Las tumbas perdidas de Omán, en National Geographic

Doble página de entrada en la revista National Geographic de mi artículo sobre las misteriosas torres-tumba de 5.000 años de antigüedad en las montañas Al-Hajar ash-Sharqiyah, Omán
Autor: Oriol Alamany Sesé
Reblogueado de: http://blog.alamany.com/2015/04/torres-tumbas-de-oman-national-geographic.html
Las revistas National Geographic España y NG Portugal acaban de publicar en sus respectivos números de mayo 2015 mi reportaje (fotografías y texto) sobre las intrigantes torres tumbas que fueron descubiertas hace pocos años en las escarpadas montañas de Omán. Me gusta cuando una revista apuesta por la publicación de un proyecto personal complicado e inusual, y más si es del prestigio de National Geographic. En este caso se repite lo sucedido con mi trabajo fotográfico sobre la isla de Socotra (Yemen) que realicé en 2009 y dio como resultado dos reportajes en esa misma revista.
En esta entrada voy a relatar la trastienda de este proyecto personal, un poco al estilo “Así se hizo”. Y aprovecho para mostraros otras fotografías que no aparecen en la revista.
A lo largo del año 2013, cuando me documentaba para nuestro viaje de mes y medio por Omán (Puedes leer el relato del viaje en este mismo blog), vi en un libro la fotografía de unas curiosas torres que se levantan en las montañas omaníes. Aficionado como soy a las culturas antiguas, investigué un poco y localicé al menos tres conjuntos de estas torres en distintas localidades de este país arábigo: una de ellas (Bat) es bien conocida, la segunda (Al-Ayn) lo es bastante menos, pero ambas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y la tercera (Shir) con más de sesenta torres, y que más me atrajo es remota, desconocida por la ciencia hasta los años 90 y enclavada en un paraje de difícil acceso. Lo más complicado en aquel primer momento fue descubrir cual era su situación exacta, pero ni nos imaginábamos las complicaciones que tendríamos para llegar al enclave.

Las torres cónicas de Shir

Un día, releyendo los capítulos dedicados a Omán en el libro Los árabes del mar (2006),  del fotógrafo y escritor Jordi Esteva identifiqué ese lugar en su evocativo relato:
         

Ascendimos lentamente con la marcha reductora por una pendiente de guijarros que acababa en un cielo donde evolucionaban las rapaces, Abajo, la aldea se hacía cada vez más pequeña y yo procuraba no entretener mi vista en el abismo. (…)           
         
Y en el borde del precipicio, desde el que se dominaba una sucesión de cadenas montañosas sin fin, se elevaban alineadas una docena de torres de piedra de unos diez metros de altura, construidas en forma de cono. De lejos asemejaban la vanguardia de un ejército de gigantes que hubiera sido petrificado por el mismo dios vengativo que muy abajo, en el llano, había detenido aquel océano de magma. (…) 
         
Aquél bien podía haber sido el escenario donde Yahvé detuvo en el aire el brazo de Abraham en el momento en que se disponía a sacrificar, puñal en alto, a su propio hijo. Por nada en el mundo, me dije, me quedaría solo en aquel lugar. Y no debí ser el único porque justo cuando se levantaba un repentino viento fresco que, al penetrar en las torres cónicas, producía un ulular disonante, todos se dirigieron hacia los coches para iniciar el lento descenso.”

En este pasaje Esteva se refería sin duda a las torres de Shir que yo pretendía visitar y fotografiar.


Bajo un silencio espectral, una inquietante sensación se adueñaba de mí mientras fotografiaba estas tumbas a la luz de las estrellas y la luna, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 3200, 14 mm f:2.8, trípode
© Oriol Alamany


Eulàlia y yo estuvimos en Omán de septiembre a diciembre de 2013. El 25 de noviembre nos llevó varias horas de 4×4 llegar a las torres cónicas de Shir, por unas pistas de piedras que ella y yo coincidimos en que fueron las más duras que jamás habíamos recorrido. En un momento dado el camino desapareció junto a unas casas construidas aprovechando unas cuevas y le preguntamos a un chico por donde seguía la ruta. Nos señaló el lecho de un barranco tapizado de grandes pedruscos. Yo no me lo podía creer. ¿Por allí podía pasar un coche? Luego descubrí que aquel trayecto tampoco sería el peor de los que recorreríamos.

Transcribo un segmento del texto de mi artículo en National Geographic“.

“Localizar el conjunto de tumbas-torre de Shir no era tarea fácil. La información de que disponíamos sobre ellas era escasa más allá de algunos artículos científicos. Debíamos recorrer el complejo entramado de pistas pedregosas que atraviesa el macizo Al-Hajar ash-Sharqiyah que se levanta al noroeste del país, unas montañas que cuya cima más elevada supera los 2.220 metros de altitud. Son pistas de vértigo no aptas para temerosos, sólo transitables con un buen vehículo 4×4 y experiencia en su conducción. 

Dejamos atrás la luminosa costa del golfo de Omán armados con un mapa general, los artículos publicados en 1998 por el arqueólogos Paul Yule y Gerd Weisgerber y un GPS. Acompañados del vuelo de alimoches y buitres orejudos, nuestro vehículo superó unos vertiginosos zigzags que en escasos kilómetros nos elevaron del nivel del mar hasta un elevado altiplano de más de 1.000 metros de altitud. Allí empezó la aventura de recorrer las abruptas montañas en busca de las torres cónicas. (…).
Después de varias horas de conducción arriesgada, muchos baches y bastantes sudores fríos, mi compañera y yo divisamos la primera de las torres, erguida en la cumbre de un altozano de piedra calcárea de 1.800 metros de altitud arropado por las nubes bajas. Ascendimos a pie hasta ella y nos acercamos con una mezcla de respeto y desasosiego. Su estado de conservación era extraordinario. Cerca de 5.000 años habían transcurrido desde que los habitantes de la tierra de Magan apilaran piedra sobre piedra hasta crear la imponente construcción en forma de cono truncado de más de 6 metros de altura y 5,75 de diámetro en honor a no sabemos quien. ¡Su origen, al parecer, es más arcaico que la más antigua de las pirámides de Egipto!”

 Las nubes se agarran a las montañas de Jebel Al-Hajar, vistas desde el altiplano donde se levantan las torres de la Edad de Bronce, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 70-200 mm f:2.8L IS II, trípode
© Oriol Alamany
Fue para mi una sensación muy especial estar junto a las torres-tumba, como esta en ruinas en una cresta batida por el viento, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 17-40 mm f:4L
© Eulàlia Vicens

Tal y como relaté en mi artículo sobre el viaje a Omán en este blog, Eulàlia y yo viajábamos y dormíamos en un Nissan Pathfinder alquilado. Así que una vez alcanzado el núcleo principal de tumbas, instalamos nuestro campamento y luego pasé la tarde fotografiándolas, trípode en ristre. El viento desplazaba las abundantes nubes creando efectos de luz y sombra ideales para la fotografía. También lo hice por la noche, a veces pintándolas con una linterna. Reconozco que con el corazón en un puño, tal era la impresión que aquellas antiguas tumbas ejercían sobre mi a oscuras y en en aquella desolación absoluta.

A la mañana siguiente me levanté muy temprano y, arropado por una gélida niebla, deambulé por el altiplano fotografiando estos antiquísimos monumentos de la Edad de Bronce, vestigios de la Tierra de Magan que vivió del comercio de cobre. ¿Cómo pudo existir una civilización tan floreciente en lo que hoy es un desolado altiplano rocoso?

Acampados en la meseta a 1.800 metros de altitud en las montañas Al Hajar, Omán

Canon EOS 5D MkIII a ISO 100, 70-200 mm f:2.8L IS II, trípode
© Oriol Alamany
Atardecer sobre el abrupto macizo de las montañas Al Hajar, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 100, 70-200 mm f:2.8L IS II, trípode
© Oriol Alamany
A las 6h de la madrugada me levanté para fotografiar las torres de Shir con las primeras luces y envueltas en la niebla, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 70-200 mm f:2.8L IS II, trípode
© Oriol Alamany

Las misteriosas torres tumba envueltas por la bruma matinal, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 100, 17-40 mm f:4L, filtro degradado, trípode
© Oriol Alamany

lamany
Nubes de amanecer sobre una de las tumbas, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 17-40 mm f:4L, trípode
© Oriol A
Eulàlia inspeccionado una de las torres tumba semiderruidas donde se aprecia su doble estructura interior, montañas Al Hajar, Omán
Canon EOS 5D MkIII a ISO 200, 17-40 mm f:4L, filtro polarizador
© Oriol Alamany
Tras inspeccionar y fotografiar este núcleo de torres, pensamos que nos sería imposible retroceder por la intransitable ruta que habíamos llegado hasta ahí. Habíamos hecho algunos tramos de bajadas que me veía incapaz de subirlas de nuevo con el 4×4. El mapa señalaba que más adelante encontraríamos otra pista proveniente del interior del país que ya habíamos recorrido sin demasiados problemas unas semanas antes. Así que escogimos esa ruta para descender de las montañas. Pero las lluvias que habían azotado el país hacía pocos días habían destrozado las vías de comunicación y nos llevó buen número de horas y de baches descender hasta alcanzar con alivio la primera población en las llanuras interiores del país.

Las tumbas de Al-Ayn y Bat

En los días siguientes visitamos otros núcleos de torres, todos ellos de acceso mucho más fácil, aunque a veces tampoco fáciles de encontrar. Las de Al-Ayn destacan por la belleza del enclave, con el imponente macizo de Jebel Misht de 2.090 metros de altitud como decorado de fondo. Tras unos días el reportaje estaba completado y de regreso a casa y tras preparar y seleccionar el material tan sólo faltaba encontrar un editor a quien le atrajera el tema.

Ahora ya puedes leer el texto y ver las fotografías del reportaje en el número de mayo 2015 de las revistas National Geographic en sus ediciones española y portuguesa.

PD agosto 2015: El artículo está online en la web de National Geographic.

NGC 6369: The Little Ghost Nebula

Image Credit: Hubble Heritage Team, NASA

Wraith like NGC 6369 is a faint apparition in night skies popularly known as the Little Ghost Nebula. It was discovered by 18th century astronomer Sir William Herschel as he used a telescope to explore the medicinal constellation Ophiucus. Herschel historically classified the round and planet-shaped nebula as a Planetary Nebula. But planetary nebulae in general are not at all related to planets. Instead they are gaseous shrouds created at the end of a sun-like star’s life, the dying star’s outer layers expanding into space while its core shrinks to become a white dwarf. The transformed white dwarf star, seen near the center, radiates strongly at ultraviolet wavelengths and powers the expanding nebula’s glow. Surprisingly complex details and structures of NGC 6369 are revealed in this tantalizing image composed from Hubble Space Telescope data. The nebula’s main round structure is about a light-year across and the glow from ionized oxygen, hydrogen, and nitrogen atoms are colored blue, green, and red respectively. Over 2,000 light-years away, the Little Ghost Nebula offers a glimpse of the fate of our Sun, which could produce its own planetary nebula about 5 billion years from now.