Incontinencia urinaria de esfuerzo en mujeres

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Centro Cochrane Iberoamericano

Ford A, Rogerson L, Cody J, Ogah J. Intervenciones con cabestrillos mediouretrales para la incontinencia urinaria de esfuerzo en mujeres. Cochrane Database of Systematic Reviews 2015 Issue 7. Art. No.: CD006375. DOI: 10.1002/14651858.CD006375

Antecedentes

La incontinencia urinaria es un problema muy frecuente y debilitante que afecta a cerca del 50% de las mujeres en algún momento de sus vidas. La incontinencia urinaria de esfuerzo (IUE) es una causa contribuyente o predominante en el 30% al 80% de estas mujeres.

Las intervenciones con cabestrillos mediouretrales (CMU) son un tratamiento quirúrgico mínimamente invasivo reconocido para la IUE. El CMU incluye el paso de una tira pequeña de cinta por el espacio retropúbico u obturador, con puntos de entrada o salida al abdomen inferior o la ingle, respectivamente. Esta revisión no incluye cabestrillos con incisión única.

Objetivos

Evaluar los efectos clínicos de las intervenciones con cabestrillos mediouretrales (CMU) para el tratamiento de la incontinencia urinaria de esfuerzo (IUE), la incontinencia de esfuerzo urodinámica (IEU) o la incontinencia urinaria mixta (IUM) en mujeres.

Se hicieron búsquedas en el registro especializado del Grupo Cochrane de Incontinencia (Cochrane Incontinence Group) que contiene ensayos identificados en CENTRAL, MEDLINE, MEDLINE in process, ClinicalTrials.gov y búsquedas manuales en revistas y actas de congresos (búsqueda 26 junio 2014), Embase y Embase Classic (enero 1947 hasta semana 25, 2014), WHO ICTRP (búsqueda 30 junio 2014) y en las listas de referencias de artículos relevantes.

Conclusiones y comentaros

Nuevas opciones terapéuticas permiten a las mujeres con incontinencia urinaria de esfuerzo escoger de forma más informada

La nueva revisión sistemática Cochrane sobre la cirugía para la incontinencia urinaria por esfuerzo contribuye de forma importante a un debate abierto y ayudará a que las mujeres tomen decisiones más informadas sobre su tratamiento. La inserción de un cabestrillo mediouretral , un tipo de cinta, para sostener los músculos de la vejiga, ya sea con la ingle o el abdomen, dan como resultado tasas de curación similares. Sin embargo, las mujeres necesitarán sopesar varios factores al escoger una operación debido a las diferencias en las complicaciones y el largo plazo necesario para repetir la intervención.

La incontinencia urinaria de esfuerzo (IUE) consiste en la pérdida involuntaria de orina que se produce al toser, estornudar o realizar un esfuerzo físico. Es un problema habitual, especialmente en mujeres que han tenido hijos, y afecta a millones de personas en todo el mundo. Se debe a la debilidad de las estructuras que sostienen la vejiga y su salida (uretra), principalmente los músculos del suelo pélvico, que no consiguen impedir las pérdidas de orina cuando la vejiga está sometida a un esfuerzo, como cuando uno se ríe o estornuda, o a la debilidad del músculo del esfínter que mantiene la uretra cerrada en condiciones normales.

Las mujeres cuyos síntomas persisten tras intentos con enfoques no quirúrgicos, como los ejercicios del suelo pélvico, pueden ser candidatas aptas para la cirugía con el fin de mejorar el control de la vejiga. La intervención quirúrgica se desarrolla en una o dos operaciones que insertan una cinta bajo la uretra para sostenerla. Un abordaje quirúrgico es la inserción de la cinta detrás del hueso púbico y que sale por el abdomen (vía retropúbica inferior a superior) o bien de lado a lado, saliendo por la ingle (vía transobturatriz).

El equipo de investigadores incluyó información procedente de 81 ensayos en total, de los cuales 55 realizaban una comparación directa entre las vías retropúbica y transobturatriz. Hallaron pruebas de calidad moderada de que, al cabo de unos 12 meses, ambas vías de acceso habían curado los síntomas con éxito en un 80% de mujeres. De los pocos estudios que informaron datos a los cinco años,  las tasas de curación en ambos grupos habían descendido al 70%.

La inserción transobturatriz pareció conllevar menos riesgo o daño a la vejiga durante la operación con unas 6 mujeres de cada 1000 que lo experimentaron frente a 50 de cada 1000 del grupo retropúbico. Además, menos mujeres (40 de cada 1000) del grupo transobturatriz presentaron dificultades persistentes para evacuar la vejiga por completo en comparación con las 70 de cada 1000 del grupo retropúbico.

Por contra, la operación transobturatriz dio lugar a mayor dolor en la ingle a corto plazo y existen pruebas limitadas de que las mujeres a las que se les practica una inserción por vía transobturatriz tienen más probabilidades de repetir la operación más adelante que las mujeres que se someten a una inserción retropúbica.

Las tasas globales de erosión de la cinta a la vagina fueron del 2% tras ambas cirugías cuando los estudios completaron el seguimiento al cabo de entre uno y cinco años. Las tasas de dolor durante las relaciones sexuales también fueron bajas en ambos grupos.

Durante los últimos años han surgido muchas dudas acerca de la seguridad de la cirugía de continencia, ya que supone implantar una cinta compuesta por una malla artificial. Existen informes de mujeres que han sufrido dolor y lesiones tras la cirugía, que se cree que debe a la cinta, la cual está hecha de plástico no absorbente.

Esto ha dado lugar a acciones legales en todo el mundo, con procesos abiertos en Reino Unido, EE UU y Canadá. En Escocia, el ministro de sanidad pidió a los hospitales que consideraran la suspensión de operaciones con malla hasta que se dispusiese de más datos al respecto. Una revisión independiente realizada en Escocia en 2014 para examinar la seguridad de estas intervenciones publicará sus resultados a finales de este año. Esta última revisión Cochrane es una de las fuentes de pruebas que contribuirá a los hallazgos de dicha revisión independiente.

La autora principal, Abigail Ford del Bradford Teaching Hospitals dijo: “Esta es una revisión muy importante que informa a las mujeres sobre las opciones quirúrgicas mínimamente invasivas disponibles para el tratamiento de esta afección tan debilitante. Ayuda a aclarar los datos preexistentes sobre la efectividad de estos accesos quirúrgicos y sus efectos secundarios a corto plazo, además de introducir pruebas a más largo plazo sobre eficacia y seguridad. Ayuda a proporcionar a las mujeres más información para tomar decisiones informadas”.

La doctora Ford continúa: “Comprender estas pruebas en su contexto es muy importante para las mujeres. Necesitan conocer las alternativas menos invasivas, como los ejercicios del suelo pélvico, que deben intentarse antes de considerar cualquier tipo de cirugía. Debido a los riesgos que conlleva cualquier intervención quirúrgica, las mujeres deben sopesar detenidamente su nivel de afectación por las pérdidas de orina y el hecho de correr el pequeño riesgo de que algo salga mal como resultado de la cirugía”.

Joseph Ogah, especialista en ginecología, afirma: “Necesitamos saber más acerca de lo que les ocurre a las mujeres a largo plazo. Esta revisión encontró 35 ensayos llevados a cabo hace más de 5 años: si a todas las mujeres de estos ensayos se les hubiera realizado un seguimiento sabríamos mucho más acerca del tiempo que dura la operación y, lo más importante, si desarrollaron efectos secundarios tardíos pero significativos. En lugar de comenzar un nuevo ensayo en este campo, necesitamos obtener seguimientos a largo plazo de los ya existentes”.

El doctor Ogah añadió: “Aunque esta revisión compare las dos operaciones más habituales actualmente en práctica en el mundo desarrollado, necesitamos pruebas más sólidas que las comparen con los anteriores tipos de cirugía a los que han reemplazado; para ello, sería útil analizar comparaciones indirectas si no se dispone de pruebas directas o si estas no son lo suficientemente fiables”.

http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=87649&uid=520577&fuente=inews