¿Qué es la salud? Alostasis y evolución del diseño humano

“La salud física y mental es la capacidad de responder a los cambios en la demanda”

Peter Sterling es profesor de neurociencia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Pensilvania. Es un neurocientífico preeminente de prestigio mundial cuyo trabajo revolucionario sobre la alostasis ha avanzado nuestra comprensión del cerebro y su arquitectura funcional. Es coautor (con Simon Laughlin) de Principles of Neural Design y What Is Health? Allostasis and the Evolution of Human Design (MIT Press) y de numerosos y relevantes investigacones publicadas en Journals de alto impacto. Se trata de un científico, pero también de un “pensador” capaz de poner el conocimiento en el mundo real y aportar conceptos que cambian nuestro modo de enternder la biología, la salud y la enfermedad. IntraMed agradece la generosidad de compartir sus ideas con nuestros lectores.

Transcripción

Pregúntele a un médico, ¿Qué es la salud?, y puede obtener una mirada extrañada, como si la pregunta fuera demasiado obvia para considerarla. Insista y probablemente le dirán: “La salud son valores normales de laboratorio y ausencia de enfermedad o trastorno”. Esta respuesta se basa en un modelo conceptual del cuerpo como una máquina autónoma y autorregulada. Ese modelo supone que los parámetros se mantienen constantes (homeostasis) mediante la retroalimentación negativa de la corrección de errores, tal como funciona un termostato. Cuando algo causa una desviación sostenida, eso es falta de salud o enfermedad. Cuando el parámetro se restaura por intervención médica, eso es salud.

Este modelo puede explicar muchas causas inmediatas de mortalidad. Por ejemplo, la hipertensión arterial hace que los vasos sanguíneos se inflamen y luego se obstruyan con una placa que más tarde se rompe.

Pero, ¿Qué hace que aumente la presión y por qué no se autorregula? Y, ¿por qué, a pesar de las drogas para reducir la presión arterial, la hipertensión persiste como un asesino importante? El modelo centrado solo en el cuerpo no tiene respuestas para eso.

  • La obesidad causa diabetes tipo 2; pero, ¿Qué es lo que abruma los controles automáticos sobre el apetito?
     
  • La desesperación puede causar suicidio o sobredosis mortal; pero, ¿Qué impulsa la desesperación?

Nuevamente, el modelo centrado solo en el cuerpo no puede responder. Necesitamos un modelo de salud que incluya el cerebro.

El cerebro monitorea todos los parámetros internos para predecir lo que se necesitará, y monitorea los parámetros externos para evaluar las oportunidades. El cerebro luego integra las necesidades con el contexto; así selecciona comportamientos que proporcionan a cada célula “lo suficiente, justo a tiempo“.

La salud, tanto física como mental, puede entenderse como la capacidad de responder dinámicamente a los cambios en la demanda.

Tal modelo cerebro-cuerpo ayuda a identificar condiciones en todos los niveles que fomentan la capacidad de respuestas totales o sistémicas. Ofrece un marco teórico útil para ir más allá de la terapia farmacológica intensiva que, además de bloquear las causas inmediatas, también reduce la capacidad de respuesta adaptativa.

El modelo cerebro-cuerpo explica que la hipertensión arterial se desarrolla cuando el cerebro predice crónicamente la necesidad de vigilancia mental y física. A medida que el cerebro impulsa a todos los sistemas mediadores) para elevar la presión arterial, los vasos sanguíneos se adaptan engrosándose y reduciendo el flujo lo que, a su vez, requiere más presión adicional.

Los controles que normalmente resisten un aumento de la presión arterial reducen su sensibilidad.

De acuerdo con el modelo cerebro-cuerpo el tratamiento comenzaría, no con medicamentos para bloquear los mecanismos periféricos, sino modificando primero la predicción que hace necesario elevar la presión arterial. Revisaría las condiciones sociales para permitir a todos predecir menos necesidad de vigilancia.

El modelo cerebro-cuerpo explica que la obesidad y las adicciones se desarrollan cuando el cerebro se ve privado de las pequeñas recompensas inesperadas necesarias para proporcionar pequeños pulsos de dopamina. Al carecer de estos pulsos, crecemos inquietos y buscamos recompensas en alimentos sabrosos y en drogas. Pero a medida que los alimentos y las drogas pierden su capacidad de producir sorpresa, proporcionan menos recompensa a través de la dopamina, y debemos sorprendernos aumentando su cantidad.

¿El tratamiento?

Revise las condiciones sociales para proporcionar a todas las personas actividades desafiantes que brinden suficientes recompensas inesperadas.

Mi nuevo libro, ¿Qué es la salud? amplía estos puntos. Esboza, comenzando por las moléculas y las células, cómo evolucionó la conexión cerebro-cuerpo, cómo funciona, qué salió mal y cómo a partir de aquí podríamos mejorar la salud para todos.


Reseña del libro¿Qué es la salud? La alostasis y la evolución del diseño humanoPor Peter Sterling

La salud es la capacidad de respuesta óptima al ambiente y, a menudo, se trata mejor a nivel del sistema

La educación médica se centra en el venerable concepto de “homeostasis” sin culpa, según el cual los mecanismos locales imponen constancia al corregir los errores, y el cerebro sirve principalmente para emergencias. Sin embargo, resulta que la mayoría de los parámetros no son constantes; Además, a pesar de la importancia de los mecanismos locales, el cerebro está definitivamente a cargo. En este libro, el eminente neurocientífico Peter Sterling describe un concepto más amplio: la alostasis (acuñada por Sterling y Joseph Eyer en la década de 1980), mediante la cual el cerebro anticipa las necesidades y moviliza eficientemente los suministros para evitar errores.

La alostasis evolucionó temprano, explica Sterling, para optimizar la eficiencia energética, dependiendo en gran medida de los circuitos cerebrales que ofrecen una breve recompensa por cada sorpresa positiva. La vida moderna reduce tanto las oportunidades de sorpresa que nos vemos obligados a buscarla en el consumo: hamburguesas más grandes, más opioides e innumerables actividades que implican mayores emisiones de carbono. Las consecuencias incluyen adicción, obesidad, diabetes tipo 2 y cambio climático. Sterling concluye que las soluciones deben ir más allá de lo meramente técnico para restaurar las posibilidades de pequeñas recompensas diarias y revivir las capacidades para el igualitarismo que están conectadas a nuestra naturaleza.

Sterling explica que la alostasis ofrece lo que no se encuentra en ningún libro de texto médico: definiciones basadas en principios de salud y enfermedad: la salud como la capacidad de variación adaptativa y la enfermedad como la reducción de esa capacidad. Sterling argumenta que, dado que la salud es una capacidad de respuesta óptima, muchas condiciones importantes se tratan mejor a nivel del sistema.

Pensar al bies

Autor/a: Gonzalo Casino Fuente: IntraMed / Fundación Esteve 

Cortar una tela al bies o al sesgo es hacerlo en diagonal (el “biais” francés, del que derivó el “bias” inglés y el bies español, designa lo oblicuo o en diagonal). Esta imagen del corte oblicuo del entramado cartesiano de hilos y contrahilos bien puede valer como metáfora de los sesgos cognitivos. Por lo que se va sabiendo de estas desviaciones del pensamiento racional, cada vez resulta más evidente que pensar de forma sesgada o al bies es lo natural, y razonar sin sesgos, el resultado de un esforzado aprendizaje.

Hasta la década de 1970, se creía que la gente tiende a pensar racionalmente, si no es que se ofusca por el miedo, el afecto, el odio u otras emociones. Pero la ofuscación de la razón está muy bien asentada en la maquinaria cognitiva del cerebro humano, que ha sido cincelada con el negro y ciego escoplo de la evolución durante cientos de miles de años. De esto se dio cuenta el premio Nobel Daniel Kahneman, que documentó de forma sistemática los errores de razonamiento para proponer que nuestro cerebro tiene dos sistemas de pensamiento: el rápido o intuitivo (sistema 1) y el lento o racional (sistema 2). El más fuerte, el que manda y lleva las de ganar, es el intuitivo, mientras que el lento y perezoso pensamiento racional solo tiene opciones de entrar en liza en una segunda fase, a veces demasiado tarde.

Nuestro pensamiento es como un poderoso elefante que se mueve siguiendo sus instintos y que lleva en su lomo al jinete del razonamiento

El psicólogo Jonathan Haidt ha complementado esta imagen con la metáfora del jinete y el elefante, según la cual nuestro pensamiento es como un poderoso elefante que se mueve siguiendo sus instintos y que lleva en su lomo al jinete del razonamiento, quien es capaz de sopesar las consecuencias de los actos y hace lo que puede para gobernar al elefante. El elefante piensa de forma intuitiva y sesgada, y esto es muy eficiente en muchas ocasiones, en las que hay que anteponer rapidez a precisión, porque la supervivencia puede estar en juego. Pero el elefante, como dice Haidt, no es tonto ni déspota, y, si ha sido debidamente entrenado por el jinete, permite que sus instintos y sesgos puedan ser controlados cuando es preferible tomar decisiones racionales. La cuestión es si el jinete se ha esforzado lo bastante para reconocer los sesgos cognitivos y es capaz de enderezarlos.

Desde que Kahneman abrió la lata de los errores cognitivos, se han identificado decenas de sesgos que nos inducen a pensar de forma torcida e imperfecta, con errores lógicos y falacias en la argumentación. El catálogo no solo es incompleto y provisional, sino que carece de una taxonomía consensuada y contiene sesgos menores, pseudosesgos, duplicidades agazapadas en nombres que han hecho fortuna y hasta alusiones a marcas, como el efecto Ikea o el efecto Google, también llamado amnesia digital. The cognitive bias codex, con más de 180 sesgos ordenados elegantemente por familias y semejanzas, es una propuesta muy preliminar, pero bien resuelta gráficamente, que nos abre la mente al mundo de los errores cognitivos.

En el universo de los sesgos que es este codex, podemos encontrar bellas piezas de museo, como la navaja de Ockham; clásicos del pensamiento racional, como los estereotipos y los prejuicios; los intrigantes efectos de anclaje y de cheerleader o de animadora; la heurística de disponibilidad de Kahneman, y los siempre poderosos sesgos de negatividad, de autoridad y de confirmación, que es la inveterada tendencia a primar, buscar, interpretar y recordar la información que confirma nuestras creencias o hipótesis. Sobrevolando todos ellos, está uno de los principales, reconocido desde antiguo y advertido por Buda y en la Biblia, que es el de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio.


El autor: Gonzalo Casino es licenciado y doctor en Medicina. Trabaja como investigador y profesor de periodismo científico en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.