Lo que dicen las palabras II

Nube-de-palabras

La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha.

Michel de Montaigne

La palabra obvio y el adverbio correspondiente, obviamente, suelen usarse ahora abundantemente y, en cierto modo, sin ton ni son. Obvio significa, propiamente, que está “muy claro o que no tiene dificultad”; “que se encuentra o pone delante e los ojos”; literalmente: “sin obstáculos o inconvenientes”. Procede del latín obvius: que sale al paso, que se encuentra al paso; accesible; expuesto, que se exhibe a las miradas de todos, y obviar es “evitar o apartar obstáculos o inconvenientes” (del latín obviare: ir al encuentro, y también, prevenir, apartar).

Por burocracia se entiende la “clase que forman los empleados de las oficinas públicas” pero originalmente esta palabra tenía un sentido más bien negativo, de “influencia excesiva de los empleados públicos en los negocios del Estado”. El término procede del francés bureaucratie, hibridismo formado por el vocablo francés bureau: oficina, y el griego kratos: poder; soberanía; dominación. Ya esta misma combinación, formada en el siglo xix y cuyo significado lo mismo puede ser “la oficina del poder” que “el poder de la oficina”, indica una apreciación desfavorable o, al menos, suspicaz.

El adjetivo pacato tiene, en la actualidad, un sentido despectivo, pues se le da el significado (tal vez por relacionarlo erróneamente con apocado) de “tímido”, “asustadizo”; o de “austero”, “rígido”; o como dicen más amable aunque no menos despectivamente los diccionarios, “de condición nimiamente pacífica, tranquila y moderada”. Pero, en realidad, pacato significa simplemente “pacífico”, “sosegado”, “que está en paz”, aplacado; proviene del latín pacatus, participio de pretérito de pacare: pacificar, calmar; procedente de pax: paz.

Curiosamente, en medios populares (pero aun, a veces, en la propia prensa), la palabra interfecto se utiliza como susodicho”, “mentado”; o también como “protagonista”, o “involucrado en algún asunto”. Sin embargo, interfecto no significa más que “la persona muerta violentamente”; es un término que procede del latín interfectus, participio de pretérito de interficere: destruir, aniquilar; matar.

La víspera es, en general, “cualquier cosa que antecede a otra y en cierto modo la ocasiona”; más usualmente, la “inmediación a una cosa que ha de suceder”, y en sentido más restringido, “el día que antecede inmediatamente a otro determinado, especialmente si éste es de fiesta”; este término procede del antiguo viéspera. Ahora bien, originalmente no indicaba un día inmediatamente, sino la tarde que precedía al día festivo y que, por razones litúrgicas, se ocupaba en las oraciones y ritos preparatorios; pero estrictamente significa solamente “la tarde”, pues procede del latín vespera: la tarde; la última parte del día, el anochecer.

A diferencia de la conquista, que es la adquisición y dominio de un territorio por la fuerza de las armas, la colonia es el establecimiento en un territorio para poblarlo y cultivarlo; la conquista tiene un sentido de opresión violenta; la colonia, en cambio, lo tiene de convivencia pacífica. El origen mismo de estos términos nos da la clave de su significado propio: conquista viene del verbo conquistar y éste, del bajo latín conquistare: adquirir; procedente del latín conquirere: buscar por todas partes, reunir tomando de uno y de otro sitio; colonia, en cambio, es palabra latina que originalmente significaba “tierra de labranza”, y luego, “población enviada a algún lugar para asentarse en él y labrarlo”; este vocablo procede de colonus, que quiere decir labrador, cultivador; de colere: cultivar, labrar (de donde cultura: cultivo).

Provincia es, en su sentido actual, simplemente una demarcación, una circunscripción territorial dentro de un mismo país; pero, originalmente, tenía un significado ciertamente opresivo; en efecto, la palabra latina provincia indicaba la región o país conquistado, pues procede del verbo provincere que quiere decir “haber vencido antes”, “vencer de antemano”, formado por pro: antes, por delante, y vincere: vencer, derrotar; dominar.

Carismático es palabra abundante y abusivamente usada en nuestros días: carismático se llama a cualquier político, cantante, futbolista, torero, actor, y muchos etcéteras más, que haya tenido algún éxito de público y adquirido cierta fama. Pero carismático es palabra seria y respetable: se refiere a aquel que ha recibido una gracia muy especial, única, exclusiva; un don no concedido a cualquiera: un carisma (palabra que proviene del griego járisma: gracia, don, favor). Por ello, no cualquiera es carismático, sino solamente aquel que destaca indiscutiblemente sobre los demás, que se distingue entre todos por tener algo especialísimo;  lo cual no es, en verdad, nada frecuente.

En México y en algunas regiones aledañas se llama papalote a lo que en otros lugares recibe el nombre de cometa, volantín o barrilete; es decir, a esa armazón hecha generalmente de papel (o a veces de tela, y ahora también de materiales plásticos) montado sobre unas varitas o carrizos, con que juegan los niños (y aun algunos adultos) cuando hay viento propicio, y que hasta se ha usado para fines científicos, como en el caso de Benjamín Franklin. Pues bien, la palabra papalote procede del náhuatl papálotl, que quiere decir “mariposa” (en algunos lugares de Mesoamérica se usa todavía la derivación pipilacha para nombrar a cierta mariposita); lo curioso del caso es que este término indiscutiblemente mexicano tiene una gran similitud con el latín papilio, que significa precisamente, “mariposa” y también, en sentido figurado “tienda de campaña”; de donde proviene el francés papillon (mariposa) y, por otro lado, pavillon (tienda de campaña), del cual deriva el español pabellón. ¿No parece esto extraño y misterioso?

Una persona (especialmente una dama) emperifollada o emperejilada es aquella que va adornada con exceso y hasta ridiculez, que se ha puesto perifollos. El perifollo es, en sentido directo, una planta herbácea cuyas hojas, muy abundantes, aromáticas y de gusto agradable, se emplean como condimento y adorno de los guisados; en sentido figurado (y siempre en plural: perifollos) quiere decir: “adornos pomposos”. Y es curioso que esta palabra, que proviene del antiguo cerifolio, procedente, a su vez, del latín caerefolium, adaptación del griego jairéfyllon (de jaire: alégrate, y fyllon: hoja), se alteró por influjo de perejil, nombre de otra planta herbácea, cuyas abundantes hojas se utilizan también como un apreciado condimento y adorno de las viandas, y que, en sentido figurado, es “adorno o compostura demasiada, especialmente la que usan las mujeres en los vestidos y tocados”. He aquí cómo, por diversos caminos y distintas razones, emperifollar y emperejilar vienen a emparentarse y resultar (caso raro) sinónimos exactos.