Otoño

Otoñ

Aprovechemos el otoño
antes de que el invierno nos escombre
entremos a codazos en la franja del sol
y admiremos a los pájaros que emigran

ahora que calienta el corazón
aunque sea de a ratos y de a poco
pensemos y sintamos todavía
con el viejo cariño que nos queda

aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha

Mario Benedetti

Insomnio y duermevelas.

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Cosmic couple

Here we see the spectacular cosmic pairing of the star Hen 2-427 — more commonly known as WR 124 — and the nebula M1-67 which surrounds it. Both objects, captured here by the NASA/ESA Hubble Space Telescope are found in the constellation of Sagitta and lie 15 000 light-years away.

The star Hen 2-427 shines brightly at the very centre of this explosive image and around the hot clumps of gas are ejected into space at over 150 000 kilometres per hour.

Hen 2-427 is a Wolf–Rayet star, named after the astronomers Charles Wolf and Georges Rayet. Wolf–Rayet are super-hot stars characterised by a fierce ejection of mass.

The nebula M1-67 is estimated to be no more than 10 000 years old — just a baby in astronomical terms — but what a beautiful and magnificent sight it makes.

A version of this image was released in 1998, but has now been re-reduced with the latest software.

Credit:
ESA/Hubble & NASA

Galaxia NGC 1316

La enorme galaxia elíptica NGC 1316 se encuentra a unos 75 millones de años luz de distancia hacia Fornax , la constelación sur del Horno. Investigando la asombrosa vista , los astrónomos sospechan que la galaxia gigante ha colisionado con el vecino más pequeño NGC 1317 visto justo arriba, causando bucles lejanos y conchas de estrellas. 

La luz de su encuentro cercano habría alcanzado la Tierra hace unos 100 millones de años. En la imagen profunda y nítida, las regiones centrales de NGC 1316 y NGC 1317 aparecen separadas por más de 100.000 años luz. Los carriles de polvo complejos visibles en el interior también indican que NGC 1316 es en sí mismo el resultado de una fusión de galaxias en el pasado lejano. 

Se encuentra en las afueras del cúmulo de galaxias Fornax , el NGC 1316 es conocido como Fornax A. Uno de los más brillantes visualmente de las galaxias de racimo de Fornax es una de las fuentes de radio más fuertes y más grandes con la emisión de radio que se extiende más allá de esta vista telescópica sobre varios grados en el cielo.

Crédito de la imagen y Copyright : Steve Mazlin , Warren Keller , y Steve Menaker ( SSRO / UNC / PROMPT / CTIO )

Otoño

Cuándo empieza el otoño 2017

Al igual que ocurre con todas las estaciones, el inicio del otoño varía en función del año. En el hemisferio norte comienza con el equinoccio de otoño (las fechas varían entre el 21 y el 24 de septiembre, pero en este siglo solo oscilará entre el día 22 y 23 de septiembre en el hemisferio norte, mientras que en el hemisferio sur lo hace los mismos días pero de marzo).

Este jueves 22 de septiembre en punto de las 14:21 horas (hora universal), 9:21 am (centro de México) inicia el equinoccio de otoño en el hemisferio Norte, el cual durará hasta el próximo 21 de diciembre con el comienzo del invierno, después de 89 días y 20 horas.

 

Este otoño el cielo matutino estará dominado por Marte durante toda la estación, mientras que Venus se podrá ver hasta el mes de diciembre y Júpiter desde noviembre hasta el final del otoño. Júpiter será visible al principio de la estación por las tardes.

En cuanto a los fenómenos astronómicos del otoño, destacan la conjunción Venus-Marte del 5 de octubre, la lluvia de estrellas Oriónidas del 21 al 22 de octubre, la lluvia de estrellas Leónidas del 17-18 noviembre o lluvia de estrellas Gemínidas del 13 al 14 de diciembre.

Equinoccio de otoño

El equinoccio de otoño, que da comienzo a la estación que da su nombre, es el momento del año en que el día tiene la misma duración que la noche. A partir de entonces los días serán cada vez más cortos, y es que el otoño es la época en que la longitud del día se acorta más rápido.

 

Vivaldi El Otoño

El cuento del superchocolate

Autor: Gonzalo Casino Fuente: IntraMed / Fundación Esteve 

La proliferación de investigaciones sobre los efectos beneficiosos del chocolate para la salud no es nada sorprendente, y todavía lo es menos que sus resultados se difundan de inmediato. El chocolate es un alimento muy apreciado y placentero, que tiene una historia fantástica y representa un negocio de 45.000 millones de euros anuales para la industria alimentaria, encabezada por la Big Chocolate. Por todo eso, es también un destacado objeto de estudio nutricional y de interés popular. A los consumidores y productores les encanta leer que la ciencia ha descubierto que reduce la hipertensión arterial, previene el cáncer, detiene el estrés y nos hace más inteligentes. Sí, todo esto y mucho más se ha dicho de este “alimento de los dioses”, como lo denominó Linneo. Pero hay algo extraño, equivocado y perturbador en poner el foco de estudio en un alimento aislado y en realizar más y más investigaciones que, por sus limitaciones metodológicas, permiten ofrecer titulares simplistas pero aportan conclusiones muy poco sólidas.

Un último estudio, publicado el 23 de mayo en la revista Heart, viene a concluir que la ingesta habitual de chocolate previene la fibrilación auricular. Esta arritmia cardiaca afecta a una de cada cuatro personas antes de los 80 años y es una causa relevante de ictus, por lo que siempre es bienvenida cualquier posibilidad de prevenirla. Sin embargo, la confianza que merecen las conclusiones del estudio es más bien baja. Los resultados indican que la ingesta moderada de chocolate (entre dos y seis veces por semana) reduce el 11-20% el riesgo de fibrilación auricular respecto al consumo ocasional (menos de una vez al mes). Pero, como han señalado algunos expertos, el grupo de personas que apenas toman chocolate es un tanto extraño. Estas personas tienen más hipertensión arterial, cifras de colesterol más altas, más sobrepeso y, lo más revelador, una prevalencia de diabetes muy superior. Probablemente, no toman chocolate porque padecen diabetes y deben seguir una dieta especial. Una interpretación más plausible es que no sea el chocolate lo que previene la fibrilación auricular, sino que es esta arritmia –u otros factores de riesgo asociados– lo que “previene” la ingesta de chocolate. En cualquier caso, un estudio observacional como este no permite clarificarlo.

No hay alimentos buenos y malos en términos absolutos, sino dietas mejores y peores

La mayoría de las investigaciones que pretenden mostrar otras supuestas bondades del chocolate tienen también importantes limitaciones, según una revisión crítica realizada por el National Health Service británico. Así, muchos de los estudios que sugieren que el consumo de chocolate reduce ligeramente la hipertensión arterial son de corta duración (entre dos y ocho semanas) y presentan otras debilidades. La investigación sobre la capacidad de reducir el estrés se basa en una muestra pequeña y es de muy corta duración, además de estar financiada por la industria chocolatera. La que sugiere que previene los ictus tampoco puede establecer una relación causa-efecto y deja abierta la posibilidad de que pueden ser otros muchos los factores implicados. Y, por lo que respecta a los estudios sobre el chocolate y el cáncer, basta decir que se han realizado con animales y que su extrapolación a humanos es de lo más incierta.

Con todo, lo más perturbador es la insistencia en sugerir que un solo alimento atesora por sí mismo todo un cúmulo de propiedades para prevenir enfermedades y promocionar la salud. Esto es tan absurdo como pretender convertirlo en una especie de superhéroe de la nutrición, cuando es más que sabido, aunque nunca suficientemente proclamado, que los alimentos deben considerarse siempre en el contexto de la dieta y del estado de salud de cada persona. En este sentido, no hay alimentos buenos y malos en términos absolutos, sino dietas mejores y peores. Y, desde luego, lo que no hay es superhéroes ni superalimentos.

Nebulosa Cabeza de Caballo

La cabeza de caballo es una nebulosa oscura en la constelación de Orión. Situado al sur de la estrella Alnitak, que está más lejos al este en el cinturón de Orión. La nebulosa fue registrada por primera vez en 1888 por la astrónoma escocesa Williamina Fleming. Aproximadamente 1500 años luz de la Tierra. Es una de las nebulosas más identificables debido a la forma de su turbulenta nube de polvo y gases oscuros, que tiene cierta semejanza con la cabeza de un caballo cuando se ve desde la Tierra