El humor en los tiempos de COVID-19

Como ante todo desafío que amenaza la existencia, el ser humano intenta una comprensión y una salida para seguir viviendo

Autor/a: Dr. Carlos Presman 

“Humor es posiblemente una palabra; la uso constantemente. Estoy loco por ella y algún día averiguaré su significado”. Groucho Marx

Miles, millones de seres humanos huyendo despavoridos, desnudos; solos o en grupos, saben que son la manada de la humanidad. Resulta imposible saber cuántos son, mientras intentan escapar ellos se miran de reojo, se cuentan algo, se hacen señas y sonríen; se abrazan y sonríen; comen, beben y sonríen.

Sé que no es un sueño porque acabo de escribirlo, se instala la duda: ¿Por qué sonríen?

La pandemia nos cambió la vida a todos, se detuvo el mundo y no nos pudimos bajar, volvieron con inusitada brutalidad los sentimientos más primitivos que alientan a la especie humana a sobrevivir: el miedo y la incertidumbre. Desamparados del refugio que nos da el abrazo y la seguridad de un futuro posible, nos percibimos amenazados por un virus invisible, mágica representación de la muerte.

Incorporamos palabras a nuestro lenguaje cotidiano para poder interpretar la realidad y nos familiarizamos con términos: ¡coronavirus, cuarentena, trazabilidad, COE, protocolos, suero de convaleciente, alcohol en gel, respirador, barbijo!

Después de dos meses de aislamiento se permite caminar hasta 500 metros del domicilio. Siempre con barbijo y a dos metros de distancia. Nos contagiamos la buena nueva entre amigos, colegas y pacientes. Al día siguiente me llega un wathsapp de un paciente de 92 años con doble reemplazo de cadera y severa artrosis: “Carlitos, salí a caminar, pero por los dolores hice apenas 150 metros, te cuento por si alguno más joven los necesita, le doy mis 350 que no voy a usar…”  Me sonrío frente a la pantalla del celular, solo, mientras respondo: “jajajajajaja”. Reviso los mensajes: “Cuidado cuando vayan al supermercado, regresé a casa, y cuando se sacó el barbijo no era mi marido”, otro con la imagen de Shakespeare sosteniendo una botellita y declama: “Gel o no gel, esa es la cuestión”, otro con la cara de René Descartes: “Covido ergo Zoom”, otro con la escultura del David pero obeso, llamado Covid, otro: “La cuarentena es como una serie de Netflix, cuando uno cree que se acaba, sacan la siguiente temporada”. No alcanzo a revisar todos los mensajes y regresan las dudas: ¿Es posible hacer humor en estos tiempos? ¿Por qué, para qué, quién, qué humor? ¿El humor es tragedia + tiempo?  ¿El humor es como la religión? ¿El humor es hijo del miedo y la incertidumbre? A todas, una sola respuesta: el ser humano es portador sano del humor.

El Dr. Sigmund Freud describió la relación del chiste con el inconsciente. El humor hace alusión de manera implícita o explícita a temas que son su andamiaje: la sexualidad, el poder-dinero, la agresividad y la muerte. Estos suelen ser tramas de las que habitualmente no hablamos y que nos generan angustias y tristezas. La posibilidad de enfermarnos por el coronavirus dispara, entre otros sentimientos, el humor. Convivimos con la tragedia y desde allí creamos la comedia, para que la cuarentena no nos enferme de más.

El escritor Isidoro Blaistein define al humor como el penúltimo paso de la desesperación.

En ese momento cuando el dolor parece no tener fin, alumbramos como un gesto de fe, de esperanza, ese registro que nos arranca una sonrisa y nos alivia. Sonreímos, nos sonreímos en medio del dolor. La desesperación es probablemente la madre de la fe, que en los creyentes se constituye como rasgo religioso y las expresiones: “Gracias a Dios” o “Que sea lo que Dios quiera”. Hay allí una creencia subjetiva que desoye cualquier realidad o racionalidad. En las narrativas que persiguen una sonrisa sucede algo similar, entregamos nuestra ingenuidad, nuestra fe y le creemos, acaso el humor sea el dios de los ateos. El escritor Bernardo Koremblit expresa: “El humor no nos hace felices, pero nos compensa de no serlo”. El Dr. Viktor Franckl en su libro “El hombre en busca de sentido” describe entre los sobrevivientes de los campos de concentración nazis, por los que pasó; el imprescindible, vital y necesario sentido del humor. ¿Podríamos cruzar el sufrimiento de la cuarentena y la pandemia con una sonrisa?  El humor así sentido y expresado nos conecta con lo más profundo de la vida; quizás por eso el filosofo Friedrich Nietzsche nos cuenta en su libro “Así habló Zaratustra: sea falsa cualquier verdad en la que no haya habido una carcajada”.

Este humor, que podríamos adjetivar de ético, nos permite dotar de otro significado a la pérdida de libertades a las que nos condena la pandemia y la cuarentena. La soledad del aislamiento para evitar los contagios, la soledad colectiva para una libertad de más vida. El escritor Bernard Shaw reflexiona: ”La soledad es una gran cosa, lástima que uno esté solo”. Otra vez las dudas: ¿Cómo acompañarnos, con humor, durante esta cuarentena? ¿Cómo hacer para que la enfermiza soledad no sea percibida como tal?

La pandemia de un bichito microscópico torció el rumbo de la humanidad y no es chiste. Como ante todo desafío que amenaza la existencia, el ser humano intenta una comprensión y una salida para seguir viviendo; para ello nos valemos de recursos que nos acompañaron por milenios: la ciencia, la religión y el azar. Estas tres muletas del sentimiento y el pensamiento nos han permitido seguir caminando hacia el futuro; el lenguaje del humor se aferra en nuestras manos. Vamos a superar esta pandemia gracias a Dios, cuando descubramos la vacuna y la terapéutica y/o tengamos suerte. Mientras tanto, ensayamos a coro el popular cantito: “Chau pandemia, chau pandemia, pandemia, chau chau”.  

Dr. Carlos Presman


Dr. Carlos Presman
Nació en Córdoba Capital en 1961. Es médico clínico y docente universitario del Hospital Nacional de Clínicas, titular de la cátedra de Smiología. Colabora en medios gráficos, radiales y televisivos en temas de salud. Fue uno de los realizadores del programa radial de humor Los Galenos, que se emitió por radio Universidad (Premio Martín Fierro 1996). Fue columnista del noticiero televisivo Teleocho Noticias y colabora periódicamente en el diario La Voz del Interior. Como escritor publicó la novela Ni vivo ni muerto (Ediciones del Boulevard) que fuera traducida al alemán. Participó de la antología de cuentos Cuarto Oscuro (editorial Raíz de Dos) y es columnista de la revista La Recta. Se confiesa aficionado a las caminatas, bicicleta de montaña y pesca de truchas en las sierras de Córdoba. Presman es autor de los libros “Letra de médico I y II” , la novela “Ni vivo ni muerto” y “Vivir 100 años”.

En recuerdo de Marcos Mundstock

Marcos Mundstock, fotografiado en 2007.Marcos Mundstock, fotografiado en 2007.JUAN MABROMATA / AFP
DANI ALÉS

Miembro fundador de Les Luthiers (1967), Marcos Mundstock formaba con Daniel Rabinovich un dúo que, al actuar, guardaba una relación con el resto del grupo similar a la de un diamante con el anillo de oro al que se engarza. Con ellos uno nunca sabe qué admirar más, si la calidad de su comedia, o la de su música. Como sucede, a veces, con las grandes obras artísticas, sus creaciones son inclasificables, con lo incómodo que es eso a la hora de otorgar un premio Max, un Grammy, o el Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.

No sé si la profesión de su padre (relojero) influyó en su precisión con el lenguaje. Debemos al teórico del “diptongonante” algunos de los más impresionantes malabares idiomáticos, con los que hizo reír a su estimado público (estimado en unas ochocientas personas, por lo visto). Como el mejor Quevedo, retorcía las palabras en forma y sentido, jugaba con la confusión y el equívoco, sugería la ambigüedad, dominaba el calambur y la litote. En un vídeo formidable con el que participó a distancia en el Congreso Internacional de la Lengua de 2019, además de plantear a la RAE una serie de sugerencias sublimes para enmendar ciertas imprecisiones del castellano (como bien señaló su amigo Álex Grijelmo), presentaba palabras nuevas como cinecólogo, médico de actrices de Hollywood, que podían llegar a sufrir actritis. Aficionado a la etimología, nos enseñó que un suicida no es el que mata a un suizo, sino alguien que se quita la vida “a sui mismo”, o que la musa de los escarabajos es la escaramusa [sic]. Pero su erudición iba más allá del español, aunque no vamos a extendernos aquí en su dominio del inglés, pues “time is money”, ya saben: “el tiempo es un maní”.

Como Borges, como Maradona, como Federico Lupi, nos hizo enamorarnos de Argentina. Sus actuaciones han sido pieza clave en la educación humorística de innumerables espectadores que las fuimos descubriendo en cintas de casete

Su ascendencia judía no le impidió asomarse a la hagiografía de san Ictícora de los Peces, distinguir entre los grandes adeptos al Islam (los “muy sulmanes”), y los que solo seguían en parte los preceptos de Mahoma (los “mahomenos”), o dar a conocer la secta del telepredicador Warren Sánchez (secta, porque antes había fundado otras cinco). Sin él, nunca habríamos sabido que la oración se compone de sujeto y predicado porque “nunca se ha sentido mejor sujeto que cuando ha predicado”.

Ha caído la mejor barba de la comedia de guante blanco, el biógrafo de Manuel Darío, de D. Rodrigo Díaz de Carreras, de Oblongo ‘Ngue, de Cantalicio Luna, de Kathy, la reina del saloon (Kathy reina, por un poquito no lo fue). Escipión, el político corrupto de las himnovaciones, el inolvidable presentador de “Entreteniciencia familiar”, el tipo que mejor improvisó jamás la vida del célebre compositor Lajos Himrenhazy, el cual cuando nació fue el menor. El pirata modisto de “Las majas del bergantín”, aquella obra de marineros inspirada en la vida de un leñador que vivía solo con su loro: la adaptación no fue fácil.

Como Borges, como Maradona, como Federico Lupi, nos hizo enamorarnos de Argentina. Sus actuaciones han sido pieza clave en la educación humorística de innumerables espectadores que las fuimos descubriendo en cintas de casete, cedés, algún VHS, los carísimos DVD que intentábamos coleccionar, o, últimamente, los vídeos subidos a la red, que acumulan millones de visitas. Dicen que un artista bueno es inimitable, pero cuando es excelente se vuelve canónico, referencial y, por tanto, imitadísimo: ¿cuántas y cuántas veces habrán sido versionadas por sus seguidores?

Cervantes se inventó a Don Quijote, igual que Marcos Mundstock a Johan Sebastian Mastropiero. Los dos entendieron la vida desde una mirada “lúdica y lúcida”, como defendió el argentino al recibir el Princesa de Asturias, desde la risa, la parodia y el cambio de perspectiva. Los dos han hecho mejor la vida de mucha gente que nunca conocerán. Los dos murieron el mismo día, pero de distinto año.

Decía Alejandro Dolina que Les Luthiers es la prueba de que para triunfar no es obligatorio ser estúpido. Poco reconforta tanto como encontrar un humorista cuyas bromas nacen de la lectura sutil de códigos paralelos, de la elipsis, la ironía y lo implícito. En definitiva: de la inteligencia.

Después de matarnos de la risa, ha muerto Marcos Mundstock, un referente y un estímulo para todos los que nos reímos en español, y lo ha hecho en plena pandemia. No sabemos si se ha ido dentro de un bajo barriltono o montado en mandocleta. Ahora que toca el ritual de revisitar algunos vídeos, nos reímos pese a todo, bajo la mascarilla.

Dani Alés es cómico de ‘stand-up’ y doctor en Literatura.

Marcos Mundstock de Les Luthiers

Tenía 77 años. Y desde febrero de 2019 enfrentaba un cáncer. Aquí, el repaso de una carrera como pocas: su infancia en Santa Fe, el vaso en la frente que le rompió Nacha Guevara, el origen de “Johann Sebastian Mastropiero” y sus límites en el humor

Hoy 22 de abril de 2020, se apagó la risa. Porque el humorista Marcos Mundstock, uno de los más brillantes de su generación, murió en la mañana de este miércoles, a los 77 años, en su casa de Buenos Aires. “Después de más de un año de lidiar con un problema de salud que se tornó irreversible, nuestro compañero y amigo finalmente partió”, dice el comunicado oficial difundido por Les Luthiers.

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En enero pasado se había anunciado que el artista se mantendría alejado de los escenarios a lo largo de todo el año. “Su prioridad para los próximos meses será guardar reposo, seguir adelante con su tratamiento y realizar, posteriormente, el debido proceso de rehabilitación”, se informó por entonces.

Si bien su voz de bajo fue marca registrada del grupo con el cual dejó una huella imborrable, Mundstock actuó en cine y en televisión, pero en ningún otro lugar fue más feliz que en el escenario que con sus compinches de toda la vida.

La historia de los Mundstock es una de las tantas historias de esos inmigrantes que terminaron de configurar la Argentina durante el período de entreguerras. Su padre, de origen judío asquenazi y de oficio de relojero, llegó en 1930 al puerto de Rosario procedente de Rava Ruska, una ciudad ucraniana en aquel entonces bajo órbita polaca. Unos años antes había venido su mamá, quien se instaló en Santa Fe. Un conocido los puso en contacto y se casaron en Rosario, donde nació su hermana. Años después volvieron a Santa Fe, y allí nació Marcos, un 25 de mayo del año 1942.

Fue a orillas del Paraná donde el pequeño Marcos hizo su primer chiste. Por la calle pasaba un camión que trasladaba cueros, y le comentó a su hermana: “Ahí llevan a los cueros para fabricar vacas”. La frase encerraba la picardía que lo acompañaría toda su vida.

La búsqueda de un horizonte mejor llevó en 1949 a los Mundstock a Buenos Aires, donde un familiar les hizo lugar en su departamento en el barrio de Once. Como primera generación de argentinos nativos, en Marcos convivían el idish que se escuchaba en su casa con el castellano que aprendía en la escuela y el italiano que lo cautivaba con las canzonettas y arias de ópera que emitía la radio. En esa triple frontera cultural Mundstock empezó a acercarse a la música. Su primer registro de música en vivo fue en una sinagoga, donde escuchaba a los cantantes litúrgicos, a quienes les reconocía “una voz muy operística”.

Mientras estudiaba en el colegio se dio cuenta que tenía un don especial para hacer reír a sus compañeros por fuera del libreto de los actos escolares. Y si bien eso no era bien visto por los docentes, en su interior algo se había despertado, esa chispa lo acompañaría para siempre.

Pero por ese entonces, los sueños del pequeño Marcos no eran muy diferentes a los de otros chicos. “Quise ser abogado, ingeniero, aviador, cowboy, benefactor de la humanidad, tenor de ópera, Tarzán, amante latino, futbolista y otras cosas más”, enumeraba. Cuando terminó el secundario entró en Ingeniería -más por mandato que por vocación-, mientras que, con mucho más placer, estudiaba locución en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER). Esos caminos en apariencia paralelos, pronto se cruzarían.

En ese universo de fórmulas matemáticas Mundstock encontró un resquicio artístico. La oportunidad se la brindó el coro. Allí se encontraron Gerardo Masana, estudiante de Arquitectura; Jorge Maronna, de Medicina; Daniel Rabinovich de Derecho y Carlos Núñez Cortés, de Química Biológica. De ese grupo que parecía tan distinto nacería un grupo que cambiaría la historia de la música y el humor en la Argentina: Les Luthiers.

El equipo de Les Luthiers de 71 al 73 que marcara época: Gerardo Masana, Maronna, Carlos Núñez Cortés, Mundstock, Ernesto Acher, Daniel Rabinovich y López Puccio (Foto: Archivo Atlántida)

El equipo de Les Luthiers de 71 al 73 que marcara época: Gerardo Masana, Maronna, Carlos Núñez Cortés, Mundstock, Ernesto Acher, Daniel Rabinovich y López Puccio (Foto: Archivo Atlántida)

Cuando el coro empezó a tener vida propia, Mundstock se aferró a él como un ancla. Abandonó la carrera de Ingeniería y el golpe militar encabezado por Juan Carlos Onganía lo dejó sin su trabajo de locutor en Radio Municipal. Pero Marcos no se bajoneó: había encontrado en la música coral una actividad que lo fascinaba, aunque lejos estaba de imaginar que fuera posible un futuro profesional ligado al ambiente artístico.

Luego de un festival de coros universitarios realizado en Tucumán se forma I Musicistiantecedente directo de Les Luthiers. Bajo la dirección de Masana, el grupo realiza una serie de conciertos en el Instituto Di Tella. Fue allí cuando empieza a cobrar vida un personaje clave para la historia de Mundstock y de Les Luthiers: Johann Sebastian Mastropiero. La criatura surgió de la invención de Mundstock y de la mezcla entre los nombres del compositor Johann Sebastian Bach con un personaje inventado, llamado Fredy Mastropiero.

El 4 de septiembre de 1967, Masana, Mundstock, Rabinovich y Maronna forman Les Luthiers. Los esperaba una Buenos Aires que hervía culturalmente. Pronto se hicieron un lugar, y Marcos tendría la tarea de aportar la mayoría de los textos y realizar las presentaciones. Su voz de bajo se convirtió en marca registrada; a eso le sumó su particular histrionismo entre lo formal y lo absurdo, lo que hacía que la gente lo amara.

 Su primer chiste lo hizo de niño. Vio un camión y le dijo a su hermana: ‘Ahí llevan a los cueros para fabricar vacas’. Esa picardía lo acompañaría toda su vida

Les Luthiers dejó de ser un secreto bien guardado en 1970, cuando programó una serie de presentaciones en un boliche ubicado en Congreso. Fue tal la repercusión del grupo que el local los contrató para hacer temporada en Mar del Plata. Allí también actuaba Nacha Guevara, quien según la leyenda no soportaba el éxito de los músicos. Cada función era un escándalo, hasta que un vaso de vidrio impactó en la frente de Mundstock. El saldo fueron seis puntos de sutura para el luthier, y dos meses de prisión en suspenso para la diva.

Los espectáculos se fueron sucediendo y el éxito pronto convirtió a Les Luthiers en un clásico del humor de habla hispana. En 1974 desembarcaron en España, primer paso de un amor recíproco que desembocó en el premio Princesa de Asturias en la categoría Comunicación y Humanidades, en 2017. Al recibir la noticia del premio Mundstock dijo con su “seriedad” característica: “El célebre compositor Johann Sebastian Mastropiero está indignado, desde el rincón desde el que se esconde, por el otorgamiento del premio Princesa de Asturias a esos músicos que solo se ocupan en denigrarlo”.

En la ceremonia de premiación, Marcos tomó la voz y, entre agradecimientos y reconocimientos, lanzó una frase que definió al grupo y a su rol como guionista: “El ejercicio del humorismo, profesional o doméstico, más refinado o más burdo, oral, escrito, mímico, dibujado… mejora la vida, permite contemplar las cosas de una manera distinta, lúdica, pero sobre todo lúcida, a la cual no llegan otros mecanismos de la razón”.

Marcos Mundstock, Martin O'Connor, Jorge Maronna, Carlos Nunez Cortes, Carlos Lopez Puccio y Horacio Turano celebrando los 50 años de Les Luthiers (Foto: AFP / PIERRE-PHILIPPE MARCOU)

Marcos Mundstock, Martin O’Connor, Jorge Maronna, Carlos Nunez Cortes, Carlos Lopez Puccio y Horacio Turano celebrando los 50 años de Les Luthiers (Foto: AFP / PIERRE-PHILIPPE MARCOU)

El éxito del grupo fronteras afuera -con shows a lo largo de la América hispana y algunas aventuras en Brasil y Estados Unidos-, supuso un nuevo ejercicio para Mundstock a la hora de neutralizar algunos modismos propios del Río de la Plata. Le gustaba crear los textos en la soledad de su estudio casero, y con los años fue desarrollando una metodología laboral que le permitía ser prolífico sin perder la gracia ni caer en las repeticiones. “Hacer textos para ser escuchados tiene su clave: deben llevar el remate en la última palabra del párrafo”, explicaba. “Creo que el chiste suele ser una obra abierta, siempre modificable, y corrijo en forma permanente y sobre la marcha. Mis notas son un crucigrama”, agregaba a modo de receta. Claro que lo más importante estaba en su cabeza, y eso no se consigue en la farmacia.

Los 80 fueron los años del despegue masivo para Les Luthiers: su popularidad ya no tuvo frenos. Y en el siglo XXI se trasladó a las redes con millones de visualizaciones y likes. Sobre sus inicios, Marcos no evitaba una autocrítica. “Veo videos de los espectáculos viejos y los textos no me parecen muy diferentes a los que podemos escribir ahora, pero en lo que es el oficio teatral hemos cambiado mucho. Éramos lentísimos, nos deteníamos en momentos en los que no pasaba nada…”, lamentaba, para rematar con humor: “La gente nos quería igual, yo no sé por qué”.

En paralelo a su actividad en el grupo, Mundstock se metió en el cine. Fue la voz en off de Quebracho y Metegol, y puso el cuerpo tanto en dramas como Cama adentro y Roma, y comedias como No sos vos, soy yo y Mi primera boda, donde en la piel de un cura se lució en un diálogo lleno de guiños lutherianos con el rabino interpretado por su amigo Daniel Rabinovich.

En televisión, trabajó en La Argentina de Tato y Sorpresa y Media, y lo último que hizo fue la presentación de Pasado de copas.

Paradójicamente, siendo la voz y una de las caras representativas de Les Luthiers, su asignatura pendiente fue la música. De chico, en su casa no había lujos y ni se le ocurría sugerir la posibilidad de aprender algún instrumento. Cuando ganó sus primeros sueldos y pudo comprarse un piano, no tuvo constancia ni paciencia. “Quería aprender todo muy rápidamente y en la música, los tiempos de aprendizaje son muy difíciles de modificar”, contaba con algo de frustración.

Marcos Mundstock en mayo de 2018, con la placa con la cual la Ciudad de Buenos Aires le rindió homenaje (EFE/ Pablo Ramón)

Marcos Mundstock en mayo de 2018, con la placa con la cual la Ciudad de Buenos Aires le rindió homenaje (EFE/ Pablo Ramón)

En su vida personal, compartió la vida con la cardióloga Laura Glezer. Solía contar que se enamoró de ella “porque conoce mi corazón”. Juntos tuvieron a Lucía, su única hija, licenciada en Administración de Empresas, actriz y productora con la que compartía la pasión por el fútbol, un deporte que jugó hasta que el cuerpo se lo permitió. De chico era de Boca, hasta que en un partido contra Chacarita se dio cuenta que quería que ganaran los Funebreros “porque jugaban más lindo”.

El humor siempre lo acompañaba y con su voz seria podía hacer las reflexiones más graciosas sin perder la compostura. Como esa vez que interrumpió una ponencia en el Congreso Internacional de la Lengua con esta reflexión: “La expresión ‘me importa un bledo’ no tiene igual. ¿Alguien sabe lo que es un bledo? Algún día un ejército de bledos se lanzará sobre los hispanohablantes para vengarse de tantos siglos de ninguneo”.

En el mismo tono propuso “formas más directas” y cambiar expresiones como “donde manda capitán no manda marinero” por “el más explícito “donde manda capitán hay que ir”, o que en vez de “una golondrina no hace verano” usar “expresiones más vulgares” como “una golondrina no hace un carajo”. Eso sí, “con perdón de Gustavo Adolfo Bécquer”, decía.

En más de 50 años de profesión, forjó una relación de amistad y respeto mutuo con otros genios del humor como QuinoRoberto Fontanarrosa Alejandro Dolina, todos exponentes de un humor gracioso e inteligente. “A mí me gusta el humor por el ingenio, no necesito que sea muy intelectual. Entonces, me gusta el humor del tipo que sale y dice: ‘Mirá lo que digo’. En cambio, no me gusta el tipo que dice: ‘Mirá lo que me atrevo a decir’, y se pone impertinente. Ese humor no me mueve un pelo, entre otras cosas porque soy calvo, todo el mundo lo sabe”, decía, logrando que la humorada no tapara la sabiduría. Además, fijaba su límite: jamás hacer humor “sobre el dolor ajeno”.

Se fue Mundstock. Solía decir que por su inconfundible voz siempre lo convocaban para hacer de Dios o de psicoanalista. Seguramente, si Dios existe hoy le guiñará un ojo y lo dejará pasar sin problemas. Es que con tanto humor y tanta risa, Marcos tiene el Cielo bien ganado.

Marcos Mundstock

Marcos Mundstock

Humor with Art 3

Szeifert Judit

I share sometimes humorous art posts on my Jadea Art facebook page. I noticed that most of you love them. These are the most popular posts. I shared already some funny art memes in 2 earlier posts (HUMOR with ARTHUMOR with ART 2). I promised I would continue. Now comes the third post. Enjoy and laugh 😀

Girl with a pearl earrings of Vermeer in our times...

Girl with a pearl earrings of Vermeer in our times…
Johannes Vermeer (Dutch, 1632–1675)_Girl with a Pearl Earring ca. 1665
Johannes Vermeer (Dutch, 1632–1675) | Girl with a Pearl Earring ca. 1665
Oil on canvas 44.5 x 39 cm
Mauritshuis, Haag
Van Gogh with Vermeer's Girl with perl in romantic 'Starry Night' scene
Van Gogh with Vermeer’s Girl with a perl in romantic ‘Starry Night’ scene
Mona Lisa, Girl With a Pearl Earring and Vincent Van Gogh into the famous 'Love Triangle Meme' by Hayati Evren visual art designer
Mona Lisa, Girl With a Pearl Earring and Vincent Van Gogh into the famous ‘Love Triangle Meme’ by Hayati Evren visual art designer
Van Gogh with Mona Lisa in his landscape
Van Gogh with Mona Lisa in his landscape
Michelle Pfeiffer in role of 'Adela Øde Labille-Guiard's Self-Portrait with Two Pupils'
Michelle Pfeiffer in role of Adela Øde Labille-Guiard’s Self-Portrait with Two Pupils
Raffaello Sanzio da Urbino, known as Raphael (Italian, 1483–1520) | La velata [The Woman with the Veil] 1514–1515
Oil on canvas 82 cm × 60.5 cm
Palatine Gallery, Palazzo Pitti, Florence
Rowan Atkinson (Mr. Bean) in role of Raphael’s painting The Woman with the Veil
Scene of Caravaggio in a new context
Scene ‘The Incredulity of Saint Thomas‘ of Caravaggio in a new context
Variations on Maurizio Cattelan's artistic idea
Variations on Maurizio Cattelan’s artistic idea
Vincent Van Gogh's self portrait by Maurizio Cattelan style
Vincent Van Gogh’s self portrait by Maurizio Cattelan style
Salvador Dalí, Frida Kahlo and Vincent Van Gogh in roles of Alain Delon, Marianne Faithfull and Mick Jagger
Salvador DalíFrida Kahlo and Vincent Van Gogh in roles of Alain DelonMarianne Faithfull and Mick Jagger
Casual day of Dalí and Van Gogh
Casual day of Dalí with Van Gogh together

El más triste de los pecados

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De los pecados capitales, la envidia es el más triste.

Todos los demás, proporcionan placer al pecador:

El perezoso, disfruta de su holganza,

El goloso de sus hartazgos,

El avaro obtiene placer contando sus riquezas,

El iracundo se desahoga de su rabia con sádico placer,

El soberbio se ufana de sus vanidades,

El lujurioso, que es el que obtiene el mayor placer, disfruta de grandes deleites-

En la envidia no hay ninguna satisfacción, es la tristeza por lo ajeno