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Eréndira, Leyenda Purepecha

 

El actual territorio purépecha cuenta con una extensión de 6 mil km2, ocupando el norte y centro del estado de Michoacán. Aproximadamente 200 mil indígenas viven en poblaciones cercanas a lagos y montañas entre los 1600 y 2600 msnm. Tradicionalmente la zona purépecha está dividida en cuatro regiones: Región Lacustre del Lago de Pátzcuaro, Cañada de los Once Pueblos, Meseta Purépecha, y la ciénaga de Zacapu.

El Imperio Purépecha

Los purépechas tienen sus orígenes en los pueblos chichimecas, nahuas y pretarascos, quienes habitaron la rivera del Lago de Pátzcuaro en el siglo XII. El señorío purépecha se estableció en un territorio que comprendía Tzintzúntzan, Ihuatzio y Pátzcuaro. En el siglo XIV, los purépechas iniciaron una etapa de expansión, conquistando la región del Río Balsas, Jalisco, Colima, Zacatula y Guanajuato. Tzintzúntzan, lugar de los colibríes, se convirtió en la capital de este vasto imperio.

Aún se conservan vestigios que atestiguan el esplendor purépecha como las Yácatas en la ladera del Cerro Yahuarato, en Tzintzúntzan, e Ihuatzio, la zona arqueológica más extensa de Michoacán con una superficie de 50 hectáreas.

Entre los siglos XV y XVI, los mexicas o aztecas eran una auténtica potencia militar. Numerosos pueblos eran tributarios de Tenochtitlán, capital del Imperio Azteca. El poderío mexica se extendía desde el Golfo de México hasta el Océano Pacífico. Los purépechas, aliados con los matlatzincas, fueron de las pocas naciones que resistieron el empuje azteca. El pueblo purépecha jamás fue sometido. Esta resistencia a ser dominados es una característica del carácter del pueblo purépecha.

Don Vasco de Quiroga

En 1522, el conquistador Cristóbal de Olid irrumpió en Michoacán. El canzonci o Señor de las Innumerables Casas, Tangáxoan II no tuvo más remedio que aceptar el dominio español para evitar una derrota como la sufrida por los mexicas en Tenochtitlán. Años más tarde, en 1530, Nuño Guzmán saqueó la región y ejecutó Tangáxoan II, acusándolo de traición y mantener la antigua religión purépecha.

Es en este período de violencia que llega a tierras purépechas Don Vasco de Quiroga. Los ideales renacentistas, el humanismo y el pensamiento de Tomás Moro, influyeron en el trabajo evangelizador de Don Vasco de Quiroga, llamado cariñosamente Tata por los indígenas, obra que se revela en la fundación de los Hospital-Pueblo, como Santa Fe de la Laguna, y en su misión de enseñar diferentes oficios a los pobladores de Michoacán, legado que aún persiste entre las comunidades purépechas hasta nuestros días.

Un pueblo orgulloso

Caminando por calles empedradas, flanqueadas por casas de abobe y tejas, se observa que las mujeres purépechas aún acostumbran usar el huanengo o huipil, cuyo diseño cambia de una región a otra, rebozo, largas faldas y delantales bordados por ellas mismas. Tradicionalmente, los bordados indican el origen y estatus de la mujer en la comunidad. Las mujeres se sienten orgullosas de sus coloridos atuendos; en contraste, los hombres que ahora solo utilizan el típico sombrero de palma, camisa y calzón de manta en ocasiones especiales.

Además de celebraciones y rituales, como las Noches de Días de Muertos, el Juego de Pelota Encendida o uarhúkua y danzas ancestrales, el principal elemento de identidad entre los purépechas es su lengua. Se estima que actualmente la lengua purépecha, con sus respectivas variantes en las regiones lacustre, serrana y central, es hablada por poco más de 100 mil personas, alcanzando apenas el número necesario por la UNESCO para que una lengua sobreviva. Esta lengua tiene la particularidad de carecer de parentesco lingüístico con ninguna otra de las lenguas originales habladas en México. Las pirékuas, canciones tradicionales purépechas, han contribuido a conservar esta invaluable herencia cultural.

Los lazos familiares y comunitarios son muy importantes para los purépechas. Por ejemplo, los cargos como mayordomías, además de estar sujetos a un riguroso protocolo, involucran a toda la familia. Los purépechas son un pueblo hospitalario, sencillo, con diversas tradiciones y costumbres. Una cultura que se mantiene viva en las manos de sus artesanos y en la memoria de sus viejos.