Caroline Hershel. Buscadora de estrellas

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Caroline Lucretia Herschel

(Hannover, 16 de marzo, 1750 – Hannover, 09 de enero, 1848)

Caroline Lucretia Herschel nació el 16 de marzo de 1750 en Hannover, Prusia (hoy Alemania), hija de Isaac Herschel y Anna Ilse Moritzen.

Su padre, que era músico, si bien nunca realizó estudios oficiales, mantuvo a lo largo de su vida una inquietud por diversas ramas del conocimiento, y así procuró una educación polifacética a sus cuatro hijos varones, enseñándoles música, matemáticas, astronomía, filosofía y francés.

Por su parte, sus dos hijas, como era habitual en la época, estaban destinadas a no aprender sino las tareas domésticas. Sin embargo, Caroline enseguida mostró interés por las conversaciones que tenían lugar entre su padre y sus hermanos. En su afán de aprender, pronto encontró el apoyo de su padre, pero como contrapartida contó con la oposición de su madre, que en consonancia con las ideas de su tiempo, consideraba poco femenina toda ocupación que involucrase el pensamiento.

Así pues, con mayor o menor disimulo, su padre empezó a hacer a Caroline partícipe de sus conocimientos. Ella misma recuerda en sus memorias la noche en que su padre le mostró las primeras constelaciones, así como un cometa que entonces era visible. Poco imaginaba Caroline que ella se convertiría en la primera mujer en la Historia en descubrir un cometa.

Cuando los franceses ocuparon Hannover en 1757, su padre marchó a la guerra; por otra parte su hermano William Herschel, con quien Caroline compartía sus inquietudes astronómicas, emigró a Inglaterra como músico. Con lo cual Caroline quedó bajo la tutela de su madre que la envió a aprender a hacer punto y cercenó por el momento sus posibilidades de dedicarse a la astronomía o a cualquier actividad de índole intelectual.

Debido a la malformación que le produjo el tifus a los 10 años (medía escasamente 1,30m) pronto desistió Caroline de intentar contraer matrimonio (y efectivamente nunca lo hizo, con lo cual conservó siempre el apellido Herschel). Así pues, su deseo de independizarse sólo se vio realizado cuando, a la edad de 22 años, su hermano William la llevó con él a Inglaterra. Así, mientras se ocupaba del mantenimiento de la casa de William, pudo retomar sus dos grandes aficiones: la música y la astronomía. Respecto de la primera, llegó a ser una destacada soprano.

Y respecto de la segunda, pronto empezó junto con su hermano a pulir espejos para la construcción de telescopios, y a ayudarle también en la catalogación y revisión de sus observaciones, aplicando para ello los conocimientos matemáticos que había podido adquirir. En poco tiempo pasó de discípula de su hermano a colaboradora.

Ambos se dedicaban, pues, a la astronomía como aficionados, mientras William seguía trabajando como músico. Cuando éste realizó en 1781 el descubrimiento del planeta Urano, el rey Jorge III de Inglaterra le concedió un sueldo de 200 £ anuales que le permitió dedicarse plenamente a la astronomía, con lo cual también Caroline tomó esta dedicación.

Para William fue una ayuda inestimable el tratamiento matemático que su hermana hacía de los datos por él obtenidos. De hecho, sólo cuando William estaba de viaje podía Caroline dedicarse plenamente a sus propias observaciones, y así fue como comenzó a hacer sus primeros descubrimientos de nebulosas. Varios objetos de cielo profundo había encontrado ya, cuando llegó, el 1 de agosto de 1786, el primer cometa que Caroline descubrió. Ello le valió un sueldo de 50 £ anuales por parte de Jorge III, y el reconocimiento de las autoridades científicas de la época, que acogieron, con recelo unos y con admiración otros, algo tan inédito como el trabajo científico de una mujer.

Continuó durante años su labor de catalogación de nebulosas (donde el término se refiere más exactamente a objetos de cielo profundo, pues algunos de ellos resultaron posteriormente ser galaxias), calculando las posiciones de sus descubrimientos y de los de su hermano. Sus cálculos fueron siempre de una notable exactitud.

Los objetos de cielo profundo por ella descubiertos fueron incluidos en el catálogo que elaboró William, y actualmente figuran en el New General Catalogue con los números NGC 205, 225, 253, 381, 659, 891, 2349, 2360, 2548, 6633, 7380 y 7789. Ello incluye nebulosas, galaxias espirales e irregulares y cúmulos abiertos.

Curiosamente, dos de estos hallazgos son «Objetos Messier» descubiertos independientemente. Es el caso de M48, cúmulo abierto en Hydra. Cuando Charles Messier lo descubrió en 1771 registró su posición erróneamente, con lo cual el objeto se «perdió» hasta que fue nuevamente descubierto y correctamente registrado por Caroline Herschel, e incluido en el catálogo de William Herschel como H VI.22.

El otro objeto al que nos referimos es M110: una de las dos galaxias irregulares satélites de la de Andrómeda. Messier no lo incluyó originalmente en su catálogo, posiblemente por inseguridad respecto de su observación, y por tanto Caroline Herschel lo desconocía y lo redescubrió en 1783, diez años más tarde que Messier.

Además de esto, descubrió ocho cometas en total entre 1786 y 1797. Posteriormente se dedicó a revisar y ordenar el catálogo estelar de John Flamsteed y en 1798 envió a la Royal Astronomical Society su «Índice de Observaciones de Estrellas Fijas de Flamsteed», con una lista de 560 estrellas que éste había omitido.

Cuando William contrajo matrimonio se redujo la colaboración entre ambos hermanos. Sin embargo Caroline tuvo después un importante papel en la educación de John Herschel, hijo de William, que continuaría la saga familiar de astrónomos.

Tras la muerte de William en 1822, Caroline regresó a su ciudad natal, Hannover. Durante esta época su trabajo fue más de catalogación que de observación. En 1828 le fue concedida la medalla de oro de la Royal Astronomical Society de Inglaterra, por su catálogo de 2500 objetos de cielo profundo. Para esta época era ya una celebridad en el mundo científico, recibiendo visitas de los más eminentes personajes como el propio Karl Friedrich Gauss.

En 1835, cuando contaba 85 años de edad, recibió el nombramiento de miembro honorario de la Royal Astronomical Society.

Junto con la también matemática y astrónoma Mary Somerville, fue la primera mujer en ingresar en dicha Academia. El nombramiento honorario se debió a que ser miembro de pleno derecho estaba vetado a las mujeres.

Tres años más tarde fue miembro de la Royal Irish Academy, y en 1846, con motivo de su nonagésimo sexto cumpleaños, el rey de Prusia le otorgó la Medalla de Oro de la Ciencia.

Caroline Herschel vivió 98 años, conservando hasta entonces una salud física y mental fuera de lo común.

Posteriormente, en 1889, fue bautizado en su honor el asteroide Lucretia (segundo nombre de Caroline), y en el siglo pasado, el cráter lunar C. Herschel, al borde del Mare Imbrium.

Rosa Osiria

Rose_Osiria

Rosa Osiria. Planta nativa de Alemania, cuya característica más destacada es la combinación de colores. Los pétalos son de color rojo sangre en el interior y pura de color blanco plateado en la parte exterior. Son flores para corte, por su elegante porte, erecto de los tallos y permanece varios días en flor. Alcanza los 0,90 metros de altura.

Rosalosiria

Se cultivan en suelos con abundante materia orgánica, sueltos y con buen drenaje, en lugares soleados, preferentemente en suelos húmicos, con penetrabilidad, nutritivo y sin un alto poder ácido o alcalino

Caracteristicas generales

Esta variedad de rosa se caracteriza por:

  • Altura media: 0.9 metros.
  • Plantas caducifolias
  • Presencia de hojas alternas.
  • Muy ramificada.
  • Posee tallos largos
  • Flores llamativas, dobles, con pétalos blancos en la parte exterior y bordó-sangre-borgoña,en el interior, es aterciopelada.
  • Color: Rojas y Blancas.
  • Follaje es verde oscuro brillante.
  • Suave y delicado perfume en sus flores.
  • Florece desde la primavera hasta el otoño, desde el mes de junio a octubre.

Cuidados

Los Rosales son plantas muy sensibles a plagas y enfermedades. Estudios han demostrado que existen más de 10 plagas que se pueden dar en rosales. Por las características de la rosa Osiria y su fragancia se debe cuidar de la conocida araña roja, cochinillas, ácaros, hongos,mosca blanca. El riego es frecuente, más abundante cuando comienza a dar flor. Se debe abonar cada 15 días con abono compuesto porfósforo, potasio y hierro.

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Gunter Grass (1927)

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Escritor alemán, Premio Nobel de Literatura 1999, una de las figuras capitales de la literatura alemana después de la II Guerra Mundial.

Nació en Danzig (ahora Gdansk, Polonia). Después de servir en la fuerza aérea alemana durante la II Guerra Mundial, estudió en la Academia de Artes de Düsseldorf y en la Academia de Bellas Artes de Berlín. Las primeras obras que escribió fueron unas piezas dramáticas, Tío, tío y Los malos cocineros (1961) que no tuvieron tan buena acogida como las novelas que las siguieron.

Su primera novela, El tambor de hojalata (1959) obtuvo un enorme éxito, y más tarde fue llevada al cine, por Volker Schlöndorff. Después escribió otras novelas: El gato y el ratón (1961), Años de perro (1963), El rodaballo (1977) y Partos mentales (1980). En sus novelas se mezclan de una forma nada convencional el realismo, lo macabro, la fantasía y el simbolismo, todo al servicio del tema de la culpabilidad colectiva. Sus obras presentan habitualmente la lucha de un hombre, a menudo él mismo grotesco en su morfología o en sus percepciones, por preservar su individualidad en medio de lo que Grass concibe como la pesadilla materialista de la vida contemporánea.

Político comprometido, Grass ha ofrecido algunas veces su apoyo al Partido Socialdemócrata. Sus escritos políticos están recogidos en varios libros, como Alemania, una unificación insensata (1989), Malos presagios (1992) o Discurso de la pérdida: sobre el declinar de la cultura en la Alemania unida (1993).

Selección de poesía

«Las ventajas de las gallinas de viento» es el libro de Grass más juvenil, surrealista y expresionista a un tiempo pero plenamente dueño ya de sus recursos.

«Estadio de noche» delimita su posición ante el mundo: el poeta es alguien que se acerca peligrosamente a la meta pero está siempre fuera de juego…

«Gleisdreieck» es un paso más hacia la maduración. Grass, casi desconcertado por el éxito descomunal de su primera novela, no renuncia -muy al contrario- a ser Günter Grass. Quizá se manifieste más en este libro el moralista, pero es que el «moralismo» (y es difícil devolver a la palabra el respeto que merece) es también una característica de Günter Grass. Entre los poemas destaca

«Diana o los objetos», como profesión de fe del autor en la objetividad. «En el huevo», sin embargo, quizá sea más definitorio, no sólo de este libro sino de toda la poesía de Grass. Nos están empollando… ¿Y qué ocurriría si…? En cuanto al poema que da título al libro, ese «triángulo de vías», era el punto de tránsito entre dos dos mundos y, en retrospectiva, resulta definidor del Berlín de 1960.

«Interrogado», por último, es el libro más político de los tres y, lógicamente, debiera haber sido el que peor envejeciera. (…) Hay algunos poemas que en su día se leyeron simplemente como ataques frontales a una izquierda desmadrada, pero son poemas clarividentes y hoy casi proféticos.

Las ventajas de las gallinas de viento

Porque apenas ocupan sitio

en sus perchas de corrientes de aire

y no picotean mis domésticas sillas.

Porque no desprecian las duras mondas de los sueños,

ni corren tras las letras

que el cartero pierde cada mañana ante mi puerta.

Porque se quedan quietas

de la pechuga al penacho,

paciente superficie, escrita en letra pequeña,

sin olvidar plumas ni apóstrofos…

Porque dejan la puerta abierta

y la clave sigue siendo la alegoría

que canta de vez en cuando.

Porque sus huevos son tan ligeros

y digeribles, traslúcidos.

Quién vio ese instante

en que el amarillo se harta, agacha las orejas y calla.

Porque su silencio es tan suave,

la carne del mentón de una Venus,

las alimento…

A menudo con viento del Este,

cuando pasan las hojas de tabiques intermedios,

se abre un nuevo capítulo

y me apoyo feliz en la valla,

sin tener que contar las gallinas…

porque son innumerables y se multiplican sin pausa.

Inundación

Esperamos que cese la lluvia,

aunque nos hemos acostumbrado

a permanecer invisibles, tras la cortina.

La cuchara es colador ahora y nadie se atreve ya

a extender la mano.

Muchas cosas flotan por las calles,

cosas bien escondidas en tiempo seco.

¡Qué penoso ver las sábanas usadas del vecino!

Vamos a menudo al indicador de nivel

y comparamos, como relojes, nuestras cuitas.

Algunas cosas pueden regularse.

Pero cuando los aljibes se desborden y se colme la medida que heredamos

tendremos que ponernos a rezar.

El sótano está sumergido, hemos subido las cajas

y comprobamos con la lista el contenido.

Todavía no se ha perdido nada…

Como es seguro que las aguas bajarán pronto

hemos empezado a coser sombrillitas.

Será muy duro volver a cruzar la plaza,

claramente, con sombra de plomo.

Al principio echaremos de menos la cortina

y bajaremos al sótano a menudo

para contemplar la marca

que las aguas nos legaron.

La escuela de los tenores

Coge el trapo, borra la luna,

escribe el sol, la otra moneda

del cielo, pizarra escolar.

Siéntate luego.

Tus notas serán buenas,

pasarás al curso siguiente,

llevarás una gorra nueva y más flamante.

Porque la tiza tiene razón

y la tiene el tenor que la canta.

Deshojará el terciopelo,

ahuyentará la hiedra, medida de la noche,

el musgo, su murmullo,

todos los mirlos.

Al que toca el bajo, emparédalo

en su bóveda.

¿Quién cree aún en barricas

en que el nivel del vino disminuye?

Sea pájaro o metralla

o sólo un zumbido hasta que cruje,

porque el éter está repleto

de fines de semana y veraneos.

Tijeras que, en la sastrería,

gorjean la canción de la primavera y la costura…,

no sigas su ejemplo.

Sacando el pecho, hasta que el viento dé un rodeo.

Una y otra vez trompetas,

cucuruchos de papel llenos de cebollas de plata.

Luego paciencia.

Espera hasta que los ojos de la señora se aparten,

dos criadas descontentas.

Sólo entonces esa nota que las copas temen

y el polvo

que persigue a las molduras hasta que cojean.

Raspas de pescado, ¿quién cantará esos intersticios

al mediodía ensartado en un junco?

¡Qué bien cantaba Else Fenske cuando,

en sus vacaciones de verano,

tropezó a gran altura

cayendo por una silenciosa grieta del glaciar

y dejándonos únicamente su sombrilla

y su do de pecho!

El do de pecho, los muchos afluentes del Mississippi,

su espléndido aliento

que inventó las cúpulas y el aplauso.

Telón, telón, telón.

Deprisa, antes de que el candelabro se niegue a seguir tintineando,

antes de que las galerías se inclinen

y la seda se abarate.

Telón, antes de que entiendas ese aplauso.

Estadio de noche

Lentamente ascendió el balón en el cielo.

Entonces se vio que estaba lleno el graderío.

En la portería estaba el poeta solitario,

pero el árbitro pitó fuera de juego.

Sustento de profetas

Cuando la langosta invadió nuestra ciudad,

no traían ya la leche a casa y el periódico se asfixiaba,

abrieron las cárceles y soltaron a los profetas.

Entonces recorrieron las calles los 3.800 profetas.

Podían hablar impunemente y alimentarse a placer

de aquel fiambre saltarín y gris que llamábamos plaga.

Qué otra cosa se hubiera podido esperar…

Pronto volvieron a traernos la leche, el periódico respiró

y los profetas llenaron las cárceles.

Asuntos de familia

En nuestro museo—vamos todos los domingos—,

han inaugurado una sección nueva.

Nuestros hijos abortados, embriones pálidos y serios,

se acurrucan en simples tarros de cristal,

preocupados por el futuro de sus padres.

Canción infantil

¿Quién ríe, se ha reído?

Pues sí que se ha lucido.

Se ríe y han creído

que su razón ha habido.

¿Quién llora o ha llorado?

Llorar se ha terminado.

Si llora, por sentado,

que hay algo que ha ocultado.

¿Quién habla o se ha callado?

Si calla es denunciado.

Y si habla, ha silenciado

por qué al final ha hablado.

¿Quién juega tan temprano?

Si juega será en vano,

Ya se quemó la mano

con ese juego insano.

¿Quién muere, quién se ha muerto?

Quien muere, llega a puerto.

Si muere, ten por cierto,

que el caso queda abierto.

Gleisdreieck (Triángulo de vías)

Las asistentas van del Este al Oeste.

No hombre, quédate aquí, qué se te ha perdido allá;

vete allá, hombre, qué se te ha perdido aquí.

Gleisdreieck, donde con glándulas ardientes

la araña que tiende las vías

tiene su guarida y las vías tiende.

Por el puente va hasta el otro lado sin costura

clavándose a sí misma los remaches,

cuando los que caen en su red aflojan los remaches.

Vamos a menudo y se lo enseñamos a los amigos,

esto es Gleisdreieck, nos bajamos

y contamos las vías con los dedos.

Las agujas atraen, las asistentas pasan,

la luz de cola me mira, pero la araña

caza moscas y deja pasar a las asistentas.

Miramos devotos la glándula

y leemos lo que la glándula escribe:

Gleisdreieck, Está usted dejando

Gleisdreieck y el Sector Occidental.

Cambio

De pronto estaban aquí las cerezas,

aunque se me había olvidado

que había cerezas,

e hice proclamar que nunca hubo cerezas…

estaban aquí, de pronto y caras.

Cayeron ciruelas y me dieron a mí.

Pero si alguien cree

que yo cambio

porque algo me caiga encima,

es que nunca le han caído cerezas.

Sólo cuando me pusieron avellanas en los zapatos

y tuve que correr,

porque los niños querían lo de dentro

grité pidiendo cerezas, quise que me cayeran

encima ciruelas… y cambié un poquito.

Sillas plegables

Qué tristes son esos cambios.

La gente desatornilla las placas con su nombre,

coge la cacerola con la lombarda

y la recalienta en otro lugar.

¿Qué clase de muebles son ésos

que hacen propaganda de la partida?

La gente coge sus sillas plegables

y emigra.

Barcos cargados de nostalgia y ganas de vomitar

llevan de un lado a otro

asientos patentados

y a sus dueños sin patentar.

A ambos lados del inmenso océano

hay sillas plegables ahora;

qué tristes son esos cambios.

En el huevo

Vivimos en un huevo.

Hemos cubierto su interior

de dibujos obscenos

y garrapateado los nombres de nuestros enemigos.

Nos están incubando.

Quienquiera que nos incube

incuba también nuestro lápiz.

Cuando rompamos la cáscara un día

nos haremos una idea

enseguida de quien nos incuba.

Suponemos que nos incuban.

Nos imaginamos un ave bonachona

y escribimos trabajos escolares

sobre colores y raza

de la gallina que nos incuba.

¿Cuándo romperemos la cáscara?

Nuestros profetas del interior del huevo

discuten, por un sueldo medianejo,

sobre el período de incubación.

Suponen un día X.

Por aburrimiento y necesidad auténtica

hemos inventado las incubadoras.

Nos preocupa mucho nuestra descendencia en el huevo.

Con gusto recomendaríamos nuestra patente

a quien nos guarda.

Tenemos un techo sobre nuestras cabezas.

Pollitos seniles,

embriones que saben idiomas,

hablan el día entero

y todavía discuten sus sueños.

¿Y si no nos incubaran?

¿Si nunca se hiciera un agujero en esta cáscara?

¿Si nuestro horizonte fuera sólo el horizonte

de nuestros garabatos y no dejara de serlo?

Confiamos en que nos incuban.

Aunque si hablamos sólo de incubaciones

hay que temer también que alguien,

fuera de nuestra cáscara, sienta hambre

y nos eche a la sartén, sazonándonos con sal…

¿Qué haremos entonces, mis hermanos de dentro del huevo?

Diana o los objetos

Cuando alarga la mano derecha

sobre el hombro derecho buscando la aljaba,

adelanta la pierna izquierda.

Cuando me hirió,

su objeto me hirió en el alma

que es para ella un objeto.

En su mayoría son objetos en reposo

contra los que, los lunes,

me golpeo la rodilla.

Ella en cambio, con su permiso de caza,

sólo se deja fotografiar corriendo

y rodeada de perros.

Cuando dice que sí y acierta,

acierta a los objetos de la Naturaleza,

pero también a los disecados.

Siempre me he negado

a dejar que una idea sin sombra

hiriera mi cuerpo que arroja su sombra.

Tú, sin embargo, Diana,

con tu arco,

eres para mí objetiva y responsable.

Felicidad

Un autobús vacío

se precipita en la noche cuajada de estrellas.

Tal vez cante su conductor

sintiéndose feliz.

Cucharas y cocineros

Dirán algunos que un chef es un chef.

Nuevos, relavados y almidonados,

bajo la nieve y contra la pared,

los cocineros son siempre olvidados

y sólo la cuchara en su mano

nos revuelve y fuerza a reconocer:

los cocineros nos dan de comer.

Y no debiéramos hablar de sopas

—la culpa no es de la sopa de berza—;

el hambre es pretexto para cerveza,

el hastío lame cuchara y copas

y cuenta pasos hasta la puerta.

Las muñecas se sobreviven,

el gallo muere antes que el cocinero

y canta en otro lado, pero en la ciudad

tiritan a veces los cristales.

Las muñecas se sobreviven,

el gallo muere antes que el cocinero.

La culpa es de la carne, un chef sólo es alma.

El tiempo pasa y la carne no se ablanda,

hasta muy tarde, hasta el sueño durará

y metida entre tus dientes acechará;

la culpa es de la carne, un chef sólo es alma.

Los dos se echaron, cada uno,

se echaron juntos en la cuchara,

que sólo por ser hueca simulaba el sueño

—también lo hueco era pretexto y contradicción tan solo—,

el sueño fue breve y, antes de que rebosara,

a los dos—cada uno ya solo—

los espumó la misma cuchara.

No hay muerte que no lleve a la cuchara,

ni amor que, vaciado,

no sufra por cucharas o tiemble en la cuchara,

y gire, en torno a qué, porque todo

lo de cucharas gira siempre en torno a cucharas.

Quédate cuchara, vete.

A quien, cuchara, adónde la cuchara lleva.

Quién me revuelve, me revuelve adónde.

Una y otra vez a quién rasura.

Quédate cuchara, vete… y no me digas adónde.

Aprendes cucharas a separar,

no puedes evitar ya los cajones,

usas la cuchara y te haces ilusiones,

finges ser metal, pones buena cara

y oyes al vecino sin escuchar,

pero cuchara yace contra cuchara.

Interrogado

Tras la cólera acuñada en moneda grande o pequeña

—ejemplo favorito al que se daba azúcar—,

después de tantos entonces y de dar la voltereta

en una cuerda floja que, a ratos,

se tensaba—trabajo sin red—,

quiero ahora, quiero sin falta…

¿Cómo van las cosas? – Han ido peor a veces.

¿Tuviste suerte? – Sí, gracias al señuelo.

¿Y qué has hecho desde entonces?

Los libros dicen cómo se hubiera podido hacer mejor.

Quiero decir, ¿qué hiciste tú?

Estuve en contra. Siempre estuve en contra.

¿Y fuiste culpable? – No. Porque no hice nada.

¿Has aprendido lo que se podía aprender?

Sí. Con el puño aprendí qué era la goma.

¿Y tu esperanza? – Mintió al llamar verde al desierto.

¿Y tu rabia? – Tintinea como el hielo en el vaso.

¿La vergüenza? – Nos saludamos de lejos.

¿Tu gran plan? – Sólo la mitad compensa.

¿Te has olvidado ya? – Recientemente, de la cabeza.

¿Y la Naturaleza? – A menudo paso en coche por delante.

¿Los hombres? – Me gustan en el cine.

Están muriendo otra vez. – Sí, lo he leído…

¿Quién me enjabona? Mi espalda

me resulta tan lejana como… ¡No!…

No quiero usar más metáforas,

ni rumiar, ni contar sílabas

y esperar a que la bilis escriba.

¿Te sientes mejor ahora? – Las cosas tienen mejor aspecto.

¿Más preguntas? – Pregunta lo que quieras.

Miedo súbito

Cuando en verano, con viento del Este,

se agita el polvo de septiembre y, en un periódico tardío,

los editoriales rozan la mística,

cuando las Potencias quieren cambiar de cama

y, para controlarlos, pueden fabricar

abiertamente nuevos artefactos,

cuando los excursionistas acampan en torno al fútbol

y la mirada juguetona de las naciones

refleja decisiones importantes,

cuando columnas de cifras obligan al sueño

y un enemigo camuflado resopla,

a través del sueno, arrastrándose sobre los codos,

cuando en las conversaciones siempre la misma palabra

permanece ambiguamente en reserva

y una cerillita se convierte en medio para un Fin,

cuando al nadar de espaldas

se alza hacia el cielo el cielo sólo,

la gente asustada busca la orilla,

un miedo súbito flota en el aire.

Llama abierta

Una casa vacía a mis espaldas

y la certeza de calcetines puestos a secar;

fuera se esfuerzan tormentas de antiguo conocidas.

Con pensamientos amiantados,

hurgar en brasas ajenas, luego en cenizas;

porque el lado caliente tiene razón.

Placeres y bonitas conversaciones

con la madera excitada y temerosa;

fácilmente me dejo convencer

Eso vegeta hasta que. Cierra,

cierra de una vez la puerta.

Dentro todo se hace real.

Las chimeneas antes habitadas

fueron ya abandonadas ayer.

Mañana, cabeza abajo, flotará el humo frío.

Insomne

Mi aliento erró el ojo de la aguja.

Y ahora tengo que contar

y deshojar, bajando, las escaleras hacia casa.

Pero los corredores por los que me arrastro

desembocan en fosos de agua,

en los que renacuajos…

Cuenta otra vez

Mi cinta parlotea al rebobinar su tercer decenio.

La cama sale de viaje. Y en todas partes

la aduana interviene: ¿qué lleva usted ahí?

Tres calcetines, cinco zapatos, un chisme para la niebla…

Los cuentan en varios idiomas:

las estrellas, las ovejas, los tanques, las voces…

Se hace una suma provisional.

Amor

Es esto:

Transacciones sin efectivo.

La manta siempre un poco corta.

El contacto flojo.

Buscar más allá del horizonte.

Rozar con cuatro zapatos las hojas muertas

y frotar mentalmente pies desnudos.

Arrendar y tomar en arriendo corazones;

o en la habitación con ducha y espejo,

en un coche alquilado, con el capó hacia la luna,

dondequiera que la inocencia se baja

y quema su programa,

suena la palabra en falsete,

cada vez diferente y nueva.

Hoy, ante la taquilla aún cerrada,

susurran, de la mano,

el avergonzado viejo y la vieja delicada.

La película prometía amor.

 

Yehuda Amijai. Otro escritor Maldito

1a

Durante el período fundacional del estado israelí, muchos inmigrados cambiaron sus nombres y apellidos “de la diáspora” por otros en hebreo, como un modo de afirmación de identidad a través de la lengua adoptada para el naciente estado judío. Así fue el caso de un tal Pfeuffer, nacido en Würzburgo, Alemania, en 1924, y emigrado a la Palestina bajo Mandato Británico en 1936, justo a tiempo para escapar a la masacre nazi. Hijo de judíos ortodoxos, asistió en Jerusalén a una escuela secundaria de esa tendencia.

Luego sus padres le perdonarían el abandono de la ortodoxia religiosa, en honor a sus servicios militares. El padre había luchado en el ejército alemán durante la Primera Guerra. Él, durante la Segunda, se alistó en la Brigada Judía del ejército británico, y, tras la baja, se unió al Palmaj, fuerza defensiva judía que se convertiría en el ejército israelí durante la Guerra de la Independencia. Fue en ese momento que él pasó a llamarse Yehuda Amijái, un nombre y un apellido rebosantes de afirmación.

El nombre, que difícilmente elegiría un padre para su hijo en un país cristiano (Judas, como Iscariote), tiene en la “tierra prometida” fuertes y antiquísimas resonancias positivas de la misma raíz: Judá, Judea, judío, Judas Macabeo (líder de la independencia en la época helenística). El apellido es más declarativo aún: “mi pueblo vive” (am-í jai).

Yehuda Amijai es, indiscutiblemente, el poeta israelí más importante de la segunda mitad del siglo XX, un poeta reconocido y aclamado dentro y fuera de Israel.

Los judíos

Los judíos son como fotografías expuestas en una vidriera
todos juntos de diferente estatura, vivos y muertos
novios y novias, púberes en edad de Bar Mitzvá y niñitos de pecho.
Y hay fotografías retocadas de viejas fotos amarillentas.
A veces vienen, rompen la vidriera
y queman las fotografías. Entonces vuelven
a tomar fotografías y a revelarlas nuevamente
para volver a exponerlos dolientes y sonrientes.

Rembrandt los pintó con turbantes
a la turca y la belleza de sus tenues dorados.
Chagall los pintó flotando en el aire
y yo los pinto como mi madre y mi padre.
Los judíos son una reserva de bosque eterno
cuyos árboles se elevan apretados uno a otro, y ni muertos
podrán recostarse. Se apoyan, de pie, en la vida
y no se distinguen entre sí. Sólo el fuego
quemará a los muertos más rápidamente.

¿Y Dios? Dios permanece
a modo de perfume de bella mujer que pasara alguna vez
delante suyo sin haber visto su rostro,
pero su perfume quedó, variedad de aromas,
Creador de variedad de aromas.

El judío evoca la sucá en casa de su abuelo.
Y la sucá evoca por él
el deambular por el desierto que evoca
la gracia de los años mozos y las tablas de la ley,
el oro del becerro de oro y la sed y el hambre
que evocan a Egipto.

¿Y Dios? Según el contrato
de divorcio que los destierra del paraíso y del templo
Dios ve a sus hijos
una vez al año, en Yom Hakipurim.

Los judíos no son un pueblo histórico
ni siquiera arqueológico, los judíos
son un pueblo geológico con grietas
y derrumbes y capas y volcán en erupción.
Su devenir debe medirse
en una escala totalmente distinta.

Los judíos limados por el dolor y pulidos por el sufrimiento,
cual guijarros a la orilla del mar.
La ventaja de los judíos sobreviene con la muerte
tal como los guijarros con respecto a otras piedras:
cuando el brazo extendido los arroja
saltan dos o tres veces
sobre la faz de las aguas, antes de hundirse.

Hace tiempo encontré a una hermosa mujer,
cuyo abuelo fue quien me circuncidó
mucho antes de que ella naciera. Le dije,
tú no me conoces ni yo a ti,
pero nosotros somos el pueblo judío,
tu difunto abuelo y yo el circunciso y tú la bella nieta
de cabellos dorados: nosotros somos el pueblo judío.

¿Y Dios? Alguna vez cantamos
“No hay como Nuestro Dios”, ahora cantamos “No hay Dios”,
Pero cantamos, todavía cantamos.

Herta Muller. Premio Nobel 2009

Herta Muller

Herta Muller

Discurso Premio Nobel 2009 (Fragm)

«¿TIENES UN PAÑUELO? me preguntaba mi madre cada mañana en la puerta de casa, antes de que yo saliera a la calle. Yo no tenía el pañuelo, y como no lo tenía, regresaba a la habitación y sacaba un pañuelo. No tenía el pañuelo cada mañana, porque cada mañana aguardaba la pregunta. El pañuelo era la prueba de que mi madre me protegía por la mañana. A otras horas del día, más tarde o en otras circunstancias, quedaba a merced de mí misma. La pregunta ¿TIENES UN PAÑUELO? era una ternura indirecta.

Una directa hubiera sido penosa, algo que no existía entre los campesinos. El amor se isfrazaba de pregunta. Sólo así podía decirse a secas, en tono de orden, como las maniobras del trabajo. El hecho de que la voz fuera áspera realzaba incluso la ternura.

Cada mañana estaba yo una vez sin pañuelo en la puerta, y una segunda vez con pañuelo. Sólo después salía a la calle, como si con el pañuelo también estuviera mi madre»

Herta Müller (NiţchidorfTimişRumanía, 17 de agosto de 1953) es una novelistapoetisa y ensayista rumanoalemana. Su obra trata fundamentalmente de las condiciones de vida en Rumanía durante la dictadura de Ceaucescu

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Martín Lutero

El gran acontecimiento que despertó la atención del mundo a principios del siglo XVI fue la Reforma Evangélica o Protestante, que empezó el 31 de octubre de 1517 en Alemania, bajo la dirección de Martín Lutero, y se esparció por todo el norte de Europa, y que dio como resultado el surgimiento de las Iglesias Evangélicas que no debían fidelidad a la Iglesia Católica Romana.

El Papa reinante, León X, en virtud del hecho de que necesitaba grandes sumas de dinero para la terminación del templo de San Pedro en Roma, permitió a un agente llamado Juan Tetzel, que fuese por Alemania vendiendo certificados, firmados por el Papa, con virtud de conceder el perdón de todo pecado, no sólo de los poseedores del certificado, sino también de los amigos vivos o muertos en cuyo favor fuesen comprados, sin la confesión, el arrepentimiento, la pena o la absolución por un sacerdote.

Venta de indulgencias por la Iglesia Católica.

Juan Tetzel decía a la gente: “Tan pronto como su moneda suene en el cofre, el alma de sus amigos ascenderá del purgatorio al cielo.” Ante esta situación Martín Lutero empezó a predicar en contra de Juan Tetzel y su venta de indulgencias, denunciando abiertamente su enseñanza.

En la mañana del 31 de octubre de 1517, Martín Lutero clavó en la puerta de la iglesia del Castillo en Wittenberg (Alemania) un pergamino que contenía las noventa y cinco tesis o declaraciones, casi todas relacionadas con la venta de indulgencias, pero en su aplicación atacaba la autoridad del Papa y del sacerdocio. Los gobernantes de la Iglesia Católica Romana en vano procuraban restringir y lisonjear a Martín Lutero; él permaneció firme y la tempestad sólo le hizo más resuelto en su oposición a las doctrinas y prácticas no apoyadas por la Biblia, que enseñaba el Catolicismo Romano.

Después de muchas controversias y la publicación de folletos que hicieron conocidas las opiniones de Martín Lutero por toda Alemania, sus enseñanzas fueron formalmente condenadas y fue excomulgado por una bula del Papa León X en junio de 1520. Se le ordenó al elector Federico de Sajonia que entregase a Lutero para ser juzgado y castigado, pero en vez de esto, le dio amplia protección, pues él simpatizaba con sus ideas.

Martín Lutero recibió la excomunión con desafío llamándola “la bula execrable del Anticristo”, y el día 10 de diciembre, la quemó públicamente a las puertas de Wittenberg, ante una asamblea de profesores de la universidad, de los estudiantes y el pueblo. Con la bula del Papa también quemó copias de los cánones o leyes establecidas por las autoridades romanas. Este acto constituyó la renuncia final de Martín Lutero a la Iglesia Católica Romana.

En 1521, Martín Lutero fue citado ante la Dieta o Concilio Supremo de los gobernantes ale-manes, reuniéndose en Worms. El nuevo emperador, Carlos V, le dio la promesa de un salvo conducto, y Martín Lutero fue a la asamblea, aunque amonestado por sus amigos de que podría encontrar la misma suerte de Juan Hus en circunstancias parecidas en el Concilio de Constanza, en 1415. Lutero dijo: “Iré a Worms, aunque me acechen tantos demonios como tejas hay en los techados.”

El 17 de abril de 1521, Martín Lutero estaba ante la Dieta, la cual presidía el emperador, y en respuesta a la pregunta que si se retractaría de las declaraciones de sus libros, después de considerarlo respondió que no podía retractarse de nada excepto de lo que fuera desaprobado por la Escritura o la razón, terminando con las palabras: “Aquí estoy; no puedo hacer otra cosa. Que Dios me ayude. Amén.” El emperador Carlos V fue instado para que prendiese a Martín Lutero, ofreciendo como razón de que la fe no podía ser guardada con los herejes, pero le permitió salir de Worms en paz.

Mientras Martín Lutero viajaba de regreso a su hogar, repentinamente fue arrestado por soldados del elector Federico y llevado para su seguridad al castillo de Wartzburgo en Turingia. Permaneció allí cerca de un año, disfrazado, mientras que tempestades de guerra y revuelta rugían en el imperio.

Pero no estaba ocioso, porque durante este retiro hizo su traducción del Nuevo Testamento a la lengua alemana, obra que por sí sola le hubiera hecho inmortal, por que su versión es considerada como el fundamento del idioma alemán escrito. Esto fue en el 1521; el Antiguo Testamento no fue terminado sino hasta varios años más tarde. Al regresar de Wartzburgo a Wittenberg, Martín Lutero reasumió la dirección del movimiento en favor de una Iglesia Evangélica, libre de excesos extravagantes.

La Reforma Evangélica o Protestante del siglo XVI fue basada sobre cinco grandes conceptos bíblicos:

1.     Sola gracia, que afirma que la salvación es sólo por la gracia de Dios. Nadie la merece.

2.     Solo Cristo, que sostiene que la justificación se obtiene sólo por los méritos de la muerte de Cristo en la cruz.

3.     Sola fe, que significa que solamente por medio de la fe en la persona y la obra redentora de Jesús podemos ser aceptos delante de Dios.

4.     Sola Escritura, que concluye que la Palabra de Dios es la única autoridad para que el pecador encuentre el camino de la salvación.

5.     Solo gloria a Dios, que declara que el creyente reconoce que sólo Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo merece toda la honra y la gloria por su obra salvadora.

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Museo de Pérgamo

El Museo de Pérgamo (Pergamon museum) forma parte del complejo conocido como Isla de los Museos, que agrupa varios de los edificios más representativos de la ciudad de Berlín.

La originalidad de este museo, inaugurado en 1930, reside principalmente en su propio concepto: el edificio no fue construido para albergar obras de arte, sino que primero se trajeron las obras de arte, y después, a su alrededor, se construyó el edificio. De esta manera, las propias maravillas, la mayor parte de ellas arquitectónicas, constituyen las paredes y las columnas de este museo.

Las zonas más destacadas de este museo son las dedicadas al Islam, Roma, Grecia y el periodo helenístico (incluyendo la ciudad de Pérgamo, que es la que da nombre al museo), y sobre todo Mesopotamia y el Próximo Oriente.

Entre las obras más destacadas se encuentra el Altar de Zeus de la ciudad de Pérgamo, la puerta del mercado romano de Mileto, la Puerta de Istar de Babilonia, la Fachada de Mushatta y estatuas helenísticas como el famoso Espinario

Visitadlo, aunque sea virtualmente, conozcan su extraordinaria historia y podrán apreciar todo el arte ahi mostrado.

http://www.smb.museum/smb/standorte/index.php?p=2&objID=27

http://www.berlin.de/orte/museum/pergamonmuseum/index.en.php

http://www.sacred-destinations.com/germany/berlin-pergamon-museum