Juan Carreño de Miranda.

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Juan Carreño de Miranda es un pintor asturiano del barroco español. Nacido en Avilés, (25 de marzo de 1614-Madrid, 3 de octubre de 1685), en el seno de una familia noble. En 1625 se trasladó con su padre, ya viudo, a Madrid y comenzó su formación en el taller de Pedro de las Cuevas, un pintor madrileño.

Su estilo se encuadra dentro del barroco. Se observa la influencia de Velázquez en los estudios lumínicos y de Rubens. A lo largo de su trayectoria artística abarcó casi todos los campos, prestando especial interés a lo religioso y al retrato.

Durante los primeros años de su carrera recibió importantes encargos para iglesias y particulares y a partir de 1669, cuando es nombrado pintor del rey, se dedicó al retrato. Fue uno de los mayores retratistas de la Corte española, coincidiendo con Velázquez, de quien era buen amigo.

Practica un tipo de retrato solemne, austero, de colores apagados y fondo neutro, sin detalles ni recreaciones en adornos o joyas. Supo captar con elegancia y psicología a los personajes de la Corte madrileña. Dentro de los retratos que realizó en el ámbito cortesano sobresalen El Duque de Pastrana y el de Pedro Potemkin.

En sus pinturas murales recalcó el gusto por los efectos escenográficos. Destacan los frescos religiosos de la Catedral de Toledo y la decoración mural del Salón de los Espejos del Alcázar, supervisada por Velázquez.

Obra de Juan Carreño de Miranda

Bufón Francisco Bazán

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El personaje está de pie, vestido de negro y se sitúa sobre un fondo neutro, sin ninguna referencia espacial, de manera que se integra con el fondo, creando un mayor efecto teatral. Aparece con actitud digna, como corresponde a un funcionario de la corte.

Carlos II

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Carlos II es representado como un niño enfermizo, retraído, frágil. Va vestido de terciopelo negro con calzas blancas, a la moda del siglo XVII, su tez es blanquísima y sus cabellos rubios. Está solo en una sala llena de lujo, envuelto por un grueso cortinaje de color rojo. Carreño sigue aquí los modelos venecianos en el empleo del color y del movimiento.

Doña Mariana de Austria viuda

Es uno de los primeros retratos que lleva a cabo cuando es nombrado pintor del Rey. La protagonista es doña Mariana de Austria, que es la segunda esposa de Felipe IV y la madre de Carlos II. Desde 1665 es viuda, por eso aparece vestida con toca, siguiendo la costumbre española. Está sentada ante una mesa con gesto de preocupación. En la composición predominan los blancos y negros.

Doña Mariana de Austria viuda, de Juan Carreño

Duque de Pastrana

Es un retrato majestuoso, que trasmite cierto aire de melancólico misterio.

Eugenia Martínez Vallejo

Eugenia Martínez Vallejo era una de las personas con defectos físicos o psíquicos que formaban una pequeña corte alrededor de los infantes de España. Se la conocía como La Monstrua.

Eugenia Martínez Vallejo, de Carreño

Festín de Herodes

El lienzo se inspira en la vida de san Juan Bautista. Carreño eligie el momento de la presentación de la cabeza del Bautista por parte de Salomé a su madre, Herodías, y al rey Herodes. Dispone las figuras en torno a una mesa para dar sensación de profundidad sobre un fondo de arquitecturas renacentistas.

Fundación de la Orden de los Trinitarios

Fue realizada en el año 1666 para la iglesia del convento de los Trinitarios de Pamplona. La obra recoge el momento en el que a San Juan, durante la misa, se le aparece un ángel cuyas manos se apoyan en las cabezas de dos prisioneros, uno musulmán y otro cristiano. Entonces comprendió que tenía que fundar una orden dedicada a la redención de los prisioneros cristianos. San Juan está acompañado por varios sacerdotes vestidos con casullas bordadas de oro y plata. Son rostros muy expresivos.

Consigue la sensación de perspectiva y emplea una luz intensa mientras que la zona de la izquierda está en penumbra para crear efectos lumínicos sensacionales.

San Sebastián

San Sebastián. de Juan CarreñoCarreño lo sitúa en primer plano, con pose retorcida, sobre un fondo indefinido de paisaje de tonos azulados contribuyen a resaltar su cuerpo, sensual y proporcionado.

Santa Ana enseñando a leer a la Virgen

La composición se organiza de forma piramidal y utiliza una perspectiva alta. Las figuras son amplias y escultóricas, y están iluminadas por la luz que penetra por la izquierda, deteniéndose en los rostros y en las manos. Juega con el colorido, logrando magníficos contrastes entre los ocres, blancos y azules con el rojo de la alfombra de primer plano.

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