Preguntas inquisitoriamente inquisitivas e inquietantes

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  1. Un parto en la calle… ¿es alumbrado público?
  2. ¿Por qué las gaseosas tienen jugo artificial de limón y los detergentes jugo natural de limón?
  3. ¿Por qué apretamos más fuerte los botones del control remoto cuando tiene pocas baterías?
  4. ¿Por qué lavamos las toallas?, ¿no se supone que estamos limpios cuando las usamos?
  5. Una vida más larga… ¿acortaría la muerte?
  6. ¿Por qué las mujeres con las curvas más aerodinámicas son las que más resistencia ofrecen?
  7. ¿Por qué llamamos “bebida” a la bebida? Incluso antes de beberla.
  8. Cuando cayó el Imperio Romano… ¿quién lo empujó?
  9. Un circo de tres pistas… ¿es más fácil para los detectives?
  10. Si un abogado enloquece… ¿pierde el juicio?
  11. Si los pieles rojas tienen reservaciones… ¿por qué no viajan?
  12. Cuando un vuelo tiene un retraso… ¿es porque no le ha bajado el tren de aterrizaje?
  13. Si el tiburón anda con una… ¿la almeja anda con ostra?
  14. Cuando se “reproduce” un disco… ¿queda “encinta”?
  15. Según las estadísticas una persona es atropellada por un automóvil cada cinco minutos. ¿Cómo hace esa persona para sobrevivir?
  16. Con todo el dinero que ganan los jugadores de fútbol, ¿por qué persiguen todos la misma pelota en vez de comprarse una para cada uno?
  17. Si homicidio es matar a un hombre… ¿suicidio es matar a un suizo?
  18. Si en Holanda usan suecos… ¿en Suecia usan holandos?
  19. Si el pez nada… ¿la vaca todo?
  20. Si hay un más allá… ¿hay un menos acá?
  21. ¿Qué tiempo verbal es “no debería haber pasado”?… ¿preservativo imperfecto?
  22. El recto… ¿es insobornable?
  23. ¿Por qué las cosas siempre se encuentran en el último lugar dónde se les busca?
  24. Cuando una mujer está encinta… ¿también esta en compact?
  25. Cuando un jugador se va por la banda… ¿el portero se va por los mariachis?
  26. ¿Debería cortarme las venas o dejármelas largas?
  27. ¿Qué cuentan las ovejas para poder dormir?
  28. ¿Por qué las ciruelas negras son rojas cuando están verdes?
  29. Si el dinero es la causa de todos los males. ¿Por qué tenemos que trabajar?
  30. ¿Para que corremos rápido bajo la lluvia, si delante también llueve?
  31. ¿Dónde están los codos de una silla de brazos?
  32. ¿Dónde está la otra mitad del Medio Oriente?
  33. ¿A qué árbol pertenece el fruto del trabajo?
  34. ¿Cuánto miden las altas horas de la noche?
  35. ¿No es algo poco tranquilizante que los médicos se refieran a sus trabajos como “prácticas”?
  36. Cuando los fabricantes de carteles y pancartas hacen una huelga y una movilización de protesta… ¿hay algo escrito en sus carteles?
  37. ¿Por qué no hay comida para gatos “con sabor a ratón”?
  38. ¿Por qué utilizan agujas esterilizadas para dar una inyección letal?
  39. ¿Qué hay que hacer si uno ve un animal en peligro de extinción comiendo una planta en peligro de extinción?
  40. Si una persona con múltiples personalidades decide suicidarse, ¿puede considerarse que ha tomado rehenes?
  41. ¿Un esquizofrénico paranoico tiene miedo de estar persiguiéndose?
  42. ¿Por qué cuando llueve levantamos los hombros? ¿Acaso nos mojamos menos?
  43. Si estamos compuestos en un 80% de agua… ¿cómo podemos ahogarnos?
  44. Si un clarín pequeño es un clarinete, entonces un ascensor pequeño ¿es un ascensorete?
  45. ¿Hasta dónde se lavan la cara los pelados?
  46. ¿Cuándo los bebés dejan de ser bebés?
  47. Si estas en un callejón sin salida, ¿por qué no salir por la entrada?
  48. Si los perros son los mejores amigos del hombre, ¿por qué no vamos al cine con ellos?
  49. ¿Por qué hay día del padre, día de la madre, pero no hay da del hijo?
  50. ¿Por qué “separado” se escribe todo junto y “todo junto” se escribe separado?
  51. ¿Por qué en “el día del trabajo” nadie trabaja?
  52. Si cuando uno hace algo mucho tiempo lo hace cada vez mejor; ¿por qué los taxistas manejan tan mal?
  53. Si los banqueros pueden contar, ¿por qué en los bancos hay ocho ventanillas y sólo cuatro cajeros?
  54. Si la lana se encoge al mojarse… ¿por qué las ovejas no encogen cuando llueve?
  55. ¿Por qué será que, si uno habla con Dios, la gente piensa que eres espiritual, pero si Dios habla con uno, la gente piensa que estás loco?
  56. ¿Por qué las bailarinas andan siempre en puntas de pie?; ¿no sería más fácil contratar bailarinas más altas?
  57. Cuando te sacas una foto al lado de Mickey Mouse, el hombre que está dentro del disfraz, ¿estará sonriendo?
  58. Cuando a uno lo sacan de sus casillas, ¿adónde va?
  59. Si Superman es tan inteligente, ¿por qué lleva los calzoncillos encima del pantalón?
  60. Se dice que sólo diez personas en todo el mundo entendían a Einstein. Si nadie me entiende a mí, ¿soy un genio?
  61. Si los vegetarianos comen vegetales, ¿qué comen los humanitarios?
  62. ¿Qué pasaría si un hermano siamés fuese declarado culpable de un asesinato y condenado a muerte en la silla eléctrica?
  63. Los negocios que están abiertos las 24 horas… ¿por qué tienen cerraduras en las puertas?
  64. La caja negra de los aviones es indestructible… ¿por qué no harán todo el avión de ese mismo material?
  65. ¿Por qué para estar presentable hay que usar zapatos terriblemente incómodos?
  66. ¿Quién determinó que el orden alfabético era así y no de otra manera?
  67. ¿Por qué la luz negra no es negra?
  68. ¿Por qué la palabra “abreviatura” es tan larga?
  69. ¿Por qué algunos interruptores de luz dicen Encendido / apagado?… si cuando está la luz encendida ya se sabe y cuando está apagada no se puede leer.
  70. Si el amor es ciego… ¿por qué la lencería es tan popular?
  71. Si todos los derechos son reservados, ¿son todos los zurdos muy habladores?
  72. Si cuando comí huevos me pateó el hígado, ¿cuándo coma hígado me pateará los huevos?

 

 

Premios Princesa de Asturias 2017. Discurso de Marcos Murdock (Les Luthiers)

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Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades
Oviedo, 20 de octubre de 2017

Majestades,

Miembros del Jurado, Premiados,

Señoras, Señores:

Antes que nada, queremos dedicar este premio a la memoria de nuestros queridos hermanos que ya no están, Gerardo Masana y Daniel Rabinovich.

También deseamos compartir este gran honor con nuestros actuales compañeros de Les Luthiers: Tato Turano, Martín O’Connor, Tomás Mayer Wolf y Roberto Antier.

Y con nuestra “familia española”, los que están y los que ya han partido y añoramos, José Luis Coll, Miguel Gila, el Tricicle, Joan Manuel Serrat, Pepe Caturla, Rafael Estrella … Y Álex Grijelmo, que presentó nuestra candidatura al Princesa de Asturias en varias oportunidades… ¡Qué suerte que esta vez se haya salido con la suya!…

¡Más que nada nos alegramos por él!

¡(porque) Si fuera por nosotros…! Más aún, nosotros vamos a echar de menos esas nominaciones… que nos llenaban de incertidumbre, de ansiedad…, de frustración. Es que habíamos llegado a encariñarnos con el hecho de ser candidatos: no ganábamos, pero salíamos en la prensa… los amigos nos felicitaban… (drámatico) Ahora que nos han dado el premio, sólo esperamos que nuestros amigos no se olviden de nosotros.

Ahora en serio: es un gran honor, un enorme orgullo, que nos den el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. En este querido Teatro Campoamor, ilustre y entrañable recinto de nuestras primeras actuaciones en Oviedo. Y nos alegra especialmente que este Premio haya sido otorgado a un grupo de humoristas. Hoy más que nunca nos sentimos orgullosos de esta bendita profesión.

El ejercicio del humorismo, profesional o doméstico, más refinado o más burdo, oral, escrito o mímico, dibujado… mejora la vida, permite contemplar las cosas de una manera distinta…, lúdica, pero sobre todo lúcida…, a la cual no llegan otros mecanismos de la razón. El humorismo no depende de estar de buen humor o de mal humor, o de un humor de perros (que es cuando no movemos el rabo…). Hay gente que siempre está de buen humor pero es incapaz de entender un chiste. No importa, el sentido del humor se aprende y mejora con la práctica: nadie nace riendo.

El humorismo es siempre social. Uno no se cuenta un chiste a sí mismo, sino a los amigos o conocidos, en el trabajo, en el bar o en un velorio. ¡El humorismo, señoras y señores, es comunicación! Más aún: ¡Comunicación y Humanidades, que es lo que queríamos demostrar! Nuestra mayor satisfacción es habernos ganado con la ayuda de la música, unos raros instrumentos y la exuberancia y las ambigüedades del idioma castellano un lugar en el humorismo.

¡Qué orgullo recibir este premio de prestigio mundial! Qué alegría integrar la lista de argentinos que lo han ganado: Raúl Alfonsín, Mario Bunge, Daniel Barenboim. ¡Y nuestro querido amigo Quino, el padre de Mafalda, esa niña que nos observa desde un banco del Campo de San Francisco, a unos metros de aquí…!

En los fundamentos de este Premio el jurado considera que nuestro grupo es: “uno de los  principales  comunicadores  de  la  cultura  iberoamericana”.  Aparte  del  enorme halago que eso significa, estamos un poco sorprendidos. Y no por modestia sino porque nunca nos habíamos propuesto llegar a tanto.  ¡Pero en fin, si el jurado lo dice… quiénes somos nosotros para oponernos a sus sabias decisiones!

Muchas gracias.

Imágenes y texto tomados de Internet

“El humor” Sigmund Freud -1927

1a

En mi trabajo de 1905 sobre El chiste y su relación con lo inconsciente sólo consideré el humor desde el punto de vista meramente económico, pues a la sazón me importaba revelar la fuente del placer que despierta el humor, y creo haber demostrado que reside en el ahorro del despliegue afectivo.

El proceso humorístico puede llevarse a cabo de doble manera: ya sea en una sola persona, que adopta ella misma la actitud humorosa, mientras el papel de la segunda se limita al de mero espectador divertido; ya entre dos personas, de las cuales una no tiene la menor parte activa en el proceso humorístico, siendo aprovechada por la segunda como objeto de su consideración humorística. Detengámonos en el más crudo de los ejemplos. Si el reo conducido un lunes a la horca exclama: «¡Linda manera de empezar la semana!», entonces él mismo despliega el humor, el proceso humorístico se agota en su persona y evidentemente le produce cierta satisfacción. A mí, al espectador sin parte ni interés, me toca en cierto modo un efecto a distancia de la producción humorística del reo; quizá de manera análoga que él perciba el beneficio placentero del humor.

Se da el segundo caso, por ejemplo, cuando un poeta o narrador nos describe con humor la conducta de personas reales o imaginarias. No es preciso que estas personas exhiban a su vez humor alguno: la actitud humorística concierne exclusivamente a quien las toma como objetos; también aquí, como en el caso precedente, el lector o auditor es mero partícipe del placer que causa el humor. Abreviando, cabe decir, pues, que la actitud humorística -cualquiera que sea su contenido- puede dirigirse contra la propia o ajenas personas; también cabe aceptar que proporciona un beneficio placentero a quien la adopta y un análogo placer corresponde también al espectador sin parte alguna en la trama.

Para comprender la génesis del placer humorístico lo mejor es considerar el proceso que se opera en el oyente ante quien otra persona despliega su humor. Aquél ve a ésta en una situación cuyas características le permiten anticipar que producirá las manifestaciones de algún afecto: se enojará, se lamentará, expresará dolor, susto, terror, quizá aun desesperación, y el espectador-oyente se dispone a seguirla, a evocar en sí las mismas emociones. Pero esta disposición afectiva es defraudada, pues el otro no expresa emoción alguna, sino que hace un chiste.

En el oyente surge así del despliegue afectivo ahorrado el placer humorístico.

Hasta aquí todo es fácil, pero no tardamos en decirnos que es el proceso desarrollado en el otro, en el «humorista», el que merece mayor atención. Sin duda, la esencia del humor consiste en que uno se ahorra los afectos que la respectiva situación hubiese provocado normalmente eludiendo mediante un chiste la posibilidad de semejante despliegue emocional. En este sentido el proceso del humorista debe coincidir con el del oyente, o más bien dicho, el proceso de éste debe ser una copia del que ocurre en aquél. Pero, ¿cómo logra alcanzar al humorista esa actitud psíquica que le torna superflua la descarga afectiva? ¿Qué sucede en él, dinámicamente, durante la «actitud humorística»? Evidentemente, habremos de buscar la solución del problema en el propio humorista, pues en el oyente sólo podremos hallar un eco, una copia, de ese proceso desconocido.

Es hora de que nos familiaricemos con algunas características del humor. No sólo tiene éste algo liberante, como el chiste y lo cómico, sino también algo grandioso y exaltante, rasgos que no se encuentran en las otras dos formas de obtener placer mediante una actividad intelectual. Lo grandioso reside, a todas luces, en el triunfo del narcisismo, en la victoriosa confirmación de la invulnerabilidad del yo. El yo rehúsa dejarse ofender y precipitar al sufrimiento por los influjos de la realidad; se empecina en que no pueden afectarlo los traumas del mundo exterior; más aún: demuestra que sólo le representan motivos de placer. Este último rasgo es absolutamente esencial para el humor. Supongamos que el reo conducido al cadalso en día lunes hubiese dicho: «Todo esto no me importa. ¿Qué más da si cuelgan a un tipo como yo? Por eso no se vendrá abajo el mundo.» Entonces deberíamos juzgar que este discurso, si bien expresa una magnífica superación de la situación real, si bien es sabio y justificado, no traduce ni pizca de humor y hasta se basa en una apreciación de la realidad que es directamente opuesta a la del humor. El humor no es resignado, sino rebelde; no sólo significa el triunfo del yo, sino también del principio del placer, que en el humor logra triunfar sobre la adversidad de las circunstancias reales.

Estos dos últimos rasgos -el repudio de las exigencias de la realidad y la imposición del principio del placer- aproxima el humor a los procesos regresivos o reaccionarios que tanto nos ocupan en la psicopatología.

Al rechazar la posibilidad del sufrimiento, el humor ocupa una plaza en la larga serie de los métodos que el aparato psíquico humano ha desarrollado para rehuir la opresión del sufrimiento; serie que comienza con la neurosis, culmina en la locura y comprende la embriaguez, el ensimismamiento y el éxtasis. El humor debe a esta vinculación una dignidad que le falta del todo, por ejemplo, al chiste, pues éste sirve tan sólo al beneficio placentero, o bien pone esta ganancia al servicio de la agresión. ¿En qué consiste, pues, la actitud humorística que nos permite rechazar el sufrimiento, afirmar la insuperabilidad del yo por el mundo real, sustentar triunfalmente el principio del placer, y todo ello sin abandonar, como ocurre en los otros procesos de idéntico designio, el terreno de la salud psíquica, aunque este precio parecería ser ineludible?

Si nos enfrentamos con la situación en la cual alguien adopta una actitud humorística frente a otros, nos parecerá evidente la concepción, ya apuntada con cautela en mi libro sobre el chiste, de que esa persona se conduce como un adulto ante el niño, al reconocer en toda su futilidad y al sonreír sobre los intereses y pesares que a éste le parecen tan enormes. De modo que el humorista ganaría su superioridad al adoptar el papel del adulto, al identificarse en cierto modo con el padre, reduciendo a los demás al papel de niños. Esta suposición probablemente comprenda los hechos empíricos, pero no la podemos considerar imperativa. Por lo demás, cabe preguntarse con qué autoridad llega el humorista a arrogarse ese papel.

Mas recordaremos aquella otra situación humorística, quizá más primitiva e importante: la de quien dirige el humor contra su propia persona para defenderse así del sufrimiento amenazante.

¿Acaso tiene sentido decir que alguien se trata a sí mismo como a un niño y que simultáneamente adopta frente a este niño el papel del adulto superior?

Creo que podremos prestar sólido apoyo a este concepto, por inverosímil que parezca, trayendo a colación lo que la experiencia patológica nos ha enseñado sobre la estructura de nuestro yo. Este yo no es algo simple, sino que aloja como núcleo central una instancia particular -el super-yo- con la que a veces se funde, al punto que no logramos diferenciarlos, mientras que en otras condiciones discrepa violentamente del mismo. Genéticamente, el super-yo es el heredero de la instancia parental; a menudo mantiene al yo en severa dependencia, lo trata realmente como los padres -o más bien el padre- trataron al niño en años anteriores.

Alcanzamos así una explicación dinámica de la actitud humorística, admitiendo que consiste en que la persona del humorista ha retirado el acento psíquico de su yo para trasladarlo sobre sus super-yo. A este super-yo así inflado, el yo puede parecerle insignificante y pequeño, triviales todos sus intereses, y ante esta nueva distribución de las energías, al super-yo le resultará muy fácil contener las posibles reacciones del yo.

Fieles a nuestra acostumbrada terminología, en lugar de «traslación del acento psíquico» tendremos que decir «desplazamiento de grandes cantidades de catexis». Mas entonces habrá que verificar si es lícito concebir tales desplazamientos masivos desde una instancia del aparato psíquico a la otra, pues esta noción tiene todo el aspecto de una nueva hipótesis construida ad hoc. Sin embargo, recordaremos haber tenido en cuenta semejante factor en repetidas, aunque no en suficientes ocasiones, cuando intentábamos formarnos una representación metapsicológica del suceder psíquico. Así, por ejemplo, aceptamos que la diferencia entre la catexis erótica objetal común y el estado del enamoramiento consiste en que en este último es incomparablemente mayor la carga trasladada al objeto; que, en cierto modo, el yo se vacía en el objeto. Al estudiar algunos casos de paranoia pude comprobar que las ideas de persecución se forman precozmente y subsisten durante largo tiempo sin manifestar efectos apreciables, hasta que determinado motivo viene a proveerlas de catexis suficientes para tornarlas dominantes. También la curación de tales episodios paranoicos debe consistir en el retiro de las cargas conferidas a las ideas delirantes, más bien que en su resolución y corrección. La alternancia de melancolía y manía, de cruel supresión del yo por el super-yo y subsiguiente liberación del yo, nos da asimismo la impresión de consistir en semejante fluctuación catéctica, fenómeno al que, por otra parte, también habría que recurrir para explicar toda una serie de fenómenos de la vida psíquica normal. Si hasta ahora sólo hemos recurrido tan raramente a esta concepción, ello se debe a la cautela más bien loable con que solemos proceder. La patología de la vida anímica es el terreno en el cual nos sentimos seguros; allí hacemos nuestras observaciones, allí logramos nuestras convicciones; pero por el momento sólo osamos formular juicios sobre lo normal, en tanto que lo podemos inferir a través de los aislamientos y las deformaciones de su expresión patológica. Cuando hayamos superado esta cautela, reconoceremos cuán grande es el papel que en la comprensión de los procesos psíquicos corresponde a las condiciones estáticas, tanto como a los cambios dinámicos cuantitativos de la catexis energética.

Creo, pues, que merece ser tenida en cuenta la anotada posibilidad de que en cierta situación la persona hipercatectice de pronto su super-yo y luego modifique desde éste las reacciones del yo. Además, mi hipótesis sobre el humor también tiene una notable analogía en el vecino terreno del chiste. Hube de aceptar que éste se origina en el momentáneo abandono de una idea preconsciente a la elaboración inconsciente, de modo que el chiste representaría una contribución a lo cómico ofrecida por el inconsciente. En completa similitud, el humor vendría a ser la contribución a lo cómico mediada por el «super-yo».

Comúnmente conocemos al super-yo como muy severo amo, y podría aducirse que mal concuerda con este carácter el que se avenga a facilitar al yo un pequeño goce placentero. Es cierto que el placer humorístico jamás alcanza la intensidad del que se origina en lo cómico o en el chiste, y nunca se expresa en risa franca; también es cierto que el super-yo, al provocar la actitud humorística, en el fondo rechaza la realidad y se pone al servicio de una ilusión. Pero -sin saber- a ciencia cierta por qué- adjudicamos alto valor a este placer poco intenso, lo sentimos como particularmente liberador y exaltante. Además, la broma que hace el humor tampoco es su elemento esencial, pues sólo tiene el valor de una muestra; lo principal es la intención que el humor realiza, ya se efectúe en la propia persona o en una extraña. El humor quiere decirnos: «¡Mira, ahí tienes ese mundo que te parecía tan peligroso! ¡No es más que un juego de niños, bueno apenas para tomarlo en broma!»

Si es realmente el super-yo quien por medio del humor consuela tan cariñosamente al intimidado yo, ello nos demuestra que aún tenemos mucho que aprender sobre la esencia del super-yo. Por lo demás, no todos los seres tienen el don de poder adoptar una actitud humorística, pues ésta es raro y precioso talento, y muchos carecen hasta de la capacidad para gozar el placer humorístico que otros les proporcionan. Por fin, si el super-yo trata de consolar al yo con el humor, protegiéndolo del sufrimiento, no contradice por ello su origen de la instancia parental.

 

Algunas Definiciones que no Encontrarán en el Diccionario

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INESTABLE:                 Mesa norteamericana de Inés.

ONDEANDO:                Onde estoy.

CAMARÓN:                  Aparato enorme que saca fotos.

DECIMAL:                    Pronunciar equivocadamente.

BECERRO:                    Observa una loma o colina.

BERMUDAS:                Observar a las que no hablan.

TELEPATÍA:                  Aparato de TV para la hermana de mi mamá.

TELÓN:                         Tela de gigante

ANÓMALO:                  Hemorroides.

BERRO:                         Mascota canina árabe

BARBARISMO:             Colección exagerada de muñecas barbie.

POLINESIA:                  Mujer Policía demasiado terca

CHINCHILLA:              Auchenchia de un lugar para chentarche.

DIADEMAS:                  Veintinueve de febrero.

DILEMAS:                     Háblale más.

MANIFIESTA:               Juerga de cacahuetes.

MEOLLO:                      Vacío vejiga

TOTOPO:                       Mamamífero ciciego dede pepelo nenegro queque cocome                                                          frifrijoles.

ATIBORRARTE:            Desaparecerte.

CACAREO:                   Excremento del preso.

CACHIVACHE:             Pequeño hoyo en el pavimento que está a punto de convertirse en                                           bache.

ELECCIÓN:                   Lo que expelimenta un oliental al vel una película XXX

ENDOSCOPIO:              Me preparo para todos los exámenes excepto para dos.

NITRATO:                     Ni lo intento.

NUEVAMENTE:            Cerebro sin usar.

TALENTO:                    No va rápido.

ESGUINCE:                   El que sigue del gatorce.

ESMALTE:                    Ni lune ni miélcole.

SORPRENDIDA:           Monja en llamas