Objetos realizados con piel Humana

Poco se sabe de la infancia y adolescencia de este infame personaje; alimentado a posteriori por falsas películas y leyendas del movimiento sádico y fantasioso, propias de fábulas adolescentes. Sin embargo, sí hay datos tan objetivos como oficiales fruto de la documentación escrita y fotográfica de los procesos jurídicos que cerraron el holocausto y de los testimonios de sus protagonistas. La ‘pesca ecuánime’ no ha sido fácil, pero sí ayudará a descifrar la verdadera y cruel pasión de la señorita Koch.

Ilse Koch (1906-1967) nació en el seno de una familia de clase media en el Dresde de principios del siglo XX. No hay datos para barruntar una educación privilegiada en la Universidad de la Tortura. Simplemente era una chica normal que se curtió en la Alemania de la posguerra y tropezó con el mal cuando sólo pretendía salir de la pobreza.

Horrorizó incluso a sus propios compañeros nazis por sus hábitos criminales. Solía elegir a sus víctimas según sus tatuajes, para luego desollarlos y hacer carteras y pantallas de lámparas que adornaban su casa. Conozca el prontuario de una de las más sádicas criminales del Tercer Reich

En la sala de estar de su casa, Ilse Koch (1906-1967) tenía unas lámparas de extraña textura. Otros adornos, muy originales, causaban expectación entre sus visitas. Más cuando la anfitriona les mostraba billeteras y cinturones fabricados con ese material tan poco convencional. Todos estaban fabricados de piel humana.

Aunque nunca fue su “trabajo”, Ilse pasaría a la historia como una de las más sádicas carceleras de los campos nazis. Y lo hizo por iniciativa personal. Tanto así que, paradójicamente, horrorizó a sus propios camaradas de partido por “crueldad innecesaria”.

En su historial no hay una niñez violenta ni trágica. Salvo que tuvo que trabajar desde los 15 años en una fábrica, por la crisis económica que azotó a Alemania después de la Primer Guerra Mundial. Después atendió una librería donde ser reunían los futuros jerarcas nazis.
Allí conoció a Karl Koch, quien sería su esposo y un también sádico jefe de Buchenwald, uno de los más grandes campos de concentración alemanes. El matrimonio se celebró en 1936. Entonces, Koch estaba a cargo de otro campo, Sachsenhausen, donde ejerció medidas de extrema violencia contra los prisioneros.

Allí, comenzó el historial de sadismo de Ilse, quien se hacía llamar Gunadige Frau, un título nobiliario ajeno a su origen. Y comenzó a pasearse diariamente ante los prisioneros con un látigo que habilitó con cuchillas para azotar sin descanso a aquellos que le parecían menos agraciados físicamente. Esta madre de tres hijos, se ganó el epíteto de “bruja” y “bestia” entre los desdichados prisioneros que temblaban al verla en sus rondas diurnas.

Fueron muchos sus crímenes: forzaba a los prisioneros a tener orgías sexuales, azuzaba a perros entrenados contra mujeres embarazadas que huían a duras penas, y ordenó que desollaran a los prisioneros más jóvenes, con cuyas pieles haría sus artesanías.

Testigos sobrevivientes dirían luego que mientras ordenaba –y ejecutaba- esas sesiones de tortura y violencia sexual, a la esposa del comandante se le dilataban las pupilas y era presa de un paroxismo que la llevó alguna vez a acribillar a varios prisioneros con su propia pistola.

Fue tal el desmadre de los Koch -que incluyó también el robo de especies de los prisioneros para sus cuentas personales-, que en 1941 el matrimonio fue enjuiciado por los propios nazis, bajo la acusación de malversación y crueldad innecesaria.

Karl fue enviado a otro campo de concentración, en Polonia. E Ilse se quedó en Buchenwald, donde se dedicó a tener aventuras sexuales con otros nazis, mientras mermaba un poco sus hábitos criminales.
Tres años después, Karl se reunión con Ilse, pero fue nuevamente procesado por robo del dinero del Reich. Esta vez, el comandante asesinó a uno de los testigos del nuevo proceso, por lo que la sentencia fue máxima. Karl Koch fue ejecutado en Buchenwald.

La debacle del Tercer Reich provocó la estampida de los criminales nazis. Ilse consiguió escapar durante un tiempo, pero luego fue capturada por los norteamericanos en 1947. En el juicio, en Dachau, negó todos los cargos que la hacían responsable del asesinato de más de cincuenta mil personas.

A pesar del ánimo público, que sólo deseaba su ejecución como criminal de guerra, Ilse fue sentenciada a pena perpetua y trabajos forzados.

En 1951, sin embargo, el general estadounidense Lucius D. Clay, la liberó aduciendo que las pruebas de sus atrocidades no eran suficientes.

Fue tal el escándalo que provocó la medida, que Ilse nuevamente fue encarcelada, esta vez por un desfile de testigos que la identificó como “la bruja de Buchenwald”, la misma que desollaba a sus víctimas y aterrorizaba con su látigo.

No cumpliría su sentencia. En 1967 se ahorcó en su celda, dejando una nota para su hijo, sin una pizca de arrepentimiento: “No hay otra salida, la muerte es la única liberación”.

Fotograma del documental de Billy Wilder sobre Buchenwald con la recopilación de reliquias obtenida de la casa de los Koch.

Varios de los tatuajes ‘humanos’ utilizados como evidencia en el juicio contra Ilse Koch.

http://kurioso.es/2010/03/16/la-zorra-de-buchenwald-y-su-coleccion-de-tatuajes/