Kathakali. Danza Hindú

De Prathyush Thomas – Trabajo propio, GFDL 1.2, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=38139656

Es un estilo de danza teatro clásico de la zona de Kerala, al sur de la India. En ella los cantantes narran leyendas hindúes (provenientes del Mahabharata, del Ramayana y del Bagavata Purana) que los bailarines/actores personifican en escena mediante un complejo lenguaje de nrta (pasos de danza), mudras (gestos de las manos) y navarasya (expresiones del rostro). Por la tradición, el kathakali se ejecuta en festivales que duran toda una noche en los templos hinduistas.

El kathakali pertenece a la vertiente tandava (masculina) de la danza clásica india, por lo que tradicionalmente todos los personajes son representados por hombres.

Los bailarines de kathakali aprenden a controlar los músculos faciales. Algunos maestros tienen tan buen control que pueden reírse con un solo lado de la cara.

Mefistófeles

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Una obra artesanal impecable: doble estatua de madera (figura masculina en la parte delantera y femenina en la parte posterior) construida en el siglo XIX en Francia. Se encuentra ante un espejo y muestra la fachada de un Mefistóteles despreocupado por delante y la imagen de una Margarita recatada reflejada en el espejo. Fue tallada a partir de una única pieza de madera de sicómoro.
https://mitologia.fandom.com/es/wiki/Mefist%C3%B3feles
Fotos de Internet

Mefistófeles (también llamado Mefisto y otras variantes) es un demonio del folclore alemán. Mefistófeles es comúnmente considerado como un subordinado de Satanás encargado de capturar almas, o bien como un personaje tipo de Satanás mismo.

Se le representa como un personaje de elegancia y ropas de noble, es extremadamente racional y lo utiliza a su favor para engañar las mentes de los pecadores. No obstante, al ser un demonio es de naturaleza espiritual y no tiene un cuerpo físico propiamente dicho. A pesar de no ser especialmente poderoso ni como ángel ni como demonio, destaca por su extraordinaria inteligencia,la cual le convierte en uno de los principales demonios mayores y lugartenientes de Satanás.

HISTORIA

Cabe aclarar que este demonio nunca es mencionado en el Biblia, a pesar de ello algunos escritos apócrifos dicen que fue el segundo demonio que se unió a Lucifer durante la rebelión contra Dios y también el segundo en caer durante la batalla.

Durante el Renacimiento, era conocido por el nombre de Mefostófiles, forma de la cual se deriva una de sus posibles etimologías, según la cual el nombre procede de la combinación de la partícula negativa griega μή, φής (luz), φιλής (el que ama), o lo que es lo mismo: El que no ama la luz. Sin embargo, el significado de la palabra no se ha establecido por completo. Butler menciona que el nombre sugiere conjeturas en idiomas griego, persa o hebreo. Entre los nombres sugeridos, están Mefotofiles (enemigo de la luz), Mefaustofiles (enemigo de Fausto), o Mefiz-Tofel (destructor-mentiroso). Extendido por el Romanticismo y universalizado por el Fausto, simboliza el proceso de pérdida de fe y concreción a lo práctico según un sistema moral relativista propio de las sociedades avanzadas como consecuencia de la Revolución científica y la industrial.

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Mefistófeles es presentado muchas veces como una figura tragicómica, atrapado entre su victoria al lograr que las grandes masas dejen de considerar a Dios en el centro de todas las cosas, y su derrota al perder él mismo relevancia por el mismo motivo. En muchas culturas y mitologías se compara a Mefistófeles con Satanás. Lo cierto es que Mefisto, un demonio proveniente del odio hacia las reglas establecidas por Dios, fue la primera estrella caída en la pelea del Dragón y San Miguel y en jerarquía demoníaca tiene alto rango sobre Astaroth, Azazel, Behemoth entre otros, y es el mal encarnado.

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En el aspecto gráfico, Mefistófeles ha sido representado como la representación más “refinada” del mal, utilizando ropas fastuosas dignas de un personaje de la nobleza. Se le suele representar como un ser racional, altamente frío y con un alto nivel de lógica, misma que utilizaría para poder atrapar mentalmente a las personas y hacer que sigan sus oscuros designios. Mefistofeles es considerado el átomo oscuro, la contraparte de Lucifer, pues es el enemigo de la luz, sus características difieren de muchos demonios pues él siente que los humanos no somos dignos de verlo por lo cual tiene muchos demonios a su servicio, simplemente uno de los demonios más poderosos y sin duda el mas maligno.

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Mijaíl Bakunin – Obras Completas

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Tomo 1:

-Prefacio, Sam Dolgoff
-Prólogo, Max Nettlau
-Cartas a un francés sobre la crisis actual (1870)
-Carta. La situación política de Francia (Marsella) primera quincena de octubre de 1870
-El despertar de los pueblos (Fragmento)
-Carta a Esquiros (Alrededores de Marsella, 20, de octubre de 1870)

Tomo 2:

-Prefacio, Sam Dolgoff
-Prólogo, Max Nettlau
-El imperio knutogermánico y la revolución social. Primera entrega
……..La alianza rusa y la rusofobia de los alemanes.
……..Historia del liberalismo alemán
-Fragmento
-La Comuna de París y la noción del Estado
-Advertencia para el imperio knutogermánico
-Tres conferencias a los obreros del Valle de Saint-Imier

Tomo 3:

-Prefacio, Sam Dolgoff
-Prólogo, Max Nettlau
-Federalismo, socialismo y antiteologismo (Ginebra, 1867)
………Proposición al Comité de la Liga de la Paz
………Fragmento
-Apéndice: Consideraciones filosóficas sobre el fantasma divino, sobre el mundo real y sobre el hombre
………1.-El sistema del mundo
………2.-El hombre. Inteligencia, voluntad
………3.-Animalidad, humanidad
………4.-La religión
………5.-Filosofía. Ciencia

Tomo 4:
-Prefacio, Sam Dolgoff
-Prólogo, Max Nettlau
-El imperio knutogermánico y la revolución social. Segunda entrega (1871)
-Dios y el Estado
-El principio del Estado (1871)
-Los osos de Berna y el oso de San Petersburgo (1870)

Tomo 5:
-Prefacio de Sam Dolgoff
-Prólogo de Max Nettlau
-Estatismo y anarquía (1873)
………Apéndice A
………Apéndice B
-Adónde ir y qué hacer
-Poscriptum al prólogo, de Max Nettlau
-Índice de nombres

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San Felipe Neri. Patrono de los educadores y de los humoristas

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San Felipe Neri fue un sacerdote italiano conocido por fundar una sociedad de clero secular llamada la Congregación de. Oratorio (abreviado “Cong. Orat.”). Es popularmente conocido como el Tercer Apóstol de Roma, después de San Pedro y San Pablo. Fue educado cuidadosamente y recibió una enseñanza temprana de los frailes en San Marco, el famoso monasterio dominicano en Florencia. Es el Santo patrono de los educadores y humoristas

Fiesta: 28 de mayo

Martirologio romano: Memoria de San Felipe Neri, un sacerdote, quien, tratando de desviar a los jóvenes de todo daño, fundó en Roma un oratorio, en el que se lleva a cabo lecturas espirituales, canciones y obras de caridad; brilló por su amor al prójimo, la sencillez del Evangelio, un gran humor, el celo ejemplar y fervor en el servicio a Dios.

San Felipe Neri nació en Florencia, Italia, en 1515. Tenía algunos lazos familiares en la nobleza pero su familia inmediata era bastante pobre.

En 1533, cuando era todavía un adolescente, San Felipe se fue de casa para unirse a un tío cerca de Nápoles que dirigía un negocio muy próspero, pero no tenía heredero.

Durante su estancia con su tío Felipe recibió la noticia en una visión que él tenía un apostolado en Roma, por lo que cortó toda relación familiar y se dirigió allí.

San Felipe escribió poesía y estudió teología y filosofía durante tres años. Cuando se cansó de aprendizaje, vendió todos sus libros y les dio el dinero a los pobres. Vivió durante un tiempo como un ermitaño en Roma.

San Felipe Neri ayudó a iniciar una organización de laicos llamada la Cofradía de la Santísima Trinidad para cuidar de los peregrinos necesitados a Roma. Este ministerio continuó y poco a poco se formó en el famoso hospital romano.

En el año 1550, San Felipe Neri consideró seriamente retirarse a la vida de ermitaño solitario pero recibió más visiones que le dijo que su misión era estar en Roma. Más tarde, consideró mudarse a la India como misionero, pero otras visiones le convencieron de quedarse en Roma.

San Felipe Neri organizó grupos informales de oración en su pequeña habitación, pero cuando se dio cuenta de que su grupo estaba creciendo bastante rápido, decidió trasladarse a una sala más grande a la que llamó «Oratorio» (lugar de oración).

Cuando San Felipe Neri tenía treinta y seis años, se hizo evidente que tenía el llamado a ser sacerdote.

A los 34 años todavía era un simple laico. Pero a su confesor le pareció que le haría un gran bien a la Iglesia si se ordenaba de sacerdote. Fue entonces, que decidió comenzar su ministerio para los demás.

En 1551, San Felipe Neri se ordena sacerdote por obediencia a su confesor, aunque él se sentía totalmente indigno

San Felipe Neri escuchaba confesiones por horas, y podría decirle a sus penitentes los pecados antes de que los confesaran. Se le atribuye haber resucitado al príncipe Paulo Máximo, para que confesase un pecado.

También tenía el don de conferir visiones. Él comenzó a trabajar con la juventud, buscaba siempre lugares seguros para que ellos pudiesen jugar y participar en sus vidas activamente con alegría y fe.

Algunos de los seguidores de Felipe también se convirtieron en sacerdotes, y en 1575 se fundó la Congregación del Oratorio.

Felipe no tenía la intención de fundar un nuevo orden, sino que ordenó que la comunidad debiera de vivir como sacerdotes seculares sin ningún otro voto.

El Cardenal John Henry Newman fundó la primera casa de habla Inglesa en el año 1848. Sin embargo, una de las primeras cosas de la que fue acusado este Oratorio fue el de esparcir herejía, que estaba centrado en la idea de laicos de predicación y el canto de himnos vernáculos. Más adelante se levantaron los cargos al ver los frutos de su obra

San Felipe Neri se destacó por su humildad, su popularidad y su disposición a aceptar a todas las personas que hacen un intento honesto de dedicar su vida a Dios, así como aquellos que sentían una intensa espiritualidad.

También, brilló por tener y un gran sentido del humor. Cuenta la tradición que a veces vestía ropas ridículas o caminaba con media barba afeitada.

Cuanto mayor crecía su fama de santidad más tonto quería parecer él, todo esto para lograr apagar el ego humano que habita en cada uno de nosotros.

En una oportunidad, cuando unos peregrinos vinieron de Polonia a ver el gran santo, lo encontraron escuchando a otro sacerdote leyéndole libros de chistes

Papa Gregorio XIV, que había escuchado las grandes virtudes que poseía este santo, trató de hacerlo cardenal, pero Felipe se negó rotundamente.

Pasó los últimos cinco años de su vida ofreciendo su ministerio al sacramento de la reconciliación con el pueblo de Roma y a la dirección espiritual desde su pequeña habitación.

Cardenales, obispos, sacerdotes, monjas, obreros, estudiantes, ricos y pobres, jóvenes y viejos, todos querían pedirle un sabio consejo y volvían a sus casas llenos de paz y de deseos de ser mejores. Se dice que toda Roma pasó por su habitación.

Murió a la edad de ochenta años en 1595. Fue proclamado santo por el Papa Gregorio XV en 1622.

 

¿Existe Dios?

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Bertrand Russell, 1952

¿Existe Dios? Esa es una pregunta que toda comunidad y toda persona responden partiendo de argumentos muy variados. Los seres humanos en su gran mayoría admiten la opinión que impera en sus respectivas comunidades. En los albores de la historia la gente creía en muchos dioses. Fueron los judíos los que empezaron a creer solamente en uno. El primer mandamiento, que era toda una innovación, resultó de muy difícil cumplimiento porque los judíos habían creído hasta entonces que Baal, Astarté, Dagón y Moloc, aun siendo malvados por ayudar a los enemigos de los judíos, eran dioses auténticos. Pasar de creer que tales dioses no eran buenos a creer que no existían fue un cambio difícil. Hubo una época, la de Antíoco IV, en la que se pretendió seriamente la helenización de los judíos. Antíoco decretó que éstos habrían de comer carne de cerdo, abandonar la circuncisión y practicar los baños rituales. Los judíos de Jerusalén, en su mayoría, se plegaron a ello, pero en las zonas rurales tuvo lugar una resistencia enconada y, bajo el mando de los macabeos, los judíos lograron que se respetara el derecho a tener sus propios usos y costumbres.

El monoteísmo, que al principio de la persecución de Antíoco solamente era el credo de una parte de un pueblo muy pequeño, sería luego adoptado por el cristianismo y más tarde por el Islam, convirtiéndose así en la creencia dominante del mundo situado al oeste de la India. No tuvo éxito al este de la misma pues el hinduismo tenía muchos dioses, el budismo en su forma primera no tenía ninguno y el confucianismo a partir del siglo XI dejó de tenerlo. No obstante, si una religión puede juzgarse verdadera o no a partir de su éxito en el mundo, entonces los argumentos que sustentan al monoteísmo son muy fuertes ya que éste posee los mayores ejércitos y la más nutrida acumulación de riquezas. En nuestros días dicho argumento es cada vez menos decisivo. Es cierto que Japón, una amenaza no cristiana, culminó en derrota pero los cristianos se enfrentan ahora a la amenaza de las hordas moscovitas ateas y no está tan claro que las bombas atómicas vayan a darle un argumento indiscutible al teísmo.

Pero dejemos de pensar en las religiones en términos tan geopolíticos, cosa que cada vez recibe mayor rechazo por parte de la gente pensante desde los tiempos de los antiguos griegos. Desde esa época ha habido hombres que, no contentos con aceptar pasivamente el dictamen religioso de sus convecinos, procuraron tomar en consideración todo aquello que la razón y la filosofía pudieran aportar al asunto. En las ciudades comerciales de Jonia, en las que se inventó la filosofía en el siglo VI a. C., ya existían los librepensadores. Comparados con los librepensadores de nuestros días, aquéllos lo tenían muy fácil porque los dioses olímpicos, aun resultando encantadores como fantasías literarias, difícilmente podían ser defendidos mediante el uso metafísico de la sola razón.

Tropezaron a nivel popular con el orfismo (al cual tanto le debe el cristianismo) y, filosóficamente, con Platón, en quien se basaron los griegos para producir un monoteísmo filosófico muy distinto del monoteísmo político y nacionalista de los judíos. Cuando el mundo griego se convirtió al cristianismo combinó las nuevas creencias con la metafísica platónica engendrando así a la teología. Los teólogos católicos, desde los tiempos de San Agustín hasta hoy, vienen creyendo que la existencia de un solo Dios puede demostrarse utilizando la razón solamente. Su argumentario tomó su forma definitiva en el siglo XIII, de la mano de Santo Tomás de Aquino. Cuando la filosofía moderna echó a andar en el siglo XVII, Descartes y Leibnitz recuperaron el antiguo argumentario, lo afinaron un poco y, de este modo, gracias a los esfuerzos de ambos principalmente, ser creyente siguió siendo algo respetable desde una perspectiva intelectual. Pero Locke, aunque él mismo era un cristiano convencido, socavó las bases teóricas del viejo argumentario y muchos de sus seguidores, especialmente en Francia, acabaron ateos. Aquí no pretendo presentar en la infinidad de sus matices los argumentos filosóficos a favor de la existencia de Dios.

La primera causa

Sin embargo, creo que uno de ellos sigue teniendo peso entre los filósofos y es el argumento de la Primera Causa. Este argumento sostiene que, ya que todo lo que ocurre tiene una causa, ha de existir una Primera Causa a partir de la cual empiece todo el encadenamiento de causas. El argumento adolece del mismo defecto que el del elefante y la tortuga. Se dice (ignoro con qué certeza) que cierto sabio hindú creía que la tierra descansaba sobre un elefante. Cuando se le preguntó sobre qué descansaba el elefante, el sabio respondió que sobre una tortuga. Cuando se le preguntó sobre qué descansaba la tortuga, dijo: “ya me he cansado, ¿qué tal si hablamos de otra cosa?”. Esto ilustra lo insatisfactorio que resulta el argumento de la Primera Causa. Sin embargo se puede leer en ciertos tratados de física ultramodernos que ciertos procesos físicos, cuyo rastro puede seguirse remontándose en el tiempo, indican que debe haber existido un inicio repentino, de donde desprenden que ello se debió a la creación divina. Se abstienen cuidadosamente de intentar aclarar que dicha hipótesis hace que las cosas nos resulten más entendibles.

Los argumentos escolásticos a favor de la existencia de un ser supremo son hoy objeto de rechazo por parte de la mayoría de los teólogos protestantes que sí se muestran a favor de argumentos nuevos que, a mi modo de ver, no significan avance alguno. Los argumentos escolásticos fueron esfuerzos genuinos del pensamiento y, de haber sido sólidos sus razonamientos, habrían probado que sus conclusiones eran verdaderas. Los nuevos argumentos preferidos por los modernos son imprecisos y dichos modernos reciben con desdén cualquier intento de hacerlos menos vagos. Se apela al corazón antes que al intelecto. Ya no se afirma que quienes rechazan los nuevos argumentos son gente ilógica sino que carecen de sentido de la moral o de buenos sentimientos. Pero examinemos, no obstante, los argumentos modernos y veamos si efectivamente demuestran algo.

Optimismo evolutivo

Uno de los argumentos preferidos proviene de la evolución. El mundo estuvo una vez sin vida y, cuando ésta comenzó, se trataba de una vida incipiente formada por un cieno verdoso y otras cosas poco interesantes. Gradualmente y mediante la evolución aquello fue deviniendo en animales, plantas y finalmente en el HOMBRE. El hombre, nos aseguran los teólogos, es un ser tan extraordinario que bien puede se puede considerar como la culminación a la que dieron preludio las dilatadas edades de la nebulosa y del cieno. Imagino que los teólogos han tenido mucha suerte con los seres humanos a los que han tratado. No parecen haber dado un peso suficiente a Hitler o a la Bestia de Belsen. Si la Omnipotencia, contando con todo el tiempo posible, creyó afortunado llegar a estos individuos tras muchos millones de años de evolución, sólo se me ocurre decir que aquí entran en juego una moral y una estética peculiares. Sin embargo no cabe duda de que los teólogos esperan que el curso venidero de la evolución vaya dando más hombres como ellos mismos y menos hombres como Hitler. Esperémoslo también nosotros pero, al albergar esta esperanza, abandonamos el terreno de la experiencia y nos refugiamos en un optimismo que hasta ahora tiene el desmentido de la historia.

Existen otras objeciones a este optimismo evolutivo. Hay sobradas razones para pensar que la vida en nuestro planeta no continuará indefinidamente así que cualquier optimismo que esté basado en el curso de la historia terrena necesariamente ha de ser temporal y de alcance limitado. Por supuesto, puede haber vida en otros lugares pero, aunque la haya, no sabemos nada de ella y no tenemos razones para suponer que guarda más parecido con la virtud de los teólogos que con Hitler. La Tierra es un rincón minúsculo del universo. Es un pequeño fragmento del sistema solar. El sistema solar es un pequeño fragmento de la Vía Láctea y la Vía Láctea es un pequeño retazo entre los muchos millones de galaxias que hoy muestran los telescopios modernos. En este pequeño arrabal insignificante del cosmos se da un interludio efímero entre dos edades donde no existe la vida. En ese breve interludio está contenido un interludio aun más breve, que es el de la humanidad. Si es cierto que el hombre es el propósito del universo el prefacio parece extenderse un poco más de lo necesario. Esto le hace a uno acordarse de ese caballero insoportable que cuenta una inacabable anécdota que no tiene ningún interés hasta el pequeño detalle en donde termina. No creo que los teólogos demuestren tener una gran devoción al hacer posible una comparación semejante.

Sobre estimar la importancia de nuestro planeta ha sido uno de los defectos de los teólogos de todos los tiempos. Claro que esto era natural en épocas anteriores a Copérnico en las que se pensaba que los cielos giraban alrededor de la Tierra. Pero desde Copérnico, y aun con más razón desde la exploración moderna de regiones distantes, esta obsesión por la Tierra se ha vuelto algo provinciana. Aun si el universo tuviese un creador, es poco razonable suponer que estuviese especialmente interesado en nuestro pequeño rincón. Si no lo estuviese, sus valores deben haber sido distintos a los nuestros ya que en la inmensa mayoría de regiones es imposible la vida.

Papá Noel y el argumento moralista

Existe un argumento moralista para creer en Dios que fue popularizado por William James. Según este argumento, debemos creer en Dios pues, si no, no nos comportaremos correctamente. La primera y mayor objeción a este argumento es que, como mucho, no puede demostrar que exista Dios sino quizá sólo que los políticos y pedagogos deben tratar de convencer a la gente de que existe. Que esto deba hacerse o no, no es una cuestión teológica sino política. Los argumentos son de la misma naturaleza que los que insisten en que a los niños se les debe inculcar el respeto a la bandera. Un hombre que albergue cualquier sentimiento religioso genuino no se va a conformar con la idea de que la creencia en Dios es útil porque lo que a él ciertamente le preocupará saber es si de verdad Dios existe. Es absurdo sostener que ambas preguntas son la misma. En el jardín de infancia la creencia en Papá Noel es útil pero la gente adulta no cree que eso demuestre que Papá Noel sea algo verídico.

Como no nos interesa la política, podemos entender esto como una refutación suficiente al argumento moralista pero quizá convenga continuar un poco más. En primer lugar es bastante dudoso que la creencia en Dios produzca los beneficios morales que se le atribuyen. Muchos de los mejores hombres que la historia ha conocido no fueron creyentes. John Stuart Mill puede servir como un ejemplo de lo dicho. Asimismo, mucha de la peor gente ha estado compuesta por creyentes. De estos hay muchos ejemplos aunque quizá Enrique VIII pueda servir como prototipo.

Sea como fuere, siempre resulta desafortunado que los gobiernos se pongan a defender ideas porque resultan útiles antes que porque son verdaderas. Cuando se actúa bajo esta lógica se hace necesario establecer una censura que suprima los argumentos contrarios y se juzga acertado desalentar el pensamiento entre los jóvenes por miedo a promover «pensamientos peligrosos». Cuando tales prácticas nefastas se utilizan en contra de la religión, como ocurre en la Rusia soviética, los teólogos ven claramente que son malas pero siguen siendo malas cuando se aplican en la defensa de lo que los teólogos consideran bueno. La libertad intelectual y el hábito de dar valor a la evidencia son asuntos de mucho mayor alcance moral que la creencia en este o en aquel dogma teológico. Por todo esto no se puede sostener que las creencias teológicas hayan de defenderse debido a su utilidad, sin considerar si son o no verdaderas.

Este argumento tiene una versión más simple y más ingenua que apela al corazón de muchos. La gente nos dirá que, sin el consuelo de la religión, sería intolerablemente desdichada. Si ello es cierto, se trata de un argumento pleno de cobardía. Nadie más que un cobarde decidiría conscientemente vivir en un paraíso de ficción. Cuando un hombre sospecha la infidelidad de su esposa nadie lo considera mejor por cerrar los ojos a lo evidente. No se me ocurre ningún motivo por el que ignorar lo evidente sea algo vergonzoso en un caso y admirable en otro. Además, se exagera la importancia de la religión en su contribución a la felicidad individual. Ser feliz o infeliz depende de cierto número de factores. A la mayor parte de personas les es necesario tener buena salud y alimento suficiente. Necesitan que su entorno social tenga buena opinión de ellos y también el cariño de sus allegados. Necesitan no sólo salud física sino también salud mental. Dadas todas estas cosas, la mayor parte de las personas será feliz al margen de cuál sea su teología. Sin estos requisitos, la gente será infeliz, sea cual sea su teología. Al pensar en las personas que he conocido no veo que, en la media, fueran más felices los que tenían creencias religiosas que los que no las tenían.

Propósito cósmico y designio divino

En lo que respecta a mis creencias íntimas, no me veo capaz de percibir ningún propósito en el universo y, lo que es más, me veo aun menos capaz de desear percibir semejante cosa. Aquellos que imaginan que el curso de la evolución cósmica conduce lentamente a algún tipo de consumación agradable al creador, se encuentran comprometidos lógicamente (aunque, por lo general, no son conscientes de ello) con la idea de que el creador no es omnipotente pues, si lo fuese, bien podría determinar el fin sin preocuparse por los medios. Yo mismo no percibo ninguna consumación hacia la que necesariamente se dirija el universo. Según los físicos, la energía irá distribuyéndose gradualmente de forma cada vez más uniforme y a medida que lo haga se irá volviendo cada vez más inútil. Poco a poco, todo aquello que encontramos interesante o nos agrada, como la vida o la luz, desaparecerá —al menos eso nos aseguran—. El cosmos es como un teatro en el cual sólo se representa una función pero, cuando cae el telón, el teatro queda frío y vacío hasta que queda sumido en la ruina. No pretendo afirmar positivamente que esto tiene que ser así. Ello implicaría asumir más conocimiento del que poseo. Solamente digo que esto es lo probable de acuerdo a los datos que hoy existen. No voy a afirmar dogmáticamente que no existe un propósito cósmico pero sí diré que no hay la menor prueba de que éste exista.

Diré incluso más, si existe un designio y tal designio es el de un creador omnipotente, entonces dicho creador, lejos de ser amante y benigno, como nos contaron, debe poseer un nivel de maldad difícil de imaginar. Consideramos mala persona a un hombre que comete un asesinato. Una deidad omnipotente, de existir, asesina a todo el mundo. Un hombre que, por propia voluntad, trajese el cáncer sobre otra persona sería tenido por un desalmado. El creador, si existe, inflige esta enfermedad espantosa a millares todos los años. Condenaríamos a cualquier hombre que, a pesar de tener en su mano el poder y conocimiento necesarios para hacer buenos a sus hijos, decidiera hacerlos malos. Pero Dios, si existe, decide esto mismo para muchos de sus hijos. La misma idea de un Dios omnipotente al que no se puede criticar sin pecar puede haber surgido sólo bajo despotismos orientales donde los señores seguían siendo reverenciados por los siervos a pesar de sus caprichosas crueldades. Es la psicología de ese sistema político anticuado la que aún sobrevive rezagada en la ortodoxia teológica.

Existe, es cierto, un teísmo más moderno según el cual Dios no es omnipotente y se limita a hacer lo que puede con mucha dificultad. Esta idea, aunque es nueva entre los cristianos, no es inédita en la historia del pensamiento. De hecho, puede hallarse en Platón. No creo que se pueda demostrar que tal idea es falsa. Estimo que lo más que puede decirse es que no tiene razones la apoyen.

Una tetera de porcelana

Mucha gente ortodoxa se expresa como si imaginara que a quienes les corresponde rebatir los dogmas tradicionales es a los escépticos, en vez de corresponder su demostración a los propios dogmáticos. Naturalmente, esto no es así. Si yo sugiriese que existe una tetera de porcelana entre la Tierra y Marte que orbita en una trayectoria elíptica alrededor del sol, nadie sería capaz de rebatirme siempre y cuando yo me cuidase de advertir que dicha tetera es demasiado pequeña como para poder ser detectada inclusive por nuestros instrumentos más potentes. Pero, ya que no se puede probar que no existe lo que yo digo, si yo ahora afirmara que resulta inadmisiblemente presuntuoso por parte de la razón humana dudar de ello, la gente pensaría muy acertadamente que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de esa tetera también fuese sostenida por afirmaciones escritas en libros antiguos, impartida como enseñanza sagrada todos los domingos e introducida en las mentes de los niños y niñas en la escuela, el dudar de su existencia sería visto como un signo de extravagancia que merecería la atención del psiquiatra, en una época ilustrada, o del inquisidor, en una época anterior. Se acostumbra a suponer que si un credo está extendido es porque debe existir algo razonable en el mismo. No creo que nadie que haya estudiado historia pueda sostener tal idea. Prácticamente todas las creencias de los salvajes son absurdas. En las primeras civilizaciones quizá exista un uno por ciento que sea rescatable. En nuestros días… aquí me conviene andar con cuidado. Todos sabemos que existen creencias absurdas en la Rusia soviética. Si somos protestantes, sabemos que los católicos tienen creencias absurdas. Si somos católicos, sabemos que existen creencias absurdas entre los protestantes. Si somos conservadores, nos sorprenden las supersticiones que se pueden hallar en el seno del Partido Laborista. Si somos socialistas, nos horroriza la credulidad de los conservadores. No conozco la naturaleza de sus creencias, estimado lector, pero, sean las que sean, debe usted admitir que el noventa por ciento de las creencias del noventa por ciento de la humanidad son totalmente irracionales. Por supuesto, tales creencias no son las que usted observa. Por tal motivo no puedo juzgar impertinente dudar de algo que siempre se haya tenido por cierto, especialmente cuando tal creencia sólo triunfa en ciertas regiones geográficas, como ocurre con las opiniones teológicas.

Llego a la conclusión de que no existe razón para dar crédito a ninguno de los dogmas de la teología tradicional y, lo que es más, ni siquiera hay razón para desear que sean verdaderos. El hombre, con los límites que le impone la naturaleza, puede resolver su propio futuro. Tiene la oportunidad y la responsabilidad de hacerlo.

(*) Bertrand Russell, en 1952, escribió por encargo este artículo para la revista Illustrated Magazine, el cual ésta no llegó a publicar finalmente.
https://alexiscondori.com/translation/0002-bertrand-russell-existe-dios

La monja católica que fingió su muerte para entregarse en manos del deseo

El oscuro secreto de la monja católica que fue poseída y escapó de un convento

En ocasiones, algunos monjes y monjas, por algún motivo en particular —de índole pecaminosa o no— decidían escapar de sus obligaciones religiosas y huir de los  conventos. Tal fue el caso de Joan, una monja benedictina que habitaba en el priorato de San Clemente, en York, Reino Unido, quien, de acuerdo con un manuscrito que data del siglo XIV, explica cómo escapó del celibato y las reglas de la vida conventual. Joan, quien obtuvo una advertencia de que volviese al convento, aparentemente —y de acuerdo con la versión que el arzobispo William Melton escribió en 1318— fingió una enfermedad y confeccionó un muñeco a su imagen que la reemplazaría después su muerte, esto ayudaría a despistar a todos y que sería enterrado en su lugar, mientras ella escapaba a una vida sin las restricciones conventuales. 

El oscuro secreto de la monja católica que fue poseída y escapó de un convento 1

«y de una forma astuta y nefasta… después de haberle dado la espalda a la decencia y el bien de la religión, seducida por la indecencia, se involucró irreverentemente y pervirtió su camino de vida con arrogancia hacia la lujuria carnal y lejos de la pobreza y la obediencia, y, habiendo roto sus votos y descartado su hábito religioso, ahora deambula con el peligro notorio de su alma y el escándalo de toda su orden».  

Esto escribiría el arzobispo sin dar ninguna otra explicación posterior del devenir de esta monja benedictina, ni mayor aclaración sobre sus reales motivaciones, más allá de esa irremediable lujuria que tomó control de ella, poseyéndola, como cualquier otro demonio en una película actual. Resalta que Joan de Leeds tuvo algunos cómplices en su tarea, aunque no hay registro de castigos por ello. Su escape y la manera como lo consiguió fue un escándalo mayor considerando que enterraron en tierra sagrada un muñeco en lugar de una monja como tal.

El oscuro secreto de la monja católica que fue poseída y escapó de un convento 2

Así como el caso de Joan de Leeds, existen otros que también detallan como monjas se olvidan de sus obligaciones conventuales para entregarse a una vida de lujuria y hombres, lo cual algunos sospechan que sólo era una consecuencia de enviar a estos sitios a las mujeres que no deseaban una vida monástica o que tan sólo estaban en espera de contraer matrimonio.

Estos acontecimientos los encontró la profesora Sarah Rees Jones, líder de un proyecto que tiene como objetivo traducir del latín 16 tomos de registros de los asuntos de los arzobispos de York durante el siglo XIV, que si bien estaban disponibles al público, su idioma original había frenado la divulgación del conocimiento allí depositado sobre la vida conventual y espiritual. 
El oscuro secreto de la monja católica que fue poseída y escapó de un convento 3
Fotografía que contiene el registro de Joan de Leeds. / Foto: York Archbishops’ Register (https://archbishopsregisters.york.ac.uk/). Situaciones similares también se han encontrado en países latinoamericanos, en los que los registros de los conventos, así como de la Santa Inquisición han dejado un gran legado sobre las mujeres que dedicaron su vida a Dios y que, en algunas ocasiones, ya fuera por visiones o posesiones debían escapar o arriesgarse a ser procesadas por la Inquisición.