EL PINTOR DE BRYGOS. UN ADULTO Y UN JOVEN PREPARÁNDOSE PARA RELACIONES SEXUALES

5th century BC. Red-figure kylix. Oxford, Ashmolean Museum
HOW TO READ EROTIC ART: Flavio Febbraro
https://www.musebooks.world/world/reading/library

Rules for Lovers

An adult male has set aside his staff and, his penis erect, places his hand between the legs of the youth, who holds in his left hand the gift he has just received. The boy (the erōmenos) is beardless, smaller than his mature lover (the erastēs), with a lithe, well-proportioned body: his arm encircles the man’s head, but he does not display sexual arousal or any particular emotion. This is thus a representation of pederastic love according to the rules and social codes of classical Greece. The moment depicted by the Brygos Painter precedes the pleasure afforded by interfemoral (between the thighs) intercourse the erastēs would enjoy with the adolescent by placing his penis between the boy’s legs.

Penetration was not permitted in a pederastic relationship – on the contrary, it was cause for censure and disdain. Though this sort of image appears quite frequently in Greek ceramics, it does not necessarily represent reality: rather, it is an ‘ideal’ version of the pederastic relationship, confirmed by many literary sources that underscore the educational aspect of relationships between males of different ages.

An Unequal Relationship
Sexual pleasure concerned only the mature man; the boy, who was to submit only after firm and respectful reluctance, had to be content with satisfying the erastēs. Otherwise, or if penetration occurred, it would adversely influence the youth’s temperament, transforming him into a non-virile creature whose passive gratification is unworthy of a man.

From Hunter to Prey
Courtship played an important role in the ritual preceding a pederastic relationship. The mature man had to declare his interest with attentions and little gifts that must never be mistaken for ‘payment’ (since this would reduce a relationship between free men to a service for hire). One of the favoured symbolic gifts was a hare, game often hunted by youths. It alluded metaphorically to the relationship between the erastēs-hunter and the young erōmenos, who had in turn become prey.

APPROACHING ADULTHOOD

Praised in Plato’s famous dialogue The Symposium (c. 380 BC) as being the purest, most virile love, relationships between an adult man and an adolescent boy were common among the social elite of ancient Greece. In a certain sense, the mature lover became the youth’s guardian, and it was his duty to guide him to adult life and the social and political obligations that lay ahead. On the other hand, the young erōmenos had to emulate the virtues of his pedagogue and comply with gratifying him sexually. This relationship could occur only between free men, full citizens in every respect, and the erōmenos could never be younger than twelve. The poets often lament the appearance of the beard at the age of sixteen or seventeen that heralds the end of the relationship. However, in the setting of the gymnasium, where young men between the ages of eighteen and twenty were educated in the art of war and dialectics, amorous relationships between masters and youths must have taken place. At the conclusion of these years of training, the new citizen would in turn choose a beardless youth as his lover and student.

EL PINTOR DE BRYGOS
UN ADULTO Y UN JOVEN PREPARÁNDOSE PARA RELACIONES SEXUALES

Siglo v AC. Kylix de figuras rojas. Oxford, Ashmolean Museum

Reglas para los amantes

Un adulto se destina por el personal y con su pene erecto, coloca su mano entre las piernas del joven, que tiene en su mano izquierda el regalo que acaba de recibir. El chico (el erōmenos) es imberbe, más pequeño que su amante maduro (el erastēs), con un cuerpo bien proporcionado y ágil: su brazo rodea la cabeza del hombre, pero él no muestra excitación sexual o alguna emoción particular. Esto es así una representación del amor homosexual según las normas y códigos sociales de la Grecia clásica. El momento representado por el pintor de Brygos precede el placer que por cópula interfemoral (entre los muslos) la erastēs disfrutaría con el adolescente colocando su pene entre las piernas del niño.

La penetración no fue permitida en una relación homosexual, por el contrario, fue motivo de censura y desprecio. Aunque este tipo de imagen aparece absolutamente con frecuencia en la cerámica griega, no necesariamente representar la realidad: más bien, es una versión ‘ideal’ de la relación homosexual, confirmada por numerosas fuentes literarias que subrayan el aspecto educativo de las relaciones entre los hombres de diferentes edades.

Una relación desigual
El placer sexual se refiere a sólo el hombre maduro; el muchacho, que se presenta, después de renuencia firme y respetuosa, ha de contentarse con satisfacer la erastēs. De lo contrario, o si se produjo penetración, influiría negativamente el temperamento del joven, transformándolo en una criatura no viril cuya satisfacción pasiva es indigno de un hombre.

De cazador a presa
El cortejo desempeñó un papel importante en el ritual anterior a una relación homosexual. El hombre maduro tuvo que declarar su interés con atenciones y pequeños regalos que no deben nunca ser confundido con ‘pago’ (ya que esto reduciría una relación entre hombres libres a un servicio de alquiler). Uno de los regalos simbólicos favorecidos fue una liebre, juego a menudo buscado por jóvenes. Alude metafóricamente a la relación entre el cazador erastēs y el erōmenos joven, que a su vez se había convertido en presa.

APROXIMACIÓN EN LA EDAD ADULTA
Elogiado en los Diálogos  famosos de Platón, el Simposio (c. 380 A.C.), como el amor más puro, más viril, las relaciones entre un hombre adulto y un adolescente fueron comunes entre la élite social de la antigua Grecia. En cierto sentido, el amante maduro se convirtió en guardián del joven, y era su debe guiarlo a la vida adulta y las obligaciones sociales y políticas que vendrían. Por otra parte, la joven erōmenos tuvo que emular las virtudes de su pedagogo y cumplir con lo gratificante sexualmente. Esta relación podría ocurrir solamente entre hombres libres, ciudadanos de pleno derecho en todos los sentidos, y el erōmenos jamás podría ser menor de doce. Los poetas lamentan a menudo la aparición de la barba en la edad de dieciséis o diecisiete años que anuncia el final de la relación. Sin embargo, en el ámbito del gimnasio, donde hombres jóvenes entre las edades de dieciocho y veinte eran educados en el arte de la guerra y la dialéctica, las relaciones amorosas entre maestros y jóvenes deben haber tenido lugar. En la conclusión de estos años de formación, el nuevo ciudadano a su vez elegiría a un imberbe joven como su amante y estudiante.

Anuncios