Lo que dicen las palabras I

Nube-de-palabras

Miguel de Unamuno
“Escudriñad la lengua, porque la lengua lleva, a
presión de atmósferas seculares, el sedimento de
los siglos, el más rico aluvión del espíritu colectivo;
escudriñad la lengua.”

Hay personas que creen que inconcuso es lo mismo que inconcluso, sólo que mal pronunciado. Estas dos palabras, a pesar de su semejanza, no tienen que ver entre sí.Inconcluso significa “no terminado”, “no concluido”, y está formado por la partícula negativa in y el adjetivo concluso, forma irregular del participio concluido, que procede del latín conclusus: cerrado, inconcuso, en cambio, quiere decir “sin discusión”, “sin contradicción”, “sin duda”, y procede del latín inconcussus: firme, inquebrantable, inalterable; de in negativo, y concussus: sacudido, conmovido, agitado.

Un socarrón es una persona burlona que, disimuladamente y más bien para sí, se ríe de los demás, o que, astutamente, con medias palabras y sin comprometerse mucho, habla mal de otros. La palabra (que parece estar emparentada con chocarrero y con chusco) procede del verbo socarrar: quemar superficialmente, sollamar (por donde también se dice que emparienta con churrascar y churrasco); este verbo viene de una raíz prerromana, sukarra: llamas de fuego, de su: fuego, y karra: llama. El socarrón es, pues, “el que se hace el gracioso, pero quema”.

Por chusma se entiende actualmente el “conjunto o muchedumbre de gente baja y soez”, y esto proviene de que, en el siglo xvi, se denominaba así al “conjunto de galeotes (gente levantisca y, ciertamente, la más baja en la escala social) que servían, por castigo de sus delitos, en las galeras reales”. La palabra viene del genovés ciusma: los galeotes, “la canalla”; procedentes del latín vulgar chusma., contracción del griego kéleusma: compás marcado por el jefe de los remeros (literalmente, “la voz de mando”), de kéleusis: orden; mandato.

La palabra logística, fuera de un campo de significación muy reducido, circunscrito a la filosofía, en el que se emplea en el sentido de “lógica simbólica o matemática”, nada tiene que ver con la raíz griega logos. Logística, en su sentido más usual y generalizado, quiere decir “arte que atiende al movimiento, transporte, alojamiento, avituallamiento y provisión de tropas militares o conjunto de personas”, y procede del francés logistique; de logis: casa, habitación, albergue (de donde el verbo loger: alojar); cuyo origen es la raíz germánica laubja: claustro; pasillo, corredor (de donde también, más directamente, el inglés lobby: pasillo; vestíbulo).

Ruco llaman ahora —entre cariñosa y despectivamente— los jóvenes a los ancianos y especialmente a sus padres o abuelos (es decir, a “la otra generación”). Parecería ésta una palabra nueva, recientemente inventada, y más bien jergal o germanesca; pero no: ruco es palabra de antiguo uso y parece ser una contracción de rucado: arrugado, procedente del latín rugatus; de ruga: arruga (propiamente de la cara), y también, por extensión y en sentido figurado, “semblante severo”, “severidad”.

Umbral parece, a primera vista, un derivado del latín umbra (sombra), como umbrío y umbría, y, referido a una puerta, suena como “la parte que da sombra”, es decir, la parte superior. Pero las etimologías “de sonsonete” son muy engañosas y lo que parece sencillo no lo es tanto; las verdaderas etimologías —valga la redundancia— son, a veces, muy complicadas. En efecto, en el caso de umbral resulta que su significado es justamente el contrario de lo que podría pensarse: en primer lugar, no procede de umbra, sino de la antigua palabra castellana lumbral, que tampoco viene de lumbre, sino de limbrar, y éste, a su vez, de limnar, derivado del latín liminaris; de limen. La parte superior de una puerta es el dintel, y esta palabra viene de lintel, tomado del francés medio y procedente del latín vulgar limitalis, alteración del clásico limitaneus que —¡oh sorpresa!— procede también, precisamente, de limen. Lo más curioso de todo esto es que la palabra latina limen (derivada del adjetivo limus: atravesado) que significa literalmente “entrada”, “puerta”, “paso”, se usaba indistintamente para designar al umbral y al dintel.

Un vate es un poeta, pero no un poeta cualquiera, sino un poeta especialmente inspirado. En efecto, para los romanos, vates era el adivino, el profeta, el hombre (o la mujer) que, por inspiración directa de los dioses, profería las predicciones u oráculos (oraculum, de orare: hablar con elocuencia), en más o menos extensos pero siempre misteriosos poemas. De ahí los términos vaticinar y vaticinio. Y desde entonces, aquel que sabe y puede interpretar el sentimiento, la emoción de sí mismo o de los demás con palabras bellas y expresivas, es llamado, por extensión, vate.

La palabra hechizo (derivada de hecho, participio pasivo del verbo hacer) significa “imitado”, “no natural o no original”, “artificial o artificioso” y, por extensión, “artificio del que se valen los brujos o hechiceros para lograr sus fines”. De la correspondiente forma portuguesa feitiço se derivó el francés fetiche, que pasó al español fetiche: objeto al que se atribuye un poder mágico, y de éste proceden fetichismo y fetichista, que tienen connotaciones relacionadas tanto con la antropología como con la psicología.

Evento es un suceso o acontecimiento, pero, propiamente, de realización incierta; algo que “puede” ocurrir (una mera posibilidad), algo contingente, es decir, no necesario. Porque, efectivamente, la palabra evento (del latín eventos: suceso, acontecimiento; procedente del verbo evenire: suceder, ocurrir, acontecer), está, por su significado, relacionada desde su
origen con contingente (del latín contingens, participio activo de contingere: suceder, acontecer; caer en suerte).

A muchas personas, la palabra finta (sobre todo en expresiones como “se fue con la finta” o “le hizo una finta”) les parece vulgar y hasta de mal gusto. Sin embargo, es un término perfectamente correcto y aceptable, con una genealogía irreprochable. Finta es el “ademán que se hace con la intención de engañar a uno” o, en sentido más restringido, usual en términos boxísticos, de “amago de un golpe”; literalmente significa “fingida” y procede del latín fincta, que es la forma femenina del participio de pretérito de fingere: fingir, simular.

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