Los chemtrails

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Septiembre de 2014

La creciente polémica sobre las estelas de los aviones.

Rafael Yus Ramos, GENA-Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 82.

http://www.ecologistasenaccion.org/article28646.html

Desde muchos foros se mantiene que las estelas de condensación de los aviones son en realidad pruebas de la dispersión de productos químicos o biológicos tóxicos, que se esparcen siguiendo un plan para destruir a la Humanidad. El asunto se ha convertido en algo más que un bulo de los típicos que circulan por Internet: ya es una creencia, a veces muy arraigada, que va creando una comunidad de personas adeptas cada vez más activas.

Uno de los efectos de la llamada sociedad de la información, de la mano de las nuevas tecnologías y, en especial, de Internet y sus innumerables blogs y foros, es la facilidad con que se propagan todo tipo de ideas y creencias, posiblemente por una especie de fe ciega hacia la máquina que genera información. Entre los temas que circulan por esa maraña de canales de información figura el fenómeno de los chemtrails, una palabra de origen anglosajón que es una contracción de chemical (químico) y trail (rastro), por lo que esta expresión viene a significar en español “rastro químico”.

Si usted quiere ver un chemtrail nada más tiene que mirar al cielo y fijarse en alguna de las innumerables estelas blancas que dejan los aviones tras sí. Todos los mortales creíamos que estas estelas eran simplemente el rastro de los gases de la combustión o el agua de condensación de los motores de los modernos aviones a reacción, de ahí que este fenómeno es conocido en aviación como contrails, a su vez contracción de las palabras condensation (condensación) y trails (rastros). Pero, según se mantiene desde muchos foros, blogs y páginas web, se trata de productos químicos tóxicos que están sembrando los aviones, según un programa bien planificado para destruir a la Humanidad. El asunto es algo más que un hoax o bulo de los típicos que circulan por Internet. Es una creencia, a veces muy arraigada, que va creando, allá donde emerge, en numerosos puntos de todo el globo, una comunidad de adeptos que ya empieza a manifestarse y reclamar responsabilidades a los Gobiernos.

En efecto, lo que al principio eran temores conspiranoicos sobre las estelas de los aviones, ahora ha ido complicándose cada vez más: se habla de lluvias de polímeros, plan para modificar el clima, contaminación de la cadena alimenticia, control de la explosión demográfica, etc. Las personas convencidas de este plan se duchan inmediatamente después del paso de un avión a gran altura, llamándolo “ducha preventiva”. En este contexto, los ecologistas, que mostramos una visión escéptica respecto de estas cuestiones, somos considerados como parte del “sistema” conspiratorio: luchamos contra las cosas en que “ellos” quieren que nos fijemos, y no en lo que es el auténtico veneno de la Humanidad.

Las estelas de los aviones

Es ampliamente conocido el hecho de que los motores de los aviones a reacción despiden unos gases (dióxido de carbono, vapor de agua) que quedan fijados, a modo de estela o rastro de condensación en la atmósfera, durante un tiempo variable. En este sentido, la supuesta diferencia entre chemtrails y contrails, basada en que los primeros “duran más”, no se sostiene ante la física de la formación de estelas, según la cual, la duración y anchura depende de las condiciones atmosféricas existentes en el lugar en que se produce y no de la liberación de sustancias químicas adicionales.

Para algunos, una prueba del plan es la multitud de estelas que a veces se divisan. Lógicamente, en lugares de mucho tráfico aéreo estas estelas llegan a ser tan abundantes que forman una auténtica malla. La explicación, desde 1953 por H. Appleman [1] hasta las más recientes de Heymsfield y otros [2], es que estas estelas se producen por la condensación del agua producida por la combustión del queroseno, detrás de los escapes de las turbinas, donde se forman cirros artificiales (estelas de vapor de agua), vórtices que originan pequeños cristales de hielo en una atmósfera húmeda y fría, de unos -57 ºC, y a una presión muy baja, condiciones propias de la altitud a la que vuelan.

Ciertamente, no se oculta que estas estelas pueden afectar a la formación de nubes, y actuar como un forzante radiativo, pero como lo hacen las nubes en general: durante el día reflejan la luz solar por albedo (y por tanto baja la temperatura en la troposfera, el día es más frío) y durante la noche, la misma barrera actúa al contrario, impidiendo que el calor terrestre se evacue al exterior, dando noches más cálidas. Esto se comprobó muy bien cuando se cerró el espacio aéreo de Nueva York tras el atentado de las torres gemelas el día 11 de septiembre, pues al no pasar aviones se produjo localmente el efecto contrario: el día resultó más cálido y la noche más fría, como cuando no hay nubes.

Pero los defensores de la teoría de la conspiración van más allá e introducen dos elementos ajenos a estas consideraciones científicas: a) Las estelas de los aviones no son inocuas sino que contienen productos químicos tóxicos, microbios patógenos como el ébola, la gripe aviar, el sida, nanopartículas, etc. de efectos perniciosos para los seres vivos; y b) Esta siembra de productos obedece a un plan preconcebido para destruir a los seres humanos.

Dejando para luego el asunto de la conspiración, el sistema de dispersión de tóxicos no puede ser más burdo. Un piloto especializado en fumigaciones agrícolas decía al respecto que “si lanzas un producto químico o biológico desde 33.000 pies, simplemente, no llega a su destino, se pierde antes de impactar con el suelo. Nosotros lanzamos insecticida a los campos desde 4 o 5 metros de altura porque a partir de los diez ya se pierde. Utilizamos una cantidad de un cuarto de litro por hectárea, con una disolución de 0,025 gramos de materia activa por litro de aceite mineral, así que imagínate la cantidad que necesitarías para fumigar desde 10.000 metros. Imposible”.

Geoingeniería del mal

Uno de los argumentos más socorridos es que existe un plan cuidadosamente organizado por la Geoingeniería para modificar el clima de la Tierra. La Geoingeniería, cuyo precedente es la provocación de lluvias artificiales sembrando sales en la atmósfera, es básicamente una ingeniería del clima, a escala terrestre y, actualmente, su principal meta es estudiar el cambio climático antropogénico, e idear formas de controlarlo y combatirlo, como mediante la captura y almacenamiento subterráneo de carbono, el aumento del albedo, la modificación de las nubes, el enfriamiento de la estratosfera mediante aerosoles sulfúricos, etc. Actualmente, desde 2010, hay una moratoria de Naciones Unidas para este tipo de experimentos porque se parte del principio de que podrían tener efectos imprevisibles.

Pero la fuente más socorrida es un estudio de investigación de siete oficiales de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, titulado Owning The Weather in 2025 [3], que se publicó en 1996, en el que subrayan cómo los sistemas anti-radar y la formación de nubes por los aviones cisterna permitirían a las fuerzas aeroespaciales de EE UU “poseer el clima” (manipular el clima según su conveniencia) para el año 2025. Es un informe que constata la capacidad de producir cambios atmosféricos por los sistemas asociados a la aviación, pero que se extralimitan de forma inconcebible, y así lo aseguran los científicos que escucharon este informe, al creer que de este modo se puede controlar el clima.

Así pues, una cosa es admitir que la tecnología puede cambiar temporalmente un determinado estado de la atmósfera, y otra cosa muy distinta es concluir que hay una operación orquestada para cambiar el “clima” (no el tiempo atmosférico en un momento determinado). Pero hay que leer los estudios posteriores para advertir que aquello no fue más que una idea (de hecho material desclasificado por la USAF), calificado como una ficción sobre futuros escenarios, con débiles argumentos científicos.

Los defensores de la conspiración por la Geoingeniería suelen usar como la biblia científica un informe de 2010 de P. Vermeeren, de la Delft University of Technology, de 300 páginas, titulado Case Orange [4]. Esta monografía, que se puede adquirir libremente en diversas páginas de internet, viene a ser un compendio de hechos que abundan en el papel que desempeñan los aviones a reacción en la modificación de las condiciones atmosféricas, la mayor parte de los cuales son hechos incuestionables, otros admiten cierta disensión, cuando no son disparates sin paliativos. Pero da igual, lo importante es que estos hechos, según se afirma (sin más prueba que el documento anteriormente citado) conducen a un plan preconcebido del Gobierno de Estados Unidos. De nada sirve que la Administración estadounidense se haya esforzado en explicar que no hay tal propósito, ni conspiración alguna, en folletos como el de la Agencia de Protección del Medio Ambiente [5]. Los conspiranoicos están predispuestos a no creer una sola palabra tranquilizadora.

La lluvia de cabellos de ángel

Uno de los supuestos productos de los chemtrails es un filamento semejante al hilo de seda de una araña. Por su parecido han sido denominados “cabellos de ángel” (angel hairs). Para los amigos de lo oculto y esotérico, estos hilos de seda que a veces se ven llover sobre la tierra, pero que “desaparecen si se intenta cogerlos”, tienen un origen de lo más diverso, incluyendo ovnis, el “ectoplasma” exudado por la propia atmósfera, una forma de maná, etc. Para los partidarios de los chemtrails, estos “cabellos”, son precisamente uno de los productos de las fumigaciones a las que estamos siendo sometidos los seres humanos por los aviones.

Se asegura que este material puede verse caer como una lluvia fina y frecuentemente en la tierra, los arbustos, etc., pero pocos están capacitados para verlo. Es más, para aumentar el mito y evitar con ello cualquier tentativa de esclarecer la composición de esta materia, advierten sobre el extremo peligro de tocarlos porque “son extraordinariamente tóxicos”, obviamente, sin que esta toxicidad se haya demostrado en ninguna parte del mundo. Para redundar en la condición de “siembra tóxica” se afirma que estos filamentos causan ciertas enfermedades cutáneas raras, como la enfermedad de Morguellons, sin que haya un solo estudio epidemiológico que establezca tal relación, atribuyéndose a los angel hairs cualquier dermatitis.

En estas condiciones, no es sorprendente que este fenómeno no se haya podido estudiar científicamente. Incluso las personas que afirman verlo diariamente y lo han fotografiado han sido incapaces de coger una muestra y llevarla a un laboratorio para analizarla, lo cual abunda en el carácter “misterioso” de estos productos. Algunos supuestos análisis (no comprobados) afirman que son “polímeros”, lo cual no nos saca de dudas. De hecho, la mayoría de los científicos son partidarios de atribuirlos a polímeros naturales (ej. hilos de seda de arañas u orugas, a secreciones o fibras de plantas) o artificiales (polímeros sintéticos de la basura). Otras veces pueden ser filamentos metálicos que ocasionalmente, en zonas de maniobras de las fuerzas aéreas, puede verse caer, porque forman parte de los llamados chaffs que eyectan los cazas para engañar a los radares y misiles. Pero estos filamentos son totalmente inofensivos, y por su dispersión ni tan siquiera se les puede relacionar con el aumento de aluminio en el suelo.

Un plan misántropo preconcebido

El aspecto más llamativo de estas teorías catastróficas es la creencia de que los chemtrails constituyen una evidencia “irrefutable” de que un sujeto (que nunca se aclara, pero que se da por sentado que son personas de mucho poder y con claros intereses misántropos) lleva decenas de años ejecutando un plan para destruir la Humanidad mediante irrigación o fumigación de productos químicos y biológicos a los seres humanos desde el aire, con aviones. Se postula que mediante estas técnicas se pretende producir efectos negativos en la salud (como cáncer, leucemia, epidemias, etc.) o incluso sobre el medio ambiente (ej. el cambio climático) de forma intencionada. Se trata de una de las teorías conspiranoicas más llamativas de las muchas que circulan por el mundo, y ahora por Internet.

Pero el asunto más débil es el objetivo de esta conspiración: no existe un consenso entre los seguidores de chemtrails sobre cuáles son los objetivos perseguidos por los conspiradores. Así, según la corriente que consultemos, podemos leer que se tratan de productos químicos para idiotizar y controlar mentalmente a la población, para que acepten sin rechistar un golpe militar en marcha en EE UU que implantará el Nuevo Orden Mundial, entre otros muchos disparates. No obstante, lo más común es que se mezclen sin criterio alguno una y otra intención, sin importar en absoluto que resulte totalmente delirante la planificación de una serie de acciones que pretenden controlar a la población, cambiar el clima del planeta, hacer la guerra química y conseguir aumentar las alergias infantiles, todo como parte del mismo plan. Pero todavía nadie ha sabido explicar, y menos demostrar, que tanto esfuerzo (en realidad chapucero) beneficie a alguien.

Aclaremos las cosas: el que los ecologistas no apoyemos estas ideas conspiranoicas no es por desprecio o desconsideración hacia las personas que las sienten como reales, sino porque nos guiamos por la lógica y la razón, y también por los sentimientos, pero procurando que estos no nos cieguen, por más que ciertos clichés que se dan en nuestra sociedad sigan considerando que somos personas exaltadas, catastrofistas e insensatas. Nuestra posición frente a este tipo de bulos fantasiosos y pseudocientíficos es una prueba de que no es así y espero que los argumentos de este artículo demuestren que los ecologistas no eludimos ningún tipo de asunto que afecte al medio ambiente y la calidad de vida para los seres vivos, incluidos los humanos.

Lo que sí es una verdadera lástima es que toda esta energía conspiranoica no se esté canalizando hacia el problema real con el que se tiene que enfrentar la Humanidad del siglo XXI: el cambio climático. Este sí que es un asunto para preocupar, y mucho, a todas las personas, y que debería hacer que nos involucrásemos en todos los ámbitos, cada cual con su contribución personal, y presionando a las autoridades para que se establezcan los medios necesarios para frenar esta auténtica y real calamidad ambiental.

Notas

[1] Appleman, H. (1953), The formation of exhaust condensation trails by jet aircraft. Bull. Amer. Meteor. Soc., 34: 14-20.

[2] Heymsfield, A.; et al (2010) Contrail microhysics. American Meteorological Society, Abril 2010: 465-472.

[3] House, T.J. et al. (1996), Weather as A Force Multiplier. Owning The Weather in 2025. A Research Paper, United States Air Forces, 44 pp.

[4] Vermeeren, P. (2010), Case Orange. Contrail Science, its impact on Climate and Weather Manipulation Programs Conducted by the United States and its Allies. Belfort Group, Hoiwege, Evergem Belgium, 300 pp.

[5] EPA (2000), Aircraft Contrails Factsheet. United States Environmental Protection Agency.

 

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NGC 3576


Space..The hidden lady..

A region of glowing gas in the Sagittarius arm of the Milky Way galaxy, NGC 3576 is located about 9,000 light years from Earth. Such nebulas present a tableau of the drama of the evolution of massive stars, from the formation in vast dark clouds, their relatively brief (a few million years) lives, and the eventual destruction in supernova explosions. The diffuse X-ray data detected by Chandra (blue) are likely due to the winds from young, massive stars that are blowing throughout the nebula. Optical data from ESO are shown in orange and yellow.
Image credit: X-ray: NASA/CXC/Penn State/L.Townsley et al, Optical: ESO/2.2m telescope

Zheng He, el eunuco que conquistó el mundo

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Reportaje de
José Vicente Castelló 

Reblogueado de: http://confuciomag.com/zheng-he-el-eunuco-que-conquisto-el-mundo

Zheng He (1371-1433), fue el navegante más importante de la historia de China. Se considera que navegó y exploró siete veces el océano Índico con una flota de más de 300 barcos cargados de oro, plata y otros tesoros, y un total de 27.800 hombres.

El navegante más importante de la historia de China, es en Occidente casi un desconocido, y eso a pesar de haber recorrido con su flota medio mundo años antes que lo hiciera Cristóbal Colón. Sus proezas viajeras y sus encuentros con otras culturas han quedado silenciadas por una dinastía empeñada en descartar cualquier contacto con el exterior y por el descubrimiento de tierras nuevas por parte de un genovés que encandiló a Europa con lo que allí se encontró.

Zheng He (en chino simplificado 郑和, es decir, Zhèng Hé o como se le decía en su época Cheng Ho, originario como Mǎ Hé 马和 y con el sobrenombre de Sānbǎo o lo que es lo mismo 三保(1), nació en la aldea de Hedai, provincia de Yunnan, en 1371 y murió realizando su último viaje en alta mar cerca de las costas de la India en 1433 cuando contaba con 62 años de edad, aunque en 1435 se le rindió homenaje con un mausoleo erigido en Nanjing. Su padre, Ma Haiji, y su madre, Weng, tuvieron seis hijos —dos niños y cuatro niñas—, de los que Ma He era el segundo varón y el tercero en sucesión.

Aunque era chino de nacionalidad, Zheng He no pertenecía a la etnia china han, sino que se incluía entre lo que tradicionalmente y desde la Dinastía Yuan (1279-1368) se denominaba “casta semu”, que contenía a todos aquellos que no fueran han, mongoles o extranjeros. Dentro de la casta semu, Zheng He perteneció a la subcasta de la etnia hui, la única de importancia durante los Ming, y cuyas características son la práctica del islam y el uso del chino mandarín como lengua habitual. Se cree que sus orígenes musulmanes —sus ancestros eran árabes que emigraron a China durante la dinastía Tang (618-907) y Song (960-1279)— fueron claves para que le escogieran como almirante de la Flota del Tesoro, ya que en esos viajes visitó Arabia y África, regiones donde se practica esta religión.

Cuando Ma He contaba tan sólo con diez años de edad, la provincia de Yunnan fue reconquistada por el ejército chino de la dinastía Ming (1368-1644) y el joven fue capturado, castrado y reclutado como soldado. Se le envió a servir a Beiping bajo las órdenes del príncipe Zhu Di, quien en 1402 ascendió al trono con el nombre de emperador Taizong —a su reinado se le conoce como Yongle (1402-1424) o de la “Eterna Felicidad”—, convirtiéndose con el tiempo en oficial del ejército. Fue el propio emperador quien, como recompensa por sus servicios en la conquista de Nanjing, le puso el nombre de Zheng He, en memoria de su caballo perdido en la batalla de Zhengcunba, convirtiéndose así en el Eunuco Sanbao Zheng He.

Poco a poco, Zheng He se fue distinguiendo como un joven oficial de gran habilidad, tanto para la guerra como para la diplomacia, y rápidamente se hizo con amigos influyentes en la Corte que le ayudaron a subir posiciones. Bajo el mandato del emperador Zhu Di el imperio alcanzó su máximo esplendor y la economía creció a un ritmo vertiginoso. Para poder estrechar la comunicación con otros pueblos, Zhu Di decidió enviar a su eunuco en jefe a recorrer el “Océano Occidental” —lo que correspondería hoy al Océano Índico—, organizando en total siete grandes expediciones navales.

En los siete viajes que se le atribuyen a Zheng He —el primero en 1405 y el último en 1431—, con una flota de más de 300 barcos cargados de oro, plata y otros tesoros, y un total de 27.800 hombres, el eunuco y sus marinos recorrieron medio mundo, llegando hasta el reino de Shampa —en el sur de lo que es hoy en día Vietnam—, el reino de Siam —actual Camboya, Laos y Tailandia—, Malaca —en Malasia—, Java y Sumatra —en Indonesia—, atravesó el Océano Índico hasta Cochinchina —en el delta del Mekong—, Ceilán —actual Sri Lanka- y Calicut, en la hoy provincia india de Kerala y conocida entonces como “La ciudad de las especias”. Las escuadrillas de la flota de Zheng He recorrieron los mares de Filipinas, India, el Golfo Pérsico, Arabia Saudí —donde visitó La Meca—, África Oriental, África del Sur e, incluso, Egipto, contribuyendo al intercambio comercial, cultural y tecnológico entre chinos y otros lugares, desarrollando el tráfico naviero y promoviendo el crecimiento económico en todas esas áreas.

La poderosa flota de Zheng He no sólo asombró a los navegantes árabes, sino que también cautivó la atención de los comerciantes de Venecia que frecuentaban la ruta entre Ormuz —en el golfo Pérsico— y Adén —entre Yemen y Somalia—, enriqueciéndoles con nuevos rumbos hacia Oriente para ellos desconocidos. En realidad, los viajes de Zheng He se adelantaron 87 años a los de Cristóbal Colón (1541-1506), 93 años a los de Vasco de Gama (1469-1524) y 116 años a los de Fernando de Magallanes (1480-1521), todos ellos más famosos y admirados que el propio eunuco chino. De hecho, tras su muerte en 1433 nunca más la armada china volvió a realizar ninguna expedición de este tipo por los mares del mundo.

05_Zheng_He_eunuco_03Presunto mapa del mundo elaborado por Zheng He en 1418

Las flotas de Zheng He eran, en realidad, mucho mayores y numerosas que las de los navegantes europeos. Así, mientras que el comandante chino capitaneaba entre 48 y 63 navíos en cada expedición —en una ocasión llegó a dirigir 317 barcos, lo que daba en el mar una imagen espectacular— y unos 28.000 hombres, Cristóbal Colón llevaba sólo 3 barcos y 90 marineros, Vasco de Gama 4 navíos y 160 hombres, y Fernando de Magallanes 5 barcos y 265 marineros. Por su parte, las naves de Zheng He medían 122 metros de eslora y tenían un desplazamiento de 1.000 toneladas, mientras que las de Cristóbal Colón apenas 30 metros y un desplazamiento de 200 toneladas. Eso significa que, comparados con los buques de hoy en día, los barcos chinos asemejaban los gigantescos portacontenedores transoceánicos que surcan los mares en la actualidad. Además, junto a estos, navegaban también otras naves menores que hacían las veces de almacenes con provisiones, cuadras para los cientos de caballos, porta-municiones, contenedores de agua potable, enfermería o lanchas pequeñas para acercarse a tierra, lo que lo convertía en toda una ciudad flotante. Logística jamás vista en todo el mundo en aquélla época y gloria inaudita de los arquitectos navales chinos, capaces de construir tales naves con una precisión y un manejo absoluto, y de los astrólogos preparados para dirigir por los mares del planeta a una flota tan inmensa sin perder nunca el rumbo exacto y volviendo siempre a casa sanos y salvos a pesar de las corrientes marinas, los tifones o las altas temperaturas.

Tras el cambio de emperador en 1424 —cuando ascendió al trono Hongxi (1424-1425)— y en 1425 —cuando le sucedió el emperador Xuande (1425-1435)—, las expediciones se suspendieron y Zheng He no volvió a emprender un nuevo viaje hasta 1431, que sería su séptima y última expedición, visitando nuevamente el Sudeste asiático y los países del Océano Índico. Sus misiones contribuyeron además a la expansión de la influencia política china en toda la zona y sirvieron como un acicate para la emigración, gracias a la cual se produjo la colonización china en el Sureste asiático. Los descendientes de esos primeros chinos emigrados continúan hoy en día viviendo en lugares como Singapur, Malasia, Vietnam, Tailandia, Indonesia, Filipinas y, en menor medida, por multitud de islas del Océano Pacífico.

Los barcos de Zheng He iban cargados con todo tipo de productos chinos y artesanía que sirvieron para el intercambio comercial, como vino, especias, té, pasta, bordados, seda, gasas, ovillos de hilo, lana, porcelana, pinturas, caligrafías o jade. Además, entre los marinos que le acompañaban había gran cantidad de artesanos, médicos, comerciantes, cocineros, funcionarios, científicos, astrónomos para dirigir las rutas y tomar nota de la posición de las estrellas allá por dónde pasaban, barberos, sastres, artistas y, por supuesto, soldados bien entrenados. También llevaban animales vivos —cerdos, vacas, ovejas, pollos, gallinas ponedoras, patos, etc.—, que les servía de víveres.

Todo ello pretendía, más que conquistar otras naciones, mostrar a las poblaciones que visitaban su enorme poderío, la riqueza de su cultura y el alto conocimiento científico de los chinos. Según el oceanógrafo Jin Wu, el objetivo de sus viajes fue “manifestar la gloria y el poder de la Dinastía Ming (1368-1644) y recabar tributos de los bárbaros que habitaban más allá de los mares”. Zheng He siempre respetó las demás naciones y las costumbres locales convirtiéndose en un mensajero de paz y en embajador de la civilización china. Muchos reyes de esos países recibieron personalmente a Zheng He e, incluso, enviaron a algunos de sus ciudadanos a Beijing en la flota del eunuco a aprender de la tecnología avanzada y las costumbres milenarias de China.

Por su parte, los marineros del eunuco conocieron de la mano de los árabes la técnica para la correcta fabricación del vidrio añadiéndole bórax, lo que lo hacía resistente al fuego y más duradero. Dicho proceso se extendió rápidamente por China y se convirtió en un utensilio de uso diario común.

Zheng He también se trajo de sus viajes materiales nuevos para la construcción, combustible, maderas preciosas, joyas, especias, artículos desconocidos por los chinos, alguna que otra enfermedad no catalogada en China o animales exóticos. En una ocasión se trajo de África dos jirafas y un par de cebras, lo que conmocionó a la Corte Imperial al ver la extraordinaria belleza de estos animales, que fueron calificados por el emperador como “criaturas mágicas de la buena suerte”. Reproducidos en bronce, se convirtieron en unos de los símbolos decorativos de los palacios imperiales junto con las grullas, las tortugas, el qilin, el ave fénix o los dragones.

Con el reinado del emperador Xuande (1425-1435) la dinastía Ming (1368-1644) comenzó una etapa de oscurantismo y aislamiento del resto de naciones que ha durado varios siglos, siguiendo los preceptos confucionistas de protección de la cultura china frente a nuevas tendencias extranjeras. Esto hizo que Zheng He dejara de viajar y que su flota fuera desapareciendo poco a poco. Muchas de sus naves fueron destruidas, incendiadas, abandonas, reconvertidas en barcos de pesca o hundidas en el mar, con lo que el poderío de China en esa época llegó a su fin y desde entonces el contacto con los foráneos era limitado y reducido, hecho que contribuyó a que no sólo los viajes de Zheng He pasaran inadvertidos por el resto del mundo, sino también a que la cultura, los inventos, la medicina, las artes, la literatura, la poesía o el idioma chino fueran toda una incógnita para Occidente, más preocupados en conquistar tierras en América o en abrir nuevas colonias en África. Por su parte en China, el emperador Xuande estaba más interesado en controlar los ataques por el norte de los mongoles y en reflotar la economía china que había descendido hasta cuotas desconocidas con una inflación galopante que en enviar más barcos a tierras desconocidas. Además, su pronto fallecimiento dio paso a un emperador de siete años, llamado Jungtong, que fue incapaz de controlar la política del país en manos de sus consejeros.

Zheng He eunuco chinoEn una ocasión Zheng He se trajo dos jirafas y dos cebras

Tras sus siete expediciones, los marineros y subordinados de Zheng He redactaron varios libros narrando sus aventuras, entre ellos se conserva Notas de los viajes a los países extranjeros. En él se describen las características geográficas y naturales de las costas, las costumbres locales, las condiciones de vida, la gastronomía y la variedad de artículos empleados en esas sociedades, acercando naciones extrañas al pueblo chino, sobre todo a los eruditos de las clases altas capaces de comprender los textos y asimilar la existencia de “otro mundo”. Uno de sus sirvientes, llamado Ma Huan, recopiló las observaciones de Zheng He en un libro titulado Visión triunfal en un mar sin límites, mientras que Fei Xin lo hizo en la obra llamada Visión triunfal: barcos navegando bajo un cielo estrellado, ambas se han convertido en documentos de gran importancia a la hora de estudiar los viajes del eunuco y de comprender el intercambio entre la Dinastía Ming (1368-1644) y las naciones extranjeras.

Los documentos oficiales de sus viajes —en los que llegó a visitar más de 30 naciones— escritos por él mismo fueron, sin embargo, destruidos por mandarines burocráticos de la época que no veían con buenos ojos que un eunuco lograra tanto poder y prestigio dentro de la corte Ming. No obstante, hoy en día existen todavía los astilleros originales en Nanjing donde sus naves fueron construidas, así como los canales por los que se llevaban hasta el mar. También se puede visitar la tumba de Zheng He en Niushou (Nanjing, provincia de Jiangsu), donde sus restos —parte de su cabello, ropa, zapatos y algunas pertenencias—, que no su cuerpo físico —las crónicas dicen que fue arrojado al mar—, fueron enterrados en 1435. En 1985, durante el 580 aniversario del primer viaje de Zheng He, su tumba fue restaurada según las costumbres islámicas y se le añadió un mausoleo según el estilo de la Dinastía Ming (1368-1644), con frescos con mapas de sus viajes, al que se accede por una escalinata con 28 escalones de piedra dividida en cuatro secciones con siete peldaños, representando los siete viajes que realizó durante su vida.

Hay teorías que narran que Zheng He fue mucho más allá de lo escrito hasta ahora. En la obra 1421, el año que China descubrió el mundo, Gavin Menzies —un capitán de submarinos británico— afirma rotundamente que las naves de Zheng He arribaron hasta Australia, Nueva Zelanda, el Polo Sur, recorrieron toda América, la Antártica, el norte de África y llegaron hasta las puertas de Europa. Es más, afirma que Cristóbal Colón y otros navegantes europeos utilizaron los mapas cartografiados por Zheng He para descubrir América que se llevaron los comerciantes italianos adquiridos en Arabia Saudí. Pese a que muchas de las afirmaciones de Menzies no cuentan con una evidencia científica probada y son más bien elucubraciones con mucho sentido, el ex-oficial británico tiene el mérito de lanzar una tesis provocativa que, de demostrarse con una investigación más profunda y con el hallazgo real de restos de la época, podría suponer un cambio radical de la historia de la humanidad.

Nota:

(1). El sobrenombre de Sanbao tiene un origen y significado incierto. Los historiadores no se ponen de acuerdo en cuanto a su significado. Existen tres teorías más o menos defendidas sobre lo que realmente quiere decir y el por qué se le puso: (1) Sanbao —traducido como “El tercer tesoro” y escrito así en chino 三宝—, podría referirse a que su padre lo llamaba de este modo porque Zheng He era el tercer hijo de los seis que tenía; (2) Sanbao, con el mismo significado que antes y la misma escritura, se referiría a los “Tres tesoros del Budismo”, pues Zheng He, que nació musulmán, con el tiempo abrazó la religión budista; y (3) Sanbao —三保 con el significado del “El tercer protector”— se referiría a que Zheng He en vida prometió honrar, servir y proteger hasta la muerte a tres emperadores de la dinastía Ming (1368-1644), aunque si esta teoría fuera cierta, dicho nombre se le hubiera dado no de joven, sino ya en una edad madura.