Bolo Flores. Oda a mi muerte

ENTREVISTA CON MARCO ANTONIO FLORES, ESCRITOR GUATEMALTECO. PROHIBIDO SU USO Y REPRODUCCIÓN EN GUATEMALA.

Marco Antonio Flores (Guatemala, 1937 – 2013), poeta y narrador, publicó, en 1976, en la editorial Joaquín Mortiz, la novela Los compañeros, luego de ser finalista del Premio Barral de Novela y de ser prohibida su edición por la censura española. Esta obra fue condenada y vituperada por la izquierda sectaria de América Latina. No volvió a publicar en 16 años, ni siquiera en revistas o periódicos.

Antes había editado tres libros de poesía: La voz acumulada (Guatemala, 1964); Muros de luz,Premio Centroamericano de Poesía (México, 1968, Siglo Veintiuno Editores, con un prólogo de Carlos Pellicer); y La derrota (Madrid, 1972).

Durante sus años de silencio editorial, Flores escribió tres novelas, tres libros de poesía y uno de cuentos que obtuvo, en Monterrey, en 1987, un premio nacional.

En 1992, publicó en Guatemala Reunión, poesía completa-volumen I; el libro de poesíaPersistencia de la memoria; y una segunda edición de Los compañeros. La siguamonta y Los muchachos de antes, publicados por Siglo XXI y por Alfaguara, respectivamente, son sus obras más recientes.

ODA A MI MUERTE

Me moriré a escondidas de la noche
cuando no pueda contemplar la luna,
constelado de sol por todas partes
como playa de carne y osamenta,
crucificado ante la faz del día
sin una estrella que me vele el sueño,
sin un lucero que me alumbre mudo,
sin una sombra que esconda pronto.
-Me moriré como recuerdo antiguo
-que pierde su vigencia con el tiempo.

Voy a morir sin poseer tu anhelo
con el dolor ausente de tu boca,
voy a morir a espaldas de tu nombre
sin ofrecerte nada de mi alforja,
-con el puño de besos que te debo
-en la orilla del orto: calcinados,

con las caricias de mis manos truncas,
queriéndote alcanzar entre la nada,
con un amor que se quedó en deseo
quemándome la entraña sin futuro.
-Voy a morir sin conquistar tu aliento!
-Voy a morir sin pronunciar tu nombre!

Me moriré cuando susurre el viento
y la miel en las cañas se derrita,
cuando el acento de mi voz se pierda
entre los vegetales de la aurora,
cuando se pueble de capullos tiernos
la alegría rotunda de los bosques.
He de morir a solas con mi muerte
sin que me turbe nadie en pleno instante
-Me moriré como se muere el tiempo.
-He de morir como se muere todo.

No quedará de mi ni la tristeza.
No quedará de mi ni la substancia
que construye los besos que han dado.
Ni mi dolor se colgará del tiempo!
-Ni la diaria agonía del anhelo
-será mi compañera en el retorno.

Ni tu recuerdo llevaré conmigo.
Me moriré definitivamente.
Inacabablemente seré un muerto
Con la certeza inmensa entre las sienes
-de no volver jamás, de no quedarme,
de desaparecer completamente!
-Será amargo el instante sin futuro
-de morirme total, eternamente

Jamás sabre que he muerto cuando muera,
jamás delataré todo el silencio
que envolverá mi voz a la llegada,
jamás sabré si regresó la noche
-y la luna baño de nuevo el campo,
-si mi ausencia total aun la explotan

con pedazos de cielo ennegrecido,
si mis escombros los han hecho lodo si
llorarás mi ausencia y mi agonía,
sin son las bestias la que se alimentan
-de mis entrañas, o sin son los hombres.
-Nunca sabré, pues me habré muerto todo.
-Nunca sabré, pues me habré muerto todo