Becquer. Leyendas

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Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida (Sevilla, 17 de febrero de 1836-Madrid, 22 de diciembre de 1870), más conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, fue un poeta y narrador español, perteneciente al movimiento del Romanticismo. Por ser un romántico tardío, ha sido asociado igualmente con el movimiento posromántico. Aunque en vida ya alcanzó cierta fama, solo después de su muerte y tras la publicación del conjunto de sus escritos alcanzó el prestigio que hoy se le reconoce.

Su obra más célebre son las Rimas y Leyendas. Los poemas e historias incluidos en esta colección son esenciales para el estudio de la literatura hispana, sobre la que ejercieron posteriormente una gran influencia.

Introducción

Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra para poderse presentar decentes en la escena del mundo.

Fecunda, como el lecho de amor de la miseria, y parecida a esos padres que engendran más hijos de los que pueden alimentar, mi musa concibe y pare en el misterioso santuario de la cabeza, poblándola de creaciones sin número,  a las cuales ni mi actividad ni todos los años que me restan de vida serían suficientes a dar forma. Y aquí dentro, desnudos y deformes, revueltos y barajados en indescriptible confusión, los siento a veces agitarse y vivir con una vida oscura  y extraña, semejante a la de esas miríadas de gérmenes que hierven y se estremecen en una eterna incubación dentro de las entrañas de la tierra, sin encontrar fuerzas bastantes para salir a la superficie y convertirse al beso del sol en flores y frutos.

Conmigo van, destinados a morir conmigo, sin que de ellos quede otro rastro que el que deja un sueño de la media noche, que a la mañana no puede recordarse. En algunas ocasiones, y ante esta idea terrible, se subleva en ellos el instinto de la vida, y agitándose en formidable, aunque silencioso tumulto, buscan en tropel por donde salir a la luz de entre las tinieblas en que viven. Pero ¡ay, que entre el mundo de la idea y el de la forma existe un abismo que sólo puede salvar la palabra; y la palabra, tímida y perezosa, se niega a secundar sus esfuerzos! Mudos, sombríos e impotentes, después de la inútil lucha vuelven a caer en su antiguo marasmo. ¡Tal caen inertes en los surcos de las sendas, si cesa el viento, las hojas amarillas que levantó el remolino!

Estas sediciones de los rebeldes hijos de la imaginación explican algunas de mis fiebres: ellas son la causa, desconocida para la ciencia, de mis exaltaciones y mis abatimientos. Y así, aunque mal, vengo viviendo hasta aquí, paseando por entre la indiferente multitud esta silenciosa tempestad de mi cabeza. Así vengo viviendo; pero todas las cosas tienen un término, y a éstas hay que ponerles punto.

El insomnio y la fantasía siguen y siguen procreando en monstruoso maridaje. Sus creaciones, apretadas ya como las raquíticas plantas de un vivero, pugnan por dilatar su fantástica existencia disputándose los átomos de la memoria, como el escaso jugo de una tierra estéril. Necesario es abrir paso a las aguas profundas, que acabarán por romper el dique, diariamente aumentadas por un manantial vivo.

¡Andad, pues! Andad y vivid con la única vida que puedo daros. Mi inteligencia os nutrirá lo suficiente para que seáis palpables; os vestirá, aunque sea de harapos, lo bastante para que no avergüence vuestra desnudez. Yo quisiera forjar para cada uno de vosotros una maravillosa estofa tejida de frases exquisitas, en la que os pudierais envolver con orgullo, como en un manto de púrpura. Yo quisiera poder cincelar la forma que ha de conteneros, como se cincela el vaso de oro que ha de guardar un preciado perfume. Mas es imposible.

No obstante, necesito descansar: necesito, del mismo modo que se sangra el cuerpo por cuyas hinchadas venas se precipita la sangre con pletórico empuje, desahogar el cerebro, insuficiente a contener tantos absurdos.

Quedad, pues, consignados aquí, como la estela nebulosa que señala el paso de un desconocido cometa, como los átomos dispersos de un mundo en embrión que aventa por el aire la muerte, antes que su creador haya podido pronunciar el flat lux que separa la claridad de las sombras. No quiero que en mis noches sin sueño volváis a pasar por delante de mis ojos en extravagante procesión, pidiéndome con gestos y contorsiones que os saque a la vida de la realidad del limbo en que vivís, semejantes a fantasmas sin consistencia. No quiero que al romperse este arpa vieja y cascada ya, se pierdan, a la vez que el instrumento, las ignoradas notas que contenía. Deseo ocuparme un poco del mundo que me rodea, pudiendo, una vez vacío, apartar los ojos de este otro mundo que llevo dentro de la cabeza. El sentido común, que es la barrera de los sueños, comienza a flaquear, y las gentes de diversos campos se mezclan y confunden. Me cuesta trabajo saber qué cosas he soñado y cuáles me han sucedido. Mis afectos se reparten entre fantasmas de la imaginación y personajes reales. Mi memoria clasifica, revueltos, nombres y fechas de mujeres y días que han muerto o han pasado, con los días y mujeres que no han existido sino en mi mente. Preciso es acabar arrojándoos de la cabeza de una vez para siempre.

Si morir es dormir, quiero dormir en paz en la noche de la muerte, sin que vengáis a ser mi pesadilla, maldiciéndome por haberos condenado a la nada antes de haber nacido. Id, pues, al mundo a cuyo contacto fuisteis engendrados, y quedad en él como el eco que encontraron, en un alma que pasó por la tierra, sus alegrías y sus dolores, sus esperanzas y sus luchas.

Tal vez muy pronto tendré que hacer la maleta para el gran viaje. De una hora a otra puede desligarse el espíritu de la materia para remontarse a regiones más puras. No quiero, cuando esto suceda, llevar conmigo, como el abigarrado equipaje de un saltimbanco, el tesoro de oropeles y guiñapos que ha ido acumulando la fantasía en los desvanes del cerebro.

Junio de 1868.

Becquer, Gustavo Adolfo – Leyendas_pdf

Cáncer de mama. Extirpación Profiláctica de Ovarios. ¿Cuándo?

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Muchas mujeres, consideradas de alto riesgo de tener cáncer de mama también presentan un riesgo más alto que el promedio de tener cáncer de ovario.

Para determinar existe el riesgo de tener cáncer de ovario, se debe contar con la opinión de un genetista (profesional médico especialmente capacitado para brindar información y asesorar acerca de afecciones hereditarias). Si después de esto se concluye que hay alto riesgo de padecer cáncer de mama y ovario, se deben evaluar distintas estrategias para reducir el riesgo.

Si bien la extirpación preventiva de ovario (ovariectomía preventiva) puede reducir considerablemente el riesgo de cáncer de ovario, además de reducir el riesgo de cáncer de mama cuando se la realiza antes de la menopausia, esta cirugía es una gran decisión que puede tener un impacto profundo en la vida de una mujer (menopáusia quirúrgica). La repentina depleción de estrógeno puede causar varios efectos secundarios: bochornos, depresión, dificultad para dormir y disminución del deseo sexual. La pérdida de estrógeno puede afectar a la salud ósea y cardíaca. Obviamente, se quita la capacidad de concebir.

Muchos factores que se deben tener en cuenta al decidir sobre una estrategia de reducción del riesgo.

Se debe considerar la posibilidad de realizar ovariectomía preventiva, si existen antecedentes de cáncer de mama y/o de ovario en familiares de primer grado, en cuyo caso la extirpación preventiva de ovario es una buena opción, en los siguientes casos:

Si el análisis de mutaciones del gen BRCA1 o el gen BRCA2 dio positivo, lo que puede aumentar el riesgo de cáncer de mama y ovario. Aproximadamente la mitad de las mujeres que presentan estas mutaciones optan por alguna forma de cirugía, ya sea la ovariectomía o la mastectomía preventivas (extirpación quirúrgica de las mamas).
Un estudio realizado en 2008 entre más de 1.000 mujeres de alto riesgo demostró que los beneficios de la extirpación de ovarios difieren según el tipo de mutación:

  • Portadoras de BRCA1: La extirpación de ovarios tuvo mayores beneficios en términos del riesgo de cáncer de ovario, pero no del riesgo de cáncer de mama . La extirpación de ovarios redujo en un 85 % el riesgo de cáncer de ovario en portadoras de BRCA1, pero no les redujo apreciablemente el riesgo de cáncer de mama. Las pacientes que presentan mutaciones de BRCA1 tienen más probabilidades de tener cáncer de mama no estimulado por el estrógeno (cáncer de mama de receptores de estrógeno negativos). Es decir que la extirpación de los ovarios, la fuente principal de estrógeno del organismo, no produjo beneficios considerables en cuanto al riesgo de cáncer de mama.
  • Portadoras de BRCA2: La ovariectomía tuvo mayores beneficios en términos del riesgo de cáncer de mama, pero no del riesgo de cáncer de ovario . Las mujeres que presentaban una mutación del BRCA2 tuvieron una reducción del 72 % en el riesgo de cáncer de mama después de la extirpación de los ovarios. Ello se debe a que, en las portadoras de mutaciones de BRCA2, es más probable que el cáncer de mama sea de receptores de estrógeno positivos. El estudio no reveló una disminución apreciable del riesgo de presentar cáncer de ovario en este grupo de mujeres. No se ha comprobado que las mutaciones de BRCA2 tengan un papel tan importante en el riesgo de tener cáncer de ovario como las mutaciones de BRCA1.
  • Tener algún pariente de primer grado que ha tenido cáncer de mama y/o de ovario: madre, una hermana y/o una hija han tenido cáncer de mama, cáncer de ovario o ambos, especialmente antes de los 50 años.
  • Tener antecedentes familiares de cáncer de ovario en dos o más parientes o tienes un familiar diagnosticado antes de los 50 años. Cuanto más directo sea su parentesco contigo, tienes mayores probabilidades de presentar un riesgo mayor.
  • Si hay antecedentes personales de cáncer de mama temprano, diagnosticado a los 20, 30 o 40 años, o bien antes de entrar en la menopausia. Algunas investigaciones sugieren que quizá también hay mayor riesgo de padecer recurrencia de cáncer de ovario y/o de mama.
  • Tener antecedentes personales o familiares de otras formas de cáncer, en especial cáncer colorrectal o uterino.
  • Tener un pariente de sexo masculino diagnosticado con cáncer de mama .
  • Tener ascendencia judía askenazi. Las mutaciones del BRCA son más comunes en mujeres cuyos ancestros tienen ascendencia judía europea oriental.

La extirpación preventiva de ovarios también puede ser una buena opción, en los siguientes casos:

  • Reducir el riesgo de tener cáncer de mama sin causar cambios visibles importantes en el cuerpo como los que puede causar la mastectomía preventiva. Si está presente la mutación del BRCA2, existen investigaciones que revelan que la ovariectomía antes de la menopausia puede reducir en gran medida el riesgo de padecer cáncer de mama.
  • Mayor preocupación por el cáncer de ovario que por el cáncer de mama. Aún no existen buenas herramientas de detección del cáncer de ovario, en comparación con el cáncer de mama. Es muy difícil detectar precozmente el cáncer de ovario, lo que disminuye las probabilidades de comenzar el tratamiento mientras el cáncer aún se encuentra en estadio temprano. El cáncer de ovario probablemente sea una preocupación mayor, en los siguientes casos: (1) existen antecedentes familiares y/o (2) mutación del BRCA1, que juega un papel más importante en el cáncer de ovario que el BRCA2.
  • No se desea tomar hormonoterapia para reducir el riesgo de tener cáncer de mama o de volver a tenerlo si ya lo habían diagnosticado alguna vez. Para reducir el riesgo de cáncer de mama, algunas mujeres toman medicamentos que bloquean o disminuyen el estrógeno, como tamoxifeno o Arimidex (nombre genérico: anastrozol). Existen investigaciones que revelan que estos medicamentos benefician más a mujeres que presentan la mutación del BRCA2, más propensas a tener cáncer de mama de receptores de hormonas positivos. Si hay alta probabilidad de padecer cáncer de mama de receptores de hormonas positivos, pero no se desea el tratamiento de hormonoterapia, la extirpación preventiva de ovario puede ser una opción.
  • Se ha tenido cáncer de mama y no se desea tomar medicamentos que supriman temporalmente la producción de estrógeno de los ovarios. Medicamentos como Zoladex (nombre genérico: goserelina) y Lupron (nombre genérico: leuprolida), administrados mediante inyección, pueden suprimir temporalmente la producción de estrógeno de los ovarios. En realidad, esto “priva” a cualquier célula cancerosa sobreviviente del estrógeno que necesita para multiplicarse. Si la mujer es  premenopáusica y ha tenido cáncer de mama de receptores de estrógeno positivos, se recomiendan estos medicamentos para reducir el riesgo de recurrencia. Estos medicamentos ocasionan síntomas de menopausia mientras se toman.

    Si no se desea tomar medicamentos supresores de estrógeno, quizá por los inconvenientes o el costo, tal vez deba considerarse la posibilidad de someterse a la ovariectomía. Dado que la cirugía extrae de forma definitiva la fuente de estrógeno del cuerpo, la reducción del riesgo de recurrencia del cáncer de mama es permanente. Sin embargo, también se entra definitivamente en la menopausia

http://www.breastcancer.org/es/tratamiento/cirugia/preventiva_ovarios/opcion_correcta

Ejemplo de Revolucionaria: Dolores Jiménez y Muro

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Nació en Aguascalientes, Ags., el 7 de junio de 1850. Fue escritora, periodista y combatiente durante la Revolución Mexicana. Emigró a la ciudad de San Luis Potosí donde colaboró en las publicaciones La Esmeralda y La Sombra de Zaragoza.

En 1902 fue directora de La Revista Potosina. Militó en el Partido Liberal Mexicano. Escribió en El Diario del Hogar, dirigido por Filomeno Mata.

En 1907 perteneció al grupo Socialismo Mexicano. Se unió al maderismo en 1910, año en que fundó el Club Femenil Antirreelecionista Hijas de Cuauhtémoc.

En Marzo de 1911 reunió a personajes de Guerrero, Michoacán, Tlaxcala, Puebla y Campeche en una manifestación proclamando a Madero como presidente.

Participó en la redacción del Plan Político y Social proclamado en Tacubaya, Distrito Federal el 31 de octubre de 1911, en el cual se exigía la devolución de tierras a los campesinos y un aumento salarial, entre otros puntos, lo que motivó su encarcelamiento por parte del gobierno de Francisco León de la Barra. Fue liberada luego de una huelga de hambre.

Se incorporó a las fuerzas zapatistas y elaboró el prólogo del Plan de Ayala. Por orden de Zapata fue designada General Brigadier.

En 1913 dirigió el periódico La voz de Juárez. Perteneció a la asociación denominada Socialistas mexicanos, cuyo órgano de difusión era el periódico Anáhuac.

Al término de la lucha armada desempeñó cargos en la Secretaría de Educación Pública. También publicó algunas de sus poesías Rayo de Luz. Dolores Jiménez y Muro murió el 15 de octubre de 1925, en la Ciudad de México.

Entre el olvido y la memoria, el nombre de Dolores Jiménez y Muro aparece como signo de autonomía femenina y rebeldía revolucionaria por un hecho registrado en la historia: fue ella quien reunió ideas y les dio forma precisa hasta conformar el Plan político y social de Tacubaya y, posteriormente, el prólogo del Plan de Ayala.
A partir de este documento, escrito con la caligrafía cuidada de “la culta y abnegada escritora revolucionaria” -como la calificará Gildardo Magaña en su libro-, se constata su colaboración intelectual y organizativa al lado de los grupos conspiradores que actuaban con Camilo Arriaga.

El Plan de Tacubaya refleja un profundo manejo de las leyes y derechos liberales y desconoce al gobierno de Porfirio Díaz: “… por las omisiones, fraudes y presiones que tuvieron lugar en las elecciones”, como franca protesta por la represión y la suspensión de garantías. Reconoce como Presidente Provisional y Jefe Supremo de la Revolución a Francisco I. Madero. Exige el restablecimiento de la libertad de imprenta; la reorganización de las municipalidades suprimidas; la protección a la raza indígena procurando su dignificación y su prosperidad; el aumento de los jornales a los trabajadores de ambos sexos y la disminución de las jornadas de trabajo a ocho horas; la disminución de los alquileres de vivienda y la construcción de casas higiénicas para los trabajadores; la obligación de los grandes propietarios de tierras de dar la que no usan a quienes la pueden trabajar y la abolición de todos los monopolios. Proclama como ley suprema a la Constitución de 1857 en lo que se refiere al voto libre y no reelección y cierra con la consigna “¡abajo la Dictadura!” (firmado en la sierra de Guerrero en marzo de 1911).

¿Cómo fue que una mujer obtuviera el respeto y la confianza para encomendarle por unanimidad tal tarea, siendo que entre el grupo se encontraban gentes como Camilo Arriaga, Carlos y Francisco J. Mújica, Melchor, Rodolfo y Gildardo Magaña, José Vasconcelos, José Rodríguez Cabo y Juana Belén Gutiérrez, entre tantos otros?

No todas las mujeres podían realizar tareas que implicaran la escritura y el análisis político. La esposa de Camilo Arriaga por ejemplo, confeccionaba los distintivos para el día de la sublevación y la cuñada de éste, tecleaba a máquina diversas proclamas.

Las mujeres como Dolores Jiménez y Muro, Juana Belén y Elisa Acuña, eran periodistas, fundadoras de grupos políticos de obreros y de mujeres, fundadoras de diarios y revistas, estrategas y dirigentes de protestas públicas, aunque también prisioneras políticas, intelectuales en el exilio o bien organizadoras de diversas actividades en el clandestinaje. Eran unas profesionales de la lucha revolucionaria, capaces de discutir sus propuestas con sus compañeros de lucha o, como lo hizo Dolores desde la prisión, debatir con los enemigos de más alto rango como Aureliano Blanquet.

Su participación en el Plan de Tacubaya y sus cartas desde la prisión son evidencias que redimensionan su biografía y la de otras tantas mujeres que participaron como dirigentes en la lucha revolucionaria.

Pero la sorpresa no acaba allí sino se hace más compleja al saber que contaba con más de sesenta años de edad cuando se develó públicamente su participación al lado del grupo de intelectuales precursores de la Revolución. Con ello, no se podrá decir que su ímpetu juvenil la llevaba a la revolución, como a muchos hombres y mujeres veinteañeros de la generación que luchó contra la dictadura de Díaz.

Mujer de varias épocas, Dolores fue antes que nada una sólida liberal republicana, testigo de la dictadura porfiriana desde sus inicios hasta su caída y partícipe del surgimiento de la revolución.

Desde niña fue formada en los ideales republicanos del liberalismo juarista, como hija de un alto funcionario del gobierno en San Luis Potosí, viviendo de cerca las intervenciones extranjeras, la guerra, la anarquía, con la esperanza de vivir en un mundo más tranquilo y el deseo de tener una Patria respetable, como lo señalaba en sus poemas cívicos de juventud.

Dolores fue interlocutora de varias generaciones de luchadores sociales: viejos liberales como don Benigno Arriaga, los jóvenes intelectuales positivistas como su cuñado Manuel José Othón, (que apenas incursionaba en su carrera literaria) y de los precursores de la revolución como el ingeniero Camilo Arriaga y Antonio Díaz Soto y Gama, de quienes fue cercana y respetada colaboradora. También creció en valor al lado de una generación de mujeres precursoras como Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, Aurora Martínez viuda de Garza, Elisa Acuña Rosseti y otras. Todas cuando menos 30 años más jóvenes que ella.

Dolores vivió su juventud en el ambiente liberal e intelectual de San Luis Potosí, entre tertulias literarias y la vida en sociedad. Como muchas jóvenes de clase media y alta de la capital potosina, leía y estudiaba en casa, bajo las sugerencias de los padres y amigos de la familia. Su talento para la escritura ya era reconocido desde 1874, cuando fue invitada por el gobierno estatal, al lado de Benigno Arriaga, a participar con poemas cívicos en las fiestas septembrinas.
Entonces, ser liberal -cuando menos en teoría- era sinónimo de ser generoso, dedicado a las humanidades y dispuesto a no dar demasiada atención a los bienes materiales.

Los liberales estimulaban las artes, los idiomas, la lectura y la creatividad literaria entre los jóvenes; incluso entre las mujeres la escritura era una de las habilidades bien vistas como parte del ornato y la sociabilidad ilustrada. Fue en este ambiente en el que Dolores vivió su adolescencia, aprendió a escribir en verso y prosa y a descubrir su talento literario. Una fotografía de estos años la muestra como niña ingenua, con peinados y vestidos complicados.

Es durante el porfiriato, en 1883, cuando ella queda huérfana de padre y madre y su participación en acciones filantrópicas le ayuda a tomar conciencia de la condición de los trabajadores, de su miseria y explotación. En notas posteriores hechas desde la cárcel se asume como testigo de la pobreza rural y urbana de muchos mexicanos, justifica su descontento, “me consta” dice: “Desde entonces comprendí que la revolución actual no estaba lejos, porque ideas germinaban por todas partes. Poco después vine a México, donde vi que millares de ciudadanos iban a inscribirse en los clubs políticos, de donde debería surgir la revolución, como fue”.

Cultivó la continuidad de su condición de intelectual al lado de las nuevas generaciones, manteniendo relaciones de amistad y solidaridad con los crecientes círculos liberales potosinos, especialmente al lado de Camilo Arriaga, hijo de Benigno a quien ella conoció. Los Arriaga promovían la lectura y la discusión de nuevas ideas desde su enorme biblioteca, con la que Dolores seguramente también fue favorecida.

Las familias liberales, sin dejar de ser patriarcales, permitían a las mujeres una mayor libertad para leer la prensa, novelas, libros de historia y de viajes. No veían con malos ojos que las mujeres obtuvieran enseñanzas modernas y hasta que pudieran dedicarse a oficios como el de escritoras o profesoras. La existencia de grupos de masonas en San Luis Potosí, así como una de las primeras escuelas normales y la escuela de artes y oficios para mujeres, constatan las oportunidades de participación social a las que pudieron acceder las jóvenes de clase media en esta región.

El 11 de septiembre de 1910, Dolores Jiménez, como presidenta del Club Femenil Hijas de Cuauhtémoc, encabezó una protesta en la ciudad de México en la glorieta de Colón contra el fraude en las elecciones, con la consigna “es tiempo de que las mujeres mexicanas reconozcan que sus derechos y obligaciones van más allá del hogar”. En el grupo estaban Mercedes A. de Arvide y Julia Nava Ruisánchez. La protesta antirreleccionista la llevó a la cárcel de Belén. Las pocas noticias de su condición de presa política nos muestran el carácter y la firmeza de principios revolucionarios y la conciencia de sus derechos ciudadanos, pues no dejaba de pedir la liberación de las otras aprehendidas, mientras que ella -según relata Aurora Martínez- era sometida a un régimen especial: no le permitían comunicarse con nadie, ni siquiera con sus defensores, a pesar de estar enferma.

Poco después Dolores, por invitación expresa del general Emiliano Zapata, se une a las filas del zapatismo donde realiza tareas de profesora, escritora y oradora. Pese a su avanzada edad, acompañaba a diversos lados al ejército suriano.

En 1914 estuvo recluida nuevamente durante 11 meses por órdenes de Victoriano Huerta. Para ella había un trato más duro que el que se daba a otras revolucionarias más jóvenes, ella era la más vieja y sus habilidades como escritora e intelectual al servicio de la revolución, primero con los clubes liberales, posteriormente con Madero y después con Zapata, eran ampliamente conocidas.

En una época en que carecer del apoyo de un varón era visto como una desgracia, Dolores asume su soltería y soledad con valor y dignidad, como una condición que le permite formarse una conciencia clara de su autonomía y de sus decisiones políticas. En la carta que escribió a Blanquet, en 1914, desde la cárcel, dice: “…huérfana de padre y madre desde muy joven; viviendo siempre de mi trabajo, y, desde hace tiempo también, sola en el mundo, no existe otra influencia para mí que la de mi criterio y la de mi conciencia, no aspirando a nada material ni arrendrándome nada tampoco, si no es obrar torcidamente, lo cual está en mi mano evitar.” Sin más pretensiones que ser fiel a la causa del pueblo y a sí misma, aislada en la cárcel, amenazada por Huerta, no cesa de señalar su horror por tanta sangre derramada, su deseo de encontrar justicia en alguna parte, el restablecimiento de la paz, la pacificación del país y el bien de todos.

Sobre los amores de Dolores nada se conoce. Hay la esperanza de encontrar algún día escritos suyos donde hable de sus amores y sus tristezas, pero no será fácil, porque también llevó años de vida clandestina, sin poder tener el lujo de escribirlo todo.

En sus últimos años continuó con tareas periodísticas en el Anahuac y en el Correo de las Señoras. Se sabe también de su colaboración en las Misiones Culturales.

En 1925 se apaga la flama de esta “antorcha de la revolución” como se llamaban entre sí estas incansables revolucionarias. Dolores, a diferencia de muchos de sus compañeros, no tuvo más herederos que sus versos perdidos en algunos diarios publicados entre tres épocas y en el recuerdo de sus colegas sobre su significativa colaboración en un plan político social tan apasionadamente compartido.

Su talento, su autonomía y su energía revolucionaria e intergeneracional, constituyen un hito en la historia de las mujeres mexicanas.

Mujeres como ella se requieren en estos momentos de crisis del país… trístemente solo vemos, las que tiene un estatus y conocimientos, mujeres ávidas de poder y de riquezas que esquilman a sus propios compatriotas. Mujeres del pueblo sin riqueza y muchas sin conocimientos suficientes son las que han alzado la mano, sin casi ninguna esperanza de que se les escuche.

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Histórica foto en la cual se aprecia una sola mujer: Dolores Jiménez

Helguera: Arte en Calendarios

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Jesús Enrique Helguera nació en Chihuahua el 28 de mayo de 1910. Hijo de español y mexicana fue un genio del oficio pictórico; de su vida se conoce poco, pues siendo aún muy pequeño su familia se trasladó a la capital del país, dos años después a Córdoba, Veracruz, para emigrar a España cuando él apenas contaba con cinco años de edad.

Su infancia y juventud, al decir de don Álvaro Mondragón quien por muchos años fue su fiel compañero, las pasó en la población española Ciudad Real primero, donde cursó sus estudios elementales y en Madrid donde a los 12 años ingresó a la Escuela de Artes y Oficios, para de allí pasar a la famosa Academia de San Fernando y completar su formación.

Trabajó afanosamente en Madrid y Barcelona como ilustrador, hasta que consiguió una plaza de maestro de artes plásticas en Bilbao.

Regresó a México ya casado con una dama madrileña, dos años después del estallamiento de la guerra civil española, arribando por barco a Veracruz hacia finales del año 1938.

Casi desde entonces y hasta su muerte, ocurrida el 5 de diciembre de 1971, trabajó como artista exclusivo de Cigarrera La Moderna, S.A. de C.V., empresa regiomontana que realizaba en la imprenta de don Santiago Galas los famosos calendarios anuales que tanta fama cobraron durante el México de los cuarenta y los cincuenta.

He aquí una pequeña muestra de su arte:

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Jesús Helguera 1912-1971 - Tutt'Art@ (12)

LA BAMBA de Jesús Helguera

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Fuente: Fotos tomadas de Internet