Juan José Arreola. BreveAutobiografía

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Juan José Arreola Zúñiga (Zapotlán el Grande —hoy Ciudad Guzmán—, Jalisco, 22 de septiembre de 1918 – Guadalajara, Jalisco, 4 de diciembre de 2002) fue un escritor, académico, traductor y editor mexicano. De formación autodidacta (nunca terminó la primaria) desempeñó los más diversos oficios a lo largo de su vida. Arreola pertenece a la generación del 50, que incluye a autores como Emilio Carballido, Rosario Castellanos, Sergio Magaña, Ernesto Cardenal, Jaime Sabines, Juan Rulfo, Rubén Bonifaz Nuño.

DE MEMORIA Y OLVIDO

Yo, señores, soy de Zapotlán el Grande. Un pueblo que de tan grande nos lo hicieron Ciudad Guzmán hace cien años. Pero nosotros seguimos siendo tan pueblo que todavía le decimos Zapotlán. Es un valle redondo de maíz, un circo de montañas sin más adorno que su buen temperamento, un cielo azul y una laguna que viene y se va como un delgado sueño. Desde mayo hasta diciembre, se ve la estatura pareja y creciente de las milpas. A veces le decimos Zapotlán de Orozco porque allí nació José Clemente, el de los pinceles violentos.  Como paisano suyo, siento que nací al pie de un volcán. A propósito de volcanes, la orografía de mi pueblo incluye otras dos cumbres, además del pintor: el Nevado que se llama de Colima, aunque todo él está en tierra de Jalisco. Apagado, el hielo en el invierno lo decora. Pero el otro está vivo. En 1912 nos cubrió de cenizas y los viejos recuerdan con pavor esta leve experiencia pompeyana: se hizo la noche en pleno día y todos creyeron en el Juicio Final. Para no ir más lejos, el año pasado estuvimos asustados con brotes de lava, rugidos y fumarolas. Atraídos por el fenómeno, los geólogos vinieron a saludarnos, nos tomaron la temperatura y el pulso, les invitamos una copa de ponche de granada y nos tranquilizaron en plan científico: esta bomba que tenemos bajo la almohada puede estallar tal vez hoy en la noche o un día cualquiera dentro de los próximos diez mil años.

Yo soy el cuarto hijo de unos padres que tuvieron catorce y que viven todavía para contarlo, gracias a Dios. Como ustedes ven, no soy un niño consentido. Arreolas y Zúñigas disputan en mi alma como perros su antigua querella doméstica de incrédulos y devotos. Unos y otros parecen unirse allá muy lejos en común origen vascongado. Pero mestizos a buena hora, en sus venas circulan sin discordia las sangres que hicieron a México, junto con la de una monja francesa que les entró quién sabe por dónde. Hay historias de familia que más valía no contar porque mi apellido se pierde o se gana bíblicamente entre los sefarditas de España. Nadie sabe si don Juan Abad, mi bisabuelo, se puso el Arreola para borrar una última fama de converso (Abad, de abba, que es padre en arameo). No se preocupen, no voy a plantar aquí un árbol genealógico ni a tender la arteria que me traiga la sangre plebeya desde el copista del Cid, o el nombre de la espuria Torre de Quevedo. Pero hay nobleza en mi palabra. Palabra de honor. Procedo en línea recta de dos antiquísimos linajes: soy herrero por parte de madre y carpintero a título paterno. De allí mi pasión artesanal por el lenguaje.

Nací el año de 1918, en el estrago de la gripa española, día de San Mateo Evangelista y Santa Ifigenia Virgen, entre pollos, puercos, chivos, guajolotes, vacas, burros y caballos. Di los primeros pasos seguido precisamente por un borrego negro que se salió del corral. Tal es el antecedente de la angustia duradera que da color a mi vida, que concreta en mí el aura neurótica que envuelve a toda la familia y que por fortuna o desgracia no ha llegado a resolverse nunca en la epilepsia o la locura.

Todavía este mal borrego negro me persigue y siento que mis pasos tiemblan como los del troglodita perseguido por una bestia mitológica.

Como casi todos los niños, yo también fui a la escuela. No pude seguir en ella por razones que sí vienen al caso pero que no puedo contar: mi infancia transcurrió en medio del caos provinciano de la Revolución Cristera. Cerradas las iglesias y los colegios religiosos, yo, sobrino de señores curas y de monjas escondidas, no debía ingresar a las aulas oficiales so pena de herejía. Mi padre, un hombre que siempre sabe hallarle salida a los callejones que no la tienen, en vez de enviarme a un seminario clandestino o a una es- cuela del gobierno, me puso sencillamente a trabajar. Y así, a los doce años de edad entré como aprendiz al taller de don José María Silva, maestro encuadernador, y luego a la imprenta del Chepo Gutiérrez. De allí nace el gran amor que tengo a los libros en cuanto objetos manuales. El otro, el amor a los textos había nacido antes por obra de un maestro de primaria a quien rindo homenaje: gracias a José Ernesto Aceves supe que había poetas en el mundo, además de comerciantes, pequeños industriales y agricultores. Aquí debo una aclaración: mi padre, que sabe de todo, le ha hecho al comercio, a la industria y a la agricultura (siempre en pequeño) pero ha fracasado en todo: tiene alma de poeta.

Soy autodidacto, es cierto. Pero a los doce años y en Zapotlán el Grande leí a Baudelaire, a Walt Whitman y a los principales fundadores de mi estilo: Papini y Marcel Schwob, junto con medio centenar de otros nombres más y menos ilustres… Y oía canciones y los dichos populares y me gustaba mucho la conversación de la gente de campo.

Desde 1930 hasta la fecha he desempeñado más de veinte oficios y empleos diferentes… He sido vendedor ambulante y periodista; mozo de cuerda y cobrador de banco. Impresor, comediante y panadero. Lo que ustedes quieran.

Sería injusto si no mencionara aquí al hombre que me cambió la vida. Louis Jouvet, a quien conocí a su paso por Guadalajara, me llevó a París hace veinticinco años. Ese viaje es un sueño que en vano trataría de revivir; pisé las tablas de la Comedia Francesa: esclavo desnudo en las galeras de Antonio y Cleopatra, bajo las órdenes de Jean Louis Barrault y a los pies de Marie Bell.

A mi vuelta de Francia, el Fondo de Cultura Económica me acogió en su departamento técnico gracias a los buenos oficios de Antonio Alatorre, que me hizo pasar por filólogo y gramático. Después de tres años de corregir pruebas de imprenta, traducciones y originales, pasé a figurar en el catálogo de autores (Varia invención apareció en Tezontle, 1949).

Una última confesión melancólica. No he tenido tiempo de ejercer la literatura. Pero he dedicado todas las horas posibles para amarla. Amo el lenguaje por sobre todas las cosas y venero a los que mediante la palabra han manifestado el espíritu, desde Isaías a Franz Kafka.

Desconfío de casi toda la literatura contemporánea.  Vivo rodeado por sombras clásicas benévolas que protegen mi sueño de escritor. Pero también por los jóvenes que harán la nueva literatura mexicana: en ellos delego la tarea que no he podido realizar. Para facilitarla, les cuento todos los días lo que aprendí en las pocas horas en que mi boca estuvo gobernada por el otro. Lo que oí, un solo instante, a través de la zarza ardiente.

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Monarquistas Mexicanos. ¿Patriotas o Traidores?

El caudillismo, la confrontación ideológica entre liberales y conservadores, la creciente deuda exterior más la pérdida de Texas en 1836 y el 55% del territorio nacional en 1848 dieron razones para que el partido monárquico mexicano buscara la salvación de la patria a través de un príncipe extranjero, Maximiliano de Habsburgo, educado para gobernar desde la cuna y que pudiera hacer frente a los graves dilemas de la segunda mitad del siglo XIX

Theodore Kaczynski. El Unabomber

 TK

Theodore John Kaczynski [kaˈtʂɨɲskʲi] (Chicago, Illinois, Estados Unidos, 22 de mayode 1942), también conocido con el sobrenombre de Unabomber, es un asesino, terrorista, filósofo, matemático y neoludita estadounidense conocido por enviar cartas bomba motivado por su análisis de la sociedad moderna tecnológica plasmado en varios de sus escritos sobre todo en La sociedad industrial y su futuro, firmado bajo el seudónimo de Freedom Club.

Nació en Chicago, en el estado de Illinois, y desde una muy pronta edad demostró excelentes capacidades académicas. Kaczynski se graduó en la Universidad de Harvard y obtuvo un doctorado (PhD) en matemáticas por la Universidad de Míchigan. Se convirtió en assistant professor (equivalente a profesor ayudante doctor) en la Universidad de California, Berkeley, a la edad de 25 años, pero dimitió dos años más tarde. En 1971 se mudó a una cabaña sin luz ni agua corriente en las remotas tierras de Lincoln, Montana, donde empezó a aprender técnicas de supervivencia y a intentar ser autosuficiente. De 1978 a 1995, Kaczynski envió 16 bombas a objetivos incluyendo universidades y aerolíneas, acabando con la vida de 3 personas e hiriendo a otras 23.

Kaczynski envió una carta al diario The New York Times el 24 de abril de 1995 y prometió “cesar el terrorismo” si el The New York Times o el The Washington Post publicaban su manifiesto.

El Unabomber fue el objetivo de una de las investigaciones más costosas de la historia del FBI. Antes de conocer la identidad de Kaczynski, el FBI usaba el sobrenombre de “Unabom“, que proviene de “University and Airline Bomber” (Terrorista de Universidades y Aerolíneas), para referirse al caso, lo que dio lugar más tarde a que los medios de comunicación se refirieran a él como el Unabomber. A pesar de los esfuerzos del FBI, la investigación no dio el resultado que se esperaba. Fue en realidad el hermano de Kaczynski el que reconoció el estilo de escritura e ideas expresadas en el manifiesto y se lo hizo saber al FBI. Para evitar la pena de muerte, Kaczynski consiguió realizar un trato con la fiscalía, por el que se declaraba culpable y era condenado a ocho sentencias consecutivas de cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

Manifiesto:

Theodore_Kaczynski_Manifiesto_de_Unabomber_pdf

La felicidad y las trampas de la memoria

http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=91688&uid=520577&fuente=inews
Daniel Kahneman es un psicólogo de nacionalidades estadounidense e israelí. En 2002, conjuntamente con Vernon Smith, le fue concedido el “Premio Nobel” de Economía por haber integrado aspectos de la investigación psicológica en la ciencia económica, especialmente en lo que respecta al juicio humano y la toma de decisiones bajo incertidumbre. Es llamativo que Kahneman ganara el Premio Nobel de Economía siendo psicólogo de profesión, aunque erróneamente en algunas fuentes se le cita como economista.

Utilizando ejemplos que van desde unas vacaciones a colonoscopias, el premio Nobel y fundador de la economía conductual Daniel Kahneman revela cómo nuestro “yo que tiene experiencias” y nuestro “yo que recuerda” perciben la felicidad de manera diferente. Esta nueva revelación tiene profundas implicaciones para la economía, las políticas públicas… y nuestra propia conciencia de nosotros mismos.

https://www.ted.com/talks/daniel_kahneman_the_riddle_of_experience_vs_memory?language=es

Biografía

Daniel Kahneman nació en Tel Aviv, Palestina en 1934, donde su madre estaba visitando a familiares. Pasó sus años de infancia en París, Francia, donde sus padres habían emigrado desde Lituania a principios de los años veinte. Kahneman y su familia estaban en París cuando fue ocupado por la Alemania nazi en 1940. Su padre fue detenido en la primera redada mayor de judíos franceses, pero fue puesto en libertad después de seis semanas debido a la intervención de su empleador. La familia siguió unida el resto de la guerra, y sobrevivió intacta a excepción de la muerte del padre de Kahneman debido a la diabetes en 1944. Kahneman y su familia se trasladaron entonces a la Palestina británica en 1948, poco antes de la creación del estado de Israel.

Kahneman recibió su licenciatura en ciencias con especialidad en psicología y posteriormente un master en matemáticas de la Universidad Hebrea de Jerusalén en 1954. Después de obtener su licenciatura, sirvió en el departamento de psicología de las Fuerzas de Defensa de Israel. Una de sus responsabilidades era evaluar a los candidatos para la escuela de entrenamiento de oficiales, y desarrollar pruebas y medidas para este propósito. En 1958, fue a los Estados Unidos para estudiar para su doctorado en Psicología de la Universidad de California en Berkeley. Su disertación de 1961, aconsejada por Susan Ervin, examinó las relaciones entre los adjetivos en el diferencial semántico y “me permitió participar en dos de mis actividades favoritas: el análisis de complejas estructuras correlacionales y la programación FORTRAN”, como recordaría más tarde.

Trayectoria profesional

Kahneman inició su labor docente en 1961 enseñando psicología en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Ocupó el cargo de profesor de Psicología en la Universidad de British Columbia (1978-1986) y la Universidad de California-Berkeley (1986-1994). En la actualidad es catedrático en el Departamento de Psicología de la Universidad de Princeton.

Trayectoria académica

En el 2002 obtuvo el Premio Nobel en Economía. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, la Sociedad Filosófica, la Academia Americana de las Artes y las Ciencias y miembro de la American Psychological Association, la American Psychological Society, la Sociedad de Psicólogos Experimentales y de la Econometric Society. El 14 de junio de 2012 ingresó como académico correspondiente en la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras de España.

Juicio y toma de decisiones

Ha sostenido una larga colaboración con Amos Tversky. En conjunto, Kahneman y Tversky publicaron una serie de artículos seminales en el campo general del juicio y la toma de decisiones, que culminaron con la publicación de su teoría de las perspectivas en 1979 (Kahneman & Tversky, 1979). Kahneman fue finalmente galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2002 por su trabajo sobre la teoría de la perspectiva. Después de esto, la pareja se unió a Paul Slovic para editar una compilación titulada “Juicio Incertidumbre: Heurística y Sesgos” (1982) que resultó ser un importante resumen de su trabajo y de otros avances recientes que habían influido en su pensamiento.

La importancia de las investigaciones de Kahneman radican en su utilidad para modelar comportamientos no racionales, que se apartan de la concepción neoclásica del homo economicus y se aproximan a la teoría keynesiana y algunas teorías del ciclo económico.

Psicología hedonista
En los años 90, el foco de la investigación de Kahneman comenzó a cambiar gradualmente en el énfasis hacia el campo de la “psicología hedonista”. Este subcampo está estrechamente relacionado con el movimiento positivo en psicología, que estaba ganando constantemente popularidad en ese entonces. Según Kahneman y sus colegas, “La psicología hedonista … es el estudio de lo que hace que las experiencias y la vida sean agradables o desagradables. Se trata de sentimientos de placer y dolor, de interés y aburrimiento, de alegría y dolor, de satisfacción e insatisfacción. También se ocupa de toda la gama de circunstancias, desde lo biológico a lo social, que ocasiona sufrimiento y disfrute.”