Venera 9 llega a Venus

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Lanzada el 8 de junio de 1975, la nave Venera 9 (Венера-9, designada por el fabricante como 4V-1 No. 660) también conocida como Venus 9, integrante del programa Venera, estaba compuesta por un orbitador y un módulo de aterrizaje.

El 20 de octubre de 1975, el módulo de aterrizaje se separó del orbitador e inició el descenso. El aterrizaje se produjo con el Sol cerca del zenit a las 05:13 UTC del 22 de octubre. La Venera 9 aterrizó dentro de un radio de 150 km del punto 31°01′N 31.01°N 291.64°E cerca de la Beta Regio, en una pendiente de 20° de inclinación cubierta de rocas (se sospecha que la pendiente forme parte del valle tectónico conocido como Aikhulu Chasma). La sonda de aterrizaje pesaba 1.560 kg al inicio de la entrada atmosférica. Una vez llegada a la superfície, su peso era sin embargo de 660 kg

Un sistema de circulación de fluido fue usado para distribuir el calor. Este sistema de pre-enfriamiento previo a la entrada, permitió la operación de la nave por 53 minutos después del aterrizaje. El aterrizaje se produjo a cerca de 2.200 km del posterior lugar de aterrizaje de la Venera 10.

Fue la primera astronave que envió a la Tierra una imagen de la superficie de otro planeta.

Se hizo uso de un sistema de fluido circulante para distribuir el calor. Este sistema permitió que el módulo funcionara durante 53 minutos después de aterrizar, a la vez que se perdía el contacto por radio con el orbitador. Durante el descenso, la disipación de calor y deceleración fue secuencialmente conseguida gracias a las cubiertas semiesféricas de protección, tres paracaídas, un freno aerodinámico en forma de disco y el sistema de amortiguadores de la sonda. El aterrizaje se produjo a unos 2.200 km de donde aterrizaría la Venera 10.

Tras el fracaso de la sonda Sputnik 7 lanzada hacia Venus el 4 de febrero de 1961 y que no pudo salir de la órbita terrestre, el 12 de febrero de 1961, la sonda espacial soviética Venera 1 (llamada también inicialmente Sputnik 8) se convierte en la primera sonda exitosamente lanzada hacia otro planeta. Un sensor de orientación sobrecalentado provocó la avería de la nave, pero la Venera 1 fue la primera en combinar todas las características necesarias de una nave espacial interplanetaria: paneles solares, antena parabólica para la telemetría, estabilizadores en tres ejes, motor de corrección de rumbo y el primer lanzamiento desde una órbita de aparcamiento. A los 7 días de su lanzamiento, estando a dos millones de kilómetros, las transmisiones se interrumpieron; se calcula que pasó a 100.000 kilómetros de Venus entre el 19 y el 20 de mayo de 1961.

El 22 de julio de 1962 la NASA lanzó la primera misión del programa espacial estadounidense con destino a Venus, la sonda Mariner 1, a bordo de un cohete Atlas/Agena B, pero fue destruida durante el despegue debido a fallos mecánicos. Igualmente fallida resultó la sonda Sputnik 19, similar a la Venera 1 y lanzada por la URSS el 25 de agosto de 1962.

El primer éxito en la exploración venusina no se haría sin embargo esperar mucho más, y así la Mariner 2, que sobrevoló Venus en diciembre de 1962 a una distancia de 34.773 km se convirtió en la primera sonda en transmitir desde las proximidades del planeta. Era una sonda lunar del tipo Ranger modificada que estableció que Venus no tenía campo magnético y que midió las emisiones térmicas de microondas del planeta.

El programa espacial Venera (en ruso Венера, en ocasiones llamadas en occidente Venus, o Venusik por degeneración del vocablo “Sputnik”) fueron una serie de sondas soviéticas a Venus. Las Venera 3-6 estaban destinadas a hacer medidas de la atmósfera de Venus y no tenían ningún sistema especial de aterrizaje por lo que simplemente impactaron sobre la superficie del planeta tras enviar información durante su caída a través de la atmósfera de Venus. La Venera 7 fue diseñada para aterrizar y estudiar la superficie del planeta e hizo un aterrizaje controlado en la superficie de Venus en 1970.

Las sondas Venera fueron las primeras en entrar en la atmósfera de otro planeta, hacer un aterrizaje controlado en otro planeta, en enviar imágenes desde su superficie y en realizar mapas radar de Venus.

Algunas sondas de la serie Sputnik (Satélite), Tyazheliy Sputnik (Satélite pesado) y Cosmos eran pruebas para el programa Venera que al acabar en fracaso no fueron oficialmente incluidas en el mismo. La sonda Zond 1, lanzada en 1964, pese a formar nominalmente parte del Programa Zond, era una nave Venera sin ninguna modificación, y su destino también era Venus. Tras las sondas Venera, los estudios soviéticos sobre Venus continuaron con el Programa Vega, de 1984.

Los siguientes intentos por parte de la Unión Soviética fueron todos fracasos: la sonda Sputnik 20 (lanzada el 1 de septiembre de 1962), Sputnik 21 (12 de septiembre de 1962), Cosmos 21 (11 de noviembre de 1963), Venera 1964 A (19 de febrero de 1964) y Cosmos 27 (27 de marzo de 1964), todas de 890 kg de peso y lanzadas por cohetes A-2e (Molnya) no consiguieron salir de la órbita terrestre y fueron destruidas. La también soviética Zond 1, la primera en incluir un módulo destinado a entrar en la atmósfera de Venus y aterrizar, lanzada el 2 de abril de 1964, correría mejor suerte, iniciando su viaje con normalidad, pero se averió en algún momento tras su última transmisión de telemetría del 16 de mayo, pasando a 100.000 km de Venus el 14 de julio del mismo año, al igual que la Venera 2, que llegó al planeta el 27 de febrero de 1966, pasando a una distancia de Venus de 24.000 km sin conseguir ninguna de las dos enviar datos. Poco después del lanzamiento de la Venera 2 en las últimas semanas de noviembre de 1965, se lanzaron también con el mismo destino las sondas Cosmos 96 y Venera 1965 A, que supondrán sin embargo un fracaso aun mayor al no ser ambas capaces siquiera de abandonar la órbita terrestre.

El 1 de marzo de 1966, la sonda soviética Venera 3 se estrelló sobre Venus, convirtiéndose en la primera nave espacial en alcanzar la superficie del planeta. La cápsula de descenso de la Venera 4 entró en la atmósfera de Venus el 18 de octubre de 1967. Fracasó en su objetivo sin embargo, su gemela, la Cosmos 167. La Venera 4 fue la primera sonda en transmitir datos medidos directamente en otro planeta. La cápsula midió temperaturas, presiones, densidades, y realizó once experimentos químicos para analizar la atmósfera. Sus datos mostraban un 95% de dióxido de carbono, y en combinación con los datos de ocultación de la sonda Mariner 5, mostró que la presión en la superficie era mucho mayor de lo previsto (entre 75 y 100 atmósferas). Estos resultados fueron verificados y refinados por las misiones Venera 5 y Venera 6 los días 16 y 17 de mayo de 1969, aunque ninguna de estas misiones alcanzó la superficie mientras aún transmitían. La batería de la Venera 4 se agotó mientras la sonda aún flotaba lentamente en la masiva atmósfera de Venus, y las Venera 5 y 6 se colapsaron por la alta presión a 18 kilómetros sobre la superficie.

El primer aterrizaje con éxito en Venus lo realizó la sonda Venera 7 el 15 de diciembre de 1970. Esta sonda reveló unas temperaturas en la superficie de entre 457 y 474 grados centígrados. Tras el fracaso de la Cosmos 359, llegó el éxito de la Venera 8, que aterrizó el 22 de julio de 1972. Además de dar datos sobre presión y temperaturas, su fotómetro mostró que las nubes de Venus formaban una capa compacta que terminaba a 35 kilómetros sobre la superficie. Con un espectrómetro de rayos gamma analizó la composición química de la corteza. Una segunda sonda gemela, la Cosmos 482, sin embargo, fracasó durante su lanzamiento.

En febrero de 1974 la sonda Mariner 10 sobrevoló a Venus en su camino de encuentro con Mercurio, fotografiando la atmósfera venusina en ultravioleta, además de realizar con éxito otros estudios atmosféricos.

La sonda soviética Venera 9 entró en la órbita de Venus el 22 de octubre de 1975, convirtiéndose en el primer satélite artificial de Venus. Una batería de cámaras y espectrómetros devolvieron información sobre la capa de nubes, la ionosfera y la magnetosfera, así como mediciones de radar de la superficie realizadas por radar.

El vehículo de descenso de 660 kilogramos de la Venera 9 se separó de la nave principal y aterrizó, obteniendo las primeras imágenes de la superficie y analizando la corteza con un espectrómetro de rayos gamma y un densímetro. Durante el descenso realizó mediciones de presión, temperatura y fotométricas, así como de la densidad de las nubes. Se descubrió que las nubes de Venus formaban tres capas distintas. El 25 de octubre, la Venera 10 realizó una serie similar de experimentos.

La sonda de aterrizaje de la Venera 9 midió la nubes de Venus, que tenían entre 30 y 40 km de grosor, con su base a entre 30 y 35 km por encima de la superficie del planeta. También detectó substancias químicas en la atmósfera de Venus, como hidrocloros, ácido fluorhídrico, bromo, o yodo. Otras de las medidas que tomó incluyen la presión de superficie (90 atmósferas – 9 MPa), la temperatura (485 °C), y los niveles de luz en superficie (comparables a los de los días nublados de la Tierra en latitudes medias).

La Venera 9 fue la primera sonda en enviar a la Tierra fotografías de calidad, en blanco y negro, de la superficie de Venus. En ellas se podían ver sombras, que no había (aparentemente) polvo en suspensión, y una variedad de rocas de entre 30 y 40 cm que no parecía erosionadas. Las fotografías de 360 grados que se querían hacer, no se llevaron a cabo debido a que la tapa del objetivo de la segunda cámara no se abrió, limitándose a 180 grados.

Algunos datos sobre Venus

http://www.geoenciclopedia.com/venus/

Venus es un planeta rocoso, sin satélites y sin anillos. Se trata de un planeta extremo, caliente, seco y con una presión en la superficie 90 veces superior a la terrestre. Es de hecho el planeta más caliente de todos a pesar de no estar más cerca del Sol que Mercurio, y aunque sus dimensiones son muy similares a las de la Tierra, su atmósfera y composición hacen que la vida sea muy poco probable.

Venus es el planeta más caliente de todos a pesar de no ser el más cercano al Sol.

Curiosamente, este planeta interno realiza una rotación en el sentido de las manecillas del reloj, es decir,  de este a oeste. Completa su órbita alrededor del Sol en 224 días y 17 horas terrestres o para fines prácticos, en 225 días. En ocasiones se aleja del astro rey mucho más que Mercurio, lo que ocasiona que preceda al Sol en poco más de tres horas. Un día en Venus dura 243 días terrestres.

Planeta Venus / Imagen cortesía de la NASA

Venus (NASA)

Características generales de Venus

 Diámetro: 12,104 kilómetros.

 Masa: 4.8673 x 1024 kilogramos.

 Volumen: 928,415,345,893 km3.

 Densidad: 5.243 g/cm3.

 Temperatura superficial: 462° centígrados.

Estructura de Venus

Se sabe que el planeta tiene una superficie rocosa gracias a la misión Magallanes de la NASA, que obtuvo información del 98 por ciento del planeta. Anteriormente sólo existían conjeturas, ya que desde el espacio sólo es posible ver las nubes blancuzcas. Ahora se sabe que Venus tiene una superficie sólida que presenta varios tonos de gris, con muchos cráteres y cañones.

› La montaña más alta de Venus es Maxwell Montes, que tiene una altura de casi 11 kilómetros.

Los cráteres miden de 1.5 a 2 kilómetros y no se evidencian más pequeños; pues los meteoritos de menor magnitud son destruidos en la atmósfera antes de que consigan llegar a la superficie. Por ejemplo, el cráter Howe mide más de 23 kilómetros de diámetro. Hay además más de 1,000 volcanes que superan los 20 kilómetros de diámetro, pero no se sabe si están activos.

Los sistemas volcánicos conforman una especie de canales sinuosos que se extienden a lo largo de cientos de kilómetros y que alcanzan los 4,000 kilómetros de longitud. Existen dos áreas de tierras altas: Ishtar Terra en la región norte con un tamaño similar al de Australia; y Aphrodite (Afrodita) Terra, con una longitud de 10,000 kilómetros y un tamaño equiparable al de América del Sur. La montaña más alta es Maxwell Montes, que tiene una altura de casi 11 kilómetros.

Carece de campo magnético pese a poseer un núcleo con un contenido de hierro similar al de la Tierra. 

Cráteres en la superficie de Venus

La atmósfera de Venus

La atmósfera de Venus se compone en mayor proporción de dióxido de carbono, con nubes que presentan gotitas de ácido sulfúrico y cantidades muy pequeñas de agua. Es muy gruesa y densa, lo que ocasiona que después de la llegada del Sol a la superficie, el calor quede atrapado en el planeta.  Es algo similar a lo que ocurre en la Tierra con el “efecto invernadero”, pero en Venus el fenómeno está potenciado.

La presión atmosférica es 90 veces mayor que la de la Tierra. En resumidas cuentas, se trata de un planeta tan caliente que las sondas que han logrado llegar a su superficie no han aguantado las temperaturas durante más de 2 horas. Normalmente, los objetos más pequeños que se acercan al planeta son destruidos en la atmósfera.

– Un día en Venus tiene una duración de 243 días de la Tierra.

-Se le llama el “planeta hermano” de la Tierra debido a la similitud de ambos en cuestiones de tamaño, densidad y masa.

-Venus ha sido explorado por más de 40 dispositivos espaciales.

Textiles suntuosamente hermosos de la India revelan historias dolorosas

Extendido

Artista desconocido. Floorspread , 1630
“The Fabric of India” en el Victoria & Albert Museum de Londres
India ha estado produciendo textiles codiciados desde al menos 4000 AC. Egipto fue un socio comercial temprano, al comprar telas de algodón e hilos teñidos. Cuando el explorador portugués Vasco da Gama estableció una ruta comercial de Europa a la India en 1498, los tejidos locales se convirtieron en una especie de moneda: después de detenerse en el subcontinente, los mercaderes marinos viajaron a Indonesia, donde intercambiaron textiles por especias. En el siglo XVII, los comerciantes holandeses e ingleses exportaban prendas de vestir y decoraciones para el hogar de los comerciantes indios, lo que se volvió muy solicitado en toda Europa.
Si bien los textiles han desempeñado un papel importante en la economía de la India, también ofrecen información sobre cómo se ha desarrollado la artesanía y el estilo del país. Mientras que un ojo por la belleza y una cuidadosa atención al detalle caracterizan todo, desde abrigos de montar bordados exquisitamente hasta telas con estampados florales, estos valores tradicionales también se han revelado atemporales: los diseñadores indios contemporáneos están arriesgando prendas lujosas y atrevidas en formas nuevas y vibrantes.
VARIADAS 064
Cynthia Amnéus
La historia de los textiles indios también refleja de manera crucial el legado del colonialismo. Según Cynthia Amnéus, curadora en jefe y curadora de artes de la moda y textiles en el Museo de Arte de Cincinnati (CAM), en la década de 1600, la dominante compañía británica de las Indias Orientales comenzó a solicitar que los artesanos intercambiaran los motivos tradicionales teñidos de rojo, llamados “tristes” por Europeos: para que el blanco se adapte mejor a los gustos de los consumidores europeos. Los fabricantes indios de telas también comenzaron a producir chintzes (telas de algodón estampadas y esmaltadas e impresas) con motivos inspirados en las tendencias inglesas.
Bordadores de oro

“The Fabric of India” en el Victoria & Albert Museum de Londres
“Cuando los europeos llegaron a la India”, Amneus le dijo a Artsy , “estaban asombrados por los colores de los textiles indios y la solidez y la permanencia del tinte”. Los europeos estaban tan enamorados de los detalles que los gobiernos comenzaron a restringir su importación. En particular, las leyes británicas de Calico de principios del siglo XVIII impusieron aranceles pesados ​​sobre el algodón indio con la esperanza de revitalizar la manufactura nacional.
La diversidad climática y ecológica de la India contribuyó a la impresionante gama de matices encontrados en los textiles del país. Los artesanos utilizaban la cúrcuma (una planta de la familia del jengibre) para elaborar amarillos en negrita; Azules vívidos derivados de las flores índigo. Para asegurarse de que sus colores no se desvanecieran, los tejedores desarrollaron un proceso llamado “mordiente”, que fija los tintes a las telas.
Este mes de octubre, Amnéus montará una exhibición en CAM titulada ” The Fabric of India ” (organizada por el Victoria & Albert Museum de Londres y presentada por primera vez en esa institución en 2015). A través de exhibiciones de trajes de boda, saris, chaquetas para hombres y telas khadi (tejidos a mano, a menudo de algodón o seda) que abarcan desde el siglo XV hasta hoy, el espectáculo investiga, entre otros temas, cómo los textiles indios se convirtieron en símbolos de la identidad y el poder nacionales.
Sabyasachi Mukherjee, Traje de boda femenino, 2015. © Victoria and Albert Museum, Londres.  Cortesía del Victoria and Albert Museum, Londres.
Sabyasachi Mukherjee, Traje de boda femenino , 2015. © Victoria and Albert Museum, Londres. Cortesía del Victoria and Albert Museum, Londres.
Hitesh Rawat y Avanish Kumar para Jiyo !, Ikat Sari, Pochampally, Telangana, 2011. © Victoria and Albert Museum, Londres.  Cortesía del Victoria and Albert Museum, Londres.

Hitesh Rawat y Avanish Kumar para Jiyo !, Ikat Sari , Pochampally, Telangana, 2011. © Victoria and Albert Museum, Londres. Cortesía del Victoria and Albert Museum, Londres.
Más allá de los motivos florales, los textiles indios también ilustran narrativas más amplias. Amnéus mencionó un grupo de telas de los siglos XVIII y XIX (que se podrán ver en la exposición) tejidas con gráficos que cuentan historias épicas y escenas religiosas. Por ejemplo, un textil representa a la diosa Gangamma, con múltiples brazos y ojos abiertos, en medio de guerreras, damas en espera y otras figuras cortesanas. Presentados como tapices, tales tejidos integraban la historia, la leyenda y las creencias hindúes en el arte, y eran más portátiles que enormes esculturas de piedra.
Amnéus explicó que los textiles indios adoptaron un significado particularmente político a principios del siglo XX. En 1858, Gran Bretaña estableció oficialmente su dominio sobre la India. Al mismo tiempo, la era industrial estaba en curso en Gran Bretaña, ya que las fábricas y las nuevas tecnologías transformaron el país. De repente, los textiles británicos se producían de forma más rápida y barata que en la India. Los británicos comenzaron a vender sus tejidos a la India, destruyendo la propia economía de tejido de esta última cuando los artesanos locales competían con las máquinas extranjeras.
La situación se volvió tan grave que el activista Mahatma Gandhi integró un plan de reactivación de artesanías en su plataforma de liberación. Otros líderes nacionales pidieron un boicot a los bienes británicos, pero Gandhi fue más allá, alentando al país a rechazar por completo la industrialización y volver a la artesanía tradicional. “Estoy convencido de que swaraj [autodominio] no puede ocurrir mientras las decenas de millones de nuestros hermanos y hermanas no se acerquen al charkha [rueda giratoria], no giren , no hagan khadi y lo usen”, dijo. Dicho en un discurso de 1924. Gandhi mismo comenzó a tejer y usó tela de khadi. Aunque quizás imbuido de una nostalgia retrospectiva, sus esfuerzos sugirieron cuánta artesanía integral, y en particular la confección de textiles, eran para la identidad india.
Colgar en la pared

“The Fabric of India” en el Victoria & Albert Museum de Londres
En 1947, la India ganó la independencia de Gran Bretaña. Jawaharlal Nehru se convirtió en el primer primer ministro del país y decidió dar la bienvenida a la industrialización. Aunque los diseñadores nacionales utilizaron máquinas modernas, conservaron técnicas de siglos de antigüedad para celebrar la rica historia de la artesanía.
Por ejemplo, según Amnéus, los diseñadores todavía usan bandhani , una técnica de teñido que crea patrones intrincados. En los saris , o en prendas drapeadas y envueltas tradicionales, algunos diseñadores ahora integran facetas modernas como las cremalleras, o crean blusas para acompañarlas. “Vemos a diseñadores como Manish Arora”, dijo Amnéus, “que utiliza artesanos en la India para crear sus prendas muy embellecidas, pero tienen una silueta occidental”. Las ONG también han comenzado a empoderar a los artesanos indios (en su mayoría mujeres) ofreciendo asistencia financiera y Brindando oportunidades para proyectos globales.
Diseñadores contemporáneos como Anita Dongre y Sabyasachi Mukherjee actualizan las siluetas habituales con nuevos patrones, y viceversa. Mukherjee, que se especializa en joyería y adornos florales adornados y bordados (a veces tachonados con diamantes sin cortar, cuarzo rosa, jade y otras piedras), ha transformado los textiles tradicionales de la India en una elegante marca mundial. Dongre hace lehengas (faldas largas) y bandidos (abrigos para hombre) además de culottes y vestidos más casuales. En sus cuentas de Instagram, ambos diseñadores capturan modelos en palacios: la realeza y la historia nacional subyacen en sus campañas, a través de filtros digitales inteligentes. Suntuosos y expresivos, sus prendas sorprendentemente modernas rinden homenaje a la artesanía antigua y la incorporan al siglo XXI.
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Sabyasachi Mukherjee