Polución informativa

Sobre la veracidad de la información, las noticias falsas y la intención de causar daño
Autor: Gonzalo Casino Fuente: IntraMed / Fundación Esteve
https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=93098&uid=520577&fuente=inews

Los rumores y las noticias falsas no son algo nuevo. Se han utilizado en la guerra, en la política, en la economía y en todo tipo de disputas. También en la ciencia y la medicina; pensemos, sin ir más lejos, en la información sobre el cambio climático, el sida, el ébola o las vacunas. Pero las redes sociales y la tecnología han magnificado un problema del que quien más quien menos ya es consciente.

El término fake news (noticas falsas o falseadas) ha irrumpido con fuerza, pero los más sagaces han advertido que se queda corto, pone erróneamente el foco en el periodismo (en cierto modo, noticia falsa es un oxímoron) y desvirtúa un problema más complejo, el de la polución informativa. El ecosistema informativo está ciertamente contaminado por bulos, noticias erróneas, contenidos inventados, descontextualizaciones y manipulaciones varias, y esto nos obliga a repensar individual y colectivamente sobre la calidad y los intereses que hay detrás de la información.

No es lo mismo una noticia errónea como consecuencia de un periodismo deficiente que una información inventada

El problema trasciende a los medios de comunicación y al concepto de noticia falsa, que resulta inapropiado y poco práctico para dar cuenta de toda la gama de contenidos falsos, las formas en las que se difunden y las intenciones de quienes los crean y propagan. Porque no es lo mismo una noticia errónea como consecuencia de un periodismo deficiente que una información inventada, y no es lo mismo una noticia veraz difundida por interés público que una información también verdadera pero propagada para hacer daño a alguien.

No basta con considerar solo la veracidad de la información, hay que tener en cuenta también si la información pretende o no causar daño, según ha propuesto Claire Wardle, investigadora del Shorenstein Center de la Universidad de Harvard y directora del proyecto First Draft. De acuerdo con esta doble dimensión, Wardle recomienda distinguir entre misinformation (información errónea), cuando la información es falsa pero no se quiere causar daño; desinformation (desinformación), cuando es falsa y se pretende causar daño con ella, y malinformation (información malintencionada), cuando es cierta, pero se pretende perjudicar a alguien revelando información generalmente privada.

El uso de un vocabulario preciso y compartido, como el que propone esta investigadora, es algo básico y preliminar para entender mejor el problema. Por encargo del Consejo de Europa, Wardle ha elaborado con Hossein Derakhshan el informe Information Disorder. Toward an interdisciplinary framework for research and policymaking, cuyo título habla inequívocamente de un problema o trastorno de la información que precisa, antes que nada, un marco conceptual interdisciplinar para orientar la investigación y poder aplicar medidas correctoras. Para tratar de entender cualquier ejemplo de este “desorden informativo” o “trastorno de la información”, este interesante documento ilustra la conveniencia de analizar sus elementos (agente, mensaje e intérprete) y sus fases (creación, producción –el mensaje se convierte en producto mediático– y difusión). Solo usando un vocabulario común sobre la información y sus desórdenes parece posible abordar los retos asociados con la credibilidad (un factor psicológico), la verdad (un concepto semántico referido a la veracidad de los datos y las informaciones) y los hechos, que no son verdaderos o falsos, sino reales o inventados.

Las noticias son un tipo especial de información inmersa en un ecosistema digital en el que cualquiera puede crear, empaquetar y difundir información y en el que cualquiera puede llevarse a engaño. Para evitarlo, el primer paso es pensar críticamente acerca del lenguaje que utilizamos, en un camino de aprendizaje –el del pensamiento crítico–que implica una cierta alfabetización sobre la información y el periodismo. Este aprendizaje nos incumbe a todos, pero las personas con una cierta responsabilidad pública, desde los políticos a los educadores, periodistas y médicos, están especialmente concernidas.  La guía de la Unesco Journalism, ‘Fake News’ & Disinformation y los cursos de verificación de First Draft son un buen aperitivo.

Sofocleto. Variedad

s1

Luis Felipe Angell vio la primera luz en Paita, Perú, el 12 de abril de 1926. Sus padres fueron Jorge Angell Palacios y doña Juana de Lama. Su precocidad fue notable: a los 4 años de edad leía perfectamente, y a los 7 ya escribía versos. Gracias a su propensión a la lectura, recibió como herencia las bibliotecas de sus tíos abuelos, que, juntas, sumaban la friolera de 25,000 volúmenes.

Debutó como humorista en El Comercio en el verano de 1955, con una columna en la que por primera vez firmó como ‘Sofocleto’ (seudónimo que adoptó en honor de Sófocles, el autor de Edipo rey). Pasó luego a la revista Caretas y, sucesivamente, a los diarios Correo, Ojo, Expreso y La República, con sus “Mentiras universales”, “Frases célebres”, “Sicología animal”, “Ángulo agudo”, “Parlamentarias” y famosos sinlogismos como “Huachafería es la distancia que hay entre el mediopelo y el terciopelo”.

Publicó más de veinte libros, entre ellos Sinlogismos, acaso el más vendido, Mentiras universales, Sofonetos, Los cojudos, La Sábana de Arriba, La Sábana de abajo, Sinlogismos, entre otros.

Luiis Felipe Angell, ‘Sofocleto’, partió a la eternidad el 18 de marzo de 2004.

FRASES CELEBRES

  • ”¡Qué raro… al esqueleto de este burro le han sacado la quijada…!”. (Abel)
  • ¡¿Cómo, Jefe… uno de barbita que le dicen Jesús…?! No, no lo he visto, pero si lo veo les aviso inmediatamente, jefe…! (San Pedro)
  • Sí, me nombraron intermediario en el problema del clero con los príncipes de la Corte, porque, como soy especialista en hablar con animales…. (San Francisco de Asís)
  • “¿Y esta loca se habrá creído que voy a perder la cabeza por ella…?” (San Juan Bautista)
  • “La verdad, a mí me gusta ser explícito…” (Tácito)
  • “¿Y dice usted que lo mandaron para acá…?” (Lamier)
  • “Negro… ¿no quisieras darte una vuelta a la manzana….? (Eva)
  • “San Juan Bautista… por favor… ¿Quisieras venir a mi carpa, que quiero darte una sorpresa…?” (Salomé)

DICCIONARIO LOCO

MUJER: Alimento indispensable para la nutrición de las hormonas.
SENO: Glándula de la mujer donde el niño aprende a mamar, para cuando sea grande.
TORMENTO: Situación conyugal que estalla cuando descubren que hemos olvidado la ropa interior en alguna parte.
CRESTA: Distintivo que usa el gallo para que no lo pisen otros ejemplares de su misma especie.
CORVA: Parte de la rodilla femenina susceptible de acoplarse al hombro masculino en circunstancias de alta emotividad.
CURA: Personaje que con sotana es normal pero que con fulana es un escándalo.
PUTATIVO: Nombre que se da a cierta clase de hijos que, casi siempre, terminan siendo lo que son. JAURIA: Multitud que oyó decir la palabra “gratis”.
LENGUA: Instrumento cortante que usan las mujeres para convertir en tajadas al prójimo.
TELEFONO: Aparato que usan las mujeres para no pensar lo que dicen.
BUSTO: Parte de la mujer que le facilita conseguir sostén.
AXILA: Parte del cuerpo que permite localizar a un negro en la oscuridad.
TELEGRAMA: Lenguaje inventado por Tarzán para hablar con los hombres blancos.
GRASA: Distancia de la que fuera nuestra novia de la que ahora es nuestra mujer.
MOJIGATA: Animal que sólo despierta cuando se le pasa la mano por el lomo.
VECINA: Ciudadana que, cuando la oímos bañarse en la ducha, nos hace polvo la imaginación.
CALZON: Palabra que se nos viene a la mente cuando saludamos a la vecina.
PIEL: Especie de imán irresistible que cubre a la mujer de pies a cabeza.
PARED: Montaña de ladrillos que se interpone entre nuestra vecina y nosotros.

EL RINCÓN DE EVA

“­Caracho, me parece que metí la pata con Zelmira… la felicité porque su hija, la menor, estaba en Estados Unidos… y resulta que está en “estado”, nomás….!”

“­Pues en pleno micro me robaron el calzón… claro, una es viuda reciente, pensé que lo hacían por otra cosa… y sólo querían robarme el calzón… “Te fijas cómo está el país?!”

“¡¿Viste qué idiota el ratero ese…. se nota que mi pantalón no tiene bolsillos y dale a meterle la mano a una…!”

“¡Ay, Pepita, no sé qué hacer… el doctor Tiravanti me operó de la hernia y ahora dice que quiere casarse conmigo….! ¡¿Qué me habrá visto, digo yo…?!”

“¡No me digas… un Festival de Chaplín… no me lo pierdo, hija… a mí me encantan esas galletas….!”

SINLOGISMOS

o El verdadero pecado de la carne consiste en que se la coma otro.
o La vida enseña que sólo por las escaleras se puede subir sin recomendación.
o Aquí no podríamos repetir lo del Gólgota, porque los malos ladrones están en libertad y los buenos ladrones siempre han estado en el paraíso…
o El Sermón de las Tres Horas lo puede oír cualquiera en casa… basta con que llegue a las cuatro de la madrugada.
o Jugar ajedrez es fácil. Lo difícil es comerse a la dama.
o Nada viste tanto a una mujer como la desnudez.
o Antes, los indios eran alegres porque en todas las momias aparecen riéndose.
o ¡Nadie sabe lo pesado que es cargar con una mujer liviana…!
o El peligro de los analfabetos está en que comiencen a escribir.
o Cuando llueve es que orinan los ángeles. Cuando gotea es San Pedro que trata de orinar.
o El monólogo consiste en tratar de explicarle algo a una mujer.
o La prostitución consiste en dar el “sí” cuando les dan el “sol”.
o Todas las sonámbulas terminan embarazadas.
o De acuerdo… Dios hizo a la cucaracha… pero, ¿por qué la barnizó?
o ¡No, yo a un rencoroso no lo perdono jamás…!
o Para casarse con el maestro hay que aprender a enseñar
o El reloj sería perfecto si nuestra impaciencia le produjera taquicardia
o Lo único cierto es que la verdad no existe. Y esto también es falso.
o Digo yo, ¿de qué famoso pirata descenderán los tuertos…?
o El beso es una contracción que abre camino a todas las expansiones.
o Nadie duerme cuando se malogra el despertador.
o Tener hijos no es negocio… porque cinco minutos de “dale y dale” después nos cuestan toda una vida de “pide y pide”.

PALABRAS IMPOSIBLES

o Bueno pero, digan lo que digan, parece que la tal María Magdalena estaba requetebuena, ¿eh?.
o ”No es indigestión, mamá… fue mi primo Tony, hace dos meses, en su automóvil…”.
o ”La verdad, yo vengo a la casa no por su hija sino por usted, que está buenísima señora…”.

MENTIRAS UNIVERSALES

  • “Pero, negro, ¿acaso yo soy doctora para saber por qué Pichín no salió rubio como tú, sino medio zambito…?”
  • “Señorita Carmen, esta noche quédese después de las seis porque tengo que dictarle unas cartas…”
  • “­Sí, Juro, señor juez…!”
  • “¿Esto…? Es bicarbonato, jefe…”
  • “El Señor García… Un inquilino que tomé al fallecer mi esposo…”
  • Pregunta la hermosa secretaria: ¿Que yo podría arreglar muy fácilmente mis problemas económicos…?. ¡No se me ocurre cómo, señor gerente!”
  • “¿Que donde está mi calzón…?!. ¡Pero, tú estás fuera de onda, negro…!. ¡Con este verano, ¿quién se pone calzón…?!”
  • ”¿Qué arañazos, negrita…?! Ah, sí… discutí con un policía y me arañó la cara…!”.
  • ”¡Mira, hijito, a mí en la calle no vuelvas a llamarme ”papá” sino ”Padre López”…! ¡¿Entendiste, estúpido…?!”
  • ”¡Ay, Dios mío, qué vergüenza tengo, señor Gutiérrez…!”.

 

KAIZEN – MEJORA CONTINUA

 

El objetivo  de la Mejora Continua (Kaizen en japonés) es eliminar los desperdicios (actividades innecesarias) y las operaciones que no le agregan valor al producto o a los procesos.

Toyota define el desperdicio como: “cualquier otra cosa que no sea el mínimo de equipo, materiales, componentes y tiempo de trabajo absolutamente esencial para la producción”.

Todas las  operaciones que generan valor añadido son aquellas por las que el cliente final está dispuesto a pagar.

Por tanto, se busca potenciar  las operaciones de  valor añadido y  reducir el desperdicio. A través de un sistema de Mejora Continua vamos a combatir dicho desperdicio, aplicando la metodología Kaizen.

En los procesos tradicionales se incrementa el valor añadido mediante inversiones en personal, equipos, tecnología, etc., lo que conlleva en muchas ocasiones que también se incrementen las actividades que no agregan valor. Con la Mejora Continua, se incrementa el valor añadido de tus operaciones eliminando desperdicios con los recursos existentes.

¿Por qué aplicar el Kaizen, como un sistema de mejora continua?

Para ver la necesidad de aplicar un Sistema Kaizen de Mejora Continua es necesario hacerse algunas preguntas:

¿Crees que necesitas mejorar?¿Su organización tiene como objetivo, una constante mejora de sus capacidades y de resultados? ¿Sabe identificar lo que realmente aporta valor en sus procesos productivos? ¿Sabes por tanto identificar el desperdicio en su empresa?

¿Su organización se siente desbordada continuamente por las urgencias? ¿Usted mismo o algunos miembros de su organización tienen la sensación de estar siempre “apagando fuegos” ?

¿Tiene realmente a toda su organización motivada? ¿Están todos orientados hacia un mismo y único fin? ¿Todos los miembros de su organización conocen realmente sus objetivos, y el objetivo común de la compañía?

¿Cree que realmente se esta aprovechando todo el potencial y el conocimiento de todos los miembros de su organización?¿Su opiniones e ideas son escuchadas y gestionadas?
¿Están todos sus sistemas productivos estandarizados? ¿Todos los miembros de su organización tiene claros los estándares de calidad exigidos por el cliente?

Frente a la situación actual de los mercados, y constante reducción de los márgenes, es necesario reaccionar e iniciar un constante proceso de cambio. La Mejora Continua es el medio para alcanzar el fin último que es mejorar los resultados de su compañía, contando con una persona en el equipo especializada que cuente con formación experta en Lean.

Evolución Lean: Global Lean

La metodología “Lean Manufacturing” se basa en el sistema de fabricación  de Toyota (“Toyota Production System” o TPS). El ingeniero jefe de Toyota Taichi Ohnio lanzó estos nuevos sistemas de producción en los años 60.

A finales de los años 80 se acuñó el termino Lean System, y durante esa década esta metodología se extendió con gran rapidez a todas las grandes compañías automovilísticas  y sus proveedores. Pero no fue hasta el año 1990, cuando J. P. Womack y D. T. Jones, documentaron el Sistema de producción Toyota en su libro “The Machine that changed the world”.

Con la evolución de los mercados cada vez mas competitivos, esta metodología se ha adaptado a sectores tan diferentes como el sector de  la logística,  alimentación, sanidad, servicios, aeronáutica, construcción, educación, etc.

Lean ha demostrado en todos los sectores que su correcta aplicación genera una organización mas flexible y permite hacer frente a las nuevas exigencias del mercado.  Su aplicación  mejora la productividad y reduce costes.

La posibilidad de la mejora continua está presente en todas las actividades empresariales. Las herramientas lean, y sus metodologías se han adaptado y mejorado para todo tipo de entorno y actividad. Su implantación es posible con método y rigor, en todo tipo de empresa.

Espíritu Kaizen

Para el Kaizen  (Kai significa cambio y Zen significa bondad) el objetivo principal es no parar de mejorar: Mejora Continua.

Los 10 puntos del espíritu Kaizen
1 Abandonar las ideas fijas, rechazar el estado actual de las cosas.
 2 En lugar de explicar lo que no se puede hacer, reflexionar como hacerlo.
 3 Realizar inmediatamente las buenas propuestas de mejora.
 4 Corregir un error inmediatamente in situ.
 5 Encontrar las ideas en la dificultad.
 6 No buscar la perfección, ganar el 60 % desde ahora.
 7 Buscar la causa real, respetar los 5  “por qué” y después buscar la
solución.
 8 Tener en cuenta las ideas de 10 personas en lugar de esperar la idea genial de una sola
 9 Probar y después validar.
10 La mejora es infinita.

Algo más para revisar:

Administracion_calidad_total pdf

Otros autores de libros sobre calidad total

William Edwards Deming

Joseph Moses Juran 

“El humor” Sigmund Freud -1927

1a

En mi trabajo de 1905 sobre El chiste y su relación con lo inconsciente sólo consideré el humor desde el punto de vista meramente económico, pues a la sazón me importaba revelar la fuente del placer que despierta el humor, y creo haber demostrado que reside en el ahorro del despliegue afectivo.

El proceso humorístico puede llevarse a cabo de doble manera: ya sea en una sola persona, que adopta ella misma la actitud humorosa, mientras el papel de la segunda se limita al de mero espectador divertido; ya entre dos personas, de las cuales una no tiene la menor parte activa en el proceso humorístico, siendo aprovechada por la segunda como objeto de su consideración humorística. Detengámonos en el más crudo de los ejemplos. Si el reo conducido un lunes a la horca exclama: «¡Linda manera de empezar la semana!», entonces él mismo despliega el humor, el proceso humorístico se agota en su persona y evidentemente le produce cierta satisfacción. A mí, al espectador sin parte ni interés, me toca en cierto modo un efecto a distancia de la producción humorística del reo; quizá de manera análoga que él perciba el beneficio placentero del humor.

Se da el segundo caso, por ejemplo, cuando un poeta o narrador nos describe con humor la conducta de personas reales o imaginarias. No es preciso que estas personas exhiban a su vez humor alguno: la actitud humorística concierne exclusivamente a quien las toma como objetos; también aquí, como en el caso precedente, el lector o auditor es mero partícipe del placer que causa el humor. Abreviando, cabe decir, pues, que la actitud humorística -cualquiera que sea su contenido- puede dirigirse contra la propia o ajenas personas; también cabe aceptar que proporciona un beneficio placentero a quien la adopta y un análogo placer corresponde también al espectador sin parte alguna en la trama.

Para comprender la génesis del placer humorístico lo mejor es considerar el proceso que se opera en el oyente ante quien otra persona despliega su humor. Aquél ve a ésta en una situación cuyas características le permiten anticipar que producirá las manifestaciones de algún afecto: se enojará, se lamentará, expresará dolor, susto, terror, quizá aun desesperación, y el espectador-oyente se dispone a seguirla, a evocar en sí las mismas emociones. Pero esta disposición afectiva es defraudada, pues el otro no expresa emoción alguna, sino que hace un chiste.

En el oyente surge así del despliegue afectivo ahorrado el placer humorístico.

Hasta aquí todo es fácil, pero no tardamos en decirnos que es el proceso desarrollado en el otro, en el «humorista», el que merece mayor atención. Sin duda, la esencia del humor consiste en que uno se ahorra los afectos que la respectiva situación hubiese provocado normalmente eludiendo mediante un chiste la posibilidad de semejante despliegue emocional. En este sentido el proceso del humorista debe coincidir con el del oyente, o más bien dicho, el proceso de éste debe ser una copia del que ocurre en aquél. Pero, ¿cómo logra alcanzar al humorista esa actitud psíquica que le torna superflua la descarga afectiva? ¿Qué sucede en él, dinámicamente, durante la «actitud humorística»? Evidentemente, habremos de buscar la solución del problema en el propio humorista, pues en el oyente sólo podremos hallar un eco, una copia, de ese proceso desconocido.

Es hora de que nos familiaricemos con algunas características del humor. No sólo tiene éste algo liberante, como el chiste y lo cómico, sino también algo grandioso y exaltante, rasgos que no se encuentran en las otras dos formas de obtener placer mediante una actividad intelectual. Lo grandioso reside, a todas luces, en el triunfo del narcisismo, en la victoriosa confirmación de la invulnerabilidad del yo. El yo rehúsa dejarse ofender y precipitar al sufrimiento por los influjos de la realidad; se empecina en que no pueden afectarlo los traumas del mundo exterior; más aún: demuestra que sólo le representan motivos de placer. Este último rasgo es absolutamente esencial para el humor. Supongamos que el reo conducido al cadalso en día lunes hubiese dicho: «Todo esto no me importa. ¿Qué más da si cuelgan a un tipo como yo? Por eso no se vendrá abajo el mundo.» Entonces deberíamos juzgar que este discurso, si bien expresa una magnífica superación de la situación real, si bien es sabio y justificado, no traduce ni pizca de humor y hasta se basa en una apreciación de la realidad que es directamente opuesta a la del humor. El humor no es resignado, sino rebelde; no sólo significa el triunfo del yo, sino también del principio del placer, que en el humor logra triunfar sobre la adversidad de las circunstancias reales.

Estos dos últimos rasgos -el repudio de las exigencias de la realidad y la imposición del principio del placer- aproxima el humor a los procesos regresivos o reaccionarios que tanto nos ocupan en la psicopatología.

Al rechazar la posibilidad del sufrimiento, el humor ocupa una plaza en la larga serie de los métodos que el aparato psíquico humano ha desarrollado para rehuir la opresión del sufrimiento; serie que comienza con la neurosis, culmina en la locura y comprende la embriaguez, el ensimismamiento y el éxtasis. El humor debe a esta vinculación una dignidad que le falta del todo, por ejemplo, al chiste, pues éste sirve tan sólo al beneficio placentero, o bien pone esta ganancia al servicio de la agresión. ¿En qué consiste, pues, la actitud humorística que nos permite rechazar el sufrimiento, afirmar la insuperabilidad del yo por el mundo real, sustentar triunfalmente el principio del placer, y todo ello sin abandonar, como ocurre en los otros procesos de idéntico designio, el terreno de la salud psíquica, aunque este precio parecería ser ineludible?

Si nos enfrentamos con la situación en la cual alguien adopta una actitud humorística frente a otros, nos parecerá evidente la concepción, ya apuntada con cautela en mi libro sobre el chiste, de que esa persona se conduce como un adulto ante el niño, al reconocer en toda su futilidad y al sonreír sobre los intereses y pesares que a éste le parecen tan enormes. De modo que el humorista ganaría su superioridad al adoptar el papel del adulto, al identificarse en cierto modo con el padre, reduciendo a los demás al papel de niños. Esta suposición probablemente comprenda los hechos empíricos, pero no la podemos considerar imperativa. Por lo demás, cabe preguntarse con qué autoridad llega el humorista a arrogarse ese papel.

Mas recordaremos aquella otra situación humorística, quizá más primitiva e importante: la de quien dirige el humor contra su propia persona para defenderse así del sufrimiento amenazante.

¿Acaso tiene sentido decir que alguien se trata a sí mismo como a un niño y que simultáneamente adopta frente a este niño el papel del adulto superior?

Creo que podremos prestar sólido apoyo a este concepto, por inverosímil que parezca, trayendo a colación lo que la experiencia patológica nos ha enseñado sobre la estructura de nuestro yo. Este yo no es algo simple, sino que aloja como núcleo central una instancia particular -el super-yo- con la que a veces se funde, al punto que no logramos diferenciarlos, mientras que en otras condiciones discrepa violentamente del mismo. Genéticamente, el super-yo es el heredero de la instancia parental; a menudo mantiene al yo en severa dependencia, lo trata realmente como los padres -o más bien el padre- trataron al niño en años anteriores.

Alcanzamos así una explicación dinámica de la actitud humorística, admitiendo que consiste en que la persona del humorista ha retirado el acento psíquico de su yo para trasladarlo sobre sus super-yo. A este super-yo así inflado, el yo puede parecerle insignificante y pequeño, triviales todos sus intereses, y ante esta nueva distribución de las energías, al super-yo le resultará muy fácil contener las posibles reacciones del yo.

Fieles a nuestra acostumbrada terminología, en lugar de «traslación del acento psíquico» tendremos que decir «desplazamiento de grandes cantidades de catexis». Mas entonces habrá que verificar si es lícito concebir tales desplazamientos masivos desde una instancia del aparato psíquico a la otra, pues esta noción tiene todo el aspecto de una nueva hipótesis construida ad hoc. Sin embargo, recordaremos haber tenido en cuenta semejante factor en repetidas, aunque no en suficientes ocasiones, cuando intentábamos formarnos una representación metapsicológica del suceder psíquico. Así, por ejemplo, aceptamos que la diferencia entre la catexis erótica objetal común y el estado del enamoramiento consiste en que en este último es incomparablemente mayor la carga trasladada al objeto; que, en cierto modo, el yo se vacía en el objeto. Al estudiar algunos casos de paranoia pude comprobar que las ideas de persecución se forman precozmente y subsisten durante largo tiempo sin manifestar efectos apreciables, hasta que determinado motivo viene a proveerlas de catexis suficientes para tornarlas dominantes. También la curación de tales episodios paranoicos debe consistir en el retiro de las cargas conferidas a las ideas delirantes, más bien que en su resolución y corrección. La alternancia de melancolía y manía, de cruel supresión del yo por el super-yo y subsiguiente liberación del yo, nos da asimismo la impresión de consistir en semejante fluctuación catéctica, fenómeno al que, por otra parte, también habría que recurrir para explicar toda una serie de fenómenos de la vida psíquica normal. Si hasta ahora sólo hemos recurrido tan raramente a esta concepción, ello se debe a la cautela más bien loable con que solemos proceder. La patología de la vida anímica es el terreno en el cual nos sentimos seguros; allí hacemos nuestras observaciones, allí logramos nuestras convicciones; pero por el momento sólo osamos formular juicios sobre lo normal, en tanto que lo podemos inferir a través de los aislamientos y las deformaciones de su expresión patológica. Cuando hayamos superado esta cautela, reconoceremos cuán grande es el papel que en la comprensión de los procesos psíquicos corresponde a las condiciones estáticas, tanto como a los cambios dinámicos cuantitativos de la catexis energética.

Creo, pues, que merece ser tenida en cuenta la anotada posibilidad de que en cierta situación la persona hipercatectice de pronto su super-yo y luego modifique desde éste las reacciones del yo. Además, mi hipótesis sobre el humor también tiene una notable analogía en el vecino terreno del chiste. Hube de aceptar que éste se origina en el momentáneo abandono de una idea preconsciente a la elaboración inconsciente, de modo que el chiste representaría una contribución a lo cómico ofrecida por el inconsciente. En completa similitud, el humor vendría a ser la contribución a lo cómico mediada por el «super-yo».

Comúnmente conocemos al super-yo como muy severo amo, y podría aducirse que mal concuerda con este carácter el que se avenga a facilitar al yo un pequeño goce placentero. Es cierto que el placer humorístico jamás alcanza la intensidad del que se origina en lo cómico o en el chiste, y nunca se expresa en risa franca; también es cierto que el super-yo, al provocar la actitud humorística, en el fondo rechaza la realidad y se pone al servicio de una ilusión. Pero -sin saber- a ciencia cierta por qué- adjudicamos alto valor a este placer poco intenso, lo sentimos como particularmente liberador y exaltante. Además, la broma que hace el humor tampoco es su elemento esencial, pues sólo tiene el valor de una muestra; lo principal es la intención que el humor realiza, ya se efectúe en la propia persona o en una extraña. El humor quiere decirnos: «¡Mira, ahí tienes ese mundo que te parecía tan peligroso! ¡No es más que un juego de niños, bueno apenas para tomarlo en broma!»

Si es realmente el super-yo quien por medio del humor consuela tan cariñosamente al intimidado yo, ello nos demuestra que aún tenemos mucho que aprender sobre la esencia del super-yo. Por lo demás, no todos los seres tienen el don de poder adoptar una actitud humorística, pues ésta es raro y precioso talento, y muchos carecen hasta de la capacidad para gozar el placer humorístico que otros les proporcionan. Por fin, si el super-yo trata de consolar al yo con el humor, protegiéndolo del sufrimiento, no contradice por ello su origen de la instancia parental.