IMITANDO A LOPE

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A mi nadie me manda hacer sonetos
los hago para ver si soy capaz;
si en los catorce versos mi disfraz
consigue transmitir algo concreto.

Ya tengo, por lo menos, un cuarteto
en el segundo, observo una rapaz
que controla mis pasos, muy sagaz
y dice que no llego a los tercetos.

En cada endecasílabo me esmero
y me atrevo a rimar con fantasía,
porque hago en lo que puedo, lo que quiero.

Termino mi soneto, en teoría,
cuenta, cuenta, ya hay trece en el tintero
lee uno más y dime: ¿Es poesía?

©Julie Sopetrán

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13 de mayo, nace Georgios Papanikolaou, desarrollador de una prueba que salva vidas

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Georgios Papanikolaou

Georgios Papanikolaou ha pasado a la historia de la investigación y de la Medicina por haber desarrollado una prueba para la detección temprana de cáncer en el cuello uterino que hoy lleva su nombre: test de Papanicolaou.

Modesto en su trabajo y calificado por sus ayudantes como un gran profesor aunque sin grandes dotes para oratoria, se dedicó a investigar sin descanso -y sin vacaciones- cuando descubrió su pasión por la ciencia. Sin embargo, hasta que ese momento llegó viajó por varios países, emigró con su esposa a Estados Unidos sin dinero y tuvo que buscarse la vida en trabajos esporádicos hasta que pudo ejercer su profesión y sus experimentos fueron reconocidos.

Papanikolaou fue un pionero en dilucidar la fisiología y las características citológicas del sistema reproductor femenino. El test de Papanicolau continúa siendo, casi 80 años después, una de las aportaciones decisivas en el terreno de la medicina preventiva del siglo pasado. Hasta antes de la colposcopía, fue considerada la prueba más adecuada y más utilizada para el diagnóstico de lesiones precursoras de cáncer de cuello uterino y ha logrado hacer descender un 70% el número de fallecimientos. Este test detecta células precursoras de cáncer cervical y de etapas iniciales, en un estado en el que pueden ser tratadas y curadas.

A George Papanicolaou se le considera el padre de la citología exfoliativa, ya que su técnica no fue aplicada exclusivamente a la detección de cáncer cervicouterino, sino también en la detección de cáncer de vagina, endometrio, trompas de Falopio, así como en fluidos como orina, esputo, líquido pleural, peritoneal, etc. Esto se vio reflejado en su clásico libro The Atlas of Exfoliative Cytology, publicado en 1954

Primeras páginas del libro
https://www.papanicolaou.ru/site_files/docs/Atlas-of-Exfoliative-Cytology/PAP-ATLAS-CONTENT.pdf

MÁS INFORMACIÓN

Georgios Nicholas Papanikolaou nació en Kymi, ciudad costera de la isla griega Euboea, el 13 de mayo, de 1883. Hijo del médico Nicolas Papanikolaou y de Maria Georgiou Kritsouta, mujer culta e interesada en la música y la literatura, Georgios tuvo tres hermanos más. Cuanto tenía cuatro años la familia se trasladó a Atenas. Su educación giró en torno a la música y a las humanidades, pero su padre lo persuadió para que estudiara Medicina, carrera en la que se graduó con honores a los 21 años.

Recién licenciado se alistó en el ejército para hacer el servicio militar y fue admitido en la academia de reserva para oficiales como ayudante de cirujano. Sin tener clara aún su vocación, de regreso a su ciudad natal cuidó a pacientes de lepra en los barrios marginales antes de viajar a Alemania para estudiar un posgrado de Biología. Allí coincidió con eminencias de la época como Ernst Haeckel, August Weismann y Richard Goldshmidt, y obtuvo en Múnich el doctorado con sus trabajos de investigación en zoología sobre la diferenciación sexual.

En 1910 contrajo matrimonio, en contra de la opinión de su padre, con la hija de un oficial, Mary Andromache Mavroyeni, a la que conoció en el viaje de vuelta de Alemania a Grecia. Gracias a la influencia del coronel Mavroyeni logró un puesto en el centro de investigación de Mónaco y participó como fisiólogo en una expedición oceanográfica en el ‘Hierondelle 2’, del príncipe Alberto I. Sin embargo, su trabajo se vio interrumpido por el fallecimiento de su madre, primero, y por la guerra de los Balcanes después. En 1912 regresó al Ejército y prestó servicio como médico de la Armada griega. Durante este tiempo pudo conocer a muchos griegos que habían emigrado a América y que le insuflaron el gusanillo de viajar a Estados Unidos.

El 19 de octubre de 1913 el matrimonio formado por Georgios y Mary llegó a Nueva York. La decisión fue tan trascendental para el futuro como alocada para en aquel momento, ya que llegaron al país norteamericano con el mínimo de dinero exigido para la entrada, 250$, y sin hablar inglés. Por este motivo, se vieron obligados a aceptar cualquier trabajo y, así, Mary trabajaba en una tienda como costurera y Papanikolaou fue un vendedor de alfombras en la misma tienda, aunque solo duró un día. Después fue violinista en un restaurante y más tarde empleado del archivo de un periódico para a población griega llamado ‘Atlantis’.

Un año después de su llegada al continente americano la suerte de Papanikolaou cambió cuando el zoólogo de la Universidad de Columbia Thomas H. Morgan, que más tarde recibiría el Premio Nobel y que conocía la tesis de Georgios, lo contrató como asistente en el laboratorio de patología del New York Hospital. Poco después pasó al departamento de Anatomía de la Cornell University, donde pudo continuar sus estudios sobre la diferenciación sexual y con su mujer como asistente, formando un equipo inseparable de investigación durante casi 47 años.

Papanikolaou empezó a centrarse la investigación de la fisiología humana, pero tuvo que hacerlo con experimentos con conejillos de indias. En 1916, mientras estudiaba los cromosomas sexuales, dedujo que los ciclos reproductivos en los animales experimentales podían cronometrarse examinando los frotis de sus secreciones vaginales. A partir de 1920 Papanikolaou se especializó en la citopatología del sistema reproductivo humano y se emocionó cuando pudo discernir las diferencias entre la citología de células cervicales normales y malignas en una simple visualización de hisopos manchados en portaobjetos microscópicos. Aunque su publicación inicial del hallazgo en 1928 pasó inadvertida, ese año llegó cargado de buenas noticias para él, ya que recibió la nacionalidad estadounidense y recibió un ascenso a profesor asistente en la Universidad de Cornell.

El cada vez más reconocido investigador también describió los cambios fisiológicos del ciclo menstrual y la influencia de las hormonas, así como la malignidad en la citología vaginal. Dio a conocer que los frotis normales y anormales tomados de la vagina y del cuello uterino se podían ver bajo el microscopio y se podían clasificar correctamente y, desde entonces, este procedimiento simple es conocido como la prueba de Papanicolaou, convirtiéndose rápidamente en el estándar en la detección del cáncer cervical. Como costaba poco, era fácil de realizar y podía interpretarse con precisión, la prueba de Papanicolaou encontró un uso generalizado y dio lugar a una disminución significativa en la incidencia del cáncer cervical y del número de fallecimientos.

Sin embargo, Papanikolaou no fue el primero en demostrar que las células cancerosas podían identificarse bajo el microscopio. Ese honor corresponde al médico británico Walter Hayle Walshe, quien se refirió a este fenómeno en un libro sobre enfermedades pulmonares un siglo antes. Y Papanikolaou tampoco fue el primero en estudiar la citopatología cervical en mujeres. En 1927, un médico rumano llamado Aurel Babes usó un bucle de platino para recolectar células del cuello uterino de una mujer para detectar la presencia de cáncer. Sin embargo, el historial médico se puso del lado de Papanikolaou como creador de la prueba que lleva su nombre, ya que los dos métodos se consideraron sustancialmente diferentes. Aun así, el nombre de esta prueba en Rumanía, en homenaje a Babes, se conoce como el método Babes-Papanicolaou.

En 1951 Papanikolaou se convirtió en profesor emérito en lo que entonces era la Facultad de Medicina de la Universidad de Cornell, donde dos laboratorios llevan su nombre en la actualidad. Poco después, en 1954, publicó un tratado que contiene información completa sobre la citología de tejido sano y enfermo, no solo en el sistema reproductor femenino, sino también en otros sistemas orgánicos. En total, Papanikolaou escribió cuatro libros y más de cien artículos, recibió numerosos premios, incluidos títulos honorarios de universidades de Estados Unidos, Italia y Grecia, y el mundo científico lo reconoció con el Premio Borden de la Asociación de Colegios Médicos Americanos (1940), el Premio Amory de la Academia Americana de Artes y Ciencias (1947), el prestigioso Premio Albert Lasker para Investigación Clínica Médica de la Asociación Americana de Salud Pública (1950), la Medalla de Honor de la American Cancer Society (1952) y ser miembro honorario de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Atenas y en la Academia de Ciencias de Nueva York.

Cuando tenía 74 años el ya famoso científico realizó un viaje a Europa. Visitó París y Bruselas, donde presidió la primera de las reuniones del Simposio de Citología Exfoliativa, que contó con especialistas de 18 países. Poco después, y tras casi 50 años en Cornell, Georgios Papanikolaou finalmente decidió abandonar Nueva York en 1961 para cumplir su sueño de desarrollar y dirigir un instituto del cáncer en Miami. Por desgracia, Georgios murió a los tres meses de su llegada a Miami a causa de un infarto de miocardio el 19 de febrero de 1962, con 78 años.

Actualmente sus restos descansan en el pequeño pueblo de Clinton, New Jersey y, en su honor, el Miami Cancer Institute pasó a llamarse Papanicolaou Cancer Research Institute. También como reconocimiento a su trabajo y su contribución a la humanidad, en 1978 el Servicio Postal de Estados Unidos lo honró con un sello conmemorativo de 13 centavos. Asimismo, su imagen apareció en la moneda griega de 10.000 dracmas antes de ser reemplazada por el euro y en varios sellos griegos.

Algunas de las mejores frases del libro: El caballero de la armadura oxidada

https://cafelector.com/2019/03/14/las-13-mejores-frases-del-libro-el-caballero-de-la-armadura-oxidada/?fbclid=IwAR1dVh7NGQ-1P4J-YcLrt-oZ03L0DY6amcVWkwk5AYZuaaGk0RI4U9XVco0

“El caballero de la armadura oxidada” es un bestseller publicado en 1993 por Robert Fisher y contiene una hermosa y corta historia que deja un mensaje positivo a todos sus lectores. Habla de conocerse a sí mismo y de pasar por muchos obstáculos para lograr la paz y la felicidad.

https://salvablog01.files.wordpress.com/2016/02/el-caballero-de-la-armadura-oxidada-robert-fisher.pdf

Para transmitir este mensaje cuentas las pericias de un caballero obsesionado con su armadura y con derrotar a sus adversarios. El tema central y su intención es hacernos consientes de que para ser felices y vivir la verdadera vida, debemos conocernos a nosotros mismos, no ponernos “armaduras” y no dejar que los demás dibujen el camino que tenemos que recorrer.

Aquí les traemos algunas de las mejores frases de este libro:

1. “Encontrarás la salida solo cuando hayas aprendido lo que has ido a aprender”.

2. “Cuando aprendas a aceptar en lugar de esperar, tendrás menos decepciones”.

3. “Los animales aceptan y los humanos esperan. Nunca oirás a un conejo decir: espero que el sol salga esta mañana para poder ir al lago a jugar. Si el sol sale o no sale, no estropeara el día al conejo. Es feliz siendo un conejo. El caballero pensó en esto. No recordaba a ninguna persona que fuera feliz simplemente por ser una persona”.

4. “Tienes que aprender a salvarte a ti primero”.

5. “Todos estamos atrapados en una armadura”.

6. “Supongo que he tenido miedo de estar solo.Y le vino un pensamiento de que durante toda su vida había perdido el tiempo hablando de lo que había hecho y de lo que iba hacer. Nunca había disfrutado de lo que pasaba en el momento. Durante la mayor parte de su vida, no había escuchado realmente a nadie ni a nada. El sonido del viento, de la lluvia, el sonido del agua que corre por los arroyos, había estado siempre ahí, pero en realidad nunca los había oído. Tampoco había oído a Julieta, cuando ella intentaba decirle como se sentía; especialmente cuando estaba triste. Julieta debía de haberse sentido muy sola hablando con un hombre envuelto en acero, tan sola como el se había sentido en esa lúgubre habitación. Su propio dolor y su soledad afloraron. Comenzó a sentir el dolor y la soledad de Julieta también”.

7. “El caballero lloro más al darse cuenta de que si no se amaba, no podía amar realmente a otros. Su necesidad de ellos se interpondría. En eso apareció el mago y le dijo: solo podrás amar a otros en la medida en que te ames a ti mismo”.

8. “El miedo y la duda son ilusiones”.

9. “El mago le indicó al caballero que debía marcharse hacia el sendero de la verdad. Un camino difícil que se vuelve cada vez mas empinado a medida que se acerca a la cima de una lejana montaña”.

10. “Descubrí que, cuando estaba con alguien, mostraba solo mi mejor imagen. No dejaba caer mis barreras, de manera que ni yo ni la otra persona podíamos ver lo que intentaba esconder”.

11. “El Caballero pregunto que era la bebida que le había ofrecido? El mago sonriendo le dijo: es vida ¿vida? Sí, dijo el mago ¿No te pareció amarga al principio y, luego, a medida que la degustabas, ¿no la encontrabas cada vez mas apetecible? El caballero asintió, y los últimos sorbos resultaron deliciosos. Eso fue cuando empezaste a aceptar lo que estabas bebiendo. La vida es buena cuando uno la acepta. Las cosas hay que aceptarlas tal como son, simplemente porque son así”.

12. “El reconocimiento de que él era la causa y no el efecto, le dio una nueva sensación de poder. Ya no tenía miedo”.

13. “Permanecer en silencio es algo más que no hablar”.