Efemérides Históricas

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Sucedió un 20 de enero

2017 Puede pasar a la historia como uno de los días más funestos para el mundo
Con una expectación sin precedentes, en el día de hoy, en la ciudad de Washington (EE.UU.) jura su cargo como presidente de la nación Barack Obama, primer ciudadano de raza negra que ocupa la Casa Blanca. El cuadragésimo cuarto presidente del país trae una ola de esperanza y espíritu de superación para afrontar la mayor crisis económica mundial de los últimos 70 años, originada en Estados Unidos. Su mujer, Michelle Obama, se convertiría en la primera dama más influyente desde la época de Jacqueline Kennedy. (Hace 8 años)
Terry Waite, negociador británico del que hace poco se ha sabido que ha colaborado con el militar estadounidense Oliver North, implicado en el escándalo de tráfico de armas con Irán (Irangate), resulta detenido por musulmanes chiítas mientras negocia en la liberación de rehenes en Líbano. Waite ha salido hasta ahora airoso de varias negociaciones: en 1981, y como representante del Arzobispo de Canterbury, logró la libertad de los misioneros detenidos en Irán tras la revolución islámica de 1979. También logró la liberación de los rehenes de Libia en 1985 e incluso la de otros rehenes norteamericanos en el Líbano en 1986. Tras pasar casi 5 años en cautividad y después de complicadas negociaciones, Waite será liberado en noviembre de 1991. (Hace 30 años)
En EE.UU., el demócrata John F. Kennedy jura su cargo como presidente de la nación y se convierte en el presidente electo más joven de la historia de los Estados Unidos. Inicia su discurso dirigiéndose a “mis conciudadanos”, fórmula utilizada por primera vez por el presidente George Washington, pero desestimada más tarde por otros presidentes, en favor del menos formal “mis colegas americanos”. Kennedy cierra su discurso con sus ya famosas palabras: “Ciudadanos de América no preguntéis qué puede hacer vuestro país por vosotros, sino qué podéis hacer vosotros por él. Mis conciudadanos del mundo, no os preguntéis lo que América puede hacer por vosotros, sino lo que todos juntos podemos hacer por la libertad del hombre”. Sus palabras son acogidas con emocionados aplausos. (Hace 56 años)
En Versalles (Francia), España y Gran Bretaña firman el preliminar de un Tratado de Paz, mediante el cual Carlos III y Jorge III acuerdan para el 4 de febrero de 1783 el fin de la guerra entre Francia, Inglaterra, España y Estados Unidos, hasta la firma del Tratado de Paz definitivo que será suscrito, tal como se establece, en París el 3 de septiembre de este mismo año. (Hace 234 años)
Se firma la paz de Knäred que pone fin a la guerra entre Dinamarca y Suecia, reiniciada en 1611. (Hace 404 años)
En Córdoba (España), Cristóbal Colón se presenta ante los Reyes Católicos, que aceptan tomarlo a su servicio, aunque aún tendrá que darles muchas explicaciones sobre sus planes. Viene de exponer sus proyectos ante la corte de Portugal, donde no ha tenido éxito su idea de navegar a Cipango (actual Japón) y a las tierras del Gran Kan (actuales Mongolia y China) navegando hacia Occidente. (Hace 531 años)

Contra la mala ciencia

Autor: Gonzalo Casino Fuente: IntraMed / Fundación Esteve 

http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=90253&uid=520577&fuente=inews

Sobre la inflación de estudios de baja calidad y la ineficiencia de la investigación

La ciencia padece un síndrome difícil de caracterizar y más difícil todavía de tratar. El cuerpo de la ciencia ha desarrollado en las últimas décadas un crecimiento de apariencia tumoral que podríamos llamar la mala ciencia o ciencia mal hecha. Esta excrecencia está constituida por todos esos estudios de baja calidad que no aportan sino ruido y confusión. Se sospecha que, por carencias metodológicas y de otro tipo, la mayoría de los tres millones de estudios que se publican anualmente (un millón de ellos, en el campo de la biomedicina) carece de relevancia científica. Los resultados de muchos de ellos no son reproducibles y hasta es bien posible que sean falsos, como advirtió John Ioannidis en su artículo Why most published findings are false, publicado en 2005. Este artículo, que significó un bofetón a la comunidad científica y es ya uno de los más citados, disparó las alarmas sobre la credibilidad y la dilapidación de recursos en la investigación. Ahora, en el primer número de 2017 de la revista Nature Human Behavior, Ioannidis y otros investigadores proponen una serie de medidas para mejorar la confianza y eficiencia de la ciencia en un Manifiesto for reproducible science.

Qué credibilidad merece una ciencia que no es reproducible, por qué hay tanta ciencia de baja calidad y qué se puede hacer para paliar el problema son quizá las tres principales cuestiones que deberían analizarse.

Vayamos por partes. La falta de rigor de buena parte de la producción científica quizá no ha trascendido todavía a la sociedad, pero preocupa a un número creciente de investigadores. Una encuesta realizada en 2016 por la revista Nature entre 1.576 científicos reveló que el 52% de ellos cree que existe una crisis de reproducibilidad, esto es, una crisis que afecta a uno de los pilares básicos del conocimiento científico. La medicina parece ser un área más afectada que la química y la física, según los encuestados. El 73% de ellos considera que al menos la mitad de los trabajos publicados en su campo son reproducibles y apenas el 31% cree que la imposibilidad de reproducirlos significa que sean falsos. Pero estos datos tampoco son muy alentadores y muestran un cierto deterioro en la credibilidad de la ciencia.

Evaluar la tarea científica por el volumen de publicaciones es probablemente una de las grandes perversiones del modelo actual

En opinión de los investigadores, los principales factores que impiden la reproducción de los trabajos son la publicación selectiva de resultados, la presión por publicar y las carencias estadísticas, pero también invocan otras deficiencias, desde el diseño del estudio a la insuficiente revisión por pares.

El evaluar la tarea científica por el volumen de publicaciones es probablemente una de las grandes perversiones del modelo actual, pero para entender bien el problema hay que tener en cuenta que la mala ciencia también tiene sus beneficiarios. Y estos son no solo los científicos mediocres incapaces de hacer ciencia excelente, sino también todos aquellos grupos económicos o profesionales que prefieren los resultados defectuosos o ambiguos de la mala ciencia a los de un buen estudio, porque probablemente estos no les favorecerían. Como mostraba una reciente encuesta de Vox ya comentada en otra ocasión, hay muchas cosas que mejorar en la ciencia actual. En la misma línea, este nuevo “manifiesto por la ciencia reproducible” plantea mejoras relacionadas con la metodología, la publicación de los resultados, la transparencia, la evaluación y los incentivos.

Son muchas las posibles formas de actuar contra la mala ciencia, pero quizá la más eficaz sea la que empieza por uno mismo y su entorno, fomentando el espíritu crítico y recordando que uno tiende a dar por bueno y verdadero lo que le beneficia. Y esto es muy poco científico.