Juan José Arreola. BreveAutobiografía

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Juan José Arreola Zúñiga (Zapotlán el Grande —hoy Ciudad Guzmán—, Jalisco, 22 de septiembre de 1918 – Guadalajara, Jalisco, 4 de diciembre de 2002) fue un escritor, académico, traductor y editor mexicano. De formación autodidacta (nunca terminó la primaria) desempeñó los más diversos oficios a lo largo de su vida. Arreola pertenece a la generación del 50, que incluye a autores como Emilio Carballido, Rosario Castellanos, Sergio Magaña, Ernesto Cardenal, Jaime Sabines, Juan Rulfo, Rubén Bonifaz Nuño.

DE MEMORIA Y OLVIDO

Yo, señores, soy de Zapotlán el Grande. Un pueblo que de tan grande nos lo hicieron Ciudad Guzmán hace cien años. Pero nosotros seguimos siendo tan pueblo que todavía le decimos Zapotlán. Es un valle redondo de maíz, un circo de montañas sin más adorno que su buen temperamento, un cielo azul y una laguna que viene y se va como un delgado sueño. Desde mayo hasta diciembre, se ve la estatura pareja y creciente de las milpas. A veces le decimos Zapotlán de Orozco porque allí nació José Clemente, el de los pinceles violentos.  Como paisano suyo, siento que nací al pie de un volcán. A propósito de volcanes, la orografía de mi pueblo incluye otras dos cumbres, además del pintor: el Nevado que se llama de Colima, aunque todo él está en tierra de Jalisco. Apagado, el hielo en el invierno lo decora. Pero el otro está vivo. En 1912 nos cubrió de cenizas y los viejos recuerdan con pavor esta leve experiencia pompeyana: se hizo la noche en pleno día y todos creyeron en el Juicio Final. Para no ir más lejos, el año pasado estuvimos asustados con brotes de lava, rugidos y fumarolas. Atraídos por el fenómeno, los geólogos vinieron a saludarnos, nos tomaron la temperatura y el pulso, les invitamos una copa de ponche de granada y nos tranquilizaron en plan científico: esta bomba que tenemos bajo la almohada puede estallar tal vez hoy en la noche o un día cualquiera dentro de los próximos diez mil años.

Yo soy el cuarto hijo de unos padres que tuvieron catorce y que viven todavía para contarlo, gracias a Dios. Como ustedes ven, no soy un niño consentido. Arreolas y Zúñigas disputan en mi alma como perros su antigua querella doméstica de incrédulos y devotos. Unos y otros parecen unirse allá muy lejos en común origen vascongado. Pero mestizos a buena hora, en sus venas circulan sin discordia las sangres que hicieron a México, junto con la de una monja francesa que les entró quién sabe por dónde. Hay historias de familia que más valía no contar porque mi apellido se pierde o se gana bíblicamente entre los sefarditas de España. Nadie sabe si don Juan Abad, mi bisabuelo, se puso el Arreola para borrar una última fama de converso (Abad, de abba, que es padre en arameo). No se preocupen, no voy a plantar aquí un árbol genealógico ni a tender la arteria que me traiga la sangre plebeya desde el copista del Cid, o el nombre de la espuria Torre de Quevedo. Pero hay nobleza en mi palabra. Palabra de honor. Procedo en línea recta de dos antiquísimos linajes: soy herrero por parte de madre y carpintero a título paterno. De allí mi pasión artesanal por el lenguaje.

Nací el año de 1918, en el estrago de la gripa española, día de San Mateo Evangelista y Santa Ifigenia Virgen, entre pollos, puercos, chivos, guajolotes, vacas, burros y caballos. Di los primeros pasos seguido precisamente por un borrego negro que se salió del corral. Tal es el antecedente de la angustia duradera que da color a mi vida, que concreta en mí el aura neurótica que envuelve a toda la familia y que por fortuna o desgracia no ha llegado a resolverse nunca en la epilepsia o la locura.

Todavía este mal borrego negro me persigue y siento que mis pasos tiemblan como los del troglodita perseguido por una bestia mitológica.

Como casi todos los niños, yo también fui a la escuela. No pude seguir en ella por razones que sí vienen al caso pero que no puedo contar: mi infancia transcurrió en medio del caos provinciano de la Revolución Cristera. Cerradas las iglesias y los colegios religiosos, yo, sobrino de señores curas y de monjas escondidas, no debía ingresar a las aulas oficiales so pena de herejía. Mi padre, un hombre que siempre sabe hallarle salida a los callejones que no la tienen, en vez de enviarme a un seminario clandestino o a una es- cuela del gobierno, me puso sencillamente a trabajar. Y así, a los doce años de edad entré como aprendiz al taller de don José María Silva, maestro encuadernador, y luego a la imprenta del Chepo Gutiérrez. De allí nace el gran amor que tengo a los libros en cuanto objetos manuales. El otro, el amor a los textos había nacido antes por obra de un maestro de primaria a quien rindo homenaje: gracias a José Ernesto Aceves supe que había poetas en el mundo, además de comerciantes, pequeños industriales y agricultores. Aquí debo una aclaración: mi padre, que sabe de todo, le ha hecho al comercio, a la industria y a la agricultura (siempre en pequeño) pero ha fracasado en todo: tiene alma de poeta.

Soy autodidacto, es cierto. Pero a los doce años y en Zapotlán el Grande leí a Baudelaire, a Walt Whitman y a los principales fundadores de mi estilo: Papini y Marcel Schwob, junto con medio centenar de otros nombres más y menos ilustres… Y oía canciones y los dichos populares y me gustaba mucho la conversación de la gente de campo.

Desde 1930 hasta la fecha he desempeñado más de veinte oficios y empleos diferentes… He sido vendedor ambulante y periodista; mozo de cuerda y cobrador de banco. Impresor, comediante y panadero. Lo que ustedes quieran.

Sería injusto si no mencionara aquí al hombre que me cambió la vida. Louis Jouvet, a quien conocí a su paso por Guadalajara, me llevó a París hace veinticinco años. Ese viaje es un sueño que en vano trataría de revivir; pisé las tablas de la Comedia Francesa: esclavo desnudo en las galeras de Antonio y Cleopatra, bajo las órdenes de Jean Louis Barrault y a los pies de Marie Bell.

A mi vuelta de Francia, el Fondo de Cultura Económica me acogió en su departamento técnico gracias a los buenos oficios de Antonio Alatorre, que me hizo pasar por filólogo y gramático. Después de tres años de corregir pruebas de imprenta, traducciones y originales, pasé a figurar en el catálogo de autores (Varia invención apareció en Tezontle, 1949).

Una última confesión melancólica. No he tenido tiempo de ejercer la literatura. Pero he dedicado todas las horas posibles para amarla. Amo el lenguaje por sobre todas las cosas y venero a los que mediante la palabra han manifestado el espíritu, desde Isaías a Franz Kafka.

Desconfío de casi toda la literatura contemporánea.  Vivo rodeado por sombras clásicas benévolas que protegen mi sueño de escritor. Pero también por los jóvenes que harán la nueva literatura mexicana: en ellos delego la tarea que no he podido realizar. Para facilitarla, les cuento todos los días lo que aprendí en las pocas horas en que mi boca estuvo gobernada por el otro. Lo que oí, un solo instante, a través de la zarza ardiente.

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Informe del Lancet Countdown sobre salud y cambio climático, 2017

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El inicio de una transformación a nivel mundial para la salud pública después de 25 años de pasividad

Publicado en:

Lancet: http://www.thelancet.com/climate-and-health?dgcid=etoc-edschoice_email_Nov4

Resumen

El Lancet Countdown hace un seguimiento del impacto del cambio climático en la salud humana y sus consecuencias de cara a los compromisos adquiridos por los gobiernos en el marco del Acuerdo de París sobre el cambio climático.

Este trabajo da continuidad al trabajo de la comisión del Lancet (en inglés: Lancet Comission) de 2015, que llegó a la conclusión de que el cambio climático antropogénico está amenazando los más de 50 años de mejoras logradas en salud pública y, por tanto, de que una respuesta exhaustiva al cambio climático podría ser «la mayor oportunidad para la salud global en del siglo XXI».

El Lancet Countdown es una colaboración entre 24 instituciones académicas y organizaciones inter-gubernamentales, representando todos los continentes y incluyendo expertos de varias disciplinas que incluyen: científicos expertos en el clima, ecologistas, economistas, ingenieros, expertos en sistemas de energéticos, alimentación y transporte, geógrafos, matemáticos, científicos sociales y políticos, profesionales de la salud pública y médicos. A través de esta colaboración se han creado, y se sigue anualmente, indicadores en cinco campos: impacto, exposiciones y vulnerabilidad del cambio climático; planificación de acciones de adaptación y resiliencia para la salud; medidas de mitigación y beneficios para la salud; economía y finanzas; y compromiso público y político (Tabla 1).

Los mensajes clave de 2017 extraídos de los 40 indicadores en su primer informe anual se resumen a continuación.

Los síntomas humanos del cambio climático son indiscutibles y potencialmente irreversibles. Hoy en día afectan a la salud de poblaciones en todo el mundo. Todas las comunidades se verán afectadas, aunque estos efectos impactarán de manera desproporcionada a aquellos más vulnerables en la sociedad.

Los impactos del cambio climático afectan de manera desproporcionada a la salud de las poblaciones vulnerables y a aquellas personas en países de ingresos medios y bajos. Al afectar negativamente a los determinantes sociales y medioambientales de la salud, empeoran las desigualdades sociales, económicas y demográficas con consecuencias que se sentirán en todas las poblaciones.

La evidencia de que la exposición a olas de calor más frecuentes e intensas está aumentando es clara. En 2016 hubo 125 millones más de personas adultas expuestas a olas de calor que en el año 2000 (Indicador 1.2). El aumento de las temperaturas tiene efectos adversos en la productividad laboral. En 2016 se ha observado un descenso de 5,3% en a la productividad a nivel mundial con respecto a los niveles de 2000 en las poblaciones expuestas (Indicador 1.3). Se ha observado un aumento del 44 % en la ocurrencia de desastres de naturaleza meteorológica desde el año 2000, sin que se haya registrado un aumento o disminución en letalidad de estos eventos (Indicador 1.4), lo que podría sugerir el principio de una respuesta adaptativa al cambio climático. Sin embargo, se predice que los impactos del cambio climático vayan empeorando con el tiempo, por lo que los niveles de adaptación actuales serán insuficientes en el futuro. El importe total de las pérdidas económicas derivadas de eventos relacionados con el clima ha ido en aumento desde 1990, y alcanzó un total de 129 000 millones de dólares en 2016. Un 99 % de dichas pérdidas tuvieron lugar en países con ingresos bajos no asegurados (Indicador 4.4). Además, a largo plazo, las alteraciones en las condiciones climáticas están contribuyendo al aumento de la capacidad vectorial del mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue, observándose un aumento del 9,4 % desde 1950 (Indicador 1.6).

Si los gobiernos y la comunidad sanitaria mundial no aprenden de las experiencias pasadas con el VIH/SIDA y de los recientes brotes de ébola y del virus del zika, nos veremos ante otra respuesta lenta que tendrá como resultado un coste irreversible e inaceptable para la salud humana.

Durante los últimos 25 años, la tardía y lenta respuesta tardía al cambio climático ha puesto en peligro vidas humanas y los medios de vida para su subsistencia.

Desde que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) comenzara a  trabajar  a  nivel  mundial  para  abordar  el  cambio  climático  en  1992,  muchos  de  los indicadores de mitigación y adaptación incluidos en el Lancet Countdown se han evolucionad de forma negativa, o, en el mejor de los casos, se han mantenido sin cambios.

Un creciente número de países está evaluando sus vulnerabilidades al cambio climático, además de desarrollar cada vez más planes de adaptación y preparación para emergencias, y proporcionar información climática a los servicios sanitarios (Indicadores 2.1, 2.3-2.6). La misma tendencia puede verse a nivel de las ciudades: más de 449 ciudades informaron que han comenzado una evaluación de los riesgos derivados del cambio climático (Indicador 2.2). Sin embargo, la cobertura y la idoneidad de dichas medidas para garantizar la protección contra los crecientes riesgos del cambio climático siguen siendo inciertas. De hecho, la financiación para adaptación de salud o adaptación relacionada con la salud suponen un 4,6 % y un 13,3 %, respectivamente, del total de los gastos en adaptación a nivel mundial (Indicador 4.9).

Aunque se ha observado una mejora en la resiliencia de la salud a los impactos del clima, está claro que la adaptación a nuevas condiciones climáticas solo ofrece protección hasta cierto punto. Una analogía con la fisiología humana puede ser de utilidad aquí. El cuerpo humano puede adaptarse a los síntomas causado por una enfermedad leve auto limitante con relativa facilidad. Sin embargo, si una enfermedad empeora constantemente, se alcanzarán rápidamente el límite de los ciclos de respuesta positiva y de la capacidad de adaptación. Esto ocurre especialmente cuando hay muchos sistemas afectados y cuando el fallo de un sistema puede impactar en el funcionamiento de otro, como es el caso en el síndrome de disfunción multiorgánica, o cuando el cuerpo ya se ha debilitado a causa de repetidas enfermedades o exposiciones previas. Lo mismo ocurre con las consecuencias del cambio climático para la salud. Este actúa como un multiplicador de amenazas, al agravar muchos de los problemas a los que ya se enfrentan las comunidades y reforzando la correlación entre múltiples factores de riesgo para la salud, lo que aumenta la probabilidad de que tengan lugar simultáneamente. De hecho, no se trata de una «enfermedad de un solo sistema», sino que a menudo el impacto del cambio climático agrava presiones existentes sobre la vivienda, la seguridad alimentaria y del agua, la pobreza y muchos de los factores esenciales que garantizan la buena salud. La adaptación tiene sus límites, y más vale prevenir que curar para evitar que el cambio climático provoque efectos potencialmente irreversibles.

El progreso en la mitigación del cambio climático ha sido limitado en todos los sectores desde que se firmara la CMNUCC   ya que solamente se han realizado pequeños avances en la reducción de las emisiones de carbono derivadas de la producción de electricidad. Aunque existen crecientes niveles de desplazamientos realizados sin combustibles fósiles en Europa y ciertos indicios de una disminución de la dependencia de los vehículos de motor privados para desplazamientos en las ciudades de EE. UU. y Australia, la situación tiende a ser menos favorable en ciudades con economías emergentes (Indicador 3.7).  Esto, junto con un abandono lento de las formas de producción de electricidad altamente contaminantes, ha mejorado ligeramente la contaminación del aire en algunos centros urbanos. Sin embargo, la exposición a las PM 2.5 de la población mundial se ha incrementado en un 11,2 % desde 1990 y alrededor de un 71,2 % de las 2971 ciudades en la base de datos de contaminación del aire de la OMS exceden los limites recomendados de concentración anual de partículas sólidas finas (Indicador 3.5). La cobertura de la tarificación del carbono cubre solamente el 13,1 % de las emisiones de CO2 antropogénico a nivel mundial, con una media ponderada del precio del carbono de 8,81 USD/tCO2e en 2017 (Indicador 4.7). Es más, aun no se han explotado los potenciales beneficios para la salud derivados de las intervenciones de mitigación y adaptación, ya que las medidas tomadas hasta la fecha solo han mejorado ligeramente el bienestar humano. En parte, esto refleja la necesidad de mejorar la evidencia y la investigación   acerca de los co-beneficios en salud y los consecuentes ahorros de costes que pueden traer.     Sin embargo, también refleja la necesidad de establecer más políticas conjuntas entre ministerios de la salud y otros ministerios en los gobiernos de los distintos países.

Esta respuesta tardía en materia de mitigación sitúa al mundo en un escenario de altas emisiones, lo que resultará en un calentamiento global de entre 2,6° C y 4,8°C hacia finales de siglo.

La voz del profesional sanitario es imprescindible para hacer avanzar la mitigación del cambio climático y para concienciar sobre los co-beneficios para la salud derivados de las acciones de mitigación.

Este informe, y otras Comisiones Lancet previas, han argumentado que el profesional sanitario no solo tiene la habilidad, sino la responsabilidad de actuar como defensor de la salud pública, de modo que comunique las amenazas y oportunidades tanto al público como a los responsables de la formulación de políticas, y garantice que el cambio climático se considere un tema fundamental para el bienestar humano.

Existe evidencia   de una creciente atención a la salud y al cambio climático en los medios de comunicación y publicaciones académicas. La cobertura del problema ha aumentado un  78 %  en periódicos a nivel mundial y el número de artículos académicos sobre el tema se ha más que triplicado desde 2007 (Indicadores 5.1.1 y 5.2). Sin embargo, a pesar de estos ejemplos positivos, los indicadores de 2017 demuestran que se necesita urgentemente un progreso mayor.

Aunque el progreso ha sido tradicionalmente lento, en los últimos cinco años se ha visto una respuesta acelerada, y la transición a la producción de electricidad con baja emisión de carbono ahora parece inminente, lo que sugiere el principio de una transformación más amplia. En 2017, se varios sectores están cogiendo un claro impulso positivo que trae oportunidades claras y sin precedente para la salud pública.

En 2015, la Comisión Lancet realizó 10 recomendaciones a los gobiernos para acelerar la actuación durante los cinco años siguientes. Los indicadores del Lancet Countdown de 2017 realizan un seguimiento de estas recomendaciones de 2015, con resultados que sugieren un progreso perceptible en muchas de estas áreas, que parece haber avivado los esfuerzos de mitigación y adaptación previamente estancado. Junto con el Acuerdo de París, estos proporcionan motivos para creer que se está llevando a cabo una transformación más amplia. Las siguientes son las recomendaciones en las cuales se aprecia progreso:

Recomendación 1) Invertir en investigación sobre el cambio climático y la salud pública: desde 2007, el número de artículos científicos sobre salud y cambio climático se ha más que triplicado (Indicador 5.2).

Recomendación 2) Ampliar la financiación a los sistemas de salud resistentes al cambio climático: el gasto en adaptación en salud supone en la actualidad un 4,63 % (16 460 millones de USD) del gasto en adaptación a nivel mundial; y en 2017, la inversión en adaptación de salud procedente de fondos de desarrollo y fondos específicos de adaptación alcanzó un máximo histórico, a pesar de que las cifras absolutas se mantienen bajas (Indicadores 4.9 y 4.10).

Recomendación 3) Eliminación gradual de la electricidad generada mediante carbón: en 2015, se añadió a la mezcla energética mundial más capacidad de energía renovable (150 GW) que de combustibles fósiles. En general, la capacidad de producción renovable instalada anualmente (casi 2000 GW) excede la del carbón. Alrededor de un 80 % de la capacidad renovable añadida recientemente se encuentra en China (Indicador 3.2). Aunque la inversión en la capacidad del carbón ha aumentado desde 2006, en 2016 se produjo una bajada significativa (Indicador 4.1).

Recomendación 4) Fomentar una transición a la baja emisión de carbono en las ciudades, que reduzca los niveles de contaminación urbana: a pesar de un progreso tradicionalmente modesto durante las últimas dos décadas, el sector de los transportes se está aproximando a un nuevo umbral. Se espera que los vehículos eléctricos alcancen la paridad de costes con sus equivalentes no eléctricos hacia 2018, un fenómeno que no se esperaba hasta 2030 (Indicador 3.6).

Recomendación 6) Acelerar el acceso a la energía renovable, desvelando los beneficios económicos de esta transición: desde 2015, se ha añadido más energía renovable a la mezcla de energía mundial que de todas las otras fuentes, y en 2016, la cifra de empleo mundial en al ámbito de las energías renovables alcanzó los 9,8 millones, un millón más de empleados que en extracción de combustibles fósiles. La transición es ya un hecho. Sin embargo, en el mismo año, 1200 millones de personas seguían sin tener acceso a la electricidad, y más de 2700 millones de personas dependían de la quema no se gura de combustibles fósiles (Indicadores 3.3, 4.6 y 3.4).

Recomendación 9) Acordar y poner en práctica un tratado internacional que facilite la transición a una economía con baja emisión de carbono: en diciembre de 2015, 195 países firmaron el Acuerdo de París, que proporciona una estrategia para una mitigación y adaptación mejores, y se compromete a mantener el aumento de la temperatura media mundial «muy por debajo de 2 °C».

Después de que Estados Unidos anunciara sus  intenciones de  retirarse del  Acuerdo de  París, la comunidad mundial ha demostrado un inmenso apoyo a la acción contra el   cambio climático, lo que confirma una clara voluntad y ambición política de alcanzar las metas del tratado. Los compromisos en materia de mitigación y adaptación declarados bajo el Acuerdo de París tendrán grandes beneficios para la salud tanto a corto como a largo plazo, pero es esencial que la ambición aumente. Aunque el progreso ha sido tradicionalmente lento, estamos llegando a un punto de inflexión, observándose una transición clara hacia la baja emisión de carbono en sectores cruciales para la salud pública. Sabemos que estos esfuerzos deben mantenerse y aumentar en gran medida en las próximas décadas si se espera alcanzar estos compromisos, pero cambios recientes en las políticas y los indicadores que se presentan aquí sugieren que ya se ha consolidado una dirección positiva para el progreso.

De 2017 a 2030, el Lancet Countdown: seguimiento del progreso sobre salud y cambio climático (en inglés: Lancet Countdown: Tracking Progress on Health and Climate Change) continuará con su trabajo produciendo un informe anual sobre el progreso en la implementación de los compromisos adoptado a través del Acuerdo de París, compromisos futuros que surjan de este y los beneficios para la salud que se muestren como resultado.

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Tabla 1. Grupos temáticos e indicadores para el informe del Lancet Countdown de 2017

Las demás recomendaciones:

http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(15)60854-6/fulltext

Recomendación 5) Establecer el marco para un mecanismo de fijación de precios de carbono fuerte, predecible e internacional.

Recomendación 7) Apoyar la cuantificación precisa de la carga de enfermedad evitada, la reducción de los costos de atención médica y la mayor productividad económica asociada con la mitigación del cambio climático. Estos serán más efectivos cuando se combinen con la capacidad local adecuada y el apoyo político para desarrollar opciones energéticas saludables bajas en carbono.

Recomendación 8) Adoptar mecanismos para facilitar la colaboración entre los ministerios de salud y otros departamentos gubernamentales, empoderar a los profesionales de la salud y garantizar que las consideraciones de salud y clima estén completamente integradas en las estrategias gubernamentales. Un enfoque aislado para proteger la salud humana del cambio climático no funcionará. Esto debe reconocer y tratar de abordar la medida en que los cambios ambientales globales adicionales, como la deforestación, la pérdida de biodiversidad y la acidificación de los océanos, tendrán un impacto en la salud humana y disminuirán la resiliencia al cambio climático.

Recomendación 10) Desarrolle una cuenta regresiva nueva e independiente para 2030: Salud Global y Acción Climática, para proporcionar experiencia en la implementación de políticas que mitiguen el cambio climático y promuevan la salud pública, y para monitorear el progreso en los próximos 15 años. La Colaboración será dirigida por esta Comisión, informando en The Lancet cada 2 años, rastreando, apoyando y comunicando el progreso y el éxito a lo largo de una gama de indicadores en salud global y cambio climático

La verdadera historia de San Nicolás es un misterio navideño

Un fresco de San Nicolás de Myra (circa siglo 12) en la Iglesia de Ayios Nikolaos tis Steyis en Chipre.
Un fresco de San Nicolás de Myra (circa siglo 12) en la Iglesia de Ayios Nikolaos tis Steyis en Chipre.
Imágenes de De Agostini-Getty
Por lo general, cuando la temporada navideña pide hablar de la verdad sobre San Nicolás o Santa Claus , el problema es cómo explicar a los niños cómo todos esos regalos realmente se ponen bajo el árbol. Pero hay otra pregunta que los celebrantes de vacaciones con mentalidad histórica podrían preguntar acerca de Papá Noel: ¿Quién era el verdadero San Nicolás, y cómo se asoció con la Navidad?
Como resultado, esa historia es misteriosa también.

Se cree que el concepto navideño del santo que entrega regalos comienza con un riff (En música, un riff es una frase que se repite a menudo, normalmente ejecutada por la sección de acompañamiento) sobre San Nicolás, de quien se dice que fue el obispo del siglo IV de la ciudad griega de Lycia, Myra (ahora la ciudad turca de Demre). El Día de San Nicolás está marcado anualmente por muchos cristianos el 6 de diciembre. Sin embargo, según Judith Flanders, autora de la nueva Navidad: Una biografíaesa persona es “casi con certeza una invención”, porque no hay documentos históricos confiables que demostrar que él era real, lo único que les queda a los expertos para trabajar son las escrituras, como las entradas de un diario, que muestran lo que la gente creía que era.

& quot; Día de San Nicolás & quot;  California.  1626, por Jan Steen (1626-1679).  Museo de Amsterdam.
“Día de San Nicolás”, ca. 1626, por Jan Steen (1626-1679). Museo de Amsterdam.
ND / Roger Viollet / Getty Images

A medida que la leyenda de San Nicolás se desarrolló, esa reputación se mantuvo. En algunas partes de Europa de los siglos XVI y XVII, San Nicolás fue representado como alguien que repartió manzanas, nueces y productos horneados, símbolos de una abundante cosecha. En los Países Bajos, por ejemplo, el Día de San Nicolás era el momento en que una persona vestida de santo iba de casa en casa con un sirviente, recompensando o castigando a los niños según el trabajo que habían hecho. Los buenos estudiantes recibieron un regalo para parecerse a un saco de oro, mientras que los malos recibieron trozos de carbón. (¿Te suena familiar?) En Francia e Inglaterra, los libros se convirtieron en el regalo de elección a medida que más personas se alfabetizaban, señala Flanders. Poco a poco, las pequeñas joyas, el vino y los alimentos de lujo se convirtieron

Pero cómo San Nicolás llegó a América del Norte y finalmente se fusionó con Santa Claus es “profundamente misterioso”, argumenta Flanders. Hay dos pequeñas referencias a Santa Claus en el diccionario geográfico deNueva York de Rivington en la década de 1770, una de las cuales se refiere a “St. Nicholas, también llamado Santa Claus. “Eso desacredita la teoría de que el escritor Washington Irving acuñó” Santa Claus “, porque Irving nació en 1783. Y luego, el nombre o la palabra es imposible de encontrar impreso durante un par de décadas.

Lo que Irving merece crédito es promover el “mítico pasado holandés” del benévolo San Nicolás. En su historia satírica de Nueva York, Knickerbocker’s History of New York , de principios del siglo XIX , afirmó que celebrar al santo era una antigua tradición holandesa de principios de Nueva Amsterdam. Colocó a San Nicolás como un símbolo de una forma de vida más sencilla y amable en desacuerdo con la creciente y bulliciosa ciudad de Nueva York a principios del siglo XIX. Su versión de la historia temprana de Nueva York definitivamente no era exacta: menciona una iglesia que lleva el nombre de San Nicolás, cuando en realidad Nueva York no obtuvo su primera iglesia con ese nombre hasta el siglo 20, y pasa por alto el hecho de que Nueva Amsterdam La iglesia reformada holandesa realmente prohibió a los santos de la observancia religiosa.

“Cuando apareció el libro, la gente sabía que era una sátira, pero eso se olvidó rápidamente”, dice Flanders, “y comenzó a ser tratado como historia”.

Entonces, ¿qué pasó realmente? Si alguien trajo el nombre de Santa Claus a las Américas , Flandes dice que el crédito debería ir probablemente a los aproximadamente 25,000 suizos que se establecieron en grandes concentraciones en Nueva York, Carolina del Norte y Pensilvania. “Vinieron de regiones que marcaron el día de San Nicolás, y San Nicolás en varios dialectos de Schweizerdeutsch, o suizo-alemán, se convierte en SamichlausSanti-Chlaus , que se parecen mucho más a Santa Claus que a este último, supuestamente Derivación holandesa de Sint Niklaas “.

Una placa de un libro litográfico de uno de los libros de Navidad de McLoughlin muestra a Santa Claus junto a la chimenea y fue publicada en la ciudad de Nueva York en 1895.
Una placa de un libro litográfico de uno de los libros de Navidad de McLoughlin muestra a Santa Claus junto a la chimenea y fue publicada en la ciudad de Nueva York en 1895. Gráficos trascendentales / Getty Images

La idea de San Nicolás como el hombre que bajaría por una chimenea para entregar regalos es mucho más fácil de rastrear.

Fue el poema de Clemente Clarke Moore de 1822 ” Una visita de San Nicolás”, que comenzó famosa “Fue la noche antes de Navidad” , que pintó esa imagen memorable. A medida que la revolución industrial hizo que los bienes de consumo fueran más asequibles para todos, las representaciones populares de esa versión de Santa Claus también aumentaron, junto con las tradiciones de las tarjetas de Navidad y los árboles de Navidad. Más tarde ese siglo, la Navidad se convirtió en una fiesta federal. “La costumbre de Navidad anima un sentido de comunidad y unidad en un momento en que la urbanización, la industrialización y el recuerdo de la reciente guerra civil habían hecho que muchas personas se sienten más inestable que nunca,” Penny historiador Restad explicó a TIME el año pasado.

Pero la falta de conocimiento sobre San Nicolás no necesariamente pone un freno a las vacaciones, de hecho, eso es parte de lo que ha permitido que las interpretaciones de él prosperen. Esto está muy claro: San Nicolás, ahora y a lo largo de la historia, es quienquiera que la gente quiera que sea.

Breve historia de la educación de la enfermería en México

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Sara Torres-Barrera,1  Elvia Zambrano-Lizárraga1Licenciada en Enfermería y Obstetricia. 2Subjefa de Enfermeras de Educación e Investigación. Hospital General de Zona con Medicina Familiar 1. Instituto Mexicano del Seguro Social. La Paz, Baja California Sur. México
http://www.medigraphic.com/pdfs/enfermeriaimss/eim-2010/eim102h.pdf

La profesión de enfermería por tradición, ha sido identificada como una práctica realizada por mujeres, centrada en el cuidado del enfermo y con una connotación humanística; estas concepciones se relacionan con su origen, su historia y su evolución. Conocer los momentos históricos, nos permite identificar aciertos y errores con el fin de mejorar los programas educativos. Actualmente la enfermería responde con intervenciones autónomas, interdependientes y dependientes del cuidado de la salud de la población, mediante enfoques académicos innovadores, para llegar a este punto, se tuvo que pasar por una serie de modelos educativos que fueron marcando pequeños y grandes avances para generar un cuerpo de conocimiento propio de la profesión.

Desde sus inicios la enfermería en México ha enfrentado grandes desafíos ante los cambios sociales, económicos demográficos y epidemiológicos; así como de desigualdad de género, en educación, nuevas formas de consumo y comunicación, además de cambios ambientales, urbanización, avance de la tecnología y entrada en vigor del tratado de libre tránsito de profesionales.

Es fundamental reconocer que a través de la historia, siempre han estado presentes las mujeres, participando en diferentes acontecimientos y contribuyendo a la formación de nuestro país. Así durante la Revolución Mexicana, —movimiento armado de las masas sociales en desigualdad, que obedeció a circunstancias locales y nacionales— la participación de la mujer en diferentes regiones siguieron acciones espontáneas; estuvieron detrás de sus hombres, a su lado y muchas veces sin ellos; en la medida que la lucha armada se hizo más cruenta y la escasez de recursos más apremiante, la mujer tuvo más participación revolucionaria, cobrando matices específicos en razón de la región y del grupo revolucionario al que se afilió. Sostuvieron la moral de la tropa, caminaron en la retaguardia, buscaron alimento, prepararon y distribuyeron, parieron a sus hijos, desempeñaron comisiones como espías, lloraron a sus muertos y también murieron.

Las mujeres revolucionarias fueron soldaderas del Ejército Federal, que lucharon al lado de Emiliano Zapata y sus generales, mujeres campesinas, las “adelitas” que pelearon en el norte con el General Francisco Villa. En la lucha armada realizaron múltiples funciones, aparecieron en todos los lugares, se destacaron en el cuidado de los heridos, principalmente con las que tenían solamente buena voluntad, conocimientos de yerbas y hacían curaciones primitivas. De acuerdo con Mendieta “ellas iban a la retaguardia y eran generalmente comprometidas con su causa… cuando el dolor de los heridos era ya insoportable les daban nuestros populares narcóticos… un herido pedía a gritos que le pegaran un tiro. Ante el sufrimiento la “Chata Micaela” se encaramó en el carro, encendió un cigarro de marihuana —Dios te lo pague, mujer— dijo el hombre y a poco se calmó”.

Debido a que la enfermería en México inició con una falta de identidad y conocimientos, también fue desvalorizada al asignarles el cuidado de los enfermos a esclavos, amas de casa, mujeres de dudosa reputación, además de haber estado centrada en el hogar y reducida a la subordinación. Un ejemplo fehaciente fue el arte de los partos debido a que infamaba a las personas que lo ejercían y por eso se veía relegado a mujeres incapaces, personas sin educación y sin estudios, que como es natural suponer, no solo impedían que este arte progresara, sino que lo degradaban y lo corrompían, haciéndolo aborrecible, por lo que los médicos de aquellas épocas se negaban a ejercer la obstetricia por ser una práctica no profesional.

En el ámbito educativo, es importante hacer un recorrido en el pasado, para conocer la evolución pedagógica y los futuros diseños instruccionales y curriculares en la disciplina, conocer así como se van adecuando a los cambios socio- culturales de México. La educación en el ámbito de enfermería se inició con las escuelas de parteras, debido a que en esas épocas, las mujeres morían principal- mente por complicaciones en el embarazo, parto y puerperio, esta problemática de salud, trajo consigo la necesidad de atención sustentada en aspectos médicos-tecnológicos. Ignacio Torres médico registrado ante el Protomedicato, hizo un esfuerzo durante el virreinato por enseñar a las parteras, obligándolas a prestar un servicio más eficiente, del tal manera que en marzo de 1831, poco antes de la extinción del tribunal Protomedicato, abrió una escuela para dar lecciones de obstetricia y así desterrar algunas prácticas consideradas perjudiciales, las clases eran gratuitas con un total de 15 lecciones, dos veces por semana; era requisito saber bautizar, leer y escribir, lo que se dispensaba si había ejercicio por dos años; el diploma se obtenía previo examen hecho por un catedrático y un cirujano.  Para 1833, la Escuela de Medicina del Establecimiento de Ciencias Médicas exigía para ser partera los siguientes requisitos: ser mujer de 18 años por lo menos, intachable moralidad, de preferencia casadas o viudas, de constitución sana, conocimientos de lectura y escritura, aritmética, idioma nacional y francés y aprobar al ingreso un examen preparatorio. La carrera duraba dos años, según consta en el Boletín de Instrucción Pública de 1903 (Tomo I), recibían “una enseñanza objetiva, ya en cadáver, ya en piezas anatómicas artificiales que habrán de pedirse a Europa”. Para la instrucción formal de las parteras en toda la República, la mayoría se encontraba en una situación educativa privilegiada en un país donde el analfabetismo predominaba, la educación primaria no correspondía a la gran mayoría de las mujeres a quienes se consideraba “incapaces de estudiar una carrera universitaria”. Ya para el siglo XIX la mayoría de las universidades del país ofrecían la carrera de partera, su preparación era muy heterogénea según el Estado, por la autonomía se legislaba en forma independiente sobre las profesiones. Debemos recordar que en esos tiempos solo 9.3 % de la población tenía acceso a la educación, la cual era solo posible para las clases sociales privilegiadas.

La situación de las enfermeras era distinta. En primer lugar cabe aclarar que con el nombre de “enfermera”(o) se denominan las actividades que mujeres y hombres realizaban en los hospitales fundados desde el siglo XVI en la Nueva España. En la mayoría de las ordenanzas aparecen en la categoría de “sirvientes” porque además de atender a los enfermos se especifica su ubicación laboral: “enfermera lavandera”, “enfermera cocinera”, “enfermera mandadera”. En esa misma estratificación, las parteras se ubicaban dentro del personal “científico” o del “administrativo” y su salario era tres veces mayor que el de las enfermeras. Aun cuando la partera tenía una situación social superior a la de la enfermera, se encontraba en condiciones desfavorables en relación con el médico, tratando de conservar las funciones que le fueron propias hasta mediados del siglo XX.

La educación de la mujer en México fue un tema mencionado con frecuencia en el siglo XIX, sin embargo, la tendencia era considerar formación académica como inútil y con cierto dejo de indiferencia. Lo anterior motivó que las profesiones ofrecidas fueran pocas, encontrando entre éstas las más propias de su sexo: maestra, trabajadora social, farmacéutica, enfermera y partera.

A finales de ese siglo, la Beneficencia Pública adolecía tanto en sus instalaciones como en la atención que prestaba; no contaba con recursos materiales ni humanos, tanto médicos y aún menos de enfermería, apropiados para el cuidado de la población. Esta situación se agravó cuan- do en 1874 fueron expulsadas las religiosas Hermanas de la Caridad, congregación a la cual pertenecía la célebre enfermera mexicana Sor Micaela Ayans; quién posteriormente, junto con el licenciado José Urbano Fonseca fundaron el hospital de San Pablo el 23 de agosto de 1845 actual Hospital Juárez.

A partir del retiro de las religiosas del sistema de atención ofrecido por la Beneficencia Pública, se dejó de contar con atención gratuita para los enfermos; las parteras no podían ejercer su práctica para atender enfermos, puesto que tenían bien definidas sus funciones y nivel jerárquico, y de acuerdo con las posibilidades de desarrollo médico que el nuevo siglo prometía las enfermeras no eran las idóneas.6

Los médicos tomaron la estrategia de capacitar personal de enfermería contrataron enfermeras norteamericanas recibidas y que hablaran español, las evidencias se muestran en documentos del Hospital de Salubridad y Asistencia a partir de 1896. Por acuerdo del presidente Porfirio Díaz en 1898 se estableció la “Escuela Práctica y Gratuita de Enfermeros” establecida en el Hospital de Maternidad e Infancia, donde fungía como director el Dr. Eduardo Liceága; esta escuela estaba pensada para personas de ambos sexos, que estuvieran trabajando en los hospitales o que reunieran requisitos como: amplia cultura social revelada por sus sentimientos humanísticos, un trato afable con los enfermos, instrucción primaria y en el caso de las mujeres estudios de normal u obstetricia; los hombres deberían tener algunos cursos de preparatoria o haber desempeñado un empleo en oficinas públicas; se puede distinguir en esta etapa de la enfermería en México, que no hubo hombres que accedieran a estudiar enfermería, situación que se asocia a que ellos tenían mayor acceso a la educación y por lo tanto estudiaban otras profesiones.

Los primeros profesores de esta escuela fueron el señor Alfredo y la señorita Lillie Cooper, ambos egresados de la escuela Médico y Quirúrgica de entrenamiento para enfermeros en Beattle Creek, Michigan; en su entrenamiento llevaron materias como higiene doméstica, cuidados de los enfermos en todas las ramas de la enfermería general, quirúrgica y obstetricia, esta última solo la cursaban las mujeres. A pesar del gran esfuerzo realizado, el intento de organizar la escuela fracasó, por lo que se contrataron a otras dos enfermeras norteamericanas para ocupar el puesto a partir de 1900; la primera fue Rose Crowder egresada de la escuela de enfermeras del Hospital del este de Illinois, donde había sido preparada en administración general, asepsia quirúrgica, obstetricia, medicina, enemas, baños, masajes y cirugía; en su plan de lecciones se señala que la enseñanza de la enfermería consistía en limpieza y uso del uniforme, preparación de la unidad del paciente, tendido de camas, observación de síntomas especiales, registro de signos vitales, reporte de enfermería, baño y cambio de ropa, preparación y administración de alimentos y medicamentos, duchas, esterilización, preparación y manejo de material quirúrgico, cirugía menor, curaciones, actuación en la sala de operaciones, cuida- do en cirugía abdominal y corneal. Por último se incluía la obstetricia por requerir de experiencia y considerar que en todo proceso están presentes los principios de asepsia, cortesía y amabilidad, así como del cumplimiento de las órdenes del médico. La segunda enfermera fue Rose Warden, que junto con el Dr. Eduardo Liceága, establecieron el plan de trabajo y reglamento que orientó la preparación de las jóvenes en el cuidado de los enfermos, la manera de informar a los médicos y de administrar los pabellones, se acordó que además de las prácticas en el Hospital de Maternidad e Infancia, las estudiantes asistirían al Hospital San Andrés tres días a la semana por la tarde para recibir clases teóricas y prácticas de la Srita. Warden quién además de enviar el programa y las copias de cada una de las lecciones al Dr. Liceága, le informaría diariamente y por escrito lo ocurrido. Sin embargo, la indisciplina de la Srita. Warden para cumplir y hacer cumplir el reglamento y los acuerdos establecidos, condicionó su renuncia en marzo de 1904. Durante estos años la enseñanza “formal” estuvo a cargo de las profesoras enfermeras e incluía los contenidos y procedimientos de enfermería contemplados en el modelo de Nightingale, que por su influencia en los programas instruccionales de la época se incluían en Francia y Estados Unidos. En ese modelo docente, la profesora enfermera o instructora era la responsable de impartir la teoría y práctica en las aulas y en los servicios hospitalarios, donde las alumnas aprenden trabajando simultáneamente con el personal. En este modelo se puede observar que la relación alumno-docente eran distante debido a que eran grupos distintos, pertenecientes a dos mundos antagónicos; sin embargo, se logró establecer un sistema de autoridad jerárquica, donde el que ordenaba era el médico y director, representados ambos en la misma persona, pero que a su vez las profesoras enfermeras tenían “que hacerse obedecer”. Después de las enfermeras Crowder y Warden, fueron contratadas dos enfermeras alemanas, Maude Dato y Gertrud Fedrich que estuvieron en el Hospital General hasta 1906, periodo en donde no hay evidencia del plan de enseñanza, ni del impacto dentro del proceso formativo a pesar de que ambas ocuparon puestos administrativos en el Hospital General de México en 1905; de ese año hasta 1910 sus puestos fueron ocupados nuevamente por otras dos enfermeras norteamericanas Mary J. Mc Claud y Ana Hambory.  Durante esa misma época, el Hospital de San Andrés se convirtió en la escuela de un grupo de alumnas que posteriormente se harían cargo de las jefaturas de enfermería de los principales servicios del Hospital General de México; el personal médico fue el encargado de dar las clases, designar personal para vigilar el trabajo de las estudiantes y establecer coordinación con la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes para validar los estudios.

En 1907 se crea la Escuela de Enfermería, abriendo sus puertas a las alumnas que había terminado la educación primaria completa para cursar la “carrera de enfermería”. En su currícula se establecía un programa de tres años que incluía las materias de anatomía, fisiología y curaciones en el primer año; higiene y curaciones en general en el segundo año; pequeña farmacia, curaciones, cuidados de los niños, parturientas y enajenados en el tercer año. Al término de su preparación eran acreedoras a un diploma de la Dirección General de la Beneficencia Pública; naciendo así un sistema de educación profesional de enfermería que se extendió por el territorio nacional, siendo Hermelinda García la primera enfermera que tuvo su diploma y certificado oficial el 28 de febrero de 1910.

Para 1908 la Escuela de Enfermería pasa a la Secretaría de Educación y el 30 de diciembre de 1911, la Universidad de México aprueba su integración a la Escuela de Medicina, siendo éste el antecedente de la actual Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia (ENEO) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es en esta institución académica donde se proyecta el primer Plan de Estudios para la Carrera de Enfermeras y Parteras, el cual incluía dos años para estudiar enfermería y otros dos años para partos; iniciándose la enseñanza bajo este plan en 1912. La formación de las enfermeras y parteras bajo los reglamentos de los Hospitales Juárez y General de México, contemplaba el internado, lo que obligaba a las estudiantes a permanecer las 24 horas en el hospital; el avance académico era seguido por la administración de estos nosocomios, situación que perduró hasta 1932 año en que Carmen Gómez Siegler, con apoyo del Dr. Luis Méndez, reorganizó el Departamento de Enfermería, y redujo la jornada a 12 horas. Esta forma de llevar a cabo las prácticas en los hospitales dejó por sentado que con las horas de práctica que realizaban en el hospital estaba cubierto el servicio social.

Al terminar el régimen de Porfirio Díaz en 1911 había maestras, enfermeras y parteras tituladas y otras mujeres que ostentaban títulos de tenedoras de libros, dentistas, médicas y abogadas, no obstante, eran sólo unas cuantas que se movían en un país de indigentes y explotadas, donde el grueso de la población femenina lo constituían todavía amas de casa y madres de numerosos hijos. En relación con las carreras profesionales femeninas de la Universidad Nacional Autónoma de México (1876 a 1940) Luz Elena Galván encuentra que las carreras sobresalientes fueron la enfermería y las maestras.

La educación fue el movimiento social y de largo alcance para el desarrollo de las mujeres. La razón y el conocimiento sustituyeron a la superstición; el estudio y el trabajo suplantaron al ocio y al vicio que prevalecía entre éstas, sobre todo las de clase baja; la maternidad pasó de ser una actitud natural a una situación que las enaltecía, ya que como madres debían cumplir con sus responsabilidades si, ante todo, eran instruidas ellas primero.

En 1917 se fundó la escuela de de la Unión de Femmes de France incorporada a la Cruz Roja Francesa, que funcionó hasta 1941, esta escuela reflejaba la influencia francesa al formar mujeres aparentemente con buen nivel económico.

La Escuela de Salud Pública de México inició sus actividades en marzo de 1922 con el propósito de suministrar al personal técnico y subtécnico las bases científicas para una administración sanitaria y de asistencia social eficiente. A la vez, proporcionaba a ese personal el conocimiento necesario acerca de los procedimientos modernos de la medicina preventiva, de higiene y de las técnicas sanitarias médicas y sociales. La escuela quedó a cargo del naciente Departamento de Salubridad. En ese mismo año se incorporaron escuelas del centro e interior del país a la UNAM, y se solicitó a través de las autoridades les hicieran llegar los planes de estudio para normar la enseñanza de la enfermería.

En 1924 se crea la carrera de Enfermería y Partera Homeopática dependiente de la Escuela de Medicina Homeopática, regulada por la Secretaría de Educación Pública, y posteriormente se incorpora en 1937 al Instituto Politécnico Nacional (IPN). Eran requisitos de ingreso, contar con certificado de primaria, cubrir cuotas de inscripción y disponer de tres uniformes reglamentarios.

Posteriormente, en el mandato del presidente Lázaro Cárdenas y por acuerdo presidencial, el 2 de marzo de 1937 se fundó la Escuela para Enfermeras del Ejército, después de diversos intentos realizados en 1815 y en 1910. En su origen la escuela funcionó exigiendo un año de pre-vocacional y tres años de enfermería teórico- práctica; para 1939 desapareció el año pre-vocacional y se exigió la secundaria completa. Al término de los estudios las alumnas recibían título de enfermera y grado de subteniente del Ejército Mexicano, con la obligación de prestar cinco años de servicio.

La enfermería recibió gran impulso de la Escuela Nacional de Medicina, siendo médicos los responsables de modificar los planes de estudio aún después de separarse la Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia (ENEO) en el año de 1945. Durante la gestión del Dr. Everardo Landa se tiene la necesidad de adecuar la carrera de enfermería de tres años, a una curricula de cuatro años, lo que permite cursar la carrera de enfermería como requisito para lograr el título de partera. En el año de 1948 con la gestión de la Dra. Emilia Leija se desplazan las oficinas administrativas de la ENEO al pasaje Catedral, continuando las prácticas en el Hospital General de la Ciudad de México y el Hospital Juárez. En 1952 se prepara el primer curso de docencia para Enfermeras Instructoras, so- licitando el bachillerato como requisito de ingreso. A partir del año siguiente, se consideró como una escuela universitaria.

En esta época se detectaron necesidades en administración de instituciones de enseñanza, adiestramiento del personal, ampliación de los servicios de salud pública y atención en los hospitales de especialización; motivo por lo que se iniciaron los primeros cursos de especialización, siendo el primero en pediatría en el año de 1941, posteriormente el curso de anestesia en 1945, enfermera sanitaria en 1949, psiquiatría, educación y hematología en 1952, administración para jefes de servicio en 1953 y enfermera quirúrgica en 1956; estos cursos de especialidad generaron una nueva imagen profesional de la enfermería en México.

La Escuela de Salubridad e Higiene estableció en 1949 cursos de enfermería sanitaria de un año escolar para enferme- ras tituladas, la responsabilidad como profesora e instructora del curso recayó en la enfermera Aurora Macías Báez, quien las adiestraba en actividades de saneamiento del medio, en enfermedades transmisibles y epidémicas e higiene infantil, materna y escolar. De este curso egresaron 14 instructoras las cuales fueron movilizadas según las necesidades de las comunidades. Este hecho motivó que en los estados de la República en donde había escuelas de enfermería se le diera impulso a esta rama, modificando sus planes de estudio y despertando el interés por crear más centros escolares para enfermería.

Como se puede observar, las condiciones en que se inició la enfermería fueron generadas con base en las necesidades del grupo médico, al asumir el Estado la responsabilidad de la atención de la salud se definieron políticas que modificaron el modelo de la práctica médica y por ende la educación en enfermería; pero la falta de un modelo educativo ha sido una constante preocupación por lo que hubo organización por algunas enfermeras para definir las propias formas de conocimiento. La creación de las escuelas de enfermería constituyó un logro de madurez para las enfermeras, al adquirir una conciencia moral que implícitamente contribuyó al perfilar la profesión hacia su despegue a un alto nivel, siendo esto posible a mediados del siglo XX cuando las enfermeras asumieron, en algunas escuelas, la dirección y organización del propio modelo educativo.

Un hecho trascendental en el ámbito de la salud fue la planeación de la atención médica desarrollada en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Desde su fundación en el año 1944, nació el concepto de la enfermería moderna en México. En mayo de 1947 con el propósito de satisfacer la demanda del personal en la atención hospitalaria, el Subdirector General Médico Dr. Mario Quiñones, por indicación del Director General Don Antonio Díaz Lombardo, fundó la Escuela de Enfermería del Insti tuto Mexicano del Seguro Social (IMSS) cuya preparación incluía la mística de los preceptos de la Seguridad Social. En su inicio se ubicó en el Sanatorio núm. 1, estando incorporada a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Esto propició la obtención de un elevado prestigio, sumado a la calidad de preparación de sus egresadas alcanzó los niveles de los mejores centros formadores de recursos humanos. En 1950, egresó la primera generación con 11 alumnas; a la fecha han egresado 100 generaciones con más de 4 000 enfermeras generales. En 1963 dieron inicio los cursos para formación de auxiliares técnicos de enfermería, con un total de 5 572 alumnos. El 15 de marzo de ese mismo año se consumó un sueño y un gran logro al crearse el Centro Médico Nacional, visualizado y concebido como el mejor hospital del país. Ante este acontecimiento se inició la contratación del personal de enfermería procedente en su mayoría del Instituto de Cardiología, Hospital de Nutrición, Hospital General, Hospital de La Raza y por supuesto de la Escuela de Enfermería del IMSS. Como consecuencia aquel grupo inicial aportó a la enfermería de aquella época los conocimientos de todas esas instituciones, que surtieron el efecto de una transformación de la imagen que entonces existía de la enfermera institucional. Actualmente se cuenta con siete planteles, seis de ellos ubicados estratégicamente en cinco estados de la República Mexicana.13 Todos ellos imparten en el sistema escolarizado, el plan de estudios para obtener el grado de Licenciatura en Enfermería, con 11 796 alumnos egresados en dos niveles, 92 % técnico y 8 % licenciatura. Otro ámbito de formación en el IMSS son los cursos pos técnicos para enferme- ras especialistas, los cuales están relacionados con las necesidades de atención de la población derechohabiente y generada por los cambios en el perfil epidemiológico y demográfico de la población en el país. Para dicha formación se estructuran programas educativos tendientes a resol- ver esta situación; dan inicio en el año de 1971 y a la fecha se cuenta con 22 mil enfermeras graduadas en la licenciatura y más de 600 de maestría o doctorado, mis- mas que al concluir, se ubican en las plazas autorizadas para tal efecto dentro de las Unidades Médicas de primero, segundo y tercer nivel de atención en el IMSS.

En los años de 1961 a 1963 en la ENEO, siendo director Lázaro Pavía Crespo, por primera vez ocupa el cargo de Secretaría General la enfermera Juventina Hernández Márquez; se establecen las equivalencias para revalidación de estudios y ex profesionales de escuelas incorporadas a la ENEO. Se instala un laboratorio de enfermería e inicia el curso de enfermería pediátrica como el cimiento de una práctica especializada, siendo el Hospital Infantil de México el escenario y su coordinadora Consuelo Mendoza Laugier. Se inicia también el curso de enfermería psiquiátrica con Renée Valle Caloca como directora; se dan facilidades a las instructoras de enfermería para iniciar el bachillerato, situación que permitirá el otorgamiento de nombramientos de acuerdo a la preparación de la instructora. Llega el momento para la dirección interina del médico José L. Amor de 1963 a 1964, quién otorga el nombramiento de Subdirectora a Delia Otero de Pérez Beltrán. Durante esta gestión un hecho relevante en la carrera académica de la escuela correspondió a la designación de nombramientos definitivos a la planta académica otorgados por el Rector Ignacio Chávez; en 1963 se nombra Secretaria General a María de Jesús Morales Herrera y por primera vez forma parte de la terna de la Dirección una enfermera, recayendo dicha iniciativa en Juventina  Hernández  Márquez.  Entre 1964-1966 llega a la dirección el Dr. Rafael Tovar Villa Gordoa, obteniendo el permiso para hacer uso del tercer piso de la Antigua Facultad Escuela de Medicina como laboratorio; se crea el Departamento de Psicopedagogía, Trabajo Social, y con el propósito de incrementar el nivel cultural de la enfermería, se crea el coro de las alumnas. En 1966, la dirección de la Escuela la dirige la Dra. Esther Chapa Tijerina, quién logra la acreditación de la Licenciatura en Enfermería, con la administración del Dr. Alejandro Guevara Rojas se da el primer examen de admisión para alumnos del nivel técnico y se continúan los cursos post básicos en educación en enfermería. Durante 1967 el Consejo Técnico de la ENEO, autoriza cinco cursos post básicos, los cuales fueron aprobados el siguiente año. Los avances tecnológicos, científicos y académicos demandaban una enfermería diferente, por lo tanto se fortalece la Licenciatura en Enfermería y Obstetricia. Se estructura el Plan de Estudios por semestres y en 1968 aparece publicada la creación de la Licenciatura en Enfermería y Obstetricia. Durante el periodo de gestión de la Lic. Marina Guzmán, de 1975 a 1982, se inician el programa de Educación Continua, el curso Especial Transitorio para obtener el título de Licenciada en Enfermería, además del programa y anteproyecto del Reglamento de Servicio Social. En 1976 se crea el Sistema de Universidad Abierta (SUA), logrando llevar a la ENEO a las instalaciones ex profeso para la enseñan- za de la enfermería. Al llegar a la Dirección la Lic. Ma. Esther Hernández Torres en 1982, se tienen nuevas opciones de evaluación terminal para la Licenciatura en Enfermería, se refleja un impulso en materia de investigación, tanto académica como educativa; se inician procesos formales para la evaluación de la Enseñanza Clínica y la creación del Taller de Tecnología para la Enfermería. Paralela- mente se realiza un reacondicionamiento de la biblioteca.

Durante los años de 1987 a 1994 la Lic. Graciela Arroyo de Cordero, logra integrar el perfil académico, tanto para el nivel técnico como para la licenciatura, se fortalecen los programas de estudios otorgando cátedras especiales. Se instala un quirófano para práctica de procesos quirúrgicos, un laboratorio de pediatría y uno de cómputo. En 1987, dentro del (SUA), queda establecida la infraestructura académica para obtener el grado de licenciada mediante el ingreso por años posteriores al primero, cuando el alumno hubiere laborado en una institución de salud por más de dos años. Con la gestión de la Lic. Susana Salas Segura en los años de 1994 al 2003, la ENEO se convierte en Centro Colaborador de la Organización Mundial de la Salud (OMS); se inician estudios de posgrado entre los años de 1997 a 2002 con el Plan Único de las Especialidades de Enfermería; en 2002 se aprueba el Plan de Estudios del Programa de Maestría en Enfermería, además de iniciarse los Programas de Alta Exigencia Académica (PAEA): PRONABES y PROBETEL; se inaugura el laboratorio de Fundación UNAM. Se establecen convenios con el Sector Salud para profesionalizar a la enfermería a través del SUA, además de lograr la proyección internacional de la enfermería mexicana. Actualmente con la gestión del Lic. Severino Rubio Domínguez, se logra la consolidación de los estudios de Licenciatura mediante la exigencia de un alto rendimiento académico y la formación de profesionales con sólidos conocimientos científicos, técnicos y humanísticos; lo anterior mediante el desarrollo de un Plan de Estudios para la Licenciatura en Enfermería y la creación de la Unidad de Investigación y Posgrado.6 Los programas actuales de Maestría, iniciados en 1982, se caracterizan por su orientación a la investigación, la cual se fortalece durante los dos años de formación académica.

Para efectos del Doctorado se imple- mentó en octubre del 2001 el Programa Académico correspondiente en la Facultad de Enfermería en Celaya, dependiente de la Universidad de Guanajuato mediante un convenio con la Universidad de Riverao Preto, Brasil.

Conclusión

En sus inicios, la formación académica de la enfermería fue incierta y empírica, sin sustento teórico, el aprendizaje estuvo orientado con base en las necesidades del grupo médico y de enfermeras que pertenecían a grupos culturales con valores y antecedentes históricos totalmente distintos a las necesidades de la naciente profesión de enfermería en nuestro país. Los avances que se han generado respecto a la educación en enfermería, durante la segunda mitad del siglo XX, están sustentados en su propia evolución histórica, así como de los cambios sociales, económicos y epidemiológicos acordes a las innovaciones tecnológicas y a los procesos de globalización y universalidad del conocimiento científico. Actualmente, las tendencias educativas se orientan a programas instruccionales flexibles y asequibles, acordes a las necesidades de los educandos. Esto implica el reto de una evaluación constante de los planes y programas curriculares de manera sistemática y periódica, vinculando los programas educativos con la práctica, incluyendo el entorno socio-cultural, económico y tecnológico. Es indispensable reconsiderar los requisitos de ingreso y el perfil de egreso para los diferentes niveles educativos poniendo especial énfasis en la proyección de las Maestrías y Doctorados en enfermería con el propósito de obtener la visión incluyente característica del grado y lograr una perspectiva de acercamiento a la realidad de los procesos de enfermería. El propósito final de los cambios históricos en la profesionalización del personal de enfermería ha sido en todo momento la formación de enfermeras científicas, competentes, aptas, comprometidas y con un alto sentido humanístico con el objetivo de proporcionan cuidados enfermeros de alta calidad.