Obesidad: Determinantes fisiológicos y culturales

Denis Richard Fuente: Nature Reviews Endocrinol 2015;11:489-501 Cognitive and autonomic determinants of energy homeostasis in obesity

La obesidad es el resultado del desequilibrio entre el consumo y el gasto de energía. Contribuye a ello una sociedad que promueve los alimentos poco saludables y el sedentarismo.

La homeostasis energética se basa sobre el control del consumo y del gasto de energía, determinado en parte por la termogénesis en el tejido adiposo pardo y mediado por el sistema nervioso simpático. También contribuyen a la homeostasis energética varias regiones cerebrales que forman los sistemas cognitivo y neurovegetativo, que constituyen  redes que participan en el control del apetito y el NPI: neuropéptido Y

Introducción

“Un medio obesogénico puede dejar huella en los circuitos neuronales”

La obesidad se produce por desequilibrio entre el consumo y el gasto energético. Aunque el gasto de energía ha sido menos investigado que el consumo de la misma, su importancia para mantener el equilibrio energético sin embargo, es considerable. El gasto energético se evalúa generalmente en términos del gasto energético en reposo, el efecto termogénico de los alimentos y el gasto producido por la actividad física.

El gasto energético es parcialmente controlado por el sistema nervioso cognitivo- por ejemplo, la decisión de efectuar actividad física es volitiva. También participan mecanismos autonómicos, por ejemplo, en el control de la termogénesis en el tejido adiposo pardo (TAP), que regula el gasto energético en reposo, el efecto térmico de los alimentos y posiblemente también el gasto energético durante la actividad. Este efecto podría impactar considerablemente sobre el equilibrio energético, dado el notable potencial productor de calor de los adipocitos pardos, regulados por varias regiones cerebrales que participan en la homeostasis de la energía.

La obesidad es el resultado de interacciones entre los genes y el ambiente. Por ejemplo, se estimó que la posibilidad de heredar el exceso de depósitos de grasa es del 40 – 70% y que la predisposición a la obesidad es poligénica.

Además, actualmente vivimos en un medio ‘obesogénico’, que promueve la comercialización y la provisión de comidas hipercalóricas y los hábitos de vida sedentarios y genera así riesgo de obesidad. Nuestros hábitos de vida actuales también producen efectos epigenéticos que contribuyen a la obesidad. Un medio obesogénico puede dejar huella en los circuitos neuronales que participan en la regulación del equilibrio energético.

Consumir alimentos poco saludables puede llevar a cambios neuroplásticos desfavorables (neurogénesis, plasticidad sináptica y arborización dendrítica). Estos cambios se pueden producir durante momentos críticos del desarrollo, así como en la adultez y alterar desfavorablemente la regulación del equilibrio energético. Por último, el medio obesogénico puede alterar la composición de la microbiota intestinal, donde influye sobre el equilibrio energético y cuando es disfuncional se asocia con complicaciones metabólicas.

Para poder comprender la fisiopatología de la obesidad, necesitamos conocer los circuitos del sistema nervioso central (SNC) involucrados en la regulación del equilibrio energético (es decir la homeostasis energética) y la relación entre estos circuitos y las señales homeostáticas, que informan al cerebro sobre el equilibrio energético y el estado nutricional.

La noción de que el cerebro regula el equilibrio energético recibió apoyo de un impresionante estudio genético en el que el análisis del enriquecimiento de grupos de genes para las asociaciones con el índice de masa corporal (IMC) revelaron que 27 de 31 tejidos enriquecidos estaban en el SNC y comprenden, junto con el hipotálamo, zonas dedicadas al aprendizaje, la cognición, la emoción y la memoria.

El cerebro en el equilibrio energético

El control del consumo alimentario y del gasto de energía se logra a través de un sistema de comunicación sumamente coordinado entre los circuitos cerebrales ejecutivo, de gratificación y neurovegetativo y las señales homeostáticas circulantes.

Circuitos ejecutivos corticales

La decisión de comer o realizar actividad física es controlada por la Corteza cerebral y las conexiones del prosencéfalo asociadas. La integridad de estas estructuras para lograr la autodisciplina adecuada en relación con el consumo de alimentos y la actividad física parece necesaria para mantener un equilibrio energético saludable.

La importancia de la integridad del prosencéfalo en el desarrollo de la obesidad se corrobora por la asociación entre obesidad y pérdida de sustancia gris en estas zonas corticales. La obesidad, al menos en su forma visceral, podría inducir adelgazamiento cortical, que sería secundario a procesos inflamatorios. Sin embargo, aún falta corroborar si el adelgazamiento cortical inducido por la obesidad puede generar la pérdida de control en la alimentación (comedor impulsivo).

La autodisciplina inducida por la corteza cerebral para el control alimentario es especialmente importante en un medio obesogénico donde las respuestas a los estímulos asociados con las comidas, motivadas por la gratificación, están aumentadas. El medio obesogénico puede aumentar las ansias de comer en individuos obesos, en especial aquellos que refieren ser impulsivos. Las personas impulsivas y obesas parecen detectar rápidamente las comidas sabrosas, lo que aumenta el riesgo de una alimentación poco saludable. Asimismo, las personas que restringen su consumo calórico a fin de adelgazar son más proclives a comer en exceso si su carácter es impulsivo.

Circuitos de gratificación

Los circuitos de gratificación comprenden las neuronas de la ínsula, el núcleo estriado, hipotálamo y el tronco encefálico entre otros. Estos circuitos se mencionan como integrantes de los atributos de la importancia del incentivo (es decir, ‘desear’) y hedonistas (es decir ‘gustar’).

La importancia del incentivo se puede definir como la representación cerebral del valor (por ejemplo, en términos de la atención y la motivación) de una señal de gratificación. Hedonista se refiere a las reacciones o sensaciones placenteras generadas por las conductas motivadas por la gratificación.

El circuito de la gratificación está continuamente estimulado en un medio obesogénico que crea y publicita alimentos muy sabrosos y enérgeticos al mismo tiempo que contribuye a reducir la obligación de realizar actividad física. Los hábitos de vida modernos también incluyen episodios estresantes, que motivar conductas para obtener gratificación que promueven la obesidad al mismo tiempo que debilitan la autorregulación.

El circuito dopaminérgico mesocorticolímbico

“El aumento de la actividad dopaminérgica induce al organismo a realizar acciones gratificantes”

El aumento de la actividad dopaminérgica induce al organismo a realizar acciones gratificantes. También inicia el deseo de transformar los estímulos neutrales en estímulos condicionados y refuerza la conducta. Una experiencia de comida gratificante activa el circuito mesocorticolímbico mediado por la dopamina, que a su vez permite que las señales relacionadas con el consumo de alimentos (sabor, olor, aspectos, propaganda) se condicionen a los estímulos que auguran una gratificación alimentaria. La exposición repetida a señales asociadas con la gratificación conduce al aumento gradual de la respuesta dopaminérgica a los estímulos condicionados, que refuerza la importancia del incentivo para los alimentos.

Regulación homeostática del balance energético

Los sistemas opioide y endocanabinoide

Los sistemas opioide y endocanabinoide participan en la homeostasis de la energía. El sistema opioide produce endorfinas, encefalinas, dinorfinas, endomorfinas e incluye neuronas que expresan los receptores opioides. El sistema endocanabinoide libera endocanabinoides, entre ellos anandamida y 2-araquidonoilglicerol. Ambos sistemas son sistemas anabólicos que promueven el depósito de energía al aumentar el consumo de comida y probablemente aumentando la termogénesis en el TAP. Estos agentes pueden modular la actividad del circuito de gratificación, influyendo sobre los componentes “gustar” y “desear”.

Los sistemas opioide y endocananbinoide son también circuitos clave en las conductas motivadas por la gratificación asociadas con la obesidad.

Regulación neurovegetativa del equilibrio energético

Los circuitos neurovegetativos del cerebro pueden regular la actividad del SNC en la red del apetito del prosencéfalo anterior y controlar el gasto energético a través de la termogénesis. Los circuitos de regulación neurovegetativa del equilibrio energético comprenden los núcleos hipotalámicos y del tronco encefálico que contienen neuronas sensibles a las señales que informan al CNS sobre el equilibrio de energía y el estado nutricional.

El tronco encefálico tiene varios núcleos que participan en la regulación del equilibrio energético. El núcleo del tracto solitario, el área postrema y el núcleo motor dorsal del nervio vago, que forman el complejo vagal dorsal (CVD) son estructuras clave que integran las señales homeostáticas de los mediadores periféricos para informar al prosencéfalo sobre el equilibrio de la energía.

El sistema melanocortina

El sistema cerebral melanocortina comprende neuronas del NA que producen POMC o PrAg y células que expresan el R3MC y el R4MC. Las neuronas POMC también expresan el transcrito relacionado con cocaína y anfetamina y se proyectan a varias estructuras de la red cerebral de control del apetito.

Las zonas de acción de la melanocortina sobre el consumo alimentario y el gasto energético se conocen parcialmente.

Control de la termogénesis en el TAP por el sistema nervioso simpático

En una respuesta termogénica del TAP inducida por el frío, la información sobre la temperatura es transmitida a la zona preóptica (ZPO), que procesa parte de la información del estímulo frío. Esta respuesta neuronal es transmitida a través de una vía eferente que se conecta con las células pregangliónicas del SNS que inervan el TAP.

Otro importante circuito neurovegetativo que participa en el control del equilibrio energético está impulsado por las neuronas F1E en el hipotálamo ventromedial.

Percepción y señalización homeostática

La homeostasis energética está sometida a mecanismos regulatorios. Cambios en los depósitos de energía- por ejemplo, por privación de comida, sobrealimentación o exceso de actividad física- generan adaptaciones en los controles de ingesta y gasto energético que se oponen a ellos. Estos cambios dependen de señales de hormonas periféricas, como la leptina y la grelina a los circuitos de gratificación y del SNS autónomo.

Circuitos cerebrales regulados por la leptina

La leptina es una señal homeostática a largo plazo y un mediador catabólico circulante que puede limitar el depósito de energía mediante la reducción del consumo de alimentos y el estímulo del gasto energético. La secreción de leptina es paralela a la masa grasa y llega al cerebro cruzando la barrera hematoencefálica.

En el cerebro, la leptina actúa sobre el consumo de comida y el gasto de energía a diversos niveles y ejerciendo influencia en los principales circuitos del equilibrio energético.

La leptina funciona como una señal trófica temprana y aumenta la actividad del sistema de la melanocortina cerebral.

La deficiencia de leptina o de su receptor conduce a la obesidad. El tratamiento de reemplazo de leptina puede prevenir o revertir el exceso de depósito graso a través de la disminución del consumo de alimentos y el estímulo del gasto energético. En personas con carencia de leptina, su reemplazo puede aumentar la densidad neuronal del prosencéfalo y la actividad de las regiones prefrontales de la red del apetito vinculada con la saciedad. Sin embargo, en personas que no tienen deficiencia de esta hormona, la leptina muestra acción antiobesidad leve, ya que la pérdida de sensibilidad o la resistencia a la leptina se desarrolla debido a sobrexposición sostenida a la misma. Debido a esta resistencia, el empleo de leptina para tratar la obesidad ha sido ineficaz.

Circuitos cerebrales regulados por la grelina

Las hormonas del tubo digestivo son señales episódicas que reflejan los cambios homeostáticos agudos. La grelina ha surgido como una hormona homeostática clave que altera el consumo de alimentos y el gasto energético a la vez que informa al SNC sobre el estado nutricional.

Otras hormonas gastrointestinales, como el péptido tipo glucagón, la oxintomodulina y el péptido tirosina-tirosina también podrían participar en la homeostasis de la energía a través de acciones mediadas por el cerebro sobre el consumo de alimentos y el gasto de energía. La grelina se segrega en las células endócrinas gástricas y actúa selectivamente sobre el receptor secretagogo tipo 1A de la hormona de crecimiento (RSHC). Es la única hormona gastrointestinal que aumenta el consumo de comida y atenúa el gasto energético. La deficiencia de grelina o de RSHC puede prevenir la obesidad inducida por la alimentación grasa.

El RSHC se expresa ampliamente en el cerebro y permite que la grelina influya sobre el apetito y las redes termogénicas para ejercer sus efectos anabólicos. A niveles circulantes bajos, la grelina lega al NA, donde se liga con el RSHC, aparentemente en las neuronas PR Ag. El RSHC se expresa en varias zonas cerebrales asociadas con las redes de gratificación, entre ellas la ZTV y el NAc, sobre los que la grelina puede actuar directamente para iniciar la alimentación. Estudios por imágenes del cerebro revelaron que el tratamiento con grelina puede regular la actividad neuronal en la amígdala, la corteza orbitofrontal, la ínsula anterior y el cuerpo estriado, en respuesta a señales relacionadas con la comida.

Bases biológicas de los sentimientos

Los_Corazones_Y_Sus_Sentimientos

Damasio Antonio, Carvalho G Fuente: Nature Reviews Neuroscience 14(2): 143-152, Feb 2013 The Nature of Feelings: Evolutionary and Neurobiological Origins

Introducción

“Los sentimientos son experiencias mentales de los estados corporales”

La supervivencia depende de que la fisiología del cuerpo se mantenga dentro de determinados valores. Para conservar la homeostasis es necesario detectar con rapidez los cambios perjudiciales y aplicar respuestas que corrijan esas condiciones.

Los sentimientos son experiencias mentales de los estados corporales. Los cambios en el estado del cuerpo causan reacciones fisiológicas automáticas y también sentimientos, como el hambre, la sed, el dolor o el miedo. Los cambios corporales se manifiestan topográficamente en el sistema nervioso central (SNC), específicamente en el tronco cerebral superior y la corteza cerebral.

Los cambios registrados en esos mapas neuronales se comportan como disparadores de las respuestas de la corrección fisiológica y, también, intervienen en la interrupción de las correcciones cuando la desviación se rectificó.

Los sentimientos parecen retratar la naturaleza favorable o desfavorable de una situación fisiológica, como una “experiencia sentida”, facilitando el aprendizaje de las condiciones responsables de los desequilibrios homeostáticos y sus correcciones respectivas, así como la anticipación de las condiciones adversas o favorables futuras. De este modo, los sentimientos proporcionarían un nivel adicional de regulación de la conducta.

“Los sentimientos no son exclusivos de los seres humanos, ni siquiera de los mamíferos”

En la evidencia científica disponible se encontró que los sectores filogenéticamente recientes del sistema nervioso, como la corteza cerebral, si bien parecen contribuir, no serían esenciales en el surgimiento de los sentimientos, ya que es probable que su origen se encuentre en las regiones más antiguas, como el tronco cerebral. Esto sugiere que los sentimientos no son exclusivos de los seres humanos, ni siquiera de los mamíferos.

A partir de investigaciones realizadas en seres humanos o en el laboratorio, los autores describieron en este estudio la relación anatómica y funcional del sistema nervioso con los sentimientos, planteándola desde una perspectiva evolutiva. Sostienen, además, que, aunque los sentimientos implican un conjunto de procesos a nivel central, tendrían su origen en eventos ocurridos en el nivel celular; específicamente, en los axones no mielinizados relacionados con la señalización neuronal desde los cambios humorales y viscerales hacia los núcleos del SNC.

Algunos problemas de salud, importantes en la actualidad, como la depresión, la adicción a las drogas y el dolor de difícil tratamiento, se relacionan en forma directa con los sentimientos, por lo que la investigación de la fisiología de los estados mentales parece relevante desde el punto de vista biomédico.

Por un lado, los sentimientos incluyen la sed, el hambre y la falta de aire (el impulso de respirar), diferentes tipos de placer y dolor, el asco, el miedo, la tristeza y la alegría; también incluyen respuestas sociales complejas, como el desprecio, la vergüenza, la compasión y la admiración.

Por otra parte, las experiencias relacionadas con los sentidos exteroceptivos de la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato, en general provocan emociones, pero no propiamente sentimientos. Cuando los sentimientos retratan un estado interno –como, por ejemplo, el hambre o la sed– o se manifiestan por una situación externa –por ejemplo, la compasión o admiración–, sus contenidos mentales dominantes describen un estado del cuerpo en el cual la condición de las vísceras, el corazón, los pulmones, el intestino y la piel desempeñan un papel clave.

Desde esta perspectiva, se plantea que los sentimientos, accesibles solamente para el organismo en el que se producen, proporcionan una experiencia subjetiva de los procesos de regulación de la vida. Permiten formar una imagen del estado de regulación homeostática, desde procesos básicos, como los metabólicos, hasta procesos complejos, como las emociones sociales.

Según esta conceptualización, afín a la idea de que los mecanismos neuronales son capaces de generar sentimientos, se propuso por primera vez que los sentimientos se originarían a partir de la detección de los estados corporales. Las investigaciones posteriores concordaron con la hipótesis de que el mapeo de las variaciones corporales en el SNC es un requisito fundamental para la generación de los sentimientos. Este planteo presenta paralelismos con la noción aceptada de que las experiencias visuales y auditivas de los objetos en el mundo exterior requieren la existencia de mapas neurales de las características y la ubicación de esos objetos: formas, colores, texturas, movimiento y posición en el espacio.

Se deben cumplir ciertas condiciones fisiológicas para que surjan sentimientos a partir de los mapas corporales neuronales. Estas condiciones no han sido plenamente identificadas, si bien es probable que incluyan la intensidad de los fenómenos producidos y el nivel de vigilia.

Aspectos de la evolución de los mapas neurales del cuerpo

La disponibilidad de los mapas del estado corporal en el SNC es una ventaja evolutiva obvia, como también lo son las señales del cuerpo relacionadas con los parámetros fisiológicos, que pueden ser utilizados para guiar las correcciones. En el caso de que se produzca una perturbación, tanto la magnitud como la localización espacial de la desviación pueden controlarse de manera instantánea, y los mapas serían utilizados para desencadenar acciones correctivas, como las respuestas endocrinas o las acciones emotivas. También influirían en la suspensión de las correcciones una vez recuperado el equilibrio.

En el caso del hambre, constantemente son evaluados distintos aspectos del estado de saciedad, como la glucemia. Cuando se detecta una desviación fisiológica, como la hipoglucemia a nivel central, se producen cambios correctivos de la homeostasis, como la motilidad visceral y la secreción, la salivación, la búsqueda de alimento y, así, sucesivamente. Después de la alimentación, al corregirse las desviaciones fisiológicas, los nuevos parámetros provocan la suspensión de las medidas correctivas.

Desde un punto de vista evolutivo, la aparición de los mapas centrales de los estados corporales pudo haber precedido la llegada de los aspectos de experiencias que definen los sentimientos. A favor de esa hipótesis se señala el hallazgo de que las experiencias sentidas subjetivamente no serían necesarias para que los mapas se utilicen en la detección y la corrección de los desequilibrios homeostáticos. De hecho, numerosas alteraciones se detectan y se tratan mediante los programas de acción o incluso por mecanismos fisiológicos simples, sin que se acompañen de una experiencia consciente, sinónimo de un sentimiento.

Entre los procesos fisiológicos que pueden suceder en el subconsciente se encuentran la regulación de la frecuencia cardíaca, la modulación de las funciones endocrinológicas, el ajuste de la contracción del músculo liso, la regulación de la inmunidad, los cambios autonómicos relacionados con emociones específicas y sus expresiones faciales.

La hipótesis de los autores señaló que durante la evolución se agregó a la cartografía básica somática un componente de experiencias sentidas, que mantuvo su desarrollo en el tiempo debido a sus beneficios sobre la regulación vital. Como los estados corporales pueden tener valencias positivas o negativas desde el punto de vista de la homeostasis, los sentimientos son representaciones (proxies) importantes del valor biológico de las diferentes situaciones corporales y orientadores del comportamiento adaptativo.

Los sentimientos también parecen facilitar el aprendizaje de las circunstancias que rodearon un cambio en el estado de cuerpo, en tanto que la aplicación de esos conocimientos a la predicción de situaciones futuras puede aumentar la flexibilidad de la conducta, sobre todo en ámbitos complejos del comportamiento.

Los sustratos neurales de los sentimientos

Los procesos neurales pueden ser estudiados en dos niveles principales: el macroscópico y el microscópico. Al primero pertenecen los sistemas y los componentes de las regiones cerebrales. En el nivel microscópico se analizan las neuronas, las sinapsis, la glía y sus componentes moleculares. La cognición puede estudiarse a nivel de los núcleos cerebrales, las regiones o los lóbulos, pero sus raíces se encuentran a en las redes neuronales y la complejidad de las señales sinápticas. Es probable, entonces, que los sentimientos también incluyan sustratos neurales a nivel macroscópico y microscópico. Se cuenta con evidencia científica relacionada con el análisis macroscópico de los estados emocionales, pero las bases de los sentimientos a nivel celular recién comienza a estudiarse.

Las investigaciones realizadas en los mamíferos han mostrado que los impulsos y las emociones, que posteriormente conducen a los sentimientos, involucran una serie de regiones que se encuentra en todos los niveles del eje neural. En el tronco cerebral, por ejemplo, se han identificado regiones como el núcleo del tracto solitarius (NTS), el área postrema, el núcleo parabraquial (NPB), el área tegmental ventral (ATV), los núcleos secretores de monoaminas, la sustancia nigra y el núcleo rojo, el área gris periacueductal (AGP), las capas profundas del colículo superior (CS) y el hipotálamo.

La naturaleza intrínseca de estos núcleos difiere, pero todos están involucrados en la generación de acciones correctivas homeostáticas. En el NPB, el NTS y el AGP se encuentran mapas topográficos de diferentes estados corporales, mientras que el ATV, los núcleos secretores de monoaminas y la sustancia nigra no tendrían información organizada topográficamente del cuerpo. Como, probablemente, los sentimientos parecen desarrollarse a partir de los mapas de los estados corporales, los autores consideraron que la búsqueda de los sustratos neurales de las sensaciones debería orientarse hacia las regiones que presenten mapas somáticos organizados topográficamente.

Un conjunto de estructuras situadas dentro de la sustancia gris subcortical, que incluyen la amígdala, el núcleo accumbens, el estriado ventral y los ventrales pallidum, entre otros ganglios basales, al igual que algunos sectores del prosencéfalo basal, participan en la generación de acciones homeostáticas, que van de la modulación de la valencia hasta el desencadenamiento de las conductas motoras.

En estas regiones no existirían mapas topográficos, por lo que parecen no tener una función directa en la generación de los sentimientos, sino que ayudarían a formar las respuestas corporales de los programas de acción.

En el nivel de la corteza cerebral, las áreas insulares y somatosensoriales (AI y ASS) poseen mapas topográficamente organizados del cuerpo, por lo que tendrían la probabilidad de proporcionar sustratos directos para los sentimientos. La corteza cingulada anterior también exhibiría una organización asignada, aunque su función más notable es la generación de acciones: las respuestas motoras al dolor, por ejemplo, se iniciarían en esta zona.

En síntesis, los autores plantearon que los sustratos neurales de las sensaciones podrían encontrarse en dos niveles distintos desde el punto de vista filogenético: el nivel más primitivo del tronco cerebral (específicamente, NPB, NTS, AGP y las capas profundas del CS) y el de evolución más reciente de la corteza cerebral (en concreto, la ínsula, el AI y el ASS). El primero integra en sus mapas señales interoceptivas procedentes de todo el cuerpo a nivel del tronco cerebral.

Los sectores que es probable que se comporten como sustratos neurales de los sentimientos son regiones relacionadas con la interocepción, en el sentido de que de manera continua vigilan el medio interno y proporcionan información en tiempo real sobre el estado del cuerpo al SNC.

Los componentes principales son las quimiosensaciones, las sensaciones termoálgicas y las viscerales. Además, incluyen, entre otros, la propiocepción y el sentido vestibular. Las vías interoceptivas más importantes son el nervio vago y la lámina I espinotalamocortical; esta última es una vía aferente tanto de las sensaciones de temperatura y de dolor como de la información quimiosensorial de la mayor parte de los tejidos corporales, a la médula espinal y el tronco cerebral. El nervio vago, que es el conducto principal para las sensaciones viscerales, conduce las señales relativas de los sistemas cardiovascular, respiratorio, gastrointestinal y genitourinario al NTS a nivel del tronco cerebral inferior.

Otras estructuras que participan en la interocepción son las áreas circunventriculares, relacionadas con funciones homeostáticas, como el metabolismo de la energía y el balance de agua. Se ubican a lo largo de la superficie de los ventrículos cerebrales, donde las neuronas hacen contacto directo con el líquido cefalorraquídeo debido a la falta de la barrera hematoencefálica.

Uno de estos órganos es el área postrema, un núcleo quimiosensor adyacente al NTS. La información interoceptiva de la médula espinal y del tronco cerebral inferior converge en las regiones superiores del tronco cerebral, como NPB, AGP y la formación reticular. El NPB, el AGP y la formación reticular están interconectados de manera próxima y bidireccional.

El tronco cerebral superior (NPB y AGP) es el sitio más caudal, en el que pueden relacionarse las informaciones interoceptivas aferentes para formar un mapa integrado de los estados corporales. Ese mapa parece proporcionar una base neural para la aparición de los sentimientos.

Consideraciones finales

Una de las características más importantes de los sentimientos es su valencia intrínseca (la dirección, positiva o negativa, y la intensidad de las desviaciones de la homeostasis manifestadas por los sentimientos). Este hecho explicaría el motivo por el cual el organismo sigue la orientación proporcionada por un sentimiento.

Por otra parte, los procesos exteroceptivos, que probablemente evolucionaron de manera más tardía, como la visión y la audición, no contienen valencia intrínseca, a pesar de que con frecuencia se los rotula con valencias generadas a partir de los estados corporales. Por este motivo, se considera que la cognición superior utiliza los rótulos que fueron desarrollados previamente como componentes de la regulación homeostática.

El advenimiento de los sentimientos fue simultáneo con el de la mente. Los organismos que percibieron sentimientos fueron, por primera vez en la evolución, conscientes de algunos aspectos de su propia existencia. Los sentimientos permitieron establecer niveles más desarrollados de la cognición y la conciencia, culminando en la mente del ser humano actual. Es probable, entonces, que el mayor conocimiento de los fundamentos de la sensación muestre nuevos aspectos de la conciencia y la mente.

El discernimiento de los estados emocionales también es importante desde el punto de vista biomédico. Los problemas clínicos y de la salud pública, como la depresión, la adicción a drogas y el dolor de difícil tratamiento, se relacionan con los sentimientos. La depresión, sola, es la causa principal de enfermedad en los EE.UU. y la causa principal de enfermedad no transmisible en todo el mundo. El conocimiento de los mecanismos subyacentes de estas afecciones y su tratamiento aún son insatisfactorios. La comprensión de la neurofisiología de los sentimientos podría conducir al desarrollo de tratamientos más eficaces para este tipo de trastornos.

Publicado en:

http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=87009&uid=520577&fuente=inews

Nueva Enfermedad:VSH

Autor: Héctor Aguirre http://istmo.mx/2002/05/vsh_una_nueva_enfermedad/

Una nueva enfermedad afecta a individuos de ambos géneros, con mayor frecuencia entre los 16 y 75 años, que laboran en instituciones públicas o privadas, ocupando posiciones de elevado nivel jerárquico.

Por sus diferentes grados de gravedad y pobre respuesta al tratamiento, es necesario difundir sus principales signos y síntomas, que permitan realizar una prevención oportuna y así evitar o detener su evolución en etapas tempranas.

Al inicio perjudica el sistema nervioso central, sin embargo, evoluciona progresivamente hasta afectar a todo el organismo. Ha sido posible describir esta nueva enfermedad tras mucho tiempo de verificar el comportamiento de un gran número de personas en diferentes ámbitos social, laboral y familiar, con oportunidad de convivir con ellos y recabar información valiosa, a través del método empírico.

La información, en principio inconexa e intranscendente, se agrupó en un conjunto coherente y congruente de signos y síntomas que permitieron integrar un síndrome; luego se agregaron resultados de laboratorio y, por último, se identificó su agente causal: un virus, con lo cual fue posible hablar de una nueva enfermedad. La respuesta al tratamiento enriqueció su descripción, propuesta por primera vez en 1989. Constantemente se agregan nuevas observaciones que dan al padecimiento una riqueza sintomática poco común, con el asombro de que por años, incluso siglos, hemos estado en su presencia sin percatarnos.

La presente información se obtuvo tras años de observación; y aunque los sujetos que manifestaron la enfermedad fueron muchos, nunca se captó un conjunto de síntomas en un mismo enfermo, por lo que no existe riesgo de faltar a la ética si se divulga la identidad de alguno de ellos.

Suponer que la información presentada corresponde a una persona en particular es inadmisible. Si alguien se considera como el sujeto en quien se describió esta enfermedad, es mera coincidencia.

Una vez descrita la enfermedad con síntomas, signos, resultados de laboratorio, la respuesta al tratamiento y la identificación del virus que la produce se revisaron varios casos sospechosos, encontrándose un alto porcentaje de enfermos.

Mi propósito es alertar a las personas susceptibles de contraer el virus y, sobre todo, a quienes estén en situaciones de riesgo, para que prevengan el contagio o identifiquen la enfermedad al inicio, eviten su progresión y, eventualmente, logren curarse, algo imposible en etapas avanzadas.

Por otra parte, considerarse inmune a la enfermedad y eliminar la posibilidad de padecerla, podría ser ya una de sus primeras y más graves manifestaciones, que debería llevarnos a realizar un autoanálisis minucioso.

CUADRO CLÍNICO

El padecimiento afecta en forma inicial y predominante al sistema nervioso central, primero los nervios del cráneo, el cerebro y luego el sistema músculo-esquelético, hígado, piel, sistema hematopoyético y la afectividad. Así, la enfermedad aqueja numerosos aparatos y sistemas.

Nervio óptico

Los campos visuales se reducen; en etapas avanzadas los limita a una franja vertical estrecha en la parte media del campo, con pérdida de la visión lateral, como sucedía con las mulas de carga a principios del siglo pasado. La palabra «poder», que resulta al reducir el campo visual, es coincidental.

Debe precisarse que esta reducción no implica un deterioro en la agudeza visual; los pacientes son capaces de identificar hasta un pequeño cuerpo extraño (paja) en ojos ajenos, a simple vista. Desarrollan una intolerancia progresiva a la luz, que los lleva al uso de anteojos obscuros, aun en ambientes poco iluminados.

Nervio auditivo

Las manifestaciones de la enfermedad incluyen tanto la rama auditiva, como la vestibular (del equilibrio). Aparentemente, la vía auditiva les llega íntegra hasta la corteza cerebral; los enfermos por VSH pueden escuchar los pasos de una araña sobre la pared, hecho demostrado con estudios muy especializados.

Sin embargo, la integración consciente de los sonidos es deficiente, por lo que su capacidad para escuchar se pierde progresivamente, ocasionando dificultades al comunicarse con ellos, en particular cuando se trata de sus dependientes o subordinados (los oyen, pero no los escuchan), con frecuencia comienzan a replicar antes de que su interlocutor termine de hablar o parecen estar ausentes cuando se les habla. Tal parece que las palabras entran por un oído y salen por el otro, sin que nada quede en medio, situación que hizo pensar que su materia gris estuviera afectada por la enfermedad.

Aunque la lesión vestibular provoca vértigo al incorporarse o girar la cabeza rápidamente, en estos enfermos la sensación se desencadena sólo al mover la cabeza en sentido vertical, por ejemplo, al subir un escalón, el enfermo puede sufrir un ligero mareo o un vértigo severo. El dicho popular identifica esta manifestación con la expresión «se subió en un tabique y se mareó». La situación puede ser incontrolable si el ascenso es de varios escalones, sobre todo si se dio en un solo movimiento, y sufrir caídas de uno, varios o la totalidad de los escalones ascendidos.

Nervios motores oculares

Se involucran los tres nervios que mueven los ojos y permiten apreciar los objetos en perspectiva. La afección provoca que ésta se pierda progresivamente. Por ejemplo, cuando el enfermo observa a quienes se encuentran más abajo que él en una escalera, los aprecia pequeños, con riesgo de pisarlos; en contraposición, cuando en esa misma escalera ve hacia arriba, los ve grandes, con riesgo inminente de ser pisado.

Curiosamente, la posibilidad de pisar a unos y el riesgo de ser pisados por otros, no genera un nivel significativo de angustia; incluso, algunos enfermos graves adoptan la posición de tapete y permiten que los pisen. Cuando se encuentran más arriba en la escalera, lo «pequeño» de quienes están abajo les impide identificar a los amigos que tuvieron cuando estaban sanos y, a veces, los pisan (en casos muy graves esta situación incluye a familiares).

Estos problemas también les impiden percibir el piso («pierden el piso»;así mismo, carecen totalmente de la capacidad de escuchar a quienes están abajo (afección del nervio auditivo). Sirva de ejemplo el siguiente relato:

«Juanito, un pastor, se aventuró a escalar los escarpados cerros de las Cordilleras de la Fortaleza donde se ubica la Montaña del Triunfo, la más alta del mundo en busca de una oveja perdida. De regreso, feliz por encontrarla, vio un borrego lastimado y casi muerto de frío. Lo arropó, lo llevó a su casa y lo llamó Coloso; curado, se incorporó al rebaño.

»Con el tiempo, Coloso se volvió más fuerte que los demás, siempre ganaba las luchas de topes, aterrorizaba a otros borregos y les impedía acercarse a las borregas.

»Un anciano pastor explicó a Juanito que se trataba de un borrego cimarrón, un animal libre que vive en las alturas de la cordillera, de espíritu indomable y lana inservible para hilar. Así que el papá de Juanito decidió hacerlo barbacoa. Triste, Juanito devolvió a Coloso a los cerros, pero a pesar de sus intentos, siempre regresaba a la comodidad del corral y la comida segura, hasta que Juanito lo llevó lo más alto que pudo.

»Coloso admiró las majestuosas cumbres. Ahí advirtió a un imponente cimarrón adulto, monarca absoluto de las alturas. La voz de la sangre retumbó en sus entrañas y la herencia de su especie le hizo comprender que él pertenecía a lo más alto.

»Empezó a escalar, pero no estaba preparado, el corazón quería salírsele del pecho. En medio de la frustración, volteó a la alta montaña y pensó: algún día la conquistaré. Varios años después lo logró. Satisfecho, embebido con la contemplación del mundo a sus pies, no se percató de que alguien trataba de llamar su atención; dirigió su mirada al piso y vio una pequeña criatura. Parecía imposible, se dirigió a ella y le preguntó quién era. “Soy un gusano”, contestó».

Se puede llegar a las más grandes alturas, esforzándose todos los días escalón por escalón o arrastrándose. Cada quien elige la forma que más le satisfaga. Se sabe que así como todo lo que queda sin soporte en la atmósfera tiende a caer (ley física), todo lo que se arrastra tiende a subir.

Nervio olfatorio

La pérdida del olfato es progresiva, hasta ser casi total en estados avanzados; sin embargo, los enfermos no son conscientes de su limitación; con ello, al creer que «se las huelen todas» con frecuencia cometen graves errores de juicio.

Nervio facial

Es responsable de los movimientos de la cara, su afección origina una permanente sonrisa que traduce la satisfacción constante del enfermo, en especial si está en público o frente a las cámaras de televisión, sin importar que padezca serios conflictos o angustias graves.

Nervio espinal

La acción de este nervio sobre los músculos de espalda y nuca permiten que el hombre ande erguido, a diferencia de los monos, con lo cual se liberan las manos para trabajar y es factible levantar la vista al caminar, para observar el horizonte.Su actividad permanente conduce a los enfermos a tener la cabeza siempre erguida, más allá de la posición normal; la nariz está levantada como si respirara un aroma particularmente desagradable; esta situación da una imagen de «gente importante» y facilita la posibilidad de mirar a los demás de arriba hacia abajo y, en consecuencia, aparentemente pequeños.

Nervio hipogloso

Da movimiento a la lengua. Los enfermos tienden a hablar en todos los foros y aprovechan para ello cualquier oportunidad. La cantidad de palabras que emiten es enorme, habitualmente a gran velocidad. No obstante, en pocos casos queda claro lo que pretendieron decir.

Nervios trigémino, glosofaríngeo y neumogástrico

Las manifestaciones clínicas derivadas de la afección de estos nervios no se presentan de forma espontánea, sino a consecuencia del estrés. Ante el mínimo riesgo de disminuir su nivel de importancia, a raíz de descender uno, varios o todos los escalones en la línea jerárquica, o cuando ocurren confrontaciones con «el señor» (con minúscula, sinónimo de jefe o persona importante de la organización), hay manifestaciones de gravedad variable.

En relación con el trigémino, que capta la sensibilidad de la cara, si los enfermos se enfrentan a conflictos con «el señor», perciben una sensación de quemadura facial (les arde la cara, como si sintieran vergüenza).Con referencia al nervio glosofaríngeo, la sola deglución de saliva incomoda significativamente en la garganta, como si comieran una pieza de Diplectrum conceptione, nombre científico de una raíz tuberosa conocida por los nahuas como camotli, camote en la actualidad, expresándose en estos casos la frase un tanto vulgar: «tragó camote».

Relativo al nervio vago o neumogástrico, en las situaciones de apremio ante «el señor», se presenta palidez, sudoración, respiración agitada, palpitaciones intensas y un aumento brusco de los movimientos intestinales, que les produce evacuaciones diarreicas, obligándolos a abandonar intempestivamente el lugar de trabajo y dirigirse al retrete más próximo.

Afectividad

Conforme la enfermedad avanza, se adquiere en forma progresiva una conciencia clara de la dificultad y poca probabilidad de equivocarse, situación de verdadero privilegio, que deberá enfrentar la incomprensión de la gente. ¡Claro! No cualquiera puede ser infalible.

Son rigurosos en el cumplimiento de la ley del jefe, cuyos principales preceptos son:

1. El jefe tiene la razón.

2. El jefe siempre tiene la razón.

3. Ante la eventual y poco probable circunstancia de que en alguna rara ocasión el jefe llegara a equivocarse, automáticamente deberán aplicarse los preceptos 1 y 2.

4. Cuando algún insensato entre en la oficina del jefe con una idea propia, invariablemente deberá salir de ella con la idea del jefe.

Cuando el mal se agrava, los pacientes toman conciencia de sus derechos y merecimientos, que son todos. Por fortuna, al tratarse de personas que casi siempre han alcanzado el éxito en diferentes ámbitos, cuentan con la autoridad suficiente para hacer valer «su» verdad.

Evidentemente, los demás son culpables de todos los problemas y de lo que ellos no pudieron realizar; con frecuencia, los enfermos hablan de lo que van a hacer pero no de lo que ya hicieron; son excelentes planeadores, pero no concluyen esos planes; desde jóvenes son funcionarios prometedores y nunca llegan a ser adultos cumplidores.

Su afectividad también se deteriora, tienden al aplanamiento que los ubica en calidad de alfombra, con riesgo de ser pisados por «el señor», situación que no les preocupa y aprovechan a su favor.

Conforme los enfermos de VSH ascienden escalones, su volumen corporal aumenta y les da la apariencia de individuos inflados; se tornan solemnes, su voz se engola, pierden la capacidad de asombro y la posibilidad de disfrutar los pequeños placeres cotidianos; se saben incomprendidos por los demás, sin percibir la necesidad de comprenderlos: son jueces infalibles y severos.

Con frecuencia usan la ropa del «señor»: sacos que les quedan grandes, asumiendo posturas superiores a su capacidad real; manifiestan su autoridad usando los pantalones de sus jefes, cuando no tienen suficientes elementos para ejercer la autoridad que ostentan. Se les escucha decir: «el señor dice», «el señor quiere», «el señor ordenó», sin el valor para decir «digo», «quiero» u «ordeno».

Cuando «el señor» se ausenta asumen su posición (se ponen su saco) y pretenden asumir sus funciones, casi siempre con poco éxito, pues el saco les queda grande.Se convierten en individuos «muy simpáticos» y expertos cuentistas, sus subordinados reciben todos sus chistes con sonoras carcajadas, situación que no ocurría antes de ser jefes.Su presencia y simpatía los convierte en verdaderos galanes seductores, facultades que se acrecientan en la medida que ascienden.

Con frecuencia, su esposa les parece anticuada y consideran que merecen un modelo más moderno; posteriormente se convencen de la necesidad de contar con varios modelos diferentes, varias casas, automóviles, etcétera.Llama la atención en estos pacientes su admiración selectiva por algunas flores, las violetas en las fases iniciales de la enfermedad y los narcisos en las avanzadas, se reconocen a sí mismos como hermosos, inteligentes y simpáticos, tan perfectos que nadie los merece.Una de las dificultades para diagnosticar a los pacientes, es que no son conscientes de su propia enfermedad y se resisten a aceptar que la padecen, aun cuando son muy hábiles para identificarla en otros.

Sistema músculoesquelético

Es común el dolor en la espalda, resultado de los frecuentes movimientos de flexión, generalmente excesiva, en las reverencias que deben hacer ante «el señor».

EXPLORACIÓN FÍSICA

En el examen practicado a estos enfermos, su apariencia exterior no refleja su padecimiento, parecen sanos. Aun cuando en condiciones normales su piel traduce juventud, cuando «el señor» los reprende se arrugan completamente y parecen hacerse chiquitos, como si se hubieran desinflado y fueran varios años más viejos.Aunque no lo aparentan, su peso corporal es significativamente superior, al grado que se teme por la conservación de las básculas poco sólidas. Aún no se sabe con precisión por qué son tan pesados.

Sin embargo, se supone un aumento progresivo de la densidad ósea, ya que el resto de los tejidos cursan con exceso de aire, como si estuvieran inflados.Por otra parte, este incremento en los huesos se refiere a factores alimentarios, con excesiva administración de calcio en forma de leche, ya que en su primera infancia la lactancia materna se prolonga hasta los 5 ó 6 años; así se explica que en el jardín de niños los llamen «niños mamones».Cuando deben asistir a la escuela primaria, gracias a los cuidados de su «mamita» prolongan su alimentación láctea varios años más, administrada en biberones que portan en su mochila escolar, razón por la cual sus compañeros ya en la escuela secundaria los apodan «niños mamila».En la edad adulta, uno de los elementos nutricios más importantes en su dieta son los «buenos huesos».

Contar con un «buen hueso» les proporciona el calcio necesario, nutre su cuerpo y espíritu. A la inversa, carecer de uno de ellos, sobre todo cuando los han tenido por largo tiempo, parece conducirlos a un síndrome de deprivación severo con descalcificación grave, como si fueran verdaderamente adictos a los «huesos».Durante esta etapa se les observa verdaderamente deprimidos, bajan de peso, lucen flacos, ojerosos, fatigados, con la barba crecida, su ropa parece quedarles grande; no aceptan ser vistos en público, pierden las ilusiones y llega a temerse por su vida. Pasan a engrosar las filas de la Renata (Reserva Nacional de Talentos, que la maledicencia ha denominado: «la banca» o «la congeladora»), lo cual les resulta particularmente doloroso, pero que con frecuencia supone importantes mejorías sintomáticas.En el examen médico no muestran anormalidades, a excepción de un hígado muy grande y desproporcionado, que ha motivado que se les identifique como unos verdaderos «hígados», aun cuando sus pruebas de funcionamiento hepático son esencialmente normales.Aunque sus exámenes de laboratorio sean normales, debe señalarse que los análisis de sangre son difíciles de hacer, debido a la obstrucción de las agujas, inclusive las más gruesas.

Este fenómeno se asocia a un exceso importante de glóbulos rojos, por lo cual pueden ser considerados, sin faltar al rigor científico, individuos con sangre cuya viscosidad es excesiva, coloquialmente denominada como «sangre espesa». La expresión de «sangrones», aunque incorrecta, es claramente descriptiva de estos casos a nivel popular.

AGRAVANTES

Algunos factores propician un agravamiento acelerado de la enfermedad: ubicación de los enfermos en las alturas, sonido peculiar de los aplausos sobre todo si son constantes o muy frecuentes y la adulación, veneno comparado por el poeta con la miel que empalaga, el vino que embriaga y la música que aletarga.Un complemento de los aduladores lo representaban los siseñoreadores (del verbo siseñorear), individuos que integran una cauda más o menos voluminosa, encabezada por un «señor» habitualmente muy importante.

Su misión es apoyar cualquier propuesta, sugerencia, plan o indicación del «señor», con un inmediato: «sí señor», preferentemente a coro.El puesto de siseñoreador es muy solicitado, además de que la remuneración es mayor al resto del personal, frecuentemente su ardua labor al servicio de la institución es compensada por «el señor» con un ascenso que le permitirá ser ya: ¡«un señor»!, acaso de menor jerarquía, pero «un señor», con derecho a disponer de una cauda propia de siseñoreadores. Si en tal posición sigue siendo un buen siseñoreador, tal vez llegará a ser un «gran señor».Los aplausos refuerzan en los enfermos la imagen que tienen de sí mismos de seres excepcionales.

En ocasiones están perfectamente bien organizados a través de aplaudidores profesionales insertos en el público, que en pequeñas pausas del orador inician un aplauso, invariablemente seguido por el resto de los asistentes.Algunos factores liberan los mecanismos de autocontrol de estos enfermos, sobre todo de las manifestaciones más agudas del mal; por ello debe evitarse criticarlos o contradecirlos, especialmente frente a terceros, so pena de verlos caer en la más terrible iracundia.Al respecto, las consejas populares han transmitido de generación en generación por la tradición oral, una historia de cuya veracidad no podemos dudar:

«Además de su valentía, fortaleza e inteligencia, Marco Antonio se caracterizaba por una agudeza y sentido común muy desarrollados y muy poco comunes para su época. Se percató de que estaba en riesgo de enfermarse de algo que no podía identificar, pero que presumiblemente era el VSH.»Después de consultarlo con un sabio senador, decidieron que Marco Antonio iba a ser acompañado en la plataforma de su cuadriga por un negrito, quien debía protegerlo de los rayos del sol y abanicarlo, además de que por cada diez veces que lo abanicara debía recordarle que no era un dios.»Marco Antonio se sintió tranquilo y avanzó a Roma entre vítores, aclamaciones y aplausos. Conforme progresaba en su recorrido se incrementaban las adulaciones y los aplausos, hasta que concluyó de que el negrito se equivocaba: sí era un dios. Sacó su espada y decapitó al negrito».

EPIDEMIOLOGÍA

Los estudios epidemiológicos han mostrado que las manifestaciones del VSH se presentan aproximadamente tres años después de convivir con los pacientes, tanto a nivel familiar como social y laboral.

Esto hizo suponer que la enfermedad es infectocontagiosa, con un periodo prepatogénico de duración variable, pero cercano a los tres años similar al VIH, sin que haya sido posible identificar su mecanismo de contagio. Ante el número creciente de casos, científicos expertos han investigado la enfermedad para descubrir sus causas, mecanismos de transmisión y adquisición, y posibles tratamientos.

Surgieron múltiples hipótesis, desde las afecciones de las alturas menor presión atmosférica, poco oxígeno hasta los niveles crecientes de contaminación.Un modesto investigador identificó un virus, presente constantemente en la sangre de los portadores y enfermos de este padecimiento. Como tiene forma de «S», se denominó VSH.

TRATAMIENTO

Desde el descubrimiento del virus se han ensayado numerosos tratamientos, con resultados desalentadores. La mayor aproximación se dio al difundirse la noticia de que los enfermos con VIH tenían mejorías importantes al extraer la sangre, calentarla para inactivar el virus, y volverla a transfundir.

En el VSH el calentamiento no logró ningún efecto favorable.No obstante, se describió que al someter a los pacientes a periodos de congelamiento por tiempos variables especialmente si eran prolongados se obtenían visibles mejorías y en algunos pocos casos no se observaban recaídas (si se presentan, por lo regular son mucho más graves que al inicio).Aún no existe curación conocida para el VSH; como sucede con el VIH, la única oferta es un control más o menos duradero, pero la desaparición de la enfermedad sólo se alcanza con la muerte; la prevención es la única opción.Por ello se decidió publicar este documento, a fin de que puedan identificarse los riesgos, prevenir la enfermedad o identificarla en etapas tempranas, para evitar que progrese a etapas avanzadas. Sin embargo, que los enfermos no reconozcan que son afectados por el VSH, permite que se agraven progresivamente y contagien a las personas con quienes conviven.

REVISIÓN HISTÓRICA

Ante el serio problema de salud pública que representa la enfermedad, se investigó la presencia del virus en muestras de sangre congeladas, para saber desde cuándo afecta a la humanidad. Sorpresivamente, el virus se encontró en proporción importante de las muestras, incluso en las más antiguas.Se decidió ir más atrás en el tiempo, para determinar los primeros casos; se revisaron expedientes clínicos en forma retrospectiva hasta integrar el diagnóstico de enfermedad por el VSH, en una proporción similar de casos a la positividad de las sangres congeladas.

Era evidente que la enfermedad tenía muchos más años de estar presente en la humanidad de lo pensado.Pero, ¿no podría ser mucho más antigua? Dudarlo era razonable, ya que el virus se encontró aun en expedientes clínicos muy viejos. Para aclarar esto intervinieron historiadores de diferente formación, nacionalidad y tendencias políticas.

Los resultados fueron nuevamente asombrosos; grandes personajes de la historia de la humanidad cumplieron con los criterios necesarios para considerarlos enfermos: Caín, Nerón, Enrique VIII, Borgia, Torquemada, Stalin y Hitler, por mencionar sólo algunos.Sin embargo, un antiguo libro famoso por haber sido el primer libro impreso, con el mayor número de ediciones y traducciones se refiere a unos individuos, llamados fariseos, quienes muy probablemente padecían infección por VSH.También se menciona a una muy conocida y, a la postre, prolífica dama, quien engañada por una «víbora» decidió comer y dar de comer a su pareja el fruto del árbol prohibido, con la promesa de que su sabiduría sería tan grande como la de «El Señor».

Tal error lo han pagado ellos y toda su descendencia.Lo más extraño fue cuando un grupo de eruditos, asesorados por un reconocido teólogo, revisaron los libros antiguos y se remontaron al principio de los tiempos. En ellos identificaron al que pudo haber sido el primer enfermo de VSH.

La única manifestación de la enfermedad fue que se consideró digno de ser proclamado como «El Señor» (¡con «S» mayúscula!), como resultado de su gran poder, inteligencia y simpatía, sin percatarse de que «El Señor» lo observaba y en atención a su propuesta decidió otorgarle el título de «señor» de las más denigrantes profundidades del averno. Desde entonces, ahí reina como «el señor», con el discutible privilegio de haber sido reconocido como el primer enfermo afectado por el VSH o Virus de la Soberbia Humana.

TIEMPOS DE REFLEXIÓN

El propósito de la presente comunicación es alertar a las personas que se encuentran en las alturas o que han ascendido por la escalera de la vida, en forma rápida o a saltos, que caminan por el terreno de la infalibilidad o se deleitan con las mieles del poder, y recordarles que es preferible prevenir que tener que aceptar las consecuencias de una terrible enfermedad, que puede acabar con ellos o dejarles secuelas permanentes.Seguramente, al concluir esta descripción, cada una de las personas que la hubiera leído habrá identificado a uno o más individuos sospechosos de ser portadores de esta enfermedad (tal vez muchos), situación que indudablemente acreditaría su habilidad para el diagnóstico.Sin embargo, no debe olvidarse que estos son tiempos de reflexión, y que lo importante no es identificarla en los demás, sino en nosotros mismos.

Si no identificamos ningún síntoma preocupante en nosotros, pudiera deberse a que ya estamos enfermos y somos incapaces de reconocer sus manifestaciones en nuestra persona.Concluyo para continuar mis investigaciones sobre esta enfermedad, pues se ha descrito un nuevo síntoma: a los enfermos por el VSH les da por describir enfermedades de otros, y no vaya a suceder que algún crítico irresponsable afirme que estoy enfermo y no me haya percatado de ello, lo cual, por supuesto, es muy poco probable.