Desinformación y noticias científicas falsas

Dietram A. Scheufele and Nicole M. Krause Fuente: PNAS published ahead of print January 14, 2019 https://doi.org/10.1073/pnas.1805871115  Science audiences, misinformation, and fake news
https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoid=93637
Resumen

Las preocupaciones sobre la desinformación pública en los Estados Unidos, que van desde la política a la ciencia, están creciendo. Aquí, proporcionamos una visión general de cómo y por qué los ciudadanos se vuelven (y en ocasiones permanecen) mal informados sobre la ciencia. Nuestra discusión se enfoca específicamente en la desinformación entre ciudadanos individuales.

Sin embargo, es imposible comprender el procesamiento y la aceptación de la información individual sin tener en cuenta las redes sociales, las ecologías de la información y otras variables de nivel macro que proporcionan un contexto social importante.

En concreto, mostramos cómo estar mal informado es una función de la capacidad y motivación de una persona para detectar falsedades, pero también de otros factores sociales y de grupo que aumentan las posibilidades de que los ciudadanos estén expuestos a información correcta.

Concluimos al analizar una serie de áreas de investigación, algunas de las cuales reflejan temas de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de la Ciencia de laComunicación de 2017.

Esto será particularmente importante para nuestra futura comprensión de la información errónea, específicamente un enfoque sistémico para el problema de la desinformación, la necesidad de análisis más sistemáticos de la comunicación de la ciencia en los nuevos entornos de los medios de comunicación y un (re) enfoque en audiencias tradicionalmente desatendidas

Introducción

Las preocupaciones sobre un público sub-informado o incluso mal informado cuando se trata de cuestiones científicas no son nuevas. Las desconexiones entre la opinión pública en los Estados Unidos y el consenso científico sobre temas como la seguridad de las vacunas, la evolución o el cambio climático han existido durante mucho tiempo. Sin embargo, más recientemente, los entornos políticos cada vez más polarizados y los cambios fundamentales en la forma en que los medios y las audiencias comparten la información le han dado una nueva urgencia al problema.

¿Qué sabemos de la ciencia social basada en la evidencia sobre los orígenes y los impulsores de la desinformación? ¿Qué nos puede decir la investigación en comunicación, psicología, ciencias políticas y campos relacionados sobre posibles soluciones? ¿Qué agendas para la investigación futura han surgido del cuerpo de trabajo existente sobre la desinformación en la ciencia?

Al no hacer que las influencias sociales en la producción y difusión de información errónea o dinámicas a nivel de grupo sean un punto focal de nuestro documento, no queremos decir que sean irrelevantes. De hecho, proporcionan un contexto importante para comprender los factores que podrían contribuir o remediar la información errónea entre los ciudadanos, como veremos más adelante. También excluimos de nuestro análisis información errónea entre individuos que tiene una relevancia única para contextos no científicos (por ejemplo, información errónea provocada por efectos de memoria falsa en entornos legales).

¿Qué significa para los ciudadanos estar mal informados o no informados sobre la ciencia?

Primero, es importante tener en cuenta que la “información errónea” puede definirse en términos generales como información incorrecta, posiblemente por accidente. Comparativamente, la “desinformación” a veces se ha utilizado para denotar un tipo específico de desinformación que es intencionalmente falso.

Sin embargo, las distinciones entre estos términos, así como términos como “rumor” o “noticias falsas”, no siempre se han definido claramente en investigaciones relacionadas con estos temas. De manera similar, ha habido cierto debate conceptual en torno a lo que significa estar “mal informado”, en comparación con estar “no informado”. La información errónea se suele conceptualizar como creer en afirmaciones incorrectas o contrafactuales. Sin embargo, la línea entre estar mal informado o desinformado, es decir, simplemente no saberlo, ha sido borrosa en diferentes literaturas.

Algunos autores han argumentado que creer información incorrecta sobre temas científicos (por ejemplo, vacunación infantil) y temas políticos (por ejemplo, armas de destrucción masiva en Irak) puede tener causas y consecuencias únicas, especialmente si la persona también es políticamente activa.

En comparación con las personas que no están informadas o que están informadas pero inactivas, las personas que están “activas” y “mal informadas” tienen “unidos sus supuestos conocimientos y sus acciones políticas, [por lo tanto] tienen pocos incentivos para abandonar las creencias antiguas, aceptar las nuevas, abandonar las viejas lealtades, encuentrar un nuevo grupo y cambiar su comportamiento”. En consecuencia, las estrategias para alentar a las personas en diferentes estados epistémicos a ser “activas” e “informadas” pueden diferir.

Por supuesto, los ciudadanos pueden estar desinformados y mal informados a la vez, por ejemplo, pueden estar desinformados acerca de cómo funcionan los procesos científicos mientras están mal informados sobre los hechos de un tema científico específico, y estos factores pueden influirse entre ellos.

En la práctica es difícil separar limpiamente “mal informado” de “desinformado”.

Nuestro objetivo, por lo tanto, no es separar estos estados epistémicos, sino revisar lo que se sabe sobre el “desconocimiento” a nivel individual. “Información errónea”, o ambas, para identificar lo que puede faltar en las propuestas para mejorar esos encuentros y llevar estas discusiones al campo específico de la comunicación científica.

Falta de comprensión de la ciencia

Un área problemática es la comprensión por parte de los ciudadanos de hechos científicos básicos y el proceso científico en general.

Conocimiento sobre hechos científicos

Las encuestas de Indicadores de Ciencia e Ingeniería de los EE. UU. (SEI) miden el conocimiento fáctico sobre la ciencia bianualmente como el número promedio de respuestas correctas a una serie de elementos de opción múltiple y verdadero o falso.

Si bien estas baterías de preguntas de conocimiento factual cerradas son representaciones imperfectas de lo que los ciudadanos saben sobre ciencia, estos datos de tendencias sugieren que el conocimiento de hechos y términos científicos no ha disminuido significativamente en los últimos años.

Sin embargo, existen diferencias entre los encuestados, ya que el conocimiento de los hechos está “fuertemente relacionado con el nivel de educación formal de los individuos y la cantidad de cursos de ciencias y matemáticas completados”.

Conocimiento epistémico de la ciencia

En particular, recordar hechos científicos aislados podría tener un impacto limitado en la capacidad de los ciudadanos para tomar decisiones políticas significativas sobre los riesgos y beneficios que rodean a las tecnologías emergentes.

Probablemente, lo más importante es lo que se ha denominado “conocimiento epistémico”, es decir, los niveles de información o información errónea entre públicos no expertos sobre el proceso científico y cómo este proceso da forma a los hallazgos producidos por la ciencia.

Esto es ligeramente diferente de las discusiones sobre “creencias epistémicas” más ampliamente, que pueden entenderse como “creencias sobre la naturaleza del conocimiento y cómo uno llega a saber”.

Los datos de la encuesta sobre el (mal) entendimiento de los estadounidenses del proceso científico no muestran cambios significativos en el tiempo (con algunas variaciones debido a la codificación de datos abiertos).

En la encuesta más reciente de SEI:

  • Uno de cada tres estadounidenses (36%) entendió mal el concepto de probabilidad.
  • La mitad de la población (49%) no pudo proporcionar una descripción correcta de un experimento científico.
  • Tres de cada cuatro (77%) no pudieron describir la idea de un estudio científico.

Lo que indica una incapacidad entre “cualquier miembro del público … para diferenciar un estudio científico sólido de uno mal realizado y para comprender el proceso científico más ampliamente”

Las encuestas de opinión pública también sugieren que proporciones significativas del público están preocupadas por cómo los bajos niveles de conocimiento epistémico pueden influir negativamente en su propia comprensión o en la de otros estadounidenses sobre las noticias científicas.

Aunque ciertamente hay cierta complejidad (e ironía) en la medición de las percepciones de los individuos sobre las percepciones erróneas entre sus compañeros, no obstante, es interesante observar que dos de cada cinco estadounidenses (44%) están de acuerdo en que es “un gran problema” que “El público realmente no sabe lo suficiente acerca de la ciencia para comprender los hallazgos en las noticias”, y solo el 16% no lo considera un problema.

De manera similar, 4 de cada 10 (40%) piensan que es “un gran problema” que “aquí hay tantos hallazgos que es difícil distinguir entre estudios de alta calidad y baja calidad”, y solo el 18% no lo considera un problema. problema.

Sosteniendo creencias inconsistentes con la mejor ciencia disponible

En Theaetetus, Platón describió el conocimiento como “creencia verdadera justificada”. Las críticas filosóficas de esta definición se han centrado en el hecho de que las percepciones razonables y justificadas de la realidad de la gente, impulsadas por sus propias observaciones directas del mundo que las rodea, pueden ser incompatibles con la verdad.

Esto resalta el papel único que desempeña la ciencia en la sociedad para proporcionar a los ciudadanos información que está justificada más allá de sus propias observaciones porque se basa en cuerpos confiables y sistemáticos de conocimiento científico.

De hecho, los bajos niveles de conocimiento fáctico y epistémico discutidos anteriormente serían menos desconcertantes si grandes proporciones de audiencias no expertas rutinariamente difieran con el juicio científico y tomen decisiones de políticas que sean consistentes con el consenso basado en la evidencia dentro de la comunidad científica. Desafortunadamente, los datos no siempre apoyan esta expectativa.

Opiniones inexactas del consenso científico y el rechazo deliberado del consenso científico

En una encuesta de 2014 en EE. UU. (15), dos tercios de los encuestados (67%) pensaron que los científicos “no entendían claramente los efectos en la salud de los cultivos transgénicos”, a pesar del amplio consenso científico sobre el tema (16).

De manera similar, la mitad de los estadounidenses (52%) pensaron que los científicos estaban “divididos” en la creencia de que el universo fue creado en el Big Bang, y alrededor de un tercio pensaron que los científicos estaban divididos sobre el cambio climático antropogénico (37%) y la evolución. %).

Por supuesto, estos datos no dejan en claro la causa de estas opiniones inexactas, que, posiblemente, podrían deberse a que las personas no están informadas, mal informadas intencionalmente, o un poco de ambas.

El rechazo de los temas científicamente precisas de las audiencias no expertas no indica una falta de información sobre el consenso científico ni la presencia de información errónea, sino más bien un procesamiento de información motivado (por creencias)

Además, los experimentos con encuestas han demostrado que incluso cuando los estadounidenses parecen poseer un conocimiento preciso del consenso científico (por muy grande o pequeño que sea el número para un tema dado) no hay garantía de que integren ese conocimiento en sus actitudes o actitudes.

En otras palabras, estos encuestados saben lo que la comunidad científica ha establecido como un hecho, pero aun así se niegan a “saberlo”. Por lo tanto, algunos han argumentado que el rechazo de los temas científicamente precisas del Big Bang o la evolución de las audiencias no expertas no indica una falta de información sobre el consenso científico ni la presencia de información errónea, sino más bien un procesamiento de información motivado (por creencias).

Creencias conspirativas

Los individuos que apoyan las teorías de conspiración a menudo se niegan a ajustar sus sistemas de creencias cuando se enfrentan a información nueva y mejor que contradice sus malentendidos

Otro problema potencial es la creencia persistente en las teorías de conspiración, o teorías en las cuales las explicaciones de eventos y fenómenos ofrecen “como un factor causal principal a un pequeño grupo de personas (los conspiradores) que actúan en secreto para su propio beneficio, en contra del bien común”.

De este modo, las creencias conspirativas pueden implicar no solo un rechazo voluntario del consenso científico sino también falsas atribuciones de intenciones a los miembros de la comunidad científica, así como la fabricación de relaciones entre los actores. Por esta razón, las creencias conspirativas suelen entenderse como distintas de la simple ignorancia o la percepción errónea sobre hechos aislados.

Muchos de nosotros creemos en hechos que resultan ser erróneos. Por ejemplo, 7 de cada 10 estadounidenses atribuyen falsamente la declaración “Puedo ver a Rusia desde mi casa” a Sarah Palin en lugar de a Tina Fey de Saturday Night Live.

Sin embargo, muchas personas ajustan sus puntos de vista sobre este hecho cuando se les presenta información que muestra que sus creencias iniciales están equivocadas. Sin embargo, los individuos que apoyan las teorías de conspiración a menudo se niegan a ajustar sus sistemas de creencias cuando se enfrentan a información nueva y mejor que contradice sus malentendidos.

Es importante destacar que existe evidencia que sugiere que la educación adicional y tradicional no será suficiente para disipar la creencia en las teorías de conspiración. Por ejemplo, las creencias conspirativas y las creencias inexactas sobre temas científicos como la seguridad de las vacunas y el cambio climático también se han relacionado con ciertas “creencias epistémicas” o convicciones más amplias sobre cómo las personas pueden y deben llegar a saber lo que es verdad.

Específicamente, las personas que “[ponen] más fe en su capacidad para usar la intuición para evaluar afirmaciones objetivas que en sus habilidades de razonamiento consciente” son particularmente propensas a apoyar teorías de conspiración, mientras que las pla tel Tendencia opuesta.

Podría argumentarse que los encuestados que expresan su creencia en las teorías de conspiración no creen realmente las falsedades, sino que respaldan ciertos puntos de vista conspirativos como un medio para expresar sus lealtades políticas o ideológicas, o para participar en una especie de “grupo externo” (por ejemplo, afirmando que Barack Obama no es estadounidense).

Sin embargo, investigaciones recientes apoyan la afirmación de que los individuos realmente sostienen las creencias conspirativas que afirman. Desafortunadamente, las creencias conspirativas a menudo persisten porque las falsedades que ayudan a sostenerlas son repetidas y “impulsadas” por políticos, actores corporativos, organizaciones de medios de comunicación y otros para movilizar el apoyo político desde su base.

¿Cómo arraiga la desinformación y por qué persiste?

Hasta ahora nuestra discusión ha delineado las diversas maneras en que las personas pueden carecer de creencias precisas sobre la ciencia. Sobre la base de esta visión general, los factores que se sabe están asociados con estos estados epistémicos variables y las soluciones propuestas se pueden examinar en tres niveles de análisis: individual, grupal y socioestructural.

Raíces individuales de desinformación

Los intentos recientes de combatir la desinformación generalizada se han centrado principalmente en la capacidad de los ciudadanos para reconocer la desinformación o desinformación y corregir sus propios puntos de vista en consecuencia.

Como resultado, las soluciones propuestas a menudo se centran en el lado de la oferta de las noticias, que van desde un mayor acceso a los sitios de verificación de hechos hasta algoritmos cambiantes para detener el flujo de noticias falsas a través de varios canales en línea.

La (in) capacidad de reconocer la desinformación

Implícitamente, la mayoría de los enfoques sobre la curaduría algorítmica de los hechos asumen que los ciudadanos están mal informados porque no pueden analizar y evaluar críticamente la información en entornos de medios (sociales) emergentes. No hay duda de que los bajos niveles de alfabetización mediática entre los ciudadanos son parte del problema.

La alfabetización mediática y sobre noticias se ha definido en términos generales como “la capacidad de acceder, analizar, evaluar y crear mensajes en una variedad de formas”. Podría decirse que es la habilidad de “evaluación” la que plantea el desafío más relevante para la información errónea, ya que aquellos con capacidad limitada para evaluar “no pueden distinguir fuentes sesgadas o explotadoras”.

Una evaluación reciente de la alfabetización mediática de los estudiantes estadounidenses demuestra que la gran mayoría de ellos lucha por (i) reconocer los posibles sesgos de los tweets políticamente cargados y (ii) distinguir entre una noticia de un anuncio similar a una noticia. Además, como informa el Pew Research Center, uno de cada cuatro (23%) adultos estadounidenses admitió haber compartido información errónea a través de las redes sociales.

Estas circunstancias han llevado a algunos a argumentar que “el último control contra la propagación de rumores, falsedades perniciosas, desinformación e informes no verificados enmascarados como hechos” es una “generación de consumidores de noticias con una educación astuta” que también pueden funcionar como productores de contenido digital competentes. y quién puede “identificar por sí mismos noticias e información basadas en hechos y pruebas”.

Curiosamente, otros han criticado las propuestas para aumentar la alfabetización mediática al señalar que estos esfuerzos tienen el potencial de ser contraproducentes, ya que “algunas habilidades de alfabetización mediática se pueden usar para justificar la creencia en la desinformación [y que] el discurso de la élite sobre” noticias falsas “puede disminuir la confianza del público en los medios de comunicación y en su capacidad para reconocer noticias reales sin facilitar la identificación de noticias falsas ”.

En consecuencia, estos investigadores sugieren emparejar la educación en alfabetización de los medios de comunicación con “actividades diseñadas para estimular el debate sobre temas políticos”.

De hecho, los eventos recientes, como las elecciones presidenciales de 2016, han atraído cada vez más la atención pública al papel de los medios sociales en la estructuración y presentación de la información de tal manera que puede limitar la capacidad de un individuo para evaluar la calidad y la utilidad de la información, y para distinguir entre los hechos y la ficción.

En respuesta a las crecientes críticas de este tipo, Facebook y otros han propuesto una increíble variedad de soluciones técnicas destinadas a reforzar la capacidad de los usuarios para identificar información errónea y, en general, para facilitar que sus usuarios tengan más encuentros de información “positivos”. Desafortunadamente, sus apresurados intentos de difundir las críticas a menudo han sido contraproducentes o tienen el potencial de ser contraproducentes.

Por ejemplo, Facebook anunció recientemente que dará prioridad a la visualización del contenido compartido por los amigos y familiares de los usuarios, y que verán “menos contenido público, incluidas noticias, videos y publicaciones de marcas”, en un esfuerzo por ofrecer a los usuarios más“conexiones significativas” y asegurar que Facebook sea una fuerza para el bien.

Sin embargo, esta última solución puede hacer que la gente vea “más contenido que refuerza sus propias ideologías” y, en los países donde se realizaron pruebas técnicas de estos cambios técnicos específicos, los usuarios frustrados informaron que las modificaciones promovieron la difusión de noticias falsas.

A medida que las compañías de tecnología continúan lidiando con los cambios en sus algoritmos e interfaces, también han surgido grupos de verificación de datos de terceros, como PolitiFact.com y Factcheck.org, para impulsar las capacidades de las personas para desmentir la información errónea, y se están realizando esfuerzos para ofrecer una “detección de engaño” confiable y automatizada para texto e imágenes.

Además, Google está trabajando en “fragmentos de verificación de hechos” en tiempo real que aparecen como individuos buscando información en disputa, y los científicos informáticos están ideando soluciones para detectar y combatir automáticamente la influencia de los “bots” (robots), que han sido, según se demostró, los que difundieron con éxito noticias falsas con consecuencias reales tanto en la política como en el mercado de valores.

Finalmente, hay algunas pruebas de que la corrección de la información errónea a través de una función basada en algoritmos de “historias relacionadas” en las plataformas de los medios sociales puede reducir las percepciones erróneas de la información relacionada con la ciencia.

En la era de la posverdad: “los hechos y la evidencia objetiva son superados por las creencias y los prejuicios existentes

Las innovaciones técnicas, como las anteriores, han sido legítimamente defendidas como posibles soluciones a la difusión de información errónea. Sin embargo, una característica desafortunada y definitoria de la era de la posverdad es que “los hechos y la evidencia objetiva son superados por las creencias y los prejuicios existentes”, de manera que “un segmento notable del público estadounidense ahora se suscribe a una epistemología no estándarque no cumple con los estándares convencionales”. criterios de apoyo probatorio ”.

Si es cierto que los hechos ya no son tan importantes como deberían serlo para algunos estadounidenses, las soluciones técnicas que hacen que los hechos sean más reconocibles o más visibles deberán complementarse con estrategias que combinen soluciones individuales enfocadas en la capacidad con soluciones que aborden la falta de motivación de los individuos para buscar, consumir e interpretar información de manera tal que se privilegie la precisión sobre otros objetivos posibles, como la protección de sus creencias preexistentes.

Las apariciones de Lexis Nexis de “noticias falsas” en la cobertura de los periódicos en los Estados Unidos y en todo el mundo muestran un aumento en la frecuencia anual con la que los periódicos han usado esta frase específica y posiblemente han dado prominencia a sus falsas connotaciones entre el público.

Motivaciones para reconocer información inexacta … o no

Más allá de los problemas de capacidad, también hay factores psicológicosque contribuyen a que las personas se desinformen, y estos factores pueden dificultar que las personas identifiquen por sí mismas lo que es realidad en lugar de ficción.

Específicamente, es más probable que los individuos acepten información que parece seguir una narrativa lógica, que proviene de una fuente que perciben como “creíble”, que es consistente con sus valores y creencias preexistentes, y que parece ser algo que otras personas creen.

La inquietud o inconveniencia psicológica de encontrar información desafiante para la visión del mundo puede producir un deseo de minimizar los sentimientos de “disonancia cognitiva”, lo que puede llevar a una percepción sesgada y al procesamiento de la información que complica el reconocimiento y el rechazo de las falsedades.

Entre otras estrategias, las personas pueden lidiar con la complejidad del mundo externo mediante la exposición selectiva y el razonamiento motivado.

La exposición selectiva se refiere al acto de elegir leer o ver información consistente con las creencias por sobre información inconsistente con las creencias (cuando se le da la opción), y existe evidencia de que tal selectividad ocurre entre partidarios fuertes que tienen un conocimiento especial sobre política y que gravitan más hacia fuentes de noticias que reflejan sus puntos de vista preexistentes.

Es importante destacar que la exposición selectiva no se limita a la política y también se ha demostrado que ocurre, por ejemplo, cuando los individuos buscan información sobre temas científicos. Cuando los individuos se exponen principalmente a fuentes de medios que (a sabiendas o sin saberlo) transmiten falsedades, existe cierta evidencia de que la exposición selectiva desempeña un papel en mantener a las personas mal informadas, como se muestra entre los espectadores de Fox News durante la guerra de Irak.

Si bien las personas pueden participar en una exposición selectiva en algunas circunstancias, investigaciones recientes sugieren que esto no está muy extendido en el consumo diario de noticias de las personas.

Un estudio que realiza un seguimiento del uso de las noticias en línea a lo largo del tiempo, por ejemplo, no encontró evidencia de una exposición selectiva partidista, sino que concluyó que la “audiencia de noticias políticas en línea tiende a congregarse abrumadoramente en un puñado de sitios populares de noticias de marca … [y eso ] todos los sitios en la muestra, incluidos los medios de información políticos más oscuros y más partidistas, atraen audiencias ideológicamente diversas en proporción con la audiencia en línea en general ”.

Sin embargo, como lo demuestran décadas de investigación sobre razonamiento motivado en ciencia política, comunicación científica y otros campos, incluso cuando los hechos no se filtran por exposición selectiva o “burbujas de filtro”, se pueden interpretar de manera muy general.

Diferentes maneras por diferentes audiencias

Los individuos se involucran en el procesamiento de nuevas informaciones para proteger los valores, creencias e ideologías preexistentes

Incluso si las audiencias ideológicamente diversas están expuestas al mismo contenido, como lo indica el estudio anterior, es posible que no lo hagan por las mismas razones o con los mismos resultados (por ejemplo, algunos demócratas pueden ver noticias de “lectura de odio” en Breitbart News Network) . En otras palabras, los individuos se involucran en el procesamiento de nuevas informaciones para proteger los valores, creencias e ideologías preexistentes.

Cuando tales metas direccionales influyen en los procesos de razonamiento, los individuos son propensos a la “asimilación sesgada”, que se caracteriza por un sesgo de confirmación y de des-confirmación, o las tendencias paralelas para privilegiar información que es consistente con las predisposiciones de uno y para desacreditar información que parece contradictoria.

Al igual que con la exposición selectiva, el razonamiento motivado puede contribuir a que un individuo se desinforme, y puede ocurrir no solo en contextos políticos, sino también cuando los individuos procesan información sobre la ciencia y las tecnologías emergentes .

La evidencia también sugiere que el razonamiento motivado es más probable que ocurra entre individuos que tienen la mayor sofisticación y conocimiento del tema en cuestión, lo que polariza aún más las opiniones entre diferentes públicos.

Desafortunadamente, simplemente no se garantiza que la información objetiva y correctiva de las personas resuelva las percepciones erróneas, ya que es probable que las “creencias fuertemente arraigadas” “sobrevivan a la adición de evidencia no de apoyo”.

De hecho, hay algunas pruebas que sugieren que los intentos de corregir la información errónea sobre temas políticos y científicos entre las personas con las creencias más firmes pueden ser contraproducentes, lo que los refuerza aún más en sus opiniones falsas.

Sin embargo, algunos trabajos experimentales recientes que evalúan las creencias de las personas en ocho temas ideológicamente polarizados (ninguno de los cuales estaba relacionado con la ciencia) no han podido replicar este “efecto de contrafuego”.

Una interpretación para esto es que los individuos no sienten la necesidad de “contra-argumentar” porque sus compromisos ideológicos pueden tener más que ver con el afecto que con el razonamiento basado en la evidencia.

El papel de la emoción

El estado emocional de una persona puede determinar la exactitud de sus creencias

Esto nos lleva a discusiones sobre la influencia del afecto en los procesos de razonamiento motivado. Existe alguna evidencia de que el estado emocional de una persona puede determinar la exactitud de sus creencias.

En el trabajo experimental reciente, los partidarios enojados que vieron desinformación política no corregida de su propio partido sostuvieron creencias menos precisas que los partidarios emocionalmente neutrales, expresando preocupación porque la ira puede facilitar la creencia en falsedades, lo que podría ser “especialmente preocupante dado que la ira también deprime la búsqueda de información y aumenta la exposición selectiva ”.

Sin embargo, cuando la información errónea de la persona enojada en el partido se combinó con una corrección, no hubo diferencias significativas en la exactitud de las creencias entre los dos grupos, lo que sugiere que ciertos tipos de correctivos pueden ser eficaces a pesar de la excitación emocional.

La investigación también sugiere que los estados emocionales, especialmente la ira, pueden interactuar con las ideologías de las personas y el entorno de la información (por ejemplo, la presencia o ausencia de correctivos y las fuentes de información dentro del grupo o fuera del grupo) para influir en los encuentros de las personas con información (errónea) , potencialmente exacerbando su creencia en las falsedades y moldeando cómo la (mala) información se asimila en sus visiones del mundo.

Los falsos rumores tienden a provocar más sentimientos de sorpresa y disgusto que la verdad

Además, investigaciones recientes sobre la propagación de falsedades en línea han revelado que los falsos rumores tienden a provocar más sentimientos de sorpresa y disgusto que la verdad. Dado que las falsedades también se compartieron con más frecuencia, es plausible que ciertos estados emocionales tengan mayor poder para inspirar a las personas a compartir información.

En particular, la atracción de los individuos al contenido cargado emocionalmente no se limita a la política, e incluso cuando se trata de descubrimientos científicos, los individuos están más inclinados a difundir información que tiene un mayor impacto emocional.

Abordar la desinformación a nivel individual

Como se argumentó anteriormente, las personas no solo carecen de la capacidad de reconocer y evaluar la información errónea, sino también la motivación. Por supuesto, los ciudadanos se ven limitados en sus elecciones y comportamientos por los entornos de información y las instituciones que los rodean y que a menudo producen contenido que está diseñado intencionalmente para eludir las motivaciones incluso de los consumidores de noticias más bien intencionados.La investigación ha comenzado a examinar formas de reducir las influencias motivacionales sobre cómo se procesan los hechos.

Por ejemplo, una propuesta para lograr esto podría ser estructurar los entornos de información de una manera que fomente la rendición de cuentas, ya que es más probable que los individuos realicen esfuerzos para comprender múltiples aspectos de un problema, incluso sobre temas científicos, cuando esperan que sus puntos de vista serán desafiados por otros.

Además, en lugar de mostrar correctivos fácticos o “el otro lado” de un argumento derivado de miembros del grupo o incluso de un algoritmo, puede ser especialmente beneficioso obtener ese contenido de otros con ideas afines (por ejemplo, “co-partisanos”), cuyos argumentos pueden ser evaluados como más convincentes. También puede haber algún valor en desincentivar las expresiones de enojo e indignación partidistas, por lo que las campañas de desinformación no pueden aprovecharlas para exacerbar la asimilación sesgada de la información.

Desinformación en grupos y cascadas informativas

Si bien las indicaciones sobre lo que otros piensan se comunica a través de los medios tradicionales, también se destacan en las redes sociales de las personas, donde los individuos “revelan selectivamente” la información de manera sesgada (por ejemplo, compartiendo solo sus logros), contribuyendo así a una percepción errónea compartida sobre el actitudes y comportamientos que son socialmente “normales” o más frecuentes.

Es importante destacar que las creencias que creemos que están más difundidas son a menudo las mismas que se repiten, lo que también nos hace más familiares y tendemos a asumir que la información familiar es más confiable 

Además, las comunicaciones que repiten información errónea para corregirla pueden ser contraproducentes a largo plazo, ya que las personas olvidan los detalles del correctivo al que fueron expuestas brevemente y, en cambio, confían en la familiaridad cada vez mayor de una afirmación falsa al formarse opiniones. Hasta este punto, un estudio reciente sobre “falsos rumores” sobre la reforma del sistema de salud descubrió que si bien es posible desacreditar la información errónea, es un riesgo, ya que “simplemente repetir un rumor aumenta su poder”, en gran medida al aumentar su familiaridad.

Dado que las actitudes y creencias de las personas son particularmente tenacesen los grupos sociales homogéneos, las redes sociales insulares pueden ser especialmente maduras para la desinformación, ya que la homogeneidad puede hacer que la aceptación de una falsedad parezca socialmente “normal” al disminuir la visibilidad y la familiaridad de la información contradictoria.

Además, investigaciones sobre la estructura de las redes sociales han demostrado que ciertas configuraciones de red caracterizadas por una alta visibilidad para ciertos nodos, como se encuentran en Twitter, pueden aumentar el poder de esos nodos “para sesgar las observaciones de muchos otros”, lo que lleva a algunas creencias a ser percibidos por los usuarios como más prevalentes en una red de lo que realmente son.

De manera similar, el trabajo sobre la transmisión de “rumores con diferentes valores de verdad” en Facebook ha encontrado que “las cascadas de rumores son más profundas en la red social que las cascadas de intercambio compartido en general”, lo que demuestra “con qué rapidez se puede transmitir la información en línea, incluso cuando es de dudosa exactitud ”.
Por lo tanto, se puede argumentar que las características definitorias de las tecnologías de los medios sociales (es decir, la capacidad de establecer las redes deseadas y compartir o discutir información dentro de la red elegida) son las mismas características que hacen posible que actores deshonestos exploten procesos de sentido colectivo.
Dichos actores  pueden ser humanos, como en el caso de los individuos y grupos que avivaron intencionalmente los fuegos políticos durante las elecciones presidenciales de los EE. UU. en 2016, pero también pueden ser máquinas, como lo demuestran los ejércitos de robots de propaganda rusos que ahora sabemos se han infiltrado. Twitter y Facebook.

Tal vez podría argumentarse que, si la creencia en falsedades resultará de si los humanos o los bots son los que difunden información, entonces la distinción no importa. Sin embargo, la distinción importará en términos de proponer soluciones y, desafortunadamente, una evaluación reciente de la prevalencia y la propagación de información errónea en línea informa que los humanos son los principales culpables de difundir falsedades, en lugar de los robots.

Sin embargo, existe cierta evidencia de que las señales a nivel de grupo en las redes sociales pueden ser útiles para corregir la información errónea, al menos en algunas circunstancias. Por ejemplo, hay razones para creer que los consumidores de noticias de los medios sociales buscan respaldos sociales (es decir, “me gusta” y “comparte” de sus pares en su red) al seleccionar contenido para leer, más allá de sus preferencias ideológicas.

Por lo tanto, si se pudiera alentar a los individuos, por medios técnicos o no técnicos, a reconocer la homofilia en sus redes sociales y desarrollar contactos más diversos, como algunos lo han propuesto, entonces las pautas basadas en grupos en las redes sociales pueden alentar a las personas a ver contenido más diverso que de otra manera.

Dinámica de la comunicación a nivel social

Los políticos y otros actores políticos tienen una larga historia de difusión de información errónea (o incluso de desinformación) para dar forma a la opinión pública en su favor. Una recapitulación de este trabajo está más allá del enfoque de este documento. Sin embargo, lo que es relevante para el problema en cuestión es cómo ha cambiado el papel de los medios de comunicación masivos como un agente correctivo potencial contra dicha información errónea, y cómo estos cambios han generado realidades estructurales que pueden contribuir a que los estadounidenses se desinformen.

Para empezar, vale la pena señalar que los medios estadounidenses no siempre se han esforzado por la “objetividad”. Los primeros medios impresos proporcionaron información sesgada y engañosa durante la era de la “prensa de fiestas” de principios del siglo XIX, “cuando la publicidad y las suscripciones generaron pocos ingresos” para muchos periódicos, [y] el apoyo político fue invaluable “, hasta el punto en que” los editores no estaban de acuerdo con la imparcialidad “.

Aunque los periódicos estadounidenses finalmente se comprometieron con “la verdad”, este desarrollo no fue impulsado exclusivamente por consideraciones democráticas normativas, sino también por el aumento de las imprentas y por el cambio de actividad empresarial y política que alentó el apoyo a la “objetividad” de la lógica de mercado y de los documentos soportados por anunciantes.

Desde entonces, la prensa auto-descrita como “independiente” u “objetiva” de los Estados Unidos se han basado cada vez más en la financiación de los anunciantes a lo largo del siglo XX, y esta tendencia se ha intensificado a medida que el número de lectores pagados ha disminuido.

Al igual que con los medios impresos, la evolución de la radio, la televisión y la Internet también ha sido fuertemente influenciada por actores comerciales, que han incentivado cada vez más la creación de contenido personalizado capaz de atraer y segmentar audiencias para publicidad dirigida.

En particular, los actores comerciales en línea han alejado a las empresas de tecnología de los servicios basados ??en suscripciones y hacia modelos de ingresos basados en publicidad, de modo que organizaciones como Facebook ahora confían en la recopilación de datos altamente sofisticada y herramientas de “creación de perfiles” para catalogar las preferencias de los usuarios para el venta de anuncios hipertargetados.

A medida que las audiencias más jóvenes en todo el mundo acuden a las redes sociales y otras fuentes de noticias aparentemente “gratuitas”, las organizaciones de medios heredadas que deben competir con las redes sociales para obtener el apoyo de los anunciantes se ven presionadas a ofrecer servicios de orientación similares, por lo que vemos a los productores de noticias tradicionales dirigiendo audiencias a versiones en línea de sus historias en lugar de a periódicos o emisiones de televisión.

La intensidad de las presiones comerciales modernas en los medios noticiosos tradicionales fue quizás mejor resumida por el cofundador de Axios y el ex corresponsal político del Washington Post Jim VandeHei en una entrevista con el New York Times: “La supervivencia … depende de dar a los lectores lo que realmente quieren, cómo lo quieren”. , cuando lo quieren, y en no gastar demasiado dinero produciendo lo que no quieren”

Estas realidades económicas cambiantes son parte de lo que algunos han descrito como “mega tendencias sociales”, que posiblemente contribuyan a la difusión de información errónea en los Estados Unidos:

(i) Una disminución del capital social.

(ii) Crecientes desigualdades económicas.

(iii) Aumento de la polarización política.

(iv) Disminución de la confianza en la ciencia.

(v) Credulidad políticamente asimétrica (es decir, los conservadores son liberales son diferentes susceptibles a la desinformación).

(vi) Eolución del panorama de los medios (por ejemplo, burbujas de filtro, incivilidad , y aumentó la indignación).

(vii) El fraccionamiento de los medios de comunicación que recompensa el extremismo político.

En las secciones anteriores ya proporcionamos una visión más refinada de las áreas en las que las realidades empíricas podrían estar en desacuerdo con algunas de estas afirmaciones bastante amplias. Esto incluyó discusiones sobre cómo las relaciones entre el razonamiento motivado y las creencias en falsedades probablemente difieran dependiendo de factores como la ira y, en el mejor de los casos, de pruebas mixtas sobre las respuestas diferenciales de los conservadores y los liberales a la información errónea.

De manera similar, los datos de la encuesta SEI también sugieren que la confianza del público estadounidense en la ciencia como institución no ha disminuido con el tiempo y, de hecho, es más alta que la confianza en la mayoría de las demás instituciones, excepto en el caso de los militares.

Finalmente, los cuerpos de investigación emergentes también cuestionan la idea de que las burbujas de filtro en línea o “cámaras de eco”, basadas en el partidismo, desempeñan un papel crucial como caldo de cultivo para la desinformación.

Como resultado, esta literatura emergente ofrece lecciones limitadas para las organizaciones de noticias que navegan en entornos de información cambiantes. Más allá de las cuentas episódicas de lectores que cancelan suscripciones en protesta, por ejemplo, hay poca evidencia sistemática que respalde la idea de que las audiencias abandonan automáticamente las fuentes que ocasionalmente brindan noticias que pueden estar en desacuerdo con las preferencias o creencias de los lectores.

Al mismo tiempo, las motivaciones comerciales que impulsan los cambios hacia noticias dirigidas a audiencias específicas (en función de las preferencias del consumidor, el comportamiento de visualización anterior y una serie de otros factores) probablemente sean permanentes. Queda por verse cómo las interacciones entre las preferencias del público, los valores periodísticos y las realidades económicas moldean el sistema de intercambio de información social a largo plazo.

Estas incertidumbres son en parte una función de la investigación sobre la desinformación, en los tres niveles de análisis, que se lleva a cabo en diferentes dominios de problemas, lo que plantea interrogantes sobre la medida en que los hallazgos de contextos políticos pueden generalizarse a contextos científicos y viceversa.

Curiosamente, la investigación sugiere que, de hecho, hay muchos paralelos con respecto a cómo las audiencias tratan con la desinformación potencial para la ciencia y la política. Los estudios que utilizan diseños muy similares para probar la exposición selectiva en contextos políticos y científicos, por ejemplo, encontraron patrones paralelos de selectividad basados en creencias anteriores, incluso para cuestiones científicas que no han sido envueltas en controversias políticas, como la nanotecnología.

De manera similar, los resultados de estudios sobre razonamiento motivadosugieren que las diferencias en la forma en que las audiencias procesan (mal) la información en contextos científicos y políticos pueden ser incluso menos pronunciadas para los asuntos científicos que han estado rodeados de importantes desacuerdos políticos, incluida la evolución, los mandatos de las vacunas, o la investigación con células madre.

La trascendencia del hombre

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El hombre se maravilla y se enorgullece del avance tecnológico y científico que ha logrado. Por ejemplo, el hombre no fue creado para volar, pero lo puede hacer en los aviones.

El hombre no fue diseñado para vivir en el espacio exterior donde no hay aire ni gravedad; si embargo, ya fue a la luna y regresó. Pasa mucho tiempo orbitando la tierra.

Tampoco fue hecho para nadar horas bajo el agua, pero con equipo de buceo lo hace. Ha logrado llegar a profundidades donde ha descubierto nuevas formas de vida.

Sus ojos no son capaces de ver el interior del cuerpo humano, pero obtiene información a través de rayos X, endoscopía, resonancia magnética o ultrasonido, indagando vías respiratorias, digestivas y aún circulatorias. Así, su promedio de vida ha crecido con los avances de la medicina. Por si fuera poco, le es posible ver cosas muy pequeñas o cosas muy lejanas: desde una célula hasta los millones de estrellas que nos rodean.

Puede tener comunicación prácticamente con todo el mundo, ya sea a través de Internet o vía satélite con los celulares que ya forman parte de su vida actual.

El hombre ha formado muchos materiales nuevos. Algunos imitando materiales naturales y otros sustituyendo los naturales. Unos materiales sirven para aislarlos del frío o del calor; otros son para secar el medio ambiente eliminando el exceso de humedad; algunos son usados para minimizar el ruido molesto; pero todos buscan hacer más cómoda la vida para el hombre.

Hay muchas cosas que han sido de beneficio en el diario vivir del ser humano. Sin embargo, en su afán de beneficio económico o de vanagloria personal, ha destruido mucho. De hecho, esta destrucción no se compara con nada que haya ocurrido con fenómenos naturales o que haya logrado algún ser vivo.

Muchas especies tanto del reino animal como del vegetal han desaparecido por el abuso del hombre.

En cierto sentido, el ser humano se está auto-destruyendo pues ha roto balances importantes en la naturaleza. Un ejemplo muy conocido de esto es el calentamiento global de la tierra.

Otro ejemplo es la destrucción parcial de la capa de ozono que nos protege de los rayos que vienen del espacio exterior. La contaminación ambiental también ha causado enfermedades masivas y en muchos casos fatales.

¿Cuál será el futuro del hombre? ¿Para qué fue creado el ser humano? ¿Cuál es realmente su objetivo? ¿Qué es lo que lo hace diferente de los demás seres vivos?

Si estás leyendo estas líneas, aún tienes oportunidad para escoger dónde quieres pasar la eternidad.

¿Cuál es tu decisión? ¿Cómo vas a vivir el resto de tu vida en la tierra? ¿En dónde y con quién pasarás la ETERNIDAD

Encontrado en el ciberespacio y modificado… desconozco el autor

Los errores diagnósticos y el examen clínico

Los errores diagnósticos son frecuentes y pueden ser muy perjudiciales para los pacientes: ¿cuáles son sus causas más frecuentes? ¿cómo prevenirlos?
Autor: Clark BW, Derakhshan A, Desai SB Fuente: Med Clin N Am 102 (2018) 453–464 DOI: https://doi.org/10.1016/j.mcna.2017.12.007 Diagnostic Errors and the Bedside Clinical Examination
https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=93599&uid=520577&fuente=inews
Los errores diagnósticos son frecuentes y pueden ser muy perjudiciales para los pacientes: ¿cuáles son sus causas más frecuentes? ¿cómo prevenirlos?
Resumen

El diagnóstico correcto es central para el tratamiento eficaz de cualquier enfermedad. Los errores diagnósticos son muy frecuentes en la práctica médica y provocan  resultados adversos para los pacientes. Dentro de las causas más comunes de estos errores se encuentran las deficiencias u omisiones en el examen clínico y en el conocimiento de cada enfermedad. Los métodos heurísticos y los sesgos subconscientes también contribuyen. Las investigaciones sugieren que el mejor conocimiento de las enfermedades y de la anamnesis y el examen clínico puede disminuir los errores diagnósticos.

INTRODUCCIÓN

En 2014, una mujer de 48 años con antecedentes de accidente cardiovascular (ACV) y diabetes descontrolada consultó en el hospital local para evaluación de una lesión en el lado izquierdo de la cara (Fig. 1). Los hisopados anteriores de la lesión habían hallado Staphylococcus aureus resistente a la meticilina. Los médicos diagnosticaron celulitis y la dieron de alta con un catéter intravenoso central insertado periféricamente para administración de vancomicina durante 10 días.

La lesión no mejoró y volvió a consultar en el mismo hospital dos veces durante el año siguiente. En ambas ocasiones los médicos la enviaron de vuelta a su domicilio con un CCIP para recibir más vancomicina IV. Convencidos de que la paciente sufría una celulitis resistente al tratamiento, le agregaron antibióticos por vía oral. A pesar de estos tratamientos la lesión nunca mejoró.

Más de un año después, fue hospitalizada en el servicio de medicina general de un hospital universitario. Su examen neurológico reveló disminución de la sensibilidad en el lado derecho del cuerpo y un síndrome de Claude Bernard-Horner del lado izquierdo, compatible con un ACV medular previo, diagnóstico confirmado por el repaso de una resonancia magnética (RM) anterior.

Figura 1. Mujer de 48 años con síndrome trófico trigeminal.

Además, la  punción biopsia de la lesión facial no mostró evidencia de cáncer, infección o enfermedad autoinmune. Esto, asociado a la evidencia de lesión del núcleo trigémino espinal izquierdo condujo al diagnóstico de síndrome trófico trigeminal, un raro trastorno no infeccioso causado por prurito neuropático, disminución de la sensibilidad facial y excoriación crónica de la piel debida al rascado en la distribución del trigémino.

Llevó más de un año poder hacer el diagnóstico correcto. ¿Por qué tomó tanto tiempo y qué explica la tenacidad del diagnóstico de celulitis a pesar de la abundante evidencia en contra? Por último y más importante, ¿Cómo se puede mejorar la capacidad diagnóstica?

El error diagnóstico es una preocupación central en medicina. Este artículo busca orientar a los lectores, con atención especial a:

  1. Impacto de los errores diagnósticos sobre la evolución de los pacientes.
  2. Controversias en la definición y el estudio de los errores diagnósticos.
  3. Errores diagnósticos frecuentes en la práctica médica.
  4. Situaciones ambientales y cognitivas que predisponen a los médicos a cometer errores diagnósticos.
  5. Métodos para mejorar la exactitud diagnóstica.

IMPACTO DE LOS ERRORES DIAGNÓSTICOS SOBRE LA EVOLUCIÓN DE LOS PACIENTES

El diagnóstico es central en el trabajo del médico. Es la precondición del tratamiento eficaz y la base de la confianza entre médico y paciente. También contribuye al orgullo profesional. Ante un diagnóstico equivocado el médico siente culpa y remordimientos.

Pero los errores diagnósticos perjudican más la vida de los pacientes que la psiquis de los médicos.

“Errar es humano”, un estudio de referencia publicado por el Institute of Medicine (IOM) en 1999, estimó que los errores diagnósticos eran responsables del 17% de los episodios adversos en el hospital.

Una revisión de más de 30.000 historias clínicas de hospitales de Nueva York halló que el 14% de los errores fueron diagnósticos y que la mayoría eran no solo prevenibles, sino también por negligencia. El problema es igualmente grave con los pacientes ambulatorios.

La tecnología médica moderna parece tener solo un impacto marginal sobre la exactitud diagnóstica. Estudios comparativos sobre la frecuencia de los diagnósticos equivocados antes y después del advenimiento de los estudios por imágenes modernos hallaron poca mejoría en la exactitud diagnóstica.

Un análisis más reciente argumenta que esta falta de mejoría probablemente es un artefacto Controlando para este sesgo, los errores diagnósticos importantes son de alrededor del 8%, lo que coincide con revisiones recientes de autopsia en casos de la unidad de cuidados intensivos.

Hasta 35.000 pacientes mueren en los E.E.U.U. cada año en los hospitales debido a un error diagnóstico.

CONTROVERSIAS EN LA DEFINICIÓN Y EL ESTUDIO DE LOS ERRORES DIAGNÓSTICOS

La palabra “diagnóstico” se puede referir a la explicación de la enfermedad del paciente o al proceso para llegar a esta explicación. Newman-Toker ayudó a resolver estos problemas semánticos al distinguir entre:

  • Fracasos en el proceso diagnóstico
  • Fracasos en la etiqueta diagnóstica.

La mayoría de los médicos pueden recordar casos en los que estos dos tipos de errores estaban vinculados, cuando el error en el pensamiento condujo al diagnóstico equivocado o con retraso. Pero también es posible que el proceso esté equivocado, pero la etiqueta sea correcta, como cuando el radiólogo pasa por alto un tumor maligno en la radiografía de tórax, pero otro miembro del equipo de salud identifica el cáncer antes de que este progrese. En la taxonomía actualizada de Newman-Toker sobre los errores diagnósticos, estos casos de razonamiento diagnóstico equivocado que conduce a una etiqueta diagnóstica precisa se llaman “casi errores”.

La inversa también puede suceder. Kassirer y Kopelman mencionaron a una mujer de 53 años que regresó de un viaje al extranjero, durante el cual había comido en restaurante poco higiénico y comenzó a padecer diarrea. El examen microscópico de las heces reveló múltiples parásitos.

Sin embargo, su diarrea empeoró tras el tratamiento antiparasitario y finalmente se le diagnosticó un tumor secretor de péptido intestinal vasoactivo. Estos casos, según Newman-Toker, junto con otros que no se pueden diagnosticar con la tecnología médica actual, son errores diagnósticos inevitables. Este artículo se centra en los errores evitables.


ERRORES DIAGNÓSTICOS FRECUENTES EN LA PRÁCTICA MÉDICA

Fracasos en la etiqueta diagnóstica

Los médicos tienen percepción limitada acerca de sus habilidades diagnósticas. Tienen la misma confianza con casos clínicos comunes, que diagnostican correctamente más de la mitad de las veces, que con casos infrecuentes, que resuelven correctamente solo el 5% de las veces.

Una revisión retrospectiva de casos de autopsia en una unidad de cuidados intensivos halló que aquellos que estaban totalmente seguros de su diagnóstico se equivocaron el 40% de las veces.

Singh y col efectuaron una revisión retrospectiva de 209 diagnósticos equivocados en pacientes  ambulatorios, siendo la neumonía el error más común con el 7% del total.

No diagnosticar el cáncer primario fue el 6% de los diagnósticos equivocados en este estudio. Relevamientos voluntarios de médicos mencionan el cáncer primario como el diagnóstico que se pasa por alto con mayor frecuencia.

Errores en el proceso diagnóstico

Es más difícil identificar los errores en el procesamiento diagnóstico y el razonamiento clínico que los errores en la etiqueta diagnóstica.

A medida que los médicos adquieren experiencia, confían mucho en procesos rápidos, subconscientes para diagnosticar. Es así que los procesos específicos que el profesional emplea para llegar al diagnóstico son ignorados no solo por los investigadores sino también por el médico.

Se crearon marcos operativos para examinar las características y los errores en el procesamiento diagnóstico (Figura 2).

Kassirer and Kopelman dividieron el proceso en 4 pasos:

  1. Generar hipótesis
  2. Enmarcar el problema del paciente
  3. Recoger y procesar la información, tal como datos sobre el examen físico y los exámenes complementarios
  4. Verificar el diagnóstico asegurándose que otras hipótesis se pueden excluir razonablemente.

Hallaron que los errores en la recolección y el procesamiento de la información eran los más frecuentes, seguidos por errores en la generación de hipótesis.

Figura 2. Mapa conceptual del proceso diagnóstico


CONTRIBUCIONES AL ERROR DIAGNÓSTICO DE FACTORES RELACIONADOS CON LOS SISTEMAS, FACTORES COGNITIVOS Y FACTORES RELACIONADOS CON LA PRÁCTICA

Factores relacionados con los Sistemas

Factores de la organización y del entorno son importantes en los errores diagnósticos. Entre estos factores se encuentran

  • Estructuras de reembolso que desalientan las interconsultas
  • Historias clínicas incompletas
  • Barreras culturales y logísticas a la comunicación entre los médicos
  • Gran carga de trabajo de los profesionales
  • Paciente que no concurre a las visitas de control
  • Nivel de los hospitales locales (comparados con los hospitales universitarios)

Factores Cognitivos

Los métodos heurísticos, que los médicos emplean constantemente, son  para la resolución rápida de problemas. No obstante, la heurística también puede conducir a errores, porque a veces introduce sesgos subconscientes. A principios de la década de 1970, los psicólogos cognitivos Amos Tversky y Daniel Kahneman demostraron con un experimento que la heurística lleva a errores predecibles de juicio.

La heurística y sus sesgos asociados se incluyeron en un modelo dominante de razonamiento cognitivo: la teoría del procesamiento dual. Esta teoría describe dos sistemas para formar opiniones y tomar decisiones. El Sistema 1 es rápido, intuitivo, automático y se basa sobre redes de asociaciones.

Figura 3. Brigitte Bardot.

Mire el rostro de la Figura 3

En pocos segundos ya habrá hecho numerosas deducciones sobre la edad, el estado de ánimo y el entorno de la persona. Estas opiniones rápidas son el resultado del procesamiento del Sistema 1.

El Sistema 2, en cambio, es analítico, secuencial, lógico y demanda energía cognitiva. Intente resolver el siguiente problema sin lápiz ni papel: 673 x 779. Para poder hacerlo, debe suprimir toda distracción y elaborar un plan para poder mantener el registro de los valores multiplicados. Esta es tarea del Sistema 2.

A medida que acumulan experiencia los médicos confían mucho más en el Sistema 1.

Croskerry describió cómo los sesgos pueden alterar el razonamiento diagnóstico. Su relevamiento de 32 errores comunes en el razonamiento diagnóstico incluye hábitos de pensamiento que son conocidos por la mayoría de los médicos, como el fenómeno de los “costos hundidos o irrecuperables”—cuanto más invierten los médicos en un diagnóstico determinado es menos probable que puedan considerar otras alternativas—y el “anclaje” —la tendencia a encerrarse perceptualmente en las características salientes de las manifestaciones iniciales del paciente, demasiado pronto en el proceso diagnóstico, sin poder corregir esta impresión inicial a la luz de información.

Aunque muchos investigadores describieron estos defectos de los procesos de toma de decisiones, existen pocos estudios rigurosos acerca de cómo influyen sobre la atención del paciente.

Un estudio prospectivo de practicantes que trataban urgencias simuladas halló que el sesgo de cierre prematuro (tendencia a terminar prematuramente el proceso de toma de decisiones, aceptando un diagnóstico antes de que haya sido plenamente verificado) y el de confirmación (tendencia a buscar evidencia que confirme un diagnóstico en lugar de buscar evidencia que lo desmienta) fueron los contribuyentes colectivos más frecuentes al diagnóstico erróneo.

Por su parte, un análisis prospectivo de Voytovich de los esfuerzos de estudiantes y médicos para resolver por escrito tres casos clínicos hallo que más del 90% de los participantes se equivocaban debido al cierre prematuro.

Las diferencias en los datos obtenidos por estos estudios revelan la falta general de estandarización entre quienes investigan la psicología cognitiva del diagnóstico.

El examen clínico incompleto

Cuando los médicos recuerdan casos en los que equivocaron el diagnóstico, con frecuencia relatan que efectuaron un examen clínico incompleto.

La asociación entre la evaluación incompleta y el error diagnóstico se corrobora en una revisión sistemática de casos de malapraxis, en los que al 42% de los diagnósticos erróneos fueron por no efectuar la anamnesis y el  examen físico adecuados. En la misma revisión, casi el 70% de los casos de cáncer no diagnosticados lo fueron debido a la anamnesis y el examen físico insuficientes.

En revisiones de errores diagnósticos identificados por computadora en pacientes ambulatorios, más de la mitad de los casos tuvieron alguna falla en la anamnesis o el examen físico.

Estudios específicos que examinan tendencias en los diagnósticos equivocados en enfermedades graves que simulan enfermedades benignas sugieren que las deficiencias en la evaluación clínica del paciente a menudo contribuyen a la demora en el diagnóstico.

Una revisión retrospectiva de casos de ruptura de aneurisma aórtico abdominal (AAA) halló que los médicos pasaron por alto este diagnóstico en el 61% de los casos.

El desconocimiento de los signos principales de una ruptura de AAA incompleta—retención urinaria, dolor lumbar, distensión abdominal, leucocitosis y ausencia de shock o anemia— fue frecuente entre los profesionales que no hicieron el diagnóstico, además de no haber palpado los grandes AAA, aún en pacientes sin distensión abdominal.

En una revisión de 56 casos de hemorragia subaracnoidea no diagnosticada, el desconocimiento de los médicos de las cefaleas centinela se asoció con el diagnóstico incorrecto.

El parecido clínico, asociado con deficiencias en el examen físico, también contribuye al sobrediagnóstico. Una revisión retrospectiva de pacientes derivados a consultorios de especialistas en enfermedad de Lyme halló que el 77% no sufrían enfermedad de Lyme activa y que muchos pacientes podrían haber evitado el diagnóstico erróneo si sus médicos hubieran sabido distinguir la artrosis de la artritis de la enfermedad de Lyme.


CÓMO MEJORAR LA EXACTITUD DIAGNÓSTICA

Intervenciones basadas sobre el sistema

Aunque todavía los datos disponibles son escasos, hay optimismo sobre la capacidad de las historias clínicas electrónicas para disminuir los errores, no solo al detectarlos antes de que traigan consecuencias, sino para conducir a los médicos hacia diagnósticos precisos. Estudios prospectivos no aleatorizados demostraron la eficacia de las intervenciones electrónicas mediante varios enfoques:

  • Un sistema de apoyo de las decisiones diagnósticas que generó sugerencias diagnósticas basadas sobre datos clínicos preliminares mejoró la precisión de los residentes de pediatría.
  • Las historias clínicas de los pacientes orientadas por la computadora pueden proporcionar datos importantes que los médicos no logran obtener.
  • Un programa automático de interpretación del electrocardiograma (ECG) mejoró la exactitud de los internos para diagnosticar la isquemia aguda del miocardio.

La intervención más común basada sobre el Sistema para la reducción del error diagnóstico implica introducir la redundancia en la interpretación de las pruebas diagnósticas.

La redundancia es especialmente importante en los análisis de laboratorio y en la radiología, donde los datos sugieren que la interpretación de un estudio por más de un médico puede mejorar la sensibilidad de la prueba. Por ejemplo, el examen de las colonoscopias por tomografía computarizada efectuado por 2 radiólogos en lugar de uno solo aumentó la sensibilidad para el cáncer de colon, aunque también disminuyó la especificidad.

Aunque los métodos estrictos de redundancia quizás no parezcan importantes para la medicina interna, algunos autores observan que buscar ayuda de los colegas, ya sea mediante una consulta informal o una segunda opinión formal, también puede mejorar la exactitud diagnóstica, premisa que se confirmó en la resolución de problemas clínicos simulados.

Práctica reflexiva

Gran parte de las investigaciones actuales sobre el razonamiento de los médicos tiene como objetivo sacar a estos del Sistema 1 e introducirlos en el Sistema 2. La idea es que se puede reducir el error diagnóstico si se piensa con lentitud en lugar de rápidamente.

Por ejemplo, un grupo de psicólogos de los Países Bajos entregó a los residentes de medicina interna un cuadernillo de casos clínicos que se habían seleccionado para activar el sesgo de disponibilidad, un sesgo del Sistema 1. Los residentes que resolvíeron los casos de manera no estructurada fueron menos precisos que aquellos que siguieron el proceso indicado de efectuar listados a favor y en contra de su diagnóstico inicial antes de decidir el diagnóstico definitivo.

Un estudio prospectivo que evaluó la capacidad de los estudiantes para aprender a interpretar el ECG halló que eran más precisos cuando recibían la siguiente advertencia: “No se apure; considere el listado de características antes de proporcionar el diagnóstico definitivo”.

El enfoque lento, reflexivo, no es necesario en todos los casos. Para el médico con experiencia, los síndromes comunes con signos claros—insuficiencia cardíaca descompensada, cirrosis, psoriasis—no exigen pensar demasiado.

Lamentablemente no se efectuó ningún estudio a favor del Sistema 2 en la clínica. El resultado son investigaciones que confirman algo que la mayor parte de los profesionales ya sabe:

Ante casos complejos, difíciles o engañosos, los médicos se desempeñan mejor cuando disponen del tiempo, el espacio y los recursos para poder desacelerar y organizar sus pensamientos.

El interrogante más difícil es cómo pueden los médicos reconocer los casos que exigen un enfoque del Sistema 2, y de qué manera la tecnología médica, los procesos de trabajo y la infraestructura pueden apoyar mejor a los profesionales cuando surgen estos casos.

En el ejemplo de la paciente al inicio de este artículo, durante más de un año sus médicos abordaron su caso con enfoque del Sistema 1, diagnosticando celulitis una y otra vez. Ante el hecho de que hubiera recibido múltiples series de antibióticos IV sin mejoría alguna deberían haber reconsiderado el diagnóstico, pero no fue así.

¿Qué capacitación podrían haber recibido estos médicos para ayudarlos a pasar del Sistema 1 al Sistema 2? ¿Cómo se podría haber mejorado su entorno laboral para ayudarlos? Estos son temas de investigación para los partidarios de corregir los sesgos cognitivos y efectuar una práctica reflexiva.

El examen físico y el conocimiento sobre las enfermedades

Imaginemos que la paciente fue tratada por médicos capaces de reconocer los signos de un ACV medular lateral. De haber sabido qué era lo que estaban viendo, un análisis laborioso tipo Sistema 2 quizás no hubiera sido necesario para diagnosticar el síndrome trófico trigeminal. También es posible que pudieran reconocer estos signos, pero que nunca se hayan detenido a mirar.

Revisiones de demandas por malapraxis y relevamientos de médicos sugieren que la falta de un examen clínico completo es la base de numerosos errores diagnósticos. Para corregir esta falla, un especialista recomendó que los médicos emplearan un listado diagnóstico, cuyos primeros pasos son obtener una anamnesis y un examen físico completo.

La educación acerca del examen clínico del paciente puede reducir los errores diagnósticos. La evidencia a favor de estas intervenciones es más sólida que la evidencia a favor de corregir los sesgos cognitivos y a favor de la práctica reflexiva.

Varios estudios prospectivos demostraron que la retroalimentación de los profesionales y la  educación específica para las enfermedades mejoran la precisión diagnóstica. Proporcionar a los médicos del servicio de urgencias retroalimentación intensiva en tiempo real sobre el estado de los pacientes dados de alta, disminuyó la tasa de episodios adversos iatrogénicos. Intervenciones similares con psiquiatras y con estudiantes de psicología  mejoraron la exactitud diagnóstica.

Un renovado hincapié en el examen clínico del paciente y circuitos de retroalimentación para los médicos quizás sean el medio más eficaz para disminuir los errores diagnósticos.


RESUMEN

  • Los errores diagnósticos causan graves perjuicios a los pacientes. Estos errores surgen de un conjunto de factores complejo tanto a nivel sistema como médico.
  • Aunque la mayoría de las intervenciones para disminuir los errores diagnósticos se centraron sobre mejoras a nivel del sistema, adelantos recientes en psicología cognitiva promovieron el debate sobre qué es lo mejor para perfeccionar el razonamiento diagnóstico de los profesionales de la salud.
  • Un conjunto limitado de datos sugiere que corregir los hábitos de pensamiento puede conducir a diagnósticos más exactos.
  • Sin embargo, la preponderancia de evidencia en este tema señala la importancia de mejorar la capacidad para el examen clínico y recibir una retroalimentación detallada.

Medicina digital, inteligencia artificial y responsabilidad civil

Maglio Ignacio – Wierzba, Sandra M Sup. Esp. LegalTech
https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=93472&uid=520577&fuente=inews
I. Planteo del tema

El avance imparable de nuevas tecnologías digitales inaugura la denominada Cuarta Revolución Industrial, la dimensión de los cambios y el grado de disrupción adquieren tal magnitud que también se denomina al fenómeno como una auténtica “revolución cultural”.

La revolución instalada afecta significativamente las formas de socialización, de creación y transmisión del conocimiento humano y hasta la esencia de la producción de bienes y de la prestación de servicios. Ello se evidencia también en el ámbito de la salud, donde se plantean cambios profundos y se incorporan prácticas e instrumentos que ponen en crisis las formas de cuidado tradicionales.

La nueva cultura digital global encuentra aliados estratégicos: el aumento exponencial de datos circulando digitalmente, la velocidad de su procesamiento y el abaratamiento de costos de almacenamiento; en menos de dos décadas el costo de archivar digitalmente la totalidad de la Biblioteca del Congreso de EE.UU., disminuyó de U$D 200.000, en 2001, a tan solo U$D 180 en la actualidad.

La magnitud de los datos sanitarios (big data) crece de modo astronómico, en solo dos años los datos médicos se duplicarán cada 73 días, toda persona a lo largo de su vida generará un millón de gigabytes de datos de su salud, solo en 2016 se publicaron 1.261.379 de trabajos científicos, en EE.UU. en 2015 se generaron 60.000 millones de imágenes médicas, durante el año 2018 se generaron 318.000 aplicaciones móviles en salud (health apps).

Las Naciones Unidas, a través del Comité Internacional de Bioética, ha elaborado durante 2017, un reporte sobre big data y salud, en donde se advierte la contribución del uso de big data para la salud, y al mismo tiempo la necesidad de evitar que el avance y las investigaciones puedan violar los derechos humanos consagrados en los instrumentos internacionales y en particular en la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos.

El volumen de datos médicos y científicos generados hace imposible que cualquier médico/a, estén en condiciones de mantenerse debidamente actualizados; esta situación resiente un deber galénico repetido desde tiempo inmemorial, vinculado a la obligación de actualización permanente, aquí se observa claramente, en términos de responsabilidad profesional un necesario replanteo crítico de la tesis tradicional.

Es así que hoy en día existen formas concretas de utilizar los recursos de salud de un modo diferente a las de antaño, la medicina digital, la telemedicina y la inteligencia artificial son los ejemplos paradigmáticos de esta nueva era que nos obligan a repensar ciertas concepciones jurídicas tradicionales, del campo del derecho de daños y del derecho de consumo, o al menos a revalorizar las conductas humanas en tales ámbitos.

Categorías jurídicas inconmovibles, como las denominadas obligaciones de medios, en donde el médico/a solo compromete el despliegue de una actividad diligente y prudente, se verán amenazadas cuando, a través del aprendizaje e inteligencia artificial los márgenes de error diagnóstico, por ejemplo, serán prácticamente inexistentes.

II. Medicina digital. Riesgos y beneficios

La explosión digital en las relaciones humanas también potencia la “cultura de la inmediatez”

El avance de la telemedicina, en particular las teleconsultas mediadas por dispositivos digitales, conlleva algunos riesgos cuando su uso es omnipresente y la relación virtual reemplaza el contacto personal, en ese sentido se ha advertido el riesgo de empobrecimiento de la clínica, por la abrumadora cantidad de información médica disponible y la exaltación del fenómeno del big data, que obligan a médicos/as a un gran derroche de tiempo en búsquedas bibliográficas, limitando el contacto físico y presencial con los pacientes y sus familias.

La explosión digital en las relaciones humanas también potencia la “cultura de la inmediatez”, donde todas las respuestas se requieren de modo rápido; la ausencia de reflexión, y sobre todo de cautela, se expresa en las relaciones virtuales, donde la presencia física se reemplaza por la intermediación de un monitor o pantalla. La telemedicina, y en particular el uso de redes sociales en la atención médica, también aumentan de modo exponencial.

El riesgo más temido vinculado a la sobreutilización de relaciones clínicas digitales es la deshumanización y degradación de las relaciones humanas. Con claridad se ha advertido que esos canales de comunicación “…cuando se convierten en omnipresentes, no favorecen el desarrollo de una capacidad de vivir sabiamente, de pensar en profundidad, de amar con generosidad.

Los grandes sabios del pasado, en este contexto, correrían el riesgo de apagar su sabiduría en medio del ruido dispersivo de la información. Esto nos exige un esfuerzo para que esos medios se traduzcan en un nuevo desarrollo cultural de la humanidad y no en un deterioro de su riqueza más profunda.

La verdadera sabiduría, producto de la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre las personas, no se consigue con una mera acumulación de datos que termina saturando y obnubilando, en una especie de contaminación mental.

Al mismo tiempo, tienden a reemplazarse las relaciones reales con los demás, con todos los desafíos que implican, por un tipo de comunicación mediada por Internet. Esto permite seleccionar o eliminar las relaciones según nuestro arbitrio, y así suele generarse un nuevo tipo de emociones artificiales, que tienen que ver más con dispositivos y pantallas que con las personas y la naturaleza. Los medios actuales permiten que nos comuniquemos y que compartamos conocimientos y afectos.

Sin embargo, a veces también nos impiden tomar contacto directo con la angustia, con el temblor, con la alegría del otro y con la complejidad de su experiencia personal. Por eso no debería llamar la atención que, junto con la abrumadora oferta de estos productos, se desarrolle una profunda y melancólica insatisfacción en las relaciones interpersonales, o un dañino aislamiento”.

El deterioro y la deshumanización se relacionan con el uso excesivo de la comunicación digital, pero, además, su mal uso también podría conllevar a una degradación de la práctica profesional.

En este sentido las consultas médicas realizadas de modo virtual han sido criticadas por sectores gremiales, el representante de Asociación de Médicos de la Actividad Privada ha manifestado que se trata de un negociado de las empresas de medicina prepaga, cuyo objetivo sería la reducción de gastos y la precarización laboral de los médicos; en tal sentido manifestó: “Esta modalidad no es medicina. Es un negocio, ya que la telemedicina debería ser una solución a los problemas de las personas que no tienen acceso a la salud y no una metodología de atención en lugares donde hay un sanatorio o un hospital en las cercanías (…) todo va camino a hacer de esto un negocio ya que cuatro de cada tres consultas se resuelven por vía telefónica. ¿Quién gana? Las empresas de salud, que reducen costos y multiplican ingresos económicos”.

En la inmensa mayoría de los casos, en nuestro medio, los médicos no cobran honorarios por las consultas realizadas en soportes digitales, cualquiera sea su modalidad: WhatsApp, SMS, email, se trata de una práctica generalizada, en donde médicos y pacientes comparten indicaciones y consejos sobre el proceso de atención, sin llegar a tener noción de la responsabilidad y consecuencias que genera el consejo virtual, ya que se trata de un auténtico acto médico.

De todas formas, algunos seguros de salud prepagos y servicios de asistencia médica al viajero ya comenzaron a utilizar plataformas digitales para consultas no presenciales.

Del mismo modo, pueden mencionarse otros riesgos y desventajas de la comunicación médica virtual, no presencial:

• Limitar el encuentro personal en la relación, aspecto esencial y necesario para un proceso de escucha activa y comunicación efectiva.

• Empobrecimiento de la comunicación y el lenguaje, exaltación de datos y minimización de la clínica.

• Generación de riesgos y contingencias legales cuando el acto médico digital no se transcribe a la Historia Clínica o Ficha de Atención Ambulatoria.

• Fragilidad sobre la posibilidad de auditoría del acto médico digital.

• Puede socavar la confidencialidad de los datos y la intimidad de pacientes.

• Puede generar riesgos por comprensión equívoca de indicaciones por errores de tipeo o de autocorrección de los dispositivos.

• Podría generar incertidumbre médico-legal por la ausencia de un marco regulatorio específico.

• No está claro cuál sería el ámbito o la jurisdicción que determine la responsabilidad de los actores, ya que pueden realizarse consultas desde diferentes regiones del país, donde el consultor no se encuentre debidamente inscripto en la matrícula que le permita ejercer la profesión en el lugar de residencia del paciente consultante.

• El riesgo del uso de celulares en áreas críticas (terapias intensivas, quirófanos, unidades coronarias) en infecciones por contaminación cruzada y la interferencia electromagnética.

Los beneficios que plantea la era digital en medicina aparecen también de modo claro, tal es así que un sector de la comunidad médica, como la Sociedad de Medicina Participativa ha declarado que la atención mediada por medios digitales constituye “… un modelo de salud cooperativa que busca la involucración activa de pacientes, profesionales, cuidadores y otros agentes del proceso de la atención sobre todos los aspectos relacionados con la salud de los individuos.

La medicina participativa es un enfoque ético del cuidado que además promete mejorar los resultados clínicos, reducir los errores médicos, mejorar la satisfacción del paciente y disminuir los costos del cuidado sanitario…”.

La telemedicina es una herramienta efectiva que contribuye a la equidad y a la mejora en la accesibilidad al derecho a la salud; en la Argentina existen ya interesantes experiencias en la materia, variadas en objetivos y extensión, en el ámbito privado.

Pero se destaca especialmente el programa de telemedicina operado por el Hospital de Pediatría Dr. Juan P. Garrahan, a nivel público, en cuyo ámbito se atenderían actualmente unas 70.000 consultas anuales, observándose una sensible disminución de las derivaciones desde el interior del país (con ahorro en traslados y costos económicos, pero, además, con habilitación de la continuidad en la actividad educativa y laborales de los pacientes en sus lugares de residencia), promoviéndose la continuidad en la atención médica y la actualización continua de conocimientos por parte de profesionales que desempeñan su actividad en zonas alejadas de la metrópoli.

El uso prudente y racional de la comunicación digital, entre médicos y pacientes, podría generar además las siguientes ventajas:

 Es una forma de comunicación rápida, efectiva y económica.

 Se utiliza a través de dispositivos accesibles (Smartphone, tableta, PC), además, ya existen en el mercado, plataformas digitales que permiten tener disponible la historia clínica y estudios complementarios de cada paciente en el celular del médico tratante.

– Mejora algunos estándares de seguridad y atención (alertas, seguimiento, adherencia a tratamientos, etcétera).

– Ofrece respuestas efectivas para cuestiones administrativas (turnos) y en lectura de resultados de exámenes complementarios.

– Mejoran la comprensión de las indicaciones y tratamientos, propiciando elevados niveles de adherencia a los tratamientos.

III. Inteligencia artificial y atención médica

Se ha definido a la inteligencia artificial (IA) como “…una disciplina que estudia y desarrolla artefactos operativos que exhiben propiedades de autonomía, interoperabilidad o interacción y que pueden aprender de esas interacciones”.

La IA impacta de algún modo en miles de millones de personas, el desarrollo de información algorítmica moldea el ritmo de nuestras vidas de modo inadvertido en la mayoría de los casos, desde la ruta que debemos utilizar para llegar al trabajo, la cantidad de calorías que debemos gastar y consumir, la determinación de nuestra capacidad crediticia, la chance de contraer determinada enfermedad, hasta la posibilidad de predecir y advertir la evolución de commodities y la logística en transportes multimodales.

En el ámbito propio del derecho, la aplicación de la IA, sobre todo en procesos judiciales es una de las aplicaciones de mayor proyección a nivel global, se trata del desarrollo de sistemas “recomendadores”, que evalúan y procesan cantidades abrumadoras de precedentes aplicables a un determinado caso judiciable, que no estarían disponibles al alcance de la inteligencia humana del fiscal o del juez.

De todas formas, la sinergia entre la IA y el ámbito judicial aún es tenue y se requiere de mayor investigación y profundización.

La IA, como toda poderosa herramienta, dependerá también del uso que se le confiera, pendulando su utilización entre la búsqueda del máximo bienestar humano, hasta el desarrollo de Sistemas Armamentísticos Autónomos Letales (SALA, por sus siglas en inglés), generando una auténtica tercera revolución bélica, después de la pólvora y las armas nucleares.

A tal punto llega la preocupación global, que Izumi Nakamitsu, la alta representante para Asuntos de Desarme de la ONU, advirtió que este nuevo tipo de tecnologías se traduce en métodos y medios de librar una guerra “con consecuencias inciertas, eventualmente indeseables” y destacó la necesidad de “llegar a un consenso sobre un entendimiento común con respecto a los posibles límites del grado de autonomía en el uso de la fuerza letal”.

Pero, más allá de los riesgos descriptos, los beneficios de la IA son poderosos y aún indeterminados en cuanto a sus futuras aplicaciones prácticas, la propia Unesco, a través de su directora general, ha indicado que la IA “podría ayudar a la humanidad a superar muchos problemas sociales graves a los que se enfrenta, pero plantea al mismo tiempo una serie de desafíos complejos, sobre todo en materia de ética, de derechos humanos y de seguridad. Ahora bien, no existe en este momento ningún marco ético internacional que se aplique a todos los adelantos y aplicaciones de la IA.

Es indispensable un instrumento normativo internacional, pero en cuyo diseño las consideraciones extrajurídicas resultan sustanciales. En este sentido, se viene afirmando que debemos pensar qué metas y parámetros establecemos a su respecto, considerando las implicancias sociales, éticas, políticas y estratégicas de otorgar a estos sistemas cada vez más independientes, capacidades para la toma de decisiones sobre nuestras vidas.

La Asamblea General de Naciones Unidas en 2016 con motivo del lema: “Transformar nuestro Mundo: La agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible” estableció que la expansión de las TICs y la interconexión mundial brindan una gran oportunidad para acelerar el progreso humano, avanzar en la sociedad de conocimiento, reducir la brecha digital, indicando un impacto similar de la innovación científica y tecnológica, por ejemplo, en la medicina.

El poder de la IA es de tal magnitud que se la llega a considerar como un nuevo factor de producción, con gran poder de inclusión social, tal como se ha comprobado en el aprendizaje personalizado con algoritmos que permitió un aumento del éxito escolar en un 15%, el costo de secuenciar genomas cayó cinco veces más que lo previsto en la ley de Moore, ampliando la accesibilidad en medicina personalizada, el modelo de la IA Watson contribuyó a la detección temprana de enfermedades a partir del reconocimiento automático de imágenes, en procedimientos estatales el tiempo invertido en trámites se reduce en más del 75%.

La utilización de la IA en salud es una de las áreas de mayor desarrollo y con mayor posibilidad de uso, en particular en análisis predictivos, medicina de precisión y apoyo a las decisiones clínicas.

La IA puede entender el lenguaje natural en sus distintas formas de expresión, tales como texto, palabra e imágenes, una vez procesada la información y aprendida, la IA podrá realizar juicios de razonamiento pudiendo responder preguntas con cierto grado de inferencia, a medida que se va desarrollando un mayor volumen de datos y entrenamiento el sistema de la IA será considerablemente más experto.

El riesgo de discriminación de parte de sistemas de la IA está vigente, ya que dependerá del proceso por el cual es entrenado, en la medida en que en el mismo existan riesgos de estigmatización en los algoritmos.

Tres décadas atrás se implementó un algoritmo para automatizar la primera etapa de admisión de estudiantes de medicina, se construyó sobre la base de “datos históricos” y tuvo una precisión del 95% respecto de lo que hubieran decidido humanos, pero luego se pudo advertir que se otorgaba menos puntaje a las mujeres y a grupos de minorías étnicas, no es que el algoritmo discriminó, sino que aprendió sobre datos históricos, allí claramente se comprobó el riesgo de perpetuar el estigma.

Correlación vs causalidad

Otro de los riesgos de los sistemas de la IA es la confusión entre correlación y causalidad, otro ejemplo sirve para demostrar la falacia: En EE.UU. la esperanza de vida es superior para quienes conducen un Mercedes Benz, ya que se supone que quien tiene ese vehículo tiene un ingreso superior al promedio y mejores condiciones de vida; pero ello no significa explicación causal, ya que si alguien, con menos ingresos, gasta todo lo que tiene en comprar un Mercedes, no solo no va a vivir más, sino seguramente menos, dado el impacto catastrófico que generará semejante gasto.

De todas formas, hasta ahora las ventajas que ofrece la IA aplicada a la salud, exceden ostensiblemente a esos riesgos, sobre todo en la mejora de atención médica y en la seguridad del paciente, considerando, en especial, que los errores médicos provocan un significativo daño, y es la tercera causa de muerte, luego del cáncer y las enfermedades cardiovasculares.

La capacidad para el reconocimiento de imágenes de la IA es impresionante, en 2016 Google se asoció con el NHS (Sistema Nacional de Salud) para acceder a imágenes oftalmológicas. En solo cinco meses se anunció que se había desarrollado un sistema de aprendizaje profundo para reconocer daños en la retina producidos por la diabetes con una precisión que igualaba a la de oftalmólogos especialistas certificados. Al año siguiente una publicación determinó que un sistema podía clasificar imágenes de tumores de piel entre benignos y malignos con la misma precisión que los dermatólogos certificados.

En el mismo año, un sistema de IA podía diagnosticar 14 ritmos cardíacos diferentes a partir de tiras de ritmo con la misma precisión que los cardiólogos.

La IA nunca podrá reemplazar habilidades y sentimientos humanos insustituibles

Sin embargo, el fantasma del reemplazo de máquinas autónomas y su dominación sobre el ser humano, no tiene asidero científico, ya que la IA nunca podrá reemplazar habilidades y sentimientos humanos insustituibles, tales como el sentido común, la valoración moral, el planteo de dilemas éticos, la compasión, entre otros; en 1964, Thomas Watson Jr., presidente de IBM, en uno de los períodos de mayor crecimiento y expansión de la tecnología decía “Las máquinas pueden darnos más tiempo para pensar, pero nunca van a pensar por nosotros”.

En solo dos décadas es altamente probable que se asista a un cambio único en la historia de la humanidad a través de la teoría de la “singularidad”, que plantea una simbiosis entre el cerebro humano y la tecnología, existirán posibilidades de conexión entre el neocórtex a la nube de forma inalámbrica, generando un sistema híbrido de pensamiento biológico y tecnológico.

El principio de precaución y la primacía de la dignidad humana deberían primar frente a la posibilidad de un crecimiento desmesurado e incontrolable de los procesos de la IA, una de sus aplicaciones más potentes, como es la robótica ya ha acaparado la atención de organismos internacionales.

En efecto, en su informe sobre la ética de la robótica, publicado en noviembre de 2017, la Comisión Mundial de Ética del Conocimiento Científico y de la Tecnología de la Unesco (Comest) propone un marco ético basado en la tecnología, con el fin de formular recomendaciones sobre la ética de la robótica basadas en la distinción entre robots deterministas y robots cognitivos.

El informe resalta también valores y principios éticos que pueden contribuir a establecer una reglamentación a todos los niveles y de forma coherente, que va desde códigos de conducta para ingenieros hasta legislaciones nacionales y convenios internacionales. Los valores y principios éticos puestos de relieve son la dignidad humana, la autonomía, el respeto de la vida privada, la seguridad, la responsabilidad, la beneficencia y la justicia.

El principio de la responsabilidad humana es el hilo conductor que conecta los diferentes valores examinados en este informe. La Comest formula también una serie de recomendaciones específicas relacionadas con la aplicación de tecnologías robóticas, que van desde la elaboración de códigos de ética para especialistas en robótica hasta advertencias contra el desarrollo y el uso de armas autónomas.

Ese tipo de recomendaciones requieren de una valoración circunstanciada y adaptada a las idiosincrasias locales. En este sentido, por ejemplo, los robots de cuidado para personas enfermas o ancianas, resultan ya un recurso implementado con éxito en Japón, siendo que en nuestro medio se piensa en la necesidad de definir políticas públicas que ayuden a democratizar las tareas de cuidado en el marco de un Sistema Nacional de Atención —humano—, que considere a dicho trabajo como una actividad formal, sistema que por lo demás, podría de algún modo mitigar la pérdida de puestos de trabajo que acarrear la implementación de los avances tecnológicos en el ámbito de la salud.

IV. Normativa relevante

Nuestro país no cuenta con una legislación integral sobre el tema bajo estudio, aunque se ha presentado ya algún Proyecto de Ley de Fomento a la Investigación y Desarrollo de la Telemedicina, contemplándose la actividad en la normativa presupuestaria nacional.

En rigor de verdad, cabe preguntarse si tiene sentido el dictado de una norma general para la materia, en función de su naturaleza y características o más bien resulta preferible el seguimiento de los avances en telemedicina por un cuerpo estatal que integre a la autoridad de Salud y de Telecomunicaciones, considerando la legislación sanitaria relevante y posponiendo una eventual regulación para el futuro, cuando exista mayor experiencia al respecto.

De hecho, en la profusa legislación sanitaria vigente en la Argentina, existen variadas pautas para enmarcar la actividad bajo análisis. En este sentido, por ejemplo, la Ley de Ejercicio de la Medicina 17.132/1967, en su art. 20, inc. 7º, prohíbe a los profesionales que ejerzan la medicina “…aplicar en su práctica privada procedimientos que no hayan sido presentados o considerados o discutidos o aprobados en los centros universitarios o científicos reconocidos del país”, disposición que por defecto, habilita las prácticas de telemedicina a nivel privado, en razón de la presencia y evolución de esta actividad en los medios científicos locales. El Código Civil y Comercial de la Nación contiene una serie de disposiciones importantes para la materia.

Así por ejemplo, su art. 53 requiere de consentimiento “…para captar o reproducir la imagen o la voz de una persona, de cualquier modo que se haga…”, salvo excepciones. Por su parte, los arts. 58 y 59 del Código unificado brindan pautas concretas sobre el proceso de información y consentimiento que debe preceder a dicha transmisión, de tal modo que esta resulte lícita y avalada por profusa legislación especial (p. ej., Ley de Derechos del Paciente 26.529/2009 y dec. regl. 1089/2012).

Por lo demás, las comunicaciones electrónicas y digitales también cuentan con especial protección en el art. 153 del Cód. Penal (que castiga la violación de comunicaciones electrónicas); en la Ley de Protección de Datos Personales, 25.326/2000 (que fija principios generales relativos a la protección de datos, describe los derechos de sus titulares y acciones ante su violación); y la ley 25.506/2001 de Firma Digital (que reconoce el empleo y eficacia jurídica de las firmas electrónica y digital, disponiendo sobre las certificaciones correspondientes, responsabilidades y sanciones aplicables.

V. Telemedicina: consideraciones sobre su impacto en materia de responsabilidad civil y derecho de consumo

La atención profesional por telemedicina sin duda significa cambios relevantes en la relación médico paciente, que se van advirtiendo con la experiencia e impactarán en los tradicionales enfoques propios del juzgamiento de la responsabilidad profesional y el derecho del consumidor.

Veamos algunos aspectos:

V.1La cuestión de la identificación de las partes en la atención médica

Antaño, una indicación médica telefónica, como cualquier prescripción no presencial, normalmente habría sido cuestionada por la justicia, considerándosela ilícita, por asumirse la falta de calidad de atención de cualquier diagnóstico o prescripción no precedido de una atención personal. Pero en el contexto de la telemedicina es natural la supresión de la consulta “cara a cara”, también de la confidencialidad del encuentro e intercambio en un sitio privado, con variadas consecuencias.

En algunas de sus expresiones, la telemedicina se utiliza para resolver dudas sobre la salud, que —supuestamente— son respondidas por profesionales médicos desde la comodidad del celular. El uso anónimo de este recurso es aún posible en muchos países.

Sin embargo —por ejemplo— el Comité Permanente de Médicos Europeos, ha recomendado que se impida tal uso anónimo, con independencia del carácter comercial o no comercial del servicio. En este sentido, la Directiva 2000/31/CE, referida particularmente al correo electrónico, dispone sobre la información mínima que tiene que ofrecer sobre sí el prestador del servicio: nombre, dirección geográfica, título profesional, nombre del organismo, Estado y número bajo el cual están registrados.

Las prácticas de telemedicina también requieren de una identificación adecuada de los pacientes, presentándose en su ámbito situaciones nuevas, con intervención de personas en la consulta que no lo harían en un espacio no mediado por la tecnología y que, sin duda serían excluidas de la atención presencial. Así, por ejemplo, en más de un caso de atención a distancia mediante videoconferencia, se ha observado la asistencia de un paciente junto con un abogado. Pensamos que deben desalentarse estas conductas, que desnaturalizan el buen cuidado de la salud.

Por su parte, en supuestos de atención vía correo electrónico, whatsapp u otros medios afines, corresponderá la adopción de accesos restringidos con claves de identificación, también acordes al principio de privacidad.

V.2. Empleo de imágenes

Hace a una realidad cotidiana la posibilidad de transmitir imágenes a sitios remotos, mediante teléfonos celulares y computadoras, por procedimientos cuya seguridad resulta difícil de asegurar, involucrando a expertos ajenos al equipo tratante. A su vez, la videograbación de consultas enfrenta a los operadores de salud ante la duda sobre la necesidad de videograbar y conservar las filmaciones de actos médicos que normalmente no se registran en la atención presencial.

Ante ello, cobra importancia el art. 53 del Código unificado, que reconoce un derecho personalísimo a la imagen, protegiéndola cualquiera sea el modo en que esta se exprese, suponiendo un control que no solo atañe a la difusión, sino que permite oponerse a la captación, a la conservación y a la reproducción de la misma por un tercero.

La norma incluye una novedosa protección especial para la voz de las personas, aunque para la mayoría de nuestra doctrina, esta “…constituye el reflejo sonoro de la imagen y configura junto con esta la identidad externa de una persona”.

Las prácticas de telemedicina imponen extremar los cuidados, ya que, en su caso, la posibilidad de envío y reenvío de fotografías contribuye a una despersonalización que puede favorecer el uso no consentido de imágenes de pacientes.

V.3. Nuevas conformaciones de los equipos de salud. Valoración de la responsabilidad por los operadores jurídicos

Más allá de los variados factores antes expuestos, la calidad de la atención mediante telemedicina se hallará siempre condicionada por la conectividad suficiente, significando una nueva conformación de los equipos de salud, donde la actividad de ingenieros y especialistas en sistemas será determinante.

Además, observaremos otras diferencias sustanciales en cuanto a la organización de las prestaciones de servicios, en tanto las prácticas muchas veces aunarán la labor de un “profesional requirente o primario” con otro “profesional especialista”, de distintas instituciones e incluso con sede en distintos países.

Desde el punto de vista jurídico, ello podrá significar la necesidad de recurrir a disciplinas como el derecho internacional privado, para juzgar la acreditación de un servicio de salud extranjero, el reconocimiento de un servicio internacional, el análisis de la jurisdicción y la aplicable, en caso de juzgarse la responsabilidad civil.

Por lo demás, desde la concepción del derecho interno argentino, podrá seguir considerándose que los distintos responsables de una atención médica a distancia injustificadamente dañosa, deberán indemnizar a los damnificados en base a una obligación concurrente (arts. 850 a 852, Cód. Civ. y Com.).

De allí que estos puedan accionar contra los agentes de salud y acaso contra los responsables de una inadecuada conectividad, pudiendo exigir la reparación de cualquiera de ellos. Una vez satisfecho el crédito, el solvens podrá exigir el regreso de parte de los codeudores, con base en las relaciones causales que originen la concurrencia (art. 851 inc. h], Cód. Civ. y Com.).

Cabe también preguntarse si esta nueva modalidad de atención significará algún cambio en los tradicionales seguros de responsabilidad civil que, entre sus variados límites, tradicionalmente imponen restricciones territoriales.

V.4. Aplicaciones móviles sobre salud (“apps”)

Hemos mencionado que se ha extendido el uso de aplicaciones que se descargan de los teléfonos móviles, que permiten estimar riesgos de enfermedades (p. ej.: ateroesclerosis), hacer diagnóstico (p. ej.: de ictericia neonatal) y monitoreo (p. ej.: de enfermedad bipolar), en las que quien está al otro lado del teléfono no es un profesional que analiza el caso concreto, sino más bien un dispositivo de inteligencia artificial comercializado por un empresa, que bien puede ofrecerse “gratuitamente”, en realidad tendrá un costo cargado en la tarifa del móvil o bien se traducirá en el recibo de publicidad no solicitada.

Algunos de estos programas contendrían problemas de calidad —como indicación de dosis inadecuadas de medicamentos, falta de información de interacción entre drogas— y su descarga sería generalmente captada por empresas de obtención y difusión de datos masivos, sin conocimiento, ni consentimiento de los interesados; para luego venderse los datos sensibles a potenciales empleadores, aseguradores y bancos, generando discriminación por razones de salud.

A su respecto nuestra doctrina debe aún desarrollar criterios específicos, en tanto estos servicios no entrañan una nueva forma de atención profesional, sino un empoderamiento de los individuos para el manejo de cuestiones propias de su salud, en el contexto de una relación de consumo.

El usuario será aquí una persona física (…) que adquiere o utiliza, en forma gratuita u onerosa, bienes o servicios como destinatario final, en beneficio propio o de su grupo familiar o social), y el derecho deberá intentar que el potente estatuto del consumidor no sucumba en las fragilidades que depara el mundo virtual.

VI. Palabras finales

El sistema de salud asistencial digital que ya coexiste en nuestro medio con el modelo médico tradicional hipocrático, constituye una verdadera novedad para el mundo jurídico, frente al acecho de la deshumanización y el riesgo distópico del avance de las relaciones clínicas virtuales mediadas por el uso de redes sociales, se presenta una gran oportunidad para redefinir la relación médico/paciente, en donde la presencia, “el escuchatorio”, continúen siendo la parte medular el ejercicio profesional, y donde todo aquel acercamiento virtual sea el complemento auxiliar de ese “encuentro entre una conciencia y una confianza”.

La necesidad del contacto personal en la vinculación clínica indica la imposibilidad de mantener relaciones entre el equipo de salud-pacientes exclusivamente virtuales, debe precisarse siempre la necesidad de un contacto personal, cara a cara; en este sentido el Código de Ética de la Confederación Médica Argentina establece en el art. 115 que: “No son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos curaciones; los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces; la simulación de tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas; el uso de productos de composición no conocida; y el ejercicio de la Medicina mediante consultas realizadas exclusivamente por carta, teléfono, radio, prensa o Internet”.

Por todo lo expresado resulta necesario armonizar un modelo médico hipocrático con un sistema asistencial digital, ello redundará en relaciones médico-paciente seguras, de calidad y respetuosas de la dignidad humana.

Repetidamente se ha indicado que la medicina es la más humana de las ciencias y la más científica de las humanidades, la medicina digital, la telemedicina y la inteligencia artificial deberían enmarcarse dentro de esa definición, ni tecnofobia ni tecnolatría o tecnosabiduría. En términos aristotélicos, el justo medio: ser amos de la tecnología, no sus esclavos.


Dr. Ignacio Maglio
Abogado y Procurador (UBA). Diplomado en Salud Pública.
Postgrado en Derecho Internacional de los Derechos Humanos en la Universidad de Alcalá de Henares, Madrid, España.
Jefe de la sección Riesgo Médico Legal del Hospital Francisco Javier Muñiz.
Coordinador del Servicio Jurídico de la Fundación Huésped.
Coordinador y miembro de los Comités de Ética en Investigación Clínica del Hospital Francisco Javier Muñiz, de la Fundación Huésped y del INCUCAI.
Miembro titular del Consejo de Ética y Derechos Humanos para la investigación biomédica de la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación.
Fundador y Secretario de la Sociedad Argentina de SIDA.
Profesor del Departamento de Postgrado de la Facultad de Derecho de la UBA.
Profesor titular de regulaciones en la Maestría de Investigación Farmacoclínica de la UAI.
Autor devarios libros, trabajos y publicaciones vinculadas al derecho médico, la bioética, la investigación clínica y la responsabilidad médica.
Conferencista en jornadas nacionales e internacionales vinculadas al derecho médico, bioética e investigación clínica.

La soledad de los datos (conferencia IntraMed)

Fuente: IntraMed
https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=93489&uid=520577&fuente=inews

El discreto encanto de no entender: correr detrás de los datos y no llegar a ninguna parte 

Cómo pensamos la clínica, qué es una “causa”, cuáles son las “causas de las causas”, cómo distinguir un síntoma de una adaptación, qué son homeostasis y alostasis, ¿puede haber síntomas sin daño?

Los médicos nos hemos acostumbrado a considerar que la ignorancia consiste en no tener información. Pero la realidad nos enfrenta a otras formas de ignorar. La ignorancia no consiste en no tener información sino en no saber. Es posible no saber porque se carece de información pero también es posible no saber teniendo información pero ignorando qué hacer con ella, cuál es su significado, cuál su relevancia o cuál es su pertinencia en un contexto determinado.

La información es un insumo del conocimiento, no su definición; las evidencias, el alimento del juicio clínico, no su sustitución

Las evidencias son imprescindibles y al mismo tiempo completamente insuficientes. Lo que nos hace médicos es saber qué clase de información necesitamos en un caso particular y en un escenario determinado. Las conjeturas diagnósticas “situadas” y sensibles al contexto preceden a la búsqueda de información, nunca la suceden. Cuando la medicina se convierte en una obsesiva acumulación de datos, la futilidad sustituye a la relevancia: Es el fin de la clínica.

  • Otras formas de pensar la clínica y darle sentido a los datos (conferencia IntraMed: Dr. Daniel Flichtentrei)

¿Podrá la inteligencia artificial reemplazar a los médicos?

Autor: Jörg Goldhahn, Vanessa Rampton, Branco Weiss, Giatgen A Spinas Fuente: BMJ 2018; 363 doi: https://doi.org/10.1136/bmj.k4563 Could artificial intelligence make doctors obsolete?
https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=93356&uid=520577&fuente=inews

Algunos sostienen que las máquinas que pueden aprender y corregirse ya funcionan mejor que los médicos en algunas tareas; otros que nunca podrán replicar la calidad inter-relacional de la naturaleza terapéutica de la relación médico-paciente

  • A favor – Jörg Goldhahn

Los sistemas de inteligencia artificial (IA) simulan la inteligencia humana mediante el aprendizaje, el razonamiento y la autocorrección. Esta tecnología ya muestra el potencial de ser más precisos que los médicos para realizar diagnósticos en especialidades como radiología, dermatología y cuidados intensivos; en la generación de modelos pronósticos; y al realizar intervenciones quirúrgicas. Y en 2017, un robot aprobó el examen médico nacional de China, superando el mínimo requerido por 96 puntos.

Más preciso, fiable y completo

Incluso si las máquinas aún no son universalmente mejores que los médicos, el desafío de mejorarlas es más técnico que fundamental, debido a la capacidad casi ilimitada para el procesamiento de datos y el subsiguiente aprendizaje y autocorrección. Este “aprendizaje profundo” es parte del “aprendizaje automático”, donde los sistemas aprenden constantemente sin las posibles dificultades culturales e institucionales intrínsecas al aprendizaje humano, como las escuelas de pensamiento o las preferencias culturales.

Estos sistemas integran continuamente nuevos conocimientos y se perfeccionan con una velocidad que los humanos no pueden igualar. Incluso se puede simular un complejo razonamiento clínico, incluidas las preocupaciones éticas y económicas.

Se están integrando cantidades cada vez mayores de datos de salud más completos de aplicaciones, dispositivos de monitoreo personal, registros médicos electrónicos y plataformas de redes sociales en sistemas armonizados como la Red de Salud Personalizada de Suiza. El objetivo es dar a las máquinas una imagen lo más completa posible de Salud de las personas a lo largo de su vida y el máximo conocimiento de su enfermedad.

La noción de que los médicos de hoy podrían aproximarse a este conocimiento manteniéndose al tanto de la investigación médica actual y manteniendo un contacto cercano con sus pacientes es una ilusión, no solo por el gran volumen de datos. También en este caso, las máquinas tienen la ventaja: el procesamiento del lenguaje natural les permite “leer” literatura científica en rápida expansión y enseñarse a sí mismas, por ejemplo, sobre las interacciones de los medicamentos.

La introducción de sistemas impulsados por la IA podría ser más económico que contratar y capacitar a nuevo personal

Los desafíos clave para los sistemas de salud de hoy son económicos: los costos están aumentando en todas partes. La introducción de sistemas impulsados por la IA podría ser más económico que contratar y capacitar a nuevo personal. Los sistemas de IA también están disponibles universalmente e incluso pueden monitorear a los pacientes de forma remota. Esto es importante porque la demanda de médicos en gran parte del mundo está creciendo más rápidamente que la oferta.

Menos sesgada, menos inestable, todavía preocupada

La capacidad de establecer relaciones con los pacientes a menudo se presenta como la carta de triunfo a favor de los médicos humanos, pero este también puede ser su talón de Aquiles. La confianza es importante para la percepción de los pacientes sobre la calidad de su atención. Pero el objeto de esta confianza no tiene por qué ser un humano; Las máquinas y los sistemas pueden ser más confiables si pueden considerarse imparciales y sin conflictos de interés. Por supuesto, los sistemas de inteligencia artificial pueden estar sujetos a los sesgos de sus diseñadores, pero esto puede superarse mediante revisiones independientes y posteriores iteraciones.

Decir que los pacientes siempre requieren empatía de parte de los médicos humanos es ignorar las diferencias importantes entre los pacientes: muchos, especialmente los más jóvenes, los pacientes con quejas menores simplemente quieren un diagnóstico y un tratamiento que funcionen.

En otras palabras, pueden calificar el diagnóstico correcto más alto que la empatía o continuidad de la atención. En algunas situaciones muy personales, los servicios de un robot podrían ayudar a los pacientes a evitar sentir vergüenza.

Los médicos como los conocemos ahora se volverán obsoletos con el tiempo

Incluso los pacientes que anhelan la interacción, como aquellos con diagnósticos graves o terminales, pueden encontrar que sus necesidades son mejor satisfechas por las máquinas. Estudios recientes muestran que los sistemas de agentes conversacionales tienen el potencial de rastrear las condiciones y sugerir atención, e incluso pueden guiar a los humanos hasta el final de la vida.

Los médicos como los conocemos ahora se volverán obsoletos con el tiempo. Mientras tanto, deberíamos esperar una introducción gradual de la tecnología de IA en áreas prometedoras, como el análisis de imágenes o el reconocimiento de patrones, seguida de una prueba de concepto y una demostración de valor agregado para los pacientes y la sociedad. Esto conducirá a un uso más amplio de la IA en más especialidades y, antes de lo que pensamos, los médicos humanos simplemente ayudarán a los sistemas de IA. Estos sistemas no serán perfectos, pero se perfeccionarán constantemente y superarán a los médicos humanos de muchas maneras.


  • En contra – Vanessa Rampton, Giatgen A Spinas

Las máquinas serán cada vez más capaces de realizar tareas que antes eran prerrogativas de los médicos humanos, incluidos el diagnóstico, el tratamiento y el pronóstico. Aunque aumentarán las capacidades de los médicos, las máquinas nunca las reemplazarán por completo.

En particular, los médicos seguirán siendo mejores para tratar al paciente como una persona completa, lo que implica el conocimiento de las relaciones sociales y la normatividad. Como observó el profesor de Harvard Francis Peabody en 1927, la tarea del médico es transformar “ese caso de estenosis mitral en la segunda cama de la izquierda” en el complejo problema de “El Sr. Henry Jones, pasa sus noches despierto mientras se preocupa por el futuro de su esposa y de los niños.”

Los seres humanos pueden completar esta transformación porque pueden relacionarse con el paciente como un compañero y pueden obtener un conocimiento holístico de la enfermedad del paciente en relación con su vida. Tal conocimiento involucra ideales como la confianza, el respeto, el coraje y la responsabilidad que no son fácilmente accesibles para las máquinas.

La enfermedad es un problema mal definido

El conocimiento técnico no puede describir completamente la situación de enfermedad de un solo paciente. Una relación deliberativa médico-paciente caracterizada por pensamiento asociativo y lateral es importante para la curación, particularmente para condiciones complejas y cuando existe un alto riesgo de efectos adversos, porque las preferencias de los pacientes individuales difieren.

No existen algoritmos para tales situaciones, que cambian dependiendo de las emociones, la comunicación no verbal, los valores, las preferencias personales, las circunstancias sociales prevalecientes, etc. Quienes trabajan en la vanguardia de la IA en medicina reconocen que los enfoques de la IA no están diseñados para reemplazar a los médicos humanos por completo.

Los pacientes se benefician cuando los médicos pueden interpretar el significado que atribuyen a diferentes aspectos de sus vidas

El uso de la IA en medicina, basado en la creencia de que los síntomas son medibles, alcanza sus límites cuando se enfrenta a factores emocionales, sociales y no cuantificables que contribuyen a la enfermedad. Estos factores son importantes: los síntomas sin una causa fisiológica identificada son la quinta razón por la que los pacientes de EE. UU. visitan a los médicos.

Las preguntas como “¿Por qué yo?” Y “¿Por qué ahora?” son importantes para los pacientes: las contribuciones de la ética narrativa muestran que los pacientes se benefician cuando los médicos pueden interpretar el significado que atribuyen a diferentes aspectos de sus vidas.16 Puede ser crucial para los pacientes sentir que han sido escuchados por alguien que entiende la gravedad del problema y en quién puede confiar.

En relación con esto, existe una visión más fundamental: como lo dijo Peabody, sanar una enfermedad requiere mucho más que “curar partes específicas del cuerpo”. Por definición, la enfermedad tiene un aspecto subjetivo que no puede ser “curado” por una intervención tecnológica independientemente de su contexto humano.

Curar un organismo a partir de una enfermedad no es lo mismo que restablecer su salud, ya que la salud se refiere a un complejo estado de cosas que incluye la experiencia individual: estar saludable implica sentirse saludable. Los robots no pueden entender nuestra preocupación por relacionar la enfermedad con la tarea de vivir una vida, que está relacionada con el contexto humano y los factores subjetivos de la enfermedad.

La medicina es un arte

La relación médico-paciente es una relación entre seres mortales vulnerables a la enfermedad y la muerte

A lo largo de la historia, se ha reconocido el efecto terapéutico de las relaciones médico-paciente, independientemente de cualquier tratamiento prescrito. Esto se debe a que la relación médico-paciente es una relación entre seres mortales vulnerables a la enfermedad y la muerte. Las computadoras no pueden cuidar a los pacientes en el sentido de mostrar devoción o preocupación por el otro como persona, porque no son personas y no les importa nada.

Los robots sofisticados pueden mostrar la empatía como una cuestión de forma, al igual que los humanos pueden comportarse bien en situaciones sociales pero permanecen emocionalmente desconectados porque solo desempeñan un papel social. Pero la preocupación, como el cuidado y el respeto, es un comportamiento que manifiesta una persona que comparte terreno común con otra persona. Estas relaciones pueden ilustrarse con la amistad: B no puede ser un amigo de A si A no es un amigo de B.

Un posible escenario futuro será que los sistemas de inteligencia artificial aumenten la producción y el procesamiento de conocimientos, y los médicos que ayuden a los pacientes a encontrar un equilibrio que reconozca las limitaciones de la condición humana, algo que es inaccesible para la inteligencia artificial. Enfrentar la enfermedad a menudo no incluye curar la enfermedad, y aquí los médicos son insustituibles.