.

El soneto fue solicitado por William Maxwell Evarts como una donación a una subasta realizada por la «Recaudación de Fondos para Exposiciones de Arte en Ayuda del Pedestal Bartholdi para la Estatua de la Libertad».

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El Nuevo Coloso es de la autoría de Emma Lazarus, poetisa judía de origen sefardí, nacida en Nueva York en 1849 (1849-1887), que traza sus ancestros a la época de la Inquisición en España y Portugal, circunstancia que hizo que sus antepasados emigraran al Nuevo Mundo, y que la marcó y despertó en ella indignación ante las injusticias y apasionamiento en la defensa de las minorías.

Fue amiga de intelectuales de la talla de Ralph Emerson, Elizabeth Browning y Walt Whitman, y no se dio tregua en su afán por combatir agravios y alertar sobre los peligros de los ataques a la integridad de los seres humanos. Sus actos fueron fiel reflejo de su manera de pensar y casi a diario se trasladaba a la isla de Ellis, en Nueva York, para recibir y brindar cálida acogida a las multitudes que venían huyendo de persecuciones y de guerras.

 

Emma Lazarus dejó un importante legado a través de sus obras, entre las cuales, El Nuevo Coloso, es un permanente llamado a la libertad, la solidaridad y el pluralismo.

http://esefarad.com/?p=16968

Borges, razón y el fútbol

¿A que se refería Borges cuando dijo que “el fútbol era estúpido” y era el deporte más popular porque “la estupidez es popular”?
¿En realidad importa el resultado que tenga tu selección nacional en el Mundial? ¿En realidad ganas cuando ganan, en realidad “Todos somos la Selección”? Por más proyección metafísica de identidad que hagamos, las personas que juegan en la cancha de juego no son las personas que ven el partido en el estadio o por televisión. Podemos invocar una conexión a distancia – la famosa “vibra”, un entrelazamiento cuántico, telepatía o vudú – pero, por supuesto, este ya no es el terreno del deporte y la política (y, generalmente, es sólo una estrategia de marketing). Y aun si invocamos un principio de resonancia, siguiendo lo que Borges decía de los lectores de Shakespeare – que, al leer fervientemente, sus líneas se convertían en el mismo bardo, en ese mismo instante que se repite con una misma cualidad en el tiempo – , entonces, esto sería cierto con cualquier jugador, no obstante el país y con cualquier actividad, siguiendo un vínculo de simpatía.
¿Acaso, más bien, no es este – la parafernalia de la Copa del Mundo y el fanatismo deportivo en general – uno de los más vulgares y crasos ejemplos de propaganda, enajenación y creación de identidades superfluas en función del consumismo… El viejo pan y circo?
El fútbol es uno de los más grandes negocios que existen, tan redondo como el balón.
Participan organismos como la FIFA, comités organizadores, federaciones locales, televisoras, agencias de marketing y de promoción de los jugadores, apostadores, equipos y jugadores (que, aunque disfrutan brevemente del endiosamiento de la imagen son, a fin de cuentas, sólo instrumentos para la diseminación de una propaganda aspiracional, similar a lo que ocurre con los modelos de artículos de consumo: en México incluso son vendidos a equipos en un “draft” que se apoda “mercado de piernas”, sin que los jugadores puedan decidir si quieren ir o no a tal equipo). Indirectamente, haciendo uso político, también participan los países con sus gobiernos y las grandes corporaciones alineadas que dictan el sistema financiero global.
Los países se sirven del aglutinamiento de identidades que el futbol genera y de la distracción masiva que les permite manipular la agenda de noticias, desactivar conflictos, diluir críticas o llegar a acuerdos y pasar leyes fast-track (los “goles de madruguete político”).
Las corporaciones y el sistema capitalista tienen evidentemente el usufructo del frenesí de consumo que generan eventos como el Mundial, pero además también basan de manera sustancial su estrategia de branding en este evento, que es percibido como el culmen de las asociaciones positivas y profundas en la psique del consumidor: es el momento de bombardear con el fin de invadir tautológicamente el inconsciente del sujeto programable y congraciarse con él. (Los que no se benefician de esto son las comunidades locales, como ocurre con el pueblo brasileño ante los gastos excesivos del Mundial 2014: es un deporte del pueblo, pero un negocio elitista).
Coinciden en Borges una indiferencia y un desinterés por la política y el futbol. Lo que animaba su curiosidad eran las ideas, la arquitectura de mundos mentales, ese gran río de murmullos que cruza el tiempo que es la literatura. En su ars poetica el escritor no tenía por qué tener un compromiso con una cierta inclinación política – no tenía por qué definirse como una persona de izquierda o derecha, etc., o dedicarse a escribir panfletos; su deber era consigo mismo y con el arte, con la literatura misma, que no es, por supuesto, una rama de la moral (lo que importa es si un escritor escribe bien, no si es buena persona; si es capaz de ver lo que los demás no ven, no si piensa de manera correcta). Borges fue muy criticado por no pronunciarse en contra de la dictadura argentina y en contra de numerosos gobiernos o actos antidemocráticos, inhumanos o injustos según el dictamen generalizado de la comunidad internacional – ese metajuicio de lo políticamente correcto para el intelectual. Cuando tuvo que describir su postura política dijo que era conservador, pero siempre desde la distancia de su agnosticismo, nunca desde el fanatismo.
Cuando uno quiere criticar la enajenación del futbol, Borges aparece como una buena opción para legitimar el discurso. Aunque algunas personas puedan considerarlo poco viril, poco inclinado a las pasiones del cuerpo y, por lo tanto, incapaz de comprender la atracción por los deportes – ese instinto marcial sublimado o domesticado – , también es cierto que hay poco de esta energía vital en el acto mayormente pasivo de ver un partido de futbol. Asimismo, salvo el caso de algunos exquisitos manieristas exentos de resultadismo, el espectador de futbol no es un observador objetivo o individuado, como el narrador omnipresente de una obra, sino que es un observador arrastrado por la emoción multitudinaria que quiere de alguna manera intervenir y proyectarse al campo de juego – olvidar su presente – , a la vez que se ve afectado por el resultado de un juego que no ha jugado y sobre el cual no tiene ningún efecto. Y como tal, exhibe un dejo de frustración y de pueril transferencia.
Borges decía que “el futbol es popular porque la estupidez es popular”. Es estúpido sufrir por algo en lo cual no tenemos participación ni influencia – por más que creamos noble o elevado concebir sentimientos abtractos de identificación y, así, concebirnos como encarnaciones de nuestro país o de nuestro equipo y, por lo tanto, estar sujeto a lo que les ocurre. Quizás el rasgo más claro de la estupidez de nuestra sociedad es verse inmiscuido en el trance colectivo de los medios masivos de comunicación, en las telenovelas, en el futbol, en el marketing que preda sobre nuestros deseos aspiracionales y nuestras inseguridades y responder a sus llamados yendo a la tienda, comprando los productos o sintonizando el televisor en respuestas zombie-pavlovianas o, usando el término de McLuhan, narcótico-narcisistas.
En una nota publicada en el diario La Razón sobre la Copa del Mundo en Argentina en el ’78, Borges conversa sobre futbol con Roberto Alfiano (quien luego publicó un libro sobre Borges en el que se incluye este diálogo):
– ¿Fue alguna vez a ver un partido de fútbol Borges?
– Sí, fui una vez y fue suficiente, me bastó para siempre. Fuimos con Enrique Amorim. Jugaban Uruguay y Argentina. Bueno, entramos a la cancha, Amorim tampoco se interesaba por el fútbol y como yo tampoco tenía la menor idea, nos sentamos; empezó el partido y nosotros hablamos de otra cosa, seguramente de literatura. Luego pensábamos que se había terminado, nos levantamos y nos fuimos. Cuando estábamos saliendo alguien me dijo que no, que no había terminado todo el partido, sino el primer tiempo, pero nosotros igual nos fuimos. Ya en la calle yo le dije a Amorim: “Bueno, le voy a hacer una confidencia. Yo esperaba que ganara Uruguay – Amorim era uruguayo – para quedar bien con usted, para que usted se sintiera feliz”. Y Amorim me dijo: “Bueno, yo esperaba que ganara Argentina para quedar, también, bien con usted”. De manera que nunca nos enteramos del resultado de aquello, y los dos nos revelamos como excelentes caballeros. La amistad y el respeto que ambos nos profesábamos estaba por encima de esa pobre circunstancia que era un partido de fútbol.
(Un poco de la elegancia inglesa que tanto admiraba y por lo cual se le resentía en su país, que, en una especie de ingenuidad, esconde mordacidad e ironía. En esa misma conversación, Borges responde luego a Alfiano que el futbol es popular porque la estupidez es popular)
– Yo no entiendo cómo se hizo tan popular el fútbol. Un deporte innoble, agresivo, desagradable y meramente comercial. Además es un juego convencional, meramente convencional, que interesa menos como deporte que como generador de fanatismo. Lo único que interesa es el resultado final; yo creo que nadie disfruta con el juego en sí, que también es estéticamente horrible, horrible y zonzo. Son creo que 11 jugadores que corren detrás de una pelota para tratar de meterla en un arco. Algo absurdo, pueril, y esa calamidad, esta estupidez, apasiona a la gente. A mí me parece ridículo.
Al parecer, Borges no era sensible a la estética del futbol, y en esto sin duda podemos diferir. Pero, a fin de cuentas, son pocos los que ven futbol como un ejercicio de contemplación estética… como quien contempla una escena bucólica o como un flaneur atraído por ciertos ángulos e inflexiones urbanas. El aficionado prototípico busca el desfogue del triunfo, el alarido de pertenencia con un equipo de calidad que ha repasado a otro o con una nación que se piensa superior cuando triunfa y se puede comparar con otros países (o, en el caso de algunos franceses, probablemente inspirados por el racismo que genera una selección multiétnica cuando su país pierde y puede culpar a un sector). (Esta tabla de afectos y aversiones por países en la Copa del Mundo es muy ilustrativa). En algunos casos se contenta porque su equipo juega bien o da pelea a un equipo históricamente superior, pero no por el placer que le produce el futbol desempeñado en un aspecto puro, sino porque realza su identidad (tener un equipo que la crítica elogia) o le da confianza para el futuro: cuando, entonces sí, pueda ganarle a los grandes.
Se dice que el fútbol une a la gente. Y, si bien es una buena excusa para socializar y distender, en realidad lo que une en el trance de un torneo o en la estela que deja un título son los sentimientos dispersos de nacionalismo, de euforia chocarrera y de autoafirmación. Si bien es cierto que existen países donde muchos individuos tienen poca seguridad en sí mismos, es ridículo pensar que el futbol sea un revulsivo que lleve a las personas a psciológicamente afirmar su individualidad y desprenderse de sus complejos – esto es algo que se hace justamente individuándose y desmarcándose de las improntas y los paradigmas colectivos.
Otra cosa es que el triunfo en el deporte genere, como ocurre en la naturaleza con la habituación, más triunfo en el futuro; esto es natural, pero se limita solamente al deporte y logra cambiar la mentalidad solamente de los jugadores que participan. Si bien puede provocar una tregua momentánea entre personas de diferentes etnias, lenguas o posturas políticas dentro de un país, el efecto no es de ninguna forma duradero; es como la tregua breve que hacen dos personas cuando se emborrachan.
Buena parte de lo que chocaba a Borges del fútbol tenía que ver con el nacionalismo que observaba como consecuencia de este deporte en Argentina, quizás el país con la hinchada más pasional y violenta del mundo (después de que sus enemigos, los ingleses, erradicaran a los hooligans). Tanto el nacionalismo como el futbol le merecían el mismo calificativo.
El nacionalismo sólo permite afirmaciones y toda doctrina que descarte la duda, la negación, es una forma de fanatismo y estupidez, escribió Borges, quien incluso participó en 1984 en un foro en Tokio en el que se discutió el nacionalismo, señalando que éste tenía el peligro de dividir a las personas. ¿Acaso no ocurre eso mismo con el futbol, que divide más de lo que une? Al menos, nos divide en personas definidas por un país: somos mexicanos, chilenos, alemanes, iraníes, estadounidenses, con una carga histórica y una percepción política particular, con numerosos clichés, antes que personas del planeta Tierra e individuos únicos. Borges creía en abolir las fronteras, lo cual en ningún sentido significa homogeneizar al mundo o erradicar las diferencias, sino permitir el intercambio sin etiquetas. Seguramente esto sería política y económicamente desastroso, especialmente para algunos países chicos, etc., pero la afirmación no tenía este sentido, sino que su espíritu era el de eliminar el nacionalismo y todos sus efectos colaterales.
En fin; con esto no quiero amargar el placer de ver un buen partido de fútbol, especialmente si es un hábito esporádico.
Principalmente, el interés es hacer consciente el acto de ver un partido de futbol y, en general, de participar en todo entorno mediático o colectivo, y ser capaz de discernir hasta qué punto, al hacerlo, perdemos nustra inteligencia crítica y llegamos a enajenarnos. Un poco de auto reflexión – sobre lo que pasa dentro de nosotros cuando hacemos algo o recibimos un programa – nos hace hasta cierto punto inmunes y permite disfrutar de un partido de fútbol sin sufrir si el resultado no es el que queríamos.
El fútbol es, sin duda, un gran espectáculo, y tiene algo más de místico y estético de lo que Borges fue capaz de ver. Borges, que amaba las representaciones cabalísticas, las métaforas del universo y la divinidad, quizás no entrevió en el juego de futbol una imagen del universo, de su secreto orden; tampoco atisbó una poesía física o reconoció el impulso evolutivo de luchar y competir (una desvaída transmigración de los dioses griegos, que impulsaban a los héroes a batirse). Pero todos los juegos tienen esta veta, hay un sentido lúdico profundamente arraigado a la existencia – que sublima lo absurdo – y el futbol es una manifestación, aunque quizás un poco contaminada, de esta misma esencia. Borges prefería el otro juego, el juego cósmico “de la indivisa divinidad que opera en nosotros” y sueña el mundo, que quizás no tenga ganador y sea infinito.
Alejandro de Pourtales / Pijama Surf