Día Internacional contra los Ensayos Nucleares, 29 de agosto

Signing of the Partial Test Ban Treaty, 5 August 1963. Photo: CTBTO

Firma del Tratado de Prohibición Parcial de los Ensayos, 5 de agosto de 1963. El Secretario de Estado Dean Rusk, de Estados Unidos; el Ministro de Asuntos Exteriores Andrei Gromyko, de la Unión Soviética; y Lord Hume, del Reino Unido. Foto TPCEN.
http://www.un.org/es/events/againstnucleartestsday/history.shtml

El final de los ensayos nucleares

A continuación, en 2009, 2013 y en enero y septiembre de 2016, realizó cuatro pruebas más, que preocuparon casi unánimemente a la comunidad internacional. El Consejo de

Seguridad expresó su firme condena ante dichos ensayos que representaban una amenaza para la paz y la seguridad internacionales.

La historia de los ensayos nucleares comenzó muy temprano en la mañana del 16 de julio de 1945 en un desierto cercano a la localidad de Alamogordo, en el estado de Nuevo México, donde Estados Unidos detonó su primera bomba atómica. Esta primera prueba nuclear, conocida como Trinity, fue la culminación de años de investigación científica con el «Proyecto Manhattan».

Durante los 50 años que pasaron entre el fatídico día de 1945 y la apertura para la firma del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (TPCEN) en 1996, se realizaron más de 2000 ensayos nucleares en todo el mundo.

  • Estados Unidos llevó a cabo 1032pruebas entre 1945 y 1992.
  • La Unión Soviética715 entre 1949 y 1990.
  • El Reino Unido 45 entre 1952 y 1991.
  • Francia210 entre 1960 y 1996.
  • China45 entre 1964 y 1996.

Después de que se abriera a la firma el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares en septiembre de 1996, se realizaron aproximadamente media docena de pruebas con armamento nuclear:

  • India realizó dosensayos en 1998 (además de una denominada explosión nuclear pacífica en 1974).
  • Pakistándos en 1998.
  • República Democrática Popular de Corea, varios llevó a cabo varios ensayos en 2006, 2009, 2013 y 2016.

Ruptura de la moratoria de facto

Entre 1998 y 2016 se realizaron, supuestamente, nueve ensayos nucleares: dos por la India y dos por Pakistán en 1998, y cinco por la República Popular Democrática de Corea en 2006, 2009, 2013 y 2016, poniendo así fin a la moratoria de facto que había establecido el TPCEN.

La India realizó dos ensayos nucleares subterráneos, cuyo nombre en clave era “Shakti ‘98”, el 11 y 13 de mayo de 1998 cerca de la localidad de Pokhran. A diferencia de la prueba llevada a cabo en 1974, en esta ocasión el Gobierno de la India no declaró que se tratara de «ensayos pacíficos», sino que enfatizó la naturaleza militar de las explosiones.

Apenas dos semanas más tarde, Pakistán reaccionó con dos ensayos nucleares subterráneos en la cordillera Ras Koh.

Inmediatamente después, tanto India como Pakistán anunciaron moratorias unilaterales de ensayos nucleares y desde entonces no han realizado ninguno.

El ensayo nuclear anunciado por la República Popular Democrática de Corea el 9 de octubre de 2006 acabó con la moratoria de facto que había durado ocho años y atentó contra la letra y el espíritu del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares.

Tipos de ensayos nucleares

Ha habido explosiones nucleares terrestres, subterráneas (a más de 2400 metros de profundidad y en túneles horizontales) y submarinas (hasta 600 metros bajo el nivel del mar). Se han detonado bombas colocadas en torres, a bordo de barcos, en globos, lanzadas desde aviones y disparadas por cohetes a más de 300 km de altitud en la atmósfera.

Ensayos atmosféricos

Los ensayos atmosféricos se refieren a las detonaciones que tienen lugar en la atmósfera o más allá.

De las explosiones realizadas entre el 16 de julio de 1945 (Estados Unidos) y el 29 de julio de 1996 (China), más de 2000 en total, un 25%, es decir unas 500, se llevaron a cabo en la atmósfera: aproximadamente, 200 por Estados Unidos, 200 por la Unión Soviética, 50 por Francia, 20 por Gran Bretaña y 20 por China.

A mediados de los años cincuenta creció la preocupación internacional por la lluvia radioactiva resultante de los ensayos atmosféricos. En marzo de 1954, Estados Unidos probó su bomba de hidrógeno Castle Bravo en las Islas Marshall del Pacífico. La prueba Bravo produjo el peor desastre radiológico de la historia de ensayos de Estados Unidos. Por accidente se contaminaron con la lluvia radiactiva civiles de las Islas Marshall, militares de EEUU que prestaban servicio en el atolón Rongerik y el pesquero de arrastre japonés Lucky Dragon.

Los ensayos atmosféricos fueron prohibidos por el Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos de 1963. Ha habido negociaciones que han dado una amplia réplica a la grave preocupación de la comunidad internacional por la lluvia radioactiva resultante de los ensayos atmosféricos. Estados Unidos, Unión Soviética y Reino tomaron parte en el Tratado; Francia y China no lo hicieron. Francia realizó su último ensayo atmosférico en 1974, China en 1980. Las estaciones internaciones de vigilancia (IMS, por sus siglas en inglés) de infrasonidos de TPCEN se usan para detectar explosiones nucleares mediante la monitorización de las ondas de sonidos de bajas frecuencias en la atmósfera. Las estaciones IMS de radionucleidos TPCEN están diseñadas para detectar partículas radioactivas que emanan de un ensayo atmosférico.

Ensayos submarinos

Los ensayos submarinos se refieren a las explosiones que tienen lugar en las profundidades submarinas o cerca de la superficie del agua. Se ha realizado un número relativamente bajo de ensayos submarinos. El primer ensayo nuclear submarino, Operación Crossroads, fue realizado por Estados Unidos en 1946 en sus áreas de pruebas del Pacífico en las islas Marshall con el propósito de evaluar los efectos de las armas nucleares usadas contra buques navales. Más tarde, en 1955, la Operación Wigwam de Estados Unidos llevó a cabo un único ensayo nuclear submarino a una profundidad de 600 m. para determinar la vulnerabilidad de los submarinos a las explosiones nucleares.

Las explosiones nucleares submarinas cerca de la superficie pueden desplazar grandes cantidades de agua y vapor radiactivo, contaminando barcos, infraestructuras y personas situadas en las proximidades.

Los ensayos nucleares submarinos fueron prohibidos por el Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos de 1963. Las estaciones IMS hidroacústicas de TOCEN son las mejor adaptadas para detectar las explosiones nucleares submarinas.

De las más de 2.000 explosiones nucleares detonadas en el mundo entero entre 1945 y 1996, el 25% o más de 500 bombas explotaron en la atmósfera.

Ensayos subterráneos

Estación radionucleida 56, Peleduy, Federación Rusa. Foto: TPCEN.

Estación radionucleida 56, Peleduy, Federación Rusa. Foto: TPCEN.

Los ensayos subterráneos hacen referencia a las explosiones nucleares que detonan a profundidades variables bajo la superficie terrestre. Entre estos ensayos se encuentra la mayoría (es decir aproximadamente el 75%) de todas las explosiones nucleares durante la Guerra Fría (1945–1989); es decir, más de 800 de todos los ensayos realizados por Estados Unidos y cerca de 500 de todos los ensayos realizados por la Unión Soviética.

Cuando la explosión está totalmente contenida, el ensayo nuclear subterráneo emite una lluvia radiactiva insignificante en comparación con los ensayos atmosféricos. No obstante, si los ensayos nucleares subterráneos “descargan” en la superficie entonces pueden producir una cantidad considerable de restos radiactivos. Los ensayos subterráneos se hacen evidentes generalmente mediante la actividad sísmica relacionada con el efecto del dispositivo nuclear.

Los ensayos nucleares subterráneos fueron prohibidos por el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCEN) de 1996, que prohíbe todas las explosiones nucleares en la Tierra.

El 75% de todas las explosiones de ensayos nucleares durante la guerra fría fueron subterráneos.

Las estaciones IMS sísmicas del TPCEN se usan para detectar explosiones nucleares subterráneas. Los datos sísmicos se combinan con los datos radionucleidos. Sólo la tecnología de radionucleidos puede determinar si una explosión es nuclear en su origen; sus estaciones y laboratorios por todo el mundo monitorizan la presencia de partículas y/o gases nobles en la atmósfera.

Para más detalles, vea Recuento de las Pruebas Nucleares : un desglose numérico del número de pruebas nucleares atmosféricas y subterráneas llevadas a cabo por cada país las pruebas para cada año a partir de 1945-2006.

Ensayos nucleares desde 1945 a 2009

El comienzo de la era nuclear

Estados Unidos inauguró la Era Nuclear en las horas anteriores al amanecer del 16 de julio de 1945 cuando detonó una bomba atómica de 20 kilotones con el nombre en clave «Trinity» en Alamogordo, Nuevo México.

Bajo el paraguas del «Proyecto Manhattan», el propósito original del ensayo ha sido confirmar que era viable un diseño de un arma nuclear del tipo implosión. También dio a los científicos y militares de Estados Unidos una idea del tamaño y efectos reales que dichas explosiones nucleares tendrían antes de usarlas en combate.

Mientras que el ensayo de Alamogordo demostró muchos de los efectos de la explosión, no consiguió en cambio aportar una comprensión con sentido de la lluvia nuclear radioactiva, que no fue bien entendida por científicos del proyecto hasta años más tarde.

Estados Unidos dejó caer dos bombas atómicas en Japón a finales de la Segunda Guerra Mundial: una fue una bomba de fisión con mecanismo de disparo no probada llamada «Little Boy», sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945; otra fue una bomba de tipo implosión probada en Alamogordo por primera vez un mes antes y denominada «Fat Man», sobre Nagasaki el 9 de agosto. Estas dos bombas juntas mataron unos 220.000 ciudadanos japoneses en el acto y más de 200.000 que murieron como consecuencia de la sobredosis letal de radiación.

Desde la «guerra caliente» a la Guerra Fría

El primer ensayo nuclear de la URSS «Joe 1» en Semipalatinsk, Kazajistán, 29 de agosto de 1949. Foto: TPCEN.

El primer ensayo nuclear de la URSS «Joe 1» en Semipalatinsk, Kazajistán, 29 de agosto de 1949. Foto: TPCEN.

En cuanto la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin en agosto de 1945, se inició una carrera total técnico industrial de armas nucleares entre las dos superpotencias que habían emergido recientemente, los Estados Unidos y la Unión Soviética. Entre 1946 y 1949, Estados Unidos realizó seis ensayos adicionales. Después, el 29 de agosto de 1949, la Unión Soviética ensayó su primera bomba atómica, «Joe 1». Este ensayo marcó el principio de la carrera de armas nucleares, «Guerra Fría», entre las dos superpotencias.

Con el primer ensayo de bomba atómica de la Unión Soviética el 29 de agosto de 1949, la carrera de armas nucleares «guerra fría» entre la URSS y Estados Unidos había comenzado..

Al principio, ni los Estados Unidos ni la Unión Soviética tenían suficientes armas nucleares que desperdiciar así que sus ensayos nucleares fueron relativamente limitados. Sin embargo, en los años cincuenta Estados Unidos estableció un sitio de ensayos exclusivo (Sitio de Ensayos de Nevada) y también uso un sitio en las islas Marshall (área de ensayos del Pacíficos) para realizar amplios ensayos nucleares. La Unión Soviética también comenzó a realizar pruebas en una escala limitada, fundamentalmente en Semipalatinsk en la República Soviética de Kazajistán. Los primeros ensayos fueron usados fundamentalmente para averiguar los efectos militares de las armas nucleares y para probar nuevos diseños de armas.

Unas tensiones exacerbadas y una atmósfera omnipresente de miedo y sospecha actuaron como catalizador para construir bombas más potentes y sofisticadas. Durante los años cincuenta se probaron nuevos diseños de bombas de hidrógeno en el Pacífico, ya que eran nuevos y mejorados diseños de armas de fisión.

En 1954, el Primer Ministro de la India Jawaharlal Nehru se convirtió en el primer hombre de estado que hizo una llamada para «permanecer quietos» y no realizar ensayos nucleares.

 La prueba Bravo produjo el peor desastre radiológico de la historia de ensayos de Estados Unidos. Atolón Bikini, islas Marshall, 1 de marzo de 1954. Foto: TPCEN.

La prueba Bravo produjo el peor desastre radiológico de la historia de ensayos de Estados Unidos. Atolón Bikini, islas Marshall, 1 de marzo de 1954. Foto: TPCEN.

El Reino Unido se convirtió en el tercer país en probar armas nucleares el 3 de octubre de 1952. Inicialmente, el Reino Unido probó principalmente en Australia y más tarde en los Estados Unidos. Desde 1958 en adelante su programa fue coordinado estrechamente con el de los Estados Unidos a través del Acuerdo de Defensa Mutua entre el Reino Unido y los Estados Unidos.

La primera bomba de hidrógeno

El 1° de noviembre de 1952 los Estados Unidos se convirtieron en el primer país en probar la bomba de hidrógeno. El ensayo Castle Bravo del 1 de marzo de 1954 liberó 15 megatones y fue el arma nuclear más grande que jamás había detonado Estados Unidos. Por accidente, los atolones habitados de Rongelap, Rongerik y Utirik estaban contaminados con lluvia radioactiva como lo fue el pesquero de arrastre japonés Lucky Dragon. La controversia sobre la lluvia radioactiva de las actividades de los ensayos causó una gran preocupación internacional.

El 2 de abril de 1954, el Primer Ministro de la India Jawaharlal Nehru se convirtió en el primer hombre de estado que hizo una llamada para «permanecer quietos» y no realizar ensayos nucleares. No obstante, esto hizo poco para detener los amplios ensayos nucleares que caracterizaron los siguientes 35 años y que no remitieron hasta el final de la Guerra Fría a finales de los años noventa.

Desde 1955 hasta 1989, el número medio de ensayos nucleares realizados cada año fue 55. Los ensayos nucleares tuvieron su apogeo a finales de los cincuenta y principios de los sesenta. Sólo en el año 1962 se realizaron hasta 178 ensayos: 96 realizados por los Estados Unidos y 79 por la Unión Soviética. Este fue el año de la Crisis de los Misiles de Cuba cuando la Guerra Fría amenazó con convertirse en una guerra nuclear. El año anterior había visto los ensayos del arma nuclear más grande que hubiera explotado jamás, La “Tsar Bomba” de la Unión Soviética con un resultado de 50 megatones. Fue probada en el sitio de ensayos Novaya Zemlya cerca del Círculo Ártico.

Francia y China se convirtieron en Estados de armas nucleares en 1960 y 1964 respectivamente, con ambos programas nucleares concebidos para proporcionar unas armas nucleares disuasorias creíbles. Francia probó inicialmente en Argelia y posteriormente en el Pacífico Sur. China realizó todos sus ensayos nucleares en Lop Nur en la Provincia de Xinjiang.

El tratado de prohibición parcial de los ensayos de 1963 prohibió los ensayos, incluyendo aquellos que tenían fines pacíficos, en la atmósfera, bajo el agua y en el espacio…pero no prohibió los subterráneos.

A principios de los años sesenta se vio la introducción del único esfuerzo de limitación de los ensayos que tuvo efectos concretos sobre cómo se realizaban los ensayos durante la Guerra Fría. El tratado de prohibición parcial de los ensayos de 1963 prohibió los ensayos militares y para fines pacíficos, en la atmósfera, bajo el agua y en el espacio. El Tratado fue importante desde un punto de vista medioambiental, haciendo decaer la lluvia radioactiva que estaba estrechamente asociada con los ensayos atmosféricos, pero hizo poco para impedir los ensayos nucleares en su conjunto, que en su mayor parte pasaron a ser subterráneos.

Crecientes arsenales nucleares

Los arsenales nucleares del mundo se inflaron durante la Guerra Fría, de un número ligeramente superior a las 3.000 armas en 1955 a más de 37.000 armas en 1965 (Estados Unidos 31.000 y la Unión Soviética 6000), a 47.000 en 1975 (Estados Unidos 27.000 y la Unión Soviética 20.000) y más de 60.000 a finales de los años ochenta (Estados Unidos 23.000 y la Unión Soviética 39.000).

Según la Iniciativa de la Amenaza Nuclear, Israel inició un programa nuclear en los años cincuenta y había completado la fase de I+D de su programa de armas nucleares en 1986, aunque no ha probado dicha arma, según el conocimiento público. Israel ha adoptado una llamada «política de ambigüedad nuclear», ni confirmando ni negando su estado nuclear. No forma parte del Tratado de No Proliferación de 1968, y ha firmado pero no ratificado el TPCEN.

Oficialmente, la India se convirtió en la sexta nación en desarrollar armas nucleares, realizando un ensayo nuclear, declarado como explosión nuclear pacífica, en mayo de 1974.

En 1982, otra nación más, Sudáfrica, adquirió armas nucleares, según el Centro sobre Estudios de No Proliferación del Instituto de Monterrey. Según el conocimiento público, Sudáfrica no realizó ningún ensayo nuclear. Menos de diez años más tarde, con la transición anticipada a un gobierno de elección por mayoría, Sudáfrica desmanteló todas sus armas nucleares, la única nación hasta la fecha que renunció voluntariamente a las armas nucleares bajo su completo control. La desmantelación se completó en 1991. El mismo año, Sudáfrica accedió al Tratado de No Proliferación de 1968 como Estado sin armas nucleares. Votó abrumadoramente para acabar con el apartheid el 18 de marzo de 1992.

Los ensayos nucleares subterráneos fueron prohibidos por el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares de 1996, que prohíbe todas las explosiones nucleares en la Tierra.

El mundo no fue testigo de ninguna disminución significativa de las actividades de ensayos nucleares y de la adquisición de armas nucleares entre los Estados con armas nucleares hasta principios de los años noventa. El número total de ensayos nucleares en la segunda mitad de los años ochenta llegó a ser 174.

Pero las relaciones más calidas entre la Unión Soviética y los Estados Unidos desde mediados de los ochenta prepararon el camino, como también lo hizo la caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la Unión Soviética en 1991, que fue sustituida por la Federación Rusa. Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania que junto con Rusia han albergado el arsenal nuclear soviético, se convirtieron en Estados de armas no nucleares según el Tratado de No Proliferación. El sitio de ensayos principal de la URRS, Semipalatinsl en Kazajistán, fue cerrado en 1991.

Moratoria sobre las pruebas nucleares

En 1990, la Unión Soviética propuso una moratoria sobre los ensayos nucleares que fue acordada por el Reino Unido y los Estados Unidos. Esto generó una oportunidad de avanzar pata los abogados que, durante decenios, ha promovido una prohibición completa de todos los ensayos nucleares.

Entre 1998 y 2007 se realizaron unos cinco ensayos nucleares: dos por India y dos por Pakistán en 1998 y uno declarado por la República Popular Democrática de Corea en 2006.

El último ensayo nuclear de la Unión Soviética tuvo lugar el 24 de octubre de 1990; el del Reino Unido el 26 de noviembre de 1991 y el de los Estados Unidos el 23 de septiembre de 1992. Francia y China realizaron sus últimos ensayos en enero y julio de 1996 respectivamente, antes de firmar el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares el día que se habilitó para firmar, 24 de septiembre de 1996, junto con los otros tres Estados de armas nucleares y 66 otros países. Francia cerró y desmanteló todos sus sitios de ensayos nucleares en los años noventa; es el único Estado de armas nucleares que lo ha hecho hasta la fecha.

Tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares (TPCEN)

El Tratado

El Día contra los Ensayos Nucleares gira entorno al Tratado que promueve su total prohibición a nivel mundial, sean terrestres, subterráneos, subacuáticos o atmosféricos. El Tratado también tiene por objetivo obstaculizar el desarrollo de armas nucleares, ya que tanto el desarrollo inicial como la mejora sustancial (bomba H) requieren ensayos reales. El TPCEN hace casi imposible que los países que aún no tienen armas nucleares poder desarrollarlas, de la misma manera que impide que aquellos que poseen armas nucleares desarrollen armamento nuevo o más avanzado. También ayuda a prevenir los daños que causan a los seres humanos y al medio ambiente.

Historia

Desde 1945 hasta que el TPCEN se abrió a la firma en 1996, se realizaron más de 2000 ensayos nucleares: Estados Unidos, unos 1000; la Unión Soviética, aproximadamente 700; Francia, más de 200; y el Reino Unido y China, unos 45. Tres países han roto la moratoria de facto y han hecho pruebas con armas nucleares desde 1996, a saber: India y Pakistán en 1998, y la República Popular Democrática de Corea (RPDC) en 2006, 2009, 2013 y 2016. Durante la Guerra Fría, se intentó repetidas veces negociar la prohibición completa de las pruebas, pero hasta los años noventa no se hizo realidad el Tratado, cuyas negociaciones tuvieron lugar en Ginebra entre 1994 y 1996.

Un tratado sin efecto

Para que el Tratado entre vigor son necesarias las firmas y las ratificaciones de los 44 países listados específicamente en el documento, aquellos que poseían capacidad nuclear en el momento de las negociaciones finales del Tratado en 1996.

De esos 44, faltan ocho por firmar: China, la República Popular Democrática de Corea, Egipto, India, Irán, Israel, Pakistán y Estados Unidos. RDPC, India y Pakistán aún tienen que firmar el TPCEN. A fecha de 2017, 183 países han firmado de Tratado, de los cuales 166 también lo han ratificado.

La Organización del Tratado

Como el Tratado aún no está en vigor, la Organización se llama Comisión Prepatatoria para la Organización de la Prohibición Completa de Ensayos Nucleares, u OTPCEN. Se fundó en 1996, con aproximadamente 260 personas de la mayoría de los 182 Estados Miembros del TPCEN. Su máximo responsable es el Secretario Ejecutivo, Tibor Tóth (Hungría). Las tareas principales del TPCEN son la promoción del Tratado y la construcción del régimen de verificación para que esté operativo cuando el Tratado entre en vigor. El presupuesto es aproximadamente de US$120,000,000 o €82,000,000.

Régimen de verificación

Es un sistema único y completo. En el corazón del régimen de verificación se encuentra el Sistema de Monitorización Internacional (IMS), que consta de 337 instalaciones repartidas por todo el mundo que monitorizan constantemente el planeta para buscar señales de explosiones nucleares. Aproximadamente el 80% de estas instalaciones ya envían datos al Centro Internacional de Datos de la sede principal del TPCEN de Viena. El IMS usa las siguientes cuatro tecnologías innovadoras:

  • Sísmica: Cincuenta estaciones sísmicas primarias y 120 auxiliares monitorizan las ondas de choque en la Tierra. La amplia mayoría de estas ondas de choque, muchos millares cada año, son causadas por terremotos. Pero también se detectan las explosiones causadas por el hombre tales como las explosiones mineras o los ensayos nucleares anunciados por la RPDC en 2006.
  • Hidroacústica: Once estaciones hidrófonas «escuchan» las ondas sonoras de los océanos. Las ondas de sonido de las explosiones pueden viajar muy lejos bajo el agua.
  • Infrasonidos: Sesenta estaciones sobre la superficie pueden detectar ondas de sonido de frecuencias ultrabajas (inaudibles para el oído humano) que son emitidas por grandes explosiones.
  • Radionucleidos: Ochenta estaciones miden la atmósfera para detectar partículas radioactivas, 40 de ellas también capturan los gases nobles. Solamente estas medidas pueden dar una clara indicación sobre si una explosión detectada por los otros métodos era realmente nuclear o no. Tienen el respaldo de 16 laboratorios radionucleidos.

Inspección en el sitio

Si los datos de las estaciones IMS indican que ha tenido lugar un ensayo nuclear, un Estado Miembro puede solicitar que se lleve a cabo una inspección in-situ para reunir evidencias que permitan hacer la evaluación final sobre si una explosión nuclear, una violación del Tratado, ha tenido lugar en realidad. Esto sólo será posible después de que el TPCEN haya entrado en vigor. Se realizó un gran ejercicio de inspección in-situ en septiembre de 2008 en Kazajistán.

Aplicaciones civiles y científicas

Los datos de IMS son facilitados a los Estados Miembros del TPCEN y a otras organizaciones internacionales. También se usan para aplicaciones distintas a la verificación de la prohibición de ensayos, tal como los avisos de tsunamis (probando los datos oportunamente), investigación en el núcleo de la Tierra, monitorización de terremotos y volcanes: investigación en los océanos, investigación de los cambios de clima y muchas otras aplicaciones.

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Los Nueve Billones De Nombres De Dios

Arthur C. Clarke: 2005: A Tsunami Odyssey:  Recovery is slow in Sri Lanka

Por Arthur C. Clarke

http://www.lamaquinadeltiempo.com/prosas/clarke01.htm

Arthur Charles Clarke (Minehead, Inglaterra, 16 de diciembre de 1917 – Colombo, Sri Lanka, 19 de marzo de 2008) más conocido como Arthur C. Clarke, fue un escritor y científico británico. Autor de obras de divulgación científica y de ciencia ficción, como la novela 2001: Una odisea del espacio, El centinela o Cita con Rama y coguionista de la película 2001: Una odisea del espacio.

-Esta es una petición un tanto desacostumbrada- dijo el doctor Wagner, con lo que esperaba podría ser un comentario plausible-. Que yo recuerde, es la primera vez que alguien ha pedido una computadora de secuencia automática para un monasterio tibetano. No me gustaría mostrarme inquisitivo, pero me cuesta pensar que en su… ejem… establecimiento haya aplicaciones para semejante máquina. ¿Podría explicarme que intentan hacer con ella?
-Con mucho gusto- contestó el lama, arreglándose la túnica de seda y dejando cuidadosamente a un lado la regla de cálculo que había usado para efectuar la equivalencia entre las monedas-. Su computadora Mark V puede efectuar cualquier operación matemática rutinaria que incluya hasta diez cifras. Sin embargo, para nuestro trabajo estamos interesados en letras, no en números. Cuando hayan sido modificados los circuitos de producción, la maquina imprimirá palabras, no columnas de cifras.
-No acabo de comprender…
-Es un proyecto en el que hemos estado trabajando durante los últimos tres siglos; de hecho, desde que se fundó el lamaísmo. Es algo extraño para su modo de pensar, así que espero que me escuche con mentalidad abierta mientras se lo explico.
-Naturalmente.
-En realidad, es sencillísimo. Hemos estado recopilando una lista que contendrá todos los posibles nombres de Dios.
-¿Qué quiere decir?
-Tenemos motivos para creer- continuó el lama, imperturbable- que todos esos nombres se pueden escribir con no más de nueve letras en un alfabeto que hemos ideado.
-¿Y han estado haciendo esto durante tres siglos?
-Sí; suponíamos que nos costaría alrededor de quince mil años completar el trabajo.?2
-Oh- exclamó el doctor Wagner, con expresión un tanto aturdida-. Ahora comprendo por qué han querido alquilar una de nuestras maquinas. ¿Pero cuál es exactamente la finalidad de este proyecto?
El lama vaciló durante una fracción de segundo y Wagner se preguntó si lo había ofendido. En todo caso, no hubo huella alguna de enojo en la respuesta.
-Llámelo ritual, si quiere, pero es una parte fundamental de nuestras creencias.
Los numerosos nombres del Ser Supremo que existen: Dios, Jehová, Alá, etcétera, sólo son etiquetas hechas por los hombres. Esto encierra un problema filosófico de cierta dificultad, que no me propongo discutir, pero en algún lugar entre todas las posibles combinaciones de letras que se pueden hacer están los que se podrían llamar verdaderos nombres de Dios. Mediante una permutación sistemática de las letras, hemos intentado elaborar una lista con todos esos posibles nombres.
-Comprendo. Han empezado con AAAAAAA… y han continuado hasta ZZZZZZZ…
-Exactamente, aunque nosotros utilizamos un alfabeto especial propio.
Modificando los tipos electromagnéticos de las letras, se arregla todo, y esto es muy fácil de hacer. Un problema bastante más interesante es el de diseñar circuitos para eliminar combinaciones ridículas. Por ejemplo, ninguna letra debe figurar mas de tres veces consecutivas.
-¿Tres? Seguramente quiere usted decir dos.
-Tres es lo correcto. Temo que me ocuparía demasiado tiempo explicar por qué, aun cuando usted entendiera nuestro lenguaje.
-Estoy seguro de ello- dijo Wagner, apresuradanente- Siga.
-Por suerte, será cosa sencilla adaptar su computadora de secuencia automática a ese trabajo, puesto que, una vez ha sido programado adecuadamente, permutará cada letra por turno e imprimirá el resultado. Lo que nos hubiera costado quince mil años se podrá hacer en cien días.
El doctor Wagner apenas oía los débiles ruidos de las calles de Manhattan, situadas muy por debajo. Estaba en un mundo diferente, un mundo de montañas naturales, no construidas por el hombre. En las remotas alturas de su lejano país, 
aquellos monjes habían trabajado con paciencia, generación tras generación, llenando sus listas de palabras sin significado. ¿Había algún limite a las locuras de la humanidad? No obstante, no debía insinuar siquiera sus pensamientos. El cliente siempre tenia razón…?3
-No hay duda- replicó el doctor- de que podemos modificar el Mark V para que imprima listas de este tipo. Pero el problema de la instalación y el mantenimiento ya me preocupa más. Llegar al Tíbet en los tiempos actuales no va a ser fácil.
-Nosotros nos encargaremos de eso. Los componentes son lo bastante pequeños para poder transportarse en avión. Este es uno de los motivos de haber elegido su máquina. Si usted la puede hacer llegar a la India, nosotros proporcionaremos el transporte desde allí.
-¿Y quieren contratar a dos de nuestros ingenieros?
-Sí, para los tres meses que se supone ha de durar el proyecto.
-No dudo de que nuestra sección de personal les proporcionará las personas idóneas.- El doctor Wagner hizo una anotación en la libreta que tenía sobre la mesa- hay otras dos cuestiones… -Antes de que pudiese terminar la frase, el lama sacó una pequeña hoja de papel.
-Esto es el saldo de mi cuenta del Banco Asiático.
-Gracias. Parece ser… hum… adecuado. La segunda cuestión es tan trivial que vacilo en mencionarla… pero es sorprendente la frecuencia con que lo obvio se pasa por alto. ¿Qué fuente de energía eléctrica tiene ustedes?
-Un generador diesel que proporciona cincuenta kilovatios a ciento diez voltios.
Fue instalado hace unos cinco años y funciona muy bien. Hace la vida en el monasterio mucho más cómoda, pero, desde luego, en realidad fue instalado para proporcionar energía a los altavoces que emiten las plegarias. Desde luego – admitió el doctor Wagner-. Debía haberlo imaginado.
La vista desde el parapeto era vertiginosa, pero con el tiempo uno se acostumbra a todo. Después de tres meses, George Hanley no se impresionaba por los dos mil pies de profundidad del abismo, ni por la visión remota de los campos del valle semejantes a cuadros de un tablero de ajedrez. Estaba apoyado contra las piedras pulidas por el viento y contemplaba con displicencia las distintas montañas, cuyos nombres nunca se había preocupado de averiguar.
Aquello, pensaba George, era la cosa más loca que le había ocurrido jamas. El “Proyecto Shangri-La”, como alguien lo había bautizado en los lejanos laboratorios. Desde hacía ya semanas, el Mark V estaba produciendo acres de hojas de papel cubiertas de galimatías.?4 Pacientemente, inexorablemente, la computadora había ido disponiendo letras en todas sus posibles combinaciones, agotando cada clase antes de empezar con la siguiente. Cuando las hojas salían de las maquinas de escribir electromaticas, los monjes las recortaban cuidadosamente y las pegaban a unos libros enormes. Una semana más y, con la ayuda del cielo, habrían terminado. George no sabía qué oscuros cálculos habían convencido a los monjes de que no necesitaban preocuparse por las palabras de diez, veinte o cien letras. Uno de sus habituales quebraderos de cabeza era que se produjese algún cambio de plan y que el gran lama (a quien ellos llamaban Sam Jaffe, aunque no se le parecía en absoluto) anunciase de pronto que el proyecto se extendería aproximadamente hasta el año 2060 de la Era Cristiana. Eran capaces de una cosa así.
George oyó que la pesada puerta de madera se cerraba de golpe con el viento al tiempo que Chuck entraba en el parapeto y se situaba a su lado. Como de costumbre, Chuck iba fumando uno de los cigarros puros que le habían hecho tan popular entre los monjes, que, al parecer, estaban completamente dispuestos a adoptar todos los menores y gran parte de los mayores placeres de la vida. Esto era una cosa a su favor: podían estar locos, pero no eran tontos. Aquellas frecuentes excursiones que realizaban a la aldea de abajo, por ejemplo…
-Escucha, George -dijo Chuck, con urgencia-. He sabido algo que puede significar un disgusto.
-¿Qué sucede? ¿No funciona bien la maquina? -ésta era la peor contingencia que George podía imaginar. Era algo que podría retrasar el regreso, y no había nada más horrible. Tal como se sentía él ahora, la simple visión de un anuncio de televisión le parecería maná caído del cielo. Por lo menos, representaría un vinculo con su tierra.
-No, no es nada de eso. -Chuck se instaló en el parapeto, lo cual era inhabitual en él, porque normalmente le daba miedo el abismo-. Acabo de descubrir cuál es el motivo de todo esto.
-¿Qué quieres decir? Yo pensaba que lo sabíamos.
-Cierto, sabíamos lo que los monjes están intentando hacer. Pero no sabíamos por qué. Es la cosa más loca…
-Eso ya lo tengo muy oído -gruñó George.
-…pero el viejo me acaba de hablar con claridad. Sabes que acude cada tarde para ver cómo van saliendo las hojas. Pues bien, esta vez parecía bastante excitado o, por lo menos, más de lo que suele estarlo normalmente. Cuando le dije que estábamos en el ultimo ciclo me preguntó, en ese acento inglés tan fino que tiene, si yo había pensado alguna vez en lo que intentaban hacer. Yo dije que me gustaría saberlo… y entonces me lo explicó.
-Sigue; voy captando.
-El caso es que ellos creen que cuando hayan hecho la lista de todos los nombres, y admiten que hay unos nueve billones, Dios habrá alcanzado su objetivo. La raza humana habrá acabado aquello para lo cual fue creada y no tendrá sentido alguno continuar. Desde luego, la idea misma es algo así como una blasfemia.
-¿Entonces que esperan que hagamos? ¿Suicidarnos?
-No hay ninguna necesidad de esto. Cuando la lista esté completa, Dios se pone en acción, acaba con todas las cosas y… ¡Listos!
-Oh, ya comprendo. Cuando terminemos nuestro trabajo, tendrá lugar el fin del mundo. Chuck dejo escapar una risita nerviosa.
-Esto es exactamente lo que le dije a Sam. ¿Y sabes que ocurrió? Me miró de un modo muy raro, como si yo hubiese cometido alguna estupidez en la clase, y dijo:
“No se trata de nada tan trivial como eso”.
George estuvo pensando durante unos momentos.
-Esto es lo que yo llamo una visión amplia del asunto -dijo después-. ¿Pero qué supones que deberíamos hacer al respecto? No veo que ello signifique la más mínima diferencia para nosotros. Al fin y al cabo, ya sabíamos que estaban locos.
-Sí… pero ¿no te das cuenta de lo que puede pasar? Cuando la lista esté acabada y la traca final no estalle -o no ocurra lo que ellos esperan, sea lo que sea-, nos pueden culpar a nosotros del fracaso. Es nuestra máquina la que han estado usando. Esta situación no me gusta ni pizca.
-Comprendo – dijo George, lentamente-. Has dicho algo de interés. Pero ese tipo de cosas han ocurrido otras veces. Cuando yo era un chiquillo, allá en Louisiana, teníamos un predicador chiflado que una vez dijo que el fin del mundo llegaría el domingo siguiente. Centenares de personas lo creyeron y algunas hasta vendieron sus casas. Sin embargo, cuando nada sucedió, no se pusieron furiosos, como se hubiera podido esperar. Simplemente, decidieron que el predicador había cometido un error en sus cálculos y siguieron creyendo. Me parece que algunos de ellos creen todavía.
-Bueno, pero esto no es Louisiana, por si aún no te habías dado cuenta. Nosotros no somos más que dos y monjes los hay a centenares aquí. Yo les tengo aprecio;?6 y sentiré pena por el viejo Sam cuando vea su gran fracaso. Pero, de todos modos, me gustaría estar en otro sitio.
-Esto lo he estado deseando yo durante semanas. Pero no podemos hacer nada hasta que el contrato haya terminado y lleguen los transportes aéreos para llevarnos lejos. Claro que – dijo Chuck, pensativamente – siempre podríamos probar con un ligero sabotaje.
-Y un cuerno podríamos. Eso empeoraría las cosas.
Lo que yo he querido decir, no. Míralo así. Funcionando las veinticuatro horas del día, tal como lo está haciendo, la máquina terminará su trabajo dentro de cuatro días a partir de hoy. El transporte llegará dentro de una semana. Pues bien, todo lo que necesitamos hacer es encontrar algo que tenga que ser reparado cuando hagamos una revisión; algo que interrumpa el trabajo durante un par de días. Lo arreglaremos, desde luego, pero no demasiado aprisa. Si calculamos bien el tiempo, podremos estar en el aeródromo cuando el último nombre quede impreso en el registro. Para entonces ya no nos podrán coger.
-No me gusta la idea -dijo George-. Sería la primera vez que he abandonado un trabajo. Además, les haría sospechar. No, me quedare y aceptare lo que venga.
-Sigue sin gustarme -dijo, siete días mas tarde, mientras los pequeños pero resistentes burritos de montaña les llevaban hacia abajo por la serpenteante carretera-. Y no pienses que huyo porque tengo miedo. Lo que pasa es que siento pena por esos infelices y no quiero estar junto a ellos cuando se den cuenta de lo tontos que han sido. Me pregunto como se lo va a tomar Sam.
-Es curioso -replicó Chuck-, pero cuando le dije adiós tuve la sensación de que sabía que nos marchábamos de su lado y que no le importaba porque sabía también que la máquina funcionaba bien y que el trabajo quedaría muy pronto acabado. Después de eso… claro que, para él, ya no hay ningún después… George se volvió en la silla y miró hacia atrás, sendero arriba. Era el último sitio desde donde se podía contemplar con claridad el monasterio. La silueta de los achaparrados y angulares edificios se recortaba contra el cielo crepuscular: aquí y allá se veían luces que resplandecían como las portillas del costado de un transatlántico. Luces eléctricas, desde luego, compartiendo el mismo circuito que el Mark V. ¿Cuánto tiempo lo seguirían compartiendo?, se preguntó George. ¿Destrozarían los monjes la computadora, llevados por el furor y la desesperación?
¿O se limitarían a quedarse tranquilos y empezarían de nuevo todos sus cálculos?
Sabía exactamente lo que estaba pasando en lo alto de la montaña en aquel mismo momento. El gran lama y sus ayudantes estarían sentados, vestidos con sus túnicas de seda e inspeccionando las hojas de papel mientras los monjes principiantes las sacaban de las maquinas de escribir y las pegaban a los grandes volúmenes. Nadie diría una palabra. El único ruido sería el incesante golpear de las letras sobre el papel, porque el Mark V era de por sí completamente silencioso mientras efectuaba sus millares de cálculos por segundo. Tres meses así, pensó George, eran ya como para subirse por las paredes.
-¡Allí esta! -gritó Chuck, señalando abajo hacia el valle-. ¿Verdad que es hermoso?
Ciertamente, lo era, pensó George. El viejo y abollado DC3 estaba en el final de la pista, como una menuda cruz de plata. Dentro de dos horas los estaría llevando hacia la libertad y la sensatez. Era algo así como saborear un licor de calidad. George dejó que el pensamiento le llenase la mente, mientras el burrito avanzaba pacientemente pendiente abajo.
La rápida noche de las alturas del Himalaya casi se les echaba encima. Afortunadamente, el camino era muy bueno, como la mayoría de los de la región, y ellos iban equipados con linternas. No había el más ligero peligro: sólo cierta incomodidad causada por el intenso frío. El cielo estaba perfectamente despejado e iluminado por las familiares y amistosas estrellas. Por lo menos, pensó George, no habría riesgo de que el piloto no pudiese despegar a causa de las condiciones del tiempo. Esta había sido su ultima preocupación. Se puso a cantar, pero lo dejó al cabo de poco. El vasto escenario de las montañas, brillando por todas partes como fantasmas blancuzcos encapuchados, no animaba a esta expansión. De pronto, George consultó su reloj.
-Estaremos allí dentro de una hora -dijo, volviéndose hacia Chuck. Después, pensando en otra cosa, añadió-: Me pregunto si la computadora habrá terminado su trabajo. Estaba calculado para esta hora.
Chuck no contesto, así que George se volvió completamente hacia él. Pudo ver la cara de Chuck; era un ovalo blanco vuelto hacia el cielo.
-Mira – susurro Chuck; George alzó la vista hacia el espacio.
Siempre hay una ultima vez para todo. Arriba, sin ninguna conmoción, las estrellas se estaban apagando.

Luisa Valenzuela, discurso de apertura de la Feria Internacional del Libro, Buenos Aires, Argentina 2017

Luisa Valenzuela, escritora
Foto: LA NACION / Marcelo GómezLuisa Valenzuela (26 de noviembre de 1938Buenos AiresArgentina) es una escritora y periodista argentina.

JUEVES 27 DE ABRIL DE 2017 • 21:43

Discurso completo de la escritora Luisa Valenzuela, invitada para inaugurar la 43° Feria del Libro.

No haré hincapié en la escritura llamada -y lo digo con cierta trepidación-femenina, si bien mis palabras, sin proponérmelo, tendrán la marca de un lenguaje no necesariamente distinto sino con una carga eléctrica, emocional, diferente de la del lenguaje masculino.

Hablaré como argentina, otra de mis marcas indelebles. Las diversas permanencias en países extranjeros no segaron mis raíces – como se intentó hacernos creer durante los años de plomo para acallar las denuncias hechas desde el exterior. Escritoras y escritores de la Argentina tenemos raíces aéreas, tipo clavel del aire; son raíces que aun a lo lejos se nutren de la savia de este país nuestro, tan rico en variedad y en sorpresas, no siempre positivas.

Herederas de las migraciones, del nomadismo gauchesco, desde las distancias nunca hemos dejado de observar nuestra tierra del sur con una perspectiva teñida de afecto y también de dolor. De eso se trata. Desde el lado de allá o desde el lado de acá, como quiso alguna vez Cortázar.

En mi caso, desde hace años se trata del lado de acá. Y en toda circunstancia con la fuerte intención de conservar la memoria. De plantarnos firmes para que el viento de la historia no nos sople fuera del mapa.

Pero ¿de qué mapa estamos hablando cuando impera la posverdad, esa “mentira emotiva” nacida para modelar la opinión pública desdeñando los hechos fehacientes y los datos verificables, esa lengua de madera (a decir de los franceses) especial para construir discursos engañosos, que llegan a convencer porque resultan atractivos, tranqulizadores, o quizá convenientes?

La era de la posverdad. Qué tremenda definición para los tiempos actuales. Tiempos de un ubicuo Moloch, ese monstruo bíblico con panza de fuego que traga a los nuevos desamparados y los multiplica: trabajadores desplazados, estudiantes, docentes, investigadores, inmigrantes, hasta mujeres porque nos están convirtiendo en una población de riesgo.

El fuego en el seno de este Moloch tiene destellos de un oro que ya no cumple su función tranquilizadora, ya no respalda las monedas del mundo concentradas cada vez en menos manos. Este Moloch de hoy es un monstruo de avidez insaciable que desatiende el patrimonio esencial de las naciones: su cultura.

¿Quiénes somos, sin el acervo cultural que nos sustenta?

Hay consuelo. Aquí y ahora estamos frente a un umbral, un umbral de posibilidades. Se abren las puertas de nuestra Feria del Libro, una de las más importantes del mundo, y un mar de libros es decir de conocimiento, de maravillas y sorpresas, habrá de recibirnos. Y no sólo eso, la Feria nos ofrece un suntuoso banquete literario. Su menú está compuesto por muy diversas presentaciones de grandes figuras del mundo de las letras, internacionales y locales. Saboreémoslo a fondo.

Porque aquí mismo un sinfín de palabras nos aguarda e indefectiblemente encontraremos la que nos interpela. La que nos alude. Y también las otras, las palabras que contradicen nuestras certidumbres y nos fuerzan a pensar, a debatir y a elegir. Palabras que configuran ideas y gracias a las cuales podemos aventurarnos a dar un paso al costado y paliar paralizantes sentimientos de impotencia.

Propongo por lo tanto que recuperemos la fuerza de la palabra sincera, es decir “sin cera”, sin máscara, sin afeites.

Y recuperemos también nuestra función de intelectuales, tanto hombres como mujeres, no necesariamente formadores de opinión sino cuestionadores de las opiniones formadas, rígidas.

Parafraseando a Chéjov podemos afirmar que el intelectual NO es quien se propone resolver el problema sino quien puede ayudar a plantearlo correctamente. Intelectuales son quienes ponen un signo de pregunta ante las certidumbres de los poderosos.

Porque el lenguaje nos construye. Y la lectura nos permite trascender los límites de nuestra naturaleza y los de nuestra -indefectiblemente limitada- percepción de la realidad.

Hay palabras claves respecto a los libros, una de ellas es LIBERTAD: si no te gusta el libro entre tus manos lo dejás, y si querés saltearte páginas, las salteás. De tal manera estás respondiendo a Los derechos imprescindibles del lector, según el escritor y pedagogo francés Daniel Pennac.

EMPATÍA es otro de los términos que quiero traer a colación. La ciencia avala algo que siempre supimos de manera empírica: ninguna experiencia genera tanta capacidad de empatía, de comprensión y aceptación del otro diferente, como leer la gran literatura.

La alta ficción, los clásicos de antes y de ahora, nos brindan un acercamiento abarcativo y plural al alma humana, sin distinción de razas ni de credos. Algo imprescindible en estos tiempos que corren (que nos corren) y que resultan tan poco solidarios. La lectura no sólo genera empatía, produce alivio profundo. Al punto que existe en los países anglosajones el flamante oficio de biblioterapeuta, quien le recomendará al paciente las obras literarias idóneas para remediar sus ansiedades o angustias.

Se impone entonces la tercera palabra clave. La recalcó Carlos Fuentes, el 1 de mayo de 2012, bajo este mismo techo y en circunstancias similares. Fueron sus últimas palabras públicas. Falleció sorpresivamente quince días más tarde y desde entonces no dejamos de sentir su falta. Fuentes cerró su conferencia magistral en aquella feria del libro exclamando “EDUCACIÓN, educación, educación“; como una advertencia. Un reclamo global y premonitorio. Imprescindible.

Educación: pública, laica, en paz y sin discriminaciones. Bien lo sabe la hasta ahora desconocida maestra Silvana Corso, finalista -entre miles de postulados- del Global Teacher Prize, algo así como el premio Nobel para el mejor maestro del mundo. Silvana Corso, de 46 años, es profesora de historia y directora la Escuela de Educación Media Nº 2, “Rumania”, vecina de Fuerte Apache, en la que ningún adolescente es discriminado y todos reciben idéntica atención, sin distinguir si sufren discapacidades ya sean físicas o mentales.

Incorporamos así el término INCLUSIÓN.

Porque en este rescate de la palabra, del verdadero, el sincero valor de la palabra, importa abrirnos a los otros y enriquecernos con la diversidad humana.

Tengo el honor de ser, durante este período, presidenta del Centro Pen Argentina, aquel Pen Club que supo cosechar su fama en los años de Borges y de Victoria Ocampo. Hoy la lucha de Pen Internacional con sede en Londres, y la de sus 104 capítulos en el mundo entero, se centra en la defensa de la libertad de quienes trabajan con la palabra. Se ha instalado un Blog Disidente, para quienes no pueden expresar sus ideas en su país de origen, y PEN se ha unido a Writers Resist en los EEUU, el movimiento de resistencia literaria en lucha contra “el cinismo público y el desdén por la veracidad que ha erosionado los ideales democráticos”.

Por nuestra parte, y bajo el lema Libertad y Responsabilidad de la palabra, PEN Argentina -entre muy diversas actividades literarias- actúa en defensa de los derechos lingüísticos de las comunidades originarias de nuestro país, cuya variedad es mucho más amplia de lo que habitualmente se conoce. Y ha llevado y sigue llevando -con apoyo de PEN Internacional-el microrrelato a los barrios carenciados.

Se trata de caminos muy diversos que nos permiten explorar el poder de la palabra para enfrentar al monstruo, a ese Moloch que pretende devorar hasta nuestra libertad creadora.

Permítaseme una breve anécdota personal.

Tiempo atrás recibí una supuesta “carta de lectores” enviada por el microrrelatista Eduardo Gotthelf. Me causó mucha gracia y decidí compartir la broma con mis amistades lejanas y cercanas, alegando que se trataba de un mensaje interceptado por “mis servicios de inteligencia personales”.

Valen unas pocas líneas como muestra:

“¿Otra vez una mujer inaugurando la Feria del Libro de Buenos Aires? Para los errores no hay dos sin tres. ¿Qué van a inventar luego? ¿Veremos mujeres dando misa, o negándose a parir o a preparar la cena? No voy contra el progreso, pero estamos subvirtiendo los valores”.

(Y después de abundantes desatinos de similar tenor, la carta concluye):

“También quiero decir, y no porque el tema esté de moda, que estoy decididamente en contra de la violencia de género. Si un hombre quema su casa o su dinero, es un estúpido que atenta contra algo de su propiedad. Si mata a su mujer, también.”

Cuánto fue mi horror cuando muchas de mis amistades tomaron la “carta” en serio y se manifestaron en mi defensa. Me llevó un buen rato ver lo plausible que puede resultar tamaño dislate en estos tiempos de discursos sin filtro que avalan femicidios y desquiciadas amenazas.

Ya nos hemos ido acostumbrando a que la realidad supere a la ficción; pero ¿que mate la ficción? ¿que la asfixie sin miramientos? ¿Habrá que agregar emoticones a cada texto compartido?

El problema es que nos estamos enfrentando con la posverdad, las “falsas verdades”, las “lenguas de madera”, esas ominosas corrupciones de la palabra que obnubilan el entendimiento.

Le cabe a la literatura asumir su papel de superficie reflectante, útil para echar luz sobre aquellos espacios que se busca mantener a oscuras.

La literatura escrita, la leída, pero sobre todo comprendida: captada en todo su decir no explicitado, en sus aperturas a un conocimiento enriquecido -en el sentido del uranio enriquecido que multiplica su potencia y que nada tiene que ver con otro tipo de enriquecimientos.

Recurramos con asiduidad a los libros, busquemos en ellos las armas de defensa a nuestro alcance.

Esta Feria es, como antes dije, un mar de libros. Entonces dejémonos guiar por el azar, naveguemos al garete entre los stands, sucumbamos a las aleatorias tentaciones.

Picotear es uno de nuestros inalienables derechos de lector según Pennac.

En la lectura encontraremos armas defensivas para enfrentar el horror del mundo, armas que a veces pueden llegar a ser ofensivas, pero no en sentido violento, ofensivas porque pueden ofender-y con suerte descolocar- a quienes se sienten dueños incuestionados de la verdad.

Son armas disuasivas. Su eficacia no será tajante, pero ayudan a la supervivencia de nuestras mentes. Tal el humor, que nos permite no sólo eludir censuras sino sobre todo enfocar temas álgidos o peligrosos desde otro lugar, desde una óptica que ofrece resquicios para enfrentar el peligro. Hanna Arendt añadiría “el mayor enemigo de la autoridad es el desprecio, y la mejor manera de desarmarla es con la risa”. Bien lo sabía Freud que recetaba la risa para liberarse de la angustia.

Cierto es que con una carcajada no podemos vencer al represor, sobre todo cuando está pertrechado de armanento; podemos, sí, desconcertarlo.

Pero lo que sin duda puede hacer el humor es ayudarnos a vencer nuestros miedos. Sabido es que sembrar miedo es una muy eficaz herramienta de sometimiento.

La lucha por la defensa de nuestros legítimos derechos se entabla desde todos los frentes, y la fuerza de palabra es un elemento crucial que atraviesa cada uno de ellos.

Cuando quienes detentan el poder parecerían vivir en la RA, la Realidad Aumentada en la cual los elementos físicos tangibles se combinan con elementos virtuales, nosotros en este suelo, con o sin ciudadanía -atendiendo al preámbulo de nuestra Constitución-somos habitantes de otra RA, la República Argentina. Y alzamos la voz.

Cada vez más fuerte se hace oír la palabra para enfrentar la gran ola de esta post modernidad líquida que amenaza arrasarnos convertida en tsunami.

En 2010, al inaugurar la Feria del Libro de Frankfurt dedicada a la Argentina, Griselda Gambaro les pidió los políticos en general que usaran la imaginación para mejorar el mundo. Me temo que si la han usado no ha sido para el bien común.

Habiendo transcurrido seis años y tantos cambios, pido hoy a los no-políticos que pongamos en juego la imaginación, la llamada “loca de la casa” (bien sabemos cuánto encierra entre nosotros este término). La loca de la casa desubica, pero sólo desplazando (los muebles, las ideas, los puntos de vista), podemos encontrar una ubicación más justa y equitativa.

Se lo pido sobre todo a las mujeres, mis congéneres, quienes a pesar de las adversidades han demostrado, desde las Madres de Plaza de Mayo y aún antes, su enorme coraje y creatividad. “Del duelo hacemos potencia”, suelen repetir las Madres, a quienes mando un saludo de corazón al cumplirse justamente hoy, último jueves de abril, los 40 años de su primera ronda.

¿La imaginación al poder? No necesariamente. Recurramos más bien al poder de la imaginación, a toda vela, en busca de nuevos caminos para enfrentar y en lo posible desplazar al devastador Moloch global.

La inspiración y el aliento los encontraremos acá, a nuestro alcance, en los libros, en los stands de esta espléndida Feria que hoy nos abre de par en par sus puertas, como brazos.

Sean bienvenidos, bienvenidas.

Muchas gracias.

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