Why you must visit Jim Corbett National Park?

Why you must visit Jim Corbett National Park?

GirlandWorld

“If you are a wildlife enthusiast, then you must have visited the Jim Corbett National Park, and if you have not, then you must quickly pack your bags and jet-set-go to Uttarakhand.”

Jim Corbett National Park in Nutshell

Jim Corbet is not only the oldest national park and largest tiger reserve in India but  also the scenic delights,animal sightings,jungle safari of a typical national park doubles up here with the aided attraction of adventure sports like Para sailing,River rafting etc. Also the decade old Luxury resorts suiting all budget kinds ensure a safe and rejuvenating stay. The exclusive experience of night stay is only allowed in Jim Corbett National Park.

Jim Corbett National Park is an extraordinary attraction of India where tourists from across the borders flock this place in large numbers to unveil the hidden wealth of nature. The park is known for its assorted wildlife and breath-taking panoramas that are unfolding…

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Restablecer el reloj circadiano podría aumentar la salud metabólica

Autor: Bridget M. Kuehn Fuente: JAMA. Publicado en línea el 15 de marzo de 2017
Introducción
Considere lo que pasa en el juego de fútbol americano: si lanza la pelota demasiado pronto su receptor no estará en su lugar; si lanza el balón demasiado tarde corre el riesgo de ser expulsado. En cualquiera de los dos casos, el jugador no está en sincronía con su equipo para mover el balón hacia arriba del campo. Un escenario similar puede ocurrir cuando los hábitos alimenticios y de sueño están fuera de sincronía con el reloj circadiano del cuerpo, dando lugar a trastornos metabólicos.
Durante los últimos 20 años los científicos han reunido una imagen más clara de los relojes circadianos que mantienen la fisiología humana sintonizada en el ciclo de 24 horas luz-oscuridad. Ahora, la ciencia básica está dando paso a los estudios en humanos que revelan cómo los hábitos de sueño de una persona, los patrones de alimentación y la dieta pueden desincronizar los relojes del cuerpo y contribuir a los problemas metabólicos como la obesidad o la diabetes.
Los hallazgos han llevado a los científicos a buscar maneras de restablecer el reloj y restaurar un metabolismo saludable. Hasta el momento dos intervenciones conductuales resultaron prometedoras en los estudios en animales y preliminares en humanos.
1. Mejorar el sueño mejorado

2. El tiempo de restricción de la alimentación

“Estamos viendo comportamientos que afectan la hora circadiana del día y el sueño como comportamientos humanos que podemos alterar”, dijo Fred Turek, PhD, director del Centro de Sueño y Biología Circadiana en la Universidad Northwestern de Evanston, Illinois.

Manteniendo el tiempo

El núcleo supraquiasmático del cerebro (SCN) actúa como un marcapaso central para el sistema circadiano humano. Cuando la retina procesa longitudes de onda de luz emitidas típicamente por el sol, una serie de eventos de transducción de señales activan la expresión de genes circadianos dentro del SCN. En respuesta a estos cambios en la expresión génica impulsada por el ciclo luz-oscuridad, el SCN también estimula la liberación de la hormona cortisol que desencadena el despertar y la hormona melatonina, que señala cuando es hora de dormir. La expresión cíclica de los genes circadianos en el SCN regula la expresión de cientos, incluso miles, de genes en todo el cuerpo incluyendo muchos involucrados en el metabolismo.

Para los órganos internos, que no están expuestos a la luz del día, la ingesta de alimentos es un importante marcador de la hora del día

Más recientemente, los investigadores han descubierto que los órganos y tejidos periféricos tienen ritmos circadianos o “relojes” propios controlados por la expresión cíclica de los genes del reloj en sus células, explicó Eve Van Cauter, PhD, profesora de medicina en la Universidad de Chicago. Estas oscilaciones genéticas circadianas son particularmente importantes para los órganos involucrados en el metabolismo de la glucosa, el hígado, los músculos, el tejido graso, las células beta y el intestino. Para estos órganos internos, que no están expuestos a la luz del día, la ingesta de alimentos es un importante marcador de la hora del día.

“La sincronización de los alimentos (horarios de comida) sincroniza estos osciladores periféricos [circadianos]”, dijo Van Cauter. Cuando los alimentos se cronometran para coincidir con el ciclo luz-oscuridad -como habría sido evolutivamente- los relojes centrales del SCN y los relojes periféricos trabajan juntos para promover el metabolismo saludable. Pero si los relojes centrales o periféricos son alterados ​​-por ejemplo, comiendo fuera de las horas o habiendo alterado el sueño- puede causar desincronización entre ellos, lo que resulta en problemas metabólicos.

Aunque el descubrimiento de los relojes periféricos es bastante nuevo, el del metabolismo de la glucosa ligado a un ritmo circadiano e influenciado por la sincronización de los alimentos se realizó ya en los años 1970 y 1980 por los médicos que tratan la diabetes, señaló Satchidananda Panda, PhD, Laboratorio de Biología en el Instituto Salk en La Jolla, California. Explicó que algunos pacientes que respondieron mal a un test de tolerancia a la glucosa durante la noche no tenían signos de diabetes cuando se les administró el mismo test en la mañana. Incluso los individuos sanos, observó Panda, procesan el azúcar de las comidas nocturnas más lentamente de lo que procesan las comidas de la mañana aunque sean comparables.

“Esto demostró que hay un hermoso ritmo en el metabolismo de la glucosa”, dijo Panda.

Estudios que involucran animales, particularmente ratones, ayudaron a iluminar cómo las interrupciones de los relojes circadianos del cuerpo pueden conducir a la obesidad y a otras condiciones metabólicas. Un estudio seminal realizado en 2005 mostró que los ratones con mutaciones en un gen circadiano llamado Clock se convierten en obesos incluso cuando se alimentan con una dieta típica de ratones y desarrollan signos de síndrome metabólico, incluyendo colesterol alto, glucosa alta y producción insuficiente de insulina. También duermen alrededor de 2 horas menos y alteran los patrones de alimentación. Mientras que los ratones típicos comen principalmente durante sus horas activas por la noche, los ratones mutantes dividen su consumo de alimentos casi igual entre las horas de luz y las horas oscuras. El aumento de peso en los animales mutantes se exacerba cuando se alimentan con una dieta rica en grasas.

Otro estudio mostró que los ratones típicos alimentados con una dieta rica en grasas durante el día, cuando normalmente duermen, ganaban mucho más peso que los ratones alimentados con la misma dieta durante la noche durante sus horas normales de vigilia. Cuando los científicos observaron lo que estaba ocurriendo con los patrones circadianos de expresión génica en los ratones que comían a horas impares del día, encontraron que el SCN permanecía sincronizado al ciclo de 24 horas de día y noche, observó Turek. Pero los cambios en los comportamientos de sueño y alimentación rápidamente interrumpen y “enfrían” los ritmos circadianos de la expresión génica en los órganos periféricos a pesar de que los relojes centrales estén sintonizados. “Cuando los osciladores periféricos no están sincronizados con el oscilador central, el metabolismo trastornado produce aumento de peso y desarrollo de intolerancia a la glucosa”, explicó Van Cauter.

Los seres humanos fuera de sincronía

Los seres humanos no son inmunes al tipo de interrupciones del reloj documentado en ratones. Décadas de estudios epidemiológicos muestran que los trabajadores con turnos nocturnos u otros horarios fuera de sincronía con el ciclo de luz y oscuridad tienen un mayor riesgo de aumento de peso y diabetes. Las mutaciones genéticas en los genes del reloj humano se han asociado con la obesidad y la enfermedad metabólica. Por el contrario, una variación en el gen que codifica el receptor de melatonina se ha relacionado con un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Incluso aquellos sin mutaciones genéticas u horarios inusuales pueden estar en riesgo de alteraciones del reloj. Gracias a la contaminación lumínica y al creciente uso nocturno de lámparas y dispositivos electrónicos que emiten las mismas longitudes de onda de luz que el sol, muchas personas, por lo demás sanas, pueden experimentar alteraciones del sueño o perturbaciones circadianas.

“Vivimos en una sociedad donde el sueño no se respeta”, dijo Van Cauter. Pero el sueño, los ritmos circadianos y el metabolismo constituyen una “tríada inseparable”, observó.

Se ha demostrado que el sueño insuficiente tiene un impacto nocivo en la tolerancia a la glucosa en muchas poblaciones, incluyendo adultos sanos, niños, pacientes hospitalizadosy en aquellos con diabetes, señaló. También se ha demostrado que reduce la tasa metabólica en reposo a un grado suficientemente grande que podría traducirse en una ganancia de peso de 5,700 kg en un solo año. La restricción del sueño también aumenta el hambre, señaló Van Cauter. Pero restaurar el sueño normal puede ayudar a revertir estos efectos nocivos. “El trabajo hasta ahora sugiere que estar privado de sueño y pretender perder peso son contradictorios”, dijo. “Para optimizar la pérdida de peso, es necesario dormir.” Una creciente apreciación de la importancia de la biología circadiana ha llevado a un impulso para comenzar a desarrollar intervenciones clínicas que aprovechan la biología circadiana para restaurar la salud metabólica.

En 2015, el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y del Riñón (NIDDK) organizó un taller que reunió a los principales investigadores circadianos con investigadores metabólicos. La NIDDK también se han asociado con otros institutos para solicitar propuestas de investigación clínica sobre cómo los ritmos circadianos afectan la obesidad, la diabetes y otras enfermedades. “Estamos tratando de alentar a los investigadores no solo a hacer un trabajo metabólico en profundidad, sino también a probar la terapéutica”, dijo Karen Teff, PhD, directora de programa en la división de NIDDK de diabetes, obesidad y metabolismo.

Intervenciones Prácticas

Los médicos pueden estar abrumados por la perspectiva de recopilar información para evaluar si sus pacientes necesitan un ajuste del reloj. Sin embargo, los estudios clínicos preliminares que se están llevando a cabo constituirían herramientas prácticas para la evaluación e intervenciones bastante sencillas. Panda y sus colegas han creado una aplicación de teléfono móvil llamada myCircadianClock que ayuda a las personas a seguir sus patrones de comer, dormir y actividad, así como cuando toman medicamentos o suplementos. Han comenzado a inscribir a los participantes en un estudio de la aplicación con el objetivo de recopilar 2 semanas de datos de alrededor de 10,000 personas. Buscarán tendencias en los datos para determinar si pueden crear estándares de referencia que los médicos podrían usar para identificar a los pacientes con disturbios relacionados con el reloj. “Los médicos están acostumbrados a observar la presión arterial y el nivel de azúcar en la sangre en comparación con el nivel de referencia”, explicó Panda. “Si se llega a una simple regla de directrices para [los indicadores circadianos como comer o dormir] para los médicos, eso ayudará a los pacientes.”

El intervalo entre comidas es uno de los factores que el equipo ha examinado. El equipo descubrió que aproximadamente la mitad de los 156 participantes que usaban la aplicación en un estudio inicial comían durante más de 15 horas al día, con más de un tercio de las calorías consumidas después de las 6 de la tarde. Los estudios realizados con ratones habían demostrado que restringir la alimentación a 8, 9 o 12 horas durante los períodos activos tenía efectos beneficiosos sobre el peso, el metabolismo y los ritmos circadianos, incluso con una dieta rica en grasas. Así que Panda y sus colegas realizaron un estudio piloto de 16 semanas con 8 de los usuarios de la aplicación que tenían un intervalo de comer más de 14 horas. Se pidió a los usuarios que restringieran la comida a un período de 10 a 12 horas al día. Los participantes redujeron sus intervalos alimenticios y, en promedio, perdieron alrededor de 7 libras.

También informaron dormir mejor, tomar menos snacks y volverse menos tolerantes con los alimentos muy dulces. Un participante envió un mensaje por correo electrónico para decir que sentía que la comida con restricciones de tiempo es “la mejor dieta porque no le priva de sus comidas favoritas y sigue perdiendo peso”. “Creemos que el tiempo es algo que todo el mundo puede seguir”, dijo Panda. Los investigadores planean desarrollar aún más la aplicación para crear un “informe de estilo de vida” que puede ser un punto de partida para las entrevistas médicos con sus pacientes.  Por ejemplo, si el informe muestra que un paciente consume una gran cantidad de calorías en forma de alcohol y comida chatarra después de las 8 pm, esa persona puede decidir restringir comer o beber después de las 8 pm.

Aunque se necesita mucho trabajo para verificar el potencial de las comidas con restricciones de tiempo y otras intervenciones circadianas dirigidas, Teff señaló que no comer después de la cena probablemente sea beneficioso.

Los individuos gradualmente deben reducir su ventana horaria de comer.

“Es un consejo dietético y nutricional básico para las personas con diabetes u obesidad, pero potencialmente encaja en la teoría circadiana”, dijo Teff.

Panda aconsejó que las personas, particularmente aquellas en riesgo de hipoglucemia, no comiencen ninguna forma de ayuno sin la supervisión del médico. También sugirió que los individuos gradualmente deben reducir su ventana de comer.

Otros esfuerzos buscan cómo los médicos pueden prevenir los trastornos del sueño y los problemas metabólicos relacionados con la interrupción circadiana.

El sueño en los pacientes hospitalizados

El estudio Potenciar el Personal para Actuar (SIESTA) está en curso para evaluar si la formación del personal del hospital para ayudar a los pacientes hospitalizados a dormir mejor en realidad mejorará el sueño de los pacientes. “El hospital en sí es un experimento de restricción del sueño, de privación del sueño y de interrupción del sueño”, dijo Van Cauter.

Pero el personal del hospital puede tomar medidas sencillas para ayudar a los pacientes a dormir, dijo. Por ejemplo, pueden intervenir por tandas programadas (horarios de controles) durante el día, hablar en voces más bajas por la noche, o incluso dejar de lado el tiempo cada noche cuando las interrupciones del paciente se minimizan.

Todos los médicos deben pasar unos minutos preguntando a los pacientes acerca de sus hábitos de sueño porque el sueño pobre podría disminuir la eficacia de las terapias, sugirió Van Cauter. Señaló que se dispone de cuestionarios breves y validados sobre los patrones de sueño.

“El sueño debe ser considerado un pilar de la salud junto con la nutrición y el ejercicio”, dijo Van Cauter. “Es muy importante examinar la posibilidad de que la optimización del sueño podría ser una intervención de estilo de vida que podría tener más éxito que la restricción dietética o el ejercicio. Es una cosa más que la gente puede hacer”.

Posverdad: la ciencia y sus demonios

Cuando las creencias importan más que la verdad; acerca de la inercia y la pereza intelectual
Autor: Daniel Flichtentrei Fuente: IntraMed 

“Impera la posverdad, esa “mentira emotiva” nacida para modelar la opinión pública desdeñando los hechos fehacientes y los datos verificables, esa lengua de madera (a decir de los franceses) especial para construir discursos engañosos, que llegan a convencer porque resultan atractivos, tranqulizadores, o quizá convenientes”. Luisa Valenzuela, discurso de apertura de la Feria Internacional del Libro, Bs. As. 2017

Hay palabras que iluminan porque nos permiten nombrar cosas que vemos a diario pero que no sabíamos cómo designar. Para el Diccionario de Oxford, este neologismo describe la situación en la cual, al crear y modelar a la opinión pública, “los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales”. En 2016 fue la palabra del año: el uso de la expresión creció un 2.000% en comparación con 2015. Sobran las situaciones cotidianas en las que este concepto podría aplicarse perfectamente. Pero nos interesa saber si también ha colonizado el pensamiento médico.

Es frecuente que admitamos explicaciones que nos producen lo que se ha llamado “satisfacción intelectual” pero que no son ni científicas, ni verdaderas. Nos permiten mantenernos en nuestra zona de confort y nos evitan el esfuerzo de impugnar nuestras propias creencias convertidas en sentido común clínico. Las personas necesitan aferrarse a un conjunto de creencias compartidas si han de enfrentar un ambiente hostil, inquieto y desconocido. Cambiar lo que creemos demanda un esfuerzo y el coraje de admitir que hemos estado equivocados. La ciencia exige esa honestidad, incluso a costa nuestra autoestima. No se investiga para sostenernos en la comodidad de lo ya conocido. Que un hecho resulte contraintuitivo nada dice de su valor de verdad si se llega a él por métodos científicos rigurosos. Muchas veces a lo largo de la historia los nuevos conocimientos han creado incertidumbre y generado rechazo o controversia. Pero la contraintuitividad (o «asombro» epistémico) es la marca distintiva de la originalidad en ciencia y no debería asustar a nadie.

  • El demonio de la inercia

“La mayor parte de la gente prefiere proteger su sistema de creencias fijándolo. Pero, un barco anclado, no se mueve”. Mario Bunge

Lamentablemente es hoy muy frecuente que lo que aparenta ser verdad importe más que la verdad misma. Es una reacción emocional de autodefensa o pura pereza intelectual. En esos casos reacciona nuestra sensibilidad por encima de nuestra razón. Ya no importa que lo que se afirma no se corresponda con los hechos, lo aceptamos sin someterlo a crítica. Ese pecado cognoscitivo es inmune al fracaso de su implementación. Lo aplicamos, pero no se producen los resultados esperados. Entonces reformulamos lo sucedido para sostener la teoría y refutar los hechos que la contradicen. Los psicólogos cognitivos llaman a esta reacción: “preferencia adaptativa”. Trucos mentales, desvíos de la retórica argumentativa, estrategias para poner a salvo una creencia desmentida por los hechos. Posverdad: falsa, absurda, anticientífica; pero frecuente y poderosa para huir de la VERDAD con mayúsculas.

¿Cómo reaccionamos ante la evidencia contraria a nuestras creencias?

  • Ignorar los datos
  • Negar los datos
  • Excluir los datos
  • Suspender el juicio
  • Reinterpretar los datos
  • Aceptar los datos y hacer cambios periféricos en la teoría
  • Aceptar los datos y cambiar las teorías

An empirical test of a taxonomy of responses to anomalous data in science. Clark A. Chinn1, William F. Brewer. Journal of Research in Science Teaching. Volume 35, Issue 6

http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/(SICI)1098-2736(199808)35:6%3C%3E1.0.CO;2-A/issuetoc

  • El demonio de la conjetura

Por lo general, pensamos de una manera lógicamente desorganizada, sin distinguir una suposición de una deducción. Al proceder de esta manera intuitiva o heurística podemos avanzar rápidamente, pero también introducimos inadvertidamente suposiciones polémicas o incluso falsas que ponen en peligro toda la construcción del conocimiento. Una ficción puede ser tanto una historia falsa inventada para engañar como una especulación (hipótesis) que debe ser probada mediante la constrastación empírica. A veces un hecho es demasiado simplificado al ser comunicado hasta el punto de propiciar una interpretación errónea. En ciencia, una teoría es una explicación de los fenómenos naturales capaz de predecir observaciones futuras y de sobrevivir a múltiples esfuerzos lógicos para refutarla. La confusión ocurre cuando se usa la palabra “teoría” como sinónimo de hipótesis, conjetura, opinión o especulación. Tal falta de rigor promueve la confusión entre hechos y ficciones sin sustento en la realidad o hipótesis que son el punto de partida de la investigación.

El término “teoría” no debería aplicarse a las explicaciones que no son lo suficientemente específicas como para someterse a la contrastación empírica y a la posibilidad de ser refutadas. El intucionismo es producto de la pereza intelectual, de la ignorancia y de la confusión entre la evidencia psicológica (subjetiva) y la certidumbre gnoseológica (lógica, argumentativa). Es la única filosofía que se autojustifica, que no requiere pruebas ni argumentos. Según el epistemólogo Mario Bunge: el intuicionismo arrogante y dogmático, linda con el mesianismo, parece más un desorden psiquiátrico que una actitud filosófica. Existen disciplinas enteras basadas en ese error y, lo que es más grave aún, asisten a pacientes a diario.

Hemos creído durante décadas que el síndrome de fatiga crónica era un trastorno psicológico y, en consecuencia, hemos enviado a los enfermos al gimnasio y al psicólogo con resultados desastrosos. Cada vez que fracasábamos lo atribuíamos a la falta de adherencia del paciente y redoblábamos nuestra indicación.

Se denomina “preferencia adaptativa” a la estrategia cognitiva que consiste en reinterpretar los hechos que refutan una creencia con el propósito de sostenerla. El mayor esfuerzo de razonamiento cotidiano no se emplea para conocer la verdad de los hechos sino para adaptarlos a nuestras creencias.

Hoy sabemos que el síndrome de fatiga crónica es la expresión clínica de una encefalomieitis miálgica con grave hipometabolismo energético; una nueva teoría que explica, al mismo tiempo, los hechos de la clínica y las razones de nuestro fracaso.

  • El demonio de la correlación

Se emplea con frecuencia uno de dos eventos asociados para predecir la aparición del otro (como el canto del gallo y el amanecer). Aunque estas predicciones pueden tener éxito algunas veces, no se debería usar la correlación como prueba de causalidad. Una causa demostrada tendría mediadores conectando a la causa con su efecto de manera que pueda demostrarse la validez de la inferencia mediante pruebas lógicas consistentes. Hacer una teoría a partir de la hipótesis de que el gallo “provoca” (causa) el amanecer requiere de una secuencia comprobable de mediadores mediante los cuales uno causa al otro. También se podría considerar al canto del gallo como un marcador sustituto (factor de riesgo) para la probabilidad de que amanezca pero sin denominarlo “causa”. La predecibilidad por medio de leyes de sucesión no es un criterio de conexión causal. Que algo anteceda a otra cosa no implica que lo cause: Post hoc ergo propter hoc. La ciencia busca mecanismos detrás de los hechos antes que la búsqueda automática de datos y de correlaciones estadísticas entre ellos. En general una asociación estadística no explica nada, es, precisamente, lo que exige modelos explicativos.

  • El demonio de  los biomarcadores subrogantes

Los marcadores sustitutos o subrogantes son una preocupación clínica permanente y, al mismo tiempo, una fuente de equívocos constantes. Ciertos biomarcadores se utilizan como puntos finales convenientes (proxy) en lugar de los puntos finales clínicos primarios de vidas salvadas o muertes postergadas o enfermedades ocurridas. Se sabe que siempre es muy superior la eficacia de prevenir la causa inicial (causa raíz) de una enfermedad en lugar de simplemente tratar sus signos o síntomas asociados o sus marcadores sin modificar su causa primaria. Un riguroso examen lógico y experimental permite reconocer qué biomarcadores son mediadores causales en lugar de simplemente marcadores asociados (no causales).

La epidemiología describe frecuencias, no probabilidades. Señala la frecuencia con la que un biomarcador se encuentra asociado con un estado clínico y nos alerta del riesgo de que se produzca ese evento. Sin embargo, es cotidiano observar que ese vínculo entre el factor de riesgo (biomarcador) con el punto final es interpretado como que el factor está “causando” el evento y no que es un dato asociado con él pero de manera no causal. Es necesario emplear un lenguaje preciso y claro para defendernos de este peligroso malentendido. Tratar marcadores útiles -pero no causales- como si fueran causas es absurdo y peligroso. Para modificar un marcador hay que tratar la enfermedad, no al revés. Es como ocuparse del dedo que señala la cosa y no de la cosa señalada por el dedo. En ocasiones, como el Hidalgo Caballero, tomamos rebaños por ejércitos.

  • El demonio de lo establecido (aferrarse a lo establecido)

Dondequiera que vamos encontramos hombres y mujeres que hacen esfuerzos extraordinarios para evitar cambiar sus mentes. No importa lo que ocurra se tiende a continuar con los esquemas establecidos, con un modo de ver la realidad. Cambiarlo implica un aceptación del error y un esfuerzo personal; hoy pocos parecen estar dispuestos a afrontar el desafío.

En ciencia y en medicina, el fracaso de un resultado experimental para ajustarse a la predicción de un paradigma maduro es a menudo considerado como un error del investigador en lugar de una refutación de la hipótesis. Sin embargo, cuando se acumula suficiente evidencia no confirmatoria, la creencia en el viejo paradigma llega a una crisis que promueve la aceptación de nuevas teorías. La evidencia empírica permanece, pero las interpretaciones cambian. Thomas Kuhn denominó a esta transición abrupta “cambio de paradigma’. Esta situación se traslada al ámbito de la implementación en la práctica clínica. Una teoría que “explica” los hechos de un modo que produce cierta serenidad intelectual suele ser sostenida durante mucho tiempo, incluso cuando sus predicciones no se cumplen y los hechos la refutan a diario. Posverdad, temor a la incertidumbre, desprecio por los hechos.

  • El demonio en la nutrición
De acuerdo a un estudio publicado en The American Journal of Public Health que analizó datos de una cohorte de más de 150.000 personas obesas durante 10 años (2004/2014): la probabilidad anual de que un obeso recupere su peso normal es de 1 en 214 y la de un obeso mórbido es de 1 en 1290. Sin embargo las razones que se invocan para ese tremendo fracaso de salud pública siempre se orientan a la falta de adherencia de los pacientes, a la influencia del medio sobre la voluntad, al tipo de asistencia a la que se tiene acceso; pero jamás a las recomendaciones médicas que reciben. Ese consejo está sustentado en una teoría que “explica” (y tranquiliza) el fenómeno de la obesidad como un mero disbalance entre el ingreso calórico y asigna a la voluntad el control de ambas variables. Sobran pruebas, no solo de su fracaso en la implementación sino de la inconsistencia y debilidad de sus fundamentos. Sin embargo, por ahora, la teoría se defiende, se aplica y se fracasa en un loop recursivo dramático que ocasiona un costo altísimo en salud y vidas humanas. La fuerza de la ciencia no consiste en ser siempre perfecta, sino en corregir errores, falacias y conceptos erróneos afirma John P. A. Ioannidis en reciente artículo en publicado en JAMA.

http://jamanetwork.com/journals/jama/article-abstract/2625050?amp%3butm_source=JAMAPublishAheadofPrint&utm_campaign=01-05-2017

Es corriente que se atribuya la conducta ingestiva a un acto voluntario producto del libre albedrío. Esta es una prueba irrefutable de que se ignoran por igual tanto las características de la conducta alimentaria en situaciones de enfermedad metabólica como los recientes desarrollos de la neurociencia experimental acerca del libre albedrío. Desde esta creencia nacen nuestras indicaciones en obesidad orientadas a la fuerza de voluntad y el siempre inconveniente juicio moral que tácitamente las acompaña: glotonería y pereza.

Fracasamos desde hace casi un siglo, pero hemos encontrado decenas de formas de desplazar ese fracaso hacia la víctima para preservar nuestra teoría orientadora. Hoy se conocen los determinantes neurohormonales de la conducta ingestiva y los circuitos cerebrales que la determinan así como su poderosa acción sobre la conducta, en general independiente de la voluntad (hiperreactividad a señales de comida y déficit de los circuitos inhibitorios). Sin embargo persiste la idea de que la obesidad es una claudicación de la voluntad e insistimos en estrategias con una larga historia de fracaso. Preservar nuestras creencias es más poderoso que admitir que son refutadas a diario por los hechos. Posverdad, ceguera epistemológica, inercia intelectual.

  • El demonio en la psiquiatría

“No importa cuán bella sea su teoría, no importa cuán inteligente sea usted. Si no coincide con los experimentos, es falsa”. Richard Feynman‏

En el área de las enfermedades psiquiátricas el tema es todavía más complejo. Aún conviven perspectivas con marcos teóricos contrapuestos: las puramente conjeturales, que desconfían y descalifican a la ciencia; hasta las neurociencias que articulan disciplinas diversas buscando fundamentos para una práctica racional y sustentada en pruebas. Unas y otras asisten a enfermos como si ello no representara un tema que merece ser discutido en profundidad para que los pacientes no se encuentren a merced de propuestas que no solo no resuelven sus patologías sino que, en muchos casos, consideran que esa denominación es falsa y que tal cosa –las enfermedades psiquiátricas- no existe y es una mera etiqueta social. En países como Argentina es todavía hegemónica la idea de que se puede asistir a enfermos mentales ignorando a la biología y desconociendo por completo la intervención del cerebro en esos cuadros. Es absurdo, pero cotidiano.

Las críticas al abordaje médico de estos trastornos afirman que la psiquiatría es puro reduccionismo biológico y que el padecimiento de las personas es un fenómeno subjetivo producto de sus historias de vida y de su entorno social y que estas circunstancias lo explican por completo. La participación del ambiente en la génesis de enfermedad es algo que la medicina sabe desde hace 2.000 años y que considera no solo para la esquizofrenia o la depresión sino para la obesidad, la diabetes, la celiaquía o la tuberculosis multirresistente. El abordaje individualizado del sufrimiento humano ha sido el objeto del trabajo médico mucho antes de que se lo atribuyan como patrimonio exclusivo quienes reclaman a la medicina lo que siempre ha tenido. Lo que no ha hecho la medicina es restringir de manera arbitraria el abordaje de la enfermedad a sus determinantes sociales y subjetivos sino articularlos con el necesario componente biológico que permite la expresión del fenotipo anormal. Los mecanismos que producen la conducta no pueden no ser biológicos aunque sus causas no lo sean. Sin cuerpo NO hay conducta.

El entorno influye pero no crea, no hay red sin nodo, todo proceso es una asociación de estados. Es el ambiente operando sobre la estructura vulnerable de un sujeto lo que propicia la enfermedad. Es precisamente la ciencia, y no las disciplinas conjeturales, la que ofrece una perspectiva integradora y racional del padecimiento humano. Claro que no alcanza con los datos incipientes de las neurociencias, se necesita más información y más hipótesis basadas en datos pero, muy especialmente, se hace imperativo terminar con la impostura intelectual que sigue, imprudentemente, ocupándose de la salud mental de tantos enfermos.

El discurso conspirativo se basa en dos falsas premisas: la identificación entre ciencia y tecnología y entre ciencia (o tecnología) e ideología del capitalismo tardío. Ni la ciencia es técnica, ni la ciencia consiste en lo que un sistema social injusto hace con ella. Esa falsa identificación “justifica” la ridícula postura anti-científica mediante otra falsa conclusión: oponerse a la ciencia es un acto de justicia social. Pedantería, ignorancia y desprecio por las pruebas son una peligrosa combinación, incluso si existe el consenso cultural en una sociedad como para aceptarlo. Una jerga florida oculta la imprecisión de sus conceptos. El subjetivismo extremo no reconoce las diferencias entre los hechos y los datos, las leyes y las reglas, los modelos y los retratos; confunde el mapa con el territorio. Que una idea sea aceptada por una comunidad no es un criterio de verdad, ni de rigor metodológico. Que logre aceptación social en determinado momento de una cultura, ni la hace verdadera, ni justa, ni deseable. Posverdad: psicomacaneo, verborragia enfática, retórica oscura y vacía.

  • El demonio de la incomunicación

El conocimiento suele agruparse en lo que algunos autores denominan ‘silos de información’, compartimientos aislados, burbujas epistémicas donde siempre se conversa entre pares que comparten idénticos marcos conceptuales. Los intercambios son verticales, confinados al encierro disciplinar, ciegos a otras fuentes de saber. Esos “silos” son cada vez más pequeños, más encerrados en sí mismos, cada vez más endogámicos. Los expertos que los habitan deciden qué clase de investigación financiar, cuál publicar, cuál aceptar y cuál rechazar. En su interior, encerrados fronteras adentro, solo se recolectan datos que apoyen sus principios. Lo determinante son las preguntas que se formulan más que las respuestas que se obtienen. La mentalidad en “silo” se expande como una plaga entre sus miembros. La incredulidad respecto de sus fundamentos queda suspendida. Nadie discute sus principios básicos.

Es el antiguo instinto coalicional de la especie humana. La horda primordial con fachada posmoderna. Es un antiguo recurso social cuyo objetivo es ampliar el poder, no el saber. El grupo se aísla, se coordina cognitivamente, comparte y refuerza sus creencias sin discutirlas. Sus fundamentos se moralizan y adquieren un valor independiente de su grado de verdad (falsa axiología). El conflicto nace cuando una nueva información reclama la revisión de sus principios. La contradicción es un veneno para el que desarrollan una inmunidad agresiva y eficaz. Las voces disonantes son silenciadas. El saber se congela. Las coaliciones en el ámbito de la ciencia son desastrosas, contrarrestan el impulso hacia la búsqueda del conocimiento. Son una forma tribal y primitiva de agrupamiento. Su estrategia de autodefensa enarbola espúreamente la razón, pero es impiadosa y salvaje.

Posverdad: ganan las creencias, pierde el conocimiento, se degrada la ciencia, la gente recibe falsas promesas, la ignorancia gana, perdemos todos.

  • Coda

Que una afirmación resulte creíble en un momento histórico y en el interior de una comunidad no garantiza su valor de verdad como correspondencia con los hechos.

La credibilidad es un fenómeno psicológico, no un criterio científico.

La “evidencia” subjetiva se relaciona con la aceptación y con el reconocimiento de algo como cierto, pero no con su demostración.

La posverdad es un signo de los tiempos pero la ciencia tiene los anticuerpos necesarios como para defenderse de ella. No hacerlo nos convierte en objetos pasivos, propicios para la manipulación anulando nuestra autonomía como sujetos para pensar críticamente, en particular acerca de nuestras propias creencias.

No deberíamos permitirlo. Estamos a tiempo de defendernos de esa calamidad.

Daniel Flichtentrei

Una de cada veinte personas ya sufre adicción al móvil

Fuente:  Madridmas 
Publicado en: http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=90680&uid=520577&fuente=inews

Como en otras adicciones, el uso problemático del teléfono móvil mantiene un patrón de relaciones donde la ansiedad, la impulsividad y el consumo de alcohol son capaces de predecir el desarrollo de esta dependencia.

Ya se puede considerar una adicción para el 5% de la población española. Así lo refleja un estudio en el que participa la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y que también concluye que la depresión suele convivir con el abuso de este dispositivo.

En la denominada era digital, alrededor del 15,4% de la población española mantiene un uso del teléfono móvil muy elevado y en riesgo de padecer complicaciones, mientras que en el 5,1% ya se puede considerar problemático o una adicción, según una investigación en la que participa la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

El uso del teléfono móvil se convierte en problemático cuando es excesivo en horas o interfiere en actividades cotidianas, laborales, sociales, familiares, e incluso, perjudica la salud física del individuo sin capacidad de control. Si este, además, padece otros síntomas como dificultad para resistir a un impulso, angustia o adicción a otras sustancias, tendrá más posibilidades de caer en el enganche al aparato tecnológico.

“Históricamente se ha observado que las variables psicológicas de ansiedad e impulsividad anteceden o son predictoras de las adicciones con sustancias; es decir, son factores de predisposición. Esto implicaría que el uso problemático del móvil podría ser considerado una adicción”, explica José de Sola, investigador del Departamento de Psicobiología de la UCM y uno de los autores del estudio.

El trabajo, publicado en Frontiers in Psychiatry , se basó en cuestionarios realizados entre enero y diciembre de 2014 en un total de 1.126 individuos de entre 16 y 65 años de toda España. (http://journal.frontiersin.org/article/10.3389/fpsyt.2017.00090/full)

No sólo los más Jóvenes

El objetivo de los científicos fue cruzar los factores de ansiedad, depresión, impulsividad y consumo de alcohol con el uso problemático del móvil. En un principio, también se tuvo en cuenta el tabaco, pero a lo largo de la investigación se descartó “por la escasa consistencia del instrumento utilizado en su valoración, aunque otras investigaciones demuestran que tiene un peso relevante”, según de Sola.

El investigador distingue entre valores relacionados y predictivos. Así, la depresión, las drogas ilegales, o algunas patologías psiquiátricas como las obsesiones son variables relacionadas, mientras que ansiedad, impulsividad y el consumo de alcohol pueden predecir esta adicción.

Para llevar a cabo el estudio, se utilizaron herramientas de medida estadística como las escalas del uso problemático del teléfono móvil (MPPUS), la de estados de ansiedad (STAI), del comportamiento impulsivo (UPPS-P), el inventario de depresión de Beck o el cuestionario AUDIT de consumo de alcohol.

Otro de los resultados que se deriva de este estudio es el del perfil del individuo que padece este problema. Como era de esperar, afecta más a jóvenes, desde los 16 años, pero también alcanza a poblaciones adultas de hasta 45 años.

“Esto implicaría que, de encontrarnos con una adicción, el problema no sería exclusivo de los jóvenes y adolescentes, sino que implicaría a capas de población más amplias”, señala el investigador de la UCM.

Además, De Sola alerta de la tendencia creciente que ha adoptado esta adicción que “cada vez interfiere más en la vida cotidiana”. 

Junto con la UCM, en el estudio participan el Hospital Universitario 12 de Octubre (Madrid), el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga y la Universidad San Ignacio de Loyola (Perú).