Flores artificiales

Ya no quedan besos de despedida.
Abrazos cálidos que abriguen
en estas mañanas frescas de octubre,
ni bonitas palabras que inspiren.

Ahora nos bañamos
en los restos descompuestos,
de un amor que se convierte en humo,
mientras secamos nuestras pieles
con flores artificiales
olor a plástico.

Nos disfrazamos en la calle.
Por si alguna vez importó.
Cuando llegamos a casa,
nos quitamos las caretas
y se contempla el horror.

Carentes de cariño,
carencias que te envuelven invisible,
impalpable,
imperceptible.

Pechos que arden al calor de una daga,
esa que nos clavamos
nosotros mismos.

Vieja Loba de Aquelarre.

Ver la entrada original