Frases de Baruch Espinoza

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Baruch Spinoza, también conocido como BentoBenito o Benedictus (de) Spinoza o Espinosa, según las distintas traducciones de su nombre, basadas en las hipótesis sobre su origen (Ámsterdam, 24 de noviembre de 1632 – La Haya, 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés de origen sefardí hispano-portugués, heredero crítico del cartesianismo, considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés René Descartes y el alemán Gottfried Leibniz.

Sus ideologías radicales sentaron las bases de la escuela del espinozismo. Spinoza fue clasificado entre los filósofos más influyentes y los racionalistas notables del siglo XVII, su obra maestra, “La ética”, que cuestionó las creencias y concepciones tradicionales de Dios, los seres humanos, la naturaleza y el universo entero en su conjunto, estableció firmemente sus posiciones.

  • La providencia para nosotros no es otra cosa que el conato, que encontramos en la naturaleza total y en las cosas particulares, y que tiende a mantener y conservar su propio ser.
  • Ni hay nadie tampoco que no desee vivir, en cuanto pueda, con seguridad y sin miedo.
  • Es un hecho comprobado que el pueblo ha logrado cambiar muchas veces de tirano, más nunca suprimirlo.
  • No se puede afirmar con derecho que existe desorden en la naturaleza, porque no hay nadie que conozca todas las causas de la naturaleza para poder juzgar de ello.
  • Nadie está obligado a vivir según el criterio de otros, sino que cada cual es el garante de su propia libertad.
  • Además, cuando nosotros concluimos que Dios no ha podido dejar de hacer aquello que ha hecho, lo deducimos de su perfección, porque en Dios sería una imperfección el poder omitir lo que hace.
  • No se puede concebir que Dios dicte leyes a los hombres como un príncipe o un legislador.
  • Quienes se empeñan en descubrir en los libros proféticos la sabiduría y el conocimiento de las cosas naturales y espirituales se equivocan totalmente de camino.
  • Cuando este afán se refiere a la mente, lo denominamos voluntad, pero cuando se refiere no sólo a la mente, sino también al cuerpo, lo denominamos apetito.
  • Puesto que querer es desear, el deseo ha de ser la esencia del hombre. Querer ser para siempre.
  • No podemos conocer a nadie más que por sus obras.