Casa Natal de Morelos. Animatrónic

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Aspectos del animatronic que con un costo de alrededor de un millón de pesos, recrea al caudillo insurgente mexicano José María Morelos. El robot fue desarrollado por la empresa estadunidense Sally Corporation Factory, una de las firmas de mayor prestigio a nivel mundial en materia de espectáculos multimedia y desarrollo de animatronics, ya para el cine o para otras formas de espectáculo, así como para diversas atracciones destinadas a museos y parques temáticos. El rostro de Morelos fue modelado en silicón por el artista Brett Waller, a partir de informaciones que recopilaron toda la iconografía que se conoce en torno al héroe de la independencia y fundador del Estado Mexicano. La presentación del animatronic se realizó a comienzos del mes de diciembre de 2010, en una sala acondicionada ex profeso en la Casa Natal de Morelos, en Morelia, Michoacán.

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Candombe

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Candombe es el nombre genérico que reciben diferentes danzas de origen africano en Uruguay, y nace de la conjunción de los más de veinte pueblos africanos que fueron traídos como esclavos a esta región del cono sur. Cada uno de éstos tenía su idioma, su forma de ser, ver y sentir, su cultura, sus danzas y cantos de diferente naturaleza: sacro o profano, festivo o luctuoso, etc.

El candombe fue la danza y la expresión musical-religiosa más importante y significativa del colectivo afro. Y más aún: es hoy una de las expresiones musicales más elocuentes con que cuenta nuestro país. El candombe ha sido tan fuerte, profundo y esencial que en lugar de haber desaparecido –destino al que fue condenado en diferentes etapas históricas de nuestra nación– sobrevivió, venciendo todas las barreras y represiones. Ha impregnado de tal manera nuestra sociedad, que se ha convertido en un elemento cultural que identifica a Uruguay.

En la segunda mitad del siglo XVIII el puerto de Montevideo era la única vía de entrada de africanos esclavizados hacia el virreinato del Río de la Plata. A fines de ese siglo el 35% de la población montevideana era de descendencia africana. En sus horas de libertad recrearon ritos de su antigua tierra. Esas celebraciones fueron conocidas como Tangos o Tambos hacia el 1800. El término candombe data del 1830.

Hoy el candombe se ejecuta también en la calle, fines de semana y días feriados. Es un espacio de encuentro para tocar el tambor, bailar, o simplemente escuchar la ejecución acompañando la procesión. El 6 de enero los tambores conmemoran el día de San Baltasar o “llamada de reyes”. El primer jueves y viernes de febrero las comparsas protagonizan el Desfile de Llamadas que recorre los tradicionales barrios Sur y Palermo. Casas antiguas, calles y veredas angostas caracterizan estos barrios que son la “sede” de los afrouruguayos. La música del Candombe está conectada a las viejas raíces afrouruguayas; tradición de hacer música con los tambores en marcha (chico, repique y piano). Es un único tipo de tambor de tres tamaños. La ronda de los tambores alrededor del fuego es uno de los ritos mágico que tiene el candombe.

El Candombe fue declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009

Pedro Ferreira, figura protagónica de comparsas como Libertadores de África, Fantasía Negra y Dandys Cubanos, creador de la orquesta Cubanacán, ha sido el mayor compositor y difusor del Candombe. Sus canciones se siguen cantando 60 años después y han quedado en la memoria del colectivo afrouruguayo como verdaderos himnos. Su aporte se extiende más allá de lo musical ya que ayudó a varias generaciones afro a reconocerse.

El dolor como amenaza al yo social

El dolor es amenazante para varias necesidades básicas de los seres humanos como las de autonomía, pertenencia y justicia.
Autor: Karos K, Williams AC de C, Meulders A PAIN
https://journals.lww.com/pain/Citation/publishahead/Pain_as_a_threat_to_the_social_self___a.98975.aspx
http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=92810&uid=520577&fuente=inews
1. Introducción

La definición de dolor idealmente reconoce no solo las dimensiones sensitiva, cognitiva y emocional, sino también la dimensión social. A partir de la psicología evolutiva, social y de la salud, los autores argumentan que el dolor es una experiencia fundamentalmente social y amenazante porque desafía varias necesidades básicas.

(1) La necesidad de autonomía,

(2) La necesidad de pertenecer

(3) La necesidad de justicia.

Examinar cómo el dolor interfiere con estas necesidades humanas básicas nos puede ayudar a comprender mejor el interjuego dinámico entre el contexto social y el dolor.

2. La necesidad de autonomía

Si bien los seres humanos son inherentemente una especie social, poseen una necesidad fundamental de autonomía y un sentido de agencia, un sentimiento subjetivo de control sobre sus propias acciones y los resultados de las mismas.

Poder predecir y controlar el medio ambiente es esencial para la aptitud de supervivencia, especialmente en caso de experiencias adversas como el dolor. En el contexto de dolor (y enfermedad), la necesidad de autonomía tiene fundamentalmente una connotación interpersonal porque la agencia se desplaza de la persona con dolor a otros.

Desde la perspectiva evolutiva, el dolor se puede conceptualizar como una emoción homeostática o la “consciencia de un estado de necesidad” que se comunica a los demás.

En contraste con especies animales más solitarias, los seres humanos evolucionaron como una especie recíprocamente altruista, priorizando la capacidad de comunicar los estados de necesidad para lograr ayuda o para advertir a los demás. Esto puede ayudar a la supervivencia en situaciones que de lo contrario podrían ser mortales.

Los síntomas de enfermedad en general pueden tener la función de señalización, al igual que la expresión facial de dolor. Por lo tanto, la enfermedad en general y el dolor en particular pueden colocar a las personas en estado de dependencia de otros.

Los sentimientos de falta de control e impotencia tienen efectos adversos sobre la salud

Los sentimientos de impotencia y falta de control son frecuentes cuando se sufre dolor, especialmente cuando este es crónico. Además, la sociedad occidental hace hincapié en la función y la autonomía individuales, ambas obstaculizadas por las enfermedades crónicas. Por consiguiente, muchas personas con dolor crónico se sienten avergonzadas y humilladas.

Estas emociones con frecuencia incentivadas por preocupaciones interpersonales, tales como ser una carga o dudar de que los demás tomen en serio su dolor. Por último, el dolor puede provenir de victimización a manos de otros, como en casos de tortura, bullying, o agresión física. En esta última, la diferencia de poder y control es primordial, ya que la víctima está a merced del agresor.

Los sentimientos de falta de control e impotencia tienen efectos adversos sobre la salud física, la salud psicológica y el dolor. Los estímulos dolorosos incontrolables se perciben como más intensos, perjudiciales y desagradables que los que son controlables, y los sentimientos subjetivos de impotencia se asocian con aumento de la intensidad del dolor.

La pérdida de control sobre el dolor es peor aún que no haber tenido nunca control sobre el mismo. Asimismo, los sentimientos de impotencia y vergüenza, culpa y temor de una evaluación negativa pueden pronosticar la intensidad del dolor.

El dolor coloca al paciente en un estado en que depende de los demás para apoyo, transfiriendo el control a otros, como la familia, los amigos y, más importante aún, los profesionales que lo atienden. En la relación médico-paciente los médicos a menudo suelen ser autoritarios y paternalistas y muchas personas con dolor están insatisfechas con la atención médica que reciben.

En el caso de victimización, las consecuencias son peores aún. Las víctimas de bullying tienen mayor riesgo de sufrir dolor crónico, al igual que las víctimas de tortura y de abuso. El dolor ocasionado intencionalmente por otros se percibe como más intenso que el dolor circunstancial y se asocia con menor comunicación del dolor.

3. La necesidad de pertenencia

Loa seres humanos como animales sociales tienen la tendencia persistente a formar y mantener por lo menos algunas relaciones interpersonales duraderas, positivas y significativas. El dolor amenaza de muchas maneras a la necesidad de pertenecer.

Ante todo, el dolor interfiere con las actividades sociales, como el trabajo y los pasatiempos. Las personas con dolor crónico sufren estigmatización e invalidación (son ignorados, rechazados o se evalúan negativamente sus pensamientos o sentimientos, especialmente cuando no se confirma que sufren alguna patología). Además, el dolor crónico tropieza con las normas sociales que hacen hincapié en la salud, la autonomía y la funcionalidad hasta la vejez.

Las personas con dolor crónico sufren más aislamiento social y exclusión que los controles sanos, especialmente cuando el dolor no tiene explicación médica.

El dolor crónico afecta directamente al ‘ser social’. Las personas que lo sufren internalizan el estigma sobre la alienación y la discriminación.

La privación crónica del sentido de pertenencia se ha asociado con aumento del estrés, disminución del funcionamiento inmunitario y aumento de la mortalidad. También la soledad se asocia con aumento del riesgo de morbimortalidad.

La exclusión social se asocia con el aumento de relatos de dolor y viceversa. El estrés social y el dolor también comparten las mismas vías nerviosas, lo que a menudo se interpreta como evidencia de que el sistema de detección del dolor ha sido cooptado para detectar y reaccionar a la amenaza social. La tolerancia al dolor se relaciona positivamente con el tamaño de la red social. El aislamiento social percibido en personas con lumbalgia es pronóstico de futura discapacidad.

4. La necesidad de justicia

Desde hace cientos de años las personas se han interesado en la justicia desde la filosofía, la economía, la ley y, crecientemente, la psicología. No solo los seres humanos han demostrado preferencia por la justicia, sino también otras especies, entre ellas simios, monos, perros y pájaros, lo que proporciona evidencia para una base evolutiva. Son especies cuyos miembros colaboran entre sí y confían en el altruismo recíproco.

En el dolor, la injusticia percibida se conceptualizó como un conjunto de cogniciones que comprenden atribuciones de culpa, magnitud de las pérdidas e imposibilidad de repararlas.

Las percepciones de injusticia son comunes y perjudiciales en los que sufren dolor, especialmente cuando se puede culpar por el daño o el dolor a las acciones o la negligencia de otras personas (por ej., un accidente de automóvil) y cuando el dolor se percibe como innecesario.

En estos casos, la persona con dolor atribuye la responsabilidad del mismo a otra persona: la atribución de la culpa y la responsabilidad son procesos clave para darle sentido al dolor crónico.

En el caso de estigmatización e invalidación de las personas en busca de ayuda para el dolor persistente, con frecuencia se presume que la persona con dolor tiene un interés particular en exagerar o incluso simula el dolor y otros síntomas.

El dolor puede ser subestimado por los observadores, especialmente cuando no se encuentran causas médicas, lo que lleva a la sospecha de que el paciente finge estar enfermo.

La percepción de injusticia por parte del paciente a menudo surge del comportamiento de personas cercanas, como colegas, familiares y profesionales de la salud, en especial cuando la persona con dolor cree que esos otros contribuyeron al daño, evaluaron o trataron mal el dolor o respondieron mal a la expresión de dolor.

La injusticia no es simplemente “percibida” por quienes sufren dolor, sino que hay toda una gama de injusticias sistémicas y sociales cuando se evalúa y se trata el dolor, basadas sobre el género, la raza, la etnia, la edad y otras características de la persona con dolor.

Las experiencias de exclusión a menudo se asocian con percepciones de injusticia, al igual que las experiencias de impotencia y falta de control, especialmente cuando otros se aprovechan de esta situación.

Las violaciones de la justicia tienen numerosas consecuencias perjudiciales, a menudo clasificadas como reacciones de retraimiento y reacciones de ataque. Las reacciones de retraimiento comprenden la exclusión y la suspensión de la colaboración previa; las reacciones de ataque incluyen sentimientos de ira y comportamiento retributivo a fin de castigar al responsable.

Este conjunto de respuestas se observa en los seres humanos y en ciertos animales y es evolutivamente adaptativo, ya que favorece la colaboración a futuro y desalienta a los tramposos y aprovechadores. Los animales responden a las violaciones de la justicia con exclusión social temporaria y cese de las relaciones colaborativas así como con muestras de enojo.

El vínculo entre la injusticia y la ira está bien establecido y las percepciones de injusticia podrían ser la única causa de los sentimientos de ira, retribución y agresión. Según la teoría de la interacción social de la agresión, la función social de la agresión es producir algún cambio en la conducta de otros. De igual manera. la exclusión social con frecuencia conduce a la agresión y el castigo cuando se la percibe como injustificada.

En el dolor, las percepciones de injusticia se asociaron con aumento de la intensidad del dolor y con disgusto. En personas con dolor crónico, las percepciones de injusticia se asociaron con una serie de resultados problemáticos, entre ellos discapacidad laboral prolongada y disminución de la función física, exacerbación subjetiva del dolor, persistencia de síntomas de estrés postraumático, aumento de conductas protectoras contra el dolor e ira.

La ira también se asoció con el aumento de los informes o relatos sobre el dolor y disminución de la tolerancia al mismo, discapacidad y falta de cumplimiento terapéutico, así como con consecuencias interpersonales, como exclusión social y disminución del apoyo social.

Más aún, si los demás perciben a la persona con dolor como alguien que es engañador y trata de sacar ventaja del dolor (por ej., atención o compensación económica), esto puede llegar a producir invalidación, estigmatización, subestimación del dolor y evaluación negativa de la persona con dolor.

5. Indicaciones a futuro

El dolor es inherentemente una experiencia social y amenaza nuestras necesidades sociales de tres maneras fundamentales:

  1. Desplaza el control de la persona con dolor a otros.
  2. Excluye
  3. Con frecuencia se asocia con injusticia (percibida).

Este marco teórico tiene consecuencias médicas directas, ya que las necesidades sociales a menudo se consideran secundarias a las necesidades físicas relacionadas con la salud. El reconocimiento de que el dolor afecta directamente al yo social quizás ayude a los médicos a adaptar mejor sus intervenciones a las necesidades de quienes los consultan.

Esta consciencia también señala la responsabilidad de los profesionales no solo para satisfacer las necesidades de cada paciente que sufre dolor, sino también para estudiar las necesidades interpersonales, lo que se puede logar más eficazmente con un trabajo multidisciplinario.

Específicamente, la práctica médica se debe ocupar de:

  1. Evaluar las necesidades y motivaciones interpersonales
  2. Reconocer las amenazas a esas necesidades
  3. Intentar resolver lo más posible las necesidades frustradas y facilitar la involucración activa de la red social, por ejemplo los miembros de la familia.

La relación entre las necesidades sociales y el dolor es bidireccional: El dolor frustra las necesidades sociales, pero estas necesidades frustradas también tienen consecuencias perjudiciales para la salud el dolor. Las experiencias psicológicas, entre ellas el dolor, están poderosamente moldeadas por el contexto social. Por eso tratar el contexto social etratar el dolor.

Este marco teórico también genera varios caminos para nuevas investigaciones empíricas. Primero, es necesario evaluar con precisión las necesidades interpersonales y las motivaciones cuando se investiga sobre el dolor. Segundo, es necesario entender mejor cómo los objetivos y las motivaciones relacionados con el dolor compiten o interactúan con objetivos simultáneos, sociales u otros y como afectan la conducta ante el dolor.

Es importante saber cuando y como una persona prioriza ciertos objetivos relacionados con el dolor sobre otros. Tercero, la expansión e integración de diferentes disciplinas, niveles de análisis y poblaciones podría aumentar considerablemente los conocimientos sobre el tema.

Específicamente, el marco teórico evolutivo que subyace a este trabajo resalta la importancia de integrar los datos de las investigaciones sobre diferentes especies y disciplinas y de identificar mecanismos universales por los cuales las necesidades sociales afectan la conducta.

Mientras que la mayor parte de las investigaciones empíricas son a nivel individual (o en grupos pequeños), los fenómenos destacados en este trabajo se originan en o son influidos también por el nivel macro, (por ej., el sistema de salud, las normas sociales y culturales).

Varias líneas de investigación existentes, como las diferencias de género y sexo en el dolor, las percepciones de injusticia o estigma e invalidación se beneficiarían con un enfoque macro. Cuarto, el dolor puede amenazar de varias otras maneras las necesidades interpersonales, que están más allá del alcance de este trabajo, pero merecen más ser examinadas.

En suma, la difusión del modelo biopsicosocial del dolor entre los profesionales de la salud, los pacientes, los científicos y el público en general es esencial para entender que satisfacer las necesidades interpersonales de un individuo con dolor se asocia fundamentalmente con el aumento del bienestar físico y psicológico del individuo en general y su experiencia del dolor en particular.

 

Clínica del miedo

Una serie sobre conceptos clave para comprender la clínica que nadie nos ha enseñado pero son fundamentales
Pequeña ayuda para madres

“¡Doctor por favor, unas pocas más!
Y al otro lado de la puerta toma cuatro más
Que basura es envejecer
“Hoy la vida es demasiado dura” se lo oigo decir a cada madre
La búsqueda de la felicidad parece una basura
Y si tomas más de eso conseguirás una sobredosis
“Pequeña ayuda para madres” (The Rolling Stones)

Sara llegó al consultorio inclinada hacia la izquierda como la Torre de Pisa, tomándose la espalda con las manos, cada paso acompañado de un quejido. Desde hace dos días no puede moverse por el dolor lumbar, no duerme, no obtiene alivio con los analgésicos. Se niega a sentarse: no puedo –me dice– no puedo moverme. Me exige una resonancia magnética de su columna. Me paro detrás de ella y la acompaño en el movimiento hasta enderezarla. –No tengas miedo, el dolor es real, pero es un error de interpretación, no confirmes su equivocación. Tiene 48 años, dos hijos, es maestra, está divorciada. A veces no puede pagar el alquiler. Lleva y trae a sus niños al colegio, a inglés, a fútbol, al taller de música, a los cumpleaños. Tiene terror de dejarlos solos,  no confía en otras personas. Desde hace varios años padece hipertensión arterial leve, dolor crónico, insomnio, colon irritable, trastorno generalizado de ansiedad; toma seis medicamentos por día. Va a la psicóloga dos veces por semana y recorre especialistas de todo tipo. Es una experta en su padecimiento y en la falta de respuesta que los profesionales de la salud tenemos para ella. “No estoy loca -me dice cada vez que la veo- buscá otra explicación a lo que me pasa, tenés que ser un poco más original que tus colegas.” Tiene razón, pero yo aprendí las mismas cosas que mis colegas, y no me sirven para Sara ni para muchísimas personas como ella. Cada vez son más, se multiplican los casos. Pero las explicaciones son siempre las mismas: no tenés nada, debe ser nervioso. Es evidente que no entendemos lo que les ocurre. Tan evidente como que no somos capaces de aceptar que no lo entendemos. Si la realidad no se ajusta a mis ideas, peor para ella…

El problema

No es lo mismo cerrar un ojo para enfocar la mirada que ser tuerto (Mario Bunge)

La práctica clínica nos enfrenta a diario a problemas que exceden nuestras categorías para abordarlos. Separar lo físico de lo mental, lo local de lo sistémico, lo periférico de lo central, el ambiente del organismo y tantas otras dicotomías es un recurso metodológico válido en el laboratorio de investigación, pero es un obstáculo paralizante para asistir a personas reales. No sirve, es inútil y absurdo. El estudio de los organismos aislados de su ambiente es un sinsentido biológico. El padecimiento de los pacientes se queda afuera de ese Lecho de Procusto que tenemos grabado a fuego en nuestro cerebro clínico.

El mundo como peligro

“Es una cosa bastante repugnante el éxito. Su falsa semejanza con el mérito engaña a los hombres”. Víctor Hugo

La especie humana dispone de mecanismos básicos de adaptación al ambiente especialmente orientados a la supervivencia y la reproducción. Las respuestas adaptativas a señales interpretadas como peligrosas desencadenan un repertorio estandarizado de respuestas fisiológicas y conductuales. El mecanismo es automático y no consciente (no deliberativo) en su fase inicial. La razón opera de modo más lento y, en general, es coherente con la biología acompañando con acciones (motoras) y autojustificaciones (racionalización) la interpretación somática amenazante activada.

Los motivos para sentirse en peligro o amenazado son múltiples: biológicos, sociales y  culturales. Ya sean reales o imaginarios la respuesta será la misma, siempre coherente con la interpretación, aunque podría no serlo con la realidad. El clima de época (zeitgeist) aporta la narrativa histórica que justifica los peligros a través de un sentido común compartido. De todos los acontecimientos del ambiente una persona selecciona aquellos que tienen significado para ella desde su posición egocéntrica dentro de una matriz cultural

Muchas amenazas proceden del contexto y otras del propio individuo que siente “amenazadas” sus aspiraciones basadas en estándares de éxito desproporcionados, más aspiracionales que plausibles. La amenaza es también una forma de la insatisfacción. Mientras que la angustia a menudo resulta de la privación, la insatisfacción resulta de la privación en relación con las expectativas que uno mismo ha creado. Ahora tememos a ser excluídos, a perder el trabajo, a no alcanzar el éxito. A veces aceptamos las condiciones más degradantes respecto de los valores y la dignidad si ello nos brinda el abrigo de la estabilidad. La “servidumbre voluntaria” de la que habló Étienne de La Boétie en el 1500 es, en muchos casos, una ambición y no un castigo.

La pérdida de la estabilidad (homeostasis) es insoportable. Las señales (internas o externas) “leídas” como amenazantes desatan una respuesta defensiva fisiológica genéticamente programada a través de patrones biológicos pre-establecidos (alostasis). Su persistencia en el tiempo se hace tóxica para su propio cuerpo (carga alostática) e instala un tono de permanente crispación en su humor o afecto.

En casi todo el mundo se describe que aproximadamente entre un 30% y 50% de las consultas médicas presentan síntomas que no encuentran explicación (MUS: medical unexplained symptoms). Existen una serie malestares que no constituyen entidades discretas. No es posible afirmar que una enfermedad está presente o no de modo categórico. Su característica es que se expresan como un espectro o dimensión. El lenguaje de las categorías dicotómicas resulta apropiado en algunas realidades pero es un impedimento para comprender otras.

La clínica está orientada a las causas proximales del malestar pero no dispone de herramientas para abordar las causas de las causas o causas distales. Esta debilidad hace que muchas de las quejas de nuestros pacientes disparen en los médicos frenéticas búsquedas de daño o lesión de órganos o tejidos sin resultado alguno (y no pocas veces ocasionando ellas mismas daños colaterales). La paradoja parece instalada: hay síntomas sin daño. Hay telaraña sin araña. Esto nos resulta inaceptable ya que no disponemos de categorías para comprenderlo. Por defecto, lo que no entendemos, no existe o es psicológico. El esfuerzo intelectual de razonamiento está más orientado a defendernos de nuestra propia disonancia cognitiva que a aceptar el escotoma epistemológico que nos ciega a ciertos fenómenos. También para los médicos, que compartimos la misma cultura con nuestros pacientes, la incertidumbre es insoportable.

El ambiente y las emociones

“La cultura no es sino la reinterpretación simbólica de los imperativos biológicos.” (Walter Goldschmidt)

La fisiología de las emociones básicas fue esculpida en un ambiente donde predominaban las amenazas más que las oportunidades. Las amenazas son mejor evitadas cuando generan emociones negativas y conductas aversivas que constituyen las acciones defensivas prototípicas. Desde la perspectiva evolutiva la utopía de una vida sin dolor emocional es absurda.

Los mecanismos cerebrales que intervienen cuando una persona se enfrenta a una amenaza -estímulos con posibilidad de dañar el organismo han mostrado altos grados de conservación en los mamíferos, lo que probablemente sea el reflejo de las ventajas evolutivas de un circuito de procesamiento de amenazas que funciona eficientemente. La percepción de un contexto amenazante genera un estado de hipervigilancia y una serie de respuestas fisiológicas adaptativas congruentes con esa percepción: hormonales, autonómicas, cardiovasculares, inmunes, musculares, conductuales, etc. Se crea un estado de regulación alostática predictiva permanente. La exposición prolongada a altos niveles de mediadores a su ligando natural (moléculas de señalización, catecolaminas, corticoides, etc.) reduce la sensibilidad de los receptores creando resistencia o insensibilidad al estímulo. Según Peter Sterling, cuando esta disposición se sostiene en el tiempo se acompaña de:

  • Incremento del tono simpático.
  • Incremento del cortisol.
  • Aumento apetito de sal, hidratos y grasa.
  • Redistribución grasa según la localización de los receptores de cortisol (abdomen)
  • Aumento de hidratos: aumento de insulina.
  • Aumento de insulina: downregulation de receptores celulares y resistencia a la insulina por sobreestimulación.
  • Alteraciones del metabolismo de los hidratos de carbono y diabetes.

Este conjunto de fenómenos le confiere al individuo una fisiología adecuada a la percepción de amenaza al tiempo que lo expone al riesgo de enfermedades por sobre-estimulación. Se privilegia la supervivencia sobre la salud. La evolución impone sus principios a la especie.

La amenaza y el miedo

La amígdala cree que sabe lo que está ocurriendo antes de que la corteza frontal presione los frenos. (Robert Sapolsky)

El significado común de la palabra “miedo” es el sentimiento que invade la mente consciente cuando se está en peligro. Se reconoce en uno mismo por la experiencia interna (marcadores somáticos), y en los otros por sus manifestaciones externas asociadas como la congelación, la huida, el temblor o una expresión facial temerosa.

El miedo o la ansiedad reflejan la conciencia de un potencial de daño, que ocurre cuando el individuo monitorea e interpreta cognitivamente las señales del cerebro y/o el cuerpo, e integra estas señales con la información sobre la situación externa. Pero los seres humanos pueden también estar temerosos o ansiosos en relación con preocupaciones existenciales, como no llevar una vida significativa y la eventualidad de la muerte.

Sin embargo, el neurocientífico Joseph E. LeDoux, alerta acerca del peligro de no aclarar los significados de las palabras. El uso de un término de un estado subjetivo para describir estados no subjetivos (como miedo, hambre o placer) significa que nuestro concepto de los circuitos neuronales en cuestión se combina con las propiedades subjetivas a las que nos referimos. Los circuitos que controlan la conducta defensiva no son los mismos que subyacen a los sentimientos subjetivos de miedo. Hay que evitar atribuir causas subjetivas a las conductas controladas inconscientemente.

Para evitar confusiones, el estado neuronal que controla la congelación y las respuestas fisiológicas a la amenaza se ha denominado “circuito de supervivencia defensivo”. Este circuito inicia un estado más general de excitación cerebral y corporal que se ha denominado un “estado global defensivo”. Esta concepción deja el término “miedo” solo para denotar la experiencia subjetiva. Las reacciones adaptativas fisiológicas automáticas pueden o no acompañarse de la percepción subjetiva que denominamos “miedo”.

Las amenazas procesadas inconscientemente incrementan la actividad de la amígdala y desencadenan respuestas fisiológicas periféricas, incluso cuando la persona permanece inconsciente del estímulo y carece de sentimientos de temor. Las respuestas automáticas del cerebro y el cuerpo son una fuerza motivacional que guía el comportamiento en la búsqueda de mantenerse con vida, pero la sensación de miedo puede no ser parte de ese proceso. La propuesta de un modelo de los mecanismos diferenciados involucrados en los circuitos de amenaza y miedo de Joseph E. LeDoux se resume en la siguiente figura

Figura La vista de dos circuitos del procesamiento de amenazas y la experiencia del miedo. (A) En el modelo de dos circuitos, las amenazas se procesan en paralelo mediante circuitos subcorticales y corticales.  Un circuito de supervivencia defensivo subcortical centrado en la amígdala inicia comportamientos defensivos en respuesta a las amenazas, mientras que un circuito cognitivo cortical (en su mayoría prefrontal) subyacente a la memoria de trabajo da lugar a la experiencia consciente del miedo. En muchas situaciones, la actividad del circuito de supervivencia también contribuye, aunque indirectamente, a sentimientos de miedo. (B) Se proponen emerger sentimientos conscientes de miedo en el circuito cortical como resultado de la integración de información en la memoria operativa, incluyendo información sobre representaciones sensoriales y varias memorias, así como información sobre la actividad de supervivencia y circuito de excitación dentro del cerebro, y retroalimentación de las respuestas del cuerpo. 

Ansiedad y miedo

  • Los estados de miedo ocurren cuando una amenaza está presente o es inminente; los estados de ansiedad se producen cuando una amenaza es posible pero su ocurrencia es incierta.
  • El miedo es el estado de alerta y necesidad de escapar de algo real. La ansiedad, por el contrario, es anticipatoria, percibe amenazas y presagia sucesos negativos. Hay distorsión cognitiva, se sobreestiman los riesgos y se acompaña de hiperactividad permanente de los recursos de afrontamiento.

La ansiedad controlada es un rasgo evolutivo beneficioso. La razón por la que en general estamos calmos no es por el disconfort que causa la ansiedad sino porque sostenerla genera un gasto energético no sustentable. Solo los rasgos con bajo costo biológico y seguros se expresan de modo continuo.

Sin embargo, en muchos casos no es posible desactivar este mecanismo. La incapacidad crónica de inhibir los efectos de este circuito (en especial del cortisol) sobre la amígdala direcciona al cerebro a evaluar los eventos cotidianos como peligrosos y a desplegar una estrategia de afrontamiento de amenazas acorde con esa evaluación “errónea”.

 El miedo puede, como la ansiedad, implicar anticipación, pero la naturaleza de la anticipación en cada uno es diferente: en el temor la anticipación se refiere a si una amenaza actual y objetiva nos causará daño; mientras que en la ansiedad es ocasionada por la incertidumbre sobre las consecuencias de una amenaza que puede o no estar presente y que puede no ocurrir.

Las amenazas, ya sean presentes o anticipadas, reales o imaginarias, demandan acción, preparación para la lucha o la huida. Esta reacción del cuerpo entero se activa para ayudarnos a sobrevivir a un encuentro posible con el peligro. Cuando está en juego, nuestra mente consciente lo transita con miedo o ansiedad, y a menudo con ambos. El procesamiento de las amenazas es el fundamento del miedo y la ansiedad.

Las personas se tornan hipersensibles a las señales de riesgo que capturan su atención produciendo un estado de hipervigilancia sostenido. Tienen problemas para distinguir las cosas que son peligrosas de las que son seguras y sobreestiman la importancia de las amenazas percibidas. Sobre interpretan las claves ambientales asignándoles una valencia emocional negativa de peligro. Esta situación genera un loop recursivo que transforma lo que debería ser un fenómeno reactivo, transitorio y autolimitado en un estado permanente y autosostenido.

Byung-Chul Han (Seúl, Corea, 1959)

  • “Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”.
  • “Si se expulsa de la vida cualquier elemento apacible, ésta acaba en una hiperactividad letal”.
  • “El tú puedes incluso ejerce más coacción que tú debes.”
  • “Lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, sino el imperativo del rendimiento, como nuevo mandato de la sociedad del trabajo tardomoderna.”
  • “El lamento del individuo depresivo: nada es posible, solamente puede manifestarse dentro de una sociedad que cree que nada es imposible.”
  • Toda época tiene sus enfermedades emblemáticas. Nuestra época en este sentido es neuronal: trastornos como la depresión o la hiperactividad definen el panorama patológico de comienzos de siglo. En cuanto a nuestras sociedades, ya no vivimos en una época bacterial o viral, en la que la violencia venía de la otredad o de lo “extraño”. En nuestro mundo, la violencia es neuronal y, por tanto, inmanente al sistema.
  • “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede, y si no se triunfa, es culpa suya. Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”.

La crispación (violencia es mentir)

“Puesto que nada significa nada en sí mismo, debemos preservar el trasfondo próximo y arbitrario que hace que las cosas que nos rodean parezcan significar algo”. (Howard P. Lovecraft)

  • “Mi miedo a la vida es necesario para mí, como lo es mi enfermedad. Sin ansiedad y enfermedad, soy un barco sin timón. Mi arte se basa en reflexiones sobre ser diferente de los demás. Mis sufrimientos son parte de mi yo y mi arte. Son indistinguibles de mí, y su destrucción destruiría mi arte. Quiero mantener esos sufrimientos”. Edvard Munch

    Edvard Munch fue un pintor expresionista noruego que se convirtió en el artista emblemático de la angustia e incertidumbre del siglo XX. Se cree que padeció algún tipo de trastorno bipolar y, como el mismo Munch dice, esta depresión influyó en su obra, tal vez mejor resumidas por el “Grito”. Sus pinturas se basaron en el movimiento simbolista del siglo XIX para incorporar su propio expresionismo único.

Las experiencias personales en el interior de una cultura moldean la imaginación y los miedos. Sin embargo, hoy en día, nuestros temores ya no se basan en la experiencia personal, están configurados por las noticias y la salud pública entre otras fuentes. El miedo es nuestra respuesta por defecto a la vida misma.

La idea del riesgo es ubicua, se ha expandido como una mancha de aceite. Podemos imaginar para cada situación el peor desenlace. Y lo hacemos. La aversión al riesgo es la actitud primordial, la incertidumbre debe ser conjurada, el futuro anticipado. Nuestro miedo es difuso, líquido, omnisciente. Nunca nos sentimos tan vulnerables como ahora. Precisamente cuando somos menos vulnerables que nunca.

Afirma el sociólogo inglés Frank Furedi que: “clásicamente, las sociedades asociaron el miedo con una amenaza claramente formulada: el miedo a la muerte o el miedo al hambre. En tales formulaciones, la amenaza se definió como el objeto de tales temores. El problema era la muerte, la enfermedad o el hambre. Hoy solemos representar el acto de temer como una amenaza en sí misma.”

Mucha tropa riendo en las calles
con sus muecas rotas cromadas
y por las carreteras valladas
escuchás caer tus lágrimas
Patricio Rey

Nuestro escenario está armado: alarmas antirrobo, reflectores ultrapotentes, botones de pánico, cámaras de seguridad, vallas antidisturbios, correas flexibles para pasear a los niños, dispositivos de rastreo por GPS en los teléfonos móviles y un ejército privado de personal de seguridad. Pero todo, siempre, nos parece insuficiente. Transcurrimos a través de una escena que, de todas las formas posibles, nos recuerda que la incertidumbre, lo desconocido, lo no previsto, es una amenaza permanente. El miedo se ha independizado de su objeto. Es un objeto en sí mismo.

La TV nos muestra diez veces el mismo robo violento. Nuestro cerebro lo re-vive diez veces. La descarga somática de alarma si ispara diez veces. Nuestra memoria lo guarda diez veces. La violencia se nos muestra como si fuera autónoma, nunca tiene historia, antecedentes, contexto, causas. Es un puro acto animal. Una experiencia de terror fisiológico. Son los genes, son las drogas, el alcohol, la psicopatología, nos dicen los expertos. Son ellos. Es su culpa. Son individuos “perversos porque sí” Nosotros no tenemos nada que ver. Nosotros no somos como ellos. Nos alimentan el pánico con raciones brutales de escenas deshistorizadas, salvajes.

  • A diferencia de los miedos de viejo tipo, los contemporáneos tienden a ser imprecisos, móviles, elusivos, modificables, difíciles de identificar y situar con exactitud. Tenemos miedo sin saber de dónde viene nuestra ansiedad y cuáles son exactamente los peligros que lo provocan.
  • Podemos afirmar que nuestros temores vagan en busca de las causas que queremos desesperadamente encontrar para poder estar a la altura de hacer algo al respecto o para exigir que se haga alguna cosa.
  • Las raíces más profundas del miedo contemporáneo –la gradual y, sin embargo, continua pérdida de la seguridad existencial y la fragilidad de la posición social– pueden ser encaradas solo con dificultad. Nunca son evidentes.
  • El miedo es más temible cuando es difuso, disperso, confuso, desacoplado, sin anclaje, flotando libremente, sin una dirección o causa clara … cuando la amenaza a la que deberíamos temer se puede vislumbrar en todas partes, pero no se ve por ningún lado.
  • ‘Miedo’ es el nombre que le damos a nuestra incertidumbre, a nuestra ignorancia de la amenaza y de lo que se debe hacer. El “principio de realidad” de los modernos ha sido derrumbado y no se ha creado una imagen de reemplazo.
  •  Uno de los mayores temores en la época contemporánea, que atormenta a las personas, que causa pesadillas, es el miedo a ser excluido, abandonado, a quedarse solo, a ser dejado en la oscuridad. Mark Zuckerberg capitalizó este miedo en 50 mil millones de dólares. Creó Facebook, y Facebook significa que nunca estás solo.

Incombustible no sos,
¿cómo bancás ese infierno?
Soñás la hoguera donde siempre sos la leña.
Cuánto tiempo más vas a estar
esclavizado así,
refugiado en tu soledad.
Patricio Rey

En la cultura del riesgo, la incertidumbre es insoportable. Siempre se anticipa el peor resultado. Toda experiencia humana es un riesgo potencial que debe administrarse. Nuestros miedos se llaman “riesgo”. Asustar convoca la atención, congela la mirada. El miedo es irresistible. Cuando nuestra atención es objeto de disputa y la vía de acceso a la conducta del consumidor: apelar al miedo es también una estrategia de manipulación. Todos podemos ser víctimas y, por lo tanto, clientes de la oferta de falsas certezas, de seguridad. Hay un mercado del miedo que se sostiene con nuestros terrores, con nuestra salud y con nuestro dinero.

Despojado de la narrativa social que le dio sentido a los temores del pasado, ahora el miedo también se ha privatizado. Es un asunto personal, una responsabilidad que se lleva de a uno. Sin lazos sociales, el mundo no tiene más remedio que ser una intemperie amenazante. La dificultad que tiene la sociedad para dar sentido a la incertidumbre es lo que le da al miedo contemporáneo su carácter original. Se desalienta a las personas a asumir riesgos. Prima el “principio de la precaución”. Asumir riesgos es ser irresponsable. Aceptar la realidad pertrechados de dispositivos antipánico es menos riesgoso que intentar cambiarla. Es el “principio de la homeostasis”.

Si todo padecimiento es personal, si toda solución depende exclusivamente de nosotros mismos, la carga es insoportable. Las personas necesitan sentir que tienen fuerzas efectivas para controlar sus propias vidas. Esa sensación de control refuerza la voluntad de pensar en los problemas y de hacer algo para resolverlos. Una persona que se siente impotente ve pocas razones para pensar sobre las causas de los problemas y las posibles soluciones, y tiene pocas razones para tratar de resolverlos. Un mundo que no puede ser entendido no puede ser controlado. En un mundo caótico, todos los resultados son producto del azar. Las personas necesitamos un sentido de propósito, importancia y valor en nuestras vidas, un porqué que atenúe y justifique la incertidumbre del futuro. Sin ese contexto, el futuro es, por definición, incierto y aterrador. Todo un palo, ya lo ves…

  • Una de las características más inquietantes de la cultura del miedo es que sus premisas y prácticas son inconscientemente aceptadas incluso por las partes y los individuos que le son hostiles.
  • Que la gente se preocupe regularmente por las “cosas equivocadas” no está en duda. Existen numerosos estudios que señalan que las personas a menudo están más preocupadas por los riesgos de baja probabilidad, como los niños secuestrados que por las amenazas más probables, como las que plantea el tráfico de automóviles.
  • La evaluación de los riesgos por parte de las personas está distorsionada por la forma en que los retratan y por la cultura en general.
  • La relación entre la intensidad de los temores de las personas rara vez se correlaciona con la gravedad y la probabilidad de los riesgos que enfrentan. El surgimiento del llamado “bien preocupado” se refiere a personas que no necesitan tratamiento médico pero que sin embargo están absolutamente convencidas de que su condición sí lo requiere.
  • Un argumento utilizado para explicar esta “paradoja de una sociedad segura” es que la prosperidad alienta a las personas a volverse más reacias a los riesgos y las pérdidas.
  • Hoy, como en la antigüedad, el miedo tiene una importante dimensión histórica, moral y cultural. La emoción del miedo también tiene una base biológica y ha jugado un papel crucial en la supervivencia y la evolución de la especie humana.
  • La distinción entre la predictibilidad del temor respetuoso del pasado y el carácter incontrolado del miedo puro actual puede entenderse como una expresión de la creciente tendencia a cuestionar el significado de la desgracia.
  • El filósofo danés Søren Kierkegaard, que diferenció entre dos formas de angustia: una es el miedo, que es una respuesta a amenazas específicas, enfocadas y externas, y la otra se caracteriza como angustia neurótica, un estado en que el miedo existe como una condición neurótica permanente.
  • Cuando la sociedad se ve habitualmente atraída por los peores resultados posibles, fomenta un estado de ánimo en el que el miedo puede adquirir el carácter de un hábito, cuya adquisición otorga al miedo un carácter banal e informal.

El miedo medicalizado

La medicina no ha permanecido ajena a la cultura del riesgo. Más allá de los indiscutibles beneficios de la prevención, las evidencias muestran claros ejemplos de excesos de control del riesgo capaces de causar daño (prevención cuaternaria). El chequeo generalizado, las mamografías indiscriminadas, las densitometrías universales, los estudios instrumentales en pacientes que no los necesitan, los tratamientos de disfunciones adaptativas, el monitoreo obsesivo sobre variables intermedias que no modifican la mortalidad, la revascularización coronaria sin isquemia ni angina y tantos otros casos, merecen que el tema se analice en profundidad. Es imperativo incluir en la clínica al ambiente y a la historia de vida al evaluar los síntomas así como la percepción subjetiva de su propia circunstancia existencial que cada persona tiene.

  • La miseria, la desmoralización o la angustia que siente una persona NO son el problema. Son la consecuencia del problema. La miseria no solo es real, es realista. El sufrimiento contiene un mensaje sobre las causas del sufrimiento.
  • La desesperación que estas personas sienten es profundamente personal. Sus problemas son profundamente sociales. Más que eso, es la desesperación lo que identifica los hechos sociales como problemas sociales.

De acuerdo a un informe publicado Por el World Economic Forum el 18 de mayo de 2018: “Parece que nuestro mundo es un lugar cada vez más estresante, y el número de personas que padecen problemas de salud mental está aumentando como resultado de ello. Si bien la ansiedad del estudio está teniendo efectos adversos en los adolescentes, las presiones del lugar de trabajo están afectando a los adultos.

Los trastornos de salud mental le cuestan a la economía mundial $ 1 billón en productividad perdida al año, y la depresión es la principal causa de problemas de salud y discapacidad, según la Organización Mundial de la Salud. Más de 300 millones de personas en todo el mundo sufren de depresión, un aumento de más del 18% entre 2005 y 2015. Mientras tanto, 260 millones de personas sufren de trastornos de ansiedad. Muchos viven con ambas condiciones.

Los diagnósticos de depresión mayor en los EE. UU. Han aumentado en un 33% desde 2013, según la aseguradora estadounidense Blue Cross Blue Shield (BCBS). Y esto está aumentando aún más rápido entre los millennials (hasta un 47%) y los adolescentes (un aumento del 47% para los niños y del 65% para las niñas).”

La denominada “epidemia de opioides” -que es una epidemia de dolor sin daño- está causando devastadoras consecuencias en los EE.UU. El incremento de la tasa de sucidio en países industrializados es otra muestra brutal de la situación de describimos. La manifestación más radical de un malestar que no puede sobrellevarse en personas vulnerables e indefensas es hoy una preocupación sanitaria de primer orden en el mundo. En uno de los estudios más rigurosos sobre el tema, Anne Case y Angus Deaton de Princeton University, analizan en detalle lo que denominan “muertes por desesperación”, una categoría que incluye la mortalidad por drogas, alcohol y suicidio.

“Lo que muestran nuestros datos es que los patrones de mortalidad y morbilidad para blancos no hispanos sin título universitario se mueven en conjunto con otras disfunciones sociales, incluido el declive del matrimonio, el aislamiento social y la pérdida de la fuerza de trabajo. Detrás de esto yacen historias familiares sobre globalización y automatización, cambios en las costumbres sociales que han permitido cambios disfuncionales en los patrones del matrimonio y la crianza de los hijos, el declive de los sindicatos y otros. En última instancia, vemos nuestra historia sobre el colapso de la clase obrera blanca después de su apogeo en la década de 1970, y las patologías que acompañan a esta disminución”.

Mortality and Morbidity in the 21st Century. Brookings Papers on Economic Activity, Spring 2017

El miedo y la insatisfacción en el consultorio

Las manifestaciones clínicas de la crispación social y el miedo a la incertidumbre exsitencial consisten en la permanente estimulación de mecanismos fisiológicos para enfrentar una amenaza percibida. Sus formas de expresión son múltiples ya que incluyen a todos los sistemas adaptativos. Al tiempo que se preparan los músculos y el aparato locomotor para la lucha o la huida, se redistribuye el flujo sanguíneo, se acumulan reservas energéticas e inmunológicas (inflamación aséptica de bajo grado) para afrontar el suceso que se anticipa, se suspenden funciones menos prioritarias para la superviviencia. El costo de esta perpetua anticipación es ofrecer la salud y el bienestar como sacrificio ante una catástrofe prevista pero que nunca llega.

“Tus músculos, tu mente, tu corazón y todos tus órganos se preparan para actuar, pero no haces nada. Es posible que desees luchar, que desees huir, pero la civilización moderna te impide llevar a cabo tus impulsos naturales. Se aceleran tus motores sin ir a ninguna parte”. (Hans Krauss, Backache, Stress and Tension).

¿Para qué sirve una canción de cuna?

Las canciones de cuna cumplen una extraordinaria función evolutiva. Deben convencer al bebé de que el mundo es un lugar seguro y que, mientras su sistema nervioso y endócrino se prepara para afrontarlo (período hiporresponsivo), “mamá estará acá para protegerte de las amenazas”. Sin estos recursos el niño podría desencadenar su programa genético de “peligro” y morir por sus consecuencias que no podría afrontar. La madre es una “glándula suprarrenal externa” que amortigua el brutal embate de un mundo desconocido (buffer). El cortisol fetal baja dramáticamente al momento del nacimiento para permitir la maduración (mielinización) de la corteza prefrontal dejando desprotegido e indefenso al bebé durante ese período.

Summertime es un perfecto ejemplo del esfuerzo de una madre que, sin saberlo, cumple una función evolutiva fundamental para que su hijo sobreviva al stress del mundo. Es bellísma en sí misma, pero al sumar su sentido biológico se convierte en esa maravilla de los hermanos Gershwin que todos conocemos. Una mamá esclava en el Sur profundo algodonero y esclavista de los EE.UU. intenta dormir a su bebé en medio de la hostilidad de la miseria y de la noche. Las canciones de cuna han salvado millones de vidas, son la neonatología prehistórica. Para garantizar que esto suceda, la evolución fríe el cerebro de la madre en ocitocina. Su letra y música son un rito de bienvenida. Una llave maestra que nos permite sobrevivir la incertidumbre de la vida y a la certeza de la muerte.

Tempo de verano, tiempo de verano,
Niño, la vida es fácil,
Los peces saltan,
Y el algodón, Señor,
El algodón está alto, Señor, tan alto

Tu papá es rico
Y tu mamá es tan guapa, nene,
Está tan guapa ahora
Calla, nene, nene, nene, nene, nene,
No, no, no, no, no llores,
¡No llores!

Una mañana de estas
Vas a levantarte, vas a levantarte cantando
Vas a desplegar tus alas,
Chico, y coger, elevarte hacia el cielo,
Señor, el cielo,

Pero hasta que llegue esa mañana,
Cariño, nada va a hacerte daño ahora
No llores.

Sin los otros somos una especie desvalida, presa del desasosiego. A veces, los médicos, llamamos a eso “enfermedad” y buscamos donde no está una causa a la que somos ciegos. Una pieza rota a reparar. Un remedio que nadie nos ha enseñado pero que todas las madres de la historia conocieron desde siempre sin necesidad de escuelas o universidades. La pregunta que nos hacen nuestros pacientes es simple, milenaria, fundamental: ¿hay alguien allí?

Daniel Flichtentrei

ESHRE 2018: ¿Aumenta la tecnología de reproducción asistida el riesgo de cáncer de ovario?

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Por: Susan Reckling
https://jnccn360.org/ovarian/news/eshre-2018-does-assisted-reproductive-technology-increase-the-risk-of-ovarian-cancer/?utm_source=Email&utm_medium=Email&utm_campaign=JNCCN360%20Emails%203.9%20Ongoing&email=662b660463813bdf3febf55247eb2aa3138cd1c81e8bea34c156c6560969efaf

No parece haber una asociación causal entre la estimulación ovárica en tecnología de reproducción asistida (ART), así como los medicamentos de fertilidad utilizados y un mayor riesgo de cáncer de ovario, según un estudio de cohorte nacional de Dinamarca. Sin embargo, basado en una presentación en la Sociedad Europea de Reproducción y Embriología Humana 2018 (ESHRE), en Barcelona (Resumen O-193), Anja Pinborg, MD , del Hospital Universitario de Copenhague, y sus colegas encontraron un riesgo global ligeramente más alto de cáncer de ovario (0.11%) entre las mujeres que recibieron ART que entre las que no lo hicieron (0.06%).

“Aconsejaría a las mujeres infértiles que contemplan ART que continúen”, declaró el profesor Pinborg en un comunicado de prensa de ESHRE. “La estimulación ovárica en sí no está introduciendo ningún riesgo excesivo de cáncer de ovario”.

En la cohorte DANAC II, se incluyeron 58.472 mujeres tratadas con fertilización in vitro o inyección intracitoplásmica de esperma en clínicas de fertilidad danesas desde 1994 hasta 2015, así como 549.210 mujeres sin antecedentes de tratamiento antirretroviral. Los investigadores compararon las edades de las mujeres tratadas con ART con 10 mujeres sin antecedentes de tratamiento con ART de la población de referencia.

Los investigadores informaron que 393 mujeres (0,06%) fueron diagnosticadas con cáncer de ovario: 64 que fueron tratadas con ART y 329 que no lo fueron. El tratamiento antirretroviral no estuvo relacionado con un mayor riesgo a largo plazo de cáncer de ovario. Sin embargo, parece haber una mayor tasa de cáncer de ovario en mujeres nulíparas y en mujeres tratadas con ART que tenían una causa femenina de infertilidad. Por el contrario, el tratamiento antirretroviral se asoció con un menor riesgo de cáncer de ovario en mujeres para quienes la causa de la infertilidad estaba en la pareja masculina (o sin explicación). Además, el Profesor Pinborg y sus colegas señalaron que el mayor riesgo de cáncer de ovario en mujeres tratadas con ART fue mayor en los primeros 2 años después del inicio de dicho tratamiento.

DÍA INTERNACIONAL DEL GATO

Foto: Un gato juega en el parque | Pixabay
Los gatos han sido fieles compañeros de aristócratas, políticos y otros grandes personajes históricos desde hace más de 5.000 años y algunos han conseguido alcanzar la fama por sus propios méritos

El Día Internacional del Gato rinde homenaje este miércoles a los reyes de la casa, unos animales tan especiales que merecen tres días en la agenda mundial. Cada 8 de agosto se celebra de acuerdo a la propuesta del Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW), pero otros expertos en defensa de los animales apuestan por el 29 de octubre y muchos usuarios en Internet hacen lo propio el 20 de febrero, fecha en que murió la gata del expresidente de Estados Unidos Bill Clinton.

El cualquier caso, los gatos comparten casa con los seres humanos desde hace más de 5.000 años y a lo largo de ese tiempo se han convertido en las mascotas más populares del mundo, con casi más de 600 millones entre ejemplares domésticos y abandonados, según la revista Ecology Global Network. Han sido fieles compañeros de aristócratas, políticos y otros grandes personajes históricos, hasta el punto de que algunos han alcanzado la famapor sus propios méritos.

El favorito de Mahoma

La creencia popular cuenta que Mahoma despertó un día por los sonidos de la llamada diaria a la oración en el Islam y descubrió que su gata Muezza dormía sobre una de las mangas de su túnica. En lugar de despertarla, utilizó unas tijeras para cortar la prenda y dejarla descansar. Cuando regresó de la mezquita, el profeta recibió una reverencia de Muezza como muestra gratitud y acarició tres veces a su gata predilecta.

Un gato duerme sobre una túnica | Pxhere

Un gato duerme sobre una túnica | Pxhere

El más longevo

Nació el 3 de agosto de 1967 y murió el 6 de agosto de 2005 a la edad de 38 años. Con esta inigualable marca, Creme Puff se convirtió en el gato más longevo de la historia de acuerdo al libro Guiness de los récords. Vivió en Texas (Estados Unidos) junto a su dueño Jake Perry y otro gato llamado Granpa Rexs Allen, que alcanzó la edad de 34 años.

El agente secreto

Una agente de Policía sostiene a Fred | C.C.
Una agente de Policía sostiene a Fred | C.C.

La vida de Fred fue muy corta —apenas un año— pero muy apasionante. Este gato de pelo corto sufría problemas pulmonares cuando fue adoptado por un fiscal del distrito Brooklyn en 2005 y acaparó la atención de la prensa tras actuar como “infiltrado” para la Policía de Nueva York en el arresto de un sospechoso que se hacía pasar por proveedor de servicios veterinarios.

El primer clon

CC, abreviatura de CopyCat o Carbon Copy, fue la primera mascota de la historia en ser clonada. Nació el 22 de diciembre de 2001 y era genéticamente idéntico a Rainbow, el ejemplar que donó el material genético, si bien tenían un color de pelaje diferente porque ésta es una característica que “se determina en el útero”, según explica la Enciclopedia Británica. CC consiguió reproducirse y tener sus propias crías sanas y genéticamente únicas.

CC (izquierda) y Rainbow (derecha) | Enciclopedia BritánicaCC (izquierda) y Rainbow (derecha) | Enciclopedia Británica

El mejor amigo de Koko

All Ball fue el mejor amigo de Koko, una gorila famosa por haber aprendido a comunicarse con los humanos mediante la lengua de signos. Tal y como describe la doctora Francine Patterson, de la Universidad de Stanford, el primate pidió una gata para su cumpleaños en 1983 y fue ella misma quien le puso nombre. Cuidó de All Ball como una cría hasta que murió atropellada y, en ese momento, manifestó sentirse muy triste.

El astronauta

Homenaje a Félicette | C.C.
Homenaje a Félicette | C.C.

Félicette es el único gato que ha viajado al espacio y ha vuelto con vida. Lo hizo a bordo de la sonda francesa Véronique AGI 47, que partió el 18 de octubre de 1963 desde una base en Argelia. Alcanzó los 160 kilómetros de altura sobre la Tierra, pero el vuelo apenas duró 15 minutos antes de que el animal pudiera regresar a la Tierra en una cápsula paracaídas. Posteriormente sería sacrificada para estudiar sus cambios cerebrales.

El de los memes

Tardar Sauce, más conocido como Grumpy Cat, es uno de los animales más famosos de Internet desde que uno de sus dueños publicó en 2012 una foto viral en la que aparecía con cara gruñona. Pero lo cierto es que este felino de la raza Snowsoe es muy cariñoso y debe su gesto enfadado a una deformación en la mandíbula que sufrió durante el desarrollo.

Tardar Sauce, fotografiado por sus dueños | The Official Grumpy CatTardar Sauce, fotografiado por sus dueños | The Official Grumpy Cat