Poesía mística sufi. Rumi

Rumi con sus discípulos

Rumi con sus discípulos

Yalal ad-Din Muhammad Rumí, también conocido como «Mawlana», «Mavlana» o «Mevlânâ», que significa «Nuestro Señor» en árabe (con sus adaptaciones fonéticas al persa y turco, respectivamente) fue un célebre poeta místico musulmán persa y erudito religioso que nació el 30 de septiembre de 1207 en Balj, en la actual Afganistán —aunque en aquella época pertenecía a la provincia del Gran Jorasán de Persia— y murió en Konya —en aquella época parte del Sultanato de Rüm, de la dinastía de los turcos selyúcidas—, un 17 de diciembre de 1273, razón por la cual se conmemora cada año el fallecimiento de este ilustre pensador y místico sufí del Islam en dicha ciudad de la Anatolia turca.

También es conocido como Rumí, que significa «originario de la Anatolia romana» ya que la Anatolia era denominada por los turcos selyúcidas como la «tierra de Rum (los romanos)», en referencia al Imperio Romano de Oriente más conocido como Imperio bizantino.

Rumi además de ser poeta prolífico, escribió más de cincuenta mil versos, centró gran parte de sus esfuerzos en plasmar en el lenguaje propio del Islam aquel pensamiento que ya no ve separación o dualidad en todo, sino unidad y amor, y que es propio de todos los místicos y sabios de todas las épocas y religiones.

QUÉDATE CERCA, MI CORAZÓN

Mi corazón, quédate cerca al que conoce tus caminos

Ven bajo la sombra del árbol que conforta con flores frescas,

No pasees despreocupadamente por el bazar de los perfumeros,

Quédate en la tienda del azucarero.

De no encontrar el verdadero equilibrio, cualquiera puede engañarte:

Cualquiera puede adornar algo hecho de paja

Y hacerte tomarlo por oro.

No te inclines con un tazón ante cualquier olla hirviendo

En cada olla sobre el fogón, encontrarás cosas muy diversas:

No en todas las cañas hay azúcar, no en todos los abismos hay cimas;

No todos los ojos pueden ver, no en todos los mares abundan perlas.

¡Ay ruiseñor, con tu voz de miel oscura! ¡Sigue lamentándote!

¡Sólo tu éxtasis puede penetrar en el duro corazón de la roca!

¡Ríndete y si el Amigo no te acoge,

Sabrás que tu interior se está revelando como un hilo

¡Que no quiere pasar por el ojo de una aguja!

¡El corazón despierto es una lámpara, protégela con la basta de tu manto!

Apresúrate y escapa este viento porque el clima es adverso.

Y cuando hayas escapado, llegarás a una fuente

Y allí encontrarás un Amigo que siempre nutrirá tu alma

Y con tu alma siempre fértil, te convertirás en un gran árbol que crece interiormente

Dando dulce fruto por siempre.   

ACUNA MI CORAZÓN

Anoche, recostado sobre el techo

Pensaba en ti

Y vi una Estrella especial,

La llamé para que te lleve un mensaje;

Postrándome ante ella le pedí que lleve mi gesto

A aquél Sol de Tabriz

Para que con su luz

Pueda tornar mis oscuras piedras en oro.

Descubrí mi pecho para mostrarle mis cicatrices;

Le pedí noticias

De mi Amante sediento de sangre.

Mientras esperaba,

Iba de aquí para allá

Hasta que el niño en mi corazón quedó silencioso

Y durmió como si estuviera meciendo su cuna.

Ay Amado, amamanta al niño del corazón

Y no detengas nuestro cambio.

Has cuidado a cientos

No dejes que se detenga conmigo.

Al final, el pueblo de la unión es el lugar para el corazón

¿Por qué retienes este corazón desconcertado

en el pueblo de la desintegración?

Me he quedado enmudecido,

Pero para librarme de esta sequedad

¡Oye Tabernero! pásame el narciso del vino.

Calla, no le digas nada a Dios