Decálogo de un buen diputado

Marco A. Almazán

Los mandamientos de la ley del buen diputado son diez, a saber

El primero, amarás al jefe del Ejecutivo sobre todas las cosas.

A pesar de la supuesta y tan cacareada división de poderes y su independencia entre sí, amarás y aplaudirás al Ejecutivo sobre todas las cosas y en todas las ocasiones, ya que de él emana toda autoridad v toda sabiduría. Inclusive, lo más probable es que de él también haya emanado tu curul, a través de su divino dedo. Así es que ya sabes.

El segundo, no jurarás el nombre de la Cámara en vano.

Con mostrar tu credencial te basta y sobra.

El tercero, santificarás las dietas.

Es decir, las depositarás íntegramente en el banco, sin tocarlas. Sencillamente porque no hace falta que las toques. Por otros conductos tendrás de sobra para sufragar tus gastos y satisfacer todos tus caprichos, así como las larguezas propias de tu alta investidura.

El cuarto, honrarás al PRI.

La mejor manera de hacerlo es permaneciendo calladito durante los tres años de tu encargo. Limítate a votar como se te indique y a aplaudir cuando te hagan la seña correspondiente. Deja los discursos, las declaraciones y los profundos adagios para el presidente en turno del Invencible y demás sapientes y experimentados jerarcas. La obediencia, también llamada “disciplina de partido”, es una virtud muy hermosa, que a la larga puede verse recompensada con una presidencia municipal, una senaduría, la dirección de un providente organismo descentralizado, una gubernatura o incluso una secretaría de Estado. Todo es posible dentro de nuestra bendita partidocracia. Pero por lo pronto, olvídate de la ficción de que representas a un grupo de ciudadanos y de que tu opinión es sagrada e inviolable. Recuerda que eres polvo del PRI y que en boñiga te convertirás si te sales del redil.

El quinto, no matarás.

Ni falta que hace. Ya pasaron los tiempos de los diputados empistolados que desenfundaban la 45 con el menor pretexto y se cargaban a cualquier ciudadano en nombre del sacrosanto fuero (casi siempre para no pagar una cuenta de burdel o de cantina). No obstante, si tienes instintos de asesino, durante las sesiones de la Cámara se te presentarán amplias y frecuentes oportunidades para matar. Para matar el tiempo. Los crucigramas y la lectura de la revista “Alarma” son ideales para el efecto.

El sexto, no fornicarás.

Dentro del augusto recinto de la Cámara, se entiende.

El séptimo, no hurtarás.

Además de estar mal visto y de ser muy feo, no tienes necesidad de hacerla. Los contratos, las comisiones, los porcentajes, las igualas, las tajadas, los viajes de trabajo al extranjero dizque para “estudiar” u “observar” -ya verás cómo los aprovecha tu mujer legítima o cualquiera otra fémina que te acompañe-, los silenciamientos y toda una gama de jugosos trinquetes te compensarán con creces sin tener que recurrir al hurto descarado.

El octavo, no levantarás falsos testimonios I ni mentirás.

Como se te indicó en el cuarto, tú, pico de cera. En boca cerrada no entran moscas ni desafueros. El silencio, además de ser la mejor inmunización contra las metidas de pata y las quemaduras políticas, te ahorrará la necesidad de decir embustes, que son del exclusivo dominio de tus superiores. Lo cual a la vez te ganará I fama de hombre discreto y circunspecto.

El noveno, no desearás la mujer de tu compañero de legislatura.

¿Para qué? Lo más probable es que esté gorda y fondona, y que sea más bien feíta, tonta, ignorante y latosa. Mejor deja que te codicien a ti las chamaconas con ambiciones e iniciativa. No faltarán, puedes estar seguro de ello.

El décimo, no codiciarás los bienes ajenos.

No los codicies. Nada más échales el ojo. Con paciencia y con saliva, el día menos pensado viene otra expropiación o una nacionalización y la Revolución te hará justicia.

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Fuente: “Marco A. Almazán”, escritor y diplomático mexicano 1922 – 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

Tomado de “Sufragio en efectivo no devolución”.

El Filósofo de Güémes

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El filósofo de Güémes fue un personaje controvertido, ya que su identidad se atribuye a diferentes personas del municipio de Güémes en Tamaulipas, México. Asimismo hay quienes consideran su existencia un mito. Este personaje expone la forma lógica y sencilla de pensar de las personas de medios rurales y pueblos del noreste de su país, específicamente del Estado de Tamaulipas, la parte colindante de Nuevo León y la región denominada Huasteca potosina. La historia del «filósofo» de Güémes ronda entre el mito y la leyenda. A través de los años ha ido tejiéndose de boca en boca, de persona en persona.

Se dice que era muy conocido. Los habitantes del pueblo le pedían consejos personales y opiniones acerca de los acontecimientos de la comunidad. Después de meditar, el filósofo expresaba sus ideas, basadas en una lógica sencilla, directa, concisa, obvia, indiscutible e hilarante. Su filosofía era famosa por ser concreta y designar a las cosas por su nombre.

La identidad del filósofo se adjudica principalmente a dos personas: José Calderón Castillo, Juan Mansilla Ríos. Los dos eran habitantes de Güemes, nacidos en el siglo XIX y fallecidos en el siglo XX

  • Cabrón es el que repite plato…pero más cabrón es el que pide pa´llevar.
  • Algunos matrimonios acaban bien… otros duran toda la vida.
  • De los 100 problemas que tengo…1 es por pendejo y 99 por metiche.
  • El que anda hecho madre se muere… y el que no también.
  • El dinero no te da la felicidad… sobre todo si es poco.
  • En política: el que sabe, sabe… y el que no, es jefe.
  • Encuentra un pendejo… y encontrarás un tesoro.
  • Estamos como estamos… porque somos como somos.
  • La pereza es la madre de todos los vicios… y las telenovelas el vicio de todas las madres.
  • Primero es el 1 y después el 2 pero en el 21… ¡se chingó el 1!
  • Nunca discutas con un pendejo… la gente puede no notar la diferencia.
  • Lo que está bien… no puede estar mal.
  • ¡Solitos! Ni amos a quien servir, ni criados a quien mandar….
  • Tres cosas son inevitables en la vida… la muerte, pagar impuestos y que te chingue un abogado.
  • Un hombre exitoso es aquel que gana más dinero… del que su mujer gasta.
  • Unos se casan por la iglesia… otros por pendejos.
  • Una cosa es una cosa… y otra cosa es otra cosa.
  • Trabajar nunca mató a nadie… pero pa´que chingados arriesgarle.
  • Hay que trabajar ocho horas y dormir ocho horas… ¡pero que no sean las mismas!
  • El que nace pobre y feo tiene posibilidades de que al crecer… desarrolle ambas condiciones.
  • La confusión está clarísima.
  • Una mujer que no habla… o está muerta o es un hombre.
  • El amor es eterno… lo único que cambia es la persona.
  • El ateísmo… no tiene cura.
  • El que tenga puercos, que los amarre… el que no, pos no.
  • Casarse con una mujer rica…es contraer patrimonio.
  • No es lo mismo estar vivo…que serlo.
  • En la vida los únicos que ascienden por sus propios méritos… son los alpinistas.
  • Cuando un médico se equivoca….. lo mejor es echarle tierra al asunto.
  • Hay dos maneras que el hombre descanse en paz… cuando se muere y cuando la mujer duerme.
  • Si el que muere pasa a mejor vida…¿Por qué nadie quiere morirse?
  • Cuando el gallo canta en la madrugada, puede que llueva mucho, puede que llueva poco o puede que no llueva nada!
  • El que anda de buenas, no puede andar de malas…
  • El que se chingó, se chingó.
  • Si no llueve pa’l día último del mes… ya no llovió este mes
  • Me tienen como perro de rancho, me amarran en las fiestas y me sueltan en las broncas.
  • Si no llegó… es porque no vino.
  • Cuando hay… hay; cuando no hay… pos no hay.
  • Pa’ que el barco flote, a fuerza tiene que estar en el agua.
  • Todo lo hondo es bien profundo.
  • Agua que no corre: hace charco.
  • Donde comen dos comen tres, y hasta cuatro ¡Pero no llenan!
  • ¿Lloverá a la noche? …… Mañana te digo.
  • Si las cosas no han cambiado, es porque siguen igual.
  • Cuando veas un pelao con cara de buena gente, ¡es bueno!; Cuando veas uno con cara de pendejo, ¡es pendejo! Cuando veas uno con cara de hijo de la chingada, ¡es un hijo de la chingada! Y cuando veas uno con cara de sinvergüenza, ¡¡no le prestes!!
  • Soy rebelde porque el mundo me ha hecho así.
  • Todo lo hondo es bien profundo.
  • Trabajar nunca mató a nadie, pero pa’ qué chin… arriesgarle.
  • Árbol que nace torcido, es porque no le pusieron palito.
  • Un hombre exitoso es aquel que gana más dinero… del que gasta su mujer.
  • Las vacaciones son como las brujas… se pasan volando.
  • Andamos como andamos porque somos como somos.
  • ¡Pa’ qué atesorar! Ese que dice que esto es mío se equivocó, porque uno entrega por voluntad o por fuerza.
  • ¡Irremediablemente confundido! La gente de antes era más honrada que la de ahora… yo soy de antes, pero vivo ahora.
  • El mes que menos hablan los políticos es febrero… tiene 28 días.
  • A rey muerto, rey puesto.
  • La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena.
  • ¡La confianza dura… hasta que se acaba!
  • El que pide la mano de una mujer… lo que realmente desea es el resto del cuerpo.
  • ¡Pa’ vida de morirse… hay que estar vivos!
  • El que anda hecho madre se muere, y el que no… también.
  • Todo tiempo pasado fue anterior.
  • Me gusta el vino, porque el vino es bueno.
  • Pa’ que el barco flote… a fuerza tiene que estar en l’agua.
  • Lo que está bien… no puede estar mal.
  • Se está muriendo mucha gente que no se había muerto antes.
  • ¡Cría cuervos y tendrás muchos!
  • Agua que no corre es charco.
  • Si dos perros corretean a una liebre y el de adelante no la alcanza, el de atrás… menos.
  • Si no llegó… es por que no vino.
  • Todo lo que sube tiende a bajar… a menos que se quede arriba.
  • Lo que de aquí pa’llá es subida, de allá pa’cá es bajada.
  • El uno siempre va antes del dos, pero en el veintiuno, se fregó el uno.
  • Quien tenga perros, que los amarre y quien no… pues no.
  • Lo que es es… y lo que no es, no es.

Y por último:

Si no recibes este mensaje, es ¡Porque no te llegó ó no te lo enviaron.

Democracia en el infierno

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Marco A. Almazan.  “ Sufragio en efectivo, no devolución”

A los pocos días de haber descendido a los recónditos infiernos, Demócrito Topillo fue llamado a la austera presencia de Lucifer. El señor de las tinieblas lo recibió amablemente. le ofreció un puro y le indico un brasero encendido para que tomara asiento.

-Lo he mandado llamar- empezó el diablo- por que tengo entendido que acaba usted de llegar de México y que toda su vida de ha dedicado a la política.

-Efectivamente, majestad- repuso Topillo.

Lucifer miro a uno y a otro lado, y le dijo en voz baja:
– Le ruego que no me de ese tratamiento. Estamos en proceso de darle una estructura mas liberal al infierno, para no quedarnos a la zaga del Vaticano, por lo tanto no conviene usar títulos reaccionarios. Llámeme Licenciado a secas.

-Muy bien, Lic. – repuso Topillo.

-Precisamente por eso lo he llamado. Se trata de darle una barnizada de democracia al Infierno, pero a la vez me propongo mantener firmemente las riendas del poder en la mano. Estoy dispuesto a permitir la existencias de partidos políticos, la celebración de elecciones y el libre juegos de candidatos, pero comprenderá usted que no voy a tolerar que nadie se me suba a las barbas y menos que un día aciago efectivamente lleguen a derrotarme en los comicios.

-Naturalmente- dijo Topillo.

-Tengo entendido que ustedes en México han logrado un admirable equilibrio en este sentido. Consienten el funcionamiento de varios partidos; periódicamente llevan a cabo sus elecciones con mucho discurso, estrépito de matracas y embadurnamiento de bardas; vota todo el mundo, hasta los abstencionistas, y sin embargo sigue rifando lo que siempre ha rifado.

– Gracias a Dios; perdón, gracias al PRI, licenciado.

Lucifer se levanto de su sillón giratorio ( el antiguo trono había sido convertido en leña) y dio unos pasos por su rojo despacho.

-Exactamente. El PRI. !Que idea mas genial! Es una vergüenza que no se me halla ocurrido a mi, a pesar de saber tanto, por viejo y por diablo. Pero nunca es tarde. sepa usted que aquí estamos en proceso de organizar el PIR : Partido Infernal Revolucionario. Yo hubiera querido traer a uno de sus próceres para que nos diera una manita, pero con eso de que los cambian constantemente y que un día son secretarios de Estado y al otro presidentes del partido y al siguiente directores de un organismo descentralizado…

-Pues ya sabe que si en algo puedo servirle -ofreció Demócrito- estoy a sus apreciables ordenes, Lic.

-Muchas gracias – inclino levemente la cabeza Lucifer.

-Yo milite en el Invencible desde que ambos estábamos casi en panales-continuo Topillo mirándose las uñas -, así es que creo estar al tanto de todos los trinquetes y aun mas.

-Así me lo figuraba. Sin embargo, mi problema no es la estructuración del PIR, pues por algo soy muy diablo. Lo que trato de resolver es la existencia de otros partidos infernales sin que estos vayan a aprovechar la libertad de sufragio para darnos en la chapa. Ya permití la creación del PAM ( Partido de Acción Monetaria, de derecha ) y del PPD (Partido de Pobres Diablos, de izquierda). Y creo que también los diablos viejecitos andan queriendo organizar su partido diz que “autentico”, como si todos los demás fueran espurios. Pero en fin, no le hacen mal a nadie, ni como políticos ni como demonios, pues ya están muy achicharrados.

-!Que bien, que bien! -aprobó Topillo.

-De esa manera le damos un matiz de democracia al Averno. Pero dentro de unos días vamos a celebrar elecciones para constituir el Congreso Infernal, y como no queremos recurrir a la violencia de asaltar casillas y quemar papeletas, como ustedes hacían antes, tengo el temor de que la oposición ( que es considerable) nos vaya a dar el diablazo. Ya sabe usted que el respeto al voto ajeno a veces es la desgracia. ?que me aconseja hacer?

Demócrito Topillo medito unos momentos, dando chupentocitos a su puro.

-Muy sencillo- dijo al cabo de un rato-. Cree usted diablos de partido.

– Como que diablos de partido? – Pregunto Lucifer.

-Si señor. Desde antes de las elecciones, asígneles un cierto numero de curules seguritas a los demonios minoritarios, de tal manera que usted también se asegure de que quedan en minoría permanente. Ellos se lo agradecerán y se quedaran muy quietecitos y conformes. si razonan como en México, dirán que mas vale curul en mano que cien partidarios votando.

Lucifer se quedo con la boca abierta. Después fue hacia el señor Topillo y con lágrimas en los ojos le dio un abrazo. Demócrito aprovecho la oportunidad para pedirle la dirección del Banco de Crédito Infernal, que no es un puesto de mucha ostentación, pero si de mucho rendimiento.

 

Una tragedia trágicamente trágica

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(Contada, entre otros por el gran “Pacho” /EPD/)

Voy a contarles mi historia, no es una historia de amor ni tiene un final feliz, pero es la única que tengo y ha sido un verdadero viacrucis

Cuando nací, el doctor fue a la sala de espera y le dijo a mi padre, “hicimos todo lo que pudimos, pero nació”.

Era tan feo cuando nací que los médicos en principio atendieron a la placenta hasta que oyeron llantos en la cubeta.

Cuando mi mama pregunto que era, el doctor le contesto: “lo lanzaremos al aire y si vuela es murciélago y si rebota es sapo”…

Como era prematuro me metieron en una incubadora, pero a diferencia de las otras, la mía tenía vidrios polarizados.

Mi madre nunca me dio el pecho porque decía que sólo me quería como amigo. Así que en vez de darme el pecho, me daba la espalda.

Es por eso que debo haber quedado pequeño, tan pequeño que paso perfectamente bien por enano.

De chico para no acomplejarme iba por los cuarteles para que me gritaran: ¡Alto! ¡Alto!

Mi fealdad era tanta que si chupaba un limón, el que hacía gestos era el limón

Siempre fui muy peludo, tan peludo que a mi madre siempre le preguntaban:
– Señora, a su hijo, ¿Lo parió o lo tejió?

Mi padre llevaba en su cartera la foto del niño que ya venía en la cartera cuando la compró.

Una vez me perdí, le pregunté al policía si creía que íbamos a encontrar a mis padres y me contesto:
– No lo sé, hay un montón de lugares donde se pudieron haber escondido.

Y para colmo era muy flaco, tan flaco que, para hacer sombra, tenía que pasar dos veces por el mismo lugar.

Pero realmente mi problema no era ser tan flaco sino ser FEO.Mis padres tenían que atarme un trozo de carne al cuello para que el perro jugara conmigo.

Sí amigos, yo soy FEO, tan FEO que una vez me atropelló un auto y quedé mejor.

Cuando me secuestraron, los secuestradores mandaron un dedo mío a mis padres para pedir recompensa. Mi padre les contestó que quería más pruebas.

Yo creo que no pagaron el rescate porque en casa éramos muy pobres, pero eso sí, a pesar de nuestra situación económica, somos muy honrados. Mi padre era tan honrado que un día encontró trabajo, y lo devolvió.

Por eso tuve que trabajar desde chico. Trabajé en una tienda de animales, pero pronto me corrieron, porque la gente no paraba de preguntar cuánto costaba yo.

Un día llamó una chica a mi casa diciéndome, “Ven a mi casa que no hay nadie”, cuando llegué, efectivamente, no estaba la chica ni nadie.

A mi mujer le gusta mucho hablar conmigo después del sexo. El otro día me llamó a casa desde un motel.

El psiquiatra me dijo un día que yo estaba loco. Yo le dije que quería escuchar una segunda opinión. De acuerdo, además de loco es usted muy feo, me dijo.

Una vez cuando me iba a suicidar tirándome desde la azotea de un edificio de 50 pisos, mandaron a un cura a darme unas palabras de aliento. Sus palabras fueron: ¡En sus marcas, listos!

El último deseo de mi padre antes de morir era que me sentara en sus piernas. Lo habían condenado a la silla eléctrica.

Espero que las lágrimas que brotan de sus ojos, sean de conmiseración y no de las carcajadas que se han echado

A ver cuándo nos vemos 

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Marco A. Almazán
http://www.venamimundo.com/DeAquiyAlla/Almazan/Avercuandonosvemos.html

Pocas frases habrá que pinten tan de cuerpo entero el carácter nacional y que reflejen mejor nuestro alambicado modo de ser, como ésta de “a ver cuándo nos vemos…”

Las personas que se dicen mutuamente “a ver cuándo nos vemos”, desde luego no tienen la menor intención ni el más mínimo deseo de hacerlo. De otra manera se fijaría en ese punto y momento la fecha y hora de la próxima entrevista. Pero como nuestra obsequiosa urbanidad (heredada de los indios) y nuestro estilo churrigueresco (heredado de los españoles del siglo XVI) nos impiden decir a las claras que no nos interesa volver a ver al ciudadano de quien nos estamos despidiendo, recurrimos entonces a la frasecita de cajón y así salimos airosamente del trance:

-A ver cuándo nos vemos. . .

Entre mexicanos, el empleo de esta fórmula de cortesía no tiene mayor trascendencia, ya que ambas partes entendemos su sentido oculto, o sea precisamente el de que no tenemos ningún propósito de volver a encontramos ex profeso. Nuestros buenos modales nos impiden decir: “Mire usted, don Teobaldo, ojalá no lo vuelva a ver hasta el próximo sexenio. Y me refiero al de 1988-1994.”En cambio, con el “a ver cuándo nos vemos” damos a entender nuestros designios y a la vez quedamos como señores bien educados.

La frase, sin embargo, suele ser motivo de grandes confusiones y hasta de enfriamiento de relaciones internacionales cuando uno de los interlocutores es extranjero y, como tal, no está acostumbrado a la cabalística de nuestro lenguaje.

-A ver cuándo nos vemos… -dice el mexicano.

 -¿Cuándo quiere usted que nos veamos? -pregunta el extranjero, considerando que sería conveniente puntualizar situaciones para no quedar tan en el aire.

La pregunta, por otra parte, desconcierta al mexicano, que no la esperaba. Y si hay algo que nos desconcierte a los mexicanos es el tener que determinar lo indeterminado. “Un momentito”, “al ratito”, “ahorita”, “mañana”, “quien quita” … son palabras con las que posponemos cualquier cosa por tiempo indefinido. De ahí que el “cantinflismo” sea una de nuestras más cómodas válvulas de escape.

-Pues cuando usted quiera -sugiere vaga, pero siempre cortésmente el mexicano.

-¿Qué le parece el próximo miércoles 4, a la una y quince de la tarde? -propone el extranjero, después de consultar su libreta de compromisos sociales.

-¿El miércoles 4? -pregunta el mexicano, mientras piensa rápidamente en alguna excusa plausible-. Pues quién sabe. Fíjese que a esa hora creo que tengo cita con el dentista… Claro que lo de menos sería cancelar la cita, pero siempre se me hace medio feo.

-Feo completo -exclama el extranjero, que a lo mejor también es dentista y le revienta aquello de que sus clientes sencillamente no aparezcan-. Las citas son sagradas. ¿Qué le parece entonces el lunes de la semana entrante, a las cinco en punto de la tarde?

Al mexicano se le enchina el cuerpo nada más de oír las palabras “en punto”. Es algo que está fuera de nuestras posibilidades psíquicas y fisiológicas.

-¿El lunes de la semana entrante? –vuelve a preguntar, para hacer tiempo mientras inventa otra excusa-. Pues fíjese que va a ser medio difícil, porque precisamente ese día salgo para Guadalajara.

En realidad el paisano no tiene intenciones de ir ni siquiera a Tacubaya.

– ¿Qué dice usted del lunes de la semana siguiente? -insiste el extranjero, siempre consultando su libreta.

-Pues tampoco, porque a la mejor todavía no regreso. Mejor yo le aviso, ¿quiere? Un día de éstos a ver si lo llamo por teléfono para ver cuándo nos vemos…

Los dos se despiden, confusos, mortificados y con un principio de mutua hostilidad. “Si no tiene intenciones de verme” piensa el extranjero, “¿para qué cuernos me dice que a ver cuándo nos vemos?”

“¡Qué tipo más pesado!” se dice a su vez el mexicano para sus adentros. “¿No está viendo que estoy muy ocupado?”

Fuente: “Marco A. Almazán”, escritor y diplomático mexicano 1922 – 1991. Humorista de sátira fina y aguda.
Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.
Tomado de “Cien años de humedad”.