Deber

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Time to take sexually transmitted infections seriously

Over the past few decades, most sexually transmitted infections (STIs) have been viewed as the poor relations of HIV and, more recently, viral hepatitis. STIs have been paid little attention and accorded only peripheral interest because the safe-sex messages related to HIV have been assumed sufficient to keep them under control. However, this lack of focus beyond those directly involved with the field is leading the health-care community perilously close to disaster. A report published on July 14, by the US Centers for Disease Control and Prevention highlighted that high levels of antibiotic resistance in the USA might soon make gonorrhoea untreatable. This warning is in addition to the fact that Neisseria gonorrhoeae is already among WHO’s bacteria of international concern due to reports of resistance for all commercially available treatments.

Antibiotic-resistant gonorrhoea is not unique to the USA; in a recent letter in The Lancet, Nigel O’Farrell outlined the growth of azithromycin-resistant gonorrhoea in the UK and posited a potential mechanism through which this occurred. He says that the UK chlamydia screening programme, started in 2003, promoted the treatment of chlamydia with 1 g azithromycin; however, the long half-life of the drug might have led concurrent undiagnosed gonorrhoea to be exposed to subtherapeutic levels leading to the development of drug resistance.

In addition to the potential for STIs to become untreatable they pose a serious risk to patients. An Article in this issue of The Lancet Infectious Diseases by Bethan Davies and colleagues quantifies the serious complications attributable to chlamydia infection. Specifically, they explore the risk of reproductive complications following chlamydia testing in Denmark. That chlamydia infection is linked to reproductive complications in women is uncontroversial, but this study finds that a single diagnosed infection increases the risk of complications and that subsequent infections compound this risk. Therefore, there is a need for more than reactive programmes to counter chlamydia. Instead, the focus should be on prevention of first and repeat infections, clearly a more intensive approach than test and treat.

Acknowledged in the study by Davies and coworkers is that chlamydia infection alone might not be the whole story when it comes to the link between infection and serious reproductive complications. As noted by O’Farrell, chlamydia infection can be accompanied by undiagnosed gonorrhoea. These interconnections add to the difficulties in effectively preventing STIs and their complications. To avoid the pitfalls of a solely reactive strategy, it is essential to monitor disease transmission. The common approach to tracking disease networks is through partner notification, a system that is often found wanting. Fortunately, newer techniques are becoming available to public health authorities.

Currently online in The Lancet Infectious Diseases, an Article by Dilrini De Silva and colleagues presents the use of whole-genome sequencing to establish the transmission pattern of gonorrhoea in a UK town (Brighton). Through the use of this method, widespread patterns of transmission were identified including links between cases generally undetectable via traditional partner notification. Also shown was that these networks of transmission crossed regional and national boundaries, thus making it clear that to deal effectively with STIs a multidisciplinary multinational approach is needed.

In May, the World Health Assembly adopted the WHO global strategy on STIs—covering the period 2016–21. Throughout the text the need for political commitment is stressed. However, it will be difficult to ensure this commitment while STIs are still stigmatised as diseases of indiscretion or dubious morality, which are unfounded labels that the HIV community must also contend with to maintain political commitment. In simple terms, it is the familiar portrayal of STIs as infections of the other that undermine progress.

Successfully tackling STIs will be no small undertaking. As for the major global infectious diseases, only coordinated international efforts will genuinely bear fruit. To succeed, this coordination will need policy makers to be aware of the true dangers of these infections, making it particularly important to highlight work such as that of Davies and colleagues. To contribute to filling the gaps with regard to STI strategies, The Lancet Infectious Diseases will be publishing a Commission on this topic in 2017. This Commission will explore the challenges faced by this field and highlight ways ahead.

 

Tina Modotti

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Assunta Adelaide Luigia Modotti
Fotógrafa italiana

Nació el 17 de agosto de 1896 en UdineItalia.

Hija de Giuseppe Modotti y Assunta Mondini, una de cinco hermanos. A los 12 años tuvo que abandonar la escuela y trabajar en una fábrica textil para ayudar a su familia. A los 17 años emigró a la ciudad de San Francisco. En 1915 (19 años) se casó con el poeta Roubaix de L’Abrie Richey. Después se desplazó a Hollywood, donde incursionó en el campo de la actuación, actividad recurrente en la carrera de Tina. En 1921 conoció a Edward Weston, fotógrafo norteamericano que le enseñó a usar la cámara y con quien se trasladó a México, donde conoció a Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.

Entre 1923 y 1930 trabajó para diversos periódicos al tiempo que hacía de modelo para Rivera.

Se hizo miembro de Partido Comunista en 1927. Su compromiso político la llevó primero a Moscú y más tarde, entre los años 1936 y 1939, a España, donde tomó parte en la Guerra Civil española como miembro del Socorro Rojo. En 1939 volvió a México.

Christiane Barckhausen, autora de la biografía Verdad y leyenda de Tina Modotti (La Habana, 1989), encontró no pocos inesperados obstáculos. Y muchos de los prejuicios que a lo largo de su vida habían acompañado a Tina. Cuando pidió consultar el registro de familia en Údine –fue en 1985 y faltaba poco para el término de la Guerra Fría– le permitieron fotografiar el certificado de nacimiento de Tina y otros documentos, pero el funcionario no dejó de advertirle: «Aquí no se ve bien que se hagan investigaciones sobre esta persona. Parece que tuvo una vida muy inmoral.»

La última exposición fotográfica, titulada La primera exposición revolucionaria fotográfica en México (1929), la consagró definitivamente pero a la vez sancionó el adiós a aquel arte. Desde entonces hubo solamente la Tina comunista. Había pasado de la contemplación estética de los objetos, del contar la historia a través de la cámara, a la participación directa. Ya desde hacía mucho, de todas formas, se había entregado a las batallas internacionalistas y antiimperialistas: había militado como voluntaria en Socorro Rojo, en Estados Unidos había luchado por la liberación de los anarquistas italianos Sacco y Vanzetti y se había integrado al movimiento sandinista colaborando con el Comité Manos fuera de Nicaragua. En 1927 se había inscrito al Partido Comunista, una elección que condicionó también su vida sentimental: sus compañeros fueron, desde entonces, compañeros de lucha política además que de vida. Cuatro años después de la muerte de Mella, fue tildada de estar involucrada en el atentado al entonces presidente mexicano Pascual Ortiz Rubio y expulsada de México.

Del D.F. viajó hacia Europa pero de paso se quedó tres días en La Habana, donde fue acogida con gran cariño, y acompañada a su barco por un despliegue impresionante de botes y chalanas: no era solamente la compañera Modotti sino que la mujer de uno de los revolucionarios más queridos en Cuba. En Moscú, adonde llegó después de haber estado en Holanda y Alemania, fue recibida por Vidali, quien al poco tiempo devendrá su compañero.

Hasta 1935 vivió entre Moscú, Varsovia, Viena, Madrid y París, prestando auxilio a los perseguidos políticos.

En julio de 1936, cuando estalló la Guerra Civil en España, adoptó el pseudónimo María y se fue a Madrid con Vidali, entonces Carlos J. Contreras, el célebre Comandante Carlos del Quinto Regimiento. Colaboró a la organización del II Congreso de los Escritores Antifascistas en Valencia-Madrid-Barcelona-París 1937 y promovió la publicación de Viento del pueblo, poemas de Miguel Hernández.

Después de la derrota republicana en 1939, abandonó España y volvió a México, bajo falso nombre, junto con Vidali también bajo pseudónimo. Los últimos años fueron marcados por su precaria salud y los vivió casi en clandestinidad (ya que pesaba sobre ella su anterior expulsión de México).

«Cuando quiero recordar a Tina Modotti debo hacer un esfuerzo, como si tratara de recoger un puñado de niebla. Frágil, casi invisible», así la describe el poeta en Confieso que he vivido. El comunista Neruda no podía no toparse con la «revolucionaria italiana» a lo largo de sus años mexicanos (fue nombrado Cónsul en Ciudad de México en 1940), y por supuesto con Vittorio Vidali, el célebre activísimo militante comunista, estalinista de tomo y lomo, el legendario Comandante Carlos del 5º Regimiento y de las Brigadas Internacionales en la guerra civil española, quien fue el último compañero de Modotti.

Tina Modotti falleció de un ataque cardiaco en Ciudad de México el 5 de enero de 1942.

Frida y Diego

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Mujer con Bandera 1928

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