Sobre la enseñanza de conceptos clave para tomar mejores decisiones de salud

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Autor: Gonzalo Casino Fuente: IntraMed / Fundación Esteve 

Si le dices a alguien que un mensaje sobre un tratamiento es cierto, podrá o no creerte; pero si le enseñas cómo evaluarlo, será capaz de juzgar por sí mismo mensajes similares. Y podrá tomar mejores decisiones sobre su salud. La idea parece sencilla, pero aplicarla es un reto enorme, tal es la infinidad de tratamientos y mensajes contradictorios. No es fácil distinguir las afirmaciones verdaderas de las falsas sobre un tratamiento, llámese fármaco, dieta, psicoterapia, cirugía, estilo de vida o cualquier otra intervención terapéutica o preventiva para mejorar la salud. Los mensajes que recibimos de los medios de comunicación o de nuestros conocidos pueden ser muy dispares, y ni siquiera los de los médicos son siempre coincidentes. Hace falta, por tanto, tener un cierto criterio para orientarse y tomar decisiones sobre la propia salud. Pero, ¿cómo desarrollar este criterio?

Aunque muchas afirmaciones falsas pueden ser bienintencionadas, abundan las motivadas por intereses económicos o de otro tipo. En cualquier caso, es ilusorio creer que, con las medidas oportunas, se lograría que toda la información fuera veraz. La solución para minimizar los costes económicos y de salud de la información de mala calidad pasa irremediablemente por mejorar la alfabetización médica. Pero, ¿cómo enseñar a evaluar algo tan complejo como es la información sobre los beneficios y los perjuicios de las intervenciones? ¿Y por dónde empezar? Ha habido iniciativas muy interesantes, como el libro Know Your Chances: Understanding Health Statistics, cuya eficacia para mejorar la capacidad de interpretar los datos médicos fue confirmada en dos ensayos aleatorizados. Pero ninguna parece tan ambiciosa como el proyecto Informed Health Choices. Liderado por Andrew Oxman, investigador del Instituto Noruego de Salud Pública y uno de los promotores de la medicina basada en la evidencia, pretende enseñar las claves del pensamiento crítico sobre tratamientos empezando, o acabando, por los niños.

Oxman, que lleva tres décadas involucrado en enseñar a médicos, autoridades sanitarias, pacientes y periodistas cómo evaluar los mensajes sobre tratamientos, ha decidido centrarse en los niños. Con un equipo internacional de colaboradores, entre los que se encuentra Ian Chalmers, uno de los fundadores de la Colaboración Cochrane, ha desarrollado una serie de cuadernos, cómics y otros materiales educativos para niños de 10 a 12 años y ha empezado a evaluar su eficacia mediante un ensayo aleatorizado en Uganda. Ya han participado más de 15.000 niños, que han respondido un cuestionario de evaluación tras recibir clases teóricas y prácticas con los materiales del proyecto. Los resultados del ensayo se están analizando y se conocerán pronto. Veremos entonces si el método funciona y si los niños están preparados o no para evaluar la información sobre tratamientos a partir de los conceptos enseñados, que son la clave del proyecto.

“Las opiniones de expertos o autoridades no son suficientes para juzgar una intervención, hacen falta pruebas”

El equipo de Oxman ha identificado 34 conceptos clave sobre la fiabilidad de los mensajes, las comparaciones entre tratamientos y la evaluación de las evidencias. Y ha empezado a enseñar a los niños una docena de ideas tan importantes como estas:

  • los tratamientos pueden ser perjudiciales
  • las experiencias personales o anécdotas no son representativas ni fiables para valorar un tratamiento
  • la amplia difusión de una intervención no garantiza que sea beneficiosa o segura
  • los tratamientos más nuevos y caros no son necesariamente mejores
  • la evaluación de la eficacia de un tratamiento exige una comparación equitativa con otro tratamiento.

También se les enseña que las opiniones de expertos o autoridades no son suficientes para juzgar una intervención y que hacen falta pruebas. Ahora bien, con estos y otros cuantos conceptos bien asentados, evaluar los beneficios y riesgos de un tratamiento podría ser cosa de niños. O casi.

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