Gento Penguin

Gentoo Penguins Pygoscelis papua are found all around the Antarctic peninsula, and populate many islands in the Southern Ocean. Gentoos can travel faster underwater than any other diving bird, reaching 22 mph! But the grace that they have in the water does not translate to land, where Gentoo Penguins meet in large colonies and waddle awkwardly as other penguins do.

Adults spend the entire day hunting, and sometimes venture as far as 16 miles offshore in search of food. While hunting prey, they can remain underwater for up to seven minutes at a time. Their predators in this area are leaopard seals, sea lions, and orcas. They are classified by the IUCN Red List as ‘Near-Threatened’ as humans have had an influence on their prey source (through fisheries), and these animals are subject to predation both in the water, and on land from Skuas and other birds of prey.

Learn more about the incredible marine life in our world’s oceans by visiting us at: www.theterramarproject.org

Photo: Andrew Shiva /Wikimedia Commons 

NGC 6818

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El Telescopio Espacial Hubble de la NASA / ESA había fotografiado a NGC 6818 antes, pero volvió a mirar esta nebulosa planetaria, con una nueva mezcla de filtros de color, para mostrarlo en toda su belleza. Al mostrar su impresionante color turquesa y los tonos de cuarzo rosa en esta imagen NGC 6818 hace honor a su nombre popular: La Nebulosa de la Pequeña Gema.

Esta nube de gas se formó hace unos 3.500 años cuando una estrella como el Sol llegó al final de su vida y expulsó sus capas exteriores al espacio. A medida que las capas de material estelar se extendían desde el núcleo, el remanente estelar blanco en el centro de la imagen, terminaron adquiriendo formas inusuales.

NGC 6818 presenta filamentos nudosos rosados ​​y dos capas turquesas distintas: una región interna brillante y ovalada y, envuelta sobre ella como una tela escarpada, una región externa esférica.

La estrella central tiene un débil compañero estelar a 150 unidades astronómicas de distancia, o cinco veces la distancia entre el Sol y Neptuno. Puedes hacer esto sobre la imagen: si realizas zoom cerca del centro de la imagen, el centro nebular, notarás un punto blanco que no es perfectamente redondo, sino dos puntos muy cercanos juntos.

Con un diámetro de poco más de medio año luz, la nebulosa planetaria en sí es aproximadamente 250 veces mayor que el sistema binario. Pero el material de la nebulosa todavía está lo suficientemente cerca de su estrella madre para que la radiación ultravioleta que la estrella libera ionice el gas polvoriento y haga que brille.

Los científicos creen que la estrella también libera un flujo de partículas de alta velocidad, un viento estelar, que es responsable de la forma oval de la región interna de la nebulosa. El viento rápido barre el gas polvoriento que se mueve lentamente, perforando su burbuja interna en los extremos ovales, visto en las esquinas inferior izquierda y superior derecha de la imagen.

NGC 6818 se encuentra en la constelación de Sagitario y está a unos 6.000 años luz de la Tierra. Fue fotografiada por la cámara planetaria de campo ancho 2 del telescopio espacial Hubble en 1997, WFCP2, y otra vez en 1998 y 2000 usando diversos filtros del color para destacar diversos gases en la nebulosa.

Créditos:
ESA/Hubble & NASA; Reconocimiento: J. Schmidt.

Child and adolescent health: greater than the sum of its parts

These advances have necessitated the transformation of paediatrics from a singular clinical specialty to its current status as an umbrella term for an array of subdisciplines. Many paediatricians now practice predominantly within subspecialties such as neonatal critical care or neuroradiology. This fragmentation of the field has been advantageous—encouraging paediatricians to subspecialise has allowed many to develop a micro level of expertise such as that necessary for the expert review in this issue on paediatric palliative oncology. However, multidisciplinary collaborations are crucial in paediatrics, as many children present with complex, varied needs and comorbidities. Advances in neonatal medicine mean that extremely premature infants are now surviving into adolescence and beyond, but the sequelae of prematurity can be numerous.

Children born with congenital syndromes often face multisystem complications, as do those living with a chronic disease. By necessity, many paediatric hospitals now provide exemplary cross-departmental collaborations between specialised paediatricians to facilitate appropriate management of each unique child in their care.

Such cooperation is beneficial in the clinic, but care of the whole child must reach beyond even multidisciplinary paediatrics. Child health encompasses the physical and mental wellbeing of each individual, whether they are healthy or have a complex milieu of medical needs, whether they are a 10-week-old fetus or a 14-year-old adolescent, or whether they live in an affluent European town or a sub-Saharan refugee camp. The wellbeing of these children transcends their genetic make-up, their lung function or blood glucose level, or their verbal capacity. It includes their rights and protection, their access to education, their family and social environment, their mental wellbeing, and so much more beyond.

The Lancet has demonstrated its commitment to improving child health through numerous seminal projects such as the first Child Survival Series in 2003, and the Early Child Development Series published in 2016. The Lancet group continues to collaborate with various global partners on child health projects, and is currently working on the Countdown to 2030 goals for improved global maternal, neonatal, and child health.

In 2007, The Lancet propelled the fledgling discipline of adolescent health onto the global stage, emphasising the need to focus on this at-risk population. Last year, the Our future commission highlighted the 1·8 billion adolescents worldwide who face multiple health and lifestyle challenges, including heightened risks of death and injury from road traffic accidents and mental health issues such as self-harm. Even in this comparatively young subdiscipline of paediatrics, the need for collaborative effort was immediately recognised. At this year’s Society for Adolescent Health and Medicine annual meeting, the Society demonstrated exemplary interdisciplinary working between paediatricians, adolescent medicine specialists, psychologists, social workers, educators, and crucially, the adolescents themselves.

Paediatrics and child and adolescent health, as a united body, are far greater than the sum of their parts. The Lancet Child & Adolescent Health is committed to giving a platform to these diverse but allied disciplines. We aim to provide a home for the highest quality research and opinion, and endeavour to unite and engage the varied experts and all they encompass. It is imperative that all partners within the discipline document and share their expertise to facilitate the best care for patients and an optimal state of personal wellbeing for all children and adolescents. We aim to be a vital voice for improving young lives, and we invite you to join us in this challenge to secure their future.

For the Child Survival Series see

http://www.thelancet.com/series/child-survival

For the Early Child Development series see

http://www.thelancet.com/series/ECD2016

For Our future: a Lancet commission on adolescent health and wellbeing see

http://www.thelancet.com/commissions/adolescent-health-and-wellbeing

¿Por qué podemos ver lo falso como verdadero?

Autor: Daniel Flichtentre Fuente: IntraMed 
“Las ideas se tienen; en las creencias se está” (Ortega y Gasset)

*Con admiración y agradecimiento al sabio Mario Bunge

Hay preguntas que casi nunca nos hacemos. El sentido común da por probadas muchas de nuestras creencias y eso nos permite transitar por la vida con una seguridad que tranquiliza, aunque no tenga fundamentos. Abundan las investigaciones que demuestran que las personas creen que saben cómo funciona un lavarropas o la cisterna de un inodoro, pero cuando se les pide que lo expliquen no pueden hacerlo. Lo creían sinceramente sin habérselo preguntado jamás. Formularnos ciertos interrogantes acerca de cosas que lucen obvias y auto-evidentes nos saca del sueño narcótico de nuestra zona de confort. Es una experiencia a menudo amenazante, dolorosa, pero siempre necesaria.

La reflexión acerca de nuestros propios procesos mentales es infrecuente. Nos enfrenta a cosas acerca de las que creíamos no tener dudas pero de las que no tenemos pruebas. La meta-cognición es la base del escepticismo saludable y táctico. Pensar acerca de nuestro propio pensamiento es una forma de “higiene mental” reflexiva que nos protege de las falsas creencias y de las prácticas infundadas.

Tenemos una tendencia a buscar y encontrar patrones e improvisar teorías y narraciones. Al intentar dar sentido al mundo formulamos teorías y buscamos información que las confirme. Todo lo que sea ambiguo lo interpretamos a favor de nuestra teoría y desechamos lo que no encaja escondiéndolo -de nosotros mismos- en una zona de penumbra cognitiva. De se modo construimos una falsa sensación de conocimiento y seguridad que hace que nos moleste y nos enoje que alguien nos discuta o nos demuestre que estamos equivocados. Sesgo de confirmación, razonamiento motivado y muchos otros desvíos del pensamiento tienen como función impedir que la realidad nos saque de nuestra zona de confort.

¿Cómo pensamos? ¿Por qué podemos ver lo falso como verdadero?

“No todas las explicaciones que ofrezcan lo que se llama vagamente “satisfacción intelectual” son científicas”. Mario Bunge

La forma más sofisticada del pensamiento humano es el pensamiento crítico, en particular cuando se aplica sobre nuestras propias creencias. Hacerlo supone poner en duda lo que suponíamos indudable, cuestionar lo que imaginábamos incuestionable, desnudar las bases endebles sobre las que suelen transitar nuestras propias creencias. En medicina esta práctica es una obligación, un compromiso para con nuestros pacientes y para con nuestro propio desempeño.

Sobran los motivos por los cuales podemos ver lo falso como verdadero. Sesgos, falacias y otros desvíos cognitivos nos acechan por todos lados. Sin un estado de permanente alerta podemos caer con facilidad en este peligroso equívoco. Hace muchas décadas que la ciencia ya no se define como un conocimiento cierto e indudable (episteme) sino como “opinión justificable” mediante pruebas. La certidumbre definitiva es el territorio del dogma, no el de la ciencia. Sin embargo hay malentendidos relacionados con las palabras, falsos sinónimos que simulan nombrar lo mismo pero que no lo hacen.

  • Verdad: El concepto de verdad es semántico, se refiere a las proposiciones no a los hechos. No existen hechos verdaderos o falsos, los hechos solo pueden ser reales o ficticios. Lo verdadero y lo falso es lo que se dice acerca de ellos (proposiciones).
     
  • Plausibilidad: El concepto de plausibilidad es gnoseológico. Describe una idea que se sustenta en el conocimiento disponible, algo que podría ser y que merece ser puesto a prueba para confirmar la hipótesis o para refutarla.
     
  • Credibilidad: Es un concepto psicológico. Es el modo en que una persona recibe una afirmación, creyendo en ella. Nada dice de su grado de verdad, ni siquiera de su plausibilidad.

De este modo no nos costará nada encontrar en la vida cotidiana ejemplos de afirmaciones que son perfectamente plausibles y muy creíbles, pero falsas. Estas confusiones facilitan que consideremos verdaderas ideas que no lo son y, más grave aún, que actuemos en consecuencia.

Pensar críticamente es una puesta en acción de un modo de reflexionar acerca de lo que intuitivamente consideramos una “verdad indiscutible”. Es un despliegue sistemático y pormenorizado de un razonamiento que reclama pruebas e indaga en los orígenes de las creencias, desarticula paso a paso la historia de una afirmación que pocos se animan a poner en duda. Pone al sentido común bajo permanente sospecha.

“Lo corriente en el hombre es la tendencia a creer verdadero cuanto le reporta alguna utilidad. Por eso, hay tantos hombres capaces de comulgar con las ruedas del molino”. Antonio Machado, “Juan de Mairena”

¿Por qué esto debería importarnos en medicina?

Los ejemplos abundan, algunos han resultado catastróficos y, lejos de ser una cuestión del pasado, afectan nuestra práctica todos los días. Las hipótesis fisiopatológicas resultan muy atractivas porque coinciden con nuestros esquemas mentales acerca del funcionamiento del cuerpo humano (plausibilidad), esto hace que tendamos a aceptarlas (credibilidad) incluso antes de que se pongan a prueba. Lo “razonable” no siempre es “racional”. La realidad biológica es mucho más compleja que nuestros esquemas acerca de ella. Sin pretender hacer un análisis exhaustivo de la historia de estos equívocos podríamos mencionar algunos a modo de ejemplo solo para demostrar que no estamos hablando de un tema abstracto y alejado de la práctica sino de uno cotidiano.

  • Recomendamos a los padres poner a los bebés a dormir boca abajo para prevenir la muerte súbita; pero ese consejo la incrementó.
  • Recomendamos tratar con fármacos las arritmias premonitorias de fibrilación ventricular en el infarto de miocardio; pero eso aumentó la mortalidad (murió más gente por este motivo que en la guerra de Vietnam).
  • Recomendamos la terapia de remplazo hormonal en mujeres post-menopáusicas para reducir las co-morbilidades de ese período “normal” de la vida, en especial las cardiovasculares; pero eso incrementó la mortalidad, la trombosis y el cáncer hormono-sensible.
  • Recomendamos reducir el consumo de grasas (por su contenido calórico) para reducir la obesidad creciente; pero eso incrementó el consumo de carbohidratos refinados con lo que se multiplicaron de manera epidémica tanto la obesidad como la diabetes y la esteatosis hepática.
  • Admitimos que la personalidad neurótica de las madres era la causa del autismo; pero eran los genes y las alteraciones estructurales del desarrollo cerebral.
  • Acepamos que el stress crónico causaba úlcera gástrica; pero era el Helicobacter pylori.
  • Nos pareció “aberrante” emplear beta bloqueantes en la insuficiencia cardíaca ya que su acción inotrópica negativa contradecía la fisiopatología conocida; pero resultaron extraordinarios, salvaron vidas y hoy son una indicación obligatoria en ese cuadro.
  • Nos pareció razonable que el control intensivo de la glucemia en diabéticos era la mejor estrategia para reducir complicaciones; pero aumentaron, incluida la mortalidad.
  • Creímos que el síndrome de fatiga crónica era una manifestación moderna de la histeria; pero se trataba de una encefalomielitis miálgica con grave alteración del umbral de sensibilidad central al dolor e incapacidad para oxidar glucosa como sustrato energético, trastornos graves de la inmunidad y alteraciones de la función mitocondrial.
  • Se sigue repitiendo que aumentar el consumo de fibras resuelve la constipación cuando hay evidencia de que eso ocurre al reducirlo; o que su consumo protege del cáncer de colon cuando varias revisiones (incluida una de la Colaboración Cochrane) han demostrado que eso no se ha probado jamás.