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Atajos del pensamiento

Sobre el cerebro heurístico y la toma de decisiones de médicos y pacientes
Autor: Gonzalo Casino Fuente: IntraMed / Fundación Esteve  
http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=92598&uid=520577&fuente=inews

Pensar, lo que se dice pensar racionalmente, es tremendamente lento y fatigoso para el cerebro humano. Si podemos evitarlo, a buen seguro que lo haremos. En cambio, nos resulta muy fácil reconocer todo tipo patrones, empezando por las caras, algo que hacemos con agilidad y sin aparente esfuerzo. Si no fuéramos tan buenos en esto, podríamos ver un mundo nuevo y diferente cada día, ya que ver es en realidad reconocer, pero tendríamos infinidad de problemas cotidianos, incluso de supervivencia. La mayoría de nuestras opiniones y decisiones no se basa en un análisis sosegado y racional, sino que parecen respuestas “prefabricadas” con experiencias similares previas y patrones almacenados en nuestro cerebro. Las intuiciones y el sentido común, pero también los prejuicios y los juicios de experto, son variantes del llamado pensamiento heurísticoTodas estas estrategias del pensamiento son como atajos mentales que nos permiten encontrar respuestas rápidas, aunque a menudo imperfectas, a preguntas complejas, pues en realidad lo que respondemos es una pregunta alternativa más sencilla.

Un dilema habitual en medicina es si conviene actuar rápido a riesgo de equivocarse, confiando en el juicio experto, o analizar el caso con calma a riesgo de actuar demasiado tarde

La práctica médica es un caso particular de un modo de pensar y actuar muy habitual. ¿Cómo piensan los médicos? ¿Cómo tomas sus decisiones? Pues como todos los seres humanos, con más heurística que razonamiento. Los médicos, como tantos otros profesionales, tienen que tomar decisiones expertas con cierta rapidez y recurren para ello a estos atajos del pensamiento. Un ajedrecista, quizá el mayor especialista en estos atajos, no piensa racionalmente sino heurísticamente, tras visualizar en un instante infinidad de patrones y posibilidades. El ojo clínico, tan denostado por algunos puristas de la ciencia médica, es como el ojo del buen cubero: una capacidad de experto consolidada por la experiencia. En medicina, como en otros oficios y profesiones, los especialistas con más experiencia tienden a confiar en su capacidad heurística para diagnosticar y resolver otros problemas complejos con rapidez y tino, mientras que los más novatos, por su menor habilidad para reconocer patrones, no tienen más remedio que recurrir al pensamiento analítico, realizar numerosas pruebas y repensar las diferentes posibilidades, lo que quizá sea más certero, pero sin duda es más lento.

La medicina, como gustan decir algunos, es a la vez ciencia y arte. Pues bien, ese “arte” de la medicina se asimila en buena medida al conocimiento heurístico de los médicos, una competencia que se materializa en la toma de decisiones. Buena parte de los protocolos y guías clínicas no son sino balizas para encauzar el reconocimiento de patrones en el marco del conocimiento científico, para que la natural inclinación heurística no se desmadre. Donde no llega la ciencia, ahí tenemos la heurística; y donde no llega a tiempo el pensamiento analítico, ahí tenemos la habilidad de reconocer semejanzas o responder preguntas más sencillas. Un dilema habitual en medicina es si conviene actuar rápido a riesgo de equivocarse, confiando en el juicio experto, o analizar el caso con calma a riesgo de actuar demasiado tarde. En casos urgentes está claro que no hay tiempo para análisis reposados, pero ¿acaso en las consultas médicas de unos pocos minutos no se toman también decisiones rápidas? Aquí, además, entran en colisión la heurística experta del médico y la inexperta del paciente, dos maneras de pensar quizá demasiado alejadas y cada una con sus propios sesgos. Para que haya un buen diálogo hace falta tiempo, como primera condición, pero también que todos seamos cada vez más conscientes del papel de la heurística en la toma de decisiones de médicos y pacientes. El conocimiento de estos atajos del pensamiento está todavía en pañales, pero ya nos permite entrever que, junto a algunas ventajas, también tienes sus riesgos.

¿Qué es un heurístico?

https://psicologiaymente.net/inteligencia/heuristicos-atajos-mentales-pensamiento

En psicología, un heurístico es una regla que se sigue de manera inconsciente para reformular un problema planteado y transformarlo en uno más simple que pueda ser resuelto fácilmente y de manera casi automática. En definitiva, es una especie de truco mental para guiar la toma de decisiones por senderos del pensamiento más fáciles.

https://lamenteesmaravillosa.com/heuristicos-los-atajos-de-la-mente/

La psicología de la toma de decisiones clínicas

El problema clave es la suposición actual de que los médicos y los pacientes son, en general, tomadores de decisiones racionales
Autor: Jerry Avorn, M.D. Fuente: New England Journal of Medicine 2018; 378:689-691 / DOI: 10.1056/NEJMp1714987 The Psychology of Clinical Decision Making — Implications for Medication Use

Hace cien años, Albert Einstein dio vuelta la física con su teoría general de la relatividad, revelando que el mundo directo que Newton había descrito era alucinantemente más complejo.

En octubre de 2017, el Premio Nobel de Física fue otorgado a científicos cuyos elegantes experimentos sobre ondas gravitacionales demostraron que Einstein había tenido razón. En una semana, el Premio Nobel de Economía fue otorgado a Richard Thaler por un salto conceptual comparable, lo que demuestra que nuestro modelo de decisiones humanas, una vez ordenado, es demasiado simple para explicar la realidad.

Al igual que los esfuerzos anteriores de los economistas del comportamiento como Amos Tversky y Daniel Kahneman, el trabajo de Thaler explicó que las personas a menudo no toman decisiones actuando como los equilibradores racionales del riesgo y la recompensa asumidos por la economía clásica. Ese trabajo, junto con las ideas de académicos de toma de decisiones más orientados de forma convencional, tiene profundas implicaciones para la medicina.

La física moderna aceptó y se basó en las implicaciones del trabajo de Einstein, y la economía contemporánea está lidiando con la aplicación de las perspectivas de Thaler y sus colegas. Pero la mayoría de la medicina aún no ha integrado las implicaciones de la investigación actual en la toma de decisiones, aunque la práctica clínica se trata de tomar las decisiones correctas.

Estamos influenciados por preferencias aparentemente irracionales al tomar decisiones

El problema clave es la suposición actual de que los médicos y los pacientes son, en general, tomadores de decisiones racionales. En realidad, todos estamos influenciados por preferencias aparentemente irracionales al tomar decisiones sobre la recompensa, el riesgo, el tiempo y las compensaciones, que son bastante diferentes de lo que se predeciría mediante cálculos cuantitativos.

Aunque los médicos a veces nos resistimos al silogismo, si todos los seres humanos son propensos a la toma de decisiones irracionales, y todos los médicos son humanos, estas ideas deben tener implicaciones importantes para el cuidado del paciente y la política de salud.

Ha habido algunas aplicaciones innovadoras aisladas de esa comprensión en medicina, pero a pesar de un número creciente de publicaciones sobre la psicología de la toma de decisiones, la mayoría de la atención médica, al pie de cama del enfermo y a nivel de sistemas, sigue basándose en una comprensión de un “actor racional” acerca de cómo tomamos decisiones.

Las decisiones que tomamos sobre los medicamentos con receta brindan un ejemplo de cuánto más podría avanzar la medicina al aprovecharse de una comprensión más matizada de la toma de decisiones en condiciones de incertidumbre, una descripción que podría definir la profesión misma.

Persistimos en suponer que los médicos pueden obtener información exhaustiva sobre el valor comparativo (clínico y económico) de las opciones de fármacos alternativos para una afección dada, asimilar y evaluar todos los hallazgos, y sintetizarlos para tomar las mejores decisiones farmacológicas para nuestros pacientes.

Dejando de lado el problema de acceso -la investigación de efectividad comparativa necesaria a menudo no existe- los datos reales de utilización de drogas dejan en claro que las elecciones de prescripción en el mundo real se basan en gran medida en varios sesgos “irracionales”, muchos de los cuales han sido descritos por economistas del comportamiento y otros teóricos de la decisión.

Nuestras creencias están moldeadas por experiencias recientes mucho más que por eventos remotos

Por ejemplo, estamos influenciados desproporcionadamente por la información más destacada y digerible, en lugar de una visión general integrada de todos los datos. Este hecho ayuda a explicar el poder de los materiales promocionales farmacéuticos simplistas, a menudo entregados en nuestros consultorios junto con un delicioso almuerzo.

También nos mueve la perspectiva de daños o pérdidas más que por la de los beneficios o ganancias de tamaño idéntico. Por lo tanto, la baja probabilidad de causar una hemorragia intracerebral mediante la prescripción de un anticoagulante para un paciente con fibrilación auricular puede influir en la práctica más que la oportunidad de prevenir muchos más accidentes cerebrovasculares isquémicos con dichos medicamentos.

Nuestras creencias están moldeadas por experiencias recientes mucho más que por eventos remotos (“sesgo del último caso”). Y, a menudo, sobreestimamoslas probabilidades pequeñas (como los riesgos de drogas poco comunes) en comparación con las grandes (como los beneficios de los medicamentos) por la misma razón que muchas personas temen morir en un accidente aéreo más que en un accidente automovilístico, aunque este último sea mucho más probable.

Se han desarrollado varios enfoques que reconocen estos defectos humanos y los abordan de frente. El “detailing académico” es una forma de divulgación educativa en la que los educadores especialmente capacitados se reúnen con médicos en sus propias oficinas para discutir interactivamente la comprensión del médico de una situación particular de uso de medicamentos, teniendo en cuenta los propios sesgos y déficit de datos del prescriptor, con el objetivo de trasladar al médico a más opciones de fármacos basadas en la evidencia.

Dicha transferencia de información tampoco puede lograrse mediante la difusión unidireccional de directrices y copias de las guías de práctica clínica, independientemente de si se trata de datos, o aplicando el teléfono para requisitos de autorización. Este enfoque ha sido documentado en ensayos aleatorizados para mejorar efectivamente las opciones de prescripción.

Un “empujón” es la estrategia de hacer de una alternativa la preferida o la opción predeterminada cuando existen varias alternativas

Algunos preceptos centrales de la economía del comportamiento se han introducido en la atención médica como el rediseño de la “arquitectura de la elección” mediante el uso del concepto del “empujón”. Un término acuñado por Thaler y Sunstein, un empujón es la estrategia de hacer de una alternativa la preferida o la opción predeterminada cuando existen varias alternativas.

Este enfoque se puede automatizar y, por lo tanto, es altamente escalable. Los ejemplos incluyen indicaciones en los sistemas de pedidos que ofrecen el mejor medicamento de una clase como la selección predeterminada o presentan una dosis preferida para un determinado medicamento en función de la edad o la función renal del paciente. Pero al igual que con otras ayudas automatizadas de decisión, el uso incauto de este método puede introducir daños y beneficios.

Ir más allá del modelo simplista del “actor racional” también puede ser útil para mejorar las elecciones de uso de medicamentos hechas por los pacientes, al abordar el enorme problema de la falta de adherencia.

Décadas de rigurosos ensayos aleatorios han demostrado la eficacia de medicamentos seguros y bien tolerados, como las estatinas para prevenir los eventos cardiovasculares, pero la mayoría de las aseguradoras imponen requisitos de copago que crean un desincentivo económico para su uso. Un ensayo aleatorizado simplemente eliminó los copagos de los medicamentos cardíacos clínicamente útiles para los pacientes que habían tenido un infarto de miocardio, lo que mejoró las tasas de renovación de la medicación y redujo la incidencia de eventos cardiovasculares posteriores.

Existen, por supuesto, muchos aspectos de la atención médica para los cuales las perspectivas sobre la psicología de la toma de decisiones serán menos aplicables. Los tipos de intervenciones descritas aquí no pueden abordar decisiones problemáticas que están influenciadas por la economía, como el uso excesivo o subutilizado de agentes estimuladores de la eritropoyesis por los centros de diálisis debido a incentivos de pago o elecciones cuestionables de quimioterapia en la zona gris que pueden impulsar los ingresos de oncólogos e instituciones que dependen de tales tratamientos para su éxito económico. Como señaló una vez Upton Sinclair, es difícil lograr que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda.

Pero para una gran variedad de otras decisiones clínicas económicamente neutras sobre las opciones terapéuticas, las perspectivas cada vez más importantes de la economía del comportamiento y la psicología de la toma de decisiones pueden ayudarnos a mejorar los resultados de la atención médica y a contener sus costos.

Las ciencias naturales han adoptado con éxito nuevos modos de comprensión en física, química y biología y se han construido sobre esas nuevas bases para avanzar. Los cambios de paradigma similares han sido más un desafío para los políticos, como se refleja en su dificultad para integrar los conocimientos de la economía y la psicología en las aplicaciones cotidianas.

La práctica médica, como un híbrido entre la ciencia y las ciencias sociales, podría beneficiarse al aprender del trabajo del Nobel de economía más reciente y de otros investigadores del comportamiento, incluso si este trabajo parece remoto de las ciencias que estamos acostumbrados a estudiar.

Comprender y abordar los pliegues y giros inesperados en la toma de decisiones humanas podría producir mejoras en la atención análogas a las basadas en la comprensión y el tratamiento de los pliegues y giros inesperados en el ADN de nuestros pacientes.

Erotismo en la Sexualidad

expo-sexo-y-erotismo-2017 

Luis Carlos Rosero García, Victor Hugo Rosero Arcos & Luis Ferney Mora Acosta
Universidad Mariana / Colombia   
https://revistadepsicologiagepu.es.tl/Erotismo-en-la-Sexualidad.htm

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Luis Carlos Rosero GarcíaPsicólogo (Universidad de Antioquia), Especialista en Educación Sexual (U. Antonio Nariño – U. Mariana), Magister en Etnoliteratura (U. de Nariño). Profesor del Programa de Psicología, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, de la Universidad Mariana (Pasto – Nariño). Integrante del grupo de investigación: Psicología y desarrollo humano. Correo electronico: luiscarosero@yahoo.com
Referencia Recomendada: Rosero-García, L. C., Rosero-Arcos, V. H., & Mora-Acosta, L. F. (2013). Erotismo en la Sexualidad. Revista de Psicología GEPU, 4 (2), 163-173.

Resumen: La sexualidad es un tema sumamente complejo, en virtud de lo cual hay que encontrar caminos que allanen su aproximación. Una de tales rutas es la ofrecida por el erotismo, como un concepto que sirve de pivote para la comprensión de la condición humana, revelando que su acercamiento al otro se hace bajo la forma del amor cortes y de un amor teñido de angustias y soledad, en un tejido donde la discontinuidad revela las huellas de la subjetividad. En esa medida, la reflexión teórica conduce al encuentro con el erotismo como una de las dimensiones de la sexualidad que sobrepasa la perspectiva genital y reproductiva, accediendo al terreno de la pulsión y con ello a nutrirse de todas las posibilidades del lenguaje como matriz de lo inconsciente.

Para efectos de hacer una reflexión de tipo epistemológica sobre el erotismo, es conveniente adentrarse al territorio en el cual se nutre, esto es, en la sexualidad. Ahora bien, en este sentido resulta imprescindible remitirse a las teorías que a lo largo de la historia han ubicado a la sexualidad humana como parte fundamental de la constitución subjetiva, mirando más allá de la prohibición a la cual este tema conlleva.

Con la intención de establecer un orden cronológico de la evolución de los conceptos y teniendo en cuenta la transformación histórica alrededor de cada época y, por consiguiente, de cada autor se asume como principal referente los aportes hechos por Sigmund Freud. A lo largo de su obra definió la sexualidad desde la experiencia clínica y la teoría psicoanalítica, no solamente como un proceso referido a las actividades y el placer dependientes del funcionamiento del aparato genital, sino a toda una serie de excitaciones y actividades existentes desde la infancia, que producen un placer que no puede reducirse a la satisfacción de una necesidad fisiológica fundamental (respiración, hambre, función excretora, etc.) y que se encuentra también a título de componentes en la forma llamada normal del amor sexual.

En uno de sus textos sobre el tema de la sexualidad (Freud, 1938), el autor recibe una fuerte resistencia por parte de la comunidad médica y los principios morales de la época, por lo cual sus aseveraciones provocarían escándalo y contradicción, al enfrentarse a las representaciones populares sobre la sexualidad. En el texto referido, sus principales hallazgos se hallan contenidos en los siguientes preceptos:

  1. La vida sexual no comienza solo con la pubertad, sino que se inicia con evidentes manifestaciones poco después del nacimiento.
  2. Es necesario distinguir una neta distinción entre los conceptos de lo “sexual” y lo “genital”. El primero es un concepto más amplio y comprende muchas actividades que no guardan relación alguna con los órganos genitales.
  3. La vida sexual  abarca la función de obtener placer en zonas del cuerpo, una función que ulteriormente es puesta al servicios de la procreación, pero a menudo las dos funciones no llegan a coincidir íntegramente.

A partir de las anteriores afirmaciones, el Psicoanálisis puede ser considerado como revolucionario en tanto rompe con una moral burguesa e “hipócrita” (en sentido conflictivo). Destructor de mitos, derribador de ilusiones, Freud no hace transacciones con los tabúes y valores con respecto a la sexualidad humana. Siempre buscaba el hecho implacablemente, no importándole lo grave que fuera. La herida narcisista habría sido ocasionada no solamente por el descubrimiento y formulación del inconsciente, sino también por  el descubrimiento de la sexualidad infantil en el ser humano, con todo su carácter perverso, como también por su formulación de las pulsiones de muerte o Tánatos. Fue sobre todo el descubrimiento de la sexualidad infantil lo que motivó el escándalo, ante lo cual no faltarían los que se atrevieron a pensar que: “¿cómo se atrevieron a pervertir a la inocente criatura?”, fue lo que clamaron hombres y mujeres que veían cerca al sepulcro sus viejas concepciones.

Se levantaron toda suerte de improperios contra quien formulara sus teorías sobre la sexualidad infantil al igual que al descubrir la “perversión” propia del infante. Y cuando habla de perversión no es en el sentido de valoración moral, puesto que tales valoraciones son muy ajenas al Psicoanálisis. De esta manera se queda sin piso la leyenda de la asexualidad infantil; la sexualidad que se entiende en la obra de Freud no es la del sentido popular, que la entiende en los términos biológicos de sistema genital y el acto sexual. Freud empleó el concepto “psicosexualidad” haciendo alusión a la inclusión de la esfera psíquica en el terreno de la sexualidad anatómico – fisiológica. Estas dos dimensiones son inseparables.

Entre los impulsos sexuales incluye, además, los sentimientos cariñosos y amistosos, o sea las tendencias sexuales coartadas en su fin o sublimadas, las cuales hacen parte de su teoría de las pulsiones. Es decir, las pulsiones sexuales también pueden ser empleadas en la creación de la cultura en su diversidad. Por lo anterior, puede afirmarse que la sexualidad ya no es vista desde la óptica reduccionista de lo meramente biológico, puesto que Freud instaura una reflexión nueva sobre la vida sexual humana.

Como se puede evidenciar, el concepto de sexualidad es uno de los que se consideran como pilares de la teoría psicoanalítica, tanto que a partir de él es necesario referirse a otros que guardan estrecha conexión, tales como pulsión sexual, libido, inconsciente, cuerpo y erotismo. Y, justamente, es a partir del último concepto como se pretenden hacer algunas lecturas reflexivas de lo que ocurre en la condición humana.

EROTISMO: ENTRE EL CUERPO Y EL PSIQUISMO

Antes de entrar en los escritos de Freud, lectura obligada en el tema del erotismo, resulta de gran valor retomar algunas de las propuestas de Georges Bataille (1997), quien ha hecho del erotismo un ingrediente fundamental en su literatura, causando gran perturbación en sus lectores.  Observemos lo que dice el autor:

Podemos decir del erotismo que es la aprobación de la vida hasta en la muerte. Propiamente hablando, esta no es una definición, pero creo que esta fórmula da mejor que ninguna otra el sentido del erotismo. Si se tratase de dar una definición precisa, ciertamente habríamos de partir de la actividad sexual reproductiva, una de cuyas formas particulares es el erotismo.

Bataille se encarga de hacer del erotismo un asunto nada escabroso, al contrario de como otros lo habían mostrado a partir de una inspiración supremamente moralista. Con el autor es posible encontrar las pistas para hacer del erotismo un tema de reflexión, que se conjuga con el toque sutil de intimidad que porta a su interior. Su apariencia de insoportable y de espinoso, toma un matiz de sensibilidad bajo la aproximación de este autor, al punto de afirmar que hay dos asuntos que están en el centro de la condición humana, esto es, lo que le otorgan el sello indiscutible: de un lado, la incorporación de la muerte a su existencia, y de otro lado, reconocer los trazos del erotismo en su experiencia de encuentro con el otro.

Nuestra tradición cultural, según el análisis hecho por Aller Atucha y Ruiz Schiavo (1994), ha heredado los designios de la moral judeo cristiana, con lo cual ha condenado toda expresión y función de la sexualidad que se aparte de su régimen al servicio de la naturaleza, en otras palabras, de la función reproductiva. En este orden de ideas, la propuesta de Bataille se compromete en una suerte de contundente denuncia al manifestar que el género humano es el único que puede hacer erotismo de su actividad sexual, porque a diferencia de los animales, tiene actividad sexual sin que necesaria e irreductiblemente medie el fin de procrear. En Bataille lo erótico se convierte en una cualidad que se concede a la relación sexual que no contempla a la reproducción como fin, tal y como el autor lo expresa:

En consecuencia, si el erotismo es la actividad sexual del hombre, es en la medida en que ésta difiere de la sexualidad animal. La actividad sexual de los hombres no es necesariamente erótica. Lo es cada vez que no es rudimentaria, cada vez que no es simplemente animal (Bataille, 1997, 33).

Se trata del erotismo en tanto se concibe como una forma tangencial de la actividad sexual reproductiva. Valga asumir, entonces, la sentencia que Bataille (1997) levanta a la manera de proclama, según la cual solo los hombres han hecho de su actividad sexual una actividad erótica (Bataille, 1997, p.15). En el erotismo se traduce una búsqueda independiente del fin natural dado en la reproducción y el cuidado consagrado a los hijos. Por tanto, “la actividad erótica (es) antes que nada una exuberancia de la vida” (Bataille, 1997, p. 15), aproximándose de esta manera a la muerte misma.

Con razón, Bataille enfatiza en el antagonismo de la reproducción y el erotismo, colocados en puntos absolutamente polarizados. “El erotismo se define por la independencia del goce erótico respecto de la reproducción considerada como fin, no por ello es menos cierto que el sentido fundamental de la reproducción es la clave del erotismo. La reproducción hace entrar en juego a unos seres discontinuos” (Bataille, 1997, p. 16). Asumiendo en este planteamiento que los seres que se reproducen son diferentes unos de otros.

En esta parte de la reflexión, no se puede excluir uno de los conceptos interesantes que maneja el autor en su libro El Erotismo (1997): la Discontinuidad. Concepto que implica a un ser que se debate entre la vida y la muerte, recorriendo la vida desde el nacimiento hasta su fallecimiento. “Cada ser es distinto de todos los demás. Su nacimiento, su muerte y los acontecimientos de su vida pueden tener para los demás algún interés, pero solo él está interesado en todo eso. Sólo él nace. Sólo él muere. Entre un ser y otro hay un abismo, hay una discontinuidad” (Bataille, 1997, p. 16 – 17).

Se trata de advertir una diferencia fundamental en los seres humanos, su discontinuidad, que se anuncia como un espacio trazado entre dos sujetos a la manera de ruptura, que en Bataille se puede leer de la siguiente manera:

Si ustedes se mueren, no seré yo quien se muera. Somos, ustedes y yo, seres discontinuos. Pero no puedo evocar este abismo que nos separa sin experimentar de inmediato el sentimiento de haber dicho una mentira. Ese abismo es profundo; no veo qué medio existiría para suprimirlo. Lo único que podemos hacer es sentir en común el vértigo del abismo. Puede fascinarnos. Ese abismo es, en cierto sentido, la muerte, y la muerte es vertiginosa, es fascinante (Bataille, 1997, p. 17).

Erotismo y muerte se convierten en las aristas de una misma figura, en la cual se debate el sujeto con sus emociones, sus pasiones y sus grandes temores frente a la finitud, con todo y lo fascinante que pueda parecerle.

A la luz de estos dos importantes conceptos, que pivotean de forma irremediable en la experiencia humana, no queda sino seguir la pluma del autor, para quien el erotismo alcanza su plenitud con la intervención de un  “elemento de violación, o incluso de violencia, que la constituye” (Bataille, 1997, p. 23). La mejor imagen que descubre esta representación es la del Marqués de Sade, quien, en el acto de matar, alcanza la cumbre de la excitación erótica.

Con justa razón, puede afirmarse que el erotismo, en esta perspectiva, se sale de la escena amorosa tradicional de occidente, donde el romanticismo asume el protagonismo; más bien, aquí el erotismo se pinta con la connotación de la “violencia” que la constituye. Se trata de un erotismo cuyo guión se observa fácilmente en los relatos del Marqués de Sade, donde el “acto de matar” representa la punta de su extrema consumación: la muerte. En el paso de la actividad sexual considerada como normal al deseo hay una fascinación por la muerte.

La muerte, acompañante siniestra de la condición humana, tomará revelaciones especiales en cada una de las tres formas del erotismo, que según Bataille (1997) son: el erotismo de los cuerpos, el erotismo de los corazones y el erotismo sagrado. El autor en mención reconoce la dificultad que entraña la expresión “erotismo sagrado”, que prácticamente conlleva un contrasentido, pero concluye que hay que admitir que todo erotismo es sagrado (Bataille, 1997, p. 20), lo cual no significa que se refiera al amor de Dios. Sea que el erotismo tome para sí la apariencia de los cuerpos, de los corazones o de lo sagrado, siempre el erotismo está cubierto por la oscuridad; más, sin embargo, siempre procura llegar hasta lo más íntimo del ser en cada sujeto.

Los artificios aparentemente inocuos de que se vale el erotismo, por ejemplo a través de la sensualidad y del amor cortés, no alcanzan a dar cuenta de su real profundidad. El sujeto que muestra Bataille supera los límites que su razón le impone, exponiéndose a la mirada expansiva del otro y de sí mismo. Se despoja de sus ropas y sus ataduras para mostrarse tal cual es ante el otro, ingresando en un acto profundamente comunicativo, que abre las cerraduras que le imprimía su propia discontinuidad. De esta manera, dice el autor que muy a su pesar se despliega en él un “sentimiento de obscenidad” (Bataille, 1997, p. 22), con el cual se vuelca la pretendida posesión o control sobre sí mismo.

Si bien es cierto, no queda duda que es posible incorporar el asunto del erotismo en las coordenadas del ser humano, la situación se complica con el tema de la obscenidad. El erotismo suele rayar en lo obsceno; dice Bataille que ello se basa en la desposesión de los cuerpos durante el acto amoroso, en el estado de desarreglo en el que los cuerpos se hallan, en esa vorágine que se inicia con un primer movimiento que sería el de la desnudez. Este concepto, contrario al pudor, se refiere a aquello que se desnuda; palabras, imágenes y sinnúmero de demandas lujuriosas que muestran lo más íntimo del ser. La obscenidad presente en el erotismo existe también por la violencia y el exceso en el sentir, y por lo que de infantil se juega en ello.

Finalmente, queda una impresión bastante conflictiva, y por qué no paradójica, respecto del erotismo, dada su proximidad con la muerte, con la obscenidad, con ese toque de violación que despliega en las crestas de su movimiento de oleaje. En el erotismo deseamos perecer, ser continuos con el otro, fusionarnos con el amado, agredir la ferocidad de la discontinuidad esencial. Erotismo que se acerca a las fronteras distantes del amor, aproximándose tanto al objeto del erotismo como al objeto del amor, ambos igualmente evanescentes, a la manera de lo que ocurre con el objeto del deseo.

En la propuesta de Bataille (1997), el erotismo se reconoce en el sello de su narrativa, que si bien pretende dejar una huella para la posteridad, se establece en las coordenadas del presente. Erotismo de los cuerpos, de los corazones o en fin, erotismo sagrado, que como dirá el autor, siempre todo erotismo es sagrado; evidencian que el escenario donde se juegan es el de la violencia. Se trata de un campo que gravita entre la vida y la muerte, entre lo bello y lo trágico, lo dulce y lo violento.

El erotismo que resuena en la obra de Bataille (1997) compromete a la historia y el cuerpo, y lo hace en tanto es una experiencia que remite a las paradojas y la contradicción que reinan en lo inconsciente. Sus melodías o sus ruidos provienen del cuerpo y finalmente será él el único que podrá escucharlos, ya que contiene las huellas de las experiencias que en su momento lo reclamaron.

RETORNO A LOS TEXTOS DE FREUD SOBRE EROTISMO

Si Freud causó un descomunal rechazo y aversión con sus Tres ensayos para una teoría sexual (1905), mostrando a propios y extraños que la sexualidad adulta se construye según las leyendas, las exploraciones y aventuras que protagonizó el niño, y que no en vano nuestras sexualidades tienen el sello de la perversión, con Bataille asistimos a una puesta en escena del erotismo. El erotismo se viste de arrebato, de la violencia que lo habita; es un erotismo que se abre a la muerte; y a la vez, dadas las pretensiones de fusión que provienen del alma, también el erotismo firma un pacto de conciliación con la vida. Es la contracara del erotismo, mezcla azarosa de lo siniestro y mortífero, tanto como de una porción de carnaval a la vida que se desliza en las historias de los amantes.

Después de experimentar extrañas y abigarradas sensaciones con la pluma de Bataille, en especial con su magistral obra El Erotismo (1997), conviene volver sobre los fueros del Psicoanálisis, al cual el mismo Bataille siempre le dirigió su mirada con picardía. El concepto de erotismo y de sexualidad tiende a no tener ninguna distinción conceptual, en tanto provienen los dos de un tronco común, como lo es la pulsión sexual. Sin embargo, se encuentra en Humberto Nágera la elaboración apropiada que aporta el rigor teórico sobre este asunto conceptual, al afirmar que “el término ‘erotismo’ (o eroticismo) se usa con relación a las excitaciones y gratificaciones vinculadas con la actividad de la pulsión y experimentadas originariamente en ciertas “zonas erógenas”” (Nagera, 1968, p. 40).

Con una pretensión de hacerle un seguimiento histórico al concepto de erotismo, Humberto Nágera (1968) se interna en la obra de Freud para capturar allí su proceso de elaboración. El autor manifiesta que hasta donde ha sido posible verificarlo, se considera que Freud usó el término “erotismo” por primera vez en “La ilustración sexual del niño” (Freud, 1908). Retomando a Freud, Nágera realiza una primera caracterización de la temprana infancia, diciendo que:

Este período de la vida, durante el cual un cierto monto de placer de carácter indudablemente sexual es producido por la excitación de distintas partes de la piel (zonas erógenas), por la actividad de algunos instintos biológicos y como una excitación complementaria en muchos estados afectivos, recibe el nombre de período de autoerotismo, utilizando un término introducido por Havelock Ellis. La pubertad se limita, luego, a reconocer la primacía de los genitales sobre todas las otras zonas y fuentes productoras de placer, forzando así al erotismo a ponerse al servicio de la reproducción (Nagera, 1968, p. 41).

Con relación a los renglones anteriores, Freud en su texto de “La ilustración sexual del niño” (1908), dice que la idea de que los niños son engendrados por un beso, muestra el predominio del erotismo oral. En la revisión que hace Humberto Nagera, se da cuenta que Freud utiliza las expresiones “erotismo oral” y “erotismo anal” para designar las “excitaciones que surgen de las zonas erógenas, los impulsos, deseos, y actividades pertenecientes a las pulsiones sexuales parciales que están vinculadas a las zonas y funciones corporales y a las fases pregenitales de desarrollo sexual que están dominadas por zonas erógenas específicas” (Nagera, 1968, p. 41 – 42).

Siguiendo con la reflexión exhaustiva al concepto de erotismo, Nágera hace notar que en una revisión hecha en 1920 a sus Tres ensayos sobre una teoría sexual (1905), “Freud dice: “… desde el inicio de la vida sexual de los niños pueden comprobarse los comienzos de la organización de los componentes sexuales infantiles. Durante una primera etapa, verdaderamente temprana, el erotismo oral ocupa la mayor parte del cuadro. La segunda de las organizaciones pregenitales se caracteriza por el predominio del sadismo y del erotismo anal…”” (Nagera, 1968, p. 42). De igual manera, se observa que en una nota del año 1920, “Freud utiliza las expresiones “erotismo  anal”, “erotismo uretral”, como sinónimos de los “componentes erógenos particulares” y también de las “disposiciones”” (Nagera, 1968, p. 42) y, de esta manera, justifica el significado dado anteriormente al concepto “erotismo”.

A la ampliación del concepto freudiano de erotismo, cabe señalar que éste permite abarcar una variedad de pulsiones derivadas, afirmación que llegó como “resultado de la evidencia de la plasticidad de las zonas erógenas, y de la capacidad que poseen de sustituirse las unas a las otras con relación a la gratificación o la excitación”, tal y como lo afirma Nágera (1968, p. 42). Y, además, al hecho de que muchas otras zonas, órganos y funciones del cuerpo puedan, por una vía afectiva o procesos de pensamiento de gran carga pulsional, convertirse “en el asiento de nuevas sensaciones (sexuales) y de cambios en la inervación” (Nagera, 1968, p. 42), que contribuyen a desencadenar una gran variedad de síntomas neuróticos.

Finalmente, en este recorrido teórico conceptual otro autor que marca un hito en la comprensión de la sexualidad y del erotismo es Michel Foucault. Afirmaba de la vida que era una obra de arte, y en los últimos años insistió mucho en el esteticismo como un proceso de transformación individual: “es imposible haber trabajado tantos años, para estar repitiendo lo mismo y no haber cambiado, esta transformación de uno mismo por el propio saber es en mi opinión algo cercano a la experiencia estética” (Foucault, 2003, p. 97).

Argumenta, además, cuando hace referencia al arte erótico oriental, que la verdad es concebida como placer en sí mismo comprendida como una práctica y acumulada como experiencia; el placer no es considerado con relación a una ley absoluta de lo permitido y lo prohibido, sino primero y principalmente con relación a sí mismo; es experimentado como placer evaluado en términos de su intensidad, su cualidad específica, su duración y sus resonancias en el cuerpo y el alma.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Encuentro en mi vida millones de cuerpos;

de esos millones de cuerpos puedo desear centenares;

pero, de esos centenares, no amo sino uno. El otro

del que estoy enamorado me designa la especificidad de mi deseo.

– Roland Barthes

El Erotismo está Tejido de Mensajes Con-Sentido

La conceptualización sobre el erotismo tiene múltiples posibilidades de aplicabilidad, para efecto de comprender la manera como el ser humano realiza sus investimientos libidinales, y en particular de cómo ocurren los movimientos con el erotismo, sea referido hacia su propio cuerpo tanto como cuando dirige su mirada a otro colocado en posición de objeto de amor.

Por tanto, en la reflexión sobre el concepto de erotismo, un asunto que recibe significativa consideración es el referido a la obtención del placer, en particular de cómo el placer puede derivarse en condiciones de desgenitalización, esto es, no solamente a través del acto sexual como tal, sino más bien, encaminando la búsqueda del placer en el acompañamiento mutuo, el apoyo y el desarrollo de actividades que se puedan asumir en pareja.

El axioma que circula en estas consideraciones teóricas estriba en conseguir y mantener las relaciones amorosas en términos de la estabilidad, esto es, de una suficiente duración en el tiempo y de la responsabilidad como el valor organizador del acontecimiento amoroso, donde la pareja logre encontrar un mayor éxtasis de entregar su cuerpo transmisor de erotismo a la persona que lo merezca de verdad y no hacerlo por el empuje biológico hormonal, lo cual los llevaría a actuar de forma instintiva y no según los designios del deseo.

En términos del erotismo, es evidente que los sujetos se encuentran a expensas de mensajes que circulan y determinan las complejidades del encuentro con el objeto de amor, siendo su intención avanzar con su propio paso hacia el sendero del placer, como la expresión que da cuenta de los designios de la sexualidad humana.

Se trata del peso de la masificación manipulada por los estándares de moda y belleza mundial, dejando de lado la particularidad del deseo. Lenguaje de la sexualidad y del amor que se ha dejado seducir e inducir por el ejercicio dirigido a la reproducción o a una prueba de amor acelerada; una gramática que deja de lado el valor de un encuentro exclusivo, que reclama el valor de la singularidad, de colocar sobre el tapete a dos seres que hablan desde su ser, portando los estandartes de un cuerpo y un alma que se ha nutrido de los mitos y rituales regionales y universales en torno al amor.

Para efectos de ampliar la reflexión, es importante ir hacia la lectura de Lacan, quien afirma que:

El mito es precisamente lo que puede ser definido como otorgando una fórmula discursiva a esa cosa que no puede trasmitirse al definir a la verdad, ya que la definición de la verdad solo se apoya sobre sí misma, y la palabra progresa por sí misma, y es en el dominio de la verdad donde ella se constituye (Lacan, 1953, p. 2). 

Siendo ésta una lógica que gira sobre los pilares del inconsciente, que solo es posible reconocer a través de las representaciones subjetivas y exclusivas que le dan un sentido a la historia amorosa. Y es por eso que para el  Psicoanálisis en cada sujeto habita el mito, que posteriormente va a construir y permitir la interacción social, siendo ésta el lugar donde ocurre el establecimiento de lazos amorosos en el cual participan activamente las memorias o recuerdos mnémicos que el inconsciente atesora como la base de indagación puesta al servicio de elegir y encontrar su objeto de deseo, a través de manifestaciones sexuales, amorosas y eróticas.

El mito, con el carácter de verdad que lo define, se convierte en la trama simbólica que ejerce la mediación, la posibilidad de darle sentido a las cosas. Sujetos que se han encargado durante su vida, de agregarle más historias al mito, de hacerlo más denso, incluyendo en él toda una serie de historias que provienen de los diferentes escenarios donde interactúan. Las palabras y mensajes provenientes de los padres, de los medios de comunicación y las instituciones oficiales (como la escuela – Universidad, la Iglesia y el discurso hegemónico del Estado) se han encargado de complejizar el mito. En ese sentido, la concepción del mito toma el camino que en la actualidad es posible reconocer en él: el mito tiene un cierto orden, una estructura y unas organizaciones para su narración, pero también es cierto que en el mito se puede reconocer una curvatura, lo cual significa que puede cambiar con el paso de los años.

En el caso de la juventud, cuando se escuchan sus historias respecto a su vida erótica, revelan la manera como en ellos se moviliza el mundo de sus pensamientos, sus sentimientos, sus emociones y sus prácticas amorosas. Todas estas dimensiones se escenifican en lo que ocurre con el cuerpo del joven. En las historias cotidianas de los sujetos pueden reconocerse una serie de matices corporales, haciendo del cuerpo el lugar para el acontecimiento de la sexualidad y la subjetividad. Fruto de una ola avasalladora de represión y censura a la vivencia y ejercicio de la sexualidad, al joven le corresponde construir escenarios alternos para su erotismo, donde el deseo pueda encontrar vías para su expresión. El bar, la calle, el parque a oscuras, los pequeños moteles, las fiestas de fin de semana o los paseos a las periferias de la ciudad, se confabulan para que el joven logre desengranar el freno que la cultura ha colocado a la pulsión sexual; y no importa que de tal fatigante y apasionante destino se asuman consecuencias fatales para la vida misma: tal parece que están dispuestos a pagar cualquier precio, solo con el afán de conseguir una vivencia placentera.

Y valga la pena aprovechar este tramo final del texto, para afirmar que resulta significativo encontrar en los jóvenes la existencia de vestigios de cuerpos con bloqueos para su encuentro con la alteridad, con profundos temores de perderse en la presencia del otro. Cuerpos rígidos que proceden de familias que esculpen las identidades con instrumentos recios, con dolor y mansedumbre. Jóvenes con miedo para sacar sus sonrisas, y por ello prefieren refugiarse en la internet, la televisión o los escenarios cerrados donde se ofrece la pornografía comercial. Cuerpos y discursos en los que se reconocen los bloqueos para revelar lo paradójico del amor, esto es, su profundidad y su simpleza. Cuerpos y discursos con temor a manifestar un adiós necesario ante una relación que no les ofrece un ápice de bien-estar, y terminan petrificados por el miedo a la soledad, a ése vértice de la sociedad que se asoma para paralizar a un joven que aún le cuesta mucho trabajo tomar decisiones.

REFERENCIAS
Aller Atucha, L., Ruiz Schiavo, M. (1994). Sexualmente irreverentes. Brasil: Edição Comunicarte.

Barthes, R. (2004). Fragmentos de un discurso amoroso. Décimo séptima edición en español. México: Siglo Veintiuno Editores S.A.

Bataille, G. (1997). El erotismo. 1ª edición en col. Barcelona: Tusquets Editores, S.A.

Foucault, M.  (1977). Historia de la sexualidad.

Tomo I. La voluntad de saber. Novena edición en español.  México: Siglo XXI Editores.

Foucault, M. (2003). El yo minimalista y otras conversaciones. Selección y traducción de Gregorio Kaminsky. Buenos Aires: La Marca.

Freud, S. (1908c). La ilustración sexual del niño. Cuarta edición. Madrid: Biblioteca Nueva, tomo II.

Freud, S. (1905). Tres ensayos para una teoría sexual. Madrid: Biblioteca Nueva, cuarta edición, tomo II.

Freud, Sigmund Freud. (1938 [1940]). Compendio del Psicoanálisis. Madrid: Biblioteca Nueva, cuarta edición Tomo III.

Lacan, Jacques. (1953). Seminario 0. El mito individual del neurótico. Paris, 1953 [s.f.].

Nágera, Humberto. (1968). Desarrollo de la teoría de la libido en la obra de Freud. Buenos Aires: Ediciones Horme S.A.E.

¿Por qué hay desnudos en el arte sacro?

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 4 tipos de simbolismo en el arte cristiano

La Capilla Sixtina fascina a miles de turistas cada año con su increíble belleza. Aunque hay muchos que se sorprenden también por la cantidad de cuerpos desnudos en sus paredes.

De hecho, un gran número de las personas representadas en la Capilla Sixtina fueron pintadas tal cual vinieron al mundo, sin siquiera una hojita que cubriera sus partes íntimas.

La Capilla Sixtina, por supuesto, no es la única en esta presentación de la desnudez. Innumerables artistas a lo largo de los siglos han usado hombres y mujeres desnudos para poblar sus obras de arte, unas obras que se incluyen en iglesias católicas de todo el mundo.

¿Por qué hubo tantos artistas que usaron desnudos en el arte cristiano?

Los cuerpos desnudos tienen una larga historia en el arte sacro. Los artistas del Renacimiento usaron cuatro tipos diferentes de desnudez para simbolizar cuatro estados de la humanidad.

Primero está la nuditas naturalis, que representa el estado natural de la humanidad antes de la Caída, a menudo representada en escenas vinculadas con el Edén o el Paraíso.

Luego está la nuditas temporalis, que representa la pobreza, a veces de naturaleza voluntaria, y la dependencia de la humanidad de Dios por todo lo que recibimos.

En tercer lugar está la nuditas virtualis, que simboliza la pureza y la inocencia. Representaciones de la “Magdalena penitente”, por ejemplo, a menudo la presentan desnuda, vestida únicamente con su propio pelo, como símbolo del regreso del alma a la inocencia después del arrepentimiento.

Por último, está la nuditas criminalis, que representa el horror de las pasiones lujuriosas y la vanidad.

San Juan Pablo II explicó en su Teología del Cuerpo cómo “en el gran período del arte griego clásico, hay obras de arte cuyo tema es el cuerpo humano en su desnudez, y cuya contemplación (…) conduce al espectador, a través del cuerpo, al entero misterio personal del hombre. En contacto con esas obras (…) no nos sentimos determinados [de forma natural] por su contenido de ‘mirar para desear’”.

La representación de la desnudez de esta manera es claramente diferente del uso de la desnudez en la pornografía.

Juan Pablo II señala cómo las producciones pornográficas tienen la intención explícita de excitar el deseo lujurioso; presentan el cuerpo humano como un objeto que utilizar. El porno no respeta la dignidad del ser humano y el acto sexual es explotado para satisfacción personal a expensas del otro.

En contraste, la desnudez en el arte cristiano está destinada a revelar la belleza de la humanidad y de la maravillosa obra del Creador. Tiene un simbolismo profundo y no tiene que ser un escollo, sino un portal hacia una mayor apreciación del “misterio personal” de la humanidad.

¿Por qué Pascua se llama Pascua?

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Este 1 de abril, los cristianos celebraron la Pascua, el día en que se dice que tuvo lugar la resurrección de Jesús. La fecha de celebración cambia de año en año.

La razón de esta variación es que la Pascua siempre cae el primer domingo después de la primera luna llena después del equinoccio de primavera. Entonces, en 2019, la Pascua se celebrará el 21 de abril y el 12 de abril de 2020.

La Semana Santa es bastante similar a otras fiestas importantes como la Navidad y Halloween, que han evolucionado en los últimos 200 años más o menos. En todas estas fiestas, los elementos cristianos y no cristianos (paganos) han continuado mezclándose.

Pascua como un rito de la primavera

La mayoría de las vacaciones principales tienen alguna conexión con el cambio de estaciones. Esto es especialmente obvio en el caso de Navidad. El Nuevo Testamento no da información sobre la época del año en que nació Jesús. Muchos eruditos creen, sin embargo, que la razón principal por la cual el nacimiento de Jesús llegó a celebrarse el 25 de diciembre es porque esa era la fecha del solsticio de invierno según el calendario romano.

Debido a que los días posteriores al solsticio de invierno se volvieron gradualmente más largos y menos oscuros, fue el simbolismo ideal para el nacimiento de “la luz del mundo”, como se afirma en el Evangelio de Juan del Nuevo Testamento.

Similar fue el caso de Semana Santa, que se encuentra muy cerca de otro punto clave en el año solar: el equinoccio vernal (alrededor del 20 de marzo), cuando hay períodos iguales de luz y oscuridad. Para aquellos en las latitudes del norte, la llegada de la primavera a menudo se encuentra con emoción, ya que significa el final de los días fríos del invierno.

La primavera también significa volver a la vida de las plantas y árboles que han estado inactivos durante el invierno, así como el nacimiento de una nueva vida en el mundo animal. Dado el simbolismo de la nueva vida y el renacimiento, era natural celebrar la resurrección de Jesús en esta época del año.

El nombramiento de la celebración como “Pascua” parece remontarse al nombre de una diosa precristiana en Inglaterra, Eostre, que se celebraba al comienzo de la primavera. La única referencia a esta diosa proviene de los escritos del Venerable Bede, un monje británico que vivió a fines del siglo VII y principios del siglo VIII. Como estudios religiosos erudito Bruce Forbes  resume :

“Beda escribió que el mes en que los cristianos ingleses celebraban la resurrección de Jesús se había llamado Eosturmonath en inglés antiguo, en referencia a una diosa llamada Eostre. Y a pesar de que los cristianos habían comenzado a afirmar el significado cristiano de la celebración, continuaron usando el nombre de la diosa para designar la temporada “.

Beda fue tan influyente para los cristianos posteriores que el nombre se quedó, y por lo tanto, la Pascua sigue siendo el nombre con el que los ingleses, alemanes y estadounidenses se refieren al festival de la resurrección de Jesús.

La conexión con la Pascua judía

Es importante señalar que, si bien el nombre “Semana Santa” se usa en el mundo de habla inglesa, muchas culturas más se refieren a él por términos mejor traducidos como “Pascua” (por ejemplo, “Pascha” en griego) – una referencia, de hecho, a la fiesta judía de la Pascua.

En la Biblia hebrea, la Pascua es un festival que conmemora la liberación del pueblo judío de la esclavitud en Egipto, como se narra en el Libro del Éxodo. Fue y continúa siendo el festival estacional judío más importante, celebrado en la primera luna llena después del equinoccio de primavera.

En el tiempo de Jesús, la Pascua tenía un significado especial, ya que el pueblo judío nuevamente estaba bajo el dominio de potencias extranjeras (es decir, los romanos). Los peregrinos judíos llegaban a Jerusalén todos los años con la esperanza de que el pueblo elegido de Dios (como ellos mismos creían ser) pronto sería liberado una vez más.

En una Pascua, Jesús viajó a Jerusalén con sus discípulos para celebrar el festival. Entró en Jerusalén en una procesión triunfal y creó un disturbio en el Templo de Jerusalén. Parece que ambas acciones atrajeron la atención de los romanos, y que como resultado, Jesús fue ejecutado alrededor del año 30 DC.

Sin embargo, algunos de los seguidores de Jesús creyeron que lo vieron vivo después de su muerte, experiencias que dieron origen a la religión cristiana. Como Jesús murió durante el festival de la Pascua y sus seguidores creyeron que resucitó de entre los muertos tres días después, era lógico conmemorar estos eventos muy cerca.

Resurrección. P. Lawrence Lew, OP , CC BY-NC-ND

Algunos cristianos primitivos escogieron celebrar la resurrección de Cristo en la misma fecha que la Pascua judía, que cayó alrededor del día 14 del mes de Nisan, en marzo o abril. Estos cristianos eran conocidos como Quartodecimans (el nombre significa “14avos”).

Al elegir esta fecha, pusieron el foco en cuando Jesús murió y también enfatizaron la continuidad con el judaísmo de donde surgió el cristianismo. Algunos otros preferían celebrar el festival un domingo, ya que era cuando se creía que se había encontrado la tumba de Jesús .

En 325 DC, el emperador Constantino, que favorecía el cristianismo, convocó a una reunión de líderes cristianos para resolver importantes disputas en el Concilio de Nicea. La más fatídica de sus decisiones fue sobre el estado de Cristo, a quien el concilio reconoció como “totalmente humano y completamente divino“. Este concilio también resolvió que la Pascua se fijara en un domingo, no en el día 14 de Nisan. Como resultado, la Pascua se celebra ahora el primer domingo después de la primera luna llena del equinoccio vernal.

El conejito de Pascua y los huevos de Pascua

En los comienzos de América, el festival de Pascua era mucho más popular entre los católicos que protestantes. Por ejemplo, los puritanos de Nueva Inglaterra consideraban que tanto la Pascua como la Navidad estaban demasiado contaminadas por influencias no cristianas como para celebrar. Tales festivales también tienden a ser oportunidades para beber en exceso y hacer juergas.

La suerte de ambas festividades cambió en el siglo XIX, cuando se convirtieron en ocasiones para pasarlas con la familia. Esto se hizo en parte por el deseo de hacer la celebración de estas fiestas menos ruidosa.

Niños en una búsqueda de huevos. Susan Bassett , CC BY-NC-ND

Pero Pascua y Navidad también se reformaron como días festivos porque las interpretaciones de los niños estaban cambiando. Antes del siglo XVII, los niños rara vez eran el centro de atención. Como escribe el historiador Stephen Nissenbaum ,

“… los niños fueron agrupados junto con otros miembros de las clases bajas en general, especialmente los sirvientes y los aprendices, quienes, no por casualidad, eran generalmente jóvenes en sí mismos”.

Desde el siglo XVII en adelante, hubo un reconocimiento creciente de la infancia como el tiempo de la vida que debería ser feliz, no simplemente como preparatorio para la edad adulta. Este “descubrimiento de la infancia” y el cariño por los niños tuvieron profundos efectos sobre cómo se celebraba la Pascua.

Es en este punto en el desarrollo de la fiesta que los huevos de Pascua y el conejito de Pascua se vuelven especialmente importantes. Los huevos decorados habían sido parte del festival de Pascua al menos desde la época medieval , dado el obvio simbolismo de la nueva vida. Una gran cantidad de folklore rodea los huevos de Pascua, y en varios países de Europa del Este, el proceso de decoración es extremadamente elaborado. Varias leyendas de Europa del Este describen los huevos que se vuelven rojos (un color favorito para los huevos de Pascua) en relación con los eventos que rodean la muerte y la resurrección de Jesús.

Sin embargo, fue solo en el siglo XVII cuando se conoció la tradición alemana de una “liebre de Pascua” que traía huevos a niños buenos. Las liebres y los conejos tenían una larga asociación con los rituales estacionales de primavera debido a su increíble poder de fertilidad.

Cuando los inmigrantes alemanes se establecieron en Pensilvania en los siglos XVIII y XIX, trajeron esta tradición con ellos. La liebre salvaje también fue suplantada por el conejo más dócil y doméstico, en otra indicación de cómo el enfoque se movió hacia los niños.

Mientras los cristianos celebran el festival esta primavera en conmemoración de la resurrección de Jesús, las vistas familiares del conejito de Pascua y los huevos de Pascua sirven como un recordatorio de los orígenes muy antiguos de la fiesta fuera de la tradición cristiana.

https://theconversation.com/why-easter-is-called-easter-and-other-little-known-facts-about-the-holiday-75025