Colisión de Galaxias

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En qué se convertirán estas galaxias?
Las galaxias espirales NGC 5426 y NGC 5427 están pasando peligrosamente muy cerca la una de la otra, pero ambas sobrevivirán a esta colisión.
Lo más frecuente cuando las galaxias colisionan es que la grande se come a la pequeña.
En este caso, sin embargo, las dos galaxias son bastante similares, ambas con una extendida espiral con grandes brazos y un núcleo compacto.
Como las galaxias avanzarán en las próximas decenas de millones de años, las estrellas que las componen raramente colisionarán, aunque se formarán nuevas estrellas en el cúmulo de gases causados por mareas gravitacionales.
Una inspección en detalle de la imagen superior realizada por el Telescopio de 8 metros Gemini-South en Chile muestra un puente de material momentaniamente conectando las dos gigantes.
Conocido colectivamente como Arp 271 , el par interactivo ocupa unos 130.000 años luz y yace a unos 90 millones de años luz en la constelación de Virgo .
Bastante posible, nuestra Vía Láctea se someterá a una colisión similar con la vecina Galaxia de Andrómeda en unos cinco mil millones de años.

NGC 6946

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Desde nuestro punto de vista en el interior de la Vía Láctea , vemos NGC 6946 de frente . Esta gran y hermosa galaxia espiral está a tan sólo 10 millones de años luz de distancia, detrás de un velo de polvo y de estrellas en la lejana y alta constelación de Cepheus . Desde el núcleo hacia el exterior, los colores de la galaxia cambian desde el amarillo de las estrellas viejas del centro al azul de los cúmulos jóvenes de estrellas y el rojo de las regiones de formación estelar que hay a lo largo de los brazos espirales amplios y fragmentados.
NGC 6946 también brilla en luz infrarroja . Es rica en gas y polvo y muestra unas altas tasas de nacimiento y de mortalidad de estrellas. Desde principios del siglo XX se han descubierto al menos nueve supernovas, o sea, explosiones de muerte de estrellas masivas.
Con un diámetro de unos 40.000 años luz, NGC 6946 también se conoce como la galaxia de los Fuegos Artificiales . Esta notable imagen de NGC 6946 es una composición de datos procedentes del telescopio de 8,2 metros Subaru que hay en la cima del Mauna Kea
Composite Image Data – Subaru Telescope(NAOJ) y Robert Gendler;Processing – Robert Gendler

Roy Head – “Treat Her Right ” – 1965

Excelente página donde nos rememora música de hace algunos ayeres

La canción del presente post en lo personal no la conocía.

I wanna tell you a story Every man oughta know If you want a little lovin’ You gotta start real slow She’s gonna love you tonight now If you just treat her right now Squeeze her real ge…

Origen: Roy Head – “Treat Her Right ” – 1965

Los tejemanejes del azúcar

Sobre la nociva influencia de la industria alimentaria en los estudios de nutrición
Autor: Gonzalo Casino 
Fuente: IntraMed / Fundación Esteve   

En julio de 2011, un estudio publicado en Food & Nutrition Research mostraba la cara más saludable de los dulces al concluir que los niños que comen golosinas tienden a pesar menos que los que no las comen. La investigación dio pie a mensajes y titulares tan llamativos como el delDaily Mail británico: “Los dulces son buenos para los niños y pueden evitar que engorden en el futuro”. Las limitaciones del estudio eran tan importantes, que malamente se podían sostener sus conclusiones. Pero lo más grave es que nunca se supo que fue financiado por la industria alimentaria, hasta que hace unos meses lo reveló la agencia Associated Press: Cómo los fabricantes de dulces remodelan la ciencia de la nutrición.

El caso no es aislado, ni mucho menos. En 2015, el New York Times informó que Coca-Cola había patrocinado a investigadores para que minimizaran los efectos de las bebidas azucaradas en la obesidad. Y la semana pasada, sin ir más lejos, Página 12 informaba de una donación de la propia Coca-Cola a la fundación de un conocido nutricionista argentino, ahora responsable del área de Alimentación Saludable del Ministerio de Salud. Los tentáculos de los gigantes de la alimentación aprietan y manipulan con diversos procedimientos, aunque uno de los más habituales y eficaces es financiar la investigación, que luego impregna la literatura científica y además genera titulares en los medios.

Se sospecha que estas prácticas vienen de antiguo y que han corrompido la nutrición y las recomendaciones dietéticas, pero no es fácil encontrar pruebas. ¿En qué momento se empezó a pervertir la investigación sobre alimentación y salud?

Un trabajo que se publica hoy en JAMA Internal Medicine muestra los tejemanejes de la industria del azúcar desde hace más de medio siglo para minimizar la influencia de la sacarosa en la enfermedad coronaria. Este “narrative case study”, semejante en algunos aspectos a una investigación periodística, revela cómo un grupo de presión se las ingenió para que el malo de la película de la primera causa de muerte en el mundo fuera el colesterol y no el azúcar, cuando en la década de 1960 ambos eran sospechosos por igual. Por un lado, las investigaciones de John Yudkin involucraban al azúcar, y, por otro, las de Ancel Keys apuntaban a la grasa y el colesterol en particular. Pero fue la industria del azúcar, financiando investigadores y manipulando una trascendental revisión publicada en The New England Journal of Medicine en 1967, la que logró salvaguardar sus intereses y desviar la atención hacia el problema menor de la caries dental. Toda esta literatura científica ha condicionado las recomendaciones dietéticas posteriores y la evaluación positiva sobre la seguridad del azúcar de la Food and Drug Administration de 1976.

¿Qué rumbo hubiera seguido la investigación mundial en este área y cuáles hubieran sido las recomendaciones dietéticas sin la perniciosa influencia de la industria del azúcar que se inició en 1965?

La ortodoxia médica es como un transatlántico cuyo rumbo es difícil de modificar, de modo que solo en los últimos años se ha empezado a revisar la influencia del colesterol y el azúcar en la salud. El estudio de JAMA Internal Medicine implica a Frederick Stare (1911-2002), fundador y jefe del Departamento de Nutrición de Harvard, y apasionado defensor de la dieta americana, la Coca-Cola y el consumo de azúcar sin restricciones. Con autoridades sanitarias como esta y con tantos indicios sobre cómo la industria alimentaria influye en lo que pensamos que debemos comer para estar sanos, no es de extrañar que proliferen las dietas estrafalarias, los gurús pseudocientíficos y la desconfianza en la ciencia de la nutrición. A ver ahora cómo arreglamos este desaguisado.

En nuestro país la intervención de la industria del dulce, llegó incluso a la cabeza del gobierno… vean si no:

Islamophobia: The New Western Racism

Excelente post

Islamofobia, el nuevo racismo occidental

Hoy el racismo ha cambiado sus formas y sus objetivos: el inmigrante musulmán ha sustituido al judío. El racismo -un discurso científico sobre la base de las teorías biológicas- ha dado paso a un prejuicio cultural que hace hincapié en una discrepancia radical antropológica entre la “judeocristiana” Europa y el islam.
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En este artículo, escrito para el blog Pluto Press, Enzo Traverso, autor del libro recientemente publicado End of Jewish Modernity y prolífico investigador del siglo XX, examina el paralelismo entre las dos cepas de la xenofobia moderna, el antisemitismo y la islamofobia. Respecto a la política, los medios de comunicación y la producción cultural, Traverso revela similitudes significativas entre la islamofobia de hoy y el más antiguo antisemitismo.
«Una nueva ola de islamofobia se está extendiendo en Occidente. Si Donal Trump sale presidente se ha comprometido a expulsar a todos los musulmanes de Estados Unidos. Y en la Unión Europea, las corrientes conservadoras reclaman leyes contra el islam. El islam se percibe un barbarismo y una amenaza a para Occidente -una civilización “judeocristiana”- que gana fuerza en Francia a raíz de una sucesión de ataques terroristas a esta cultura de prejuicios y xenofobia extrema. La idea de que se puede obligar a los ciudadanos musulmanes a llevar una estrella amarilla y la media luna en su ropa –como los judíos en la Segunda Guerra Mundial- ya no parece imposible.
En la primera mitad del siglo XX el antisemitismo estaba generalizado en casi todas partes, desde las capas aristocráticas y burguesas que establecieron límites simbólicos hasta los intelectuales. Muchos de los escritores más importantes de la década de 1930 no ocultaron su odio a los judíos. Hoy el racismo ha cambiado sus formas y sus objetivos: el inmigrante musulmán ha sustituido al judío. El racismo -un discurso científico sobre la base de las teorías biológicas- ha dado paso a un prejuicio cultural que hace hincapié en una discrepancia radical antropológica entre la “judeocristiana” Europa y el islam. El antisemitismo tradicional, que durante un siglo dio forma a todos los nacionalismos europeos, se ha convertido en un fenómeno residual. En un completo cambio, las conmemoraciones del Holocausto han construido una especie de “religión civil” en la Unión Europea. Como en un sistema de vasos comunicantes, el antisemitismo preguerra ha disminuido y la islamofobia ha aumentado. La representación posfascista del enemigo reproduce el viejo paradigma racial y, al igual que el antiguo bolchevique judío, el terrorista islámico se representa a menudo con los rasgos físicos que hacen hincapié en su alteridad.
Las ambiciones intelectuales del posfascismo, sin embargo, han disminuido significativamente. No vemos ningún equivalente en nuestro momento presente delJewish France de Edouard Drumont o de The Foundations of the Nineteenth Century de Houston Stewart Chamberlain, ni de los ensayos sobre antropología racial de Hans Günther o André Siegfried. La nueva xenofobia no ha producido escritores como León Bloy, Louis Ferdinand Céline o Pierre Drieu La Rochelle, por no hablar de filósofos como Martin Heidegger y Carl Schmitt. El humus cultural del posfascismo no se destaca por su creación. Su expresión literaria más significativa es una novela reciente de Michel Houellebecq, Submission -que representa a Francia en el año 2022 transformada en una república islámica- más parecida a una campaña masiva para ganar la atención de los medios. Muchas personalidades políticas e intelectuales, canales de televisión y revistas populares que ciertamente no podrían calificarse de fascistas, han contribuido enormemente a la construcción de este humus cultural. Podríamos recordar la famosa declaración de Jacques Chirac de 1991 acerca del “ruido y el olor” de los edificios habitados por inmigrantes del Magreb; la prosa inflamada de Oriana Fallaci sobre los musulmanes que “se reproducen como ratas” y orinan contra las paredes de nuestras catedrales; la comparación en Francia y en Italia de los sacerdotes de vestimentas negras con los monos e innumerables referencias que desprecian al islam refiriéndose a ella como “la religión más estúpida” (la religion la plus con). George L. Mosse señaló que en el fascismo clásico las palabras habladas eran más importantes que los textos escritos. En una época en la que el “campo visual’ ha sustituido al “campo gráfico” no es sorprendente que el discurso posfascista se extienda en primer lugar por los medios de comunicación, asignando un lugar secundario a la producción intelectual (que se convierte en funcional a semejanza deSubmission a medida que se transforma en eventos en los medios de comunicación).
Me parece que las similitudes más importantes entre la islamofobia de hoy y el antiguo antisemitismo evocan más al Reich alemán de finales del siglo XIX, que a la Tercera República Francesa. Desde el caso Dreyfus, el antisemitismo francés estigmatizó a los inmigrantes judíos de Polonia y Rusia, pero su objetivo principal eran los altos funcionarios (los judíos del estado) que bajo la Tercera República ocuparon posiciones muy importantes en la burocracia, el ejército, las instituciones académicas y el Gobierno. El propio capitán Dreyfus era símbolo de una ascensión social semejante. En el tiempo del Frente Popular el objetivo del antisemitismo era Léon Blum, un dandi judío y homosexual que encarnaba la imagen de una república conquistada por los “anti-France”. Los judíos eran reconocidos como “un Estado dentro del Estado”, una posición que desde luego no se corresponde con la situación actual de las minorías musulmanas africanas y árabes que aún resultan demasiado escasas dentro de las instituciones estatales de los países europeos. Por lo tanto, la comparación con la Alemania de Guillermo II sería más pertinente, en la que los judíos fueron excluidos cuidadosamente de la maquinaria del Estado, mientras los periódicos advertían en contra de una “invasión judía” (verjudung) que ponía en tela de juicio la matriz étnica y religiosa del Reich. En este caso el antisemitismo jugó el papel de un “código cultural” que permitió a los alemanes definirnegativamente una conciencia nacional en un país preocupado por la rápida modernización y la concentración de judíos en las grandes ciudades, donde aparecían como el grupo más dinámico. En otras palabras, un alemán era ante todo un no-judío. De manera similar, en la actualidad el islam se está convirtiendo en un código cultural que permite encontrar, por una demarcación negativa, una pérdida de la “identidad francesa”, amenazada o envuelta en el proceso de la globalización. El miedo a la multiculturalidad y la hibridación (mestizaje) simplemente actualiza la vieja ansiedad acerca de la “mezcla de sangre” (blutvermischung). Hoy el lenguaje ha cambiado, pero la prosa de Alain Finkielkraut, que expresa su “desgraciada identidad” (identité malheureuse) frente a dos calamidades tales como el multiculturalismo y una hibridación erróneamente idealizada (el métissage de una Francia ” Black-Blanc-Beur “), no difiere mucho de la de Heinrich von Treitschke. En 1880 este gran historiador lamentó la “intrusión” (einbruch) de los judíos en la sociedad alemana cuando escribió que alteran las costumbres de la Kultur y actuaban como una fuerza corruptora. La conclusión desesperada de von Treitschke se convirtió en una especie de lema: “los judíos son nuestra infelicidad” (die Juden sind unser Unglück).
Gran parte de la transición del viejo antisemitismo a la presente islamofobia se juega en los medios de comunicación de Francia, que convergen en una expresiva figura literaria, Renaud Camus, un escritor que no oculta sus conexiones con el Frente Nacional. Hace quince años Camus se quejó en su diario de la abrumadora presencia judía en los medios de comunicación culturales franceses; en los años siguientes, sin embargo, ha cambiado enfocándose en los musulmanes, cuya inmigración masiva ha producido un “gran reemplazo” o en otras palabras la “islamización” de Francia. Michel Houellebecq, que pertenece a una generación más joven, que desea convertirse en el Céline de principios del siglo XXI, también asumió el “gran reemplazo” como punto de partida de Submission. Y la misma idea es el núcleo de un exitoso ensayo -500.000 copias vendidas en seis meses- de Eric Zemmour, Le suicide français, dedicado al declive de Francia de 1970 a 2008. Más recientemente se ha defendido la idea del “gran reemplazo” en algunos editoriales Le Figaro. Este es el modo en el que el posfascismo está construyendo su hegemonía cultural, mucho más allá de sus hazañas electorales.
Sin embargo, la islamofobia no es un simple sucedáneo del viejo antisemitismo, sus raíces son antiguas y posee su propia tradición: el colonialismo. Las raíces de la islamofobia se encuentran en la memoria del largo pasado colonial de Europa y en Francia en la guerra de Argelia. El colonialismo conformó una antropología política basada en la dicotomía entre los ciudadanos y los sujetos coloniales –citoyens e indigènes– donde los límites sociales, espaciales, raciales y políticos eran fijos. Si bien esta división jurídica codificada bajo la Tercera República se rompió, los inmigrantes musulmanes que se han convertido en ciudadanos franceses siguen haciendo frente a una reacción xenófoba, formada por esta antropología política, que los percibe como un agente infeccioso, como un “pueblo dentro del pueblo”. La matriz colonial de la islamofobia explica su virulencia y persistencia. Una manera de examinar la realidad material de estos límites espaciales, raciales y políticos es a través de la disolución natural de los nombres de los migrantes italianos, polacos y españoles transformados en patronímicos franceses, un proceso que ocurre a menudo después de tres generaciones. Esta disolución contrasta con la persistencia de los nombres y apellidos árabes y africanos que delatan de inmediato a sus titulares como pertenecientes a una categoría especial, de segunda, “procedentes de la inmigración” oissu de l’immigration.
La matriz colonial de la islamofobia nos da una clave para la comprensión de las metamorfosis ideológicas del posfascismo (muchos movimientos de extrema derecha como el Frente Nacional en Francia, la Liga Norte en Italia, Pegida en Alemania y otras corrientes similares en otros países de la UE), que ha abandonado las ambiciones imperiales y conquistas del fascismo clásico con el fin de adoptar una postura mucho más conservadora y defensiva. No quiere conquistar, sino más bien expulsar (incluso criticando las guerras neoimperiales llevadas a cabo desde principios de la década de 1990 por los EE.UU. y sus aliados occidentales). Mientras el colonialismo del siglo XIX deseaba cumplir su “misión civilizadora” a través de sus conquistas fuera de Europa, la islamofobia poscolonial lucha contra un enemigo interior en nombre de los mismos valores. El rechazoha reemplazado a la conquista, pero las motivaciones no cambiaron: en el pasado el objetivo de la conquista era someter y civilizar a los bárbaros, actualmente el rechazo y la expulsión tienen como objetivo proteger a la nación de su influencia nociva. Esto explica los debates recurrentes sobre el laicismo y el velo islámico que condujeron a la ley islamófobica, promulgada en Francia hace diez años, que prohíbe el velo en los lugares públicos. Este acuerdo consensuado sobre una concepción neocolonial y discriminatoria del laicismo ha contribuido significativamente a legitimar el posfascismo.
Esta ola islamófobica con su retórica belicista –“estamos en guerra contra el terrorismo”- posiciona al islam como único enemigo legitimo del orden occidental que, en última instancia, alimenta el terrorismo. Los combatientes contra el “fascismo islámico” y defensores de los “valores humanos” también consiguieron un resultado crucial: la representación de las víctimas de las guerras occidentales en Irak, Libia y Siria, que mucho más numerosas que las víctimas del terrorismo islámico en Europa, están en gran parte olvidadas.
Enzo Traverso
* Profesor de Humanidades en la Universidad de Cornell. Entre sus publicaciones, todas traducidas a diferentes idiomas, se incluyen más de diez libros editados y otros escritos, incluyendo The End of Jewish Modernity (Pluto Press, 2016), Fire and Blood, The European Civil War 1914-1945 (Verso, 2016) y Understanding the Nazi Genocide: Marxism after Auschwitz (Pluto Press, 1999).

The Pluto Press Blog - Independent, radical publishing

Traverso Jewish modIn this essay, written exclusively for the Pluto blog, author of the recently published End of Jewish Modernity and prolific historian of the twentieth-century, Enzo Traverso examines the parallels between two strains of modern xenophobia: anti-Semitism and Islamophobia. Looking at politics, the media and cultural output, Traverso reveals significant similarities between today’s Islamophobia and the older anti-Semitism.

‘A new wave of Islamophobia is spreading in the West. If elected President, Donald Trump has vowed to expel all Muslims from the United States and  across the European Union, conservative currents claim laws against Islam. Islam is perceived as a barbarism and a threat to Western, “Jewish-Christian” civilization, a tendency gaining strength in France following a succession of terrorist attacks  In this culture of extreme xenophobia and prejudice, the notion that Muslim citizens be compelled to wear a yellow star and crescent on their clothes, like Jews during the Second World War…

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