Carl Sandburg. Definiciones de poesía

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1. Poesía es una proyección en el silencio de cadencias ordenadas a romper ese silencio con definidas intenciones de ecos, sílabas, longitudes de onda.

2. Poesía es el diario de un animal marino, viviendo en tierra, deseoso de volar en el aire.

3. Poesía es una serie de explicaciones de la vida, perdiéndose en horizontes demasiado rápidos para explicaciones.

4. Poesía es una búsqueda de sílabas para arrojarlas a las barreras de lo desconocido y lo inconocible.

5. Poesía es el teorema de un pañuelo de seda amarillo anudado con acertijos, encerrado en un globo de colores atado a la cola de una cometa volando en un viento blanco contra un cielo azul en primavera.

6. Poesía es el silencio y la conversación entre la raíz de una flor que se debate bajo la tierra y el soleado capullo abierto de esa flor.

7. Poesía es el aparejo de la paradoja de la tierra acunando la vida y luego sepultándola.

8. Poesía es una inscripción fantasma que dice cómo son hechos los arcoíris y por qué se van.

9. Poesía es una síntesis de jacintos y bizcochos.

10. Poesía es el abrir y cerrar de una puerta, que deja conjeturando a los que miran sobre lo que se ve por un instante.

 

Efraín Huerta a 100 años de su nacimiento

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Efraín Huerta (1914-1982)

Nació en el pueblo de Silao, estado de Guanajuato, el 18 de junio. Hizo sus primeros estudios en León y en Querétaro. En México cursó la preparatoria y los primeros años de la carrera de leyes. Fue periodista profesional desde 1936 y trabajó en los principales periódicos y revistas de la capital y en algunos de provincia. Fue también crítico cinematográfico. Perteneció a la generación de Taller (1938-1941), revista literaria que agrupó, entre otros, a Octavio Paz, Rafael Solana y Neftalí Beltrán. Viajó por los Estados Unidos y Europa. El gobierno de Francia le otorgó en 1945 las Palmas Académicas. En 1952 visitó Polonia y la Unión Soviética.

Éste es un amor

A Rosaura Revueltas

Éste es un amor que tuvo su origen
y en un principio no era sino un poco de miedo
y una ternura que no quería nacer y hacerse fruto.

Un amor bien nacido de ese mar de sus ojos,
un amor que tiene a su voz como ángel y bandera,
un amor que huele a aire y a nardos y a cuerpo húmedo,
un amor que no tiene remedio, ni salvación,
ni vida, ni muerte, ni siquiera una pequeña agonía.

Éste es un amor rodeado de jardines y de luces
y de la nieve de una montaña de febrero
y del ansia que uno respira bajo el crepúsculo de San Ángel
y de todo lo que no se sabe, porque nunca se sabe
por qué llega el amor y luego las manos
—esas terribles manos delgadas como el pensamiento—
se entrelazan y un suave sudor de —otra vez— miedo,
brilla como las perlas abandonadas
y sigue brillando aún cuando el beso, los besos,
los miles y millones de besos se parecen al fuego
y se parecen a la derrota y al triunfo
y a todo lo que parece poesía— y es poesía.

Ésta es la historia de un amor con oscuros y tiernos
orígenes:
vino como unas alas de paloma y la paloma no tenía ojos
y nosotros nos veíamos a lo largo de los ríos
y a lo ancho de los países
y las distancias eran como inmensos océanos
y tan breves como una sonrisa sin luz
y sin embargo ella me tendía la mano y yo tocaba su piel
llena de gracia
y me sumergía en sus ojos en llamas
y me moría a su lado y respiraba como un árbol despedazado
y entonces me olvidaba de mi nombre
y del maldito nombre de las cosas y de las flores
y quería gritar y gritarle al oído que la amaba
y que yo ya no tenía corazón para amarla
sino tan sólo una inquietud del tamaño del cielo
y tan pequeña como la tierra que cabe en la palma
de la mano.
Y yo veía que todo estaba en sus ojos —otra vez ese mar—,
ese mal, esa peligrosa bondad,
ese crimen, ese profundo espíritu que todo lo sabe
y que ya ha adivinado que estoy con el amor hasta
los hombros,
hasta el alma y hasta los mustios labios.
Ya lo saben sus ojos y lo sabe el espléndido metal
de sus muslos,
ya lo saben las fotografías y las calles
y ya lo saben las palabras —y las palabras y las calles
y las fotografías
ya saben que lo saben y que ella y yo lo sabemos
y que hemos de morirnos toda la vida para no rompernos
el alma
y no llorar de amor.