LAS GRULLAS JAPONESAS, AVES COLOSALES.

Templo de Elegías

2016-11-11-18-10-23El aura de espiritualidad que rodea a la figura de la grulla es famosa en el Oriente. Esta estilizada ave resalta por su elegancia y por estar cargada de una serie de buenas connotaciones que la han hecho ser parte integral de la cultura nipona.

La grulla japonesa, es una singular ave zancuda de más de un metro de alto, agudo pico, largo cuello, cabeza con un tinte rojo, extensas alas y propietaria de un hermoso plumaje blanco y negro que la destaca frente a sus otras hermanas plumíferas.

Sus movimientos elegantes, su agilidad y su fuerte reacción ante el peligro, han sido inspiración durante cientos de años para los cultores de las artes marciales y artistas de la pintura, literatura y poesía.

Durante mimages-1grullailes de años la cultura japonesa ha apreciado a la grulla como símbolo de honor y lealtad. La grulla es un ave majestuosa que se…

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Nobel de la Paz 2018 para Denis Mukwege, el “Doctor Milagro” y Nadia Murad

El ginecólogo congoleño Denis Mukwege es conocido como el “Doctor Milagro” por su capacidad para reparar, mediante la cirugía reconstructiva, el horrible daño infligido a las mujeres que han sido violadas.
https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-45767068
https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=93194&uid=520577&fuente=inews
https://elpais.com/internacional/2018/10/08/actualidad/1539021477_176626.html

Mukwege, de 63 años, estableció hace casi 20 años el hospital Panzi en la ciudad de Bukavu, en el este de la República Democrática del Congo. Fue poco después de su primera experiencia tratando a una mujer que había sido violada y mutilada por hombres armados.

En una entrevista con la BBC, el doctor Mukwege relató la horrible lesión que la paciente había sufrido y contó que no solo la habían violado sino que también habían disparado balas contra sus genitales y muslos.

Su hospital ahora atiende a más de 3.500 mujeres al año. A veces, el médico realiza hasta 10 operaciones por día.

“Inicié un hospital hecho con carpas. Construí una sala de maternidad con un quirófano. En 1998 todo fue destruido nuevamente. Así que comencé de nuevo en 1999”, le dijo a la BBC en 2013.

“El conflicto en la República Democrática del Congo no es entre grupos de fanáticos religiosos. Tampoco es un conflicto entre Estados. Es un conflicto causado por intereses económicos, y la forma en que se está librando es destruyendo a las mujeres congoleñas”, denunció Mukwege.

El este de RD Congo ha sufrido más de dos décadas de conflicto, con numerosos grupos armados luchando por el control de los ricos yacimientos de oro y otros minerales preciosos de la región.

Muchas milicias diferentes han sido acusadas de llevar a cabo la violación indiscriminada de mujeres de la región. En 2010, un alto funcionario de la Organización de Naciones Unidas (ONU) calificó al país como “la capital mundial de la violación”.

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Denis Mukwege y Nadia Murad, Nobel de la Paz 2018 por su lucha contra la violencia sexual en la guerra

Campaña femenina para que regrese

En septiembre de 2012, en un discurso ante la ONU, Mukwege criticó al gobierno del presidente Joseph Kabila y a otros países por no hacer lo suficiente para detener lo que llamó “una guerra injusta que ha utilizado la violencia contra las mujeres y la violación como estrategia de combate”.

El mes siguiente fue atacado por hombres armados que irrumpieron en su casa y retuvieron brevemente a sus hijas como rehenes. Según el sitio web de su organización, un amigo de confianza que era guardia de seguridad fue asesinado durante el ataque. Más tarde huyó con su familia a Suecia y luego a Bélgica.

Regresó a su hogar en 2013 luego de que mujeres locales realizaran una campaña para recaudar fondos para pagar su boleto de regreso.

“Después de ese gesto realmente no pude decir que no. Además, estoy decidido a ayudar a combatir estas atrocidades, esta violencia”, le dijo al programa Outlook de la BBC en 2013.

“Mi vida ha tenido que cambiar desde que regresé. Ahora vivo en el hospital y tomo una serie de precauciones de seguridad, así que perdí algo de mi libertad”, relató. El doctor Mukwege vive actualmente bajo la protección permanente de las fuerzas de paz de la ONU en su hospital.

‘Estaba operando cuando escuché la noticia’

En una breve entrevista con el Comité del Nobel contó que se encontraba en el quirófano cuando llegaron las noticias del premio.

“Fue cuando estaba operando y escuché que la gente comenzó a llorar y fue muy sorprendente”, dijo.

“Puedo ver en la cara de muchas mujeres cuán felices están de haber sido reconocidas y esto es realmente muy conmovedor”, agregó.

Las multitudes reunidas en el hospital celebraron el premio, que Mukwege dedicó a las muchas mujeres que fueron víctimas de violencia sexual.

Aunque se ha peleado con el gobierno de RD Congo, el portavoz gubernamental Lambert Mende felicitó al doctor Mukwege. “Hemos tenido diferencias con (él) cada vez que trató de politizar su trabajo, a pesar de que su labor es importante desde un punto de vista humanitario”.

“Pero ahora estamos satisfechos con el reconocimiento de la Academia del Nobel por el trabajo de un compatriota”, dijo Mende a la agencia de noticias AFP.

Denis Mukwege nació en 1955 en Bukavu. Asistió a la escuela de medicina al otro lado de la frontera, en Burundi, y luego estudió ginecología y obstetricia en la Universidad de Angers, en Francia.

Se inspiró para convertirse en médico después de acompañar a su padre, un pastor, a numerosas visitas para ver a los enfermos.

Ha recibido muchos otros premios internacionales, incluido el Premio de Derechos Humanos 2008 de la ONU. Y en 2009 fue nombrado Africano del Año.

El testimonio de una esclava sexual del Estado Islámico

Nadia Murad se esfuerza por controlar su respiración. Le tiritan las manos cuando se las lleva a la cara para apartarse un mechón de pelo que no hay. Su cuerpo pequeño y delgado, víctima de reiteradas violaciones por miembros del autoproclamado Estado Islámico, aparenta ser el de una niña.

Pero su insondable mirada despeja las dudas. La activista iraquí de origen yazidí, exesclava del grupo yihadista, tiene 25 años. En Washington, con zapatillas deportivas y un moño improvisado, agradece el Premio Nobel de la Paz: “Muchos yazidíes mirarán este galardón y pensarán en los familiares que han perdido, aún sin contabilizar, y en las miles de mujeres y niños que permanecen en cautiverio”. “Personalmente, pienso en mi madre, que fue asesinada por el ISIS; los niños con los que crecí y lo que debemos hacer en honor a ellos”, confesó este lunes en una rueda de prensa.

La joven galardonada es una de las 3.000 niñas y mujeres yazidíes que fueron esclavizadas por el ISIS en Siria y en Irak. Hasta los 19 años vivía en Sinjar, al noreste de su país. Un día llegaron los yihadistas a su pueblo, a la caza de los yazidíes, para ellos, una religión de infieles. Mataron a los hombres —porque para ellos no tienen posibilidad de conversión— y se llevaron a las mujeres a Mosul. Las vendieron como mercancía: “Nos robaron nuestra vida, nuestros recuerdos, nos destrozaron”. Murad logró escapar a los tres meses, pero muchísimas otras, no. Y lo sabe, y le pesa, y lo padece. “Miles de mujeres siguen recluidas en manos de mercenarios del ISIS”, lamenta. “Mi supervivencia se basa en defender los derechos de las comunidades perseguidas y a las víctimas de violencia sexual. Un solo premio y una sola persona no pueden lograrlo. Necesitamos una respuesta internacional”, clama en la capital estadounidense casi sin mover un músculo de su rostro.

Murad fue premiada con el Premio Nobel de la Paz junto a Denis Mukwege, un ginecólogo que cura a mujeres violadas en la República Democrática del Congo (RDC). Dijo estar sorprendida con el galardón y honrada por compartirlo con el doctor y con todas las víctimas yazidíes de violencia sexual. Fue enfática en remarcar que el premio no es suficiente, pero que ayuda a que se preste atención internacionalmente al pueblo yazidí, “que ha sufrido crímenes inimaginables desde el genocidio del ISIS que empezó en 2014”. “La situación en Sinjar es grave. Las fosas comunes están a la intemperie, no examinadas, ni protegidas”, explicó.

Actualmente la activista vive en Alemania, donde llegó con su hermana gracias a un programa que acogió a cerca de mil de niños y mujeres yazidíes, tras pasar por un campo de refugiados donde malvivió en condiciones penosas, como narró en una entrevista en enero a EL PAÍS. En su discurso de agradecimiento aprovechó para reconocer al país que hoy la refugia y reiteró sus intenciones de ir a Sinjar acompañada del presidente francés, Emmanuel Macron, como acordaron la última vez que se vieron. También felicitó a Canadá y a Australia por las ayudas que han otorgado a su comunidad. “Debemos trabajar juntos con determinación para demostrar que las campañas genocidas no solamente fracasarán, sino que además supondrán la rendición de cuentas de sus perpetradores y que también habrá justicia para los supervivientes”.