La palabra escrita

Con ella, el hombre brinda a los demás lo mejor de sí mismo y a su vez ellos están en liberta de aceptarla cuando así lo deseen, de rechazarla o de buscarla de nuevo.

Unas cuantas hojas de papel, cosidas entre sí y llenas de signos, pueden expresar el pensamiento, el sentido, la emoción e incluso la emoción de la vida misma.

Constituye un milagro de la comunicación, un contacto directo entre una mente y otra a través del tiempo y del espacio, que no tiene igual.

Mientras los hombre piensen y sientan la necesidad de compartir sus pensamientos, seguirán existiendo libros.

(No recuerdo el origen, lo encontré en el baúl de los recuerdos)

    LA PALABRA DICHA

La palabra se levanta
de la página escrita.
La palabra,
labrada estalactita,
grabada columna,
una a una letra a letra.
El eco se congela
en la página pétrea.

Ánima,
blanca como la página,
se levanta la palabra.
Anda
sobre un hilo tendido
del silencio al grito,
sobre el filo
del decir estricto.
El oído: nido
o laberinto del sonido.

Lo que dice no dice
lo que dice: ¿cómo se dice
lo que no dice?
Di
tal vez es bestial la vestal.

Un grito
en un cráter extinto:
en otra galaxia
¿cómo se dice ataraxia?
Lo que se dice se dice
al derecho y al revés.
Lamenta la mente
de menta demente:
cementerio es sementero,
simiente no miente.

Laberinto del oído,
lo que dices se desdice
del silencio al grito
desoído.

Inocencia y no ciencia:
para hablar aprende a callar.

autógrafo
Octavio Paz